¿Eres un Samurái impasible?

samurai

Hoy quiero compartir con vosotros este cuento zen samurái, llamado “El Samurái Impasible”.

» Cerca de la ciudad de Edo vivía un anciano samurai que, retirado del servicio del emperador, había montado una escuela en la que enseñaba tanto los principios de la espada como los principios del budismo zen. Su fama era grande y sus alumnos, admirados por la elegancia de su maestro, afirmaban que este seguía en forma pese a su edad y que nadie podía vencerle.

 Sus desmedidos comentarios llegaron a oídos de un joven samurai que, ávido de fama, se presentó en la escuela para retar al anciano. El joven guerrero, un ser vil y taimado, jamás había perdido un duelo ya que antes de que iniciar la pugna insultaba a sus rivales para descentrarlos. Cuando así lo hacía estos se apresuraban a desenvainar su espada perdiendo la concentración debida y dejándolo el hueco en la guardia que precisaba para darles muertes.

La poco elegante táctica jamás le había fallado y por eso cuando el anciano samurai aceptó el reto y ambos salieron al patio rodeados por los aprendices de este empezó a insultarlo. Cientos de improperios salían de su sucia boca pero el anciano permaneció calmado e inmóvil sin darle réplica y sin desenvainar su katana para no darle la ventaja que buscaba. Irritado porque su táctica no daba fruto y temeroso de ser el primero en echar mano de la espada siguió con sus insulto durante horas e incluso llegó a tirar varias piedras al anciano.

 Al caer la tarde y sintiéndose tan exhausto como humillado, el impetuoso guerrero se retiró y fue entonces cuando sus alumnos, indignados con el modo de actuar de su maestro, lo rodearon y lo acosaron a preguntas. «¿Cómo ha podido soportar tanta ignominia?, ¿Por qué no desenvainó la espada?, ¿Acaso no era mejor morir que quedar como un cobarde ante sus alumnos?

 El Samurai le dejó hablar y cuando por fin se callaron alzó su mano preguntó: «Si alguien viene a ti con un regalo, y no lo aceptas, ¿A quién pertenece el regalo? Tras mirarse extrañados unos a otros uno de respondió «A aquel que vino a entregarlo». Sonriendo el Samurái concluyó «Bien has respondido, y esa misma respuesta sirve para le envidia, la rabia y para los insultos, ya que si no los aceptáis seguirán perteneciendo a quien cargaba con ellos».

 Has pensado alguna vez,¿ cuánto vale tu paz interior?, ¿qué tiene que ocurrir para salgas de tu equilibrio y te batas en refriegas dialécticas o físicas por caer en la provocación de otra persona?

Qué te ha hecho caer en esa trampa, ¿tu ego?, ¿lo que opinasen los demás? ¿el impulso de la masa? ¿la presión social del grupo? ¿tu supuesta  prevalencia física? ¿intelectual?

Quizás piensas que no  responder  se puede interpretar como un signo de cobardía, ¿les vas a dar a ellos el poder de conectar y desconectar tu ira, tu enfado, de abrir la canalización de todas las sustancias tóxicas que esto implica, teniendo un solo cuerpo para toda la vida? ¿qué te va a hacer diferente a los demás?

¿Qué es lo inteligente, lo ecológico para ti? Quedarte después pensando en todo lo que podías haber dicho, no dijiste y le volverás a decir no sé cuándo y hasta entonces sin desengancharte del episodio, o quizá en  lo que hiciste, no hiciste, harás…

Convierte el automatismo de la respuesta que te justifica, en la no acción contra los ataques.

 Al principio será un esfuerzo titánico  que acabará convirtiéndose en “no aceptar el regalo envenenado”, o quizá quieres cargar con ello…

¿Dónde estás?

teléfono

Son dos palabras, dos solamente, pero he podido comprobar el efecto irritante, molesto y provocador que tienen en algunas personas y me he preguntado el porqué.

 Tras una conversación telefónica en la que los interlocutores protagonistas eran  las personas que más quieres en la vida, madres, padres, hijos  y parejas, he podido comprobar cómo aquéllas acababan en unos términos nada deseables y casualmente comenzaron, nada más descolgar, con esta pregunta: ¿Dónde estás?

 El razonamiento de los que sufrieron el ataque de ira y llevaron la conversación por malos derroteros, se basaba en que la única razón de esta pregunta era el control sobre sus vidas y sobre las actividades que realizaban. Para ellos era imposible barajar una intención positiva en esta “curiosidad malsana” y continuaban con la explicación fabulando sobre intenciones que una vez exteriorizaban, acababan pareciéndoles exageradas.

 Sin embargo la otra parte, admitía alucinada, que era una forma de hablar que no iba más allá de una costumbre, y que en el mejor de los casos saber si estaba dentro o fuera de casa, lejos o cerca, y cómo, eran datos que simplemente les tranquilizaban al darles  esas coordenadas.

 Cómo entonces se puede llegar a liderar una tarde de conflicto con estas simples palabras.

Desde que el perro de Paulov segregaba saliva al sonido de la campana son innumerables los estímulos que aprehendidos en nosotros desencadenan una respuesta externa. Ésta en algunos casos es positiva y nos pone en un estado potenciador pero en otros, no es precisamente beneficiosa…

 Al igual que cuando oímos hablar sobre una comida que nos gusta o la vemos nos relamemos, o tenemos determinados recuerdos ante un olor determinado, también hacemos otro tipo de asociaciones negativas con determinados estímulos.

 Muchas de estas situaciones hasta ahora podían ser desconocidas para ti o no les prestabas suficiente atención. A partir de ahora no tienes por qué seguir comportándote de esa manera cuando ocurre el estímulo, ya sabes que tienes opción de escoger tu reacción.

 Puedes haber caído en el hábito de responder de manera negativa en muchas de las situaciones que se te presentan a lo largo del día y pocas veces te has cuestionado si éstas son útiles para ti o por el contrario te incomodan hasta tal punto, que la relación que mantienes con una de las personas, que más quieres, se convierte por este mecanismo en un desagradable contacto diario.

 A partir de ahora piensa en cómo sería tu vida si nadie se interesase por ti, si nadie te preguntase. Piensa en qué preguntas haces tú al coger el teléfono  y valora los efectos que tú también puedes producir en los demás

Quizá ¿dónde estás? no sea tan grave como parece. 😉

foto:estiloyseducción

Training day

correr

Llevas demasiado tiempo haciendo lo que los demás esperan de ti. Te miras en el espejo y lo que ves no te gusta, a  pesar de que tu vida a los ojos de cualquier otro sería una vida perfecta.

Nunca has tenido el valor de preguntarte: ¿qué es lo que realmente quiero hacer con mi vida?

Has renunciado a los sueños que tenías, a llevar a cabo con pasión todo lo que realmente deseas para adaptarte a un mundo que no te gusta. Has pensado en cambiarlo y sin salir de tu mente, te has rendido.

