¿TIENES BRILLANTES PERSPECTIVAS?

brillo

 

El lenguaje que utilizamos dice mucho de nosotros, de cómo almacenamos nuestras experiencias, de qué nos preocupa y de cómo funciona nuestro cerebro. En la mayoría de las ocasiones, le hacemos poco o ningún caso y continuamos nuestra vida como si nada. Creyendo, que lo que ocurre en el exterior es objetivamente como nosotros lo vemos, sin ir más allá.

Intentar entender la experiencia subjetiva de un ser humano es difícil, si no se tienen las herramientas necesarias y se es consciente del reto, puesto que estamos todos demasiado ensimismados en nuestros pensamientos y con nuestras batallas para prestar a los demás tanta atención.

La parte inexplicable es que si somos más conscientes de cómo funciona nuestro cerebro, podemos ser mucho más felices sólo almacenando mejor nuestras experiencias y rescatando y practicando las emociones que nos son beneficiosas, en lugar de refocilarnos en todas esas que nos crean ansiedad y entristecen con sólo atisbarlas.

Ahora que llega el verano y que para la mayoría el estrés deja de ser la base de nuestro trabajo, quizá estemos más proclives a probar y experimentar con nuevas estrategias. Hoy lo que quiero compartir con vosotros es la importancia del brillo en nuestra vida.

Hablamos de la capacidad visual, de cómo recordamos con imágenes. Utiliza unos minutos para probar. Elige una experiencia pasada muy agradable.Vuelve al recuerdo. Cierra los ojos si te resulta más fácil.

Fíjate en la imagen y modifica el brillo, nota cómo cambian tus sentimientos hacia ella. Cuando arrojas luz sobre ella, se vuelve más intensa la emoción, menos, igual. Y si le quitas brillo, ¿qué ocurre? Dedica unos minutos a observar los cambios.

La mayoría solemos tener unas sensaciones más intensas al aumentar la intensidad y menos al oscurecerla. Pero puede ser diferente. ¿Has pensado en que puedes hacer esto intencionadamente para variar los sentimientos sobre tus recuerdos?

Y si bajases la intensidad a todos esos pensamientos que desagradables que aparecen en tu mente de repente.

El brillo es sólo una de las submodalidades que puedes utilizar. Observarte te permite descubrir tus propias excepciones. Igual tus recuerdos peores son enmedio de la oscuridad y les puedes arrojar luz para minorarlos o quizá oscurecerlos aún más para que desaparezcan. Igual, si el brillo lo incrementas, incluso esa imagen tan blanca también minora tus sentimientos.

Cualquiera que sea la relación merece la pena dedicar unos minutos a descubrirla puesto que puede cambiar tu experiencia. Recuerda que eres tú mismo, con tus pensamientos, quien puede hacerte feliz o infeliz, ¿qué eliges?

                     globos oscura      globos clara

Es la misma fotografía con distinto brillo, ¿te sugiere lo mismo?

Lo haces o no lo haces pero no lo intentes

yoda

Muchas veces, haciendo depender nuestro destino de cuestiones externas y pensando  que es fruto, más del azar que de lo que nosotros podamos hacer o decir, eludimos la responsabilidad sobre, las decisiones que podemos tomar,  las herramientas que podemos usar y  la actitud que podemos adoptar, rindiéndonos antes, incluso, de haber empezado el camino.

Observando el “éxito” de los demás, es más fácil decirnos a nosotros mismos que nos faltan habilidades y capacidades, que reconocer que no estamos dispuestos a hacer ninguna inversión o esfuerzo para cambiar algo o hacer realidad el sueño.

Una de las acciones más fructíferas que podemos realizar, mejorar y perfeccionar es nuestro uso de lenguaje, qué cosas decimos y cómo lo hacemos para almacenarlas en nuestra mente.

¿Quién no ha escuchado a alguien hablando de lo “ilusionante” de su futuro en condicional? “Me gustaría estudiar chino, querría levantarme antes,  sería genial ser más paciente…”. Cualquier deseo que manifestemos en condicional, lo vemos tan lejos que lo “condicionamos” mentalmente por si no encontramos las ganas, la motivación para hacerlo y no queremos decepcionarnos admitiendo un posible fracaso, permitiéndonos no invertir un ápice de energía.

