Mirarse el ombligo

ombligo

 

No sé si alguna vez habéis reparado en ello, porque conocéis a alguien en quien lo podéis ver reflejado o quizá os ocurra a vosotros mimos.

 Cuando estamos todo el tiempo pendientes de nosotros mismos, de qué no duele, qué nos pasa, cómo nos sentimos y quién nos presta atención o no, desarrollamos  un individualismo extremo que  nos dificulta salir de ese estado y disfrutar y ocuparnos de quienes están y lo que ocurre a nuestro alrededor.

Somos capaces de saber cuándo fue la última vez que nos dolió la cabeza, o el codo, cuando nuestro jefe o compañero nos hizo esto o lo otro, cuándo salió esa nueva cana o arruga o los gramos exactos que hemos ganado o perdido desde la semana pasada. Sin embargo no sabemos nada de las personas en nuestro entorno,  de las que se supone que queremos y nos importan.

Apenas podemos decir si alguien está más serio de lo normal o su cara o corporalidad nos dice si necesita de nuestra ayuda porque estamos tan ocupados preocupándonos de nosotros mismos que simplemente no tenemos tiempo ni  hemos desarrollado las habilidades necesarias para hacerlo.

 

En algunas ocasiones se forja esta forma de ser a la sombra de otras muchas personas que en su ansiedad por ocuparse de nosotros y con la mejor de las intenciones nos dejan si herramientas cuando, deciden por nosotros, intentan controlar  nuestras acciones en todo momento y nos excluyen de responsabilidades  familiares o personales que nos  incumben a todos dentro de nuestro propio entorno.

Al evitar que sean dueños y dueñas de su propia vida, estamos evitando que puedan desarrollar  empatía  con los demás, que se pongan en otras situaciones y que sepan comprender qué está pasando en otras personas, escucharlas  y ayudarlas

Acaban siendo incapaces de salir de sus propios reproches hacia lo que los demás no han hecho o no han tenido en cuenta sobre ellos. Da igual si ocurrió hace siglos, sigue siendo una defensa con la que callar a todo aquel que les intenta sacar de su ensimismamiento.

La peor de las noticias es que no conozco a nadie que ocupado y preocupado  en demasía por ellos mismos, sea feliz. Que pueda disfrutar de las alegrías propias y ajenas y que no acabe comparándose constantemente o enfocado en algo que le falta o le sobra para tener algo que lamentar.

Siempre habrá alguna novedad que interpretada como otra maldición te hará  no disfrutar del interesante y emocionante viaje que es vivir y apreciar lo que hay a tu alrededor en cada momento.

Recuerdas cuando fue la última vez que, hiciste algo y no lo apuntaste y reprochaste, que pediste perdón a alguien porque no le tuviste en cuenta, porque no pensaste en alguien más que en  ti para decidir hacer o decir algo, que agradeciste lo que alguien hizo por ti, que llamaste  para preguntar en lugar de para desahogarte.

Mirarse el ombligo es uno de los deportes menos interesantes que existen, se gasta  energía raudales  y no se recupera ni en forma física ni en salud mental. Es un hábito autodestructivo,

Si quieres que todo empiece a tener otro color en tu vida prueba a, cada vez que empieces a pensar en ti y en tus cosas de siempre, visualízate haciendo cosas por los demás y hazlas, sin esperar nada a cambio, pequeñas cosas, sé consciente de ellas y del efecto que producen en ti.

Ocupado en los demás, seguro que  minimizarás «tus cosas».

Relativiza tus necesidades y tus juicios de los demás, o acaso te  gustaría a ti que te hiciesen lo mismo.

 

Sal de ti mismo, tu alrededor puede ser un lugar maravilloso en el que vivir.

 

No es justo

justicia

 

Dar a cada uno lo que le corresponde o le pertenece ha sido una búsqueda y una lucha presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Estoy segura de que mis circunstancias, mi entorno y mi socialización contribuyeron definitivamente a que la justicia estuviese arraigada en mis más profundos valores junto con mi compromiso social.

Esto ha tenido su vertiente positiva y su vertiente menos bondadosa pero a la que he conseguido domar y os cuento cómo.

Mi participación en asociaciones universitarias, en la defensa de la igualdad de oportunidades y en la política durante todos estos años ha estado guiada por defender y mantener este valor. Esto me hacía que ocurriese lo que ocurriese, no flaquease en ningún momento. Esta determinación me ha hecho ser inasequible al desaliento, me ha inspirado para aprender, saber y  conocer de qué manera podía hacer este mundo más justo.

No he escatimado en esfuerzos personales de todo tipo para hacer ver y evitar que las injusticias se cometiesen por doquier o al menos tan cerca de mí. No dude en abandonar cosas, emprender  otras y luchar por ello. Si algo conseguía provocarme, era una injusticia.

Esa energía que me ha ayudado a estar años defendiendo contra viento  y marea posturas en solitario por el hecho de creer que eran justas, tenía su lado menos atractivo, a su vez me convertían en una persona seria, pensativa en exceso y preocupada, que se enfrascaba en cualquier discusión o debate en el que alguien demostrase poner sus intereses antes que el bien común, aprovechándose del sistema.

Era encender una mecha que difícilmente podía apagar hasta que no agotaba a mi interlocutor asaeteándole a preguntas y argumentos hasta dejarle sin fuerzas. La injusticia producía en mí, lo que el pelo en Sansón, una fuerza hercúlea.

Conseguía a base de aciagos resúmenes, eso sí totalmente  verídicos y comprobables inocular esa intranquilidad a todo el que me quería escuchar en mi afán por darlas caza y evitar cuantas más injusticias mejor, sin reparar, ni entender las razones de cada uno para no hacerlo. Algo que sufrieron los míos en primera persona.

Efectivamente era incapaz de salir de esa vorágine por mí misma  y si alrededor veía que las personas se habían rendido y plegado a un sistema injusto se generaba en mí una nueva erupción volcánica, con el consiguiente riesgo de magma para mi mente y mi cuerpo.

