Contrólate

control

“Sólo tú puedes mejorar tu suerte y hacerte feliz a ti mismo. De ti depende hacerte cargo de controlar tu propia mente, y entonces debes tratar de sentir y actuar de las maneras que elijas”.

Este pensamiento de Wayne Dyer, refleja claramente una reflexión compartida, eres sólo tú quien puede mejorar tu vida, controlando tu mente, tus pensamientos y tus emociones.

Si hablas con personas de tu entorno seguramente podrás comprobar cómo, a algunas personas, las controla el entorno, es decir, son víctimas de sus circunstancias.

No creen que hayan elegido nada en la vida, las excusas del azar o de la culpabilidad de otro se suceden en la mayoría de sus relatos, hasta tal punto, que hay días que incluso la cuestión meteorológica, toma protagonismo en su humor y en su vida  para decidir su día.

Los sucesos creen que forman parte de fenómenos paranormales a los que no se han podido resistir y por lo tanto no son dueñas de su suerte. Algo así como una sumisión total a las eventualidades que provoca que nada en su vida tenga una autoría propia y por lo tanto cualquier hecho les sorprenda.

No ser conscientes de esto y por lo tanto no ser responsables de nuestra mejora y sabedores de nuestras posibilidades no es inocuo, afecta a nuestra felicidad y a nuestro bienestar.

Estar a los mandos de nuestra vida y hacer que las cosas pasen, sin esperar a que ocurran por mera casualidad hace que seamos más exitosos en nuestras vidas personales, sociales y laborales.

Cada vez que entablo conversación con alguien que tiene un sueño, una meta y una deseo concreto, desde hace mucho tiempo. Ha conseguido darle forma hasta poder recordar colores, sonidos y emociones, y le pregunto qué está haciendo para lograrlo, en muchas ocasiones me encuentro con excusas.

Todos tenemos miedo al fracaso, al rechazo, a no ser capaces en algún momento. Lo importante es ponerte ese miedo a la espalda, como motor, no llevarlo siempre delante donde nos mira retador, nos asusta y nos sirve de freno,Haz este ejercicio mentalmente cuando te asalte. Trasládalo y atrévete!!!

En la vida lo único importante es el tiempo, no se puede comprar, fabricar o intercambiar y a lo mejor si te decidieses podrías disfrutar de todas esas cosas que tantas veces has imaginado.

Dominar tu mente y tomar los mandos te hará sentirte tan poderoso que nadie podrá pararte.

Empieza dividiendo todo en pequeñas tareas, no acometas grandes hazañas o correrás el riesgo de caer en la desmotivadora trampa todo o nada. Celebra la consecución de todas las fases y prémiate.

¿Qué es lo peor que podría ocurrir? ¿Fracasar? ¿yyyyy? Ya contarías con más experiencia, arrojo y aplomo que los que nunca lo intentaron.

Recuerda que si pones el control en manos de los demás, tu vida la dominarán ellos y no tú y al final no podrás sentirte orgulloso de todas las batallas que libran las personas que se arriesgan, ni podrás acumular toda la experiencia de las sabias.

¿Te controlas o te controlan?

Fuera de tu control

fuera de control
 
 
Nadie te entiende, tú que te preocupas por ellos, porque mejoren, porque se sientan bien, útiles, porque hagan el mejor papel posible en la vida, con sus amigos,en su trabajo y encima se molestan.
Les has dicho mil veces cómo hacerlo, estás harto, no te hacen caso, tú  sabes que es por llevarte  la contraria, porque saben que no hay otra forma de hacerlo. Piensas que «seguro que envidian mi puesto o mi forma de organizarme o quieren ser yo!»
«Es que no lo ven, lo mejor para ellos es lo que  digo, se lo he dicho un millón de veces». ¿Les has preguntado? Yoooo? Si soy SU madre, jefe, amigo, compañero… yo lo sé.
Te reconoces en alguna de estas situaciones, has copiado el modelo quizá de un padre, un jefe, un amigo o una madre controladora y crees que es lo correcto. Te desesperas, te bloqueas, te enfadas cuando los demás no hacen lo que tú dices y lo que tú quieres.
Nunca has pensado en que quien tiene que cambiar eres tú. Tienes claro que son ellos que te desesperan e incluso has pensado que lo hacen aposta para fastidiarte, aunque sean quienes más te quieren tu madre, tu hermana, tu pareja…
Tú soportarías a alguien así a tu lado, que te diga constantemente lo que debes hacer, lo que es bueno y malo para ti y si no le prestas atención se malhumora, amenaza y pierde los papeles. ¿Te gusta ser así? ¿Te sientes bien?
Qué te hace pensar que lo que tú quieres o lo que significan para ti las cosas es compartido por los que están a tu alrededor.Qué te indica que tus opciones son mejores que las de los demás. Acaso ,¿soportarás las consecuencias tú?
¿Dónde tienes el foco de control fuera o dentro de ti?. Cómo quieres cambiar a los demás si no eres capaz de hacerlo tú mismo, siendo incapaz de reprimir ese hábito de mandar, sugerir e imponer.
Si has decidido cambiar tu actitud y dejar de intentar controlar lo que le ocurre a los demás, la próxima vez que te desesperes, te enfades y vayas a perder los papeles piensa, ¿qué porcentaje de esta situación controlo? Si depende de ti, será el 100% si es algo referente a otra persona el porcentaje irá disminuyendo a medida que tu bloqueo, tu desesperación y tu ansiedad aumentan.
Si depende de ti y lo  quieres, pon todo tu esfuerzo en lograr tu propósito, no te rindas. Si  consiste en empujar a los demás al cambio, en contra de su voluntad o sin su acuerdo o porque se rinden,  será o bien un trabajo frustrante y agotador o una pírrica victoria que tampoco te calmará.
Si quieres ser feliz empéñate en las que superen al menos el 75% de tu control. En las demás, una vez detectada la ansiedad, el temor o el bloqueo, piensa en la situación, ponte en la piel del otro, mira con otros ojos e intenta comprender, pregúntale para saber. Sólo esta detección, te irá ayudando.
Si a esto lo acompañas de un diario en el vayas reflejando estos episodios y reflexionando sobre ellos, cada vez tendrás más autocontrol y más energía para resolver lo que realmente te ocurre a ti y dejarás a los demás que con sus propias herramientas disfruten de sus victorias y aprendan de sus derrotas.
Déjalo fluir, por fin  estarás en paz contigo mismo.
Agótate hasta conseguirlo, merece la pena ser feliz

