Reflexión del día/ Daily dose

“Necesitamos recordar que las circunstancias no hacen a la persona, la revelan.”

Enma Jameson

  • ¿Cómo puedes rebelarte contra esas circunstancias que no te gustan?
  • Si no puedes cambiarlas, ¿cómo pueden jugar en tu favor?

Y si empiezas la semana revelando tu mejor versión 😉

Reflexión del día / Daily dose

“La felicidad es una elección. Tú puedes elegir ser feliz. En tu vida van a existir momentos de tensión pero es tu decisión que te afecten o no”

Valerie Bertinelli

  • ¿Cómo actúas en los momentos en que algo no va bien?
  • ¿Te enfocas en el problema o en la solución?
  • ¿Qué vas a hacer la próxima vez que te enfrentes a un momento estresante?
  • ¿Vas a elegir ser feliz? 😉

TÚ, ¿CONSTRUYES?

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Lástima que a veces no podamos ver desde fuera que nuestra insistencia se torna en intransigencia y nuestra razón queda escondida en una actitud pueril cuando, en lugar de proponer, argumentar y aprender del resultado lo reducimos todo a ganar o  perder.

Entonces, es cuando sale nuestro primitivo que busca que nuestro ego salga lo menos maltrecho de la situación, en lugar de cediendo y reconociendo nuestro error , impulsándonos a avanzar hacia una posición de no retorno, pese a que se lleve por delante el buen ambiente creado, la confianza ganada o todo el trabajo anterior. Lo importante es controlar a ese niño que llevamos dentro y con el que no has sabido negociar, que además te pone entre la espada y la pared, aconsejándote mal, diciéndote que retirarse o rectificar, lejos de ser de personas sabias es de débiles sin criterio.

De personas de este tipo estamos sobrados de ejemplos, jefes, políticos, compañeros, amigos… que prefieren seguir hacia delante en sus propuestas, caiga quien caiga para no tener que asumir que quizá los demás tengan razón y admitir su falibilidad como seres humanos. Si a esto le sumamos la falta de interés por los demás, ser de los que sólo critican, destruyen y nada proponen, compondremos el sistema que premia este tipo de personas frente a la coherencia, la empatía y el esfuerzo en construir.

Da igual lo que se lleven por delante para demostrar su impostada fuerza puesto que lo único que queda al ventestato es, no sólo su falta de seguridad para saber reconocer errores, sino su falta de empatía para pensar por un momento en, a quiénes embarcan en su lucha contra los molinos y en qué situación quedará su credibilidad y su posición para futuras negociaciones y consensos.

Aunque siempre abusan de los que siguen adelante a pesar de estas tretas, y consiguen que alguna vez, dando pena sean readmitidos en el juego, aunque eso sí, jamás en una posición igual. Una vez menoscabada la confianza y habiendo quedado claro que la organización o el equipo poco importa es cuestión a corto plazo que prescindan de él.

Siempre he pensado que juntos se llega mucho más lejos, que construir es la única satisfacción, al mismo tiempo que destruir y criticar sin más, te lleva al gris tan oscuro que tu mente jamás vuelve a ser la misma sin un arduo trabajo. Todos juntos somos mejores, ¿para qué echarlo por la borda?

¿Dónde buscas tú tu felicidad?

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“La felicidad escondida”

Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos dijo:

—Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero ¿qué?

Después de mucho pensar, uno dijo:

—¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. El problema es dónde esconderla para que no puedan encontrarla.

Propuso el primero:

—Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

—No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está —replicó otro. Se escuchó una nueva propuesta:

—Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.

Otro señaló:

—No, no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.

—Escondámosla en un planeta bien lejano de la Tierra —propuso otro.

—No —le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia, y un día alguno va a construir una nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.

El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas, dijo:

—Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren.

Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:

—¿Dónde?

—La esconderemos dentro de ellos mismos; estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva.

NAVAMORCUENDE, ¿UN PUEBLO FELIZ?

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A mis abuelos les agradezco infinitas, muchísimas cosas, entre ellas que gracias a su labor tan vocacional de maestros, pueda disfrutar de un rincón muy especial en este genial pueblo que es Navamorcuende. Este verano en su Semana Cultural he tenido la suerte de poder contribuir a hacer de este lugar uno más especial para mí, gracias a la Asociación Cultural “Peña la Nava” y a su invitación a participar con una charla sobre un tema libre. Decidí invertir tiempo y esfuerzo en preparar una charla que mereciese la pena para que dedicáseis vuestro precioso tiempo a algo que, al menos, os hiciese reflexionar.