Tuve que utilizar mi propia travesía del desierto para poder reflexionar sobre este valor y su influencia en mi vida. Conseguí darme cuenta de que la justicia no depende en un porcentaje tan alto de lo que yo controlo y puedo hacer como creía, que para mi paz interior, para mi libertad, para mi familia tener ese valor haciéndolo depender de mí en tan alto grado conseguiría acabar con mi salud y la de mi entorno, sin conseguir victoria alguna, necesitaba energía para el largo camino que me esperaba.

Ahora es mi salud antes y sin dejar que la justicia no sea un valor imperante en mi vida, busco dentro de mí en qué puedo trabajar o emplear mi energía que sea más útil, menos estéril.

Soy escrupulosa en no cometer injusticias,  apenas juzgo, soy compasiva y trabajo para  ayudar a que las personas que lo deseen, encuentren dentro de ellas la fuerza para ser mejores, para que sean más capaces de enfrentar estas cuestiones   y aunque  todavía sufro algún arrebato accidental,  sigo trabajo desde otra perspectiva más positiva, para  que quienes, no sé si por rendición, abnegación o costumbre, las toleran o las llevan a cabo, vean las bondades de al menos no cometerlas ellos después.

Cometer una injusticia es peor que sufrirla”.  Aristóteles

Sé que con esta táctica tengo la mente mucho más clara para poder afrontar esa cuestión pero sigo pensando  como Willy Brandt que “Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen.”

 

No sé si es justo o no pero nos vemos el lunes 😉

¡Buen fin de semana!

El menú de tu contestador

menu

 

 

¿Qué opciones tiene el menú de «tu contestador»?, no, no me refiero al de tu teléfono, me refiero al tuyo, te pregunto por la forma en que tienes de contestar: ¿eres automático?, ¿tienes alternativas?, ¿lo haces conscientemente?, ¿escuchas antes?

Una de las habilidades que más útil te puede resultar, tanto para tu vida  como para tu trabajo  y de la que depende al 100%  que tus contestaciones sean las idóneas, es la de escuchar.

Al igual que es una de las más útiles, es  difícil  de encontrar y  también es  a la que más cuesta habituarse. La mayoría estamos acostumbrados a hablar y hablar sin parar, con discursos elaborados y automáticos  que no tienen en cuenta las peculiaridades de la otra persona, ni del tema, que no requieren mucha reflexión en el momento y por lo tanto están llenos de interpretaciones y suposiciones que hacemos sobre todos los elementos, sin más.

En muchos casos este hábito se debe a la relación estresante que tenemos con el silencio. A veces malinterpretamos que si tardamos en contestar, se debe a falta de reflejos o  de información y conocimiento. En lugar de comprobar  si hemos estado atentos a la conversación y  hemos escuchado con interés -que será cuando comprobemos que antes de decir nada, necesitaremos preguntar para completar el mensaje a la vez que mostramos interés por la otra persona- esa embarazosa situación, nos hará interrumpir, apostillar o hablar sin porqué.

En otros casos contestamos pensando sólo en nosotros mismos, en parecer graciosos, ocurrentes, irónicos, inteligentes y soltamos la primera  alambicada inoportunidad que se nos ocurre con esa intención. No teniendo en cuenta que el daño que hayamos podido provocar en la otra persona además de gratuito es difícilmente reparable, con lo que no sólo nos hemos conseguido nuestra finalidad sino que hemos recorrido largo trecho en contra. Lo mismo ocurre cuando minusvaloramos a los demás y pensando en que no nos van a aportar nada, nos empeñamos en ilustrarles constantemente, haciéndoselo notar. Si quieres animarte tú, anima a los demás, te será más rentable.

Una opción más consiste en contestar lo primero que se nos pasa por la cabeza, arrojando sobre nuestro interlocutor todas las emociones de las que somos víctimas, sin reparar en que nuestro estado de ánimo apenas tiene algo que ver con el tema que se trata o con quién se trata. Esa falta de consciencia también hará que los demás acaben etiquetándonos, como unos huraños y gruñones impenitentes.

Si realmente quieres mejorar tu dispositivo tendrás que empezar por concentrarte en escuchar mejor a los demás, en pensar que todo el mundo te puede aportar una perspectiva interesante en tu desarrollo, preguntarles e informarte sobre lo que te están contando, lo que les preocupa, hacer esto no sólo con el oído sino poner todos tus sentidos en ello, para poder leer el lenguaje corporal, el tono, los gestos y finalmente cuando vayas a contestar, piensa si lo que vas a decir merece la pena.

Cuáles han sido hasta ahora las opciones de tu contestador automático y cuáles serán a partir de hoy? 😉

 

Yo, primero

 

yoprimero

 

 

Aristóteles muy acertadamente definió la virtud como el término equidistante entre dos vicios, y sobre ese ansiado lugar y respecto de nuestras necesidades, quiero reflexionar hoy.

 Aunque no quererse uno mismo, desdeñar siempre  las necesidades de uno y anteponer las de los demás  por encima de todo, tiene devastadoras consecuencias sobre la construcción de la autoestima y la sana relación con los demás, hoy quiero hacer hincapié en el otro «vicio», en la de las personas que apenas consiguen salir de sí mismas, de sus tribulaciones y problemas, para preocuparse por los demás.

La mayoría de las personas que enfocan y centran toda su atención en sí mismos, dedican mucho de su tiempo a buscar qué es lo que están perdiendo en sus vidas y a tratar de recuperarlo sin mucho acierto.

Además como explica Menninger en la búsqueda de estas necesidades producen efectos colaterales que seguramente te interesará saber:

Si buscas sentido de pertenencia, te sentirás inseguro

Si buscas sentido de la valía, inferior

Si es sentido de la eficiencia, inadecuado

Y si buscas sentido del propósito insignificante.

Esto es producto principalmente del ensimismamiento que provoca no darse a los demás, no  interesarse por ellos y por cómo ayudarles  y no parar de surfear la ola de cómo estoy, qué voy a  hacer con mi vida, qué me falta para tal o para cuál  cuestión, etc.

Estas disquisiciones se agolpan en nuestra mente precisamente porque somos nuestra única preocupación, ¿en qué repercute?, en todo, en nuestra productividad, en nuestro ánimo, en nuestra energía, en todo nuestro ser y no para beneficiarnos precisamente.