Tu torre de control

torre de control

Igual que este edificio con forma de torre, controla el tráfico aéreo en la zona del aeropuerto y sus inmediaciones y su labor es compleja, nuestra torre de control también lo es.

No sólo porque realiza un montón de análisis de variables como la aérea, sino  porque hay veces que no controla lo que nos produce felicidad y paz interior, sino que nos complica la vida.

Hay al menos tres tipos de control sobre los que me gustaría reflexionar: el control sobre uno mismo, el control tuyo sobre los demás y  cuando dejamos que ellos nos controlen.

En este primer post me gustaría reflexionar acerca  de cuando dejamos que nos controlen. Respecto de esta variable se pueden deducir otras dos situaciones, la primera que sean personas quienes nos quieran controlar y segunda que sean los propios acontecimientos los que nos gobiernen, me referiré a esta última en el control sobre nosotros mismos.

En el caso de que sean las personas las que nos quieran controlar, podemos detectar a este tipo de personas a nuestro alrededor porque su sola presencia nos estresa, nos violenta, nos sentimos manipuladas  y ni siquiera sabemos decir el porqué.

¿Reconoces la suma de muchos de estos rasgos?: constantes cambios de humor, uso de su “carácter “ con frecuencia, piensan que  siempre saben lo que estás pensando, se hacen una imagen de ti que no cambian, buscan elogios, no aceptan un “no”  o intentan cambiarte cuando actúas por ti mismo, critican a otros para crecerse, carecen de la habilidad de tolerar o aceptar diferencias y nunca es su culpa. Además de que tienes que ir con pies de plomo para no ofenderles o cualquier cosa que haces o dices les hace perder el control.

Muchas de estas cuestiones son el reflejo de problemas de las propias personas y tienen su raíz en cuestiones que “no vienen al coaching.” Lo principal es que una personalidad fuerte no implica que seas controladora.

Sin embargo sí que puede ser un cambio vital importante para ti, ir soltando lastre para poder tener una vida plena y feliz aceptando a cada uno como es. Aunque si  la persona no lo reconoce o no entiende que necesite un cambio comienza a ser insoportable. Si tu malestar persiste a su lado, a lo mejor tú sí necesitas cambiar.

Responsabilizándonos de esto, nuestra actitud es la que podemos modificar antes de que sea demasiado tarde y puedan llegar a frenar tu desarrollo vital.

Las  personas controladoras también sufren su propio estrés por querer controlar la vida de los demás y para ellas tampoco es una cuestión agradable, pero hay veces que sin ayuda externa no pueden salir del patrón.

Las verdaderas relaciones de amistad y de pareja no se crean sobre quienes tienes el control. Se busca un equilibrio entre el dar y recibir.

Si estás cerca de alguien así, primero intentar detectar si está hablando de límites o quiere controlarte.

Segundo, piensa si tras  la detección, podrás seguir siendo tú, a pesar de tus lances y defender las cosas del modo en que tú las ves.

Tercero si continúa ejerciendo de controlador y no tiene planes de cambio, aléjate puede ser que cuando lo pretendas tu autoestima esté bajo mínimos.

¿Qué estás haciendo para ser feliz?

feliz

Te has preguntado esto alguna vez. Te da miedo hacerlo. Crees que es demasiado tarde. Funcionará…

Si a veces has pensado que te va a estallar la cabeza de tanto pensar o que te vas a volver loco, puede que estés en lo cierto. Usas tu cerebro con los pensamientos equivocados y produces efectos indeseados.

Entre dejarte invadir por raudales de pensamientos  obsesivos y negativos y empezar una vida nueva, no hay más una decisión. Una elección. Querer.

Todos los pensamientos que anidan en tu cabeza son tuyos, tú los has creado. Ellos a su vez dan lugar a tus sentimientos y estos a tu estado de ánimo. ¿Cuáles vas a elegir para vivir?

A que seguro que los sentimientos ,sí que los identificas enfado, tristeza, alegría… ¿de dónde crees que provienen?

Crees que es magia, que se fabrican en algún lugar y después son infiltrados en tu cerebro para hacerte la vida imposible.