Quieres  tomar el poder, empezar a trabajar en lo que realmente te apasiona, quizá te parezca una locura, ahora mismo los límites se multiplican en tu cabeza y quizá una sensación de vértigo te atenaza y acelera la respiración.

No has podido encontrar a personas que están en el siguiente nivel, que  han conseguido pasar por encima de  todos esos miedos y obstáculos que juegan en tu contra justo cuando tus planes se magnifican y  se convierten en tu motor.

¡Hacer algo fabuloso con la vida es una cuestión que está al alcance de todos!, aunque no cualquiera consigue que esta misión sea una obsesión y no deje de avanzar hacia ella.

Para conseguir estos objetivos se necesita, como mínimo, ser perseverante y para esto tener disciplina.

Si estás decidió a ser quien buscas en el espejo y quieres empezar a trabajar en ello, te dejo una interesante práctica de Robin Sharma: “The daily five, the nightly three”.

 Cuando te despiertes por la mañana piensa en cinco cosas que vayas a hacer durante el día, que hagan de éste, un día diferente, valioso y que te acerquen a tu objetivo. No intentes que sean metas inabarcables o muy costosas que te hagan renunciar a llevarlas a cabo. Divide tu objetivo en pequeñas tareas y hazte el firme propósito de ponerlas en marcha.

Piensa en que te van a convertir en un hombre o una mujer de acción, que te van a llevar  a un nivel diferente en el que ya no van a ser deseos o intenciones sino que son actividades específicas y medibles encaminadas a un objetivo mayor.

Por la noche antes de acostarte, aunque tu día haya sido duro, encuentra tres cosas que hayas llevado a cabo y puedas celebrar, apúntalas en tu diario de a bordo, libera dopamina y ¡siéntete fuerte!

Imagina, al cabo de un mes, y de ¡un año! cuántos días valiosos habrás vivido y en la recompensa que significará haber realizado y agradecido todas esas  acciones que te han puesto en tu camino hacia el objetivo.

¡Es tu vida!, no querrás mirar hacia atrás dentro de muchos años y ver que te rendiste antes de empezar, ¿no?

 Foto:foroatletismo

Invierte en ti mismo

dinero

«Lo importante, las personas», esta declaración, lo mismo puede servir para un eslogan político, que lo ha sido, como para cualquier compañía que publicitariamente pone el acento en las personas, para una organización no gubernamental que se nutre de su motivación para poner en marcha sus proyectos, para un gobierno, en realidad es un cajón de sastre que parece, sirve como mantra para todo pero, ¿es después verdad?

 Si algo he ido notando poco a poco durante estos años de la crisis económica, es que muchas personas han cambiado de sentido en la misma dirección si antes el viaje era del “ser “ al “tener” pasando por el “hacer”. Ahora el viaje es en dirección contraria y cada vez son más las que ponen el énfasis en su desarrollo como personas, siendo conscientes de que la respuesta a su felicidad no está en lo que tienen, ni siquiera en lo que hacen y sí en lo que son.

 Me alegra saber que en muchas ocasiones estos viajes han dejado atrás la compra masiva de  bienes, invirtiendo horas y horas de trabajo en conseguir un dinero, que a su vez les proporcionase un bien, que influyese en su felicidad y, tras conseguirlo, comprobar que no, entendiendo como mensaje que no seguía siendo suficiente y continuar en la espiral. A que escrito así sobre el papel  no parece tan bonito.

 EL “tener”, coches, casa, artículos y más artículos que lejos de acompañarnos a un idílico escenario nos hacían ansiar más y más, porque en la comparación y en el deseo todo puede ser inabarcable y frustrante. Y sin embargo, ha tenido que ser un debacle económica la que nos haya hecho parar, al menos, que nos sirva para reflexionar.

Si pensamos en el “hacer”, también nos atacó vilmente, todos los que no iban a la universidad, alcanzaban título y doctorados, eran ingenieros o licenciados, parecía que no tenían suficiente importancia en el mundo, aunque su dedicación después supusiese veinticinco horas al día, no disfrutar de esos ingresos o de esas familias o amigos olvidados y tener la mayor parte del tiempo su energía consumida, por lo que hasta su color físico, era el gris. Ahí vimos que tampoco estaba la felicidad.

 Finalmente muchos han llegado a esta etapa el “ser” dándole importancia a lo que tenemos dentro, a nuestra voz interior, escuchando a nuestra mente y a nuestro corazón para entender qué es lo que a nosotros nos hace felices al margen de las convenciones sociales y la presión.

Aunque yo me pregunto, si ¿todavía estamos dispuestos a hipotecarnos por algún bien, que no necesitamos?, ¿no va a ser mejor invertir en nosotros mismos?

Ve a conferencias, charlas, cursos, networking, aprovecha todo lo que tu tiempo y tus recursos te permitan para crecer. Aprende idiomas, contrata coaching, lee libros, viaja, cuida tu cuerpo, haz ejercicio, come saludable. Todo lo que hagas invirtiendo en tu interior te proporcionará satisfacción y estar orgulloso de ti mismo.

Recuerda esta frase de Benjamin Franklin: “ Invertir en conocimiento produce siempre los mejores beneficios”.

¡Imagínate si este conocimiento es sobre ti.!¿Has pensado que te puede cambiar la vida para siempre? ¿Puede hacer esto un coche? ¡Tú eliges!  

Optimiza tu conexión P2P

p2p

Has conocido personas a lo largo de tu vida con las que te ha sido fácil conectar, no te ha costado en absoluto confiar en ellas y  te has sentido bien cuando estabas a su lado.

 Sin embargo hay otras personas con las que no acabas de compenetrarte, no te gusta cómo se dirigen a ti, como se comportan cuando están contigo, su tono, sus ademanes. Crees que les has dado miles de oportunidades para que cambiasen de actitud pero te parece que ninguna la han aprovechado.

Si aún así quieres ser proactivo y quieres que esa relación cambie, además te dedicas a los negocios y no puedes permitirte no conectar con las personas con las que trabajas o entablas una relación comercial, éste es tu post.

 Algunos lo denominan “rapport”,  otros, compenetración, y a mí me gusta más conexión, aunque lo importante es que se establezca una relación que sea positiva para ambas partes.

Para poder entender los beneficios puedes pensar, primero en una persona con la que consideres que conectas, ¿qué señales te transmite? ¿Cómo se genera y cómo se lleva a cabo  esa conexión? Y después compáralo con otra persona con la que se produzca la sensación contraria. Tras este análisis, qué crees que puedes cambiar en el segundo caso.

 Quizá tienes pensamientos sobre la segunda preconcebidos que te impiden ir más allá, ser más flexible en esa relación, o es cuestión de conocerla mejor, de dedicarle más tiempo, o quizá haces lo que la mayoría y en lugar de ser reactivo y esperar que esa persona se acerque a ti y se ajuste, te merezca la pena  ser proactivo y hacerlo tú.

