¿Un Tetris?

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Un estudio del departamento de psiquiatría de la Harvard Medical School  investigó el efecto de este juego en alrededor de unas treinta personas. Recordáis en qué consiste, hay que ir colocando cuatro piezas con formas distintas  para que vayan encajando en los huecos libres y rellenen una fila, cuando está completa, se elimina, si no las colocas bien, se van amontonando hasta que llenan la pantalla y pierdes la partida.

Pues bien, estas treinta personas, jugaron durante bastantes horas al día, durante tres días seguidos. El resultado fue, que cuatro días después del experimento, algunos no podían dejar de soñar con las piezas del juego cayendo del cielo, otros las veían en cualquier lugar, incluso hubo alguno que describió sus visitas al supermercado como una partida del juego, en la  que intentaba rellenar los  huecos entre las cajas de cereales y demás productos.
¿Qué es lo que había ocurrido? Pues que ellos mismos habían instalado ese software y esos patrones en su cabeza tras tantas horas de juego.

Esto es lo que muchos de nosotros hacemos cuando no desconectamos de los comportamientos que tenemos en nuestros trabajos, en los que  consumimos tantas horas al día. Existen muchas personas que son incapaces de romper el patrón del comportamiento y la función que desempeñan en sus trabajos. Os pondré tres ejemplos de dedicación en las que se da,  en un grado considerable y  con los que rápidamente podéis encontrar analogías con vuestra profesión. Uno de ellos son los maestros, quienes se pasan el día corrigiendo a sus alumnos comportamientos y déficit de conocimientos, que  tienen dificultad para  compartimentalizar espacios y  siguen  haciendo lo mismo en su vida con sus familias, otro pueden ser los auditores, personas que se pasan el día buscando en grandes cantidades de información el error y por lo tanto lo continúan haciendo en el ámbito privado y personal y finalmente, el de los deportistas profesionales que trasladan la competición fuera de sus deportes.

Ninguno trata de ser descortés, pesado o desagradable pero el patrón de comportamiento que tanto han entrenado y que tan buenos resultados le da en su trabajo, se manifiesta en ámbitos donde no es tan bien recibido, pudiendo llegar a causar problemas de inadaptación. Pero la gran noticia es, que esta cuestión de enfoque se puede trabajar y conseguir circunscribirla a su ámbito correspondiente. Esto demuestra que el patrón que tú entrenas en tu cerebro, éste lo traslada a otras facetas de tu vida.Por lo tanto,  aunque el relatado sea un efecto indeseado,  podéis imaginaros otras habilidades beneficiosas como: ser más alegres y optimistas.

La práctica de hoy es  una cuestión de escaneo. Pensemos en un escáner, una máquina que tenemos que poner en marcha, cuidar su mantenimiento, configurarla y  que nos sirve para explorar y reconocer, ya sea en medicina, en electrónica o en informática.

Nuestro propio escáner, un dispostivo que  podemos configurar y  que pretende  que escaneemos para explorar y reconocer lo positivo que nos ha ocurrido en el día, para que entrenar este  patrón, nos sea cada vez más familiar y automático.Está científicamente comprobado que ser optimista multiplica las oportunidades y posibilidades en tu trabajo y en tu vida.

Ponlo en marcha, piensa en todas las cosas positivas que te han ocurrido hoy, mínimo tres. Sólo hacer este escaneo ya te proporcionará bienestar y te dará una idea de lo relativamente fácil que es la solución.

Empieza a usar tu mente como un filtro antispam, o te vas a dejar  invadir por cualquier cosa.

¡¡¡Fenomenal!!!

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Son alimento para la mente y arrojan luz sobre el entendimiento y el conocimiento, las palabras, según Jim Roth.

A veces creemos que lo importante  de lo que decimos es lo que queremos decir pero, es realmente lo que decimos. Parece  un trabalenguas y es una realidad, el significado de las palabras, acaso es el mismo para todos.

Qué tiempo empleamos en especificar el término que mejor se adapta a lo que queremos  expresar. Usamos tanta jerga y términos genéricos que a veces somos incapaces de aportar algo más allá  de definiciones de situaciones como  “marrón”, “bueno” o “malo”.

Definir y concretar,  lo alejamos de nuestras posibilidades hasta con las emociones más básicas, ya no sabemos si mal , es triste, enfadado, asustado o enfermo. Damos tan pocos datos a nuestros interlocutores que estos podrán apenas entendernos y menos empatizar con nosotros. Lo hacemos tanto con lo bueno, como con lo malo, pero especialmente con lo primero.

Ponemos poco empeño en trasladar la realidad como la vemos y a veces es esa misma ansiedad, la de no saber cómo expresarlo, la que nos hace sentirnos impotentes para resolverlo. Incluso advertimos menos  soluciones a lo que nos aflige.

Paulo Coelho afirma que no hay arma más poderosa que las palabras y no puedo estar más de acuerdo. Quién si no, nos despierta todas las mañanas. Las palabras se agolpan en nuestra mente nada más abrir el ojo, y a algunos todavía les resuenan las de sus sueños. Qué nos decimos, cómo nos hablamos. Son palabras potenciadoras, positivas, que describen un fantástico día por delante, o todo lo contrario.

Las palabras, los pensamientos, las emociones, las fabricamos nosotros y de nosotros depende primero, que seamos conscientes de esto, segundo, que sepamos que  podemos elegir estas u otras y tercero que somos responsables de lo que de ellas se derive en nuestro día y en nuestra vida .

Esto también se traslada a nuestra relación con los demás, tanto en lo que nosotros decimos como en lo que nos dicen, o no te das cuenta cómo te afecta lo que escuchas.

Si queremos que las personas tengan la deferencia de hablarnos de modo que nos sintamos bien, cómo podemos ser nosotros quienes tomemos la iniciativa. El lenguaje es muy importante en tu experiencia diaria. las palabras que asociamos con la propia vivencia, se convierten en la experiencia misma.Te propongo un truco.

Cada vez que alguien te pregunte cómo estás, responde: “¡Fenomenal!,  Si, si sé que todo no es perfecto, pero piensa en todo lo que tienes y quieres agradecer, no tengas miedo a decirlo, suena ¡Fenomenal!

Te sentirás mejor, al recordar que es un supuesto truco, esbozarás una sonrisa, todos los mensajes que le enviarás a tu cerebro serán de bienestar y positivos. Si sigues practicando, tu humor mejorará, tus relaciones con los demás también  y acabarás disfrutando de todas las pequeñas y grandes cosas que tienes que agradecer en tu vida.

Que no se quede en ti, haz que sea un truco colectivo, compártelo  y que todos, como mínimo el verano de 2013 estemos ¡Fenomenal! . Contágiate.

Recuerda que si no, todo podría  desaparecer…

¿Realmente importa?

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Mientras los hechos se suceden a velocidades de vértigo en nuestra vida. Nuestro cerebro no descansa a pesar de hacer una selección  y filtro constante  para no conseguir gripar nuestros motores, pero aún así, hay quienes se empeñan en dar a muchos de estos acontecimientos el mismo valor y someter a varias atmósferas sus neuronas constantemente.

Ocuparse y preocuparse  por hechos sobre los que no se tiene control, hace que nuestra  imaginación en un uso perjudicial nos sirva para provocar más miedos y ansiedad, en lugar de ayudarnos con las soluciones. Es lo que provoca el estrés, una merma importante en  nuestras capacidades, sobre todo en  la creatividad. Nos acostumbramos a vivir en un estado de alarma constante, siendo difícil que podamos, en este estado, trabajar para buscar soluciones.

Otro de los esfuerzos que acometemos  para aumentar nuestro nivel de estrés es darle a las cuestiones que vivimos en las relaciones con otros, más importancia de la que realmente tienen, magnificando los rasgos negativos y yendo más allá de los hechos. Añadiéndoles creencias, suposiciones y experiencias anteriores. La mayor parte de las veces no ocurre lo que imaginamos. Aunque en muchas ocasiones lo complicamos nosotros hablando de más sobre la cuestión y poniendo a nuestro interlocutor alerta, al dar argumentos y excusar comportamientos que ni siquiera había detectado, por no tener que ver con lo estrictamente ocurrido.

Muchas personas lo llaman “no tener la conciencia tranquila”, pero en muchas ocasiones también responde a circunstancias que por las  analogías de recuerdos que suscitan en nuestra mente, creemos que se repiten en su integridad y por lo tanto, nos enfrentamos a ellas, de nuevo, con las mismas armas. Si una vez no funcionaron y te trajeron complicaciones, qué te hace pensar que ahora sí lo harán.

“La manera en que vemos el problema es el problema” dice Steven Covey. Si respondemos a las creencias que los demás tienen de nosotros disculpándonos y contando una película que nada tiene que ver con los hechos, no trasladaremos  lo que queremos manifestar en realidad, ni conseguiremos nuestro objetivo.

La mejor forma de no ser presa de estos momentos es la reflexión, no actuar ni por impulsos, ni por consejo externo.  Los demás también tienen sus experiencias, creencias e intereses, que aunque no sean trasladados con abyecta  intención, pueden complicar en lugar de resolver, ellos casi nunca tendrán que soportar las consecuencias. Nosotros tenemos todos los datos, resolvamos.

Para tu diálogo mental, escribe en un papel los hechos tal y como ocurrieron, pregúntate qué importancia tienen para ti y qué importancia crees que  tendrán para la otra persona. Qué quieres hacer, cuál es tu objetivo, cómo te sentirías mejor y si con esto que vas a hacer, vas a estar más cerca de tu meta. Guárdalo, léelo en tres días y si sigues pensando lo mismo, hazlo. Si no, habrás comprobado que en un secuestro emocional es mejor no tomar decisiones.

Recuerda el proverbio chino “Si tienes un problema que no tiene solución, para qué te preocupas, y si tiene solución para qué te preocupas.”