Eres tú o son los demás los que dirigen tu vida, los que deciden cómo te comportas, lo que haces, lo que piensas. A los que dedicas horas y horas de aflicción. Una opinión ajena y estás abajo o arriba,¿ piensas vivir en esa montaña rusa?

Tanto te importa lo que opinen los demás.  Realmente son ellos los que van a vivir tu vida, los que se responsabilizarán de tus consecuencias, de tus circunstancias.

¡Qué divertido! si son los pensamientos y opiniones de los demás, los que dirigen tu vida, ¿me dejas hacerlo a mí?

No será mucho más importante lo que tú opines de ti mismo, lo que te digas.

No necesitarás toda esa energía para ser quien realmente eres  y no quien los demás quieren o deciden.

Te has vuelto adicto a ese sentimiento de compasión que los demás te dedican, a pensar que no puedes hacer nada, que todo te pasa.

A mí no me das ninguna pena, ni pienso seguirte el juego. Todos, tenemos todos  los ingredientes para ser felices, dentro de nosotros.

Tú decides en qué proporción van a jugar en tu favor.

Ahí fuera hay miles de personas en peores circunstancias que tú y han decidido ser felices. Sé responsable y consciente de esto.

¿Qué les hace diferentes? Sin duda, sus pensamientos.

A partir de ahora cuando te pongas a pensar empieza por:

 ¿ qué estoy haciendo para ser feliz?

Nadie ha dicho que sea fácil 😉

¿En “justa” reciprocidad?

reciprocidad

La reciprocidad es una cuestión que curiosamente en todas las sociedades del mundo se respeta, si alguien hace algo por ti, te encuentras conque el hacer algo por ella se convierte en una necesidad vital.

Has reparado en que a veces puede ser usada contra ti hábilmente.

Este sentimiento que guía en muchos casos nuestras acciones sin nosotros pretenderlo, usado de manera consciente supone una modificación de la conducta de  las personas.

Seguramente recordáis alguien que sin vosotros pedirlo os ha traído algo , os ha regalado algo u os ha hecho un favor recientemente. A partir de ese momento te sientes en deuda, independientemente de la persona acreedora, un duendecillo anda por tu mente intentando desembarazarse de esa cuestión. Y cómo, normalmente saldándola cuanto antes.

En muchos casos simplemente contestamos: “gracias, ya sabes que si necesitas algo” pues ese algo de ese momento, estás expuesto a que esa persona “se lo cobre”. Un cheque en blanco te hará, prácticamente,  hacer lo que te pida.Será la única forma de acabar con ese sentimiento de débito.

Tras indagar sobre esta cuestión, por ejemplo he observado la actividad los “me gusta” y “compartir” en Facebook. Se refleja claramente este comportamiento humano. Si alguien cliquea en un post tuyo, rápidamente buscamos alguno  de la otra persona para hacer lo mismo. Si no, hacemos como que ni siquiera lo vemos, a pesar de que toda la información pase descaradamente por nuestros muros e incluso nos guste. Acaba siendo una cuestión de ignorar o de no mostrar  bien  que estamos conectados la mayor parte del día o  bien nuestro interés por esa persona.

El porqué de este comportamiento daría para otro post, hoy me ciño a la reciprocidad. De cualquier forma empieza a pensar , cómo actúas tú en las redes

Otros ejemplos claros de la utilización de la reciprocidad son las muestras gratuitas que las marcas nos ofrecen y regalan, las degustaciones gratuitas, no son inocuas. Tampoco  las contribuciones a las Campañas Electorales, como estamos comprobando e incluso si alguien que nos disgusta nos hace un favor, sólo por no deberle nada, corremos raudos a pagarlo.

Ese entrenamiento desde pequeños, que hemos llevado a cabo para no saltarnos la regla, hace que nos resulte desagradable el sentimiento y que tenga un alto valor psicológico.

En cualquier caso este aviso en para que ese sentimiento lo puedas detectar y no te suponga ser víctima de una manipulación o por lo menos  que  reconozcas su influencia. Siempre, quien intenta hacerlo con otra intención,  toma la iniciativa. De ti depende que exista o no esa deuda.

Dar sin esperar nada a cambio, es una de las formas más gratificantes de vivir. Convicción a la que solemos llegar cuando ya hemos gastado demasiado tiempo y energía en acumular, sin ver resultados. Quien así se comporta nunca está en deuda con nadie, porque no tiene apego a nada.

Conseguiremos ese desapego algún día…

Qué puedes aprender de Homeland

homeland

Seguramente para muchos de vosotros el Sargento Brody no es un personaje desconocido, en el caso de que así lo fuera, os invito a leer una sinopsis de la serie Homeland.

El personaje del Sargento se desarrolla a través de flashbacks de su captura, encarcelamiento y tortura en Irak. Tras ocho años de cautiverio, en una operación de las Delta Force, es rescatado y vuelve a los Estados Unidos como un héroe de guerra, más tarde acaba destapándose como un aliado de Al-Qaeda.

Tras seguir la serie en televisión y leer sobre estrategias de la guerra de Corea  y de persuasión , he querido reflexionar sobre cómo alguien tan vinculado y comprometido con la defensa de un país, como para alistarse en un ejército que continuamente participa en conflictos bélicos, puede acabar cambiándose de bando y trabajar para el enemigo y qué podemos aprender.

