CORRUPCIÓN MENOR, IMPACTO MAYOR

Hemos comprobado cómo la urgencia en la contratación pública sirve para que la corrupción campe a sus anchas y- polarización mediante- a todo el mundo le parezca bien la de su parroquia y un desfalco, la de los otros. Pero todo empezó mucho antes.

La barra libre en la Administración se sirve en los contratos menores, es decir los de baja cuantía. La corrupción en los contratos menores es un problema persistente que socava la integridad de los procesos de adquisición pública y privada.

La corrupción en contratos menores refleja la tesis de mi querido Dan Ariely sobre la tendencia a hacer trampas en pequeñas cantidades. Un buen entreno para las grandes adjudicaciones. Ariely argumenta que las personas justifican la deshonestidad cuando el acto parece insignificante, una mentalidad aplicable a la corrupción en estos contratos, donde las transgresiones se perciben como menores.

Este enfoque permite una cultura de corrupción sutil, donde los individuos involucrados minimizan su culpabilidad, racionalizando sus acciones como “daños menores”. Sin embargo, como Ariely sostiene, estas pequeñas infracciones acumulativas resultan en un impacto significativo, una realidad paralela en el ámbito de los contratos menores, donde la corrupción sistémica erosiona la confianza pública y la integridad institucional.

Para contrarrestar este fenómeno, es esencial promover una cultura de integridad, enfatizando la responsabilidad. La educación y sensibilización sobre las consecuencias de la corrupción, incluso a pequeña escala, son cruciales. Donde realmente empieza todo.

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