Deja fluir el “qi”

Descubre el Efecto Pigmalión

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El poder que tienen nuestros pensamientos y creencias  sobre nosotros, lo comprobamos a diario. Cuando nos decimos que  somos o no  capaces, que el día va a ir mejor o peor, que esto o aquello nos lo merecemos o no.

Todas nuestras creencias se hacen realidad de una u otra forma. Y raro es el día en que desde por la mañana somos conscientes de la importancia de planificar, para que todo este caudal de energía juegue en nuestro favor.

Cambiar el punto de apoyo de nuestra vida hacia lo positivo, es un factor fundamental, ya dimos algunas pautas en el post “Enfócate en lo bueno”, ahora quiero hablar de este efecto en los demás. Cómo nuestras palabras y nuestros pensamientos afectan a quienes nos rodean.

La importancia de creer en las personas y en sus habilidades y capacidades es definitiva para llevar una empresa a buen puerto. Si en algún equipo quien dirige no cree en los demás y se lo traslada por medio de gestos, reparto de tareas o incluso repitiéndole constantemente lo que hace mal, no conseguirá su objetivo, sólo quemarle, desmotivarle y mermar su confianza en sí mismo.

Muchos son los experimentos en los que se demuestra que enfatizar la fe y creencia en las capacidades de las personas, tiene efecto inmediato. Por ejemplo, los que recoge Shawn en su libro. Él ha comprobado que en un  experimento  para resolución de problemas matemáticos, en el que se pasaron dos cuestionarios entre personas de diferentes razas, tras el primero se les indicó que las personas asiáticas tenían  mejores resultados en estas áreas que los demás, en el segundo cuestionario esto se demostró con el aumento en su puntuación.

Son muchos los personajes famosos que tuvieron la suerte de contar con un efecto Pigmalión en casa, sus madres, como fue el caso de Caruso, que consiguió no desanimarle a pesar de las negativas que recibió en su infancia y en el principio de su carrera.

Esto quiere decir que además de cambiar nuestro estado mental también podemos hacerlo con el de los demás. Por lo tanto, aviso para todos esos jefes y padres, que, lejos de confiar y alimentar las capacidades de sus empleados e hijos, se enfocan en los errores y defectos.

Si quieres ser el escultor de Ovidio y conseguir con tu mármol una Galatea ideal, cuando vayas a ir a trabajar y  pienses en tu equipo, pero también cuando sea  en tu  familia  o amigos,  pregúntate:

  • Creo que las habilidades y capacidades de ellos están predeterminadas o en que pueden mejorar con esfuerzo
  • Qué les haría encontrar esa fuerza necesaria para hacer el esfuerzo
  • Cómo puedo yo contribuir con mis palabras, gestos y creencias

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Negociación o adhesión

negociacion

Puede  ser que sólo sean de tu agrado y conectes con las personas que te dan la razón. Seguro que conoces a alguna persona que no te ha dado la razón y sin embargo te cae bien. Quizás entiendes su comportamiento porque los argumentos que esgrime para no coincidir, son los mismos que has dado tu alguna vez o que comprendes que son aceptables. Has pensado en cómo influye esto en ti.

Cuánta importancia tiene que te den la razón en todo y de inicio, para que exista la posibilidad de llegar a un acuerdo en una negociación.
Qué es cooperar, dar opiniones sentando cátedra, sobre el trabajo o la idea de otros, atacándolas y malogrando el prestigio de su portavoz, sin añadir nada nuevo.
Qué te hace pensar que tú eres mejor, si sólo tienes tu perspectiva y tu experiencia.
Qué te impulsa a desdeñar las ideas de otro, sólo porque no son las tuyas. Quizá podrían ayudarte a matizar o mejorar.
Cuando cooperas, trabajas en equipo, colaboras, hacéis juntos, dónde te posicionas, dónde te imaginas tú: en el grupo, al frente del grupo o por encima de él.

Antes de ir a una negociación, tienes claro el objetivo, lo que estás dispuesto a ceder, de qué se va a hablar en la reunión y quién lo va a hacer. La preparación es lo más importante o vas cómo si tu idea se defendiese sola. Trabajas sobre los argumentos de “acusación” y “defensa” para ver todos los prismas.

Has valorado que captar con simpatía los distintos puntos de vista de los que negocian con antelación, poniéndote en su lugar y reflexionando sobre las distintas creencias que pueden tener, les puede hacer más proclives a llegar a un acuerdo contigo.

Estás tan pendiente de ti, de lo que vas a decir y de lo que te van a responder, que no escuchas y no prestas atención a sus gestos y movimientos.

Juzgas a las personas por su primera impresión, pero, controlas la que tú das. Tu tono de voz, lo que dices, tus gestos y tu imagen.

Te condiciona lo que los demás te han contado sobre los negociadores, tanto que a veces sólo vas a confirmar que tienen razón o crees que esa parcialidad es fruto de su propia experiencia e indagas sobre todo sin prejuicios.

Qué prefieres en el fondo, que la idea se lleve a cabo o que quede claro que el que mandas y de quién fue la idea, eres tú.

Si quieres jugar el papel de negociador y quieres mejorar, qué de lo anterior vas a tener en cuenta.

Recuerda que un “no” es un obstáculo muy difícil de salvar.

Quieres entrenar acciones útiles:
1) Empieza por defender la postura del contrario, resalta todos sus puntos de vista y pon énfasis en lo común.
2) Discutir no da beneficios, ni resuelve nada. No caigas en hablar sobre anécdotas, ni en reproches de ningún tipo.
3) Sugiere, no opines.

Si al principio no lo consigues, sólo empezar a detectar tus tics, es un buen comienzo. ¡No te desanimes!

¿Quieres ser mi líder?

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La literatura acerca del liderazgo es prolija. Sobre todo en lo que concierne a cualidades, competencias y demás. Siempre que leo alguno de esos documentos, me pregunto, a quién se dirigen esos artículos y estudios.

Son consejos para principiantes, para jefes, para personas que están catalogadas como de alto potencial o para  que todos y cada uno de nosotros, dándonos por aludidos los pongamos en práctica en nuestro entorno.Apuesto por esta última opción.

Si pienso en quienes lideran en la actualidad empresas, organizaciones, partidos políticos, en muchos de los casos, no encuentro similitudes. Para mí, muchos menos casos de los que me gustaría ,se asemejan a  lo que yo entiendo por líder.  He de reconocer que en empresas pioneras y vanguardistas, he encontrado a través del coaching ejecutivo, hombres y mujeres líderes que constituyen la excepción. Personas muy preocupadas por conocerse mejor y desarrollarse para poder ser excelentes en sus desempeños. Y que por ende ahora  son excelentes personas que, al conocerlas, se distinguen de lejos.

Escuchando una conferencia de Peter Senge sobre si el líder nace o se hace, convengo con él  que a pesar de que puedan  tener unas determinadas características de inicio, el trabajo y su desarrollo personal lo pueden “hacer”. Además de tener en  cuenta que  el puesto que desempeñen también debe tener condiciones que lo impulsen.

Muchas de las competencias y habilidades que sé que debe tener un líder, las echo de menos y me va a gustar que la sociedad  futura las valore por encima de otras muchas que permite en los  actuales, ser temido, intransigente, arrogante, egoísta, no ético…

Comparto con John Whitmore, que todas las personas llevamos una bellota dentro que se puede convertir en un fuerte y robusto roble. La cuestión es, quién más lo cree a nuestro alrededor. A veces incluso, en ellos nos trasladan más dudas e incertidumbres de las que ya por si nos generamos nosotros mismos.

Alguien debería decirnos de vez en cuando “yo creo en ti”, “sé que tienes potencial para lo que te propongas” o como apuntaba Walt Disney “si puedes soñarlo puedes hacerlo”.

Esa es la primera característica que  tiene mi líder que empodera, apoya y anima a todos lo que están a su alrededor, les inspira para que saquen lo mejor de ellos mismos. Que todo el mundo quiere estar a su alrededor y compartir la energía positiva que desprende, es lo que  hace patente la importancia del contagio que provoca  ver el lado optimista de las cosas y su preocupación por los demás. Les trata, como quiere que le traten a él.

Esta preocupación se manifiesta en que escucha más que habla, y eso demuestra que también está  dispuesto a aprender de todos.

La siguiente característica de mi líder  es su compromiso, va más allá de su simple bienestar, del de su organización, de las cuestiones básicas y mundanas que ocupan a los demás, poder,  dinero, prestigio, éxito. Le importa  hacer bien su papel, dejar huella.

Mi líder inspira confianza y lo hace de tal modo, que todo lo que lleva a cabo se acompaña de una explicación contundente y convincente en la que su propio ejemplo  es la lección más  clara de su discurso. Es auténtico, argumenta, razona, no regala el oído, ni miente, ni vende humo.

Es proactivo, no espera a que los problemas ocurran, ni espera a que se resuelvan escondidos en un cajón, es capaz de tomar decisiones meditadas y arriesgadas. No es dogmático. Le importa que todos ganen. Aprende del fracaso, no culpabiliza al entorno económico, político o social. Es responsable.

Estas son las características del líder con o para el que no me importaría trabajar durante años, que me gustaría que me gobernase y que quiero que prolifere.

Sé que podrías ser tú. Quieres ser mi líder?

Marca tu diferencia.

¡No haga, deje de hacer!

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Cuando pensamos en nuevos  propósitos y cambios, uno de los pensamientos más recurrentes es hacer con ellos una lista. Nuestras listas de hacer (to-do-list) o de cuestiones pendientes, a veces es tan larga y tiene tanta actividad que nos desanima nada más verla.

Si siguiésemos todos los saludables consejos que leemos en periódicos y revistas, tendríamos la sensación de que las veinticuatro horas del día no nos permitirían  seguramente hacerlo todo. Diez minutos, para meditar, dos veces al día, una hora de ejercicio, comer cinco veces al día, los alimentos recomendados, estirar  cada cierto tiempo, ir de un lado a otro andando, aprender algo nuevo…

Todo esto en la cabeza, nos puede parecer imposible, en una lista escrita, poco abarcable, aunque si lo ponemos por escrito en un calendario semanal, al ver los huecos libres, conseguimos quitarnos esa ansiedad que nos produce no  llegar a todo.