Ser congruente con lo que uno piensa y  hace es una cuestión bastante importante para el ser humano, por eso cuando se quiere investigar sobre personas, es más importante observar el comportamiento que el discurso.

El caso de esta serie parece extraño pero si nos atenemos a las muchas ocasiones en que somos manipulados por pequeñas peticiones sin que nosotros lo notemos, no será tan raro que entendamos cómo  pueden  acabar  cambiando  nuestros sentimientos, las de más impacto. Por ejemplo, la simple firma en una petición, nos hace que a partir de ese momento, nuestros sentimientos cambien y estemos mucho más sensibilizados con la causa. Siguiendo la filosofía “ comienza pequeño y construye”.

Para que nosotros lleguemos a la situación del Sargento Brody, Cialdini, apunta que el compromiso con la causa es la llave y para analizar cómo debe ser éste, estaremos atentos a cinco cuestiones.

La primera de ellas es que sea activo, es decir, que Brody al comenzar a enseñar la lengua inglesa al hijo del dirigente de Al-Qaeda, Abu Nazir, estaba llevando a cabo una acción que poco a poco modificaba su mente con respecto a los yihadistas y a la vez introducía en sus conceptos y dogmas. Un niño que podía comparar con sus hijos y que era querido por su padre, a pesar de que era un terrorista, hacía que su compromiso fuera más fuerte. Cuando en un ataque norteamericano matan al niño, la empatía con su cruzada se acrecienta.

La segunda que fuera público, al hacer su compromiso público delante del resto de terroristas y enlaces, del compañero convertido al Islam y pensando en las personas que verían la grabación de su video confesando que  iba a llevar a cabo un atentado, fue definitivo. Además, al grabar ese video, su único deseo es ser congruente consigo mismo y su mensaje, por lo tanto, no se vuelve a cuestionar su misión hasta que su hija interviene para quitarle la idea.  Como explican los psicólogos Jones& Harris, lo que piensan que es cierto los que están a nuestro alrededor, determina enormemente lo que nosotros pensamos que es verdad.

Los compromisos públicos son muchos más duraderos.

En tercer lugar debe costar mucho esfuerzo el compromiso, a Brody le cuesta años de torturas en los que se utilizan ritos similares a los que él mismo entrenó en los Marine y de los que también participan tribus como los Thonga y algunas macabras iniciaciones de las fraternidades norteamericanas que tienen que ver con morir casi de sed, de hambre,ser golpeado, morir de calor o frío, castigos y amenazas de muerte, comidas sin sabor y todo tipo de castigos imaginables…

La última de las cuestiones referentes a cómo hacer del compromiso la clave, pasa porque sea escogido libremente, es decir, que no haya atisbo de recompensa inmediata en hacerlo, sino que aceptemos una responsabilidad interior sin presión externa. Una vez que el Sargento es liberado y devuelto a los Estados Unidos la única presión que tiene para llevar a cabo el atentado es su propio convencimiento de que la misión es legítima.

Ahora imaginaos estos cinco puntos vinculados a una meta u objetivo que queráis llevar a cabo, ¿podrían ser efectivas herramientas para ponerlo en marcha?.

Inténtalo y dinos si entiendes a Brody o no.

¡¡No se me enojen!!

enojo

No sé, si siendo tan reciente la última vez que el enfado intentó capturarme está bien que escriba acerca de ello.

Aunque vista la duración, que en otro momento me hubiese fastidiado varios días, y en esta ocasión se condensó en un atisbo, no sólo creo que debo escribir sino compartir todos los trucos  con los que  entreno. Una vez funcionan unos, otras veces otros y a veces necesito todos a la vez.

En mi caso cuento con una ventaja y es que no tengo mal humor y además  mejoro mi paciencia a pasos agigantados. Lo que me hace gracia es, que mientras yo hago denodados esfuerzos por gestionar mi enojo, hay personas que presumen de mal carácter como si fuese algo de lo que estar orgulloso.

Habréis oído, en varias ocasiones que las cosas con fulanito funcionan bien o que todo el mundo le respeta  porque tiene carácter, personalidad, todos eufemismos para decir que tiene mal humor y la gente le teme.

Hay a quienes les precede su reputación y muchos son los personajes célebres reconocidos por su mal humor, tanto es así, que recuerdan los logros en su profesión o dedicación menos, que sus actos fuera de control.

Hablar cuando uno está enfadado no suele ser buena idea, la ofuscación te impide pensar con claridad, recuerdas otros episodios similares que te incrementan la emocionalidad y el resultado es algo que debes mantener y alimentar, porque de otro modo sólo cabría pedir disculpas y reconocer la desmesura.

Intentar justificar tu irascibilidad, te hará incompatible con el cambio. Y todo a tu alrededor sea un ficticio remanso de paz, puesto que para no alterar el entorno  nadie hablará contigo más que de cosas triviales y aún así, acabarás tratando de imponer tu voluntad.

De tus enfados, sólo hay un responsable tú. Existe una leyenda budista cuya enseñanza casa bien con nuestro refrán que dice “las barcas en el mismo puerto se rozan” y es que el enfado muchas veces es, sí chocar contra otra barca pero en la mayoría de las ocasiones, ésta  iba a la deriva,  no la dirigía nadie y por lo tanto demuestra  que cuando nos enfadamos, no hay nadie en el otro bote.

