TÚ, ¿CONSTRUYES?

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Lástima que a veces no podamos ver desde fuera que nuestra insistencia se torna en intransigencia y nuestra razón queda escondida en una actitud pueril cuando, en lugar de proponer, argumentar y aprender del resultado lo reducimos todo a ganar o  perder.

Entonces, es cuando sale nuestro primitivo que busca que nuestro ego salga lo menos maltrecho de la situación, en lugar de cediendo y reconociendo nuestro error , impulsándonos a avanzar hacia una posición de no retorno, pese a que se lleve por delante el buen ambiente creado, la confianza ganada o todo el trabajo anterior. Lo importante es controlar a ese niño que llevamos dentro y con el que no has sabido negociar, que además te pone entre la espada y la pared, aconsejándote mal, diciéndote que retirarse o rectificar, lejos de ser de personas sabias es de débiles sin criterio.

De personas de este tipo estamos sobrados de ejemplos, jefes, políticos, compañeros, amigos… que prefieren seguir hacia delante en sus propuestas, caiga quien caiga para no tener que asumir que quizá los demás tengan razón y admitir su falibilidad como seres humanos. Si a esto le sumamos la falta de interés por los demás, ser de los que sólo critican, destruyen y nada proponen, compondremos el sistema que premia este tipo de personas frente a la coherencia, la empatía y el esfuerzo en construir.

Da igual lo que se lleven por delante para demostrar su impostada fuerza puesto que lo único que queda al ventestato es, no sólo su falta de seguridad para saber reconocer errores, sino su falta de empatía para pensar por un momento en, a quiénes embarcan en su lucha contra los molinos y en qué situación quedará su credibilidad y su posición para futuras negociaciones y consensos.

Aunque siempre abusan de los que siguen adelante a pesar de estas tretas, y consiguen que alguna vez, dando pena sean readmitidos en el juego, aunque eso sí, jamás en una posición igual. Una vez menoscabada la confianza y habiendo quedado claro que la organización o el equipo poco importa es cuestión a corto plazo que prescindan de él.

Siempre he pensado que juntos se llega mucho más lejos, que construir es la única satisfacción, al mismo tiempo que destruir y criticar sin más, te lleva al gris tan oscuro que tu mente jamás vuelve a ser la misma sin un arduo trabajo. Todos juntos somos mejores, ¿para qué echarlo por la borda?

¿ERES UN SOMBRERO NEGRO?

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Seguro que habéis asistido a una reunión de trabajo, familiar, de amigos en la que tú mismo o alguien de alrededor lanza una idea y de repente se establece un disputado turno de palabra para opinar sobre ella. Resaltando todo lo negativo que puede implicar.

Es cierto que la cultura occidental está preparada para ser reactiva y mientras nos callamos y disimulamos cuando se piden propuestas, estamos prestos a sacar nuestro bolígrafo rojo para poner peros en cuanto hay una encima de la mesa, cuando no es nuestra claro.

Con ese proceder, muchas de las personas que tienen o tendrían ideas en la mayoría de las situaciones, no están dispuestas a somerterse a esa tortura devastadora, prefieren no hablar u opinar ante tamaña sangría. Perdemos ideas, propuestas, talento…

Me encanta la denominación de “Sombrero negro” que hace Edward de Bono en su libro “Seis sombreros para pensar” cuando habla de la utilidad de hacer juicios negativos en el proceso del pensamiento, tratando de poner a prueba cuestionando  la propuesta y que realmente considero necesarias, aunque también afirmo que en esta práctica, muchas veces caemos la complacencia negativa.

Destruir es más fácil que construir, así que cuando criticas viendo sólo lo negativo, no te creas tan listo. Sólo consigues esa ficticia satisfacción inmediata de encontrar un fallo, que a veces te hace sentirte incluso superior. Cayendo en la necesidad contínua de tener algo que “criticar” para sentirte útil.

Quiero que sepas que es mucho más fácil ver defectos que virtudes y por lo tanto si estás en ese equipo, tienes mucha competencia. Además una vez que tu química cerebral por repetición sólo ve esto, lo reduce a una cuestión de supervivencia:miedo y seguridad, es difícil cambiar  y tendrás que practicar mucho más ver lo positivo.

Seguramente estarás acostumbrado a hacer descripciones certeras y detalladas de los problemas pero no estarás en el equipo de las soluciones y de la creatividad. Por lo tanto si estás dispuesto a cambiarte de equipo prueba a ver primero los aspectos positivos de lo que te propongan para poder avanzar y mejorarla. Y después ponlos a prueba.

Ser exclusivamente un “sombrero negro” déjalo para los hackers que colapsan servidores, rompen sistemas de seguridad de ordenadores y redes y utiliza tus habilidades y capacidades para construir. Sé diferente. Construye.