Si es así comienza practicando  estos pequeños “tips”:

  • Pon interés en descubrir qué es importante para ella, trata de entenderla.
  • Presta atención a las palabras que repite, esas claves son sus favoritas e incorpóralas con suavidad en la conversación.

Mejora tu conexión y el intercambio de información fluirá.

¿Qué te cuesta probar?

Foto: velocidad.es

¿Quién mejor que tú?

elefrante rosa

“Vamos, no te asustes de mí. ¿Qué quieres preguntarme?

—Es acerca de mi beca, del premio París que obtuve.

—¿Sí?

—Es por cuatro años; pero, por otra parte, Guy Françon me ha ofrecido un puesto en su oficina, hace algún tiempo, aunque todavía está pendiente y no sé cuál de los dos aceptar.

Roark lo miró, movió los dedos y empezó a golpearlos lentamente sobre los escalones.

—Si quieres mi opinión, Peter —dijo al fin—, te diré que has cometido ya un error al pedírmela o al pedírsela a cualquiera. Nunca pidas opiniones a nadie, por lo menos acerca de tu trabajo. ¿Acaso no sabes lo que quieres? ¿Cómo puedes soportar eso de no saber lo que quieres?

—Eso es precisamente lo que admiro de ti. Tú siempre sabes decidirte.

—Deja los cumplimientos.

—¿Cómo te arreglas siempre para saber decidirte? —¿Cómo puedes dejar que los otros decidan por ti?

—Pero es que yo nunca estoy seguro de mí mismo, Howard. No sé si soy tan bueno como los demás dicen. Esto no se lo confesaría a nadie más que a ti. Creo que es porque tú estás siempre seguro por lo que yo…”

 Este pasaje de “El Manantial” de Ayn Rand refleja a la perfección  la reflexión que quiero hacer hoy  sobre la toma de decisiones.

Cuando recabamos datos y experiencias para tomar decisiones, nunca tendremos todos los que son pero además, los que están, podemos haberlos interiorizado de diferentes formas.

Primero porque nuestros sentidos filtran los acontecimientos del día a día para poder asimilar parte de ese aluvión de información que recibimos.

Segundo porque tanto nuestra experiencia, como nuestra socialización,  nos ha hecho que tengamos unas determinadas creencias  acerca de lo que podemos y debemos  hacer  y lo que no.

Seguramente tú, en un caso que se refiera a otra persona, puedes estar tan seguros como ellos cuando te aconsejan, principalmente porque no sufrirán las consecuencias de éstas o porque realmente no han pensado nunca en la responsabilidad que esto implica.

Tercero porque  procesando la información podemos tener cualquiera de estas tres referencias:

  • Referencia  interna con comprobación interna: la persona se convence con respecto a sus propios criterios y no necesita aprobación exterior.
  • Referencia interna con comprobación externa: toma la decisión con su propio criterio pero lo comprueba y consulta  con su entorno.
  • Referencia externa con comprobación externa: los criterios son del entorno y el punto de vista de aprobación también  es externo.
  • Referencia externa con verificación interna: los criterios son del entorno y se comprueban internamente antes de llevarlo a cabo.

Esta clasificación no es en sí misma ni buena ni mala, aunque puede dar lugar a que, de la toma de decisiones que realizas en tu vida, puedas acabar culpando a todas esas referencias externas que te “aconsejaron”.

En realidad para tomar decisiones que afectan a tu vida nadie mejor que tú para hacerlo. Las decisiones se aprenden a tomar, tomándolas, a menudo, todas las que puedas.

A fin de cuentas a quienes  relatas los hechos, les omites mucha información sobre intuiciones, percepciones y datos que das por hecho que conocen u olvidas y sin los cuales no será muy certero su consejo. Como mucho lo que podrás obtener es, conforme a su experiencia y lo que escucha un  consejo ad hoc, exprés, sin elaborar y caducado, ya que se basa principalmente en el pasado.

Si necesitas tomar una decisión sobre tu vida, busca un amigo o un  profesional que no esté afectado, o al que no interese influir en el curso de tu historia y que te ayude a clarificar tus objetivos por tus propios medios, porque nadie mejor que tú para saber qué quieres y qué no.

También te recordaré que tu inconsciente, el que se refocila en lo negativo y los miedos cuando no le tienes entretenido, no puede procesar negativos. Así que si le dices “no pienses en un elefante rosa”, lo que no podrás hacer será quitarte de la cabeza esa mezcla entre Dumbo y la Pantera Rosa.

Logra que tu inconsciente trabaje contigo y plantéale tu objetivo en positivo siempre que pienses ” no quiero__________” pregúntate qué quieres a cambio y establece esto último como objetivo.

Si perseveras, lo conseguirás.

Foto: Galería.colorir

Adiós Diógenes

basura

Piensa en si alguna vez te has callado algo que te molestaba durante tanto tiempo que, cuando finalmente lo has dicho, ni era el tono, ni el momento, ni con la emoción correcta y lejos de sentirte mejor, has producido el efecto contrario, te  has sentido peor.

 Si es así, puedes comenzar a pensar en ti mismo, en que tus derechos, opiniones y comentarios puedes aprender a decirlos sin alterarte, en el momento preciso y de forma positiva para que produzcan los efectos oportunos.

 Si lo mantienes dentro de de tu mente martilleándote y haciendo que tu diálogo interior te vuelva loco, será como si tu cerebro estuviese lleno de basura y por no sacarla, se convirtiese en un problema crónico de “salud familiar o laboral”. Todas esas componendas dando vueltas y vueltas,  diciéndote lo que le deberías haber dicho, lo que te has callado…

No sé cuánto tiempo puedes vivir en ese desesperado miniencierro pero de lo que estoy segura es de que no es nada ecológico para ti. Sin  resolver absolutamente nada, te haces la vida imposible.

No decir lo que te molesta, por miedo a que se deteriore la relación o a que la otra persona no lo reciba de manera amistosa es una cuestión que minará tu interior y hará que tu vida, tus emociones, tu tranquilidad y tu humor estén en poder de otra persona.

Si es cierto que hay que armarse de valor y quitarse a veces la pereza para decirlo y no dejarlo pasar, para ponerte en marcha sólo tienes que elucubrar con los momentos que por esa nimiedad sin resolver, pasarás a lo largo de lo que debe ser tu magnífico día.

No significa esto que vayas a conseguir lo que quieres pero haberlo expresado y reivindicado es ya una liberación.

Ser asertivo es muy importante para poder desarrollar un paz interior que te acompañe en tu felicidad cotidiana, así que no almacenes lo que se convertirá en basura en tu interior y di adiós a Diógenes.

Podrás saber algo más de la asertividad en esta página

http://es.wikipedia.org/wiki/Asertividad

Y en esta otra encontrarás un test para medir tu asertividad http://www.psicoactiva.com/tests/asertividad.htm

Para empezar a limpiar tu mente comienza por darle importancia a como estructuras los mensajes, es decir, pasa del “tú” al “yo”.