Pero hoy quiero hablar de dejar de hacer, sólo de  parar, no llevar a cabo las acciones de siempre para cambiar nuestro comportamiento.

No analizar nuestro comportamiento en positivo o negativo sino dirigir nuestra inacción hacia un objetivo. Parece rebuscado, no? En el fondo es más sencillo de lo que parece.Un lista de cosas que dejar de hacer.

Por ejemplo, no quiere ser negativo, es decir, que su objetivo es   ser positivo, entonces póngase manos a la obra. Se levanta por las mañanas y lejos de decirle a todo el mundo que odia madrugar, simplemente lo omite. Cuando ocurre algo a su alrededor, no lo ponga calificativo, de manera que si alguien hace un comentario que no le gusta, no le califica, ni lo dice. Para poder ser optimista, sólo debe dejar de ser pesimista.

El entrenamiento consiste en dejar de hacer algo mal. Acabar con un mal hábito que llevamos cabo y que queremos cambiar. Otro ejemplo puede  ser, quiero estar más saludable. Hacer ejercicio o comer más sano, serían acciones positivas que implicarían movimiento, sin embargo si sólo dejamos de comer comida basura, de fumar o de estar sentado continuamente. Cuál va a ser su  efecto en nuestra meta?

Inténtelo, quiere ser más agradable y que a todo el mundo le guste estar con usted. Deje de comportarse como un perfecto idiota y deje de decirle a todo el mundo lo que no quiere oír. Nadie le pide que elogie o sonría sin ganas, simplemente deje de hacer lo contrario.

Acostúmbrese a celebrar las decisiones que no ha tomado, las inversiones que no ha hecho y después se ha alegrado de no llevar a cabo. Las circunstancias que le hicieron que no tomar esa decisión, le mantuvieron fuera del error.  Apreciélas como si le hubiesen proporcionado pingües beneficios, al fin y al cabo eso han hecho. Cuéntelas como triunfos, empezará a ver la vida de otra manera, no todo requiere grandes y costosas acciones, no tomarlas o no hacer, también es una decisión en su mano.

Dejar de hacer, puede ser el principio de una útil herramienta para usted.

Foto: lospotisdelunaria

Los medallistas

Medallas

Decía Gandhi que hay dos grupos de personas, las que hacen y las que se cuelgan las medallas y aconsejaba estar en el primer grupo porque el segundo estaba repleto, “overbooking”.

Quienes hacen con la intención de crear, construir, dejar huella, cambiar las cosas, innovar, no pueden dedicar su energía, en muchos casos a venderse, piensan que las autorías y demás cuestiones son tan obvias, que hablan por sí solas. Son personas humildes, apasionadas de su dedicación y bastante seguras de sí mismas pero en muchas ocasiones, acaban desmotivadas y colocadas a codazos en la tercera fila, antes de que puedan reaccionar, no se lo pueden creer.

Sin embargo los medallistas, suelen ser personas que con la misma desfachatez se apuntan una idea suya, que del vecino, se arrogan todo tipo de paternidades y se creen imprescindibles, en muchos casos para medrar, aprovechándose del buen talante de los demás. Sólo su equipo y quienes les rodean, se dan cuenta de ello y a no ser que se establezca una evaluación en la que se pueda medir estos comportamientos, pasan su vida profesional navegando tanto en aguas tranquilas como procelosas.

Pero me gustaría compartir con vosotros una nueva perspectiva de los medallistas. En algunos casos, son personas tan acostumbradas al éxito y a que por diversas cuestiones- competencias técnicas, habilidades, confianza y seguridad en sí mismos, -les vaya increíblemente bien, que realmente creen que cualquier “toque” que den a una idea, que deje su impronta en ella, por pequeña que sea la contribución, es lo que la ha lanzado al éxito.
Atribuirse el mérito forma parte de lo que ellos entienden como uno de los componentes que les ha hecho exitosos. Tienen una alta visión de sí mismos y de sus competencias profesionales y por supuesto sobre los errores ,o son ignorados, o de ellos no participan en ninguna medida.
Su percepción es que ese comportamiento es el que les ha llevado hasta ahí y que por lo tanto les propulsará e impulsará su carrera, viéndose en poco tiempo protagonistas de un ascenso aún más meteórico.
El pasado es su máximo aliado y puede que en parte tengan razón, pero en el caso de que deban adaptarse o tengan problemas con su equipo, siempre pensarán que son los demás, y no ellos mismos, quienes deben hacer el cambio. Ellos son personas de éxito.

La cuestión que puede truncar estas fulgurantes carreras, puede ser que su jefe o sus compañeros no piensen lo mismo, se sientan afectados por sus atribuciones extemporáneas y por el desdén con el que tratan sus ideas. Todo puede volverse en contra.
En la antigua Roma, el Emperador Marco Aurelio, se hacía acompañar por un esclavo que tras los vítores y alabanzas del pueblo insistía en “ Recuerda, sólo eres un hombre”.
La mayoría de los que creen que son el éxito personificado, deberían dejar de pensar que es la otra parte -los demás- la que yerra , deforma y critica, haciendo gala de defectos capitales y pensar en si quizá esos pequeños cambios, en caso de no hacerse, podrían ser su Talón de Aquiles.

Peter Drucker reconocía que se dedicaba demasiado tiempo a decirle a los líderes qué hacer, pero no qué dejar de hacer.

Colgarse las medallas de un equipo, de un conjunto es minusvalorarle, desmotivarle y perder inspiración y carisma frente a ellos.

Todavía recuerdo al genial Nadal, hace unos días, cuando recién ganado su octavo Roland Garros,preguntado por las razones de su éxito, dijo “hemos venido jugando muy bien”.
Eso es un líder, con o sin medallas.

Tú en qué grupo estás?

Efecto Madonna

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Reinventarse, seguro que no es la primera vez que escuchas este término. A lo mejor, sí es la primera vez que reparas en su significado. Sin embargo, si estás en un atolladero laboral, será un concepto al que estarás más que acostumbrado. Todo el mundo lo aconseja pero, realmente has reflexionado sobre ello, sabes qué puede significar, cómo te puede ayudar.

Hace ya tiempo que tu diálogo interior es: “Supondrá esto que todos los años de estudio y experiencia en “mi campo” los tendré que tirar por la borda y empezar desde cero. Desde cero… uff hace frío ahí. Como no tengo conocimientos de nada más, tendré que volver a estudiar, hacer una carrera u otra más, un máster. Más dinero, más gasto, me servirá de algo. A qué otra cosa me puedo dedicar. Conseguiré ganarme la vida. Competiré con quienes ya llevan años en esa materia. Será imposible. Debo confiar en mí. Ya, pero, hasta ahora lo he hecho y mira donde estoy. Tengo tiempo, al menos dos años, uff este tiempo se pasa volando, y qué haré…qué van a pensar de mi en mi casa… no puedo o sí puedo o no”.

Días y días en que un buen razonamiento cargado de argumentos y reflexiones en la buena dirección, irá seguido de una batería de excusas en contra.

Excusas que te permitirán ganar tiempo frente a ti mismo, perdonarte que te levantes más tarde, que durante un tiempo no busques trabajo, o no te cambies, que juegues el papel de víctima para ser protagonista en tu entorno. Excusas que poco a poco te irán minando la autoestima y la seguridad en ti mismo.

Todos tenemos limitaciones físicas, no somos superhéores, pero si no nos ponemos en marcha, nunca sabremos de lo que somos capaces.

Cuando pienso en «reinventarse», para mí significa, que tras producirse un hecho en la vida que cambia las circunstancias o, cambian las circunstancias y entonces necesitas una acción para reubicarte, miras hacia atrás y compruebas, que el uso de las herramientas que tienes no es suficiente para seguir y que debes repensarlas, cambiarlas o mejorarlas para poderte adaptar. Analizar qué es lo que sabes, en lo que eres bueno, lo que te gusta y cómo lo puedes aplicar de manera diferente para que te sea útil.

En muchas ocasiones, creemos que algo no es posible, hasta que lo hacemos, si no, recuerda con cuántas cosas te ha ocurrido. Recuerda por ejemplo tus fases del aprendizaje al conducir o con el inglés. Desde que te parecía imposible hacerlo hasta que ahora te permites el lujo, de que de manera inconsciente, es habitual hablar y aparcar a la vez. Cambiar de marcha, cantando o pensando en tus próximos proyectos.

Todo se basa en un aprendizaje, quizá necesites un coach que te eche una mano y te preste su caja de herramientas y otra perspectiva de las cosas. Quizás necesitas liberarte de ese estrés que te impide ser creativo y proyectar tus capacidades hacia el futuro.

Lo que es seguro es que no se puede probar que eres incapaz de hacer algo, a diferencia de que lo contrario sí.
La mayoría de las personas hablamos de lo que no podemos hacer. Día y noche. Por el contrario, de lo que hacemos y hacemos bien, parece arrogante y presuntuoso hablar. Entonces dónde comienza nuestra fe en nosotros mismos y nuestro entrenamiento para ser mejores.
Te imaginas cualquier anuncio de un producto que dijese solo lo que no puede hacer. Te parece poco modesto que se alaben sus virtudes.

Comienza a hacerlo contigo mismo. Di con naturalidad en lo que eres bueno no con afán de competir, ni de aplastar o avergonzar al contrario. Practícalo con tus amigos. Decíroslo entre vosotros, sin pudor, hacedlo cotidiano. “A ti se te da bien esto, lo otro”. Olvidad lo que no, no os lamentéis, no os servirá de nada, qué más da, se trata de fortaleceros y empoderaros. Qué más y qué menos podéis hacer unos por otros.

