¿ CÓMO SUENA TU ECO ?

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EL ECO

Un padre y su hijo estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó, lastimándose, y gritó:

—¡Aaaaaayyyy!

Para su sorpresa, oyó una voz que repetía, en algún lugar de la montaña:

—¡Aaaaaayyyy!

Con curiosidad, el niño gritó:

—¿Quién está ahí?

Y recibió esta respuesta:

—¿Quién está ahí?

Enojado, gritó:

—¡Cobarde!

Y escuchó:

—¡Cobarde!

El niño miró al padre y le preguntó:

—¿Qué sucede, papá?

El hombre, sonriendo, le dijo:

—Hijo mío, presta atención —y gritó hacia la montaña—: ¡Te admiro!

Y la voz le respondió:

—¡Te admiro!

De nuevo, el hombre gritó:

—¡Eres un campeón!

Y la voz le respondió:

—¡Eres un campeón!

El niño estaba asombrado, pero no entendía nada. Entonces el padre le explicó:

—La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces.

 

¿Qué le dices tú a la vida?, ¿qué le dices o haces a los demás que quieres que la vida te devuelva?

¿Y si a partir de ahora piensas en esto antes de decir o hacer?

¿Cómo quieres que sea tu eco?

Tu galería de emociones

camara

 

 

Gracias a mi móvil he encontrado un entretenimiento que no sé en qué momento, se transformó en   necesidad y pasión, la fotografía.

Buscar un lugar, una persona, un encuadre, una luz, querer captar un momento, un gesto, es algo que me entusiasma, me motiva y me alegra.

Gracias a mis amigos ahora puedo hacerlo además con una estupenda cámara reflex, que además me  implica tener que aprender cosas nuevas, interesarme por otras cuestiones y poner mi cerebro a trabajar.

Todo esto no sería posible además, sin que, hace ya muchos meses, me hubiese propuesto entrenarme en  ser más observadora.

Trabajar esta habilidad me está ayudando a ser consciente de muchas cuestiones, como poder conocer mejor a las personas, conectar con ellas, leyendo sus gestos, observando sus ademanes y dándoles la importancia que tienen, muchas veces por encima de nuestras propias palabras o articulados y automáticos mensajes.

Ser un espectador de la vida, a veces, tiene un sentido más allá de permanecer inactivo y para mí ha supuesto darme cuenta del tiempo que perdemos en cuestiones negativas y que lejos de ayudarnos a seguir, nos estancan y atan a esas perjudiciales emociones.  Estoy aprendiendo a  darle más importancia a llenar el tiempo con lo que quiero, con quienes quiero,  a darle vida a cada minuto,  para no tener que lamentarme tarde de no haberlo hecho.

También me hace salir de mí misma de mis pensamientos y tribulaciones, aparcar ese ser tan importante con el que convivo,  para poder vivir las emociones de los demás y poder compartirlas con ellos. Minimizando así esas horribles premoniciones con las que nos traicionamos a veces, que sólo ocurren en mi cabeza y que  apenas se cumplen, haciéndome padecer sin razón y  que ahora consigo relativizar y cuestionar.

A través de lo que observo y busco conscientemente para fotografiar, imagino  qué emociones podrán producir, tanto en los demás, como en mí  y cuántas me transportarán a ese momento al poder volver sobre ellas, una y otra vez.

Igual que a mí las fotografías me son útiles, cada una para recordarme un momento que me provoca emociones positivas, os propongo que a partir de ahora, de vez en cuando, hagáis una foto  conscientemente para recordar ese momento y  la llenéis  con más sensaciones. Ponedle una música que os evoque esos mismos sentimientos y asociarla a algún olor, sabor o tacto que trabaje en el mismo sentido.

Si conseguís tener una galería llena de fotos con “muchos sentidos”, tendréis una almacén de emociones en vuestras propias manos, accesible para esos momentos en los que vuestro estado interior necesite un empujón extra para seros útil.

 

Armarse de paciencia

paciencia

 

Las dos armas más poderosas son la paciencia y el tiempo” no sé si Tolstoi tenía toda la razón o parte, pero hay veces que haberla trabajado tiene sus réditos, uno no se rinde fácilmente.

Para cualquiera de nosotros vociferar, culpar a alguien, enfadarse con el sistema, con quien te atiende o incluso con algún objeto cercano o instrumental, cuando algo no va como queremos, es una de las primeras reacciones. Además de fastidiarse el resto del día

Seguramente habrás visto a algún deportista ensañarse con su raqueta, con su balón o con su útil de trabajo. A los demás con el teléfono, el ordenador, el ascensor o cualquier cosa que no trabaje a la velocidad de nuestras expectativas.

A lo mejor has cambiado de película en el cine o visitar algo, o  has dejado de adquirir aquello que querías simplemente porque había que esperar cola y no te era grato perder su tiempo allí.  Seguramente en algunos casos lo que ibas a adquirir tampoco era tan interesante o tan necesario pero… te diste cuenta de cómo la ira se apoderaba de usted durante la espera.

