El viaje del líder

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El liderazgo para mí se resume en esta frase de Albert Einstein “Sólo una vida puesta al servicio de los demás merece ser vivida”.

 A partir del día en que decides aceptar este compromiso, pones en marcha una nueva aventura, iniciando un emocionante viaje.

Este viaje, significa una expedición a lugares poco transitados  como son el diálogo, la propuesta, el debate, el consenso y la cercanía,  necesitas elegir los compañeros ideales, unos auténticos probadores de fortuna, inasequibles al desánimo y el desaliento, perseverantes y grandes defensores del proyecto.

Estas personas deben decidir dar ese paso al frente contigo y  ser líderes en su comunidad. Sabiendo que un magnífico liderazgo es un gran servicio. Recordad si no a los grandes líderes que recuerda con agradecimiento la Historia.

 Soy firme creyente de que el líder además de que nace también se hace y rehace.

No confundamos liderazgo con lo que algunos llaman éxito. Un líder no es el que quiere estar en la cima, ni en una posición de poder, ni quien valiéndose de su autoridad es capaz de tener seguidores.

El mejor lugar para un líder es en el que mejor pueda servir a los demás y añadirles valor, por lo tanto cada uno con sus habilidades y capacidades ha decidido sumar. Pero líderes somos todos y cada uno de nosotros, con una misión común: servir a los demás. Comprometidos con hacer cosas diferentes para ser diferentes. Ayudar a crecer a los demás. Aprender a servir y tener esa misión más allá de nosotros. Cada uno de nosotros será multiplicador, en otro caso restaremos y no seremos más que más de lo mismo.

Queremos hacernos valiosos para otros a través del estudio, de la práctica a la humildad. Inspirando confianza a través de nuestros actos y sobre todo de nuestra actitud.

Queremos llenar nuestras maletas con cosas diferentes que nos sean útiles para nuestro viaje:

Necesitamos otras gafas de líder para poder ver como ven quienes están preocupados por los demás, quienes piensan en el bien común y en mejorar su entorno.

Necesitamos distintos sombreros de los que hemos utilizado hasta ahora, quitarnos el negro el de lo negativo, que parte de la crítica, el  enfado y el nerviosismo de quienes no se ven parte de las soluciones  futuras sino víctimas del entorno y de lo que nos separa y ponernos el naranja, y usar el que nos une, el que parte de la propuesta, del diálogo, del mínimo común denominador, el que hace ver posibilidades en las dificultades y oportunidades y retos en lugar de problemas.

Necesitamos variedad de calzados para como dicen los indios caminar en los mocasines de otros para poder juzgarles y en nuestro caso para poder entenderles y servirles eficazmente. Tener la suficiente empatía para poder acercarnos a las personas y conectar con sus tribulaciones, con sus necesidades y formar parte de sus soluciones.

En este viaje nuestro destino es incierto. Tenemos que decidir todos los días cual va a ser nuestra ruta y de qué disponemos para que todos la hagamos en las mejores condiciones. Pero lo haremos contagiando alegría y disfrutando del viaje que supone vivir.

En esta experiencia hemos decidimos transitar juntos, lo que nos hará estar más que preparados para la nueva era a nivel mundial que vislumbra  complejidad e  incertidumbre, con entusiasmo, responsabilidad y trabajo pero sobre todo juntos.

Siendo conscientes de que “Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”.

Juntos para comprender que solos podemos ir más rápido pero que juntos iremos más lejos.

Juntos para apoyarnos entre nosotros, ayudarnos a crecer y alentar nuestras fortalezas y sueños.

Juntos para conseguir la humildad que requiere  servir a todos, querer escuchar, planear, , entender, negociar, cooperar, , innovar, anticipar…

Juntos para poder con nuestros principales barreras, el miedo al cambio, la ignorancia y la incertidumbre sobre el futuro.

Juntos para demostrar que hay otra forma de hacer las cosas, que partir de la unión, del diálogo.

Juntos para renacer como líderes que ven en cualquier reto una forma de sacar lo mejor de nosotros mismos y de aprender, y de mejorar continuamente.

Juntos para no sobrerreaccionar  ante conductas negativas, ni críticas, ni debilidades. La clave está en nosotros, en el ejemplo que demos y en la actitud con la que convirtamos las dificultades en posibilidades.

 Juntos para entender que los principios  valores que compartimos serán la brújula del  cambio que pedimos.