Cuando entrenes para tener más seguridad y confianza en ti mismo, analices tus capacidades y fortalezas y las mezcles con las tendencias del futuro, seguro que dentro de ti se producirá un clic, momento en el que entenderás de golpe lo que significa reinventarse.

Recuerda quien quiere hacerlo encuentra razones, quien no, excusas.
¡¡¡En marcha!!!

La rueda del hámster

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Cuando resumo y cuento mi trayectoria vital en estos últimos tres años, la cantidad de cambios que ha sufrido y como me he ido adaptando, confirmo más mi pasión por el cambio. A medida que he ido saliendo de rutinas y estereotipos, rompiendo creencias y “comodidades”, me he sentido más libre y la creatividad y la alegría son ahora, fieles compañeras.

Nunca había sido tan consciente del símil de la “Rueda del Hámster” en la que estamos inmersos, nunca tanto como ahora. Los quebraderos de cabeza, miedos y críticas que supone el hecho de ser diferente, de no caer en la trampa de “tener que”.

Entre nuestra familia, amigos, colegio, trabajo, estructuramos nuestra mente como si estudiar, “colocarse” en un trabajo fijo en lo que sea, casarse, tener hijos y jubilarse, fuese el sumun de la vida. Cuando la mayor analogía la encuentro en el gusano que hecho capullo con la promesa de convertirse en mariposa, se enreda y enreda en su hilo, y finalmente cuando piensa y quiere salir,ya es demasiado tarde.

Ahora incluso el mantra imperante es estudiar lo que demanda el mercado, como si uno pudiese pasarse más de doce horas trabajando y encima en algo que no es su pasión, por el “mercado”. No sólo eso también tenemos que aceptar sus condiciones y si no, nos amenaza con dejarnos tirados cuando más lo necesitemos.

No os cansáis de ser amenazados con el miedo, a ser mayores, a no tener trabajo fijo, a no tener jubilación, a no tener sanidad. A diferencia de ser ilusionados con la posibilidad de encontrar un sistema mejor, ser mejor personas y tener un objetivo común. Yo no tengo miedo.

La última es el estrés formativo en quienes están sin trabajo, la sensación que tienen muchos es que necesitan más formación. Por favor, tendrían que ver sus currículum. Imposible condensar tanto máster en tan poco espacio, y aún así, la escasez de oportunidades esparcida por el ambiente les hace dudar de sus capacidades. Siempre les falta algo, cuándo será suficiente para ese supuesto puestazo fijo que imaginamos, o ya ni eso, algún trabajo “decente” en el que él, quién menos cobra y más trabaja, sea el más formado.

Tengo, tenemos posibilidades, todos, podemos seguir viviendo atenazados por la escasez y el temor o podemos poner esas energías al servicio del cambio que queremos ver, empezando por nosotros mismos. Si cambiamos por dentro, todo cambiará.

Yo lo he hecho, a través del coaching, acompaño a las personas en sus cambios, si son buenas, quieren ser mejores, si ya son los mejores, quieren ser excelentes.
Son conscientes de que su vida depende de ellos, de sus decisiones, de su actitud, de sus creencias, muchas de las cuales son limitantes y les perjudican.
Empiezan animados por un amigo que lo hizo, con el pensamiento de “yo no necesito eso” y “ yo en esto, no creo” y acaban los procesos sintiéndose responsables de su propio destino y con el necesario conocimiento de ellos mismos y de sus actitudes, como para tener la vida que desean y sentirse poderosos. Pero éste ya es otro nivel de desarrollo. No todo el mundo puede ser cliente de coaching.

Personalmente, siempre me ha interesado el cambio en todas sus vertientes. Que todos los días, además de serlo, parezcan diferentes. Esto en mí, ha sido casi una obsesión, escenificarlo un entrenamiento para mantener la perspectiva de un día nuevo en que sale “otro sol”. Otro día de oportunidades que se inicia ante mis ojos. Cambio de comida, da igual lo que sea, pero diferente, de ropa, me da igual quién sea su propietario o su procedencia, de ruta con el coche, corriendo, de libro, de peinado, de saludo, de todo lo que puedo.

Así consigo varios objetivos: diferenciar los días y renovar las ilusiones, estar atenta a las nuevas oportunidades, trabajo la imaginación, buscando las alternativas, aprendo algo nuevo y hago que mi cerebro no se acostumbre a ninguna rutina, obligándole a entrenar, haciendo conexiones nuevas continuamente.
Me he acostumbrado con estos pequeños hábitos a vivir con algo de incertidumbre, en el ahora, concentrándome en lo que estoy haciendo y en no crearme ansiedad innecesaria pensando en el futuro, ni generando nostalgia endulzando el pasado.

Cada vez que mi charleta mental, toma la iniciativa y me tienta con este tipo de pensamientos negativos adictivos, me hago consciente de dónde estoy y cómo. Me centro primero en mi respiración y la acompaso con el pensamiento, después analizo qué estoy haciendo y para qué y si puedo hacerlo mejor, cómo.

Me he descubierto en numerosas ocasiones acelerada por la película que estaba viendo, encantada con una música determinada, disfrutando de la conducción, conectada en mis sesiones… Ahora soy capaz de prever cómo reaccionar y me da menos miedo todo.

Yo, he conseguido bajarme de la rueda.

De ti depende que lo hagas tú. Al menos, cuestionas la lógica imperante…

Foto: Hamster Wiki

¿(Im)Prescindible?

Delegar
Exactamente qué fue antes lo que aprendimos, el trabajo en equipo o la delegación. En cualquiera de los dos conceptos, un entrenamiento temprano no estaría de más, para los que hemos aprendido sólo de la práctica, una reflexión merece la pena.

Minimizamos el efecto que tiene la delegación en la familia,nuestra primera socialización. En las tareas domésticas, si no las hacemos o las hacemos mal, nos acostumbramos a escuchar impávidos la típica perorata,al fin y al cabo, siempre ganamos y a pesar de no cumplir con nuestra responsabilidad, seguimos teniendo comida y cama a punto y ropa limpia y planchada.

Respecto de los deberes, teniendo en cuenta que todos los niños y niñas tienen los conocimientos y el tiempo necesario, aunque no la disciplina ni la motivación, no se explica que acaben siendo ayudados, si no “suplantados” por sus padres al hacerlos, en aras de la paz familiar. Esto que parece inocuo, acaba siendo altamente pernicioso, porque si uno no es capaz de asumir y exigir responsabilidades a esa edad, más tarde el mal hábito estará instaurado y costará el doble cambiarlo por otro.

Colaborar para que alguien crezca de esta forma es hacerle un flaco favor, ya que por qué va a creer que esto sólo ocurre en casa. Puede pensar que la vida es un constante “escaqueo” en el que unos trabajan y otros viven la “dolce vita”. Esto también implicará que se está cultivando su reactividad y no su proactividad.

En nuestra vida académica, continuamos aprendiendo en este ámbito con los trabajos en equipo de clase, que aunque se denominen así, debían representarse como los títulos de crédito, en los que el tamaño y el lugar, de los verdaderos autores, importan. Todos hemos consentido o sido “gorrones” en algún momento, parasitando a un compañero o compañera que sobresale, trabaja y tiene iniciativa. En ningún caso se nos ha ocurrido exigir responsabilidades o excluirles del trabajo. Pero qué consecuencias tiene esto después.

La primera es que el concepto no es neutro, cuando decimos trabajo en equipo cada uno piensa en su eterna posición. El que trabaja suspira y resopla, el gorrón se ha puesto a elegir ya su mejor camuflaje y los demás piensan a ver quién me va a dirigir ahora o mejor dirijo yo antes de que me den órdenes.

Otra de ellas es que si no se emplea tiempo en acordar unas reglas comunes que todo el equipo deba respetar, cada uno funcionará con las suyas. Los regidos por el hemisferio cerebral izquierdo pretenderán tener un plan previsto, reuniones tasadas, puntos a tratar, fechas de entrega y los regidos por el derecho llegarán tarde, practicarán una constante lluvia de ideas y buscarán innovar o relacionar con cuestiones ajenas, para desesperación de los primeros. Estarán en otros detalles y la conclusión del trabajo será que todo el mundo creerá que él o ella, ha sido el alma mater y que los demás le deben prácticamente la vida.

Una tercera consecuencia es que el más proactivo del equipo, se erigirá en líder sin consenso, querrá plasmar y plantear su idea a falta de alguna otra que considere como mínimo igual y ante el asombro de los demás, que asentirán impertérritos, se pondrá en marcha con sus reglas y su impronta, debiendo todos rendirle pleitesía sin cuestionar lo más mínimo del trabajo. Esto claro, lo podrá hacer a costa de toneladas de estrés, adicción al control, sin apoyo del equipo y no durante mucho tiempo. Además su resumen será “no hicieron nada”, “tuve que hacerlo todo yo solo”.

En las organizaciones como existe un líder predeterminado, está claro quién dirige y delega, lo que no es tan evidente es cómo. Puede entender que perder el control total supone no participar del proyecto, o creerse imprescindible para que salga o llegue a buen puerto. Esto generará malestar en el equipo, la falta de comunicación y sensación de desconfianza les desmotivará y además esta tarea impedirá al líder ver más allá de las labores rutinarias que deberá supervisar para ejercer su férreo concepto de control. Con lo que pasará a ser un ser totalmente prescindible en la organización al no tener visión a largo plazo.

Según Steven Covey “la delegación efectiva representa tal vez el mejor indicador de la administración efectiva, simplemente porque es fundamental para el crecimiento personal y organizacional”
Así que si le interesa comience a delegar:
• Identifique la actividad por escrito y comprométase a realizarla.
• Calcule el tiempo que le va a llevar
• Haga una lista de responsabilidades que podría delegar y de las personas que lo podrían hacer o a las que podría enseñar, y que sean sus propios jefes.
• Establezca unas reglas de ejecución y evaluación: con personas maduras menos directrices, éstas serán más necesarias en inmaduras, las que tendrán también más frecuentes rendiciones de cuentas.
• Organice el plan de la próxima semana, divídalo en pequeñas metas y al final de la semana evalúelo.
• Organícelo cada semana.