Por si condicionarlo, no fuese suficiente, generalizamos con el lenguaje también lo negativo, para hacerlo tan pesado que mentalmente no nos apetezca retomarlo más. Eso lo hacemos, por ejemplo, con los devastadores “ siempre” y “ nunca”. Sobre todo  cuando a lo que nos referimos con ellos, seguramente, ha sucedido muchas menos veces de las que creemos.
“Siempre que he tratado de dejar de fumar, a los pocos meses he vuelto”. Seguramente te hará pensar que lo hiciste muchas más veces de las que han sido en realidad pero es tan impactante la frase, que la bandera blanca de rendición salta antes de incluso acabarla, considerándote un fracasado, algo que extrapolas a otros muchos ámbitos de tu vida sin apenas darte cuenta.

El otro extremo, “nunca”, es tan demoledor como éste, “nunca he conseguido hablar bien inglés, nunca voy al gimnasio más de un mes, nunca consigo controlar mi ira, …”. Si lo piensas esto no es del todo cierto. Si no, haz la prueba.

Dibuja en un papel una línea larga que pueda representar los años de vida que puedes llegar a tener, sé optimista, fíjate la esperanza de vida de tu país, por ejemplo. Ahora dibuja en proporción dónde te encuentras en este momento y  cuándo y cuánto tiempo ha ocurrido eso que generalizas. De verdad, ¿es siempre?, ¿nunca?

Como entiendo que instalarse todas estas alarmas en nuestro lenguaje no es fácil y queréis empezar ya. Solo recordaros la frase del maestro Yoda  para hacer intensivo el entreno “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

Así que no te digas una vez más que lo vas a intentar porque no va a funcionar. ¡Buen trabajo!

¿Cuestionas tu modelo mental?

modelosmentales

 

Cuando nos ocurre algo en nuestra vida ya sea familiar, laboral o  personal, casi siempre tenemos la tentación de buscar la relación  causa- efecto entre este hecho y algo que ocurrió en el pasado.

 Pocas veces pensamos que la causa y el efecto pueden ser inmediatos o incluso que  es el efecto de algo a lo que encontraremos la causa en el futuro. Ese afán de simplificar para entender, nos induce en numerosas ocasiones a errar en el análisis y a complicar más la cuestión al poner remedio con esa explicación.

 En numerosas ocasiones rápidamente nos hacemos o hacemos reo de los errores a las personas y si embargo de los éxitos a los sistemas por el simple hecho de que en nuestro modelo mental sólo buscamos culpables en lugar de ir más allá en los criterios y múltiples elementos que gestionan los responsables y encontrar una mejora.

Decía Einstein que no se pueden resolver problemas con el mismo nivel de pensamiento con el que se crearon y sin embargo nosotros seguimos sacando conclusiones con los mismos modelos mentales de siempre creyendo que en ese refuerzo se encuentra nuestra fortaleza, cuando es todo lo contrario, ya que cuando volvemos a comprobar que con esa causa no se llega a ese efecto entonces es, cuando barajamos otra opción sin ver que el contexto, en  el primer momento, no lo tuvimos en cuenta.

 Los modelos mentales como los define O´Connor son :” las ideas y creencias que guían nuestros actos. Nos sirven para explicar las cadenas de causa y efecto  y para dar significado a nuestras experiencias”.

 Estas ideas a veces en lugar de ayudarnos a comprender el mundo desde varios prismas, lo que producen es un efecto por el cual a priori tenemos nuestra explicación del posible hecho y más tarde lo que hacemos es deformarlo para que quepa en ella como una profecía autocumplida que nos refuerce.

 También difiere en muchas ocasiones la responsabilidad que tengamos sobre el tema, puesto que si es mucha, procuraremos multiplicar los elementos y la influencia del control externo y si es al revés, incidiremos en que el  responsable, en mayor medida, es quien debe responder por el total.

 Con estos modelos mentales que apenas cuestionamos conseguimos análisis erróneos al faltar muchos elementos en el sistema, teniendo una visión sesgada del hecho en cuestión.