Si te das cuenta, cuando voy a decirte algo que me molesta y el sujeto eres “tú” aparece la culpabilidad,  el ponerse a la defensiva, la discusión y el no acabar bien, justo lo que tú piensas que va a ocurrir cuando no lo quieres decir.

Sin embargo si el sujeto soy “yo” y tranquilamente te indico lo que me molesta, el sentimiento que me produce  y el porqué, sin juzgar tu comportamiento, tendré muchas más posibilidades, no sólo de conseguir mi objetivo, sino de sentirme estupendamente una vez que lo he dicho.

 Si tu entorno no se corresponde con la foto, ¿por qué tu mente sí?

Acuérdate de sacar tu basura todos los días 🙂

Sin etiquetas

etqueta

Cuántas veces desde pequeños habréis oído decir sobre personas “es tímido”,” es travieso”, “es despistado”, “es desordenado”…la lista sería inabarcable y quizás sobre  vosotros también haya caído alguno de  estos hechizos infantiles.

Si tu primera socialización, contacto con el mundo, con la cultura, con las reglas se produce en tu casa, en tu colegio y más tarde con los amigos y los medios de comunicación, cuando lleves en el mundo cuatro años tus reglas son las reglas de tu entorno y si ellos deciden que eres tal o cual, ¿qué herramientas posees para negarlo?,¿qué posibilidades tienes de ser lo contrario?

Seguramente tanto para no decepcionar a quien así nos tilda o porque de algún modo esa etiqueta también nos resulta cómoda, adoptamos el papel de “nuestra vida”, con unos guionistas externos, unos directores que ni siquiera reparan en las consecuencias de sus etiquetas y nosotros preocupados de no defraudar a nuestro público.

En otros casos, nuestro comportamiento similar en unas cuantas ocasiones hace que nos encasillen en un tipo de persona, sobre todo para tener que ahorrarse prestarnos más atención y valorar otras cuestiones más potenciadoras que nos harían sobresalir.

Lo peligroso de esto es que lo almacenamos e interiorizamos en nuestro yo más profundo “el ser” llegando a creer que principalmente esta faceta de nuestra vida, es la que nos define.

¿Qué oportunidades de ser vulnerables damos a quienes decimos que son “fuertes”?, ¿qué opciones les quedan a estas personas para cambiar de comportamiento?, ¿para poder ser ellas mismas? Personas normales que, como la mayoría, están capacitadas para ser como  ellas quieran y sin embargo, lo que más le preocupa es desempeñar el  papel que le han asignando los demás.

De esta situación se puede salir y se puede cambiar, sólo o con ayuda, de un coach por ejemplo.

 No necesitas seguir actuando y dando vida a un personaje que no te gusta.

Algo que funciona y que puedes introducir en tu rutina es: (Rellena el espacio con la etiqueta de la que te quieras desprender)

1)  La característica de la que me quiero desprender es _________________, en lugar de decir “yo soy_______”, cámbialo por “yo tengo momentos en los que me comporto o actúo de manera_________”

2)  Esa misma característica , si estás ensayando el nuevo comportamiento y alguien te dice “pero tú eres_____”, dile en el acto,” yo ERA__________________, ya no”.

3)  Sobre todo no esparzas este hechizo sobre otros y nos les indiques lo que son, que se definan ellos mismos.

Sólo se etiquetan los productos, no las personas.

“Y si/es que, ¿las utilizas?”

pregunta

Cuando en alguna de mis sesiones o de las conversaciones que mantengo empiezo a escuchar “y si…” y “es que…” la mayor parte de las veces el Plan de acción o no se ha cumplido o no se va a cumplir.

Si hasta ahora no habéis reparado en el uso de de estas expresiones, hoy me gustaría que empezásemos a tomar conciencia del efecto que tienen en nosotros y en los demás.

Si empezamos por “y si”, comenzamos con condiciones, cuanto más irrealizables y peregrinas, mayor será el miedo a llevar a cabo la acción que evitamos.

Al almacenar la acción seguida de la condición afloran los “yo no puedo”, “esto es imposible”, sólo con pensar en la tarea.

Además suelen ser anticipaciones de futuro agoreras, los escenarios en los que los planteamos, no suelen ser nada halagüeños,  con lo que éstas crecen en proporción directa a nuestra ansiedad y nuestros temores se magnifican.

Si a un “puedes hacer esto” respondemos con un “y si “, reconozcámoslo hay pocas probabilidades de llevarlo a cabo.

Si usamos “es que”, automáticamente planteamos una excusa, a veces sin reparar en lo que estas palabras significan. No lo vas a hacer, porque lo primero que planteas en un pega o una queja. Cierto es que quien quiere hacerlo busca una razón y quien no, una excusa.

En ambos casos, no sólo nos afecta a nosotros y a nuestra forma y predisposición para llevar a cabo la tarea, a nuestros interlocutores les habrá quedado claro.

En muchos casos da igual que lo acabes haciendo, aunque sea con ahínco y dedicación, la sensación que habrás dejado en la otra persona no es positiva y además la solemos generalizar “siempre pone excusas” o “siempre pone pegas o se queja”. Y esas percepciones son difíciles de cambiar.

Incluso usar estas palabras, denota también que estas rápidas respuestas eluden tanto el compromiso, como la responsabilidad y  manifiestan  falta de reflexión, porque sin haber dado una vuelta al asunto  y sin tener apenas datos, ya elucubras con lo negativo y cuestionas los resultados.

Dedica esta semana a detectar estas palabras en tu vocabulario y en las conversaciones con los demás.

Valora el efecto.

¡No digas que nadie te ha avisado! 😉

Foto: laciudadviva

Salirse del guión

rigidez

Reflexionando sobre el planteamiento de objetivos, pensé en que cualquiera de los dos post anteriores podía sugerir bondades de una característica, que lejos de ayudarnos en nuestro desarrollo, nos perjudica, la rigidez.

 Cuando planteamos unos objetivos, el simple hecho de establecerlos, de tener una estrategia, nos motiva y nos pone de buen humor.

Escribirlos y visualizarlos es parte del trabajo, sin embargo revisarlos, como mínimo semanalmente, se convierte en  lo fundamental. Esto nos hace que sigamos teniendo la ilusión y la motivación del primer día y que tengamos en cuenta el dinamismo y los cambios continuos de la vida.

 Cada día nos sorprende una noticia nueva para la que no estaban preparados nuestros objetivos. ¿Quiere decir eso que hemos dado al traste con nuestros planes?, ¿Qué nuestra lista de objetivos ya no sirve?

Tomar decisiones a diario con nuevos datos se ha convertido en una necesidad actual y por lo tanto es algo que tenemos que integrar en nuestras dinámicas de “planificación”, que acabarán siendo “planes de previsión”.