Y si esto que al principio puede costar, le facilitase el resto de la vida…
Qué cuesta probar?

Errar o no errar

error
Cuando hacemos un juicio equivocado o llevamos a cabo una acción desacertada, estamos cometiendo un error. La realidad de este concepto, que lleva añadido miedo, ansiedad, culpa y vergüenza, no es nunca peor que en nuestra imaginación y en nuestro juicio.

Cometer un error es normal, sólo quienes hacen, yerran, por lo tanto quienes no hacen o esperan a que los demás hagan, son los únicos que ven el error como una mancha vergonzante en sus currículo vitales y se apresuran a señalarlos en otros, como prueba de su propia inseguridad.

Los que arriesgan, los que toman la iniciativa, los que creen que el ensayo prueba-error es una herramienta y no una trampa, de ellos será el mundo del éxito, del emprendimiento, de los descubrimientos. Todos los demás están tan atemorizados por sus propios juicios y los de los demás que jamás podrán hacer algo los primeros y serán incapaces de sobreponerse a los errores por sus sentimientos de culpa.

La cuestión esencial sobre los errores entonces, no es cometerlos, es el momento inmediatamente posterior. Cómo reaccionamos dice mucho de nosotros, de nuestra autoestima, de la seguridad y confianza en nosotros mismos, de nuestra valentía y de lo interesados que estamos en que los demás confíen en nosotros y sepan que somos auténticos.

La primera de las opciones que podemos barajar, cuando cometemos un error, es la de callarnos, esperando que nadie se dé cuenta. En esta situación imaginar las consecuencias como enormes monstruos, nos hace que nuestro miedo nos impida ver los resultados reales de no resolverlo en el momento.

Esconder el error, puede acarrear tener que mentir, culpar a otra persona, provocar consecuencias peores o como mínimo imprevisibles al no señalarlo y tener que vivir con la experiencia llamando a la puerta de la conciencia cada vez que el cerebro a partir de otras sensaciones desate esas emociones.

Si además de esconderlo, somos descubiertos, volvemos a tener, como mínimo otras dos opciones, seguir negándolo, multiplicando las anteriores posibles consecuencias o reconocerlo. En el caso de que nuestra valentía haga su aparición para tratar la cuestión. Se vuelven a bifurcar los caminos, podemos admitirlo y llenarnos de excusas y justificaciones, con la intención de salir del paso. Encontrar una razón exterior a la que culpar y encender la ira de nuestro interlocutor, conocedor de que quien se excusa no cambia o, admitir el error sin más. En esta situación dependiendo de quién sea la otra persona y su grado de desarrollo, podemos esperar que incremente la carga de la culpa y arremeta contra nosotros, el jefe- autoritario, o que comprenda nuestra situación y trate de ayudarnos a extraer algún aprendizaje para la próxima vez, el jefe- líder, de manera que no haya sido un error en balde.

La opción óptima es, por encima de todas las consecuencias que tu imaginación encuentre, admitir el error de entrada. Si además  lo haces rápida, y enérgicamente desarmarás a tu interlocutor. Si a esto le sumas una crítica a ti mismo, piensa en este sentimiento liberador y te dices todo lo que él está deseando decirte, incluso le quitarás la razón.

Algo está cambiando en el mundo para que Jean-Claude Biver Ex-CEO de Hublot Genève crea que perdonar y arbitrar fórmulas para que las personas arriesguen son condiciones indispensables para la creatividad y la innovación. Seguro pensó en  Einstein “quien no ha cometido un error es que no ha probado algo nuevo”.

Te propongo que durante esta semana seas proactivo en el reconocimiento de errores e incluso cuando no los hayas cometido, atribúyetelos, atrévete a desafiarte. Pide perdón, reconócelos, desempolva  tu valentía y tu sabiduría. Rectificar es de sabios, no? Te parece una locura, pues prueba y observa qué efecto produces en las personas, en casa, en el trabajo, con los amigos, critícate. Libérate de la necesidad de avergonzarte cuando yerras.

A lo mejor a partir de ahora cambias de táctica…

Recuerda : “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”
Goethe

•Pincha en la letra negrita y podrás acceder a un interesante video de Jean-Claude Biver
Foto: todoroms.com

Cerrar todas las ventanas

cerrar ventanas

Nuestro día a día nos deja poco tiempo para pensar y reflexionar. Vamos de un lado a otro sin reparar en muchos detalles que nos perdemos por intentar llegar antes a un futuro incierto o huir de un pasado cercano.

De repente nos damos cuenta que todo nuestro periplo diario está impregnado de un malestar general que no sabemos muy bien a qué achacar. La sensación, algo sin resolver, sobre qué, no lo tenemos muy claro, la urgencia de llegar a nuestra próxima tarea o nuestro próximo destino, nos impide acertar con la causa.

Llegamos a casa, paramos, qué nos ocurre, nos preguntamos, será el trabajo. Repasamos mentalmente lo que ha sucedido durante el día y lo descartamos, fue más de lo mismo. Será la alergia,el tiempo, que no he hecho ejercicio, he dormido poco, tengo estrés. Sólo sé que tengo un profundo malestar.
Continúo dándole vueltas a todo. Desde cuándo me ocurre, puede que desde hace tres o cuatro meses. Qué ocurrió entonces. Ahora recuerdo, aquello que dejé con aquella persona sin resolver, que no cerré, que me importaba, sobre lo que decidí no pensar, creyendo que el olvido haría de las suyas, librándome del pesar.

Hoy veo claramente que erré, mis sentimientos de angustia, de ansiedad, mi constante malestar, lo que acabo pagando con otros, todo se reduce a mi conversación pendiente con esa persona. Lo que le hubiese dicho, lo que ahora le querría decir, lo que me gustaría zanjar ese tema…
Quizás será mi miedo a saber la verdad. Qué verdad, a lo mejor la que yo interpretaba que iba a recibir. Apenas recuerdo lo que dijo y lo que dije pero la sensación la percibo como si hubiese sido hace un momento y no me deja descansar.

Cuando me impulso para hacerlo, hablar con ella, aparece el miedo y cuando me contengo e intento olvidar, ese maldito malestar otra vez. Dos opciones no son opciones, busco una tercera…

Con las herramientas que tengo, no encuentro otra solución distinta, necesito otros matices, otras perspectivas que me saquen de mi bloqueo, qué hago, será tarde para hablar, qué pensará si me dirijo a ella con un tema de hace meses. Qué va a pensar de mi, seguro que me contesta mal. No, todas estas son excusas para no hacerlo y que no ocurra. Querrá decir eso que tengo que vivir con mi malestar. Hasta cuándo podré manejarlo…
Estoy decidido, no puedo dejar que esa conversación pendiente haga bullir mi cerebro hasta derretirme en una maraña de dudas, tensiones y presión.

Si esto te ha ocurrido alguna vez con alguien de tu familia, amigos, personas del trabajo… no lo dejes, no pasará. No renuncies a un montón de posibilidades que pueden llevarte lejos por no tener esa conversación a tiempo. Por no decirles eso que tienes pendiente.

Te dejo unas reflexiones que te ayudarán:
Si te has parado a pensar y has encontrado la causa, serás consciente de tu responsabilidad, piensa en cómo te comportaste y qué puedes haber hecho para llegar a esa situación.

Deja de interpretar y suponer lo que hizo la otra persona. Apaga tu diálogo interior.Piensa qué pudo haberla hecho reaccionar así. Crees de verdad,que fue intencionado. Podía estar ella pensando, quizá, lo mismo que tú.
Si esa persona te importa y te aporta, no lo dejes pasar. Cuando sueles querer hacerlo ya es tarde y sólo queda arrepentirse. Lo que puedo ser y no fue.

Piensa en una nueva conversación. Escribe, hazte tu guión, que sea lo que tú le quieres decir y que todo esté suficientemente claro. Guárdalo y si lo vuelves a mirar días después, te interesa. Llama.

En cualquier caso, cerrar esa ventana que te está gastando tanta energía, te ralentiza y a veces te bloquea, será lo más “ecológico” para ti.

Elige el momento y el lugar adecuado y lánzate.

“No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles.»
Séneca

Mejor un acuerdo

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Si tuviera que definir las emociones que experimentamos la mayoría  cuando participamos en una discusión, necesitaría horas para desgranarlas y concretarlas. Si me tuviese que ceñir a las básicas de Ekman, ira, repugnancia, miedo y tristeza serían por este orden las más habituales.

Al leerlas una y otra vez, llego a una conclusión, la única forma de ganar en una  discusión es evitándola. Esta cuestión también se ve más clara cuando se observa desde fuera, cuando asistimos a otra discusión y vemos cómo se suceden todas estas emociones.

En esos momentos no reparas en nada, ni siquiera en que la mayor parte de las veces es con quienes  más quieres con quienes más discutes. En realidad con quien discutimos es con nosotros mismos, con nuestra infelicidad, nuestros complejos, nuestra adicción a exteriorizar lo peor de nosotros. A compartir negatividad, penas, tristezas y malos humos. Sobre todo cuando  lo que queremos es  llevar razón a toda costa, imponer nuestros argumentos, aplastar los del otro, dejar claro que sabemos más, que no nos calla nadie.

Si discutimos y peleamos podemos lograr triunfar pero es un éxito amargo, qué hemos conseguido en la otra persona, sembrar un sentimiento negativo hacia nosotros,  que piense que somos implacables o  que como mínimo, nuestro encendido arrojo es fruto de nuestra falta de autocontrol .

Pasar de un desacuerdo a una discusión depende de nosotros, de nuestra valoración de la situación, de ser lo suficientemente maduros emocionalmente para no dejarnos llevar sin avistar las posibles consecuencias que puede tener.