Que ocurra o no, depende de nosotros.

 Comenzamos este viaje juntos, imaginando nuestra misión como reto haciendo que nos sintamos parte y miembros de ella, para construirla, para mejorarla, para usar la red que tejeremos por si alguno del equipo necesitamos hacer uso de ella  para  levantarnos alguna vez.

Soñamos con un equipo, en el que la pasión de sus miembros sean las personas y sepan escucharlas para entender y ayudar poniendo por encima de sus intereses personales el servicio a los demás. Para ello leeremos, miraremos, observaremos, irradiaremos energía positiva.

Soñamos con ser nuestras mejores versiones, autoexigirnos, ser capaces de destapar el talento también en los demás, de admitir que no lo sabemos todo, que cualquier persona puede sumar  y que tenemos esa disposición que hace a los líderes,  que siempre están listos para  aprender. De retroalimentar nuestra acción  política con las opiniones de nuestros ciudadanos.

 Soñamos con que las personas que conformamos el proyecto seamos capaces de mirarnos en el espejo cada día concentradas en dar lo mejor de nosotros mismos. Sabiendo que para ser diferentes, debemos hacer cosas diferentes.  Luchando contra los hábitos y costumbres que nos limitan y empequeñecen.

Soñamos con tener la suficiente curiosidad para anticipar distintos escenarios futuros, estar conectados y preparados siempre para la acción. Teniendo el suficiente equilibrio entre realismo y optimismo que nos haga ser creativos y formar parte de las soluciones y no de los problemas.

Soñamos con líderes que inspiremos por nuestra creencia en nosotros, individualmente, como personas, juntos, como ciudad, como país, líderes no  que  nos desesperen. Seamos ejemplares en la dedicación y en el comportamiento que pedimos a los demás.

 Si hemos llegado hasta aquí  es porque hemos entendido que si no cooperamos juntos no tenemos futuro y que las cosas suceden con inversión no sólo con deseos

 ¿Estás por lo tanto dispuesto  a invertir tus habilidades y capacidades y  horas de tu tiempo sobre la base de tus principios y valores para hacer algo tan altruista como es  compartir con los demás ese tiempo tan preciado de nuestras familias porque crees que servir a los demás es tu misión por encima de todo? Si tu respuesta es que sí, comienza tu viaje de líder.

Foto: juan.314.wordpress.com

Hacer equipo, cuestión de actitud

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Siempre hay opciones. Otra cuestión distinta es que no las veas, o no las busques o creas que las estrategias que has utilizado siempre son las que funcionan, independientemente de su contexto. Cuando te sumas a un equipo, que lleva tiempo en marcha, es el momento en el que decidirte por una u otra, te lanzará al éxito o al fracaso.

Un equipo de personas, es una selección, a veces natural, a veces elegida, de personas, cuyas fortalezas y debilidades son complementadas para conseguir acercarse lo más posible al objetivo, en menor tiempo, con menor esfuerzo y aunando el mayor número de perspectivas diferentes para poder aglutinar varios puntos de vista, sin enfocarse en una determinada óptica que pierde prismas.

Entrar en ese equipo puedes creerte que es cuestión de formación, cuestión de experiencia, de demostrar que eres mejor que los demás, de poner de relevancia las debilidades, a tu juicio, de quienes te rodean, cuestión de imponerse, de amenazar, de avasallar, de un montón de tradicionales estrategias que están en desuso en equipos plurales.

La entrada en un equipo es definitiva para que tú puedas ejercer la influencia en él para que te escuchen, te sigan, te ayuden y te respeten como líder y nada de esto tiene que ver con las estrategias antes mencionadas.

La influencia es una cuestión mucho más sutil, que tiene más que ver con la actitud que con otras cuestiones que parecen mucho más objetivas. Tiene que ver con sumar, con implicar, con hacer a los demás sentirse importantes, con resaltar sus fortalezas y ayudarles a crecer, con darle oportunidades en los ámbitos en los que sabes, porque lo has observado, que van a brillar, con contagiar ánimo, alegría y entusiasmo por lo que haces. Con no desdeñar o ridiculizar las ideas o propuestas de otros sino alentarlas para que sean un producto magnífico,  exhibiendo su autoría y no intentado que las medallas cuelguen sólo de tu pechera.

Todo esto que al leerlo parece obvio, también lo es a la vista de todo el mundo que te observa cuando entras en un grupo, sin empatía alguna, tratando de ser el más listo de la clase. Sin darte cuenta de que tus primeras frases mostrando tus fortalezas no serán más que una flagrante muestra de tus debilidades.

