EN CASA O EN LA OFICINA

En casa o en la oficina, esa es la cuestión. El debate llegó con la cita ineludible con el trabajo remoto acelerada por un confinamiento estricto que trajo incluso una legislación bajo el brazo.

Una vez relajadas las normas de protección hay quien quiere que si sus empleados pasan tiempo en restaurantes y bares sin problema, vuelvan a ocupar también sus oficinas.

La cuestión no va entonces de mejorar la calidad de vida de los mismos. Algunos incluso que emplean casi hora y media o dos horas en llegar a su trabajo y otras tantas en volver.Tampoco es que estén en exceso preocupados por la huella de carbono del transporte que utilizan.

La excusa es la productividad. Esta depende en gran parte de que los objetivos de cada cual estén definidos y puedan ser revisados y evaluados por no contar las charlas y el café que a diario evitan.

Trabajar en equipo no es problema ya que grandes proyectos se están gestando en el mundo en coordenadas tan distantes como los idiomas que hablan.

Tener compañeros y relacionarse con ellos es importante. También lo es salir de casa y del pijama y acostumbrarse a deambular por el mundo de nuevo. Aunque todo esto se podría resolver con zonas de teletrabajo en nuestras ciudades, en nuestros parques.

Quizá el problema más importante sea adaptar el liderazgo. Hay quienes si no ven sobre lo que “mandan” y pueden dejarlo claro con la mera presencia o el tono o incluso la falta de él, no encuentran las herramientas para hacer equipo y ser el rey de la manada sin salir de sus casas.

Como decía Shakespeare, “el traje denota al hombre” y en casa este no se lleva demasiado. Sin embargo que en el modelo híbrido voluntario, tenga mayor peso en casa es algo que ha llegado para quedarse. Como se quedará el talento donde exista esa opción. Renovarse o morir.