¿Realmente?

realmente

 

Piensa unos minutos si esta palabra, “realmente” o términos como “la realidad”, son frecuentes en tu vocabulario y qué quieres decir con ellas. Cuando alguien las incluye en sus mensajes hacia ti o en sus preguntas, ¿cómo la interpretas?, ¿qué quieren decir?

Por ejemplo si digo “la realidad es que no puedes seguir haciendo esa tarea”, ¿a qué me refiero? probablemente a que yo pienso que no puedes seguir haciendo esa tarea pero, ¿qué efecto produzco en mi interlocutor, aludiendo a algo que es “real”?, ¿puede alguien cuestionarlo?, o de hecho, ¿lo cuestiona?

¿Cómo percibimos esa realidad? Además de a través de los filtros de nuestra mente y nuestros sentidos, tendremos en cuenta que nuestra biología, nuestro lenguaje, nuestra cultura, nuestra historia personal, todo ello compone, lo que de un plumazo llamamos nuestra realidad, que no es más ni menos que nuestro modelo mental y que, sin analizarlo,  elevamos a un imperativo incuestionable y aplicable a todos los demás.

Que tengamos frío o calor es una cuestión real de temperatura o cada uno tiene su umbral. Si somos expertos en materiales o en plantas en un puente o en un jardín veremos cuando miramos la misma realidad. Si acabamos de perder nuestro trabajo o hemos tenido un ascenso, valoramos igual la realidad de la situación económica. Un ordenador es realmente un avance en medio de la selva y  un rifle en medio de la ciudad. Si observas un atraco desde ambos puntos de vista de los intervinientes es realmente  la misma experiencia y la de quien observa.

 ¿Qué queremos provocar cuando nos erigimos en narradores de algo llamado realidad?

¿Qué supuestos damos por hecho que compartimos?

“En realidad” no quiere decir nada y no es un lugar común para casi nadie. El filósofo Humberto Maturana, afirma que “es un recurso retórico que llama a la obediencia, una falta de respeto que le exige al otro que abandone su modelo mental y adopte el propio.” ¿Posible? Porque » todo lo dicho es dicho por alguien?

Piensa de qué está formado tu preconsciente, es decir, cuál es el modelo mental que rige tus pasos y después echa un vistazo a tu alrededor a ver si encuentras a alguien que lo pueda haber compuesto exactamente  igual y  entonces, podréis hablar de vuestra realidad. Difícil, ¿no?

El camino de Chuang Tzu

chuang

 

 “Cuando el arquero dispara gratuitamente, tiene con él toda su habilidad.”

Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya está algo nervioso.

Cuando dispara para ganar una medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos.

 Su habilidad no ha cambiado pero el premio lo divide, pues el deseo de ganar le quita la alegría y el disfrute de disparar.

 Quedan apegadas allí, en su habilidad, las energías que necesitaría libres para disparar.

 El deseo del triunfo y el resultado para conseguir el premio se han convertido en enemigos que le roban la visión, la armonía y el goce.”

                                             Pasaje de  “El camino de Chuang Tzu”

Qué cantidad de obstáculos, nosotros mismos nos ponemos en el camino para ralentizar nuestro desarrollo y el disfrute de nuestra actividad.

Pensad en cómo construimos nuestros deseos…de quienes hacemos depender nuestra seguridad, ¿qué parte es reconocimiento externo?

Podéis imaginaros a una flor preocupada por crecer hacia donde alguien la vea, por si tiene buen color, o necesita más fertilizante…o quizá sólo crece.

¿Qué pasa con nuestro arquero?, ¿cuál es nuestro diálogo interior? ¿con quiénes nos comparamos?, ¿a quiénes queremos impresionar?, ¿qué queremos demostrar?

¿Qué nos decimos para paralizarnos?, ¿para no vernos a la altura? ¿Cuál es el nivel al que debemos estar? , ¿quién lo marca?

¿Qué es lo peor que nos podría pasar si dejásemos que simplemente fluyera?

¿Cuántas personas que son líderes naturales y gustan de hablar en público cuando lo tienen que hacer sufren miedo escénico e incluso pánico?

Quienes tocan sus instrumentos en solitario con increíble virtuosismo y cuando tienen que hacerlo ante alguien quedan paralizados.

Me imagino múltiples ocasiones, a quienes les cuesta correr, hablar algún otro idioma, hacerse fotografías, bailar, cantar…te fijas y obsesionas con el objetivo y la carga se hace pesada.

Y si en lugar de pensar en para qué, pensásemos sólo en disfrutar concentrados  y consiguiésemos reservar esa energía para hacerlo conscientemente…sólo jugando…

¿Cómo cuidas tu invernadero?

invernadero

 

 

Piensa en tu equipo de trabajo, en tu organización, en tu familia, en tu grupo de amigos y reúnelos mentalmente en un invernadero, el espacio en el  que vas a construir.

Piensa en un lugar en el que ellos, como plantas, deben crecer  y vivir pero, hazlo desde tu perspectiva como  jardinero encargado de que todas lleguen a buen puerto.

Si te das cuenta, en casi todos los grupos hay muchas plantas que tú no has elegido y sin embargo están  ya situadas en tu invernadero, por lo tanto, ya son tu responsabilidad y por lo tanto parte de tu cuidado.

Si quisieses ser  un buen jardinero, qué te parece en primer lugar, informarte sobre qué tipo de plantas y cómo son los cuidados que requieren, las que tienes a tu cargo. En este caso te conviene escuchar y observar durante bastante tiempo cómo se desenvuelven “tus plantas” en ese  entorno.

Si esta fase la llevas a cabo minuciosamente podrás concluir, qué cuidados son los que hacen crecer a tus plantas, es decir, cuáles son los valores importantes para ellas en los que basan sus decisiones, qué les motiva e importa y cuáles son las circunstancias en las que mejor se desarrollan.

En este periodo es cuando tú  empiezas a valorar con qué plantas quieres contar en tu invernadero porque son compatibles, cuáles mejoran el ambiente y con cuáles no quieres contar por su toxicidad, por requerir excesivos cuidados y/o porque perjudican a las demás. Observando además si probando con otras técnicas  u otras instrucciones sobrevivirían o convivirían  sin ser perjudiciales para  el entorno.

Es tu responsabilidad, como jardinero, crear un entorno de apoyo y confianza en el que todas las plantas se sientan a gusto, por lo tanto, lo que no podrás hacer es imponer tus reglas o tus criterios sin tener en cuenta las peculiaridades de las especies que quieres que crezcan dentro.

Es decir, que puedes optar por escogerlas o hacerlas todas iguales a ti, por lo que algunas no podrían seguir allí, por elegir otras distintas que te puedan ayudar a innovar y a mejorar el desarrollo de las que tienes, aunque tú no seas el protagonista sino un mero observador. Puedes optar por las más sensibles y delicadas que te necesiten continuamente y te hagan sentirte imprescindible. Quizás por las que no necesitan casi cuidados, y entonces no decidirás en función de otros criterios a los que renunciarás porque necesitan más esfuerzo. Imagina alguna más de las infinitas situaciones posibles …

O quizá puedes poner el reto y el desafío en ti mismo y ser capaz de tener un invernadero con una buena representación de todas esas plantas que te gustan por distintas razones y querer ser tan buen jardinero que tu combinación y tus cuidados sean la clave de tu éxito.

Para ello tendrás que elegir y descartar muchas veces puesto que, algunas de esas plantas no podrán o no querrán vivir juntas, y dar gusto a todas, siempre,  no tendrá solución con abono y riego igual.

La adecuada temperatura, humedad,  las horas de luz, de dedicación, en conjunto los factores ambientales serán los que tengan que ser constantes. De ti depende hacer un buen análisis de lo quieres que en él viva, el placer que te reporten, lo que aprendas. lo que crezcas   y lo que acabes haciendo de él.