 Nuestros modelos mentales en función de lo que entendemos o comprendemos : eliminan filtrando, construyen sobre lo que no existe, distorsionan con las interpretaciones y generalizan dando prioridad sólo a un tipo de experiencias.

  O´Connor nos propone la posibilidad de  detectar los modelos mentales limitadores:

  • Enumerando las dificultades de una situación dada y cuestionando, si están en el exterior o en nuestro pensamiento.
  • Prestando atención a determinadas frases: juicios operadores modales y universales.
  • Preguntándonos:
    • ¿Cuáles son mis presuposiciones al respecto?
    • ¿De qué otro modo se puede plantear?
    • ¿Qué más puede significar?
    • ¿Para qué más cosas podría servir esta explicación?

Conocer nuestro modelo mental es el mejor inicio para poder producir cualquier cambio que nos haga crecer y mejorar.

 

¿Te animas? 😉

Sólo se necesita miedo

rey de corazón

SÓLO SE NECESITA MIEDO

 

   “Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.

  El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:

  –¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!

  El asceta dijo:

  –Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.

!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!

  –¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?

  Y el asceta repuso:

  –Sólo se necesita miedo.”

 

 

 

De nuevo utilizo un cuento hindú como inicio de una reflexión de lo que el miedo puede hacer por y con nosotros.

Si te das cuenta nos hayamos sometidos en nuestra vida diaria a miles de “usos del miedo”, por parte de la publicidad, de los gobernantes, de la familia. Muchas de las frases que escuchamos son del tipo  “si no usas, haces, dices,… tal o cual cosa, te pasará esto o lo otro”.

Casi siempre cuando las escuchamos estamos haciendo o pensando otra cosa y dejamos deslizarse estas amenazas dentro de nosotros, en nuestra mente inconsciente sin apenas cuestionarlas. De forma que en el mejor de los casos acabamos siendo sujetos activos de la obligación motivo de la amenaza.Convirtiéndolo en creencias automáticas que rigen nuestro comportamiento.

Sin apenas pensarlo nos habremos echado ese producto para no tener arrugas, habremos comido eso para no engordar, tendremos ese otro dispositivo para no parecer desfasado, ese coche para no parecer fracasado. Pronto nos daremos cuenta de que  nuestras acciones parten de alejarnos del dolor, no de acercarnos al placer. De objetivos negativos. No estar gordos, no parecer ignorantes, no parecer mayores, no dejarnos pisar…y todos ellos fruto del miedo que pueden llegar a ser, con nuestra obsesión y colaboración incluso  profecías autocumplidas.

Nuestras alertas ancestrales que nos hicieron sobrevivir a tantos peligros que en el pasado tenía la naturaleza para nuestra supervivencia, ahora nos traicionan formando parte de nuestros automatismos sin apenas darnos cuenta.

Y no es más que este miedo automático, el que luego nos lleva a ver mejoras y progresos donde nos dicen, aunque no los haya, donde todo es una entelequia y aún así, nos atrevemos a decir, por miedo, que vemos el ave dorada que quienes nos intentan dirigir quieren que veamos.

Cada uno ya tenemos suficiente diálogo interior para lidiar con nuestros propios miedos, fruto de creencias sin explorar, como para que alguien externo,  nos insufle más y merme nuestra autoestima haciendo mella en la libertad que, a pesar de todo, tenemos para tomar decisiones.

No dejes que estos automatismos entren por la puerta de atrás , cuestiona todas y cada una de esas creencias que van a conseguir perturbar tu paz interior.

 Siempre y cuando hagas ese trabajo desde dentro, serás capaz de discernir entre lo que tú sabes y lo que por otros creías.

 No olvides sonreír ante esto. Lo normal es tener miedo, aunque lo esencial es que continúes haciendo en lo que crees a pesar de él, para que ni te paralice, ni te gobierne.

 

Empezar a plantarle cara en cualquier momento es el principio de una vida en paz.

Seamos libres, como escribía Viktor Frankl , “teniendo el poder de elegir”

foto:andreaweb.es

Tu galería de emociones

camara

 

 

Gracias a mi móvil he encontrado un entretenimiento que no sé en qué momento, se transformó en   necesidad y pasión, la fotografía.