Todos tenemos algo que aportar en todos los ámbitos, TODOS. Te pueden parecer demasiado  jóvenes, demasiado mayores, demasiado formados, poco. La mayoría de las apreciaciones que haces sin pensar son fruto del miedo de no poder encajar o de creer, con lo que ves a simple vista, que eres superior.

Un equipo lo que de verdad necesita es cuestión de actitud, de conjunto, de sumar, de conseguir un clima de confianza en el que todos se sientan libres para poder hablar con franqueza y exponer su punto de vista sin críticas, ni vergüenza, sabiendo que todos tenemos un potencial que desarrollar fruto de experiencias vitales distintas que hacen que la solución aportada entre todos sea la suma de la partes y no la imposición de la mayoría o de quienes más levanten la voz.

Una actitud positiva e inclusiva provoca una cascada de pensamientos, eventos y resultados extraordinarios que son los que conforman el éxito de un equipo en el que todos dan su 100%.  En ti está la decisión de unirte o seguir con tus viejas estrategias blandiendo como injusticia tu verdadera incapacidad para adaptarte.

Dijo William James que “el gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes”. Imagina qué efecto multiplicador tendrá cuando todos trabajemos en esta dirección.

Liderazgo simbólico

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“Haz lo que digo y no lo que hago”. Esta frase resume mucha de la filosofía que practicamos hoy en día y que  pone una vez más de manifiesto que somos el producto automático de la ley del mínimo esfuerzo.

Con nuestros “consejitos” pretendemos arreglar ese mundo que luego no recibe una acción nuestra consistente en esa dirección. Todos llenamos nuestro alrededor de deberías, tendrías y todo clase de condicionamientos graciosos. Sin prestar atención a lo que de verdad mueve el mundo que es el ejemplo.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.Albert Einstein. Y esta genialidad es mi reflexión de hoy unida al liderazgo.

Lo que a mi modo de entender hace a un líder no es que lo sea de manera innata, o que tenga muchos seguidores, o que su carisma sea desbordante. Lo que hace que un líder sea consistente, no una moda, ni un furor de unos días es que lo que hace, lo que dice y lo que piensa está en consonancia  y lo demuestra en cada cuestión que lleva a cabo, en la ACCIÓN.

Cuando pensamos en a quiénes de verdad consideramos líderes, la mayoría de los que presiden organizaciones, instituciones y empresas no nos merecen esa consideración.  Muchos pueden ser jefes pero no líderes. A un líder le pedimos mucho más para poder ponerlos cerca de Mandela, de Luther  King , de la Madre Teresa de Calcuta. Les pedimos que sea su propia vida y sus acciones las que por sí mismas inspiren la nuestra y hagan nacer en nosotros la necesidad de crecer en esa dirección. En la de pertenecer a esta sociedad más allá de nuestros propios intereses y expectativas.

Si  pensamos en alguno de los contemporáneos que algún día  pueden ser considerados  líderes , de repente saltan a mi mente tres interesantes figuras que para mí aportan savia nueva: el Papa Francisco, Mújica, expresidente de Uruguay y Bill Gates. En los tres casos su discurso ha sido rompedor en su ámbito, abriéndose a nuevas posibilidades en sus dedicaciones y manteniendo un compromiso social activista, simbólico y transgresor.

No se puede pedir que nos amemos los unos a los otros, excluyendo por razón de sexo, religión, estado civil, orientación sexual… por lo tanto que cada frase que el Papa utiliza vaya en un sentido de inclusión, a pesar de producir en sus cimientos movimientos sísmicos, merece más que un reconocimiento. La definición de un liderazgo transformador.

No se puede hablar de austeridad, de recortes o de abrocharse el cinturón cuando no se vive llevando a cabo ninguna acción que muestre que se es coherente. Algo que sí ha hecho por ejemplo Mújica en sus años de gobierno, al margen de estar o no de acuerdo con sus políticas, ha dedicado sus esfuerzos a que la gente viva mejor, demostrando su liderazgo  con su ejemplo día a día y eso le ha hecho merecedor de ese reconocimiento dentro y fuera de su país. Destinando un 90% de su sueldo a proyectos de ayuda.