¿Has pensado alguna vez en cómo es tu invernadero?

Aquelarre, ¿sí o no?

aquelarre

 

En una sala de espera, los minutos parecían horas, era tan pequeño el espacio que se hacía inevitable entablar conversación. Cinco personas, llega alguien que conoce a una de las otras cuatro. Comenzaban una animada charla acerca de la prisa que la persona tenía, entre las razones, debía atender a  su pareja.

Los nervios hicieron su aparición, insistentemente uno tras otro iban mirando el reloj, miraban hacia arriba, suspiraban y movían sus piernas y pies incansablemente, incluso a alguien que con sus dedos repiqueteaba en el brazo del sillón.

La conversación que empezó, y que tenía como argumento las necesidades de ayuda de la persona, era alimentada por todas  las demás, que intervenían sin tener apenas información y pensando sólo en ellas, comenzaban a decir, “ que se lo haga ella/él ”, “no sabe hacer nada”, “no puede vivir sin mí”, “estoy sacrificado/a todo el santo día”, “soy su esclavo/a”, “ahora me pasará algo por ir tan deprisa” “no tengo tiempo para mí”…

Los “invitados” a la reunión no dudaron en ir incrementando sus críticas hacia la pareja de la persona que hablaba, por sus caras yo pensé que tenían en mente a alguien en concreto de su alrededor y con esa inspiración se enfocaban en la persona, para  así liberarse de  sus propios pensamientos.

 

¿Qué podemos hacer ante tal aquelarre?

 

Ahora lo he integrado y practicado a raíz de mis aprendizajes y entrenamientos cotidianos,  pero aquella vez  fue instintivo, no podía lidiar con tal cúmulo de emociones y comentarios negativos, que iba subiendo como el suflé.

Le pregunté a la persona en cuestión, ¿qué le había hecho compartir su vida con esa persona? Entonces todo cambió, de repente, con una pregunta, como casi siempre…

La persona empezó a desgranar los cuidados, mimos y atenciones que había recibido de su pareja durante años, cómo se habían apoyado en los malos momentos y cómo habían disfrutado de los buenos, lo duro que, entre los dos, habían trabajado para  sacar una familia adelante, de la que estaban profundamente orgullosos.

Decidí entonces seguir ahondando en esas experiencias positivas, haciendo que la persona las enriqueciera con detalles y se dejase absorber por ella. Le invité a pensar en ambas emociones y a valorar cuáles pesaban más, esa experiencia negativa con la que llegó y que estaba alimentando o todas esas experiencias positivas que tenía en su vida. La persona orgullosa de sus logros y de su historia, se transformó, su cuerpo se abrió, su sonrisa apareció, sus ojos miraban con un brillo especial hacia arriba y la tensión de aquella pequeña habitación se esfumó.

De repente todo el mundo se contagió y  empezó a excusar sus anteriores opiniones amoldándolas a esa nueva versión de lo que había sido su vida. Enfocando en la cantidad de experiencias positivas que había vivido y vivía y que pasaba por alto a menudo, insistiendo en rememorar devastadores resúmenes negativos,  una y otra vez.

Todavía recuerdo una frase de un texto del gran Milton Erickson que ante un paciente que le decía convencido  “ya no quiero a mi mujer», él replicó, “ pues vaya y quiérala”.

Depende del resumen que hagas, así será tu historia.

 Tú decides, si aquelarre o no.

Buen fin de semana!!! 😉

 

 

Yo quiero

yo quiero

 

Escucho a una persona hablar de todos los “tengos” y “deberías” que tiene su día a día  y veo cómo físicamente todas esas cuestiones se le acumulan en  cabeza y hombros, haciendo  que para su cuello sea cada vez más difícil salir a flote y no desparecer, a medida que se encorva cada vez más.

Entre ellos se esconde lo que hemos oído o leído o nos han dicho que debe ser, por ejemplo  una madre o un padre, lo que debe hacer, lo que tiene que hacer para ser bueno, qué se supone que debe hacer un jefe, un empleado, qué deberías hacer si tienes que estar saludable, qué no, todos, tópicos y lecciones tienen algo en común, vienen del exterior.

Aún viniendo de ahí ejercen sobre nosotros una presión que difícilmente encajamos para bien, principalmente, porque la usamos para castigarnos con lo que deberíamos sin cuestionarnos si es lo mejor para nosotros.

¿Has reparado alguna vez en cuántas veces al cabo del día decimos “tengo que” o “debería esto o lo otro”?, acaso alguien mejor que nosotros sabe lo que queremos.

Esta presión en muchos casos acaba teniendo su consecuencia en que hagamos algo que no queremos o dejemos de hacer algo que sí. Implican una regla que hemos almacenado, sin pensar conscientemente en ello.

A veces incluso vamos más allá y se los imponemos a otros, “tendrías que” o “deberías hacer esto o lo otro” lo decimos sin reparar en las implicaciones que  tiene en los demás y en que, en la mayoría de los casos, lo recomendamos cuando ni siquiera nosotros los hacemos, aunque parece que sí tenemos claro cómo se debería.

“Debería hacer algo de ejercicio” ¿Qué posibilidades tiene de hacerse o de mantenerse en el tiempo?

“Tengo que perder peso”, esto seguro que lo diré para castigarme mientras me como algo hipercalórico.

“Debería cambiar de trabajo” lo pienso cuando me va mal y porque nadie en su sano juicio aguantaría lo que yo pero ¿lo voy a hacer?

“Para conseguir esto tengo que esforzarme” ¿quiere esto decir que a mí me costará ese esfuerzo o existe la posibilidad de que lo consiga de otra forma?

Cuando alguien “tiene que hacer algo” es una imposición externa que no viene de dentro, si no, decimos “quiero hacer esto o lo otro”. Cuando modificamos nuestro lenguaje y dejamos fuera esos términos, nuestra presión baja.

¿Quién dice realmente quién tiene qué ?

¿Tienes que o quieres?

¿Cuándo tienes más entusiasmo, cuando quieres o cuando tienes que o deberías?

 

¿Qué te parece transformar tus “debería”, “no debería” y “tengo que” o “no tengo que” por  “quiero” o no “quiero”? ¿Cambia o no, la película?

¿Sobrescribes o borras?

reprogramar

 

Si quiero cambiar y estoy decidida a ello, voy a comenzar por ser consciente de lo que ocurre dentro de mí durante el día y prestaré menos atención a lo que está fuera y no puedo controlar.

 Para así entender qué cosas, qué episodios, qué emociones son las que hacen nacer en mi material negativo y sólo entonces pudiéndolo detectar, podré hacer algo con ello.

 En algunas ocasiones vivimos experiencias que nos dejan un poso desagradable y tienen en nosotros consecuencias negativas, ya que este tipo de recuerdos negativos emergen de nuestros almacenes mentales, reconstruidos a partir de semillas que guardamos, en cualquier momento.

 Igual que tarda tiempo en ubicarse en nuestras mentes y consolidarse en estructuras de nuestra memoria, nosotros podemos interferir en este almacenaje.

 En su libro “Hardwiring Happines”  el neurólogo Rick Hanson nos propone dos métodos  para cambiar nuestro material negativo por otro que nos sea más útil en nuestra vida diaria.

 Uno es “Reescribir lo negativo” y el otro se basa en “Borrar lo negativo”.

Ya me imagino las caras, unas de escepticismo, otras de entusiasmo pero lo que si no nos puede faltar, si estamos dispuesto a reconstruir nuestras estructuras neuronales es esfuerzo y entrenamiento.