Con lo que no contaba es con que el inagotable y genial Jesús Pastor, decidiese grabar esta charla. Contar con su presencia y su trabajo ha hecho posible que hoy pueda compartir con vosotros esos especiales momentos que yo viví encantada ese miércoles de agosto.

Espero que si decidís verlo o escucharlo, os sirva al menos para revisar algunas cuestiones que pasamos por alto en nuestro dia a día. Agradeciendo la oportunidad y el trabajo de todos. Espero vuestros comentarios para crecer y mejorar.

Muchas gracias

 

TÚ, ¿QUÉ PREFIERES?

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Determinados términos, han llegado a tal grado de uso, que los significados para cada uno son totalmente distintos, para algunos se convierten en algo melifluo, ridículo, reiterado, absurdo, inalcanzable, para otros poseen un elemento motivador, de entusiasmo, que les empuja a explorar nuevos campos, ensayar y probar consejos, reglas y herramientas. Si algún concepto tiene todos estos condicionantes en su máxima expresión, ese es el de felicidad.

No creo que exista una definición que aglutine lo que es, o lo que no es, puesto que he llegado a comprobar que hasta la infelicidad puede llegar a ser una suerte de “felicidad”, la forma de tener un protagonismo extremo en el entorno, en la que no importa el sufrimiento propio, sino lo bueno que te reporta como víctima que, a base de quejarse, dar pena y rebajar el ambiente de entusiasmo, consigue salirse con la suya.

Después de leer bastante literatura, a favor y en contra, lo único que me queda claro es, que tanto unos como otros, hacen de su dedicación una empresa al servicio del espíritu humano que les permite vivir. Además de recordar que desde los clásicos antiguos es reiterado el fondo y la forma de esta búsqueda. Lo que hago con lo que recomiendan es probarlo, practicar y ver, si a mí me sirve algo de lo que leo y tengo que admitir que a raíz de todo esto, mi visión y misión cambiaron de repente y por eso me dedico al coaching.

Ahora veo claramente por qué hay personas que tienen éxito, hagan lo que hagan, vayan donde vayan. Qué les hace ser líderes en sus grupos, queridos, respetados y seguidos. Principalmente porque reúnen unas características que a todos nos gustaría tener. Pero ocurre eso, que lo deseamos en modo condicional, lo que quiere decir que no estamos en absoluto dispuestos a poner entusiasmo alguno en entrenar las habilidades que nos llevarán cerca de ese objetivo deseado. No tener esa autodisciplina nos deja ya en una incómoda situación de partida.

Un sencillo ejemplo, a todos nos gusta que nos den la razón, que nos hagan caso, que no tengan en cuenta aunque no dudamos en querer obtener estos privilegios de los demás por cualquier método, desde interrumpir constantemente, hasta humillar, mentir, amenazar o insultar si no nos salimos con la nuestra.

En lugar de tratar de conocernos mejor, modificar nuestra estrategia y dar ejemplo de comprensión y proactividad, utilizamos las viejas herramientas que tenemos más que usadas, sin modificarlas para obtener resultados nuevos.

No me extraña que, como en este caso, liderados por nuestra ira interior, no consigamos más que reírnos de todos esos artículos y estudios que procuran una vida feliz lejos de estos sentimientos. Eso nos da una clara excusa para no tener que invertir nada para conseguirlo y sin embargo sí a estar dispuesto a invertir tu energía y por ende, tu humor, para trabajar más horas y conseguir un montón de cosas, que por sí solas nunca te harán feliz. Nunca serán suficientes, a no ser que tu interior esté sano y libre para poder albergar nuevos y potenciadores sentimientos.

Si algo he sacado claro en estos años de lo que puede estar cerca de la felicidad es conseguir “estar bien por dentro”. Como recomendaba el ancestral Oráculo de Delfos, conocerse a uno mismo y después entrenar para ser quien tú decidas ser.

Si sigue sin convencerte qué puede ser más beneficioso para ti, quizá debas preguntarte qué prefieres.

Vivir al lado de quien te enseña el lado positivo de las cosas y cómo aprender a verlo o con alguien a quien todo le parece mal, triste, injusto y que encima puede ir a peor.