Bill Gates, presidente del gigante Microsoft, de revolucionar la industria informática  y  conseguir con ello una fortuna, ha pasado a destinarla a la ayuda a la cooperación al desarrollo ejerciendo el liderazgo desde los proyectos de su Fundación. Parece fácil decirlo…

Si, si  seguro que  a alguno ya se le ha ocurrido resaltar algún claroscuro sobre estas personas, seguro que es pos de proteger su conciencia de estos enormes empellones que el comportamiento admirable de otros nos proporciona para sacarnos de nuestro ensimismamiento y  para de verdad comprobar en qué consiste ser un líder y como se gestan los grandes.

Lo único cierto es que si lo quieres ser, tendrás que aprender a hablar menos, a escuchar más y poner el foco en que todo lo que haces y sólo lo que haces porque eso es lo que habla sobre ti.

Con las palabras conmueves, con el ejemplo arrastras.  No lo olvides cuestiona  si lo que tu líder dice, lo hace, si no, no te dejes arrastrar.

Prueba y error

ensayo

 

 

“No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.” Thomas Alva Edison

 ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta frase?

A mí el enorme número de soluciones que probó.

¿Esto qué me dice de esta persona?

Que es un fracasado, que debería estar avergonzado de no haber acertado antes, que tenía demasiado tiempo libre, que no estaba a la altura, que debería haberlo llevado en secreto…

Seguro que ninguna de las opciones anteriores ha pasado por tu cabeza al leerlo y sin embargo son muchas de éstas las que te aplicas a ti, cuando algo no sale bien. Pensar así, hace que seas menos innovador, creativo, que apenas salgas de tu zona de confort para arriesgar en alguna cuestión personal o de trabajo y que intentes por todos los medios esconderlo cuando ocurre, con lo que tu gasto energético se volverá  ingente para tapar tanto agujero negro.

En algunas personas ocultar esto y querer parecer un superhéroe al que todo le resulta natural que parece que nació dominando habilidades y no necesita “masterizar” nada, les encanta. Quizá les reporte beneficios personales y les merezca la pena el esfuerzo , querer mantener esa apariencia, pero si reflexionasen un poco y fuesen justos y sinceros consigo mismos, acabarían concluyendo que esas habilidades son fruto de emular a alguien de su entorno, de los aprendizajes  a los que cada uno ha tenido acceso y del entrenamiento al que se ha sometido. ¿Para qué quitarse mérito?

Las aptitudes pueden ser innatas o adquiridas pero de las personas depende el entrenamiento o  no de las mismas. Y es donde triunfa la actitud y los mensajes que enviemos.

En el caso de tener responsabilidad sobre otras personas, el no reconocer el proceso de aprendizaje, haciendo hincapié en los errores y fallos que se hayan podido cometer o en el factor suerte o azar que haya podido influir, produce un efecto desmotivador devastador en tu equipo. No admitir los errores, no compartirlos y no hacer alusión a ellos, traslada a tu organización que eso no es lo normal, no  debe ocurrir o, si ocurre, no debe bajo ningún concepto revelarse.

Os podéis imaginar un error no reconocido y ocultado hasta dónde puede llegar y el daño que puede acarrear en un proyecto cualquiera. Además su efecto pedagógico hace que los demás vayan al 50% en su rendimiento por miedo a poder cometer algún otro.

Dar permiso a otros para cometer errores, aprender de ellos, buscar opciones alternativas  y seguir adelante es una faceta del líder que jugará a su favor demostrando su optimismo, seguridad y fortaleza  para hacerlo y así incrementar las capacidades de tu equipo. Al mismo tiempo podrás experimentar qué tipo de personas componen tu organización o tu equipo con el uso que hagan de esta información. Esta práctica liberará de mucha presión tu entorno y mejorará las relaciones al poder fomentar la identificación y la cercanía contigo.

Hacerlo en “petit comité” acrecentará el problema puesto que se seguirá mostrando el fallo o error como algo vergonzante que tiene como límite la confianza en la otra persona para mantener el secreto. Si lo haces, hazlo claramente, en público, como parte de tu estrategia como manager. Incluso puedes dedicar un espacio semanal a esto, siendo una historia de aprendizaje la que puedas contar a tu grupo.