 Siempre podrás decir que no tienes tiempo, que no eres capaz, que para ti no sirve, pero recuerda la regla de oro : “Quien quiere algo busca razones y quien no, excusas”. ¿De cuáles eres tú?

 Reescribir lo negativo

Imagina una discusión con un compañero de trabajo, un amigo o algún familiar. Si eres consciente mientras se está produciendo, al mismo tiempo tienes sentimientos contrapuestos. La ansiedad que te produce lo que ha ocurrido y el sentimiento de que esa persona realmente te importa.

Si puedes mitigar tu ira y ser capaz de tener ambos en mente, haz que los sentimientos positivos sean más fuertes y duren más que los negativos.

Utiliza este ejemplo para todo lo que quieras cambiar, cuando estés recordando algo negativo confrontalo con otra cuestión que te produzca una emoción positiva y mantén ésta durante más tiempo.

Borrar lo negativo

 

Solemos vincular lo negativo con algún detonante  que lo pone en marcha, imagina la misma discusión de antes, por ejemplo con tu jefe, que sea jefe es  una cuestión neutra pero si  tú la asocias con algo desagradable del pasado, que te trae ese recuerdo a la mente,  puede recordarte esa desagradable sensación  otra persona que detente alguna autoridad. Esto lo puedes evitar puesto que hasta después de una hora de haber tenido el recuerdo, mientras se sigue siendo consciente de ello, puedes hacer que se borre como un recuerdo negativo  pensando en ello, como ser jefe, no más de doce segundos  y a la vez  en algo neutro o positivo. De manera que la próxima vez esa situación ya no sea detonante de algo negativo, no activándose la amígdala cerebral que te hace sentirte amenazado.

Si reflexionas sobre cómo trabaja la mente en sus conexiones neuronales podrás  observar que las construímos nosotros mismos por lo tanto podemos modificarlas. Si conscientemente vas almacenando que te sientes bien delante de los jefes. Cuando llegues a esa situación habrás reprogramado tu mente.

 

Suena bien, ¿ a qué si?

 

¿Qué relación tienes con tu pasado?

lagartija

 

Agradezco a Pedro Pablo Sacristán la creatividad derrochada en este cuento, que tan útil me  resulta  como analogía de la función del pasado y nuestra relación con él.

Estoy segura de que “Juanija Lagartija” no os dejará indiferentes.

“Juanija Lagartija vivía entre unas piedras en el campo. Como a todas las lagartijas, le encantaba tomar tranquilamente el sol sobre una gran roca plana. Allí se quedaba tan a gustito, que más de una vez había llegado a dormirse, y eso fue lo que pasó el día que perdió su rabito: unos niños la atraparon, y Juanija sólo pudo soltarse perdiendo su rabo y corriendo a esconderse.


Asustada oyó como aquellos niños reían al ver cómo seguía moviéndose el rabito sin la lagartija, y terminaban tirándolo al campo después de un ratito. La lagartija comenzó entonces a buscarlo por toda la zona, dispuesta a recuperarlo como fuera para volver a colocarlo en su sitio. Pero aquel campo era muy grande, y por mucho que buscaba, no encontraba ni rastro de su rabito. Juanija dejó todo para poder buscarlo, olvidando su casa, sus juegos y sus amigos, pero pasaban los días y los meses, y Juanija seguía buscando, preguntando a cuantos encontraba en su camino.

Un día, uno aquellos a quienes preguntó respondió extrañado «¿Y para qué quieres tener dos rabos?». Juanija se dio la vuelta y descubrió que después de tanto tiempo le había crecido un nuevo rabito, incluso más fuerte y divertido que el anterior. Entonces comprendió que había sido una totería dedicar tanto tiempo a lo que ya no tenía remedio, y decidió darse la vuelta y volver a casa.

Pero de vuelta a sus rocas, precisamente encontró su rabito al lado del camino. Estaba seco y polvoriento, y tenía un aspecto muy feo. Alegre, después de haber dedicado tanto tiempo a buscarlo, Juanija cargó con él y siguió su camino. Se cruzó entonces con un sapo, que sorprendido le dijo:

– ¿Por qué cargas con un rabo tan horrible y viejo, teniendo uno tan bonito?
– He estado meses buscándolo – respondió la lagartija.
– ¿De verdad has estado meses buscando algo tan feo y sucio? -siguió el sapo.
– Bueno – se, excusó Juanija- antes no era tan feo…
– Mmm, pero ahora sí lo es, ¿no?… ¡qué raras sois las lagartijas! –dijo el sapo antes de largarse dando saltos

El sapo tenía razón. Juanija seguía pensando en su rabito como si fuera el de siempre, pero la verdad es que ahora daba un poco de asco. Entonces la lagartija comprendió todo, y decidió dejarlo allí abandonado, dejando con él todas sus preocupaciones del pasado; y sólo se llevó de allí un montón de ilusiones para el futuro.”

 

Reflexionábamos sobre la orientación en el tiempo en “La psicología del tiempo” y concluíamos que los que vivir del pasado negativo y el presente fatalista son las peores opciones que uno puede elegir.

¿Has pensado alguna vez cómo te influye tu pasado?

¿Cómo lo revives?, ¿te impulsa?, ¿te reconforta?, ¿te castiga?

¿Para qué te sirve?

¿Qué puedes hacer, pensar o sentir para que esa sensación cambie y sea positiva?

Imagina que estás ayudando a tu mejor amigo a ver la parte positiva de sus vivencias, ¿realmente es tan importante que lo viva tan traumáticamente?

¿Cuánta energía pierdes en rememorar acontecimientos pasados negativos?

¿Cuántas veces te cuestionas “Y si hubiese hecho esto”, “y si hubiese hecho lo otro”?, ¿cuán lejos sabes que te llevarán estas preguntas?, ¿dónde te conducen?, ¿construyen o destruyen tu paz interior?

 ¿Te parece justo juzgar hechos del pasado con los conocimientos que tienes ahora?

¿Qué puedes aprender de ello que te ayude y te anime en tu presente, en tu futuro?

Si eres capaz de ver en Juanija un reflejo de lo que ha podido ser tu vida hasta ahora, ¿piensas seguir buscando tu rabo?, o ¿acarreando una que ya no necesitas?

Seguirás mirando al suelo con vergüenza o nostalgia mientras la vida pasa frente a ti, o con las manos ocupadas en algo que ya no te interesa, ni te ocupa, mientras pierdes agarrar todas esas oportunidades que la vida te ofrece.

 Si vives en el pasado y lo recuerdas constantemente con nostalgia puede ser que tu presente no sea muy interesante, o no le prestas la suficiente atención o tu futuro no lo visualizas muy halagüeño.

Piénsalo, toma una decisión  y avanza.

 No te crees adicciones innecesarias.

Libérate de tu pasado.

Puedes ser quien tú quieras, sólo con decidirlo. 😉

Buen fin de semana!!!

¿Te esfuerzas para ser feliz?

felizemotionoc

 

 

Puede parecer más fácil funcionar con los planteamientos que uno tiene desde siempre que aventurarse a entrenar o reflexionar sobre otras posibilidades. Sobre todo porque esto último requiere un esfuerzo añadido que no todos queremos realizar.

“Más vale lo malo conocido…”, “piensa mal y…” todas esas frases que a veces decimos sin pensarlas, no son inocuas, nos hacen enfocarnos en precisamente esto, lo negativo y magnificamos su efecto en nosotros, dándole poderes sobrenaturales.

Cuando poco a poco vamos conociendo más sobre nuestra mente y su funcionamiento, descubrimos un mundo de posibilidades que entrenadas con consciencia nos harán la vida más grata.

 Quien quiere seguir con sus planteamientos de siempre, podrá decir que no todo puede ser felicidad, que todo el día no se puede estar bien, que es imposible…, inventando infinidad de excusas y generalizaciones para no tener que hacer ningún esfuerzo.

