¿Construyes tu perrera?

caseta

 

De nuevo una sugerente historia  para reflexionar sobre otro comportamiento que seguro que os suena de algo 😉

PERRERA

“Cuando llega el invierno, el perro siente frío. Se dice entonces: 

 “Necesito absolutamente una perrera. ¡Cuando vuelva el verano, me haré una de piedra, para pasar en ella el invierno!” 

 Pero, cuando llega el verano, nuestro perro recobra vigor y se pone de nuevo grueso. Orgulloso de su nueva fuerza, dice: 

 “¡Ninguna vivienda es suficientemente grande para mí!” 

 Y, ahíto, va a tumbarse perezosamente a la sombra. Por mucho que su corazón le diga: “¡Anda! ¡Construye tu perrera!”, él se dice a sí mismo: “¿Qué perrera sería digna de acogerme?” 

 Cada vez que caes enfermo, tus deseos y tus ambiciones pierden su fuerza y construyes una casa de arrepentimiento. “

 

¿Cuántas veces cuando hemos estado en una situación determinada y  hemos hecho miles de propósitos para que la siguiente vez que tuviésemos que enfrentarnos con esa situación tuviésemos más herramientas?

¿Cuántas veces cuando hemos sufrido una enfermedad, hemos hecho el firme propósito de cuidarnos más, de hacernos más revisiones, de comer  mejor, de hacer más ejercicio, de tomarnos las cosas menos en serio, con mejor humor?

¿Cuántas veces en una situación laboral nueva hemos hecho el firme propósito de formarnos en tal o cual programa, aprender o mejorar el idioma, montar tal o cual negocio, estudiar esto o lo otro, aumentar nuestra formación y nuestra empleabilidad para enfrentar mejor las entrevistas?

¿Cuántas veces hemos prometido portarnos mejor con los demás, agradecer lo que hacen por nosotros, sobre todo cuando nos invaden emociones positivas, cuando estamos de buen humor y acertamos a ver lo bueno en cada uno y lo mucho que ellos nos han aportado y cuanto hemos aprendido?

¿Qué nos ocurre, qué te ocurre, para que cada año prometas construir tu perrera en invierno y llegue el verano  y no lo hagas?

¿Qué ocurrirá cuando te veas en la misma situación otra vez?, ¿habrás aprendido o te sumarás sin más al “tropecé de nuevo con la misma piedra”?

Sabes que la próxima vez que te ocurra además de encontrarte en esa situación también te afectará no haberle puesto remedio y en lugar de estar en el punto cero, estarás en  negativo respecto de tu estado interno, por tu poca fe en ti mismo.

Sabes que empezar con mini acciones pondrá en marcha tu casa y sin apenas esfuerzo cuando llegue el invierno conseguirás varias cosas: tener tu perrera construida,  además estar orgulloso de ti mismo  por haberla hecho tú mismo y con la suficiente confianza como para estar decidido a ponerte objetivos más audaces.

No esperes a estar en tus últimos días de vida para tener tantos “pude haber sido” y “pude haber hecho” convertidos en sólidos barrotes que hagan que lo que has construido te parezca una cárcel de arrepentimientos.

De ti depende que enfermes o  no.

¡¡Buen fin de semana!!

Foto:protectmadera

Excusitis: la mala salud

salud

“Si quieres hacerlo buscarás razones, si no excusas” W. Maugham

Cuanto más escucho a las personas los argumentos por los que no les va mejor en la vida, con más motivos me encuentro para avalar la tesis de nuestro gusto por escondernos tras miles de excusas.

David Schwartz con gran acierto lo denomina “Excusitis” y refiere los cuatro grandes grupos en los que dividimos estas razones para no hacer nada o para rendirnos a supuestas evidencias causa-efecto y poder justificarnos ante nosotros y ante los demás.

La primera de ellas, sobre la que reflexionaré hoy es “la mala salud”, desde el “no me siento bien” a “me han pasado un montón de cosas”, parece que es  la cobertura  mágica ya que es un tema tan apreciado por todos, que produce un silencio o empatía automática pero, ¿has pensado en muchas de las personas que pudiendo esgrimir ese argumento, han triunfado por encima de lo fácil, se han sobrepuesto a ello y cuentan en su haber con historias de éxito?. ¿Conoces A Nick Vuijic?, lee sobre él, ¿qué hubieses hecho tú en su situación?

La mala salud  procura a veces no asumir responsabilidades, incluso en la prevención y el cuidado de su cuerpo, en el de asumir otras tareas, tener éxito en su campo.

Si usted destina la mayor parte de su energía o toda ella a focalizarla en su mala salud, lo único que potenciará serán estás dolencias, si además éstas le reportan la atención de los demás será la estrategia idónea para mantener su protagonismo a costa del sufrimiento y la preocupación de los que le rodean.

¿Quién nos dijo que la vida está ausente de enfermedad y que tendríamos un seguro contra ella?, ¿cómo se explica que tengamos tanto miedo a las enfermedades y  no nos cuidemos, ni la prevengamos cuando estamos disfrutando de periodos de ausencia de éstas?

Muchas de las estadísticas que la Sanidad maneja de nuestras visitas a los hospitales  tienen que ver con cuestiones emocionales que nosotros mismos no sabemos resolver por nuestra cuenta y hemos almacenado intentando olvidarlas hasta que han vuelto a salir a flote en forma de alguna cuestión de salud.

Si usted se empeña en asociar su fracaso buscando relaciones causa-efecto entre lo que le ocurrió y lo que está pasando las encontrará. Imagine que desde pequeño ha querido ser por ejemplo gimnasta y de repente sufre una lesión que se lo impide, tiene como mínimo dos opciones, una amargarse la vida pensando en lo que pudo ser y no fue, excusándose en su enfermedad para no hacer nada más que hacerse la víctima o levantarse y seguir  hacia delante advirtiendo la cantidad de decisiones que puede tomar  para dirigirse hacia su éxito personal.

No hace falta tener un problema físico o psíquico para no hacer algo, la mayoría de los que, de momento, no lo tenemos, muchas veces no nos atrevemos, por miedo, al éxito, al fracaso, a la acción, por pereza…

Si  tu excusa es la mala salud y  quieres algunas recomendaciones, te dejo algunas vacunas de Schwartz:

  • Rehuse conversaciones acerca de la salud: cuanto más hable de ella, será peor, incluso para su resfriado común. Hablar de ello fertiliza las semillas. Aburre a la gente y a usted le hace parecer una desvalida y egoísta persona.
  • Rehuse preocuparse de su salud: entre todas las enfermedades entre las que puede elegir con sus síntomas, póngase en lo mejor y quítelo hierro. Piense en qué hará para mejorar.
  • Siéntase agradecido por lo buena que es su salud, sea la que sea. Eche un vistazo alrededor, seguro que tiene algún ejemplo cerca para valorarla más.
  • Recuérdese que la vida es para disfrutarla. No la derroche, otros darían lo que fuese por estar en su situación.

Recuerde a Shakespeare: “Fuertes razones, hacen fuertes acciones”

¡¡¡Encuéntrelas!!!