De qué te sirve cantarle las cuarenta  a tu potencial cliente y dejarle clarito que eres es el que manda, si además de no haberle vendido nada, te forjas un enemigo para el resto de tu vida. Ten en cuenta que todo el mundo que te rodea en una sociedad interconectada puede ser una referencia buena o mala de ti, tú decides.

Recuerda cuando irritado por las gestiones de una compañía llamas a su servicio telefónico y lejos de comenzar con alguna cuestión positiva que impulse a la empleada a ayudarte, le vociferas como si ella misma hubiese sido la culpable de tu mala facturación o de no haber resuelto la incidencia. Qué te hace ponerte así, piensas que esa es la mejor opción. Acaso tú funcionas igual.

Recuerda  cuando estás  frente a la Administración y te piden documentos ilógicos, innecesarios, qué ganas con discutirlo, te van a aplicar la legalidad y si  la rebates  te aconsejarán los juzgados con sus tasas y sus  desvelos. Te merece la pena  destruir tu paz interior por ese proceder. No sería mejor partir de lo que le parece más  o menos lógico y pedir ayuda, sin excitarte.

Cuando termina una discusión, nueve de cada diez veces, las posiciones lejos de acercarse, se distancian y refuerzan más, hasta el límite, que una nueva pasada por el tema hace que la furia se vuelva  feroz.

Un consejo que me gustó y me empeño en practicar es  “Hay que evitar siempre el ángulo agudo”. Qué ganamos con sacar a relucir temas espinosos con personas que queremos, temas en lo que tenemos constancia de que no opinamos lo mismo. Alguien cree que desde fuera se puede cambiar algo.

Ahora piensa  en cómo te sientes después de una discusión, cómo te ves, qué te dices. Seguramente ninguna mereció la pena. El malestar, el arrepentimiento, todo lo que dijiste, heriste gratuitamente para nada, porque ni siquiera ni física, ni emocional ni a nivel relación volviste  al punto de partida, la situación ahora es, definitivamente, negativa.

La próxima vez intenta que el desacuerdo se quede en eso. Para ello piensa: es necesario, te imaginas  que todos fuésemos, quisiésemos y defendiésemos lo mismo. No confíes en tu reacción instintiva puede que lo que has entendido no sea lo que la otra persona quiso decir, compruébalo. Aplaca  tu carácter, intenta  visualizarte desde fuera en una disputa o imagínate en las mismas circunstancias que esa persona que te abochorna por su falta de control. Busca los puntos en común  e intenta comprender a la otra parte, para ello escucha y sobre todo, si te das cuenta antes que el otro de que la cuestión está a punto de estallar, pide perdón, le  desarmará.

“El odio nunca es vencido por el odio” Buda

Foto: intermedio tetuán

Talento supersenior

tio sam
Ahora que el envejecimiento es una tendencia demográfica indiscutible y que la sociedad occidental tiene que conciliarla en sus sistemas de bienestar, me pregunto por qué no se plantea en otros ámbitos sociales en los que es más necesario.
Hace años que llevamos escuchando que el ejercicio físico y la buena alimentación suponen un gran paso en el cuidado de las personas a lo largo de su vida. Cientos de veces hemos leído o escuchado cuáles son los alimentos más adecuados para cada función orgánica, las loas de los distintos deportes y actividades en la guerra contra el sedentarismo, pero qué porcentaje del total del proceso de envejecimiento bueno, corresponde a esto.
Hay quienes como F. Javier González en su libro “Envejecer es bueno: el secreto de la longevidad” relegan estas dos facetas, alimentación y ejercicio al 25% del total y añaden que el resto, el 75%, corresponde a las actitudes, pensamientos y creencias que tenemos, es decir, a nuestra forma de actuar, de pensar y de sentir.
Cuando escucho debates sobre edad de jubilación, pensiones y futuro, tengo dos pensamientos reincidentes uno de ellos, se refiere a que la gran mayoría de las personas, tengo la impresión de que, no trabajan en nada que les guste y menos que les apasione. O no disfrutan con su tarea, o con sus compañeros, o con sus horarios, ni  siquiera con su salario a fin de mes, el que les parece exiguo. Puesto que si esto no  fuese así, el drama sería la jubilación, no permanecer en activo. Y dos, que al final si ponemos un poco de lógica, en el inicio bismarckiano del sistema de bienestar, la jubilación refería, no poder por la edad desarrollar sus labores de manera adecuada, y sin embargo ahora se produce la paradoja de que quienes se jubilan y prejubilan son personas en perfectas condiciones físicas, económicas e intelectuales y sin embargo, otras personas de más edad  siguen desempeñando tareas físicas extenuantes, fruto de concatenar, en muchos casos, contratos que no les ofrecen otra posibilidad para mantener sus familias de otro modo.
Cómo puede una sociedad condenada al envejecimiento prescindir de todo ese capital humano experimentado, en plena forma. Cómo se puede pensar en leyes de emprendedores y ayuda a éstos sin contar con el trabajo “voluntario” de estas personas, con su experiencia, su saber hacer y su vitalidad. Sólo en las grandes corporaciones se utiliza la figura del mentor y en otros casos podemos apelar a muchos de estos veteranos que se asocian para hacerlo por su cuenta, pero cómo pueden permitir ese derroche las deficitarias administraciones públicas…y la sociedad…
Pensemos también en qué ocurre cuando alguien se jubila. Nos pasamos desde, como mínimo los 3 años hasta los 25 años , en el mejor de los casos, preparándonos concienzudamente para trabajar, ser útiles en nuestro entorno, conseguir sustento, desarrollarnos como personas, formar familias, construir proyectos, todo para ser felices durante 35 años y sin embargo, no nos preparamos en absoluto para los posibles 20 años restantes.
De repente frenamos en seco, de un día para otro nuestro despertador no suena, nuestro teléfono tampoco, el cargo de nuestra tarjeta de visita se evapora, la actividad que  ocupaba un tercio de nuestra vida se esfuma y nuestra red social se jibariza. Nos quedamos solos ante nosotros mismos. Pensando en nuestra utilidad, nuestra capacidad, denostadas ambas por una sociedad, que por considerarnos exhaustos y remunerarnos por ello, nos abandona a nuestra suerte.
La jubilación necesita un proceso para el que hay que prepararse, es una nueva experiencia, otro comienzo en nuestras vidas y parafraseando a Unamuno “jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar lo que le impide ser lo que es o lo que será”.
Prepararnos para ella sería una gran inversión, puedes contratar los servicios de un Coach, buscar un objetivo, pensar en cómo quieres que sean tus próximos 20 años, trazar un Plan de Acción y lanzarte.Si no, los acontecimientos diarios te enredarán y superarán. Acabarás lamentando no haberlo hecho antes y vivir tanto años sin rumbo, pendiente día a día del último achaque o de cuándo será el definitivo.
Estas creencias y actitudes negativas acabarán minando tu entusiasmo y tu ánimo. Todo lo verás negro, “realista “dirás, pero es que así lo ve todo aquel que no tiene un objetivo y navega sin rumbo.
Todos estos pensamientos no sólo perjudicarán tu mente sino tu cuerpo. Y tampoco quedará ahí, sino que proporcionarás pesar a todos aquellos que te quieren y rodean, ¿es inevitable?, ¿de verdad?
El optimismo, ver el vaso medio lleno, de aire o agua qué más da, no sólo te va a ayudar  a vivir más, sino que lo harás en mejores condiciones y a falta de una frase más entusiasta sobre el asunto piensa como Churchill que aconsejaba: “Sea optimista, no resulta de mucha utilidad ser de otra manera”.
Acaba con el “yanoismo” victimista, del “ya- no puedo hacer esto”, “ya- no puedo hacer lo otro”. Corta por lo sano, tienes una oportunidad de oro de ser quien tú quieras hasta que quieras, sientas o tengas fuerzas. El cerebro aprende hasta el último minuto en que estés vivo, a falta de patologías concretas. Aprovéchalo.
Si no tienes ideas también te recomiendo un vistazo al apartado “Vida” del periódico La Vanguardia , la sección “Cuando la edad es un plus” ,es una inyección de vitalidad increíble.
¡Si tienes talento y fuerzas, no lo desperdicies, el mundo te necesita!
¡¡¡¡¡Escribe tu Historia!!!!!

* Si pinchas en la letra en negrita accederás a la sección de La Vanguardia

¡Nervios a examen!