 Ser consciente implica que vives en el mundo, que conoces situaciones horribles que otras personas están viviendo, a veces crees que lejos de ti, aunque en muchas ocasiones están más cerca de los que piensas y puedes hacer más de lo que haces por ellas. Pensar en positivo no significa que no veas esto, que no trabajes para que las situaciones de muchos mejoren, que no sepas que enfermedades y experiencias negativas  de todo tipo afectan a las personas cada día.

Significa que sabes que pensar en positivo es mejor para ti y para los que te rodean, qué prefieres tener a tu lado alguien que te anima, te enseña a ver el lado bueno de las cosas, a aprovecharlo para los malos momentos, te alegra la vida y te estimula a crecer a alguien que sólo pone su atención en lo negativo, relatando una y otra vez experiencias personales adversas, cotilleando y quejándose mientras  encima te culpa de verlo todo con cristales rosas.

Séneca hace miles de años decía que “La tristeza, aunque esté siempre justificada, muchas veces sólo es pereza. Nada necesita menos esfuerzo que estar triste”. La tristeza, como  la mayor parte de los sentimientos negativos es rendirse a la pereza y lo comparto totalmente, para ver la parte buena de la vida hacemos un esfuerzo porque nuestra naturaleza ha estado durante años concentrada en las amenazas para sobrevivir.

Para hacer felices a los demás, aprender de toda experiencia, no vivir en el miedo, la culpa y la vergüenza hacemos un esfuerzo, cierto es que una vez que lo practicamos hasta  interiorizarlo, podemos vivir en este modo. No en el reactivo.

Pocas veces reflexionamos sobre la cantidad de riesgos que corremos a diario y no se materializan, y como no lo advertimos ni reflexionamos, tampoco agradecemos que no ocurran. Sólo cuando alguno nos afecta, ponemos nuestro foco en ello para preguntarnos ¿por qué a mi? Seguramente porque vivimos, y porque esto significa correr riesgos y porque si tú no los corres conscientemente, ello no significa que a ti no te ocurra nada, sigues con muchas  posibilidades de que la vida te sorprenda con algo.

Pero no parece muy justo que con la cantidad de horas que tiene el día y la multitud de cosas buenas que ocurren a tu alrededor en cada momento, no seas capaz de disfrutar de muchas de ellas con deleite, apenas les des importancia  y luego sólo enfoques en lo que no responde a tus expectativas.

 ¿Qué haces para ser feliz?

Busca ahora mismo a tu alrededor algo o alguien que pueda proporcionarte una agradable experiencia. No le des muchas vueltas desde tu teclado, a quien te sirvió el café. Una vez que hayas pensado en esa persona o en esa cosa en la que nunca antes habías reparado recuerda todo lo positivo que te ha proporcionado. Pon tus cinco sentidos en ello, recuerda sonidos, olores, imágenes y disfruta de tu escena. Agradécelo.

Si consigues hacer esto 4ó 5 veces al día unos cinco minutos, estarás haciendo más de lo que crees por tener una mente agradecida que te proporcione cada vez  más felicidad, ayudándote a tener presente el lado positivo de la vida, ese que no acostumbras a ver!! ;).

¡¡Buena suerte!!

¿ Te debo algo?

obligado

 

 

Quiero acabar la semana, blogueramente hablando, con un cuento sufí con el que podemos reflexionar sobre multitud de situaciones, con el trasfondo de la obligación, es decir, “sentirse obligado”.

“El Mulá estuvo a punto de caer en un pozo lleno de agua.

Un hombre que se hallaba cerca, y a quien él apenas conocía, lo salvó. Después de aquel hecho, cada vez que se encontraban, el hombre le recordaba el servicio que le había prestado.

Después que esto se repitió varias veces, Nasrudín lo llevó hasta el pozo, se tiró dentro, quedó con la cabeza justo al nivel del agua y gritó:

 

-Estoy tan mojado como lo hubiera estado si no me hubieras salvado. ¡Ahora puedes dejarme en paz!”

 

¿Cómo te comportas tú cuando te hacen un favor?

Difiere en algo si lo habías pedido o no

¿En quién  piensas cuando lo haces en cada situación?

¿Qué es lo que esperas que ocurra en ambas?

¿Cómo te sientes al haberlo hecho?

¿En dónde o en qué pones el foco?

¿Qué pasa cuando eres tú el que haces el favor? ¿te lo piden o los haces sin que te lo soliciten?

¿Cómo te comportas entonces?¿ qué diferencia existe?

¿Cómo te sientes?

¿Qué esperas?

¿Qué haces o dejas de hacer para no estar en esas  posiciones?

Coincides con Ayn Rand en que:

“Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro hombre una obligación no escogida, un deber no recompensado o un servicio involuntario”.

Crees como Hobbes que:

“Los favores obligan, y la obligación es una esclavitud.

 

¿Qué piensas del adagio “por la caridad entra la peste”?

 

Tus respuestas a estas preguntas te dirán mucho de ti mismo y de cómo te desenvuelves en el mundo que te rodea. Podrás reflexionar sobre por qué no pides ayuda, la cantidad de oportunidades  que te estás perdiendo por tener determinadas creencias limitantes como “a mí no me gusta deber favores” y darle vueltas a qué es lo que piensas tú cuando te la solicitan a ti.

Te ayudará a desvelarte qué recursos utilizas para conseguir cosas.

 

¿Cómo puedes cambiar esta creencia y esta situación?

Comparte tu reflexión con nosotros. Gracias!!!

 Buen fin de semana!!!

Nada es para siempre

relojarena

 

Cuando nos encontramos ante una decisión que consideramos difícil, sobre todo porque nos hará salir de una situación en la que estamos estancados o nos sentimos bloqueados, le damos tanta importancia que nunca nos parece que tenemos lo suficientes datos y estamos lo suficientemente seguros como para tomarla sin más.

Si recuerdas cuál fue la última de este tipo de decisiones que has tomado y te das el tiempo necesario para rememorar tu estado entonces, podrás comprobar por analogía que, lo que hace tiempo te parecía decisivo, hoy no es más que un momento más de tu vida.

Parece paradógico que en un mundo en el que lo único seguro es el cambio, busquemos denodadamente la estabilidad, en el trabajo, en la pareja, en casi todo… a pesar de que no deja de ser una ilusión y que no reparamos mucho en como dice la canción “y cómo hemos cambiado”.

Quizá hoy te parezca decisivo salir o no con una persona, irte a vivir con ella, cambiar de trabajo, reinventarte y te dé miedo o pereza, aunque si recuerdas las numerosas veces que has pasado por esto, no podrás por menos que relativizarlo. Ve por ello, por lo que te importa. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

 

Si buscas la estabilidad, esa supuesta seguridad que no es más que un sentimiento, a lo mejor te estás perdiendo lo mejor de la vida, que es vivirla y tener los suficientes arrestos para comprobar si ese deseo que tienes hace tiempo  o esa decisión que no te deja dormir, merece la pena. Prueba. Eso significa estar vivo y dirigir tu vida.

Nunca sabrás si eligiendo otra cosa en ese preciso momento habrías acertado. Puedes castigarte, no muy inteligentemente, adornando tras el paso adelante la  posibilidad que descartaste pero no dejarás de engañarte a ti mismo.

Todas las decisiones que tomas van forjando tu personalidad y añadiéndose al acervo de tu experiencia, por lo tanto tras cualquier decisión ya no serás el mismo. Serás más sabio.

Juzgar tus decisiones del pasado con tus conocimientos actuales no es justo, ni sano, ni  aporta nada positivo.  Piensa que habrás aprendido y la próxima será siempre decidirás mejor.