 Desarrollar una estrategia de ayuda a los demás es una de las soluciones  que puedes implementar y que te ayudará más a salir de ese bucle.

Incluso, quizá, te estás tomando muy en serio y un poco de humor y reírte de ti mismo también te irá bien.

 Si quieres empezar a trabajar esta estrategia, que además te evitará que pienses en ti, en tus fracasos y tus debilidades, sigue los pasos que recomienda John C. Maxwell:

  • Pon a los demás primero en tus pensamientos. En lugar de pensar en tu comodidad, tu percepción y tu estricto interés, interésate en hacerlo con los demás.
  • Descubre lo que los demás necesitan. Escucha y añádeles valor.
  • Satisface la necesidad con excelencia y generosidad. No hagas las cosas a medias y tampoco las hagas para quejarte, refunfuñar o presumir. Espera a que cristalice la satisfacción personal.

Y en lugar de todas esas cuestiones con las que te bombardeas a menudo sobre ti, también cuestiónate sobre:

¿A quién estoy beneficiando con mi vida?

¿A quién estoy ayudando que no puede devolverme el favor ayudándome?

¿A quién estoy levantando que no puede hacerlo por sí solo?

¿A quién estoy dando ánimo diariamente?

 

Despreocúpate por fin de ti.

Foto:F5onlinerevista

Falsos dilemas

dilema

 

Economistas conductuales, como el genial Dan Ariely, han demostrado que nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo para tomar muchas decisiones en nuestra vida y que nos planteamos las cuestiones desde ópticas bastante simplistas, rigiéndonos más tarde por esos automatismos.

Si os dais cuenta últimamente  “hay que elegir” entre estar a favor de los «ricos» o de los «pobres», que las personas tengan varias casas o se las expropien,  entre lo malo y lo menos malo,  entre el desalojo y que cada uno se busque la vida con tu banco rescatado, o estar del lado de la economía o del medio ambiente, no hay término medio, te tiene que gustar el frío o el calor, el dulce o el salado, el empleo que tienes o no tenerlo, trabajar en tu ciudad o en otro país, emprender en solitario o trabajar para otro, entre trabajo o  vida personal, entre estas medidas políticas o  las contrarias…

Estas decisiones que intencionadamente que se  plantean desde lo que los anglosajones denominan el “ Fool´s Choice”, como un dilema,  nos invitan  graciosamente con la intención de facilitarnos la vida. Hacen que estas falsas disyuntivas nos paralicen, desmoralicen y parezcamos cada vez más un rebaño fácil de guiar, al interiorizar este modo de proceder  y convertirlo en automatismos con los que vivimos. Cuando lo único que necesitamos son personas que nos abran el abanico de posibilidades en todos los campos y nos hagan trabajar y pensar con entusiasmo e ilusión para innovar, transformar y  mejorar nuestras decisiones y nuestro alrededor.

Decidir entre dos cuestiones, cuando las opciones pueden ser infinitas, hace que nos sintamos estresados, esto a su vez  hace que nuestras oportunidades y   opciones se reduzcan drásticamente, que no sintamos desvalidos, desasistidos, incapaces,  que elijamos  sin criterio y por necesidad. Es como si tuviésemos que elegir entre a quién queremos más a papá o a mamá.

A lo mejor en pequeñas cuestiones sí podemos y debemos  ser así de reduccionistas para no eternizar la cuestión,  pero en otras que afectan seriamente a nuestra convivencia y nuestro desarrollo, este simplismo nos perjudica  y no nos permite avanzar.

Cuando todavía leo cuestiones de hace cien años como recetas para gobernarnos, me espeluzna que hayamos conseguido tantos avances científicos y en el desarrollo humano y político sigamos en pañales.

Personalmente a mí ya no me convencen, ni me atemorizan con  amenazas de que la otra opción única será devastadora para mi intereses, cuando si analizo, lo que obtengo en cualquier caso es, más de lo mismo: temor. Ya me ocupa y preocupa bastante mi futuro para que jueguen con mis miedos como estrategia. Yo quiero ampliar mis opciones, oportunidades, retos, desafíos, objetivos.

Requiero unos nuevos líderes sociales, políticos, sindicales, empresariales  que empaticen con los sentimientos y necesidades actuales de los ciudadanos, no en contra de nadie, sino a favor nuestro y quiero que me resuelvan lo que acontece en la sociedad, ahora, multiplicando las oportunidades y las opciones de avance, sin causar otros problemas y resolver esos otros. Inspirándome más que desesperándome, ¿pido tanto?

Líderes, personas seguras, que antepongan nosotros a yo,  comprometidas, que no vean la vida en blanco y  negro sino que se atrevan a escuchar, a probar a pintar  con todos los colores, con conocimiento, valentía y afán de servicio a la sociedad, que  crean más en nosotros y nuestras capacidades para remontar, que en ellos, que sean capaces de partir de lo que nos une y no de lo que nos separa, que maticen, prueben e implementen sin complejos fórmulas nuevas para producir efectos nuevos.

Conmigo que no cuenten para ratoncito tras su flauta. Sólo lo haré cuando suene la música de unos músicos que realmente estén más pendientes del público que de mejorar sus instrumentos y de lo que les interesa tocar.

Abróchense los cinturones

cinturon

 

Si sólo dependiese de que fuésemos buenos y eficientes en un trabajo, muchos no tendrían de qué preocuparse pero desde que las matemáticas y los números que arrojan las empresas pesan más que la meritocracia, esto ya no es un seguro para nadie.

En poco tiempo nos hemos tenido que acostumbrar a esto, a que balances y accionistas se antepongan a cualquier otra cuestión en aras de la gestión y aunque siguen existiendo personas que creen que su mayor seguridad depende de un trabajo indefinido por cuenta ajena, el escenario ya no es el mismo. Es hora de que dejemos de  poner todas nuestras expectativas en  ello.