Yo he tenido mi  último entrenamiento esta mañana, tratando de enviar una solicitud telemática  a la Administración, he hablado por teléfono, he chateado en numerosas ocasiones y no he conseguido mi objetivo… de momento, registrar mi solicitud. La incidencia ha quedado registrada pero yo también he podido registrar mis emociones y pensamientos a lo largo del proceso y gestionarlas sin alterarme y sin culpar a nadie más que a mí del asunto.

Aunque lo podía considerar una pérdida de tiempo, a lo largo del proceso he aprendido algunas comprobaciones que ignoraba y he trabajado cómo mantener  mi paz interior y saber desconectar de esto para pasar a otro asunto.

Querer las cosas y tenerlas ya, es algo a lo que nos hemos acostumbrado a la velocidad del rayo, uno de los múltiples eslóganes “on line” que podemos  leer “ Cómpralo por la mañana y estrénalo por la tarde”.

Vivimos tan rápido que consumimos a la misma velocidad, apenas nos deleitamos con la cantidad de cosas magníficas que nos pasan a diario, no les damos apenas importancia y no sólo eso sino que cualquier atasco en nuestro camino, hace que nuestro día sea calificado como aciago. Da igual si es de la impresora, de tráfico, la tardanza de un compañero, alguien que no nos coge el teléfono cuando llamamos, todo nos pone de los pelos.

Si trabajas tu interior te darás cuenta de que esto te ocurre cada vez con menos asiduidad y tu paz interior aumenta si no es hora de que te pongas en marcha y ejercites tu paciencia.

Mantener la constancia a pesar de la dificultad, la oposición o la adversidad no sólo te  satisfará personalmente al haber vencido a tu “yo inmediato” sino que formará parte seguro de tu éxito.

Aquí te dejo unos curiosos e interesantes ejercicios :  http://es.wikihow.com/desarrollar-la-paciencia

Oooooohmmm!!! 😉

Foto:wikihow

Emociones incómodas

 

emoticonos

 

Habéis pensado  alguna  vez en cómo reaccionáis  cuando veis o escucháis a alguien que os transmite que está sintiendo  una emoción negativa, dolor, miedo, vergüenza, enfado…

Sin mala intención a veces he querido quitarle hierro o animarle, pensando en la incomodidad que me producía no saber qué hacer,  sin tener en cuenta que, a lo mejor, esa no era la mejor manera de ayudar a que se deshiciese de esa emoción. Quizá  se haya  sentido incomprendida por mí  cuando he minimizado o relativizado lo que estaba sintiendo. Lo que para ella era real.

A veces lo hacemos porque realmente no sabemos cómo manejar emociones de este tipo, de las que hacen sufrir a los que queremos y pensamos que evitando darlas mucha importancia o demasiado de sí, desaparecerán, o incluso la necesidad de hacer algo por ellas nos deja en manos de un sinfín de consejos y recetas. ¿por qué será que nos cuesta tanto sólo escuchar?

En otras ocasiones,  nuestra resiliencia adquirida, nuestra experiencia, nos hacen verlo  desde nuestra perspectiva, con nuestras herramientas,  nos decimos que esas luchas no tienen importancia. Para nosotros, ya quedan mucho tiempo atrás y también pensamos que ellos debían haberlas superado, pero ¿es justo?, ¿es sano?, ¿ayuda?

En el caso de los niños, el libro  “ How to talk so kids will listen and Listen so Kids will talk” de Adele Faber  y Elaine Mazlish plantea unas  propuestas que se derivan de sus investigaciones y  pasan por cuestiones que merecen mi reflexión y creo que podrían extrapolarse al mundo adulto.

  • Cuando alguien siente emociones negativas  no ayudamos : negándolas ( en realidad tú no te sientes así), ignorándolas (cambiando de tema) o moralizando ( tú lo que tienes que hacer es…)
  • Tampoco preguntando el porqué de la emoción, esta cuestión, además de anclarnos a ella y volverla a sentir, nos hace indagar en justificaciones y mentir. Muchas veces, cuando nos sentimos así, creemos que el motivo, tampoco ayudará a que nuestro interlocutor nos comprenda. Es mejor que le pongamos algún ejemplo de cuando nosotros también nos hemos sentido parecido y simplemente reconozcamos el sentimiento en la otra persona, ayudándola a ponerle nombre: enfado, vergüenza, temor…
  • No es necesario estar de acuerdo o dar la razón, sólo escuchar, preguntar y entender cómo se siente  para que la persona exteriorice la emoción. Aunque no lo consigamos, nuestro interés en ayudar quedará patente.
  • Prueba a ver si la persona puede cambiar lo que repite,  “ le odio” o “ soy imbécil” por algo más concreto y que suene diferente.
  • Sobre todo y lo más importante, no aconsejes, tu experiencia  puede no ser de ayuda, porque procede de tu proceso interno y además privas a la otra persona de encontrar sus propias soluciones, y de construir sus propias herramientas a partir de sus propios aprendizajes para que los utilice en  el futuro.
  • La próxima vez que sea la persona la que decida si tiene importancia o no. Sólo acompáñala en su camino y ESCUCHA.