¿Prefieres vivir o arriesgar o lamentarte en tus últimas horas?

te dejo este TED de Dan Gilbert para que abundes en tu reflexión.

¡¡Yo lo tengo claro!! Nada es para siempre.

¿Promueves indecisos?

indecisos

 

 

“No tiene iniciativa”

“Tarda siglos en decidirse”

«Todo lo que tengo que decidir yo»

«No puede hacer nada sin mi»

«No se decide nunca»

“Al final lo tengo que hacer yo”

“Nunca sabe lo que quiere”

Estas son algunas de las perlas que les dedicamos a las personas que etiquetamos como indecisas, y por ende débiles  y lo hacemos sin paños calientes, con crueldad y superioridad, pero ¿te has preguntado alguna vez si tienes algo que ver en ello?

Has pensado si tienes la suficiente paciencia para que esa persona  responda o actúe a otra velocidad distinta de tus expectativas, o les has dado la oportunidad de que diga  o haga algo diferente a lo que tú piensas.

Seguro que si a alguien le preguntas qué quiere comer y en los siguientes segundos le ofreces tus opciones, indicándole cuál sería la óptima, le queda poco por pensar.Sobre todo porque ya te has encargado de dejarle claro que eso se decide en segundos y si no es así, no está preparado.

Seguro que si encargas a esa persona una tarea y cuando te la entrega o la realiza no responde a tus expectativas, rápidamente le das las instrucciones pertinentes, sin reparar en preguntar por qué lo ha hecho así, o pensar que a lo mejor incluso lo ha mejorado y tú no eres capaz de verlo. Dándole a entender que su iniciativa huelga y que debe ceñirse a lo correcto que es lo que tú piensas.Ya no hablo de si encima criticas destructivamente la propuesta.

Seguro que sólo con tu propia experiencia, has visto a esa persona que no ha elegido algo, de acuerdo a tu criterio y sin dudarlo le espetas que eso no le conviene, como si supieses todo acerca de ese tema, da igual si es aceptar o rechazar un trabajo, una pareja, una actividad…es más, osas hacerlo, sin haberla vivido.

 

Incluso te has atrevido a no dejar en paz a esa persona, basándote en el chantaje moral del cariño o de la responsabilidad para no cejar en tu intento, por cualquier medio, de influir hasta conseguir tu propósito, salirte con la tuya.

Entonces de qué te quejas después sobre esa persona si la has hecho a tu imagen y semejanza, no hará o dirá nada, al menos en tu presencia, que muestre una  preferencia propia, primero por miedo a tus represalias y segundo porque tiene tan poco entrenada la toma de decisiones y la  proactividad, gracias a ti, que tomar la delantera nunca estará entre sus primeras opciones.

¿Necesitas que te consulten todo para sentirte seguro?

Quizá lo que necesites sea un viaje a tu interior para ver dónde nace ese afán de control y si tú lo tienes todo en orden.

De verdad que piensas que tu experiencia es tan fantástica como para ser el modelo a seguir por todo el mundo.

O que tu visión de futuro es parte de tu poder paranormal.

De lo que sí estoy segura es  que lo quieres hacer es ayudar a esa persona y en ese momento no encuentras más recurso que empujarla al cambio. Pero éste es una puerta que se abre desde dentro así que por qué no intentas hacerle preguntas, sabiendo que nadie tiene la respuesta ideal, y le ayudas a reflexionar para que tome su propia decisión.

Quizás aprendas algo, matices tus «verdades incuestionables» y puedas ver el potencial real de esa persona, sin tus filtros.

 

No creo que quieras ser más responsable de otras vidas que de la tuya propia.

Tú decides pero al menos luego, no le critiques. Es parte de tu obra  J

¡Buen fin de semana!

Armarse de paciencia

paciencia

 

Las dos armas más poderosas son la paciencia y el tiempo” no sé si Tolstoi tenía toda la razón o parte, pero hay veces que haberla trabajado tiene sus réditos, uno no se rinde fácilmente.

Para cualquiera de nosotros vociferar, culpar a alguien, enfadarse con el sistema, con quien te atiende o incluso con algún objeto cercano o instrumental, cuando algo no va como queremos, es una de las primeras reacciones. Además de fastidiarse el resto del día

Seguramente habrás visto a algún deportista ensañarse con su raqueta, con su balón o con su útil de trabajo. A los demás con el teléfono, el ordenador, el ascensor o cualquier cosa que no trabaje a la velocidad de nuestras expectativas.

A lo mejor has cambiado de película en el cine o visitar algo, o  has dejado de adquirir aquello que querías simplemente porque había que esperar cola y no te era grato perder su tiempo allí.  Seguramente en algunos casos lo que ibas a adquirir tampoco era tan interesante o tan necesario pero… te diste cuenta de cómo la ira se apoderaba de usted durante la espera.

Yo he tenido mi  último entrenamiento esta mañana, tratando de enviar una solicitud telemática  a la Administración, he hablado por teléfono, he chateado en numerosas ocasiones y no he conseguido mi objetivo… de momento, registrar mi solicitud. La incidencia ha quedado registrada pero yo también he podido registrar mis emociones y pensamientos a lo largo del proceso y gestionarlas sin alterarme y sin culpar a nadie más que a mí del asunto.

Aunque lo podía considerar una pérdida de tiempo, a lo largo del proceso he aprendido algunas comprobaciones que ignoraba y he trabajado cómo mantener  mi paz interior y saber desconectar de esto para pasar a otro asunto.

Querer las cosas y tenerlas ya, es algo a lo que nos hemos acostumbrado a la velocidad del rayo, uno de los múltiples eslóganes «on line» que podemos  leer “ Cómpralo por la mañana y estrénalo por la tarde”.

Vivimos tan rápido que consumimos a la misma velocidad, apenas nos deleitamos con la cantidad de cosas magníficas que nos pasan a diario, no les damos apenas importancia y no sólo eso sino que cualquier atasco en nuestro camino, hace que nuestro día sea calificado como aciago. Da igual si es de la impresora, de tráfico, la tardanza de un compañero, alguien que no nos coge el teléfono cuando llamamos, todo nos pone de los pelos.

Si trabajas tu interior te darás cuenta de que esto te ocurre cada vez con menos asiduidad y tu paz interior aumenta si no es hora de que te pongas en marcha y ejercites tu paciencia.

Mantener la constancia a pesar de la dificultad, la oposición o la adversidad no sólo te  satisfará personalmente al haber vencido a tu “yo inmediato” sino que formará parte seguro de tu éxito.

Aquí te dejo unos curiosos e interesantes ejercicios :  http://es.wikihow.com/desarrollar-la-paciencia

Oooooohmmm!!! 😉

Foto:wikihow

Algo nuevo

new

 

 

Cuando pensamos en esta  frase es recurrente pensar en cosas  no en  actividades, a pesar de que quienes investigan concienzudamente sobre la felicidad no dejan de aconsejar la inversión en éstas últimas antes que en objetos.

 Y es sobre eso sobre lo que quiero reflexionar hoy, sobre lo nuevo. A  muchas personas el cambio en sus vidas les produce aversión, tratan de “rutinizar” tanto sus días que, cualquier cuestión sobrevenida les causa  problemas de estrés y sus consecuentes y perjudiciales reflejos fisiológicos.

 Cuando vamos creciendo es cada vez más usual reunir más y más  hábitos y rutinas que nos llevan a no tener que pensar o decidir para casi absolutamente nada a lo largo del día, siendo la mayoría de nuestros actos automáticos.

 Sólo tenéis que pensar, ¿cuándo fue la última vez que aprendiste o hiciste algo nuevo?