Así conseguirás introducir en la cultura de tu organización algo que es tan obvio que no debería tener discusión, simplemente un poco  de humor para aceptar que no somos superhéroes: “Los errores son parte del proceso”

Multiplicar el talento

talent

Cuando pensamos en trabajar para alguien, casi todos seguimos, en el mejor de los casos,  un proceso similar,  pensando primero en qué queremos hacer, es decir, en la tarea, después en el sector, y a partir de ahí seleccionamos las empresas que nosotros creemos que nos pueden interesar indagando sobre su misión y sus valores para ver si están alineados con los nuestros.

Comenzamos a elaborar nuestro curriculum para ser lo suficientemente atractivos, cuanta más formación, conocimientos y experiencia en la materia más seguros nos sentimos de que podemos estar cerca de ese puesto, pero lo que pocos piensan es para quién acabas trabajando, tu responsable directo,  y ésta puede ser una de las decisiones más importantes de tu vida.

Puedes trabajar para un genio, que tiene vastos conocimientos en la materia, sobrada experiencia en el área, y que es un lince, pero puede ser una persona de las que, precisamente por estas características, se convierte en  un “disminisher” al que le sobran todas las opiniones, se basta y sobra para saber lo que hay que hacer. Esto además lo deja claro cuando en la mayoría de las reuniones no escucha, infravalora o ridiculiza tanto las opiniones como el trabajo o los errores de los demás y vive en su atalaya sin mezclarse con la “pleble”.

Esto que aquí escrito hace que sólo tengas ganas de salir corriendo, en el mundo laboral a veces se aguanta durante años sin tener en cuenta ni el rendimiento de las personas a su cargo, ni su salud física y mental, que cada vez son peores, ni su efecto en su  productividad  y en el entorno de trabajo.

El mal clima laboral, la falta de compromiso con la empresa, la falta de motivación en muchos casos se hace patente con este tipo de personas dirigiendo, que además no dejan de colgarse medallas de todos los proyectos y de quejarse de la inutilidad de su personal o de la necesidad de más por su inoperancia.

Estos perfiles que eran premiadas hasta hace poco, son, en las compañías más vanguardistas,  algo del pasado. Creer en el potencial de tus empleados y servirles de entrenador para mejorar su talento es una responsabilidad de todos los managers con personas a su cargo, que además podrán, con el concurso de todos, hacer más, no con menos, como solía ser la exigencia hasta ahora, referida sólo al dinero, sino con el máximo desarrollo de la inteligencia de todos.

Piensa en hacer una  inversión en estas personas claves en tu compañía para prepararles y que integren en sus habilidades manejar el talento de su equipo y  que multiplicarlo  sea el objetivo:

Mejora el ambiente de trabajo con compromiso y confianza

Maximiza el potencial de los componentes del equipo

Eleva el rendimiento de todas las personas

¿Merece la pena la inversión  o piensas seguir con fórmulas retrógradas y excusas?

¿Cómo cuidas tu invernadero?

invernadero

 

 

Piensa en tu equipo de trabajo, en tu organización, en tu familia, en tu grupo de amigos y reúnelos mentalmente en un invernadero, el espacio en el  que vas a construir.

Piensa en un lugar en el que ellos, como plantas, deben crecer  y vivir pero, hazlo desde tu perspectiva como  jardinero encargado de que todas lleguen a buen puerto.

Si te das cuenta, en casi todos los grupos hay muchas plantas que tú no has elegido y sin embargo están  ya situadas en tu invernadero, por lo tanto, ya son tu responsabilidad y por lo tanto parte de tu cuidado.

Si quisieses ser  un buen jardinero, qué te parece en primer lugar, informarte sobre qué tipo de plantas y cómo son los cuidados que requieren, las que tienes a tu cargo. En este caso te conviene escuchar y observar durante bastante tiempo cómo se desenvuelven “tus plantas” en ese  entorno.

Si esta fase la llevas a cabo minuciosamente podrás concluir, qué cuidados son los que hacen crecer a tus plantas, es decir, cuáles son los valores importantes para ellas en los que basan sus decisiones, qué les motiva e importa y cuáles son las circunstancias en las que mejor se desarrollan.

En este periodo es cuando tú  empiezas a valorar con qué plantas quieres contar en tu invernadero porque son compatibles, cuáles mejoran el ambiente y con cuáles no quieres contar por su toxicidad, por requerir excesivos cuidados y/o porque perjudican a las demás. Observando además si probando con otras técnicas  u otras instrucciones sobrevivirían o convivirían  sin ser perjudiciales para  el entorno.