Tu huella positiva

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¿En qué nos ayuda tomarnos demasiado en serio la vida?

Parece que en determinados momentos, sobre algunos temas y dependiendo de con quién estés y  lo que hagas, la vida debe tomarse a palo seco, con seriedad, sin sentido del humor.

Cada paso parece ser tan trascendental y todo tan serio que cualquier atisbo de sorna o chanza se señala como algo extemporáneo, irresponsable y a erradicar.

Quiero compartir a modo de ejemplo  mi experiencia , lo que años de dedicación política seria, en busca de la justicia, hicieron conmigo y con mi entorno.

Desde que recuerdo, siempre mi comunidad y mi alrededor han sido para mí, una preocupación constante. El cambio y el progreso, una obsesión por colaborar en conseguir un mundo cada vez mejor para más personas. Si el fin era y sigue siendo loable lo que ahora, con el tiempo vislumbré, no tan adecuado, fue el método.

Con mis años de ciencia conseguí dar demasiada importancia a los datos y a los números, que pensé como reza el Principito ”gustaban a los mayores”. Porcentajes, comparaciones, reglas, progresiones, de todo para intentar hacer ver a los demás si todo en lo que invertían y adeudaban era digno de tal esfuerzo económico. Conseguí agotar mi vital visión optimista.

Con la justicia como uno de los valores principales en mi escala y haciéndolo erróneamente depender en gran parte de mí, la lucha era diaria, intestina, agotadora y fútil.

Todo mi esfuerzo en presentar un panorama sistémico y relacionado con todo tipo de argumentos, era entendido como un tótum revolútum que según quién, había que abordar fragmentado, “como se había hecho siempre”. Nunca llegué a entender cómo se puede hacer tal cosa y después argüir “daños colaterales”.

Recordando todos mis desvelos por conseguir el cambio empujando con mis datos desde fuera, ahora creo que si no me hubiese tomado todo tan en serio y hubiese conseguido no escorar, por mi impotencia, mi sentido del humor, hubiese conseguido más.

Mis descripciones apocalípticas trufadas de datos, que por desgracia se han hecho realidad, no conseguían más resultado que el rechazo frontal de las personas. Leyendo a Goleman he descubierto el porqué.

“Centrarnos en lo negativo desemboca en el desaliento y la falta de compromiso. Y es que en el momento en que se ponen en marcha los centros neuronales que se ocupan del estrés, nuestro centro de interés pasa a ser el mismo estrés y el modo de aliviarlo”

Realmente necesitaba un cambio de visión de 180·, una visión más positiva, que ilusionase, en aquellos momentos creo que era incapaz de hacerlo. Esto que yo viví hace años ahora compruebo que lo experimentan muchas más personas.

Esta sensación negativa que consigue captar tu atención permanentemente tiene un valor motivado limitado puesto que  lo primero que persigue la mente es el modo de cambiar ese estado y se acaba ignorando. Produciendo el efecto contrario.

“La negatividad-explica Goleman- circunscribe nuestra atención a un rango muy limitado, aquello que nos perturba”. De hecho afirma que la mejor receta para la depresión consiste en centrar la atención en los aspectos negativos de la experiencia.

Pero no sólo conseguí hacerme eso a mí misma, cerrando  mi mente a las nuevas oportunidades y soluciones, sino que a base de debatir y pensar y repensar conseguí trasladarlo a mi entorno, haciendo crecer en ellos el sentimiento de que si no se preocupaban y compartían mi visión, estaban haciendo un flaco favor a la sociedad.

Años después he descubierto que “las emociones positivas abren el foco de la atención, permitiéndonos  captarlo todo. Es cierto que cuando contemplamos las cosas con una actitud positiva, nuestra percepción cambia”. Incluso como asegura la psicóloga Bárbara Fredickson “cuando nos sentimos bien nuestra conciencia se expande desde nuestro foco egocéntrico habitual, centrado en el  “mí”, hasta un foco más inclusivo y cordial centrado en el “nosotros”.

A partir de entonces pude resetearme de nuevo, volver a cargar mis programas de serie, mi pasión por las personas y mi creencia en que todos podemos ser y hacer cosas extraordinarias. Comprendí la importancia de centrarme en las fortalezas de las personas, de los temas, de todo y avanzar desde allí.

Movilizando nuevas ideas, planes, personas. Alentando la práctica y el aprendizaje conseguí en poco tiempo estar en forma de nuevo. Entiendo que la supervivencia pasa por tener en cuenta lo negativo pero ahora las proporciones entre esto y lo positivo están en mí,  mucho más equilibradas.

Si yo lo he conseguido, tú también  puedes.

¿Quieres comenzar tu viaje?