 La seguridad sólo depende de nosotros mismos, de nuestro interior, todo lo demás puede cambiar de un momento a otro. La lista de objetivos es sólo una herramienta en nuestra estrategia de cara a la felicidad, que ciertamente ayuda.

¿Habremos fracasado si no se cumplen? Si tenemos en cuenta que esta afirmación proviene de no salir las cosas como estaba establecido, puede, pero significa esto que no habremos dado con otra solución a otra cuestión, que  no habremos aprendido otra forma, como decía Edison, de no hacerlo para conseguir determinados resultados. Definitivamente, no fracasamos.

¿Salirse del guión, está penalizado? Por supuesto que no, es más, está recomendado por la neurociencia aumentar nuestras conexiones sinápticas haciendo cosas que nunca hemos hecho, aprendiendo, probando, además la creatividad parte de estas incursiones en lo desconocido, en la mezcla, en salirse de la rutina.

Ponte en la situación de que el plan de crecimiento laboral que tienes previsto desarrollar en una empresa se reduce a tu país. Qué ocurriría si te ofreciesen una oportunidad en otro lugar. Seguramente los miedos a salirte del plan, te impedirían tomar una decisión que te reportaría beneficios a futuro.

La rigidez es la base de los prejuicios, de la infelicidad, de la resistencia ante la curiosidad y supone la falta de innovación y de creatividad.

Usa tus planes como un guión actualizable. No permitas que la rigidez apague tu ilusión, ni tus oportunidades.

Ser espontáneo también tiene su premio.

foto:descargarobinhood

Saber adónde vamos

adonde vamos

Si somos conscientes de la importancia de tener objetivos y hemos llevado a cabo el ejercicio propuesto por Jim Rohn en el post anterior estamos preparados para darle forma a nuestro futuro.

Ahora tenemos que decidir cuáles de los objetivos de nuestra lista los queremos cumplir a corto o a largo plazo, para ello al lado de cada objetivo en nuestra lista elegiremos entre 1,3,5 y 10 años para alcanzar cada objetivo.

Si encontramos un equilibrio entre los plazos de los objetivos nos será más fácil alcanzarlos.

La razón de establecer varios objetivos y no uno sólo radica en que se ha comprobado que si se lucha por uno y se consigue, la sensación de vacío y de haber terminado el propósito  en la vida es a veces una agria victoria que puede plantear otras cuestiones.

Una vez tenga la lista revisada, elija cuatro objetivos como máximo en cada una de las categorías por plazos y haga lo siguiente:

  • Descripción con máximo detalle de lo que desea. Ya sea una cuestión material o un empleo o negocio. Piense en cargo, salario, forma, color…
  • Escriba el motivo por el que desea alcanzar o adquirir ese objetivo. Si no consigues encontrar razones seguramente será un capricho. Bórrelo y escoja otro objetivo.

Copie los dieciséis objetivos en su teléfono móvil, en su tableta, agenda, cuaderno… y revíselos cada semana.

Cada objetivo debe incluir los pasos que está dando y los que debe dar para conseguirlos.

Si deseas tener éxito en sus propósitos esta lista será de máxima importancia. Significa que va por el mundo con sus propios planes, no esperando lo que el azar y el destino le tienen preparado.

La sensación de dominio y de ir cumpliendo objetivos, desde los más sencillos, generarán en nosotros confianza  suficiente para seguir con nuestra lista, aunque simplemente el hecho de tenerla nos da un impulso vital importante.

El establecer objetivos no es un proceso puntual, se lleva a cabo a lo largo de toda la vida.

Si no está demasiado convencido recuerde a Séneca : «Cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos  son desfavorables».

 Foto:robertorobles.com

¿Eres el capitán de tu alma?

capitan

No sabes definir tu estado, ni cómo te sientes, pero algo no marcha bien. Tienes, un trabajo que, aunque no has elegido, es fijo, no tiene mala remuneración, amigos, familia y un cultivado intelecto que alimentas  con libros permanentemente.

Aún así sientes que vives en una ficticia tranquilidad puesto que estas cuestiones relacionadas con la seguridad, no te hacen que te sientas bien, que seas feliz,

¿Quizá te falta estrategia vital?

Muchas de las decisiones que hemos tomado en la vida son moldeadas desde el exterior. Nuestro entorno, padres, amigos, maestros… la interiorización que hemos hecho de los numerosos acontecimientos que asaltan nuestro días…

Pero nunca hemos trazado nuestra propia hoja de ruta. Un proyecto con objetivos marcados y pasos para alcanzarlos.

La mayoría recordando nuestro pasado sí sabemos de lo que huimos, aunque poco son los elegidos a los que dejos de arrastrar el pasado impulsa la ilusión de un futuro planificado y deseado.

Esperar a estar jubilados y entonces mirar hacia atrás lamentando  no haber sido dueños de nuestro destino y simplemente haber ido dando tumbos donde la vida nos ha llevado sin elección, no es una opción atractiva, ¿no crees?

Todos necesitamos motivaciones para pasar a la acción, unos por inspiración y otros por desesperación, cada vez somos más los que nos ponemos manos a la obra para construir nuestro futuro, sin esperar suertes, circunstancias o simplemente “rogar que nos quedemos como estamos”.

No moverse ya implica una decisión, que el mundo sigue, pasa, cambia y el permanecer inmóvil, cuando  la velocidad es enorme hace que te quedes fuera antes de lo que tenías previsto. “Crecer cada día es ya una obligación”.

Un estudio de dos psicólogos de  la Universidad de Riverside identificó entre las actividades que consideraban más útiles para aumentar la felicidad, la búsqueda de metas y consecución de objetivos.

Puedo dar fe de una persona cercana que, a base de establecerse metas para presenciar acontecimientos familiares de toda índole, va poniéndose metas y objetivos vitales y va ya por los 92 años.¡Funciona!

Está demostrado que el simple hecho de plantearnos un objetivo, mejora nuestro humor, ¿es o no interesante?

Si has decidido tomar las riendas de tu felicidad  y no dejarte  avasallar por los acontecimientos y quieres empezar hoy, te dejo una práctica  de Jim Rohn sobre establecer objetivos:

  • Tome un bloc de notas, un diario o una agenda.
  • Escriba este encabezamiento en su bloc o en una hoja de papel «Objetivos a largo plazo».
  • Responda a la siguiente pregunta:
    • «¿Qué es lo que deseo para los próximos diez años?» El secreto para realizar este ejercicio con eficacia consiste en escribir el máximo de ideas en el mínimo tiempo posible. Tómese diez o quince minutos para este ejercicio e intente escribir unos cincuenta conceptos.

Preguntas orientativas:

1.¿Qué quiero hacer?

2.¿Qué quiero ser?

3.¿Qué quiero ver?

4.¿Qué quiero tener?

5.¿Adónde quiero ir?

6. ¿Qué es lo que deseo compartir?