Es tu responsabilidad, como jardinero, crear un entorno de apoyo y confianza en el que todas las plantas se sientan a gusto, por lo tanto, lo que no podrás hacer es imponer tus reglas o tus criterios sin tener en cuenta las peculiaridades de las especies que quieres que crezcan dentro.

Es decir, que puedes optar por escogerlas o hacerlas todas iguales a ti, por lo que algunas no podrían seguir allí, por elegir otras distintas que te puedan ayudar a innovar y a mejorar el desarrollo de las que tienes, aunque tú no seas el protagonista sino un mero observador. Puedes optar por las más sensibles y delicadas que te necesiten continuamente y te hagan sentirte imprescindible. Quizás por las que no necesitan casi cuidados, y entonces no decidirás en función de otros criterios a los que renunciarás porque necesitan más esfuerzo. Imagina alguna más de las infinitas situaciones posibles …

O quizá puedes poner el reto y el desafío en ti mismo y ser capaz de tener un invernadero con una buena representación de todas esas plantas que te gustan por distintas razones y querer ser tan buen jardinero que tu combinación y tus cuidados sean la clave de tu éxito.

Para ello tendrás que elegir y descartar muchas veces puesto que, algunas de esas plantas no podrán o no querrán vivir juntas, y dar gusto a todas, siempre,  no tendrá solución con abono y riego igual.

La adecuada temperatura, humedad,  las horas de luz, de dedicación, en conjunto los factores ambientales serán los que tengan que ser constantes. De ti depende hacer un buen análisis de lo quieres que en él viva, el placer que te reporten, lo que aprendas. lo que crezcas   y lo que acabes haciendo de él.

¿Has pensado alguna vez en cómo es tu invernadero?

¿Me recibes?

walkies

 

Una de las habilidades de cualquier persona que quiera liderarse y después liderar es aprender a escuchar.

Es sencillo escribirlo, recomendarlo y rogarlo pero ponerlo en práctica es una de las cuestiones que a muchos se nos hace más difícil. Sobre todo porque vivimos en una sociedad en la que hasta hace poco se identifica al fuerte, al poderoso o al jefe con el que habla y a los demás con los que escuchan a su amado gurú.

Tenemos tan grabado en el ADN esta cuestión que si te precias, puedes pasarte el día hablando en lugar de callar y escuchar. Esto que al principio es una muestra de fortaleza, acaba siendo tu Talón de Aquiles cuando acabas interrumpiendo, hablando sólo de lo que a te interesa o impartiendo monólogos sobre ti mismo.

Estamos tan acostumbrados a esta creencia, que no nos damos ni cuenta de que copamos las conversaciones y aburrimos al personal con nuestras interminables  peroratas.

A veces puedes pensar que tus temas son más interesantes o quizás no te has acostumbrado al silencio y te resulta violento, la cuestión es que hilamos unas cosas con otras y, lejos de interesar al personal, le demostramos lo poco que nos interesan sus historias, opiniones y sentimientos, la falta de paciencia que tenemos y lo interesante que nos parecen  nuestras vidas en comparación.

Cuando te quieres dar cuenta la verborrea impertinente se ha convertido en un hábito.

Si además tienes responsabilidad para con otras personas, familiar o laboral, a esta creencia de “el que calla otorga” le añadirás que “los jefes lo saben todo” con lo cual impartir doctrina y sentar cátedra serán dos objetivos tuyos para “hacerte respetar” que te exigirán ingentes cantidades de energía. Encima paradójicamente el  mensaje que les envías es que no te importan lo más mínimo, ¿te parece exagerado? Compruébalo.

Por si no te has enterado los tiempos han cambiado y ya nadie quiere un jefe así y menos si quieres ser un líder aunque es cierto que aprender a escuchar está a tu alcance y lo puedes entrenar con distintas tácticas.

Si acabas de empezar y consigues no interrumpir y dejas hablar hasta que la otra persona acabe su argumentación, sin manifestar desinterés física y mentalmente con tu interlocutor, habrás empezado el cambio.

Imagina que hablas por un walkie-talkie o que estás en una permanente conferencia, ¿a qué tienes que esperar a que el otro termine? Recuérdalo en presencia de tu interlocutor.

Si quieres saber lo que se siente, queda con una persona de confianza y cuéntale el experimento, dile que le vas a contar algo que para ti es muy interesante y hazlo pero dile que te interrumpa, se distraiga y cambie de tema mientras lo haces, así sabrás de primera mano cómo se siente a quién tú se lo haces y después, tú eliges.