Seguro que en cuanto a idiomas, llevas años dándole al inglés pero, ¿lo has intentado con  otras lenguas? En cuanto a deporte ¿te atreves con alguna otra disciplina?, en tu formación, ¿has innovado? , ¿has cambiado de trabajo?, ¿de casa?, al menos, ¿de camino a ambos?

Quienes tienen éxito hacen todo lo contrario, se acostumbran a vivir cómodos  en la incertidumbre y arriesgan. Como ejemplo, un porcentaje muy alto de los CEO de las compañías, no están más de cinco años en el mismo trabajo.

 Ahora que la neurociencia  pone a tu alcance el saber que aprender o hacer algo nuevo,  es un estupendo ejercicio para tu mente que te aumenta las conexiones sinápticas y te mantiene joven la mente, no puedes seguir con antiguas recetas.

 Además,  saberte un aprendiz es bueno  para domesticar tu ego, para entender a quienes están empezando, te obliga a hacer las paces con esa frase que ya no utilizas hace tiempo “no lo  sé ”.

 Mantiene joven esa curiosidad que te lleva a estar alerta y disfrutar de los cambios, te ayuda a ser creativo, a tener muchas más perspectivas de la misma cuestión y opciones como solución.

 Recuerda que si no tienes “inputs” nuevos tus “outputs” serán los de siempre y continuarás intentando resolver problemas con el mismo nivel de pensamiento con el que crearon, con lo cual acabarás sintiéndote estancado.

 Estas son sólo algunos de los beneficios de aprender algo nuevo. Te dejo hasta el próximo 15 de Septiembre, cuando nos volvamos a ver para que hayas decidido qué será lo nuevo que hagas o aprendas este curso.

 Al fin y al cabo, todos necesitamos mejorar.

Te dejo este TED talk de Matt Cutts para que abundes más en tu compromiso

https://www.youtube.com/watch?v=Sq-3vKukRJ8

¿Qué autopistas iluminas tú?

autopistas

 

Si has tenido un insignificante contratiempo, como un resfriado, estas vacaciones, habrás podido comprobar la diferencia que existe entre pasarlo trabajando, en casa cerrado o cuando continúas disfrutando de tu tiempo de ocio. Seguro que no ha sido obstáculo para poder pasarlo bien, minimizando sus efectos y concentrándote en lo bueno. Además  seguro que si haces un resumen de tus vacaciones este pequeño contratiempo no te ocupará nada, mientras  que podrás narrar muchas anécdotas que evocarán agradables recuerdos para ti.

Esto lo que te demuestra es lo relativamente fácil que es entrenar tu mente para que lo positivo sea lo importante, enfocarte en las experiencias que te hacen sentirte bien, las emociones que te sean positivas, es más fácil de lo que todos creemos.

A veces  pretendemos hacer esto, intentar evocar todos estos momentos en situaciones en las que el estrés ha hecho su aparición súbitamente y en gran cantidad. Pero sólo conseguimos quedarnos en eso en el intento, diciéndonos a nosotros mismos que lo de poder cambiar tus pensamientos es una patraña.

Para que nuestra mente pueda acostumbrarse a vivir en positivo, en un remanso de paz, que nos haga relativizar todas nuestras experiencias y concluir algún aprendizaje útil de todas ellas requiere un entrenamiento consciente. Un cambio de nuestro modo automático.

Cada vez que recurrimos a pensamientos negativos, emociones negativas y experiencias de ansiedad, tristeza, miedo se encienden las mismas autopistas sinápticas en tu mente, recorres los mismos caminos y sólo enciendes esas luces, por lo tanto lo más fácil para tu mente será transitar por ellas sin el más mínimo esfuerzo.

Sin embargo si dejamos de ir tan deprisa por la vida, podremos disfrutar de pequeñas experiencias sumamente agradables que encenderán otras luces y abrirán otros caminos en nuestra mente e irán acostumbrándola a que éstas sean las sendas por las que queramos caminar. Esas experiencias que siempre decimos que son las mejores pero que vivimos a toda velocidad sin rememorarlas.

Si deseamos ser personas relajadas y tranquilas, ésas serán las experiencias que querremos vivir más a menudo, disfrutando de cada segundo de ellas y almacenando esa sensación para que cada vez sea más habitual en nuestra mente. Lo mismo  con el agradecimiento, el amor, la diversión… al contrario de lo que hemos hecho hasta ahora con el miedo, la culpa, la vergüenza, la ira…

Son las experiencias en las que nos concentramos las que marcan como funciona nuestra mente y ese modo automático que nos crea malos pensamientos o miedos lo hemos creado nosotros pensando en esos momentos durante tiempo, dándole a estos episodios más protagonismo del que querríamos en nuestro interior.

Por lo tanto está en nuestra mano modificarlo entrenando. Concéntrate en este verano y piensa a qué momentos das más importancia, a los positivos o a los negativos. Si ganan estos últimos quizá quieras construir otra autopista mejor.

Recuerda el adagio anglosajón “Use it or lose it” (o lo usas o lo pierdes)

¿Has perdido tu capacidad para ser feliz?

¿Eres lo que tienes?

tener

 

Acostumbrados a hacer pocos viajes interiores a las profundidades de nuestro ser, hacemos que la apariencia o “el tener” sea una cuestión que dirija en nuestras vidas, casi todo.

No  me refiero en concreto a nuestro aspecto sino a todas las cuestiones con las que vamos adornando nuestra persona hasta hacernos creer que somos nosotros mismos y que sin ellas dejamos de serlo.

A quién no le gusta una preciosa casa, o un estupendo y potente coche o la infinidad de cosas materiales que podemos conseguir casi siempre con dinero.

La cuestión es si, sin ellas, quedaría afectado nuestro ser, nuestro yo, la persona que llevamos años construyendo. Has pensado si todas esas cuestiones que te afanas en conseguir con gran esfuerzo, llenan todas tus inquietudes y anhelos.

Las personas somos mucho más de lo que hacemos y de lo que tenemos, de modo que cuando perdemos o ganamos parte de estas cuestiones,  se nos plantea algo sobre lo que reflexionar, si esto nos afecta  en lo más profundo, en nuestro interior, desequilibrando  nuestra vida y nuestro entorno.

Sin embargo si conseguimos bucear dentro de nosotros  y ver   dónde hemos almacenado lo que realmente importa, lo que somos, nuestras habilidades y capacidades únicas y hemos conseguido blindarlo y hacerlo crecer para cuando lo necesitemos. Todo será más fácil.

Cualquier obstáculo, cualquier lección estaremos  preparados  para hacerle frente, consiguiendo que nuestra inspiración interior nos guie para no dudar ni un minuto de nosotros mismos, sin confundir más lo que somos con lo que hacemos y menos aún con lo que tenemos.

 A partir de ahora asegúrate que la línea infranqueable de tu  ser sólo la atravieses para depositar cosas positivas sobre ti, que te impulsen y potencien. Deja fuera todo lo que no te sea útil, lo diga quien lo diga, incluso si lo has pensado alguna vez, sólo fue eso, alguna vez y   no es necesario serlo.

¿Qué vas a dejar que penetre en tu yo?

Tu cuerno de la abundancia

 

cuerno

 

Este símbolo de prosperidad y afluencia que data del siglo V a.C. , el cuerno de la abundancia, simboliza  un concepto que merece una reflexión.

En la mitología griega, Zeus fue criado por la cabra Amaltea con su leche. Zeus le rompió jugando con sus rayos uno de sus cuernos y para compensar este cuerno roto proporcionaba todo lo que deseaba  a quien lo poseyese.

He de reconocer que este término, la abundacia, no era un planteamiento que tuviese muy en cuenta hasta hace relativamente poco. Mi socialización en un mundo de escasez, en el que la lucha por los recursos está más cerca de la supervivencia que de cualquier otra cosa modificaba mi conducta, mi visión y mis estrategias desde hacía tiempo.