Seguiremos hablando de objetivos la próxima semana, mientras, os dejo el inspirador  poema «Invictus» del poeta inglés William Ernest Henley

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
agradezco a los dioses si existen,
por mi alma inconquistable

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he estremecido o lamentado en voz alta.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
yace el horror de la sombra,
aún así la amenaza de los años
me encuentra y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
Soy el amo de mi destino;
Soy el capitán de mi alma.

Buen fin de semana  😉

Todo ocurre por una razón

todocourre

«No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostí­bulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre habí­a sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostí­bulo se pasaba de padres a hijos y la porterí­a se pasaba de padres a hijos.

Un dí­a, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostí­bulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por dí­a. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero…..

Me encantaría satisfacerlo, señor, balbuceo, pero yo… yo no sé leer ni escribir.

Ah! Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto…

Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo…

No lo dejó terminar.

Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Qué tenga suerte.

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca habí­a pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llego a su­ casa, por primera vez desocupado. Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostí­bulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, el, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podrí­a ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, solo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada.

Teni­a que comprar una caja de herramientas completa.

Para eso usaría una parte del dinero recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferreterí­a, y que debía viajar dos dí­as en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra.¿Qué más da? pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traí­a una hermosa y completa caja de herramientas. No habí­a terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.

Mire, si­, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… como me quede sin empleo…

Bueno, pero yo se lo devolverí­a mañana bien temprano.

Está bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino toco la puerta.

Mire, yo todaví­a necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?

No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferreterí­a está a dos dí­as de mula. Hagamos un trato, dijo el vecino. Yo le pagaré a usted los dos dí­as de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?.

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días…

Aceptó. Volvió a montar su mula.

Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

Hola, vecino.¿ Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?

Sí.

Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

No todos disponemos de cuatro días para compras, recordaba… Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que el viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgarí­a un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que habí­a vendido. De paso, podrí­a ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.

Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformo en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferí­an comprar en su ferreterí­a y ganar dos dí­as de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podrí­a fabricar para él, las cabezas de los martillos.

Y luego,¿ por qué no? las tenazas… y las pinzas… y los cinceles.

Y luego fueron los clavos y los tornillos…..

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformo con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas.

El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela.

Allí se enseñarí­a además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazo y le dijo:

Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.

El honor seriía para mí, dijo el hombre. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.

¿Usted?, dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo.

¿Usted no sabe leer ni escribir?, usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir?

Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?

Yo se lo puedo contestar, respondió el hombre con calma.

Si yo hubiera sabido leer y escribir… ¡serí­a portero del prostíbulo!.»

He elegido este genial cuento El portero del prostíbulo de Jorge Bucay para reflexionar hoy, puesto que simboliza muchos de los pensamientos potenciadores que nos son de gran ayuda en nuestra vida.

La importancia de la toma decisiones personal y no esconderse en la zona de confort, como ejemplo  la decisión  para elegir nuestra dedicación. Debe ser nuestra pasión.

Nunca sabemos a qué nos tendremos que enfrentar y por ello, no podemos bajar la guardia, el aprendizaje debe ser algo que nos acompañe durante toda la vida.

Nadie puede volver atrás y empezar de nuevo pero todo el mundo puede empezar hoy y crear un nuevo final”

Haz lo que puedas con lo tengas, donde estés” E. Roosevelt

Arriesgarse tiene su recompensa, sobre todo porque si no hacemos nada no podemos esperar que algo cambie.

Quien da, recibe, sé el primero en hacerlo, tiene su recompensa.

Escuchar a los demás, es una inversión la mayor parte de las veces.

Crecer continuamente personalmente, en los negocios…es el secreto.

Y finalmente “Todo ocurre por una razón”¡¡¡ sólo tienes que buscarla!!!

Por supuesto que esto que he reflejado son los que yo he seleccionado y que las interpretaciones son miles. Por eso estaré encantada de que comentéis vuestras propias reflexiones sobre el post para enriquecerlo.

¡¡Gracias!!

Foto: todoocurrealladodelaluna

¿Qué te pre-ocupa?

preocuparse

En cuanto has puesto los pies en tu casa y en tu trabajo, tras las vacaciones, todas esas cuestiones que habías dejado apartadas, han vuelto de golpe a tu mente.

Preocuparte que había sido una actividad a la que le habías dedicado poco tiempo, ahora te consume gran parte del día.

Volviste a escuchar y a leer noticias sobre economía, enfermedades, sucesos, por tu configuración obviaste todas las que no significan una amenaza para ti y con las que te quedan, imaginas escenarios a cual más aciago.

Preocuparse es una actividad desde cualquier punto de vista absurda pero que en nuestra cultura, si no le dedicas el tiempo suficiente parece que no te ocupas de los demás, o de los temas, que no te importan, que  eres un irresponsable mayúsculo que vive del azar o de las rentas de los demás.

Párate a pensar, en algún momento, ¿ alguna de las cosas que ocurrieron en tu pasado más reciente, se solucionó por preocuparte?

¿Cuánto tiempo le dedicaste a un montón de pensamientos absurdos que te derivaban a la peor de las situaciones para nada?

Aún en el peor de los casos, anticipando todo ese mal augurio, lo único que conseguirás es fastidiarte  días sin motivo.

Parece no muy razonable que pudiendo elegir escenarios mucho más agradables, te pongas siempre negativo y lo que es peor, que esto te incapacite para ver oportunidades u otras soluciones.

En muchos casos en los que la preocupación te inmoviliza estás eludiendo otra cuestión que te es incómoda de llevar a cabo o resolver,  y  utilizas la preocupación como excusa para no hacer nada. Piénsalo, busca que hay detrás de esa constante.

La preocupación también es la excusa perfecta para justificar otros comportamientos que de otra forma, querrías cambiar: fumar, comer…

La preocupación también te afecta físicamente con muchas dolencias añadidas: dolores de cabeza, espalda, úlceras…¿te vas a empezar a cuidar?

Además la preocupación  te impide el cambio.

Algunas estrategias para evitarla que puedes entrenar:

Pregúntate:

  •  ¿De qué me evado al malgastar mi tiempo en preocupaciones?
  • ¿Habrá algo que llegue a cambiar como resultado de mi preocupación?
  • ¿Qué es lo peor que me puede pasar y qué probabilidades hay de que ocurra?

Deja unos minutos al final del día para preocuparte, específicos y utiliza sólo éstos.

Preocúpate por algo por lo que jamás lo harías, algo trivial,  y comprobarás lo absurdo de la actividad.

Párate y dile a alguien : ” Míreme estoy a punto de preocuparme”

Dyer dice que el mejor antídoto contra la preocupación es la acción, así que ¡¡ponte en marcha yaaaaa!!

Complícate 20 segundos

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¿Ha llegado para ti Septiembre cargado de buenos propósitos? Casi tiene más fama Enero, pero el descanso estival también establece un antes y un después en la rutina de todos.

Sobre esta rutina y  sus cambios es sobre lo que me gustaría  reflexionar hoy.