Cuando me refiero a esto, no quiero decir que esté en contra de trabajar para otros y que crea que la panacea es tener tu propio negocio, a lo que me refiero es a que debes estar seguro que ser un recurso humano atractivo en cualquier momento para cualquier empleador y no poner todas tus expectativas en tu actual trabajo o en tu jefe. Él igual que tú, aunque en otro rango, la mayoría de las veces también es un empleado y puede que pronto esté en la misma situación que tú.

Es cierto que todavía pesa en nuestra mentalidad que los trabajos deben ser para toda la vida y que en su mayor parte, esto depende de ti. De ahí que haya muchas personas que aguanten en trabajos que odian por vislumbrar un futuro aún más oscuro fuera de él. Pues he de decirles que una de las causas de padecer la mayor parte de las enfermedades nerviosas y de corazón es esa precisamente, aguantar en un trabajo que no te gusta y al que le dedicas muchas horas. Aunque tú sabrás si te merece la pena esto para seguir en tu carrera hacia conseguir más cosas materiales, sí que me gustaría trasladarte una sugerencia.

 ¿Por qué en lugar de apostar todo a tu jefe, no  amplías tu cinturón de seguridad, fuera del que todo te da más miedo y desarrollas tus dotes de empatía y comunicación con tus compañeros y compañeras o incluso lo expandes más allá de tu departamento o área? Tener este círculo construido con una base cimentada de confianza y entendimiento, no sólo te va ayudar basándote en el viejo adagio de “la unión hace la fuerza” sino que el poder compartir con ellos con libertad tus preocupaciones y alegrías hará que tú trabajo sea menos tedioso y más potenciador de tus habilidades.

Seguramente serán ellos los que mejor entiendan tu situación  y en el caso de que  dejes de trabajar ahí podrán echarte un cable desde sus posiciones. Solos, estamos condenados a magnificar nuestras penas y a refugiarnos paralizados  en nuestros pesares, cuando de la unión puede salir cualquier otro magnífico proyecto.

Si consigues que este círculo de seguridad sea cada vez mayor, cuando te ocurra alguna cuestión imprevista no te encontrarás solo y eso te ayudará a seguir en un futuro en el que tú eres tu propia  empresa y tu entorno será la incertidumbre.

Procura  ajustarte  tu  cinturón de seguridad lo mínimo  o acabarás no pudiendo respirar.

¿Eres colaborativo?

colaborar

 

He de decir que al principio notaba algo diferente pero no sabía exactamente qué era. Me resultaba atractivo en las personas que iba conociendo y que respondían a un mismo patrón de entusiasmo y acción.

Ahora que lo he descubierto, lo practico y fomento conscientemente. Ser colaborativo, no sólo es una ventaja increíble sino que también es una cualidad del desarrollo humano que da unos réditos y una satisfacción , increíbles.

Cuando pones en marcha un negocio y estás en contacto con quienes quieren emprender y viven esto con ilusión, apenas encuentras  a los típicos emprendedores “Golum” cuya idea es un tesoro que no pueden contar, sopena de tener que acabar con tu vida. Todo lo contrario, estas personas buscan a quienes les impulsen con la narración de sus comienzos y les hagan  preguntas interesantes sobre su idea, para crecer, para tener otra perspectiva.

Lo que diferencia a quienes finalmente la ponen en marcha respecto de otros, a mi  entender, es el desarrollo humano del que se han provisto antes y creo como otros muchos gurús que el resultado y el éxito, será proporcional al mismo.

Cuanto menos “evolucionado” es alguien  más deja que actúe sobre él el sistema antiquísimo de alerta de la amígdala cerebral  y esto supone que ese mecanismo primitivo que nos hizo sobrevivir en el pasado, todavía está sin trabajar y sin dirigir por el lóbulo frontal. Es más miedoso y está más a la defensiva, por lo tanto, es más testarudo, se abre poco a las ideas de los demás, a cambiar de opinión, confía menos en las personas, ve fantasmas donde no los hay, cree que la información es poder y que hay que ocultarla y usarla en provecho  propio y permanece  pendiente en exclusiva de su devenir vital.

Sin embargo quienes superan este estado y domestican a su ser primitivo, entienden que de la colaboración y el provecho mutuo es de donde nacen los grandes inventos, las grandes gestas, la esperada evolución y no dudan en compartir con los demás.

Mantienen un espíritu que engancha con el que se da antes de recibir, todo se agradece, se comparte, se pone en común, se mantiene el contacto, se alienta.

Seguro que has oído hablar del crowdsourcing (Wikipedia), del crowdfunding (gofunding),  el coworking(compartir lugar de trabajo), el software libre (Linux)…existen cada vez más ejemplos del éxito común.

Y lo que más me gusta y celebro es que todas estas cuestiones han superado a los gobiernos, quienes sólo creen en hacerlo obligatorio, por ley. Quienes insisten en  hacer creer a los demás que  ir más allá de uno mismo no es algo que el Ser Humano haga sin que sea de manera coactiva, que jamás puede ser parte de la libertad individual .Su  escasa visión es cada vez más patente y produce hartazgo.

Yo también sospecho de quienes quieren dirigir la vida de los demás sin dejarnos que seamos nosotros quienes descubramos y practiquemos que solos no llegaremos muy lejos o, como dice el proverbio africano: “Si quieres ir deprisa, ve sólo  pero si quieres ir lejos ve acompañado”.

Quizá sea hora de evolucionar y domesticar a tu primitivo, ¿no crees?

¿Cuál es tu filtro?

filtro

Muchos de los malentendidos, equivocaciones, resultados inesperados o indeseados tienen su origen en la falta de buena comunicación que existe entre las personas.

Cuanto más me adentro en los detalles referentes al ser humano, más consciente soy de las múltiples variables que existen y no tenemos en cuenta durante una interacción, incluso cuando en ésta se cambia totalmente el sentido de lo que queremos expresar. Sin embargo, el mensaje acaba  llegando, por lo tanto, al final es más práctico de lo que parece.

A pesar de todo el trabajo  que implica, en el intercambio vamos limando las asperezas de nuestro mensaje y definimos o especificamos lo que queremos decir.