Cuando de repente mi afición por lo TED talks me hizo tropezarme con este optimista mensaje de Peter Diamandis “La abundancia es nuestro futuro” y éste me invitó a indagar sobre el cambio que mi visión necesitaba.

Una de las frases que me ayudaron en mi búsqueda : “El conocimiento, el deseo y el espíritu tienen fuerza y esa fuerza dentro de cada ser, es la clave para crear abundancia.” Epicuro

Este cuento del médico y conferencista hindú, Deepak Chopra, abundaba más en el asunto:

 “Hay dos diosas que habitan en el corazón de cada ser humano, y todos amamos profundamente a esos seres supremos.

Pero existe un secreto que tienes que saber, y yo te lo diré.

Aunque amas a ambas diosas, debes prestar más atención a una de ellas. Es la diosa del conocimiento y se llama Sarasvati. Persíguela, ámala, y préstale atención. La otra, Lakshmi, es la diosa de la Abundancia. Al ver que le prestas más atención a Sarasvati, Lakshmi se pondrá muy celosa y se fijará más en ti.

Cuanto más persigas a la diosa del Conocimiento, la de la Abundancia te perseguirá más a ti. Te seguirá donde quiera que vayas, y nunca te abandonará. Y tendrás para siempre esa abundancia que deseas.»

Al fin y al cabo ”la abundancia es la experiencia en  la que nuestras necesidades se satisfacen con facilidad y nuestros deseos se cumplen espontáneamente. Sentimos alegría, salud, vitalidad y felicidad en cada momento de nuestra vida”.

Cuando llegamos a ser conscientes del poder que tenemos de crear circunstancias favorables a nuestro alrededor poniendo nuestro conocimiento al servicio de los demás y creyendo en ese potencial, todo cambia dentro de nosotros.

La necesidad de aumentar ese conocimiento hace que nuestros miedos, nuestros bloqueos, y emociones negativas desaparezcan ante una misión que nos sobrepasa y sobrevive, que nos llena de energía.

Si quieres  comenzar a vivir con esta nueva visión y tener ese propósito superior,  te propongo estos ejercicios de Chopra para  la próxima semana:

Propósito superior.

Estoy aquí para servir. Estoy aquí para inspirar. Estoy aquí para amar. Estoy aquí para vivir mi verdad.

Comunión.

Mostraré mí aprecio a alguien a quien nunca lo he expresado. Pasaré por alto la tensión y seré amigable con alguien que me ha ignorado. Expresaré al menos un sentimiento que me ha hecho sentir culpable o avergonzado.

Conciencia.

Dedicaré diez minutos a observar y guardar silencio. Me sentaré a solas con el único fin de sentir mi cuerpo. Si alguien me molesta, me preguntaré qué hay detrás de mi ira y no dejaré de prestar atención hasta que desaparezca la incomodidad.

Aceptación.

Dedicaré cinco minutos a pensar en las cualidades de alguien que me desagrada. Leeré sobre alguna comunidad que considero intolerante e intentaré ver el mundo a su manera. Me miraré al espejo y me describiré exactamente como si fuera la madre o el padre perfecto que me gustaría haber tenido (empezando con la frase: “Para mí eres hermoso”.

Creatividad.

Imaginaré cinco cosas que puedo hacer y que mi familia jamás esperaría, y realizaré al menos una.

Esbozaré una novela basada en mi vida (todos los sucesos serán verdaderos, pero nadie adivinará que yo soy el protagonista). Inventaré algo que el mundo necesita desesperadamente.

Ser.

Pasaré media hora en un lugar tranquilo, percibiendo únicamente qué se siente existir. Me recostaré en el pasto y sentiré cómo la tierra se remueve lánguidamente bajo mí cuerpo. Inhalaré tres veces y dejaré que el aire salga lo más suavemente posible.

Eficiencia.

Evitaré controlar al menos dos cosas y veré qué sucede. Observaré una rosa y reflexionaré en la posibilidad de hacer que se abra más rápida o bellamente de lo que lo hace; luego me preguntaré si mi vida ha florecido con tal eficiencia. Me acostaré en un lugar tranquilo cerca del océano o con una grabación de sus sonidos- y respiraré a su ritmo.

Conexión.

Cuando esté con alguien y mi mirada se desvíe, la dirigiré de nuevo a sus ojos. Miraré con aprecio a alguien cuya importancia no he reconocido. Expresaré solidaridad a alguien que la necesita, de preferencia a un desconocido.

Dar.

Compraré el almuerzo y lo daré a una persona necesitada -o iré a una cafetería y comeré con ella. Elogiaré a una persona por una cualidad de la que se sienta orgullosa. Dedicaré hoy a mis hijos todo el tiempo que deseen.

Inmortalidad.

Leeré un texto sagrado sobre el alma y la promesa de la vida después de la muerte. Escribiré cinco cosas por las que quiero ser recordado. Me sentaré y experimentaré en silencio el lapso entre la inhalación y la exhalación, sintiendo la eternidad en el momento presente.

 ¡Nos vemos! Disfruta, descansa y desconcecta!! 😉

¿Pactas con tu diablo?

pactocastigador

 

Cuántas veces quieres aprender un idioma, ir al gimnasio, hacer deporte, cambiar de trabajo, levantarte antes, dejar algún hábito que te incomoda y tras comenzar tu hazaña y tener el primer traspié, lo dejas y te castigas con tu falta de voluntad, con tu pereza y con un sinfín de conjeturas, simplemente por una caída en tu larga carrera.

 Este diálogo interior te hará creer que no eres capaz de muchas cosas puesto que  generalizarás ese comportamiento y dejarán de contar los días en los que sí llevaste a cabo tu propósito y sin embargo no te recompensaste lo suficiente.

Si has tomado la determinación de hacer o dejar de hacer algo, si realmente estás decidido, piensa que es un trabajo en el que todos los pasos, por muy pequeños que sean, cuentan y que, seguramente tendrás recaídas pero éstas no significarán volver a la casilla de salida sino que tu objetivo entonces,  será levantarte y seguir tu camino.

Si eres de los que tu “yo castigador” interior prevalece sobre tu “yo comprensivo”, no eres muy buen amigo tuyo. Si quieres empezar a cambiar la potencia y el poder de ambos, ¿qué te parece un pacto?

Negocia contigo mismo, como lo harías en tu trabajo, con tu pareja, con tus hijos. Hoy no lo harás, o no será durante todo el tiempo que deseas o lo cambiarás por otra actividad, pero sin hablarte mal, simplemente continuarás diciéndote que a partir de mañana lo harás mejor, sólo y simplemente un poco mejor y te recompensarás y  felicitarás por ello, el doble de lo que te hubieses castigado normalmente hoy,  por no  hacerlo.

La autodisciplina nace de quererse a sí mismo y de tratarse con cariño para ir consiguiendo los objetivos y metas deseadas poco a poco.Si eres tu peor enemigo, desearás estar siempre dormido y para que los sueños se hagan realidad hace falta despertar.

¡¡Mucho ánimo!! 😉

Por alusiones

discusión

 

En demasiadas ocasiones concluimos una conversación discutiendo por un simple  malentendido. Alguien expone sus argumentos y su interlocutor se da por aludido  con alguno de los razonamientos, el cual entiende como un ataque personal.

La mayoría de las ocasiones la forma de continuar esa conversación sigue por malos derroteros acusando al ofendido de exagerar, no enterarse, creerse que todo va con él, que no se puede hablar de nada con él o con ella, a veces incluso subiendo el tono de voz hasta hacer insostenible el episodio o huyendo con la segura consecuencia de enturbiar la relación  gravemente.

