En el mismo bando

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Parejas, hermanos, socios, amigos, compañeros, jefes y empleados, ¿cuántas veces nos descubrimos en una discusión estúpida que comenzó por una trivialidad y se ha convertido en un asunto de estado?

¿Cuántas veces inmersos en esa conversación buscamos y rebuscamos argumentos que nos hagan tener razón, olvidando para qué podría servir semejante debate y cuál podría ser su finalidad ?

¿Qué nos hace obcecarnos,  mimetizarnos con nuestros argumentos y atacar cruelmente cualquier posición en contra?

Acaso no empezamos hablando con quienes queremos, con quienes trabajamos, con quienes vivimos, ¿qué ocurre con esa emoción que es la ira y nos devuelve a estados primarios en los que no somos capaces de ser conscientes de lo que pensamos, y lo que es peor, de lo que decimos.

Ocurre también en la  mayoría de los debates políticos y discusiones, en los que la única opción es hundir al contrario con argumentos que le impacten y le hagan vulnerable, entre quienes lo que deberían hacer, es cooperar desde las distintas posiciones para llegar a un entendimiento cordial  y una mejor solución.

Estos arrebatos iracundos en los que lo único que se expone es el niño que todos llevamos dentro y quienes lo ven desde fuera sólo ven eso, inmadurez  en actitud pueril. Consiguiendo rencores y divergencias que acaban siendo insalvables.

Es cierto que el autocontrol es una capacidad que tienen mayormente los grandes líderes, en los que es habitual, antes de lanzarse contra el otro, mirarse críticamente , hacia dentro y después  hablar y juzgar a los demás.

¿Cuántas veces te has arrepentido de algo que has dicho con la única intención de quedar por encima, de anteponer tu ego al de los demás, te creerte diferente, único, distinto…mejor y has conseguido lo contrario?

¿Cuántas de esas veces atreverte a decir eso que pensaste sólo para hacer daño, te ha compensado? ¿Cuánto te ha durado la emoción de sentirte bien, al dejar mal a alguien?

Y si en lugar de hablar, consigues respirar y convencerte de que en realidad estáis en el mismo bando, ¿o no es cierto que en tu casa estéis todos en el mismo bando? , ¿en el trabajo, o  entre tus amigos?

¿Cuándo pensaremos antes de alterarnos que nos une algo más, querernos, ayudarnos, y que a pesar de que oigamos algo que no deseamos o que no pensamos, estamos en el mismo bando?

A veces la mejor respuesta es el silencio y escuchar, pero no de cualquier manera sino con compasión, con la intención de que esa ira que arde en el cuerpo y la mente de quien quieres, se apague sola, sin acelerantes, ni más leña en ella.

Es  Thich Nhat Hanh quien define esta situación como : “Cuando estás enojado sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno. Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno”

Te dejo una selección de un texto suyo para practicarla.

“Escuchar compasivamente alivia el sufrimiento

Cuando una persona habla llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y al estar sufriendo tanto, se llena de amargura. Siempre está dispuesta a quejarse y a culpar a los demás de sus problemas. Por eso te resulta tan desagradable escucharla e intentas evitarla. Para comprender y transformar la ira, debemos aprender la práctica de escuchar compasivamente y de hablar con afecto.

Hay un Bodhisatva – un Gran Ser o un Despierto ñ que es capaz de escuchar profundamente y con una gran compasión. Se llama Kwan Yin o Avalokitésvara, el Bodhisatva de la Gran Compasión. Todos debemos aprender a escuchar atentamente como hace este Bodhisatva. Así podremos orientar de forma muy concreta a los que acuden a nosotros para pedirnos ayuda para restablecer la comunicación perdida.

 Si escuchas con compasión a una de esas personas, quizá· alivies un poco el sufrimiento que siente; sin embargo, aunque lo hagas con la mejor intención del mundo, no podrás escucharla profundamente hasta que no hayas practicado el arte de escuchar compasivamente.

Si eres capaz de sentarte en silencio y escuchar con compasión a esa persona durante una hora, podrás aliviarla de mucho sufrimiento. Escúchala con un único objetivo: para que pueda desahogarse y sufra menos. Durante todo el tiempo que la escuches, mantén viva tu compasión.

 Mientras lo hagas, has de estar muy concentrado. Debes centrarte en la práctica de escuchar con toda tu atención y todo tu ser: con ojos, oídos, cuerpo y mente. Porque si solo finges estar escuchando sin poner el cien por cien de ti mismo, esa persona lo sabrá y no podrás aliviar su sufrimiento.

Si sabes cómo practicar el respirar conscientemente y puedes mantenerte centrado en el deseo de calmar su sufrimiento, podrás conservar tu compasión mientras la escucha. El escuchar compasivamente es una práctica muy profunda. No escuchas para juzgar o culpar, sino simplemente porque deseas que esa persona sufra menos, sea tu padre, tu hijo o hija o tu pareja. Aprender a escucharla la ayudar de veras a transformar su ira y su sufrimiento.”

 

 

Recuerda que estáis en el mismo bando, ¿no?

