¿Te instalarías el dispositivo?

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Viendo ayer un capítulo de la serie “Black Mirror”, que por cierto recomiendo para quienes les guste reflexionar sobre las futuras implicaciones que puede tener la tecnología en nuestras vidas en su versión más asfixiante, encontré una fabulosa metáfora para poder ahondar más en cómo nosotros hacemos funcionar nuestra mente.

La propuesta: cualquiera puede instalarse, con una pequeña incisión, un dispositivo tras la oreja, que cuenta con la capacidad suficiente para poder almacenar toda tu vida, con todas tus vivencias y recuerdos y, mediante un mando a distancia acceder a ver cualquiera en ese momento, reviviendo, cualquier episodio de tu vida.

Además, en esas vivencias, vas a recordar todo lo que has presenciado, oído y sentido y todo lo que hicieron o dijeron quienes estaban contigo en esa situación.

Contéstate con sinceridad y, si te haces más preguntas, añádelas al final por favor:

  • Imagínate que tuvieses la opción de implantártelo, ¿lo harías?
  • ¿A qué tipo de recuerdos accederías? ¿útiles o inútiles?
  • Sabiendo que puedes acceder a ellos pero no cambiar nada, ¿borrarías alguno?, ¿lo harías sin antes verlos de nuevo?, ¿ qué te haría volver a verlos?
  • ¿Para qué verías los que te hacen sufrir?, ¿aprender?, ¿castigarte?, ¿mejorar?, ¿usar la información?

Lejos de adelantarte qué ocurre en el capítulo sólo te dejaré el título “The entire story of you”

¡No te lo pierdas!

Los tres hermanos

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LOS TRES HERMANOS

Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña. Cada día se turnaban para que uno de ellos se quedara en la cabaña y preparara la comida.

Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno. El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer. De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera. Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza.

A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer. Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan. Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.

Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor. El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó: «Sí, sobre la mesa hay pan. Sírvete». Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió: «Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás. Recógelo tú». El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.

Robert Vil

¿EMPUJAS A TU VAQUITA?

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“Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.

La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:

—En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?

El hombre respondió calmadamente:

—Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:

—¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!

El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.

Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.

Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:

—¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

Emocionado, el hombre le respondió:

-Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.”

La inspiración o la desesperación pueden ser dos de las motivaciones que te induzcan a salir de tu zona de confort. Tu zona de confort es ese espacio en el que te sientes cómodo, en el que has automatizado muchas cuestiones que ya no tienes que pensar. No querer salir de ella, hará que dejes de probar tus límites y te impedirá saber cuán lejos puedes llegar.

 

Ese trabajo que no te gusta pero en el que sigues porque paga tus facturas, porque te da reconocimiento ante los demás, porque no te atreves a buscar lo que te gusta.

Esa relación, que sabes que está agotada, con la que continúas por todas esas razones que no son más que excusas para no seguir buscando tu felicidad, diciéndote que será inútil o que no existe, sólo para no tener que usar ese coraje que te llevará seguro a, por lo menos, sumar una victoria sobre ti mismo.

 

  • ¿Cuál es tu vaca, lo que no deja avanzar?
  • ¿Cuánto tiempo más vas a alimentarla?
  • ¿Cuántas excusas vas a inventar para no dar ese paso?
  • ¿A quién más vas a culpar de tu situación para ocultar tus miedos?
  • ¿Qué pequeños pasos puedes dar esta semana para superar tu límite?

Sé valiente. Toma riesgos. Nada puede sustituir a la experiencia. Paulo Coelho.

 

Falsos dilemas

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Economistas conductuales, como el genial Dan Ariely, han demostrado que nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo para tomar muchas decisiones en nuestra vida y que nos planteamos las cuestiones desde ópticas bastante simplistas, rigiéndonos más tarde por esos automatismos.