Hacer ejercicio, aprender algún idioma, dejar de fumar, no ver  tanto la televisión, la lista seguro que sería interminable si incluyese todos nuestros deseos, pero seguro que  podéis hacer una analogía con vuestros propios propósitos.

Si además no es la primera vez que éstos están en vuestra lista, el apuntarlos habrá sido  una mezcla entre precaución, escepticismo y ganas de no volverlos a escribir.

Incluso si repasamos nuestras «listas para hacer» durante las vacaciones para muchos de nosotros también habrá sido interminable al principio y se habrá quedado reducida, después,  a la mínima expresión y es que cuando no tenemos jefe y todo el “tiempo del mundo” por delante, la ley del mínimo esfuerzo se impone.

No estamos acostumbrados a tirar de nuestra energía de activación para echar a andar. Necesitamos órdenes externas o poner nuestra esperanza en la fuerza de voluntad, fuente no inagotable, y por lo tanto habiéndonos resistido a hacer algo desde la mañana, por la noche nos será prácticamente imposible que nos quede algo de fuerza para seguir en nuestro propósito. O si hemos tirado de ella para hacer algo no nos quedará la suficiente para emplearla en una segunda cuestión.

De ahí que después de días haciendo ejercicio lo dejemos durante semanas o que atraquemos el frigorífico después de días de estricta dieta o incluso que vayamos postergando durante días tareas por hacer..

Sin embargo no debe desesperarnos que nuestros automatismos y hábitos se impongan, para algo ¡hemos estado practicando durante años!

 Aunque sí, empezar al menos a dejar los hábitos que no nos gustan o no son saludables para nosotros, sería un buen comienzo.

Como inicio te propongo que el hábito que te propongas eliminar le aumentes en, como mínimo, veinte segundos, el tiempo de acceso. Por ejemplo si es fumar deja el tabaco lejos, donde te dé tiempo a pensar, mientras haces el esfuerzo  para llegar a él. Si es la televisión quita las pilas del mando, si es comer coge poca cantidad de lo que sea para que debas volver…piensa en tu hábito a extinguir y en como complicarlo.

Mientras muchas compañías pagan sumas millonarias por ahorrarte y minimizar este tiempo de acceso para que consumas, compres o utilices sus servicios, tú lo utilizarás por mucho menos en tu favor.

Piensa en cómo poner entre tú y lo que quieres dejar al menos veinte segundos.

La sabiduría  popular cifra en 21 días los necesarios para adoptar un hábito, consigue al menos el mismo tiempo.

¡¡Adelante!!

Volver, volver, volveeeer…

back

Seguro que cuando ha sonado el despertador y has abierto el ojo, los primeros pensamientos que le has dedicado a tu vida y a tu felicidad han sido algo así como : ¡qué horror! de nuevo la rutina, se acabaron las vacaciones…

Cómo crees que este hábito de conexión con tu día a día afecta al resto del tiempo. Seguramente si lo meditas no es inocuo y  hará que el resto de tu lunes sea un pequeño infierno del que querrás que las horas pasen volando para volver a tu letargo y a tus lamentos en solitario en casa.

Las vacaciones son momentos en los que no necesitamos despertadores, horarios, rutinas y damos dispensa al cuerpo y a la mente para que el libre albedrío los dirija. Toda esa energía que acumulamos no es para perderla en dos minutos con esos pensamientos vacuos.

Incluso con la promesa de que se repetirán en unos meses, no conseguimos remontar una primera semana sin amortizar, al menos unos días, esas pilas cargadas.

Recuerda que ese sueño que acumulas es fruto de ese merecido descanso que ha trastocado tus horarios y te ha hecho disfrutar, ahora simplemente te avisa de eso.

Seguro que si trazas esa estrategia  y cada vez que el sueño te arrastra, recuerdas alguno de esos buenos momentos de tus días de asueto, una sonrisa asoma en tu cara.¡ Eso sí que te hará el día mejor!

Te propongo que para que la vuelta sea menos gravosa  y tu energía no se derroche en las primeras horas, hagas un ejercicio de agradecimiento que seguro te proporcionará felicidad: nada más despertar y al acostarte agradece tres momentos concretos de tus vacaciones, no lo hagas  general, busca situaciones concretas y agradécelas conscientemente.

Hazlo durante toda la semana. ¡No te cuesta nada trabajar tu propia felicidad!

¡¡¡¡Bienvenid@s!!!!

imagen: te angry scot blog

El elefante encadenado

elefante encadenado

Hoy os quiero dejar este «Cuento para pensar» de Jorge Bucay, que nos sirve de metáfora para todas esas situaciones  en las que nos decimos a nosotros mismos «NO PUEDO»  relegando nuestros sueños, nuevas experiencias y la posibilidad de descubrirnos en asombrosas facetas por el simple hecho de lo que alguna vez  escuchamos, probamos, creímos…

«Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.

Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes.

Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…»

La próxima vez que vayas a decirte que NO PUEDES,  piensa en tus cadenas, en tu estaca y cuestiónatelas.

Total, ¿qué es lo peor que podría pasar?

Obsérvalo en los demás

ojo

Leíste ¿Por qué estoy diciendo esto? ayer.

Veo que sigues igual, que no te has dado por aludido. Continúas haciendo surco en tu mente con tu hábito de protestar y quejarte.

Te vas a dar una oportunidad? ¿de verdad no crees que te afecta?

Escucha  a  Wayne Dyer « Hay dos instancias en las cuales la queja es la peor de tus posibilidades:

1)Cada vez que le dices a alguien que estás cansado, y

2) Cada vez que le dices aalguien que no te sientes bien.

Si estás cansado, puedes hacer distintas cosas para remediarlo, pero quejarte aunque sea a una sola persona, peor aún si esta persona es uno de tus seres queridos, es un abuso de confianza. Y no hará que te sientas menos cansado. Y el mismo tipo de lógica se puede aplicar a tu «no me siento bien».

Aquí tienes otra  de sus prácticas, que te ayudará

«La próxima vez que te encuentres en una reunión social con otras parejas, puedes ensayar el ejercicio siguiente. Anota cuánto tiempo se ha empleado en conversaciones en que se lamentaban de algo. Ya sea de uno mismo, o de los demás, de cosas que pasan, los precios, la meteorología o cualquier otra cosa.
Entonces, al finalizar la reunión, cuando todo el mundo se ha ido a su casa, pregúntate a ti mismo: «¿Qué se logró con la mayoría de las quejas y protestas que se hicieron esta noche?», «¿A quién le importan realmente las cosas de que nos lamentamos esta noche?».

Entonces, la próxima vez que estés a punto de protestar o quejarte de algo,
recuerda la inutilidad de aquella noche.

Merece la pena entrenar!!

¿Por qué estoy contando esto?

quejas

Piensa en un día cualquiera, te levantas y al comenzar tu día, ¿qué haces si está nublado, o si llueve, o hace demasiado calor?.¿ Qué ocurre cuando no sale agua caliente o el ascensor no funciona?. ¿Cuando has olvidado el teléfono o el portátil en casa?