No es fallo del otro porque para ti, siempre hay otra opción.

Algunos de los trucos que uso :

  • El típico contar hasta 10, distrae la mente y evita el primer impulso
  • Cerrar la boca y ahora añado no escribir mensajes
  • Ponerle algo de humor
  • Darle otra perspectiva  y ponerme en su lugar, buscando una justificación.
  • Pensar en el hecho como si hubiese ocurrido hace tiempo

Y mi favorita escuchar tu música preferida a tope pensando en tu lugar preferido, imposible que no mejores!!!

Nunca digas, nunca jamás

never

Esta cultura nuestra,en la que nos socializamos, si algo nos graba a fuego es  ver dificultades, carencias o defectos en todo aquello sobre lo que ponemos el foco de atención.

Nos acostumbramos a aplicar tan sólo nuestra experiencia y lo que pensamos, como si fuera un remedio para todo, a cualquier aflicción, sin darnos cuenta de que estamos mediatizados por lo poco que vemos, leemos, escribimos y por cómo lo contamos.Sólo hacer esto nos mantiene siempre dentro de los mismos límites y nos impide crecer, innovar, ir más allá

Si a cualquiera de nosotros, nos invitan a pensar tres minutos para definir los rasgos fundamentales de la cultura de nuestra empresa, organización o familia. Aunque tengamos más y mejores cosas que decir, no desaprovechamos el momento para dar unas grandes pinceladas de lo que, a nuestro entender, debemos corregir, en la mayoría, lo que no tenemos, será lo fundamental. No sólo eso, incluso  si tuviésemos que partir de algo para mejorar, sería de esa lista de faltas.

Parece como si algún tipo de maldición se pudiese cerner  sobre nosotros si descarnadamente afirmamos que coincide con nuestros valores, que comparte nuestra misión, que nos gusta. Al segundo siguiente añadiríamos coletillas como “de momento” o “hasta ahora”. Qué  nos ocurre cuando hay que  apreciar  lo que uno tiene…

Qué conseguimos añadiendo a todas las frases “siempre” cuando de lo que vamos a hablar es algo que queremos corregir o “nunca” cuando queremos que sea el hábito. Reflexiona sobre estas palabras, es cierto, que siempre o que nunca. Piensa, cuántas veces, muchas, pocas. Cuantifica, quizá sean sólo una o dos.Que posibilidad de cambio hay en  un comportamiento  que se lleva a cabo siempre, y  nunca…

Qué nos hace ver un” problema” en cada cuestión. Sobre todo el lenguaje. No ser consciente de que almacenamos las cosas con las palabras que nos dirigimos. Por lo tanto, sólo comenzar a detectar qué palabras son nuestras habituales será un paso decidido en la buena dirección.

Si nuestro lenguaje no  nos faculta para buscar más soluciones, para utilizar nuestra imaginación de la mejor manera y lo usamos para torturarnos y decirnos “no irás a pensar  bien  y si luego todo va mal» o «siempre sale mal”. Nos boicoteamos a nosotros mismos constantemente.

Si  al menos,  almacenas la experiencia  apreciando lo bueno,  durante el lapso de tiempo que resta hasta el evento, estarás bien, eso significará que lo podrás encarar mejor, que no habrás minado tu autoestima y tus nervios con todo tipo de elucubraciones.

Es cierto, que para nuestras entrenadas mentes es más fácil recurrir a agoreros pensamientos que a otros más útiles.  Pero no puedes hacer que tu sistema de alarma se mantenga en el nivel  DEF CON 1, no llegarás a diferenciar una simple eventualidad de una catástrofe. Utilizarás la misma energía en ambos casos y todo se convertirá en un «problema» que alertará tu sistema.

Te propongo que esta semana analices los efectos de “siempre” y “nunca” en tus frases. La mayoría de las veces hacen daño. Desterrémoslas.

Generalizar  es «siempre» un error. Entrenas y te atreves a no hacerlo.

¡¡¡Vilma, ábreme la puerta!!!

vilma

Adivino que, como yo, has empleado mucha de tu energía en el “cambio” de otros. Has insistido hasta la saciedad, primero por, lo que tú creías que eran, “las buenas” y  harto de no obtener  resultados, “por las malas”.

Dime que con algunos lo has intentado miles de veces…y no cambian. Les has dado oportunidades, se lo has dicho de todas formas… Estás tan cansado, que  todo lo que te propongan, ya lo has probado.

Has conseguido incluso, que la otra persona, con su sola presencia te soliviante. Es verle y dolerte el estómago, cambiarte el gesto, tensarse tu cuerpo. No quieres reconocer que te has rendido, que no le soportas y  no piensas dedicarle un minuto más.

Bienvenido al, por defecto, modo habitual de cambio.

Seguro, que si piensas en ti mismo, comprobarás  que la puerta del cambio, sólo  se abre desde dentro, con lo cual, por mucho que llamen y  empujen desde fuera, el esfuerzo será en balde. Algo tendrá que moverse dentro de ti para que lo hagas.