Si os dais cuenta últimamente  “hay que elegir” entre estar a favor de los “ricos” o de los “pobres”, que las personas tengan varias casas o se las expropien,  entre lo malo y lo menos malo,  entre el desalojo y que cada uno se busque la vida con tu banco rescatado, o estar del lado de la economía o del medio ambiente, no hay término medio, te tiene que gustar el frío o el calor, el dulce o el salado, el empleo que tienes o no tenerlo, trabajar en tu ciudad o en otro país, emprender en solitario o trabajar para otro, entre trabajo o  vida personal, entre estas medidas políticas o  las contrarias…

Estas decisiones que intencionadamente que se  plantean desde lo que los anglosajones denominan el “ Fool´s Choice”, como un dilema,  nos invitan  graciosamente con la intención de facilitarnos la vida. Hacen que estas falsas disyuntivas nos paralicen, desmoralicen y parezcamos cada vez más un rebaño fácil de guiar, al interiorizar este modo de proceder  y convertirlo en automatismos con los que vivimos. Cuando lo único que necesitamos son personas que nos abran el abanico de posibilidades en todos los campos y nos hagan trabajar y pensar con entusiasmo e ilusión para innovar, transformar y  mejorar nuestras decisiones y nuestro alrededor.

Decidir entre dos cuestiones, cuando las opciones pueden ser infinitas, hace que nos sintamos estresados, esto a su vez  hace que nuestras oportunidades y   opciones se reduzcan drásticamente, que no sintamos desvalidos, desasistidos, incapaces,  que elijamos  sin criterio y por necesidad. Es como si tuviésemos que elegir entre a quién queremos más a papá o a mamá.

A lo mejor en pequeñas cuestiones sí podemos y debemos  ser así de reduccionistas para no eternizar la cuestión,  pero en otras que afectan seriamente a nuestra convivencia y nuestro desarrollo, este simplismo nos perjudica  y no nos permite avanzar.

Cuando todavía leo cuestiones de hace cien años como recetas para gobernarnos, me espeluzna que hayamos conseguido tantos avances científicos y en el desarrollo humano y político sigamos en pañales.

Personalmente a mí ya no me convencen, ni me atemorizan con  amenazas de que la otra opción única será devastadora para mi intereses, cuando si analizo, lo que obtengo en cualquier caso es, más de lo mismo: temor. Ya me ocupa y preocupa bastante mi futuro para que jueguen con mis miedos como estrategia. Yo quiero ampliar mis opciones, oportunidades, retos, desafíos, objetivos.

Requiero unos nuevos líderes sociales, políticos, sindicales, empresariales  que empaticen con los sentimientos y necesidades actuales de los ciudadanos, no en contra de nadie, sino a favor nuestro y quiero que me resuelvan lo que acontece en la sociedad, ahora, multiplicando las oportunidades y las opciones de avance, sin causar otros problemas y resolver esos otros. Inspirándome más que desesperándome, ¿pido tanto?

Líderes, personas seguras, que antepongan nosotros a yo,  comprometidas, que no vean la vida en blanco y  negro sino que se atrevan a escuchar, a probar a pintar  con todos los colores, con conocimiento, valentía y afán de servicio a la sociedad, que  crean más en nosotros y nuestras capacidades para remontar, que en ellos, que sean capaces de partir de lo que nos une y no de lo que nos separa, que maticen, prueben e implementen sin complejos fórmulas nuevas para producir efectos nuevos.

Conmigo que no cuenten para ratoncito tras su flauta. Sólo lo haré cuando suene la música de unos músicos que realmente estén más pendientes del público que de mejorar sus instrumentos y de lo que les interesa tocar.

¿Tienes opciones?

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Imagina la diferencia entre ver el mundo en blanco y negro o verlo en color. Te das cuenta  de todos los matices, detalles y efectos que nos perderíamos sin esa amplitud de espectro.

Ser capaces de apreciar esas diferencias de tonalidad nos hace disfrutar mucho más del sentido de la vista, de las cosas, de la vida y sin embargo apenas reparamos en ello, lo agradecemos a diario o le damos importancia.

Esta idea es la que, por analogía, me hace reflexionar sobre la cantidad de matices que tiene la vida y sin embargo cuando nos enfrentamos a ella, la mayor parte de las veces la simplificamos con dicotomías, blanco o negro, fácil o difícil, posible o imposible, renunciando a toda una serie intermedia de grises que nos ayudarían sin duda.

Dice Og Mandino que “Todos tenemos un poder especial: la facultad de elegir.” Para que éste se desarrolle en las mejores condiciones son imprescindibles las opciones. Abre tu mente y comienza a practicar.

Puedes comprobar este proceder en todo, incluso  en cuestiones con tanta trascendencia y tan variadas como la política. A la hora de elegir, lo hacemos  entre dos  partidos, entre dos políticas, el dogma del blanco o negro se impone de forma reduccionista.