Buscar un lugar, una persona, un encuadre, una luz, querer captar un momento, un gesto, es algo que me entusiasma, me motiva y me alegra.

Gracias a mis amigos ahora puedo hacerlo además con una estupenda cámara reflex, que además me  implica tener que aprender cosas nuevas, interesarme por otras cuestiones y poner mi cerebro a trabajar.

Todo esto no sería posible además, sin que, hace ya muchos meses, me hubiese propuesto entrenarme en  ser más observadora.

Trabajar esta habilidad me está ayudando a ser consciente de muchas cuestiones, como poder conocer mejor a las personas, conectar con ellas, leyendo sus gestos, observando sus ademanes y dándoles la importancia que tienen, muchas veces por encima de nuestras propias palabras o articulados y automáticos mensajes.

Ser un espectador de la vida, a veces, tiene un sentido más allá de permanecer inactivo y para mí ha supuesto darme cuenta del tiempo que perdemos en cuestiones negativas y que lejos de ayudarnos a seguir, nos estancan y atan a esas perjudiciales emociones.  Estoy aprendiendo a  darle más importancia a llenar el tiempo con lo que quiero, con quienes quiero,  a darle vida a cada minuto,  para no tener que lamentarme tarde de no haberlo hecho.

También me hace salir de mí misma de mis pensamientos y tribulaciones, aparcar ese ser tan importante con el que convivo,  para poder vivir las emociones de los demás y poder compartirlas con ellos. Minimizando así esas horribles premoniciones con las que nos traicionamos a veces, que sólo ocurren en mi cabeza y que  apenas se cumplen, haciéndome padecer sin razón y  que ahora consigo relativizar y cuestionar.

A través de lo que observo y busco conscientemente para fotografiar, imagino  qué emociones podrán producir, tanto en los demás, como en mí  y cuántas me transportarán a ese momento al poder volver sobre ellas, una y otra vez.

Igual que a mí las fotografías me son útiles, cada una para recordarme un momento que me provoca emociones positivas, os propongo que a partir de ahora, de vez en cuando, hagáis una foto  conscientemente para recordar ese momento y  la llenéis  con más sensaciones. Ponedle una música que os evoque esos mismos sentimientos y asociarla a algún olor, sabor o tacto que trabaje en el mismo sentido.

Si conseguís tener una galería llena de fotos con “muchos sentidos”, tendréis una almacén de emociones en vuestras propias manos, accesible para esos momentos en los que vuestro estado interior necesite un empujón extra para seros útil.

 

“Usa altavoz”

altavoz

 

 

Aunque el lunes es un día en el que apetece hablar más de lo entretenidos que hemos pasado el fin de semana que de reuniones y estrategias para afrontarlas, sí que sé que es el mejor día para que os hable de ésta y así os pueda ser de utilidad practicarla.

Una de las cuestiones que más me impactó, de mi primer encuentro con el alemán,  fue la posición de los verbos conjugados en las frases, había que esperar al final o casi de la misma para saber qué hacía el sujeto. Eso que en principio me parecía una complicación, acabó teniendo una parte positiva para mí, para el desarrollo de las conversaciones. La necesidad de escuchar toda la frase, evitaba que fueses interrumpido en los preliminares de tu intervención.

En castellano, sin embargo es casi lo primero que decimos, de esta forma intervenir para modificar, agregar, suponer, lo que otros van a decir o hacer, es una debilidad que, a veces, hace imposibles nuestras reuniones.

Ya sean en los “Consejos de Administración Familiares” o en las reuniones de trabajo, no dejar que las personas hablen con tranquilidad, exponiendo sus argumentos y relacionando temas, es algo bastante cotidiano.

Impide que escuchemos lo que quiere transmitirnos la persona y por lo tanto, evita enriquecer nuestras ideas, además muestra poco respeto por nuestro interlocutor y sus reflexiones. Puede que además coarte la iniciativa de personas para proponer, o que las indisponga frente a nuestra posición por defecto de forma. Tiene tantas implicaciones negativas que verdaderamente hacer un esfuerzo para que esto no ocurra, puede ser definitivo en nuestras estrategias para optimizar el tiempo y el talento.