Quiere eso decir que el cambio no es posible. No. Sólo quiere decir que las personas no van a ser como nosotros queramos si no ven en ese cambio el cumplimiento de algún deseo, sueño u objetivo. Y que nosotros con nuestro empecinamiento, consejitos y reprimendas, no conseguiremos nada, a no ser, que nuestro discurso sea el idóneo.

Piensa por un momento en alguna ocasión en la que alguien te haya influido para cambiar. Quizá  te mostró una nueva opción, matiz, una nueva perspectiva, algún elemento que te amplió tu visión. Quizá te descubrió recursos  que existían, en los que no habías reparado o te resaltó habilidades que tú nunca hubieses visto. Quizá confió en ti para que hicieses cosas que tú no te hubieses atrevido solo.

Te invito a que hagas una lista de esas personas, mínimo tres, quienes más han influido en tu vida, en este sentido. Recuerda y apunta al lado, los momentos decisivos en que te ayudaron, qué te dijeron.
No continúes leyendo  hasta que no la hayas terminado.

Seguramente esa lista te haya recordado las claves a las que todos asociamos estos momentos, cuando nos sentimos invencibles, orgullosos de nosotros mismos, agradecidos.

Estas emociones que te embargan son las que producen los Potenciadores de Estados Positivos. Estos no parten de lo negativo, esto ya lo recuerda nuestra mente por defecto, como ayuda a la supervivencia. Son las palabras que alguien nos dedica reseñando lo mejor de nosotros.

Mi “yo ideal” parte de mis fortalezas  porque de otra manera, con todo perdido, no me importará quedarme en la casilla de salida, sin hacer nada, pensando en la futilidad de  ese esfuerzo.

Si tenéis cerca a alguien que creéis que necesita un  cambio, no luchéis contra él, cambiad de actitud, mostradle el camino  fácil.Comenzar a apreciar lo que hace bien por mínimo  que sea y habréis prendido, en él, la llama de la superación. También conseguiréis, si lo hacéis bien, estar en su lista.

Será un proceso que requerirá constancia y tendrá momentos de alarma, retroceso y vuelta a empezar, pero si alguien cree en ti, potencia tus fortalezas y te abre un gran abanico de posibilidades, seguro que tienes más posibilidades de no rendirte y quien empujaba la puerta, agradecido, reservará su energía.

Quieres estar en alguna lista?

Desconecta el zoom

zoom

Este cuento tradicional, que recoge Doria en su libro, nos hace reflexionar sobre cómo interiorizamos lo que nos ocurre y cómo podemos ayudarnos a que la próxima vez nuestra perspectiva, con la que nos acerquemos a otras cuestiones, sea mucho más beneficiosa para nosotros.

PUEDE SER, PUEDE SER
En el lejano Reino de Kariel, vive Long Ching, un anciano de frágil cuerpecillo y larga barba blanca. Sus modales serenos y su palabra siempre cuidadosa y amable, hacen de él un hombre respetado en toda la comarca.
Las gentes afirman que Long Ching, en su juventud, fue iniciado en los misterios de la antigua sabiduría. Y en realidad, tanto sus vecinos como su único hijo que con él vive, admiran su gran lucidez y templanza.
Aquel día, los vecinos de Kariel se encontraban muy apenados. Durante la pasada tormenta, las yeguas de Long Ching había salido de sus corrales y escapado a las montañas, dejando al pobre anciano sin los medios habituales de subsistencia. Ante tal hecho, el pueblo sentía una gran consternación por lo que sus habitantes no dejaban de desfilar por su honorable casa:¡”Qué desgracia”! ¡”Pobre Long Ching”! le decían sus vecinos, ¡”Maldita tormenta cayó sobre tu casa”! ¡”Qué mala suerte ha pasado por tu vida”! ¡”Tu casa y tu hacienda está perdida…”!Long Ching, amable, sereno y atento, tan sólo decía una y otra vez: Puede ser, puede ser…
Al poco, el invierno comenzó a asomar sus primeros vientos trayendo un fuerte frío a la región, y ¡Oh sorpresa! Sucedió que las yeguas de Long Ching retornaron al calor de sus antiguos establos, pero en esta ocasión, lo hicieron preñadas y acompañadas de caballos salvajes encontrados en las montañas.
Con esta llegada, el ganado de Long Ching se vio incrementado de manera inesperada.
El pueblo, al enterarse de tal acontecimiento, sintió un gran regocijo por la buena suerte del anciano, de tal forma que, uno a uno, fueron desfilando por su casa, para felicitarlo por tal bonanza.
¡”Qué buena suerte tienes anciano”! ¡”Benditas sean las yeguas que escaparon y más tarde aumentaron tu manada”! ¡”La vida es generosa contigo Long Ching…”!
A lo que el sabio anciano tan sólo contestaba una y otra vez: Puede ser, puede ser.
Pasado un corto tiempo, los nuevos caballos fueron domesticados por el hijo de Long Ching que, desde el amanecer hasta la puesta del sol, no dejaba de preparar a sus animales para las nuevas faenas. Podría decirse que la prosperidad y la alegría reinaban en aquella casa.
Una mañana como cualquier otra, sucedió que uno de los caballos derribó al joven hijo de Long Ching con tan mala fortuna que sus piernas y brazos  e incluso algunas costillas, se fracturaron en la tremenda caída. Como consecuencia, el único hijo del anciano quedaba impedido durante un largo tiempo para la faena diaria.
El pueblo quedó consternado por esta triste noticia por lo que todos los vecinos fueron pasando por su casa, mientras decían al anciano:¡”Qué desgraciado debes sentirte Long Ching”! le decían apesadumbrados.¡”Qué mala suerte, tu único hijo”! ¡”Malditos caballos que han traído la desgracia a tu casa”!
El anciano escuchaba sereno y tan sólo respondía una y otra vez: Puede ser, puede ser…
Con el tiempo, el verano caluroso fue pasando y cuando se divisaban las primeras brisas del otoño, una fuerte tensión política con el país vecino estalló en un conflicto armado. La guerra había sido declarada en la nación y todos los jóvenes disponibles eran enrolados en aquella negra aventura.
Al poco de conocerse la noticia, se presentó en el poblado de Kariel un grupo de emisarios gubernamentales con la misión de alistar para la batalla a todos los jóvenes disponibles de la comarca. Al llegar a la casa de Long Ching y comprobar la lesión de su hijo, siguieron su camino y se olvidaron del muchacho que tenía todos los síntomas de tardar en recuperarse durante una larga temporada.
Los vecinos de Kariel sintieron una gran alegría cuando supieron de la permanencia en el poblado del joven hijo de Long Ching. Así que, de nuevo, uno a uno fueron visitando al anciano para expresar la gran suerte que de nuevo al anciano con su Ala tocaba.
¡”Gran ventura ha llegado a tu vida Long Ching”! le decían ¡”Bendita caída  aquella que conserva la vida de tu hijo y lo mantiene a tu lado durante la incertidumbre y la angustia de la guerra”! ¡”Gran destino el tuyo que cuidade tu persona y de tu hacienda manteniendo al hijo en casa”! ¡”La buena suerte bendice tu morada”!.El anciano mirando con una lucecilla traviesa en sus pupilas tan sólo
contestaba: Puede ser, puede ser