Una de las cuestiones que más útiles me resultan en mi  trabajo, en  los entrenamientos, se refiere a los filtros que cada persona usa mentalmente para adquirir información y trasmitirla, existen de muchos tipos: de cantidad, de tiempo, de persona… y cada uno de nosotros tiene en su comunicación uno que prevalece o domina por encima de los demás.

Un filtro que tiene dos versiones y que me gustaría compartir con vosotros  porque seguro que os será útil consiste en la diferencia entre  personas de visión general y personas de detalle.

Imaginaos unos,  a esa persona que conocéis desde hace tiempo pero que rehuís porque os da miles de detalles sobre todo lo que hace, lo explica paso a paso, escrupulosa en sus descripciones, llegando alguna vez a exasperarte o aburrirte.

Imaginaos otros a esa persona que siempre cuenta las cosas y los proyectos con objetivos generales, visiones filosóficas y pequeñas pinceladas deshilvanadas, que os parece que divaga, que está en las nubes, que no es nada práctica y que nunca aterriza.

Si os habéis identificado con alguna de ella, en el primer caso estamos hablando de una persona de visión pensando en una de detalle, y en el segundo ejemplo, al contrario.

Si llegas a  entender el filtro de la otra y te pones de acuerdo, seréis un equipo invencible pero si no sois conscientes de estas diferencias, os acabaréis evitando mutuamente o  asociándoos, con complicaciones innecesarias.

Sin embargo tiene una enorme ventaja, para una persona de visión, que tenga al lado una de detalle, ésta le puede dar tranquilidad, todo estará revisado al milímetro, y hecho según las directrices. Aunque la persona de visión general tendrá que esforzarse y bajar más de lo acostumbrado a los detalles para poder establecer el modo de proceder.

A su vez la persona de visión proporcionará a la de detalle una estrategia, un contexto, o una perspectiva distinta en la que vea la utilidad y el propósito de su trabajo a su acción, mejorando su  compromiso  con la causa.

Si dentro de la selección de las empresas o dentro de las familias, tuviésemos este filtro en cuenta, las tareas y los proyectos saldrían adelante en menor tiempo, con  menos problemas y con los resultados esperados.

Si eres asiduo de mi blog, te habrás dado cuenta, 😉 por los errores tipográficos, que soy de visión, pero lejos de cansarme o no entenderlo, estoy muy agradecida a mis “supervisores de detalle” que posteriormente me advierten de muchos de ellos y puedo rectificar. Siempre es mejor tener un buen equipo que actuar solo.

Has pensado ya, ¿ cuál es tu versión de este filtro?

¿Quién contamina paga?

contaminar

Creo que ha llegado el momento de subir la apuesta y poner a prueba mi entrenamiento. Hasta ahora he dependido de mi consciencia y mi responsabilidad para estar atenta a todos los comentarios tóxicos que podía hacer y evitarlos. A partir de ahora, pagaré 1 euro, por cada uno que haga.

Pienso ofrecer este pago a toda aquella persona que me sorprenda haciendo algún comentario de este tipo, es decir, que no tenga otra finalidad que menospreciar, ningunear, herir o reivindicar superioridad. Comentarios que no producen más que sufrimiento y son gratuitos.

He comprobado el efecto que cualquier tipo de comentario de estos, que a ti te parece inocuo, o lo haces sin darte cuenta, o te parece una graciosa ironía, o una ingeniosa broma, puede tener efectos devastadores e indeseados en los demás y en la confianza que das y recibes.

La pregunta que me hago ya no es, si es cierto o no lo que digo, es si merece la pena, y definitivamente, no.

Hace unos minutos podía tener alguna razón para pensar en que “no soy responsable de lo que tú entiendes sino de lo que yo digo” pero a partir de ahora puedo prometer y prometo que no volveré a hacer absolutamente ningún comentario destructivo, ni delante, ni detrás de persona alguna. Llevo tiempo entrenando pero como quiero depurarlo con el concurso de los demás, aquí va mi compromiso.

Seguro que como yo, habréis leído que la franqueza se utiliza como una herramienta de managment pero realmente lo que acababa siendo es un arma de destrucción masiva ( y también de autodestrucción).

Lo que es «la verdad» que yo creo, también puede herir a otras muchas personas y yo no tener esa intención, puedo querer espolear sus prejuicios, sacarles de su zona de confort, abrirles la mente pero seguro que cualquiera de estas funciones no la tienen los comentarios tóxicos, por mucho que lo parezcan.

Lo mismo funciona para la familia que para tus compañeros de trabajo o tu equipo. ¿A qué si tu puesto de trabajo o tu supervivencia dependiese de no hacer estos comentarios estarías más atento?

Yo estoy decidida a eliminarlos. Por eso, a partir de ahora me voy a preguntar:

  • ¿Este comentario ayuda a la persona con la que estoy hablando?
  • ¿Este comentario ayuda a la persona de la que estoy hablando?

 

Si mi análisis no pasa este filtro, no lo diré, o estaré contaminando y el que contamina paga.

Uff qué responsabilidad…en fin, allá voy!!

Inspiración: «What got you here won´t get you there» Marshall Goldsmith

Foto:dejadecontaminar

¿Ofreces resistencia?

resistencia

 

Si has tenido la posibilidad de ser agente del cambio en alguna organización,  seguro que has pasado por diferentes etapas que pueden ubicarse más o menos en: la emoción y el entusiasmo inicial del cambio, pensando en cómo va  a tener lugar, la desesperación cuando no todo el mundo se ilusiona con el proyecto, la impotencia cuando el cambio es mucho más lento de lo que pensabas y la melancolía cuando has llegado a tu tope de energía, esfuerzo y esperanza y no has conseguido los mínimos que esperabas.

A pesar de que habrás puesto mucho empeño y bastante de ti mismo, el cambio en muchas ocasiones no lo vemos como  un trabajo fácil aunque lo que realmente hacemos es complicarlo  en exceso, cuando no estamos dispuestos a ver las diferentes perspectivas de los implicados en él. Lo que a ti te puede parecer que es ideal puede no ser visto con el mismo entusiasmo por otros actores, qué,¿ por qué? Piensa en cuando tú estabas al otro lado, ¿lo recuerdas?