Si de  algo dan buena cuenta  muchos estudios científicos sobre las relaciones humanas es de la necesidad de la interacción y la compañía. Así que ¿qué necesidad tenemos de llegar a ese punto si ni siquiera la otra parte quiso herirnos?

Algunos creen que lo que deben hacer en estas ocasiones es pedir perdón o disculparse pero teniendo en cuenta lo ocurrido no es una cuestión que deje tranquila a ninguna de las partes, puesto que no integra realmente un arreglo del entuerto. La persona que hablaba no quiso herir por lo tanto el perdón huelga y quien escuchaba se sintió mal dándose por aludido por alguna cuestión personal

Para resolver los malentendidos y no convertirlos en cuestión de estado, podemos utilizar la Técnica de Contraste que nos propone  Kerry Patterson en su “Crucial Conversations” cuya estructura tiene una parte negativa y otra positiva.

En la primera se trata de trasladar a nuestro interlocutor que no se tenía un propósito malicioso con el comentario y en la segunda parte clarificar nuestro verdadero propósito con el comentario.

La primera parte es la que debe dejar claro la no intención de molestar, esto devolverá la confianza y la seguridad a la relación y a la conversación en ese momento. Entonces podrás volver a aclarar qué querías decir y serás escuchado de otra manera muy distinta.

Cuando en el trabajo, por ejemplo, emites un juicio general y negativo sobre un grupo de empleados o sobre una tarea  concreta como “ en ventas es que son muy_____” y alguien se da por aludido, pedirle perdón , no arreglará en efecto, sin embargo especificar que no pretendías decir eso exactamente que te referías a alguien en concreto y en una situación especial hará que la otra persona salga de esa zona en la que se siente amenazada y no valorada en su trabajo.

Volver al mutuo respeto y propósito común hará que las aguas vuelvan a su cauce. Seguir empecinado en tu argumento, sin salir y volver a entrar en la conversación con otra actitud sólo empeorará las cosas.

Asegúrate de que no hieres más a la persona, merece la pena.
¡Tú eliges!

¿Qué es para ti la vida?

madreteresa

 

Cuando cuentas el relato de tu vida qué eliges, enfocas toda tu energía en lo que te falta, en lo que no has conseguido, en lo que no te gusta y cuando acabas el resumen te has agotado o por el contrario tu resumen tiene en cuenta todo lo que has obtenido, con detalle, agradeces con entusiasmo lo que te ha dado la vida, lo que puedes disfrutar, todo lo que te acompaña a diario y compartes esa emoción con los demás.

De ti depende que tu vida te guste o la desprecies, que sepas agradecer todo lo que te ha puesto ante ti, tanto los momentos difíciles como los mejores, en los que has aprendido y en los que has disfrutado.

 

Hoy te quiero dejar este poema de Madre Teresa de Calcuta para que una vez que hayas pensado en su autora, su vida, todo lo que fue y poseyó, puedas disfrutar de la inspiración que supone que alguien desde su perspectiva te envíe este mensaje por si estás dilapidando tu tiempo en quejarte, en ser negativo, en ponerte excusas, en criticar, cotillear o juzgar.

Leelo, saboréalo, medítalo e imagina tu realidad de una manera diferente, siempre con gratitud.

LA VIDA

 

La vida es una oportunidad, aprovéchala;

la vida es belleza, admírala;

la vida es beatitud, saboréala,

la vida es un sueño, hazlo realidad.

 

La vida es un reto, afróntalo;

la vida es un juego, juégalo,

la vida es preciosa, cuídala;

la vida es riqueza, consérvala;

la vida es un misterio, descúbrelo.

 

La vida es una promesa, cúmplela;

la vida es amor, gózalo;

la vida es tristeza, supérala;

la vida es un himno, cántalo;

la vida es una tragedia, domínala.

 

La vida es aventura, vívela;

la vida es felicidad, merécela;

la vida es vida, defiéndela

 

Madre Teresa de Calcuta

 

¿Qué es la vida para ti?

¡No esperes a que sea demasiado tarde para disfrutarla!

¿Quieres ganar la partida?

ajedrez

 

LA PARTIDA DE AJEDREZ 

 Al sultán le gustaba mucho jugar al ajedrez con Delkak, pero cada vez que este último le daba jaque mate, sentía una violenta cólera. 

 «¡Así seas condenado!» le gritaba. 

 Tomaba las piezas del tablero y se las lanzaba a la cabeza. 

 «¡Toma! ¡Ahí tienes al rey!» decía. 

 Delkak, con mucha paciencia, esperaba el socorro de Dios. Un día, el sultán le ordenó que jugara una partida y Delkak se puso a temblar como si se encontrase desnudo sobre el hielo. El sultán perdió de nuevo. Cuando llegó el momento fatal, Delkak se refugió en un rincón de la habitación y se ocultó detrás de seis capas de edredones para protegerse del lanzamiento de las piezas. 

 «¿Qué haces?» le preguntó el sultán. 

 Desde debajo de los edredones, Delkak le respondió: 

 «¡Dos veces condenado seas! Cuando tu cólera se desborda, nadie se atreve a decir la verdad. Eres tú quien ha perdido la partida, pero, en realidad soy yo el que sufre el jaque mate por tus golpes y me veo obligado a protegerme bajo los 

edredones para decirte:  ¡Condenado seas!» 

Si te sientes reflejado en este cuento sufí y utilizas la ira para defenderte y conseguir tus propósitos sin darte cuenta de que en realidad sólo te estás provocando sufrimiento a ti mismo. No te des por vencido, este hábito de dejarte llevar por ella, lo puedes modificar.

 

Muchos problemas físicos y cuestiones como alergias y dolores son muchas veces la manifestación de no liberar estas emociones negativas que nos provoca nuestra mente.

También la ira es muchas veces manifestación  de miedo, a cambiar, a madurar, a envejecer, y nos dejamos llevar por esta energía negativa sin darnos siquiera cuenta del tiempo  tan precioso que con ello perdemos y el estado interno en el que nos quedamos después.

Tanto cuando la expresamos y  exteriorizamos como cuando la ocultamos y reprimimos la ira crece y crece y se fortalece, se convierte en un hábito, en una respuesta automática.  Se manifiesta en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

El pensamiento budista nos invita a abrazar este dolor, este miedo de manera que seamos conscientes de que es éste y no otras cuestiones externas, la semilla de nuestra ira.

Reconocerlo es un paso que nos lleva a la disposición de no herirnos inútilmente ni a nosotros ni a los demás, de poder pedir perdón sin que ello nos cueste, sabiendo que somos nosotros mismos los que padeceremos si no lo hacemos.

El budismo ofrece la práctica de los Cinco Recordatorios que  invito a probar.

  1. Mi naturaleza es la de envejecer. No puedo huir de la vejez.
  2. Mi naturaleza es la de enfermar. No puedo huir de la enfermedad.
  3. Mi naturaleza es la de morir. No puedo huir de la muerte.
  4. La naturaleza de todas las cosas y personas es la del cambio. No hay manera de evitar separarme de ellas. Nada puedo conservar. Vine al mundo con las manos vacías y lo abandonaré del mismo modo.
  5. Mis acciones son las únicas y verdaderas pertenencias que tengo. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones. Ellas son el suelo en el que me apoyo

 

Esta práctica  acompañada  de una respiración profunda consciente te ayuda a cuidar tu ira. Inspirando eres consciente de todo tu cuerpo al igual que expirando.

Reconcíliate contigo mismo y tus miedos para poder ser feliz.

En lugar de «tranquilízate», tu mantra es “Respira consciente”.

¡Buen fin de semana! 😉

 

¡¡Seguro que vences ganes o pierdas tu partida!! 😉