Seguramente te hayas enfrentado a acontecimientos en tu vida que parecen trastocar todos los planes y que si no los pones en perspectiva, dirías seguro algo como «qué mala suerte tengo siempre» o «siempre me pasa lo mismo». Pero también es cierto que estos «golpes de mala suerte» nos han llevado por caminos, que de otro modo no habríamos escrutado y en muchas ocasiones, nos han proporcionado grandes momentos, nos han hecho conseguir encontrar el significado de nuestra vida y nos han puesto más  cerca de nuestros éxitos personales.

Si algo quiero transmitiros en este post es un pensamiento que se le atribuye al Dalai Lama y que se condensa en la siguiente cita «Recuerda que no conseguir lo que quieres, a veces significa un maravilloso golpe de suerte».

Personalmente, es una idea que ha calado hondo en mi vida, constituyendo un aprendizaje diario. Me obliga a quitar el zoom de la vivencia en concreto y a incluirla en un escenario más amplio. Hacer esto te ayuda a  que desenganches de sentimientos perjudiciales  como la vergüenza, la  culpa y la tristeza, haciendo que  buscar la parte positiva y diferente del acontecimiento, entrene tu cerebro para ver nuevas oportunidades.

Si recuerdas algo que en el pasado viviste como un obstáculo insalvable que parecía que había acabado con tus sueños y  tus planes, la interesante perspectiva del tiempo te habrá hecho ver, incluso, que  «todo ocurre por algo».

Si vas a pasar el resto de la semana pensando en lo que te ha sucedido, al menos dale una nueva vuelta, más útil. El pasado es eso,  pasado,  nada puedes cambiar, refocilarte en cada escena de tu película, sólo hará que te quedes estancado en esa pesadilla y te sientas cada vez peor.

Desconecta el zoom y  mira otra vez la situación con una perspectiva más amplia. Piensa qué has aprendido de tu experiencia, con qué merece la pena quedarse.

No te fustigues y lo revivas, no te servirá de nada. Estarás tan ocupado, lamiéndote las heridas o planeando la venganza, que te impedirá ver las infinitas oportunidades que surgen a tu alrededor.

Las cosas no son buenas o malas, son diferentes puntos de vista.

Pueden ser como tu quieras!!!!!

¿Un Tetris?

tetris

Un estudio del departamento de psiquiatría de la Harvard Medical School  investigó el efecto de este juego en alrededor de unas treinta personas. Recordáis en qué consiste, hay que ir colocando cuatro piezas con formas distintas  para que vayan encajando en los huecos libres y rellenen una fila, cuando está completa, se elimina, si no las colocas bien, se van amontonando hasta que llenan la pantalla y pierdes la partida.

Pues bien, estas treinta personas, jugaron durante bastantes horas al día, durante tres días seguidos. El resultado fue, que cuatro días después del experimento, algunos no podían dejar de soñar con las piezas del juego cayendo del cielo, otros las veían en cualquier lugar, incluso hubo alguno que describió sus visitas al supermercado como una partida del juego, en la  que intentaba rellenar los  huecos entre las cajas de cereales y demás productos.
¿Qué es lo que había ocurrido? Pues que ellos mismos habían instalado ese software y esos patrones en su cabeza tras tantas horas de juego.