Observar y tener en cuenta estas resistencias desde el principio te puede dar muchas pistas, el propio lenguaje corporal de las personas en las reuniones puede alertarte de quienes no sólo no se encuentran cómodos con el cambio, sino que ofrecerán resistencia.

Algunos porque creen que no se enteraron de la forma adecuada o no se les tuvo en cuenta, otros porque creen fruto del miedo que no se adaptarán a las nuevas habilidades requeridas sobre aplicaciones o programas informáticos y otros porque sacarles de las zonas de confort será una ardua tarea, pero en otros casos también puede deberse a que ese cambio ha sido anunciado por muchos gerentes y managers en muchas ocasiones y nunca llevado a cabo por lo tanto el depósito de entusiasmo en el proyecto es directamente proporcional a su confianza en él.

Antes de que te rindas, te enfades o decidas hacerlo solo, piensa que emplear más esfuerzo al inicio te puede proporcionar grandes réditos. Identificar muchas de estas cuestiones y referirlas con soluciones y propuestas para generar confianza será uno de los puntos clave.

Algunos de los pasos que puedes emplear en ese Plan de esfuerzo inicial son:

  • Conversa: una vez que hayas detectado las resistencias más fuertes, investiga sobre ellas. Escúchales, manten conversaciones abiertas en las que puedan expresar todas las susceptibilidades que les proporciona el proceso.
  • Insiste amablemente: trata de entender su situación, empatiza con la persona, comprendiendo sus puntos de vista y desconectando sus creencias negativas.
  • Arráncale un pequeño compromiso: cualquier paso por insignificante que te parezca será estar más cerca del objetivo. Investiga sobre sus motivaciones con la mente abierta, sin dar por hecho o asumir que tiene las mismas que tú.
  • Agradece: tanto la conversación contigo, como la confianza y la participación.
  • Mantente cerca: celebra sus logros y anímale a seguir conquistando sus miedos.
«Las cosas no cambian; cambiamos nosotros» Henry David Thoreau 
Así que ya sabes, ¡si tú cambias, todo cambia!
Fuente: «Overcoming resistance» Mary Jo Asmus

¿Ordenas o enseñas?

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Desde que entramos en contacto con el mundo, apenas recibimos otra cosa que órdenes.

Tu relación con tus padres cuando eras pequeño, se debatía entre “haz esto” y “no hagas lo otro”. Más tarde cuando fuiste al colegio este sistema continuó, entonces eran tus maestros los que te ordenaban, hasta que más tarde llegaste a tu trabajo y ya fuese en el ejército, en una oficina o en cualquier otro lugar ,las órdenes eran las frases que más has escuchado durante años.

Seguramente cuando tengas hijos, seas maestro, jefe u ocupes una posición que relaciones con la autoridad tu automatismo será éste y no otro, las órdenes.

Ahora quiero que pienses en los día más agradables de tu vida pasados en estos ambientes, en los que más aprendiste, en los que de verdad te impactaron, seguramente fueron experimentos, descubrimientos que hjiciste por tu cuenta y no fruto de estás órdenes, los que más te cautivaron.

Las órdenes guardan en sí mismas una paradoja, son relativamente fáciles de dar, se pueden especificar tanto que se puede dejar a la persona sin iniciativa y con poca variabilidad en el comportamiento y así creer controlar el resultado al máximo, pero seguramente en la siguiente ocasión requerirá una orden de las mismas características para poder llegar al mismo objetivo, no hay avance.

¿Quiere esto decir que no se aprende nada? No exactamente, pero hay muchas cuestiones que se pierden el proceso, una de ellas es la responsabilidad y la iniciativa durante el mismo, que la orden sea tan detallada deja escaso espacio a la innovación, a la propuesta y a sentir que se confía en alguien y además como ya arrojó el viejo estudio de IBM las mejores bazas del aprendizaje para recordar,  consisten, no sólo en decirlo sino en mostrarlo y experimentarlo, es decir, que cuanto más pensamiento propio lleve la acción, mejor se recordará y más se aprenderá.

Es cierto que para poder cambiar esta forma de dirigir, se necesita tiempo y esto es un lujo en muchos trabajos, pero si los managers siempre se dedican a lo urgente y no creen que invertir en la autonomía del trabajador es importante, habrá poco que hacer.

Acostumbrarse a mandar puede tener alguna que otra  intención  positiva para el manager, la falsa sensación de control, que las cosas se hagan más rápido, que se hagan según su conocimiento y que su figura se vuelva imprescindible en la organización aunque éstas tengan su parte negativa y es que nadie moverá un dedo sin su aquiescencia, ni planteará una solución o una respuesta. El resentimiento y la baja productividad serán los  seguros resultados de un comportamiento así, con lo que la siguiente queja del manager será hacia la poca iniciativa, responsabilidad y ambición de sus empleados, pero ¿quién patrocina esto?

Siempre se pueden cambiar estos tics y producir el efecto deseado, pero exige el entrenamiento de las cualidades más altas del gerente respecto de la empatía, el interés en los demás y una disposición a cambiar el enfoque con el que trabaja con el personal.

El  único obstáculo interno y universal, como  asegura John Witmore, descrito con diferentes términos es el miedo al fracaso, la falta de confianza, la duda sobre uno mismo y la creencia de autoestima.

Ninguno hemos nacido con el conocimiento ni técnico, ni sobre las personas para  dirigir compañías, grupos y organizaciones. Si nuestros estudios avalan los conocimientos técnicos, ¿cómo podemos hacer lo mismo con las personas? Podemos seguir la fórmula de la prueba-error y el camino difícil o podemos optar por trabajar y entrenar  todas estas cuestiones en nosotros mismos, puesto que tenemos los recursos y luego ponerlos en marcha en nuestros puestos. El fortalecimiento de la autoestima de nuestro empleados, el hacerles creer en ellos mismos y en que su esfuerzo tendrá una recompensa, pueden obrar la magia en tu lugar de trabajo.

Quienes se hayan sometido como CEOs , gerentes, managers o jefes a un proceso de coaching y reconozcan su éxito sabrán de lo que estoy hablando, quienes todavía no hayan oído hablar de ello, les ruego que se informen y quienes lo estén pensando decídanse ya, usted y sus empleados se lo merecen.