La cuestión sobre la que quiero reflexionar hoy es cómo afecta esto en nuestra vida.

Únicamente nos molestamos en tener dos opciones para decidir, en un mundo lleno de opciones, oportunidades, con unas mentes creativas o innovadoras seguimos decidiendo entre si queremos más a  papá o a mamá, siendo igual de difícil hacerlo.

Cuando las personas nos planteamos qué podemos hacer frente a algo, nos conformamos con poder elegir ente dos variables sin cuestionarnos más, sin hacer trabajar a nuestro cerebro hacia planteamientos diferentes, sin entrenarle para innovar, creyendo  que simplificar nos ayudará en nuestra disyuntiva, pero no, seguramente provocarás el efecto contrario. ¿Qué te impide hacer un esfuerzo y multiplicar tus opciones de elección?

Ver, sentir y escucharte con esa multiplicidad de vías y caminos te hará estar más seguro de que si no obtienes los resultados deseados siguiendo un camino, siempre podrás parar, reflexionar y dirigirte en otra dirección. Nada es para siempre.

Dos opciones no son opciones, siempre tendremos la sensación de pérdida, es fácil practicarlo, provoca una tormenta de ideas, apúntalas y valóralas, cada una por sí misma. Aunque parezcan absurdas, inclúyelas. No te quedes en lo de siempre o seguirás produciendo los mismos resultados.

Piensa en qué opciones propondrías a otra persona sobre el asunto, en cuáles te propondría tu madre, tu padre, tu mejor amigo, tu jefe…Sube los colores a tu vida y llénala de oportunidades.

 Recuerda a Stephen Covey: “Si alguien me preguntara qué tema o cuestión parece tener más impacto en la gente, qué gran idea ha resonado en el alma con más profundidad que cualquier otra, si se me preguntara qué ideal es el más práctico, más importante, más oportuno con independencia de las circunstancias, respondería enseguida, sin ninguna reserva, con la más profunda convicción, de todo corazón y con toda mi alma, que somos libres de elegir. Después de la vida misma, la facultad de elegir es nuestro mayor don.”

 

¿Te atreves a mejorar tu elección?

¡¡¡Buen fin de semana!!!

¿Por qué calle bajas?

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AUTOBIOGRAFÍA EN CINCO CAPÍTULOS

Nyoshul Khenpo

1
Bajo por la calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Me caigo dentro,
Estoy perdido… impotente.
No es culpa mía.
Me tardo una eternidad en salir de allí.

2
Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Hago como que no lo veo.
Vuelvo a caer dentro.
No puedo creer que esté en ese mismo lugar. Pero no es culpa mía.
Todavía me tardo mucho tiempo en salir de allí.

3
Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera. Veo que está allí.
Igual caigo dentro… es un hábito. Tengo los ojos abiertos.
Sé donde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente de allí.

4
Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera. Paso por el lado.

5
Bajo por otra calle.

Este hermoso cuento tibetano nos muestra como la reflexión puede traernos poco a poco la sabiduría al llegar a darnos cuenta de que caemos una y otra vez en pautas de conducta fijas y repetitivas, y empezamos a sentir el anhelo de librarnos de ellas, (de esquivar el hoyo en la acera). Naturalmente, podemos recaer una y otra vez, pero poco a poco podemos deshacernos de ellas y cambiar, (hasta bajar por otra calle). 

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Seguramente la reflexión sobre este cuento, os recuerde infinidad de adagios, proverbio y refranes que aplicamos en muy diversas situaciones pero en los que nos detenemos poco, como “Tropezar con la misma piedra” y  que te parezca que lo que vives a menudo es un “déjà vu” . Has pensado alguna vez,¿ por qué  te ocurre esto?

Seguro que lo has hecho y lejos de apartarte del caso concreto,  elevarte y evaluar la estrategia que utilizas, saber y entender cómo actúas, no sólo has efectuado alguna vinculación causa- efecto al azar, sino que lo has integrado en tu ser, en tu identidad y te has justificado diciendo que “todo me pasa por ser tal de tal cual manera”.

Te propongo este cuento  como punto de partida para mayor abundamiento, no te quedes en la consecuencia, en el resultado, quizá lo que te ocurre es fruto de que siempre utilizas la misma táctica, te acercas a las cuestiones a resolver o a las personas con las que interactúas, haciendo lo mismo, con el mismo nivel de pensamiento y la mayoría de las veces, acabas en la misma situación.

