Escúchame

escuchar

La mayor parte de nuestra  preocupación cuando nos planteamos una nueva reunión, una cita o una entrevista es, qué vamos a decir. Pensar y repensar en qué fascinante anécdota o qué respuesta tan inteligente daremos a las preguntas que nos hagan.

Nuestro diálogo interno no para, adelante y atrás, nueva pregunta, nuevo argumento, nueva presentación. Casi nunca, a no ser que nuestra naturaleza nos lo imponga, hemos pensado en ir a escuchar. Incluso cuando  esa  es  la actividad exigida,  tampoco desconectamos nuestra conversación interior.

Hoy me gustaría reflexionar sobre  escuchar.

Pocas veces nos lo proponemos, casi siempre estamos enfrascados  en nuestros pensamientos. Culturalmente además  hemos tenido miedos y  complejos,  hemos malentendido lo que implica cambiar de opinión, matizar tus argumentos o querer llevar razón siempre, confundiéndonos e integrando la aversión  a parecer inseguro, débil o no suficientemente convincente si no agotábamos a los demás con nuestro amplio argumentario.

En realidad, daba igual lo que dijese nuestro interlocutor, nosotros ya teníamos el fichero sobre el asunto descargado en nuestra mente y comenzábamos a leer sin importarnos lo más mínimo el receptor.

En el mejor de los casos era un diálogo de besugos cada uno con su tema y posición, pero se me ocurren un montón de ejemplos más en los que el significado de nuestra falta de atención empeora por momentos. Imagínense el caso de los que llegan a una reunión y hablan, hablan y hablan, sin reparar en que los demás están intentado decir algo. Contra esa velocidad, esa cantidad de datos y esa desenvoltura, la mayoría se retira y activa el “stand by” hasta que acaba. Pensando como mínimo, qué pesadez de persona. Si el tema es la persona en sí, la percepción pasa de pesado a maleducado , petulante, arrogante, y a un sentimiento de no querer volver a  departir con él jamás.

Por  la parte emisora, imagínense las excusas, los nervios, hablar para no escuchar a otros, presumir, dejar claro quién manda, entretenerles…

Escuchar implica observar, un buen oyente es quien está pendiente no sólo del contenido del mensaje del interlocutor sino de  todos los elementos del mensaje,  lenguaje corporal, el tono de voz, su intensidad y la velocidad. Para poder hacerse una idea  de la situación mucho más allá de lo que en principio, frívolamente observaríamos.

Escuchando se aprende muchísimo, más que hablando claro, puesto que los argumentos que nosotros esgrimimos son fruto de nuestro conocimiento y por lo tanto no supone adquirir perspectiva o “inputs” diferentes.

Escuchar además conlleva mostrar un completo dominio de nosotros mismos. Conseguir escuchar a una persona, olvidándote de lo que tú quieres decir para entender lo que quiere decir ella, sin suponer, sin interpretar, exige una dedicación total. Llegar a contener ese gatillo que activamos cuando un pensamiento que creemos oportuno, ingenioso o importante llega a nuestra mente, acaba siendo una tarea hercúlea.

Acaso practicamos la escucha activa en alguna de sus manifestaciones ? Alguna  vez habéis intentado recordar una conversación lo más exactamente posible, haciendo un resumen a posteriori, sabríais decir el color de los ojos de vuestro interlocutor, estáis atentos a sus gestos, le prejuzgáis por su apariencia,  respondéis al móvil cuando os están hablando, estáis  pensando en lo que vas a decir, le interrumpís.. .si las respuestas son las  tres primeras  negativas y las cuatro siguientes afirmativas, no escuchas.  Puedes practicar  y cambiar tus respuestas!

Son muchos los obstáculos de la escucha activa. Os contaré, para animaros, una historia que os puede ayudar y serviros como buena práctica.
Un mandatario de un país, al que le  visita  otro, la noche anterior se la pasa estudiando  la pesca y los botes, la pasión del visitante. Cuando la conversación se inicia al día siguiente, tras los saludos de rigor, comienza  hábilmente sobre pesca y botes, el visitante entre sorprendido y emocionado comienza su disertación, horas y horas hablando de su pasión. Tal fue la escucha activa, que de las 12 horas que duró la visita, el anfitrión habló la última hora para concretar los términos de su nuevo acuerdo. Sobre el cuál parecía más que reticente antes de la visita.

Las personas  que hacen que los demás se sientan importantes, pueden cambiarles la vida. Escuchar es la base de esta habilidad. No me digan  que no está al alcance de todos.

Si no tiene algo que les motive a hacer esto  recuerden a Emerson  “Todo hombre es superior a mí  en  algún sentido. En ese sentido aprendo de él.”

De quiénes aprendes tú? Cómo?

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