estudio 

Cuando uno pasa unos días con personas que estudian es imposible no escuchar palabras como nervios, suerte, profesor, etc. Coincidiendo con los exámenes de la Universidad y la Selectividad, me gustaría reflexionar sobre algunas cuestiones anejas.
Si concentramos nuestra atención en una asignatura, sobre la que debemos trabajar y estudiar para poder afrontar un examen, podemos acercarnos a ella como si su desarrollo fuese un proceso. En este proceso, desde el inicio hasta aprobarla, podemos advertir algunos factores que influyen de diferentes formas: el contenido de la asignatura, las horas de clase que tenemos de ella, la asistencia, el profesor/a, los compañeros, los libros y apuntes, horas de estudio, de búsqueda de información, dieta sana, ejercicio, dormir y por supuesto el tipo de examen.
Siempre me he preguntado cuáles podrían ser los diferentes motivos para que los nervios aflorasen en los estudiantes que han estudiado, qué puede hacer que no se presenten a un examen, que se salgan o que dejen una asignatura, incluso cuando han asistido a clase y estudiado durante meses.
Qué es lo que hace que en estos momentos, la suerte parezca un elemento decisivo que se desea y solicita, cuando apenas existe control sobre ella. La mayoría de las personas que sienten gran estrés durante esta época, ponen el acento en las cosas que escapan fuera de su control.
He descubierto que en numerosas ocasiones un gesto, un ejemplo o una apariencia el primer día de clase, hacen que del impersonal nombre de la asignatura escrito en la solicitud de matrícula, se pase a vincularla con una determinada persona, el o la profesora. Sí, puede ser cierto que de quien no te gusta, no se puede aprender,pero siempre existen opciones.
Juzgar a quien va a ser protagonista de vuestra asignatura por cuestiones académicamente triviales, sus gafas, su vestimenta o sus gestos, no parece muy buen comienzo y no habría problema si esta actividad fuera inocua, pero nos condiciona, puede que por esa elección de juicio que hacemos, la asignatura de primero nos acompañe hasta tercero, y que si por arte de programa informático, nos vuelve a tocar el mismo profesor, nos veamos sumidos en una “racha gafe” que nos lleve por peligrosos derroteros.
Me gusta poner el ejemplo del horóscopo, poca gente dice que lo cree, pero quien lo lee en muchas ocasiones queda condicionado por el mensaje, por si acaso y si coincide que algo conecta durante el día, por muy remoto que sea, hace que nuestra fe en estos pensamientos haga el resto.
Qué os parece para primeras impresiones utilizar lo que denomino como la “Táctica de la disculpa”. Piensa que aquello que tanto te disgusta de la persona o bien es circunstancial o viene derivado de una cuestión que tú mismo podrías llegar a justificar, en su caso. Piensa que si el primer día, la persona es grosera, desconsiderada o le falta sensibilidad, es que tiene motivos de peso para serlo. Discúlpale. En otro caso, la especial inquina comenzará a hacerse con tu mente y tus pensamientos hasta hacerte dejar la asignatura. Propóntelo como un reto.
Otro de los factores que influyen en el periodo de exámenes, son los compañeros con sus teorías y los rumores, nadie sabe exactamente dónde tiene su origen, con qué intención son dispersados y cuál es la razón para que todo el mundo los transmita sin haberlos comprobado, pero surten efecto. Es el mismo caso que el del horóscopo, carne de sugestión,»tal profesor es durísimo»,»tal examen va a ser imposible aprobarlo». Creéis de verdad que os van a examinar de algo que no os hayan explicado. Os habéis preguntado alguna vez si la génesis de todas estas cuestiones es desanimar a la competencia para que solitos os rindáis?
No te compares con nadie, para que este trabajo fuese bueno deberías hacerlo íntegramente, no sólo en lo que te ves débil. Qué necesidad tienes de boicotearte tú sólo. Si crees que no puedes, da igual lo que hayas estudiado o si has ido o no a clase, no podrás.
Estarás mandando a tu cerebro órdenes contrarias a tus propios intereses. Si has estudiado lo suficiente, o por lo menos gran parte del temario y lo entiendes, si has descansado, hecho ejercicio, comido y dormido bien, sólo tienes que creer en ti mismo para cerrar el círculo.
Con los elementos que indicamos a principio, examínate, haz una lista y siendo el total del control el 100%, anota al margen qué control tienes sobre ellos, el tipo de examen, el profesor, los compañeros… sobre lo que hagan, lo que digan o cómo lo hagan.
Piensa en lo que realmente controlas y merece tu esfuerzo, enfócate en ello y da lo mejor de ti.
Recuerda el proverbio chino: “Si un problema tiene solución no hace falta preocuparse. Si no tiene solución no sirve preocuparse para nada.”
La solución está en ti. Si tú mismo no crees en ti, quién lo hará?

Creativa-mente

mente
No es la primera vez que encuentro comprensión en libros y descubrimientos científicos. Cuestiones que hasta ahora encontraba útiles y sin embargo, divergían bastante de lo que pensaban los demás, me han llevado a compartir con vosotros esta reflexión.
Desde hace bastante tiempo mi mente ha abordado la mayoría de los problemas y soluciones de una forma relacional, interconectada. Para mí los compartimentos estancos nunca han existido y a pesar de la divergencia entre las materias o temas a tratar, siempre he encontrado analogías y similitudes.
Esto que a mí me resultaba muy útil, durante años, a mis interlocutores les extrañaba y disgustaba, con la consiguiente reconvención a tratarlo todo por separado.
Ahora tengo claro que ahí es donde radican muchas de las cuestiones a resolver, ver la vida no como un todo, si no como pequeñas partes independientes.Por ejemplo en política, por si fuera poco perjudicial la concepción estanca, la complementan con la organización en pequeños Reinos de Taifas que adjudican a ministros y concejales.
Esta manera de pensar me ha ayudado mucho en cuanto a creatividad e innovación, en la propuesta de políticas públicas, campañas, programas y soluciones. Lo cierto es que no sé exactamente cómo he llegado hasta aquí, pero me parece tan útil que hace tiempo que mi pasión por las «mejoras» a través de la neurociencia me ha hecho investigar cómo se puede desarrollar.

Hace algún tiempo viendo mis inspiradores TED Talks descubrí a Estanislao Bachrach, un biólogo molecular argentino profesor de biotecnología e innovación , que ha sido académico en Harvard. A través esta charla sobre «cómo surgen las ideas»,comencé a interesarme sobre cómo podemos ser más creativos e innovadores.
Tenemos algunos ejemplos en la historia o citas célebres que algo nos adelantan sobre el asunto como que Albert Einstein decía “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”, o Leonardo da Vinci que aconsejaba buscar tres o cuatro perspectivas distintas del mismo problema para darle la solución más adecuada. Estas estrategias nos dejan un denominador común, al establecer que si no “añadimos” en los planteamientos o en los matices de nuestra historia, nunca llegaremos a un final distinto.
Nuestros conocimientos sobre los temas son compartimentos separados que utilizamos conforme a unas experiencias que hemos vivido, las sensaciones que volvamos a vivir, al plantearse otras situaciones, pueden despertar en nosotros estos recuerdos pero no añadirán nada nuevo.
Si por el contrario, mezclamos los problemas o los asuntos, conseguimos verter en la misma fuente una mezcla de conocimientos distintos y podremos ampliar la visión que tenemos de los mismos. Por eso es también importante que vayamos además interesándonos por otros temas que nos puedan aportar otras visiones. Por ejemplo, si hasta ahora no te ha gustado un género concreto de libros, novelas o de divulgación científica y no recuerdas haber leído más que uno, hazlo, tendrás más herramientas. Así como tocar un instrumento o empezar una actividad física o deporte diferente,también te ayudarán.
La teoría sobre el cerebro cuya síntesis es “úsalo o lo perderás“ (“use it or loose it”) defiende que el cerebro es un músculo, que hay que ejercitar y alimentar apropiadamente, que está preparado para funcionar con antiguas y nuevas conexiones sinápticas durante toda su vida pero si no las usamos, se pierden. Es decir, toda la rutina que establezcamos en nuestra vida será contraproducente, porque todas las demás conexiones se irán apagando y mermando la capacidad del cerebro.
Seguro que habréis oído hablar sobre el estudio que descubrió que así como los taxistas van aprendiendo más y más direcciones, experimentan un cambio en el hipotálamo, aumentado su materia gris, que mejora la capacidad espacial y memorial, comparados con los conductores promedio.

Si quieres empezar a ser creativo e introducir elementos distintos en tus planteamientos, mezcla los problemas, al menos dos. Piensa qué relación pueden tener, al principio supondrá un desafío porque estamos acostumbrados a trabajar por tareas pero este modo de proceder te dará otra poderosa visión de los temas, una multiplicidad de perspectivas.
Otra técnica que también te dejo de Bachrach es la “técnica del desafío “: si tú trabajo se basa, por ejemplo, en las relaciones humanas y el cambio organizacional, piensa en qué más cosas se cambian, se organizan, por ejemplo “armarios, viajes…”
Genera conexiones, relaciones, asocia términos, funciones, usos, finalidades…conocerás la importancia de introducir variaciones al azar.
También te dejo una infografía sobre cómo puedes mejorar tu creatividad.

Infografía_creatividad
Hazme un favor si te has puesto en marcha y no sabes por dónde empezar, cambia el título a algunos de los post de este blog. Tu cerebro y mi creatividad te lo agradeceremos.

 

Si pinchas en las letras en negrita podrás acceder a la charla Bachrach, espero que te guste.

¡Vamos Rafa!

Rafael Nadal
Autodisciplina, uff qué fácil es decirlo. Cuántas veces la hemos echado de menos. Sabemos de su utilidad aunque, dónde está cuando se la necesita.
Cuando pienso en ella siempre recuerdo el experimento de Walter Mishel de la Universidad de Standford, sí el de las golosinas con los niños de 4 años. Consiste en que se les da un dulce a cada niño y se les da la opción de comerlo inmediatamente o se les promete darles dos, si esperan quince minutos. El experimento desgrana la variedad de comportamientos que tiene los niños a partir de esta propuesta. A veces me pregunto qué habría hecho yo en ese caso. Parece definitivo, y se comprobó diez años después, que quienes esperan, les depara un futuro mucho más halagüeño que  a los que inmediatamente engullen su dulce, tanto en su desarrollo social como  intelectual.
El autocontrol se basa en la relación que cada uno establece entre ahora y el futuro. Hay quienes ante la certeza de que la acción tenga una repercusión positiva en el futuro, se comprometen con el objetivo: ejercicio, comida, trabajo y otros que se muestran más impulsivos y tiene una visión a más corto plazo.
Una  consecuencia de la falta de autodisciplina es la procrastinación o lo que es lo mismo, posponer nuestras obligaciones. Es una tendencia bastante extendida y contra la que luchamos poco, dejándola formar parte de nuestra vida, sin cuestionarla, con la excusa de que nos gusta trabajar con presión, contra reloj… para llegar a tiempo a los “deadline”, que por cierto, ya podían colaborar y ser más positivos, denominarse “lifeline” 🙂
Nuestra lucha interna entre nuestro Dr. Jekyll , que nos aconseja empezar lo antes posible y hacerlo concentrados y nuestro Mr. Hyde, que es el niño que llevamos dentro y nos mima, quitándole importancia a nuestra responsabilidad y nos induce a no llevarlo a cabo cuando debemos,casi siempre se decanta por este último, en pos de la ley del mínimo esfuerzo, creándonos unos sentimientos negativos que nos producen adicción , “nunca seré capaz”, “no lo conseguiré”. En nuestra zona negativa a pesar de sentirnos seguros, no nos es tan agradable, la sensación que tenemos es que necesitamos un cambio y lo requerimos ya.
Mientras nos debatimos entre “deberías ” y “tengos” sube la temperatura de nuestra olla a presión. Si a esto le sumamos la exigencia de la perfección , esto nos hará seguro dejarlo para otro momento, diciéndonos “si no lo haces correctamente, no lo harás en absoluto”.
Seguro que te ha ocurrido esto con algún propósito, a mí, al principio, con el blog que me he comprometido a escribir con toda la asiduidad de la que sea capaz. Hace tiempo que olvidé el perfeccionismo que me impedía empezar. Éste afecta a tu perseverancia y mina tu autodisciplina. En mi caso me dije,” escribe aunque no lo veas perfecto, si no, nunca empezarás, ni mejorarás, ni conseguirás tu objetivo”.
Mi reflexión de hoy quería que os sirviese para acercaros a un sistema más efectivo para vuestras metas, que además reduzca vuestros conflictos internos: Las recompensas.
Todos merecemos una recompensa, aunque sea por algo que tenemos que hacer de todos modos. Grábatelo. La mayoría recibimos dinero por trabajo y no nos parece tan mal, pues con todo lo demás igual,  establece tu propio sistema de recompensas. Son motivadoras y eficaces.
Hoy os dejo de práctica una recompensa:  los elogios personales.
Divide ese objetivo que tanto te cuesta en pequeñas minitareas alcanzables y accesibles. A cada paso, dirígete un elogio: “soy el mejor”, ”buen trabajo”. Recuerda a Nadal  y su “Vamos Rafa».