Lo que hoy os propongo es acordar un “Objeto-altavoz” para cada reunión. Puede ser cualquier cosa que tengamos e identifiquemos como tal, un bolígrafo, un objeto  decorativo, etc. Puede ser siempre el mismo o cambiar si conviene por logística. Este objeto va a tener un poder vinculado a su posesión y es la escucha de todos los demás sin interrupciones. Representa el derecho a expresarse con libertad,eso sí, respetando también el tiempo de los demás. Las instrucciones de uso podéis establecerlas antes, si es necesario que todos intervengan o no, si se puede hablar o pasar, si se puede coger aleatoriamente o si se requiere alguna otra acotación previa.

Esta estrategia permite, ser conscientes al ver el objeto de que escuchar con atención evitará muchos malentendidos, entrenará la paciencia del equipo, el respeto y  la empatía con quien está hablando. Hará que todo el mundo pueda tener su espacio para expresarse, sin miedo a ser interrumpido con opiniones y apostillas  y concentrará la atención de todos en la reunión.

Seguro que si estáis concentrados y conscientes, la reunión durará mucho menos y la productividad será mucho mayor.

Prueba, ¿qué te cuesta?, y si sale bien 😉

“Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.” William George Ward

 

Yo quiero

yo quiero

 

Escucho a una persona hablar de todos los “tengos” y “deberías” que tiene su día a día  y veo cómo físicamente todas esas cuestiones se le acumulan en  cabeza y hombros, haciendo  que para su cuello sea cada vez más difícil salir a flote y no desparecer, a medida que se encorva cada vez más.

Entre ellos se esconde lo que hemos oído o leído o nos han dicho que debe ser, por ejemplo  una madre o un padre, lo que debe hacer, lo que tiene que hacer para ser bueno, qué se supone que debe hacer un jefe, un empleado, qué deberías hacer si tienes que estar saludable, qué no, todos, tópicos y lecciones tienen algo en común, vienen del exterior.

Aún viniendo de ahí ejercen sobre nosotros una presión que difícilmente encajamos para bien, principalmente, porque la usamos para castigarnos con lo que deberíamos sin cuestionarnos si es lo mejor para nosotros.

¿Has reparado alguna vez en cuántas veces al cabo del día decimos “tengo que” o “debería esto o lo otro”?, acaso alguien mejor que nosotros sabe lo que queremos.

Esta presión en muchos casos acaba teniendo su consecuencia en que hagamos algo que no queremos o dejemos de hacer algo que sí. Implican una regla que hemos almacenado, sin pensar conscientemente en ello.

A veces incluso vamos más allá y se los imponemos a otros, “tendrías que” o “deberías hacer esto o lo otro” lo decimos sin reparar en las implicaciones que  tiene en los demás y en que, en la mayoría de los casos, lo recomendamos cuando ni siquiera nosotros los hacemos, aunque parece que sí tenemos claro cómo se debería.

“Debería hacer algo de ejercicio” ¿Qué posibilidades tiene de hacerse o de mantenerse en el tiempo?

“Tengo que perder peso”, esto seguro que lo diré para castigarme mientras me como algo hipercalórico.

“Debería cambiar de trabajo” lo pienso cuando me va mal y porque nadie en su sano juicio aguantaría lo que yo pero ¿lo voy a hacer?

“Para conseguir esto tengo que esforzarme” ¿quiere esto decir que a mí me costará ese esfuerzo o existe la posibilidad de que lo consiga de otra forma?

Cuando alguien “tiene que hacer algo” es una imposición externa que no viene de dentro, si no, decimos “quiero hacer esto o lo otro”. Cuando modificamos nuestro lenguaje y dejamos fuera esos términos, nuestra presión baja.

¿Quién dice realmente quién tiene qué ?

¿Tienes que o quieres?

¿Cuándo tienes más entusiasmo, cuando quieres o cuando tienes que o deberías?

 

¿Qué te parece transformar tus “debería”, “no debería” y “tengo que” o “no tengo que” por  “quiero” o no “quiero”? ¿Cambia o no, la película?