¿Cómo piensas tú?

pensar

“Piensa mal y acertarás”. Este refrán que muchos utilizan como un máxima cierta que excusa  su falta de confianza en el Ser Humano o revela cómo es en realidad su pensamiento, me exaspera.

Además de manifestar lo anterior, pone cuerpo y mente en una constante alarma que llena  el sistema de estrés gratuito hasta agotarnos y malhumorarnos durante todo el día. No es un mensaje de «analiza pros y contras», sino de «alerta, lo que hace el otro es en tu perjuicio».

¿Habéis conocido alguna vez a alguien que sea amable, feliz, alegre, divertido que haya dicho ésta u otra frase similar? O es típica de en quienes no se puede confiar y creen que todos son de su misma condición.

Algunas personas no  ven con buenos ojos al que se esfuerza por mejorar y  sobresale del grupo  con valores y comportamientos excelentes, sino que por contra se convierte en objeto de burla, chanza y  crítica, sin concederle más mérito que una hipocresía de escaparate, para que presionándole vuelva a formar parte del homogéneo  grupo.

Pues este acoso y derribo también se lleva contra quienes mantienen su confianza en que las personas actúan de manera que también quieren mostrar ser dignos de confianza para los demás, o acaso ¿podría funcionar nuestra sociedad si no existiese la confianza como norma? Pensad en cualquier negocio, venta, intercambio, respeto por las leyes… todo se basa en una presuposición de la confianza.

Ver fantasmas donde no los hay o no preocuparse por esta vertiente de nuestra personalidad, escondiéndonos en la masa, puede provocar múltiples perjuicios, desde que no nos vean como posibles socios, a relegarnos en ascensos, no fiarse y dudar de cualquier cuestión que llevemos a cabo.

Nos podemos creer muy listos y que hemos engañado a alguien, pero la sensación que dejamos en las personas con nuestro lenguaje corporal, nuestro tono y el modo de actuar enturbian nuestra imagen hasta límites insospechados, difícilmente reversibles.

Una de las cuestiones que no verás jamás hacer a alguien que vive este mantra es dar sin pensar en no recibir, casi siempre sus comportamientos muestran un único interés el suyo.

Además de perderse una de la grandes cuestiones, como la anterior, directamente relacionadas  con  la felicidad, no pedirá nunca ayuda y esperará a que se la ofrezcan para no tener que devolver favores, pocas veces será agradecido y si a esto le sumas el no poder confiar en él, ahí tienes a alguien difícilmente feliz, un auténtico huraño, pesimista y descreído de cualquier acción extraordinaria y altruista que pueda llevar a cabo una persona.

Estás seguro, ¿aciertas pensando mal?

«Holacracia»

jerarquía

Terminé el último libro de Goleman, “Focus”,el que pienso releer en un tiempo porque es cierto, que cuando vas avanzando en determinadas materias que te apasionan, cada nueva lectura, relacionas y observas algo nuevo en lo que antes no había reparado.

 Estaba pensando en los equipos en cómo se constituyen en quienes los lideran y cómo,  cuando me sorprendió la noticia de la innovación de empresa ”Zappos” en su estructura organizacional con la llamada “Holacracia”. No he podido indagar todo lo que me gustaría a este respecto, pero el fundamento de acabar con las jerarquías al uso, estableciendo reglas y procesos, no deja de ser algo apasionante para mí. De repente, todo encaja en mi mente.

Desde que me dedicaba a la política y nuestro mantra siempre había sido “Gobiérnate”,he creído que lo más importante para las personas era tomar las riendas de su vida en primera persona y dirigirla sin confiar tanto en que otras personas hiciesen su trabajo o decidiesen por ellas.

Siempre defendí que los municipios son la organización ideal para este modo de gestión, los veo como las polis griegas, claro está sin esclavos e  incluyendo en su gestión  mujeres y metecos. Ahora que las nuevas tecnologías nos lo ponen fácil, la excusa de imponer jerarquías y oscurantismo, huelga.

 Trabajar en asuntos y proyectos en distintos equipos, en  lugar de estar pendiente del título o de tus funciones puede ser un alucinante motor de creatividad e innovación, que también nos descargue del estrés competitivo. Que además  sea el  espaldarazo definitivo a quienes les mueve el compromiso y la visión y misión de sus empresas y hacer algo más grande por la sociedad y por tener una visión sistémica.

Estoy de acuerdo en que es un cambio gigantesco en las mentes y proceder de las personas, acostumbradas a jefes, órdenes y a ceñirse estrictamente a las funciones, trabajar individualmente  y que este sistema también requiere un cambio en los trabajadores,que serán más responsables, flexibles, proactivos, creativos, con capacidad para trabajar en equipo.

 Me imagino esas organizaciones donde la buena comunicación y la confianza serán la base del trabajo, en las que la empatía, la escucha activa y el feedback tendrán un valor definitivo y ser asertivo será una cuestión prioritaria para adaptarse.

 Me alegro de que muchas de las personas que he conocido en los procesos de coaching ejecutivo y que tienen inquietud por cambiar las cosas, empiecen a ver horizontes nuevos.

La “sociedad del conocimiento” no se merece menos.

Foto:unahistoriaclinica

Sé tú el cambio

gandhi

Respecto del desarrollo personal  y las habilidades sociales, la empatía, asertividad, inteligencia emocional, dos personas que vivan o trabajen juntas, pueden estar situadas en las antípodas y mientras una no ceja narrando las bondades de éstas, a la otra persona o le suenan a chino, les chirrían con sus procederes, o directamente le tachan de sensiblero, soñador, inmaduro o  que le falta un hervor.

 La distancia marcada por dos posiciones tan antitéticas puede dar lugar a una incomunicación, falta de entendimiento, sospechas, recelos y tópicos no faltos de atrezzo interpretativo que pueden hacer de la improductividad el marchamo de su relación.