Cualquier momento y cualquier lugar son buenos.
Usa palabras que te hayan supuesto apoyo en tus logros en el pasado y que te trasladen a estados potenciadores. Si lo asocias a una persona, recuerda su tono de voz y sus palabras exactas.
Es un sistema de recompensas que no admite castigos, si cometes algún error, decirte algo negativo, hará que tires tu trabajo por la borda, es contraproducente. Eres humano un “me equivoqué y la próxima vez lo  haré mejor” te pondrá en marcha de nuevo. Sé comprensivo contigo mismo no somos infalibles y las mentalidades “todo o nada” son mentalidades perdedoras.

Es un recurso muy accesible para no utilizarlo muy a menudo, no?

Sin «peros»

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Habéis tenido alguna vez una conversación llena de “peros”. Qué sensación os ha transmitido vuestro interlocutor, recordáis?

La sensación que a mí me queda, que no  va a cambiar absolutamente nada de lo que se estaba cuestionando, la perspectiva que le he trasladado para su reflexión no ha servido para nada y además he perdido el tiempo.

La razón? Muy simple, todas las frases comenzaban por un propósito y una admisión de que quería hacer algo para tal o para cual cosa y a continuación su subordinada, incluía como prólogo un “pero”. Este “pero” anulaba todo lo que iba a hacer después.

Habíais reparado en este efecto, esta palabra, a veces califica lo que ha ocurrido en la frase anterior y a veces lo anula.

Cuando alguien te pide ayuda para hacer algo y le dices “si ,pero” la persona  que esperaba la respuesta, ya está cerrada a lo que escuche a continuación, sabiendo que o bien puede ser una  excusa para no hacerlo o una modificación principal de su proposición. En cualquier caso, el impacto de esta conjunción es letal en el lenguaje.

Cuando participamos en una  tormenta de ideas y la mayoría   lanza la suya, basta un “pero”  para que los intervinientes  pasen de un entusiasmo increíble a cerrarse en banda para proponer más asuntos, al sentirse cuestionados, manipulados, o puestos en evidencia.

Si es durante una discusión, decir “si pero” implica que incluso cuando era patente el reconocimiento del planteamiento y estaba cerca la disculpa, el “pero” tiene un efecto  nocivo que indispone al oyente.

Es una cuestión fundamental en el aprendizaje, sobre todo en cómo aceptamos las evaluaciones. Reconocer nuestros defectos o lo que debemos mejorar es difícil, un “pero” en la asunción de la crítica, seguro significará, no sólo que no vamos a cambiar y a mejorar, sino que no sabemos encajarla.

Solo tenéis que fijaros en el lenguaje corporal de la otra persona para ver el efecto de la palabra. Suele ser el inicio de algo que el interlocutor no quiere escuchar y que sabe que no jugará en su interés.

Analizad  estas frases: ”Sí creo que me debo disculpar pero que él también lo haga” y “ sí creo que me debo disculpar y que él también lo haga” o “ me ayudas? Sí, pero cuando acabe de comer” y “ me ayudas? Sí, cuando acabe de comer. Véis la diferencia? Cuál preferís?

Enfócate en las alternativas de tu  mensaje para no indisponer a tu interlocutor. Utiliza “y”, “aunque”, “por lo tanto”, “por eso”, “luego”, etc. Busca otras opciones, si te interesa ser  efectivo con tu lenguaje.

Lo que quieras que ocurra no va a ocurrir con la palabra “pero”.

Menos “peros” menos resistencias.

Te gustaría probar si eres capaz de vivir “sin peros”?

Tú, mis reglas

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Cuanto más indago en el comportamiento humano y en cómo vivimos las experiencias, más creo que la mayoría de las veces la comunicación es inexistente y la convivencia, un milagro. Milagros que se producen cuando las personas que se unen por azar o porque se buscan, comparten modelo y reglas, o lo más lógico, lo acuerdan y explican. Tú y yo, nuestras reglas.
Casi todos nosotros tenemos claro lo que soportamos o no soportamos de los demás. A veces esto es, lo que nos recuerda a nosotros mismos y no nos gusta, como asegura Jung, y otras veces es que intentamos imponer nuestras reglas para todo, sin ni siquiera tratarlo o negociarlo. Pretendiendo que las otras personas posean poderes de adivinación e interpretación sobre las nuestras, que por supuesto son las obvias, las de todos, las de siempre, las normales. NO son las tuyas!!.
Quién no ha tenido una amistad que se ha deteriorado con el tiempo o directamente se ha roto, por esperar de la otra persona comportamientos que nosotros dábamos por hecho que debían ser de determinada forma y no fueron así. Muchos de nosotros tenemos cánones, reglas o modelos de lo que deben hacer los demás, anejos a determinados roles. Yo mis reglas, tú mis reglas.

El colmo en estos casos es cuando la persona exige las reglas del rol a los demás pero ella no los cumple en la misma situación. No se da por aludida. La versión yo sin reglas, tú mis reglas. Esta insostenible versión necesita una bondad y amor  infinitos  para mantenerse…

Las madres deben escuchar y ayudar, los amigos deben estar para todo, los hermanos son de esta o de la otra forma. Ser hermano, madre o amigo para cada uno significa una cosa, en la mayoría de los casos parecida, pero casi nunca igual. La vida está llena de matices diferenciadores. Por lo tanto es poco probable que las personas se adapten a nuestro modelo y a las expectativas añadidas, si nosotros no lo explicamos.
Si cada uno tenemos nuestro propio perfil genético y hemos sido socializados en diferentes ambientes, con diferentes creencias políticas, religiosas, culturales, sociales, económicas, cómo demonios vamos a tener concepciones iguales sobre todo, sería mágico, telepático.
Hay quien piensa que un amigo debe estar ahí en los momentos malos, para ser un hombro sobre el que llorar, pero hay otras personas que piensan que en esos momentos son menos necesarios que  cuando necesitan impulso y entusiasmo para compartir sueños, proyectos y alegrías. En estos casos tan distintos, si ambas personas son amigos, o expresan sus deseos, o quedan decepcionadas cada una por su lado, sin ni siquiera saber qué pasó, qué hicieron mal o qué ocurrió. La amistad languidece hasta quedar extinta y parecer completos extraños.

Lo mismo podemos observar en otros roles como jefes, compañeros, de los que esperamos unas determinadas habilidades y un trato específico y lejos de trasladárselo, vamos acumulando malestar hasta que el hastío nos hace verles y conectar la furia interior. En estos casos se suma que tampoco conseguimos ser lo suficientemente asertivos como para ir diciendo aquello que no nos gusta y agradecer y manifestar lo que sí. De modo que de la acumulación de emociones sale nuestro yo primitivo cada vez que oímos su nombre, vemos su cara, o hacemos algo que tenemos imprimado.
Cada vez que lo rememoramos y contamos, si nadie nos da otra perspectiva o nos contraviene, vamos reafirmando la historia e incluso manipulándola a nuestro antojo para asumir con creces el papel de víctima. En el que sufrimos con inmensas dosis de bondad los ataques de los demás, sin merecerlos.

Sepan ustedes que la otra persona al otro lado de la relación está pensando exactamente lo mismo que nosotros. Con lo que la relación no tendrá ningún futuro, puesto que el ego hará el resto, impidiendo ser los primeros que nos disculpemos, los primeros que preguntemos cómo hemos llegado hasta aquí y sin embargo dediquemos más tiempo a cuestiones como de quién fue la culpa, comparando situaciones a lo largo de toda la relación para establecer puntuaciones en el marcador y pensando que nuestra defensa está asegurada no dando nuestro brazo a torcer.

Pues malas noticias. Si es una amistad o relación que valoras o que al menos valorabas, no te será tan fácil dejarlo. Tendrás una conversación pendiente, que te asaltará a lo largo de los años.
Siempre podemos elegir. Haya pasado el tiempo que haya pasado. Seguro que nos sentiremos mejor si lo aclaramos, aunque sólo sea para que nuestra mente descanse. El perdón es la base de la felicidad, todo lo demás pertenece al miedo, la culpa y la vergüenza .
Como asegura Jampolsky “en el terreno de las decisiones, la mente ego quiere hacernos creer que a menos que todo sea exactamente como creemos que debe ser, no podemos ser felices”

Si ésta es tu mente y pretendes convivir y relacionarte con tus reglas, al menos explícalas.