Estar al lado de alguien que te impulsa, te ve capaz y te ayuda a mejorar o al lado de quien te dice lo que no le gusta de ti o lo que debes cambiar constantemente.

A alguien que te recibe y te despide con una sonrisa y te hace sentirme querido y bien o con alguien que siempre está melancólico, enfadado o serio que incluso se permite recordarte qué te hace estar tan bien con lo que te ocurre.

Entrenar consejos y recomendaciones de investigadores y expertos para mejorar tu visión de la vida o seguir con tus automatismos de siempre que se reducen a ser tan negativo que no sabes distinguir cuando te quejas.

Estar con personas con las que creces en conocimientos, con las que puedes analizar tus creencias, pudiendo cambiar de opinión o con quienes hablan de otros, la mayor parte del tiempo mal y no para construir precisamente.

Estoy segura de que después de estas reflexiones, te has decidido a ser ese alguien.
Busca ayuda y conócete. Será tu mejor inversión.

Aquelarre, ¿sí o no?

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En una sala de espera, los minutos parecían horas, era tan pequeño el espacio que se hacía inevitable entablar conversación. Cinco personas, llega alguien que conoce a una de las otras cuatro. Comenzaban una animada charla acerca de la prisa que la persona tenía, entre las razones, debía atender a  su pareja.

Los nervios hicieron su aparición, insistentemente uno tras otro iban mirando el reloj, miraban hacia arriba, suspiraban y movían sus piernas y pies incansablemente, incluso a alguien que con sus dedos repiqueteaba en el brazo del sillón.

La conversación que empezó, y que tenía como argumento las necesidades de ayuda de la persona, era alimentada por todas  las demás, que intervenían sin tener apenas información y pensando sólo en ellas, comenzaban a decir, “ que se lo haga ella/él ”, “no sabe hacer nada”, “no puede vivir sin mí”, “estoy sacrificado/a todo el santo día”, “soy su esclavo/a”, “ahora me pasará algo por ir tan deprisa” “no tengo tiempo para mí”…

Los “invitados” a la reunión no dudaron en ir incrementando sus críticas hacia la pareja de la persona que hablaba, por sus caras yo pensé que tenían en mente a alguien en concreto de su alrededor y con esa inspiración se enfocaban en la persona, para  así liberarse de  sus propios pensamientos.

 

¿Qué podemos hacer ante tal aquelarre?

 

Ahora lo he integrado y practicado a raíz de mis aprendizajes y entrenamientos cotidianos,  pero aquella vez  fue instintivo, no podía lidiar con tal cúmulo de emociones y comentarios negativos, que iba subiendo como el suflé.

Le pregunté a la persona en cuestión, ¿qué le había hecho compartir su vida con esa persona? Entonces todo cambió, de repente, con una pregunta, como casi siempre…

La persona empezó a desgranar los cuidados, mimos y atenciones que había recibido de su pareja durante años, cómo se habían apoyado en los malos momentos y cómo habían disfrutado de los buenos, lo duro que, entre los dos, habían trabajado para  sacar una familia adelante, de la que estaban profundamente orgullosos.

Decidí entonces seguir ahondando en esas experiencias positivas, haciendo que la persona las enriqueciera con detalles y se dejase absorber por ella. Le invité a pensar en ambas emociones y a valorar cuáles pesaban más, esa experiencia negativa con la que llegó y que estaba alimentando o todas esas experiencias positivas que tenía en su vida. La persona orgullosa de sus logros y de su historia, se transformó, su cuerpo se abrió, su sonrisa apareció, sus ojos miraban con un brillo especial hacia arriba y la tensión de aquella pequeña habitación se esfumó.

De repente todo el mundo se contagió y  empezó a excusar sus anteriores opiniones amoldándolas a esa nueva versión de lo que había sido su vida. Enfocando en la cantidad de experiencias positivas que había vivido y vivía y que pasaba por alto a menudo, insistiendo en rememorar devastadores resúmenes negativos,  una y otra vez.

Todavía recuerdo una frase de un texto del gran Milton Erickson que ante un paciente que le decía convencido  “ya no quiero a mi mujer”, él replicó, “ pues vaya y quiérala”.

Depende del resumen que hagas, así será tu historia.

 Tú decides, si aquelarre o no.

Buen fin de semana!!! 😉