¿Qué es lo  más recurrente en tu rutina,  quejarte o escuchar las quejas de los demás? Estas preguntas seguro que da para  otro post.

Si te paras a pensarlo un rato, qué efecto  producen las quejas. Quizás nunca te hayas detenido a reflexionar sobre ello, pero seguro que si lo haces, podrás comprobar que el efecto que tienen en ti es nefasto. Te amargan un día en el que las oportunidades y las alegrías estarán teñidas desde temprano de un gris preocupante.

Si esto te ocurre muy a menudo es que no te tratas a ti mismo como un ser pleno, te permites el lujo de amargarte con pequeñeces que no está a tu alcance resolver, no tienes el control ni la solución.Si puedes cambiarlo, ¿de qué te quejas?,¡¡ ponte manos a la obra!!

Contar a los demás cosas que no te gustan, sobre las que los demás no pueden hacer nada por ti  o con las que estás insatisfecho, contribuye a aumentar tu sentimiento negativo y a no desenganchar de esas situaciones negativas.

 Además seguro que si alguien le intenta quitar importancia o incluso negarlas, ves una posibilidad de tener la razón por encima de todo y te empeñas en defender tu queja, que no es más que justificarte tú.

Es un acto inútil,¿has comprobado además la imagen que das?      ¿Quiere acaso alguien estar con una persona que protesta, o cerca de ella?  Como mínimo, pensarán de ti que eres  gruñona, negativa, con muchos problemas y desconsiderada para con los demás.

¿Quién te crees para amargar con tus lamentos a los demás?, quizás ellos estén haciendo grandes esfuerzos para cambiar su actitud. Tú no sólo colaboras sino que la empeoras. ¿Te gustaría que te lo hiciesen a ti?

Quejarse con las personas a quienes quieres es un abuso de confianza. Para desahogarte tú, dejas de pensar en cómo se sentirá la persona que te escucha, a quien seguramente dejes, como mínimo, preocupada y preguntándose con ansiedad, cómo te podrá ayudar. Cuando tú contándolo, te has quedado tan relajado.

Quejarte como explica Dyer “impide que vivas tu vida de forma positiva y eficiente. Te impulsa a tener pena de ti mismo e inmoviliza tus esfuerzos para dar y recibir amor. Dsiminuye tus oportunidades de mejorar tus relaciones afectivas y aumentar tus relaciones sociales. Y aunque logres atraer la atención de los demás sobre tu persona, lo lograrás de una manera que sin duda ensombrecerá tu propia felicidad.”

¿Quieres trabajar para cambiar?. Empieza por unas sencillas preguntas  que puedes hacerte para detectar este comportamiento : ¿Por qué estoy contando esto? o ¿Hay algo que puedan hacer por mí para solucionar el problema?

En ambos  casos, tú mismo, verás la inutilidad de la queja, antes de protestar.

¿Participas en la Operación Biquini?

biquini

Qué es lo que ocurre cuando nuestro cuerpo no cumple con los cánones que la sociedad intenta imponernos. ¿Cómo afecta esto a nuestra autoestima? ¿Qué es lo que hace realmente atractiva  a una persona?

En esta época del año, es bastante corriente que la denominada “Operación Biquini” sea un tema recurrente, los miles de anuncios de productos con los que nos bombardean a diario, requieren un amor por uno mismo a prueba de bombas.

Nunca es el peso, la piel, el músculo ideal…y esto nos afecta definitivamente en cuanto toca despojarnos de la ropa, evitar disfrutar de experiencias, lugares, obsesionarnos con nuestros más pequeños detalles. Todo para ocultar que no nos aceptamos.

Da igual que las estadísticas sobre determinadas cuestiones hormonales sean abrumadoras, que  disfrutar de la comida en muchos casos sea incompatible con los cánones publicitados  a no ser que tengas ración doble de ejercicio. Te crees en una situación única.

Si realmente estás tan a disgusto a lo mejor es el momento para no retrasarlo más y empezar a hacer ejercicio con asiduidad o hacer algunos cambios en tu dieta. Lo que es seguro es que no es el momento de amargarse.

Una cuestión fundamental es que «lo que tú piensas de ti mismo es  mucho más importante que lo que piensen los demás”. No les des una oportunidad para hundirte.

La seguridad en ti mismo será tu mejor traje de baño este verano. Te hará divertirte disfrutar y demostrarle a todo el mundo que el crecimiento personal es más importante que cualquier cuestión física. Que poner tu foco de atención en lo estético sólo, puede que no te haga tan  feliz como crees. No busques la aprobación en los demás como una necesidad o acabarás trágicamente confundido y agotado. ¿Por qué seguir al resto?

 Os dejo unas palabras de Wayne Dyer sobre “El amor al cuerpo” que nos ayudarán en la reflexión:

“Todo empieza con tu yo físico. ¿Te gusta tu cuerpo? Si has contestado que no, trata de dividir esta respuesta en diferentes partes. Haz una lista de las cosas que no te gustan. Empezando por arriba: tu cabello, tu frente, tus ojos, párpados, mejillas. ¿Te gustan tus ojos, tu nariz, dientes y cuello? Y ¿qué pasa con tus brazos, dedos, pecho y estómago? Haz una lista larga. Incluye también tus órganos interiores. Tus riñones, el bazo, las arterias y el fémur. Ahora piensa en los oscuros ingredientes que te componen. ¿Qué piensas de tu Cisura de Merlando, de tu zona coclear, de tu úvula, de tus glándulas adrenales y de tu pabellón auditivo externo? Tienes que hacer una lista larga y completa. No es que tengas buen cuerpo; tú eres tu cuerpo; y el que no te guste significa que no te aceptas a ti mismo como ser humano.

Puede que tengas algunos rasgos físicos que te desagraden. Si son partes de tu cuerpo que pueden ser modificadas, haz que cambiarlas sea una de tus metas. Si tu barriga es demasiado grande o tu pelo de un color que no te sienta bien, puedes considerarlos como elecciones hechas en anteriores momentos presentes, y puedes hacer nuevas decisiones apropiadas a este momento presente.

Esas partes que desapruebas y que no pueden ser modificadas (piernas demasiado largas, ojos demasiado estrechos, pechos demasiado pequeños o demasiado grandes) pueden ser vistos bajo una óptica diferente. Nada es demasiado nada y las piernas largas no son ni mejor ni peor que pelo o no pelo.

Lo que tú has hecho es aceptar la definición de la sociedad contemporánea respecto a la belleza. No dejes que los demás te dicten lo que te resulta atractivo a ti. Decide que te agrada tu yo físico y que es valioso y atractivo para tu modo de ver, para ti, rechazando las comparaciones y las opiniones de los demás. Tú puedes decidir lo que es agradable y de tu gusto; y hacer que la falta de aceptación de ti mismo sea una cosa del pasado”.