Entre algodones

algodones

Hay determinados términos como clase media, que hacen que inmediatamente salten las alarmas en mi mente. Primero por esa costumbre tan ancestral de clasificar y etiquetar para simplificar y por ende, casi siempre, errar. Después porque pocas personas revisan estas clasificaciones y entre otras cosas, porque muchas veces esconden subrepticias intenciones que acaban calando en nosotros para mal.

Atenta, además, contra la movilidad social, puesto que el grueso de esta categoría es tan extenso y su modificación en parámetros tan dinámica, como la de la propia sociedad, en realidad el término no dice nada y lo dice todo. No potencia los sueños, la ambición personal, la igualdad de oportunidades. Pero parece que la mayoría queremos mantenernos ahí. Debe ser un lugar seguro…

¿Qué nos hace sentirnos seguros ahí? pues parece ser que no te sientes ni el peor, ni el mejor de la clase, puedes ser tanto cola de león como cabeza de ratón dependiendo de tu lectura de las circunstancias y eso hacerte cada vez más conformista, menos crítico y más manipulable, algo que ya muchos interesados saben para jugar con tus miedos…

Sobre estos supuestos algodones que proceden de tener una economía familiar que permite vivir sin grandes lujos pero “bien”-todo según los índices de siempre PIB, PNB, PNN- nunca nos hemos preguntado si fomentan nuestras fortalezas o nuestras debilidades, nos potencian o nos acomodan.

Cuando hablo de zona de confort, sobre todo pienso en algunas generaciones que hemos y estamos disfrutado del esfuerzo de otros para formarnos y ahora pretendemos mejorarlo sin correr apenas riesgos. Ahora nuestra ventura nos parece una gran inversión y no nos acabamos de decidir por miedo a perder.

Esto ocurre cuando crees que tienes muchos más que perder que ganar ahí fuera, cuando crees que,  “que me quede como estoy” es lo mejor que nos puede pasar. ¿Qué estamos dispuesto a arriesgar para mejorar?

Entonces, para tu crecimiento personal ¿es bueno?, ¿para tu desarrollo, tu creatividad? Tus valores, ¿dónde quedan?

¿Hasta qué punto crees que nos ayuda que nos “regalen” y “regalar” lo que cuesta trabajo y dedicación?, ¿no ganarnos las cosas que queremos nosotros mismos?

Por no saber el esfuerzo que hay que emplear para cualquier cuestión material que se nos antoja imprescindible, desde pequeños, ¿ qué precio pagamos?. Qué fácil es decir no cuando no se tiene dinero y qué difícil cuando sí, ¿alguno nos resistimos?

 ¿Sabemos como peces en un gran estanque sobrevivir solos, o necesitamos siempre un culpable, un mecenas, un padrino?

Si lees testimonios de superación, puedes comprobar que hay muchos éxitos que proceden de la desesperación de superar  circunstancias adversas pero las menos, son por inspiración y el suficiente impulso para salir de nuestra zona de confort a la que  el “Nuevo diccionario de lengua espiritual” define como: ”Aparente estado de comodidad que te lleva a la muerte en vida. Justificación perfecta para no hacer, no crecer, no arriesgarse y no vivir”.

¿De verdad pensamos seguir en él?

El algodón a veces engaña. 😉

 ¡Buen fin de semana!

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