Y si actuases de otra manera totalmente diferente y si te propusieses acercarte a esas cuestiones con modos de proceder que jamás hayas llevado a cabo. Si eres serio, acércate con humor, o viceversa. Si te enfadas y malhumoras, empatiza y siente compasión por la persona, intenta entenderla, ponerte en su lugar. Cambia tu registro.

Si siempre has hecho “eso” de “esa” manera, sorpréndete a ti mismo, busca otra forma, totalmente diferente, otra perspectiva. Producirás efectos totalmente distintos.

 

Seguramente al principio no te será fácil y quizá no te sientas cómodo pero encontrar varias calles por las que bajar, hace que no sólo a menudo puedas esquivar el tráfico y descubrir nuevos lugares, sino que con sólo  buscarlas entrenarás tu cerebro y en breve, te vas a sentir  mucho mejor.

¿Empiezas hoy?

¡¡Buen  fin de semana!!

 

Entre algodones

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Hay determinados términos como clase media, que hacen que inmediatamente salten las alarmas en mi mente. Primero por esa costumbre tan ancestral de clasificar y etiquetar para simplificar y por ende, casi siempre, errar. Después porque pocas personas revisan estas clasificaciones y entre otras cosas, porque muchas veces esconden subrepticias intenciones que acaban calando en nosotros para mal.

Atenta, además, contra la movilidad social, puesto que el grueso de esta categoría es tan extenso y su modificación en parámetros tan dinámica, como la de la propia sociedad, en realidad el término no dice nada y lo dice todo. No potencia los sueños, la ambición personal, la igualdad de oportunidades. Pero parece que la mayoría queremos mantenernos ahí. Debe ser un lugar seguro…

¿Qué nos hace sentirnos seguros ahí? pues parece ser que no te sientes ni el peor, ni el mejor de la clase, puedes ser tanto cola de león como cabeza de ratón dependiendo de tu lectura de las circunstancias y eso hacerte cada vez más conformista, menos crítico y más manipulable, algo que ya muchos interesados saben para jugar con tus miedos…

Sobre estos supuestos algodones que proceden de tener una economía familiar que permite vivir sin grandes lujos pero “bien”-todo según los índices de siempre PIB, PNB, PNN- nunca nos hemos preguntado si fomentan nuestras fortalezas o nuestras debilidades, nos potencian o nos acomodan.

Cuando hablo de zona de confort, sobre todo pienso en algunas generaciones que hemos y estamos disfrutado del esfuerzo de otros para formarnos y ahora pretendemos mejorarlo sin correr apenas riesgos. Ahora nuestra ventura nos parece una gran inversión y no nos acabamos de decidir por miedo a perder.

Esto ocurre cuando crees que tienes muchos más que perder que ganar ahí fuera, cuando crees que,  “que me quede como estoy” es lo mejor que nos puede pasar. ¿Qué estamos dispuesto a arriesgar para mejorar?

Entonces, para tu crecimiento personal ¿es bueno?, ¿para tu desarrollo, tu creatividad? Tus valores, ¿dónde quedan?

¿Hasta qué punto crees que nos ayuda que nos “regalen” y “regalar” lo que cuesta trabajo y dedicación?, ¿no ganarnos las cosas que queremos nosotros mismos?

Por no saber el esfuerzo que hay que emplear para cualquier cuestión material que se nos antoja imprescindible, desde pequeños, ¿ qué precio pagamos?. Qué fácil es decir no cuando no se tiene dinero y qué difícil cuando sí, ¿alguno nos resistimos?

 ¿Sabemos como peces en un gran estanque sobrevivir solos, o necesitamos siempre un culpable, un mecenas, un padrino?

Si lees testimonios de superación, puedes comprobar que hay muchos éxitos que proceden de la desesperación de superar  circunstancias adversas pero las menos, son por inspiración y el suficiente impulso para salir de nuestra zona de confort a la que  el “Nuevo diccionario de lengua espiritual” define como: ”Aparente estado de comodidad que te lleva a la muerte en vida. Justificación perfecta para no hacer, no crecer, no arriesgarse y no vivir”.

¿De verdad pensamos seguir en él?

El algodón a veces engaña. 😉

 ¡Buen fin de semana!