 

Empieza por respirar

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A algunas personas les cuesta encontrar el término medio entre decir absolutamente todo lo que piensan sin paliativos y ponerse enfermo al secuestrar todas las emociones y sentimientos en su interior por múltiples cuestiones, sin poder decir nada.

En el primer caso hay personas que consideran ser honesto y sincero, y tienen a gala decirle a los demás la mayoría de sus opiniones sin analizar si son de ayuda, convirtiéndose en un vómito de basura tóxica que enrarecerá la relación bastante más y hará cualquier búsqueda de solución un infructuoso camino. Esta tarea improductiva y antisocial  de liberar los impulsos emocionales con la única intención de sentirse bien con uno mismo, conllevan los más perniciosos efectos secundarios, convirtiéndote en una persona tóxica en tu entorno.

La otra versión es, ser tóxico para ti mismo. Siendo incapaz de verbalizar lo que está ocurriendo en tu interior y que realmente aportaría contexto y raciocinio a la conversación. El miedo a no ser entendido, a ser agresivo, a molestar a los demás… hacen que, a veces, prefiramos no decirlo y seguir almacenando estos  radioactivos residuos, cuando son cada vez más las voces que los vinculan a graves complicaciones físicas.

Entre estas dos opciones, que serían el blanco y negro, hay una infinidad de grises que están deseando pintar nuestras conversaciones para favorecer nuestras relaciones, pero estad seguros de que nadie aprendió algo de esto leyéndolo, sino poniendo en práctica este tipo de conversaciones generativas y productivas.

¿Qué es lo que nos ocurre para comenzar una conversación con una intención muy clara al principio, y tras un giro inesperado hemos acabado donde nunca quisimos llegar?

Precisamente el autocontrol que no entrenamos y que pasa por cuestiones tan cotidianas como usar la respiración para poder parar, ver dónde queremos llegar y continuar el diálogo sin interferencias de emociones y pensamientos que nos desvíen de la solución.

¿Cuántas veces has oído que contar hasta diez y respirar nos puede ayudar? y ¿cuántas veces lo has hecho?

Una de las cuestiones más difíciles para aprender a tener productivas conversaciones es prepararlas y entrenarlas, ser consciente  y mantenerte consciente  y posteriormente reflexionar para poder aprender de ellas.

Si ya has podido comprobar lo indispensable y útil que te puede ser resultar  saber conversar  para conseguir objetivos y éxito, tanto en tu vida laboral como personal, comienza por respirar o busca ayuda. Tu futuro depende seguro de ello.  

 

La estrategia del silencio

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Cuando conseguimos ser conscientes de cómo somos, las cuestiones que nos suscitan determinadas emociones y nuestras reacciones a las mismas, es cuando podemos adelantar ese análisis de nosotros mismos, escanear nuestro estado interior y decidir cómo actuamos en lugar de dejarnos llevar por esos automatismos primitivos que tenemos instalados en nuestro software.

Cuando nos sentimos amenazados e inseguros nuestra reacción deriva en alguno de estos dos patrones: la violencia o el silencio.

Sólo cuando somos conscientes del grupo en el que nos encontramos podremos afrontar esas conversaciones que tenemos pendientes con determinadas personas, o  trasladar esos mensajes que no son de nuestro agrado y que  sin embargo por nuestro bienestar físico y mental  queremos transmitir. Decidimos actuar, no reaccionar.

Si utilizas la estrategia del silencio, es decir, decides reservarte esa información, crees que estás de alguna manera evitando  problemas potenciales, pero restringiendo esa importante información quien no descansará, serás tú mismo.

Existen diferentes formas de adoptar esta estrategia del silencio: enmascarar, evitar y retirarse.

Cuando enmascaramos, damos sólo unas pincelazadas selectivas de lo que queremos decir, para no molestar, utilizando para ello el sarcasmo, doramos la píldora, damos la razón o proponemos algo distinto. Solemos utilizar para ello generalidades como “a la gente no le gustaría”, “es una idea brillante pero no todo el mundo estaría de acuerdo” o “me parece genial pero yo haría esto otro”.

En el caso de que evitar sea nuestra estrategia, esto supone alejarse de completamente de cualquier tema de polémica, lo cual no tiene importancia  en algunos temas como el fútbol o la tiene relativa en la religión o la política, pero en cuanto a tu vida personal o laboral puede marcar la diferencia entre que sea un infierno o una delicia. En este caso, hablamos pero sin tocar ningún tema en concreto. Es la respuesta típica a la pregunta “¿qué tal me sienta este vestido?” Respondemos “te queda mejor el otro azul”.

Retirada, que implica salirse de una conversación o de una habitación o espacio cuando la conversación no es cómoda para uno mismo. “No creo que merezca la pena hablar de ese tema”.

En cualquiera de las tres versiones no consigues el objetivo de mantener una conversación o entablar una sobre un tema que te interesa porque no eres capaz de, cuando ésta deriva por otros derroteros o crees que puede llegar a más, utilizas tu estrategia del silencio.

Si reaccionas así la mayoría de las veces, seguro que conoces ese viejo refrán “Quien calla otorga”, ¿es eso lo que quieres hacer?

Inspiración: “Crucial Conversations”

foto:psicolatina