De este modo quienes comienzan a entrenar para estar en un nivel superior con respecto a estas habilidades, buscan compromiso y propósito en su trabajo y personas con este desarrollo, y pocas posibilidades tienen,sin abrir su perspectiva a otras situaciones, de entender a quienes han conocido un panorama muy distinto, ya sea por el entorno en el que han vivido, trabajado, por quienes les rodeaban, o porque hasta ahora nadie le ha despertado el interés o mostrado los beneficios de esta «magia social”.

 La velocidad para ir de una posición a otra, el espacio y el tiempo dependen de varios factores, del interés que se despierte en la persona, del modelo y ejemplo que quien está en un nivel más avanzado dé, de la pericia para mostrar los beneficios que tenga, en fin de poner en marcha todas las cualidades que se presuponen cuando “te has trabajado” durante tiempo.

Algunas personas   se rinden enseguida, les dan dos oportunidades y a continuación se pliegan a tacharla como una persona imposible. Seguramente no han pensado en los años que han tardado en automatizar sus reacciones a sentimientos de recelo, desconfianza, temor a fracasar, a mostrar inseguridades, a decir “no sé”. Quizá necesite más tiempo y tú te has rendido.

Hay una frase que se le atribuye a Gandhi que plasma perfectamente el modo de uso para provocar el cambio “Sé el cambio que quieras ver en el mundo”.

 A partir de ahora cuando quieras que algo cambie, que alguien cambie, no sigas empujando, no critiques, no gastes tu energía en enfocarle o enfocarlo. Simplemente dirige el foco hacia ti y piensa:

  • ¿Qué no he hecho hasta ahora?
  • ¿ Qué puedo hacer diferente?
  • Piensa en esa persona en su situación personal , laboral en sus aprendizajes.
  • Adáptate a su lenguaje, a sus tiempos, indaga en lo que cree.
  • Acércate en  pequeños pasos que no perturben su desarrollo, ni desequilibren de golpe su vida

Seguramente encontrarás  muchas más pistas de esta forma, para acompañarle a su siguiente nivel.

No todo el mundo ha tenido la suerte que tú de ser consciente de que el poder reside en uno mismo y en sus habilidades para interactuar con los demás.

Plantéatelo como un reto, hoy esa persona se llama de una determinada forma y ocupa un determinado puesto pero mañana puede ser otra y dentro de unos meses otra y si no has conseguido tu propósito, empujando desde fuera y frontalmente su cambio, tu vida será melancólica e improductiva.

Seguro que prefieres ser un líder-coach. ¡Entrena!

Recuerda de nuevo a Gandhi » Perder la paciencia es perder la batalla»

Cara a cara

caraacara

Miedo, pereza o vergüenza. Si lo piensas detenidamente la mayoría de las cuestiones que no resuelves en tu día a día,  que te impiden alcanzar tus sueños y que te apartan de tu éxito, tienen que ver con ellas.

En este post quiero reflexionar sobre cómo nos escondemos tras todo lo que la tecnología pone a nuestra disposición para no llevar a cabo muchas de las acciones que podemos resolver «cara a cara» y cómo influye en nuestro entorno.

 Cuando en nuestros equipos- y para mí no tiene diferencia laboral o personal- se convierte en cotidiano  resolver cuestiones importantes a través de correos electrónicos, mensajes de texto o chateando, estamos haciéndonos un flaco favor a nosotros mismos y al equipo.

La importancia de los mensajes no está en ese 10%  del contenido, sino en el tono, en la expresión corporal, en la mirada en un sinfín de cuestiones, que si ya son difíciles de tratar por teléfono, imagina en la Red.

Como tú escribes un correo, con la intención que lo haces y lo que quieres decir, depende de tu estado de ánimo, de tu redacción, de cómo hayas entendido el mensaje, de lo inspirado que estés en ese momento, de lo que te haya ocurrido desde que comenzó el día… de un montón de detalles que a pesar de los emoticonos que puedas utilizar, no trasladan la mayor parte de tu mensaje.

Si es imprescindible esta forma de trabajar en tu caso, presta mucha atención a las diferentes lecturas que puede tener tu mensaje y acláralas por adelantado.

Si no es así y puedes desplazarte dentro de tu oficina hazlo, los beneficios son increíbles. Los espacios abiertos te conectaron con los cercanos pero todavía puedes ampliar más tu conexión, incrementar tus conocimientos, tener otras perspectivas, aumentar tu creatividad y convertirte en innovador.

No  hay mayor inversión, ni más económica  en una compañía que  dos o más empleados se conozcan por aquello de las sinergias.

Además desarrollas  tus habilidades sociales, tu comunicación, que sólo se mejoran con el entrenamiento: la empatía, asertividad, apertura de mente… Todo esto, sólo poniéndolo en práctica, conseguirás dominarlo.

 Una posición constante detrás de tu mesa, escondido tras tu pantalla te aportará bastante poco a tu vida y a tu  desempeño.

Nuestra neuronas espejo están deseando trabajar y conectarse para ampliar tu red social, tus habilidades y  tu felicidad, que parecen buenos caminos para el éxito.

Así que la próxima vez que tengas que resolver algo importante que sea «cara a cara».

Un minuto  de coraje, dará sus réditos.- 😉

El poder y la autoridad

El poder y la autoridad

Luis Huete en este artículo sintetiza con gran acierto muchas de las palancas que el poder tiene en sus manos para acrecentarse y controlar o para sin imponerse convencer, moviéndose entre las dicotomías: atesorar-compartir recursos, recompensa-castigo, coacción-colaboración, deshacerse de los enemigos-atraer a los oponentes, si trasladamos estos conceptos a nuestra realidad, las palancas más éticas pasan a un segundo plano, en el que el «poder duro» toma protagonismo, una sociedad en la que los partidos políticos lejos de empatizar con los ciudadanos y hablarles a ellos, se interpelan entre sí en su única misión de «deshacerse del contrario». Cuando el mundo va hacia tendencias más cooperativas que fomentan las redes sociales, los avances científicos y las neuronas espejo, parecen ser de otra pasta y seguir «apalancados»

La responsabilidad de elegir a otros líderes con características más acordes a los resultados que queremos producir, está en nuestra mano. hagamos una buena selección de personal!!

diderot