Esto es lo que muchos de nosotros hacemos cuando no desconectamos de los comportamientos que tenemos en nuestros trabajos, en los que  consumimos tantas horas al día. Existen muchas personas que son incapaces de romper el patrón del comportamiento y la función que desempeñan en sus trabajos. Os pondré tres ejemplos de dedicación en las que se da,  en un grado considerable y  con los que rápidamente podéis encontrar analogías con vuestra profesión. Uno de ellos son los maestros, quienes se pasan el día corrigiendo a sus alumnos comportamientos y déficit de conocimientos, que  tienen dificultad para  compartimentalizar espacios y  siguen  haciendo lo mismo en su vida con sus familias, otro pueden ser los auditores, personas que se pasan el día buscando en grandes cantidades de información el error y por lo tanto lo continúan haciendo en el ámbito privado y personal y finalmente, el de los deportistas profesionales que trasladan la competición fuera de sus deportes.

Ninguno trata de ser descortés, pesado o desagradable pero el patrón de comportamiento que tanto han entrenado y que tan buenos resultados le da en su trabajo, se manifiesta en ámbitos donde no es tan bien recibido, pudiendo llegar a causar problemas de inadaptación. Pero la gran noticia es, que esta cuestión de enfoque se puede trabajar y conseguir circunscribirla a su ámbito correspondiente. Esto demuestra que el patrón que tú entrenas en tu cerebro, éste lo traslada a otras facetas de tu vida.Por lo tanto,  aunque el relatado sea un efecto indeseado,  podéis imaginaros otras habilidades beneficiosas como: ser más alegres y optimistas.

La práctica de hoy es  una cuestión de escaneo. Pensemos en un escáner, una máquina que tenemos que poner en marcha, cuidar su mantenimiento, configurarla y  que nos sirve para explorar y reconocer, ya sea en medicina, en electrónica o en informática.

Nuestro propio escáner, un dispostivo que  podemos configurar y  que pretende  que escaneemos para explorar y reconocer lo positivo que nos ha ocurrido en el día, para que entrenar este  patrón, nos sea cada vez más familiar y automático.Está científicamente comprobado que ser optimista multiplica las oportunidades y posibilidades en tu trabajo y en tu vida.

Ponlo en marcha, piensa en todas las cosas positivas que te han ocurrido hoy, mínimo tres. Sólo hacer este escaneo ya te proporcionará bienestar y te dará una idea de lo relativamente fácil que es la solución.

Empieza a usar tu mente como un filtro antispam, o te vas a dejar  invadir por cualquier cosa.

¿Realmente importa?

importancia

Mientras los hechos se suceden a velocidades de vértigo en nuestra vida. Nuestro cerebro no descansa a pesar de hacer una selección  y filtro constante  para no conseguir gripar nuestros motores, pero aún así, hay quienes se empeñan en dar a muchos de estos acontecimientos el mismo valor y someter a varias atmósferas sus neuronas constantemente.

Ocuparse y preocuparse  por hechos sobre los que no se tiene control, hace que nuestra  imaginación en un uso perjudicial nos sirva para provocar más miedos y ansiedad, en lugar de ayudarnos con las soluciones. Es lo que provoca el estrés, una merma importante en  nuestras capacidades, sobre todo en  la creatividad. Nos acostumbramos a vivir en un estado de alarma constante, siendo difícil que podamos, en este estado, trabajar para buscar soluciones.

Otro de los esfuerzos que acometemos  para aumentar nuestro nivel de estrés es darle a las cuestiones que vivimos en las relaciones con otros, más importancia de la que realmente tienen, magnificando los rasgos negativos y yendo más allá de los hechos. Añadiéndoles creencias, suposiciones y experiencias anteriores. La mayor parte de las veces no ocurre lo que imaginamos. Aunque en muchas ocasiones lo complicamos nosotros hablando de más sobre la cuestión y poniendo a nuestro interlocutor alerta, al dar argumentos y excusar comportamientos que ni siquiera había detectado, por no tener que ver con lo estrictamente ocurrido.

Muchas personas lo llaman “no tener la conciencia tranquila”, pero en muchas ocasiones también responde a circunstancias que por las  analogías de recuerdos que suscitan en nuestra mente, creemos que se repiten en su integridad y por lo tanto, nos enfrentamos a ellas, de nuevo, con las mismas armas. Si una vez no funcionaron y te trajeron complicaciones, qué te hace pensar que ahora sí lo harán.

“La manera en que vemos el problema es el problema” dice Steven Covey. Si respondemos a las creencias que los demás tienen de nosotros disculpándonos y contando una película que nada tiene que ver con los hechos, no trasladaremos  lo que queremos manifestar en realidad, ni conseguiremos nuestro objetivo.

La mejor forma de no ser presa de estos momentos es la reflexión, no actuar ni por impulsos, ni por consejo externo.  Los demás también tienen sus experiencias, creencias e intereses, que aunque no sean trasladados con abyecta  intención, pueden complicar en lugar de resolver, ellos casi nunca tendrán que soportar las consecuencias. Nosotros tenemos todos los datos, resolvamos.

Para tu diálogo mental, escribe en un papel los hechos tal y como ocurrieron, pregúntate qué importancia tienen para ti y qué importancia crees que  tendrán para la otra persona. Qué quieres hacer, cuál es tu objetivo, cómo te sentirías mejor y si con esto que vas a hacer, vas a estar más cerca de tu meta. Guárdalo, léelo en tres días y si sigues pensando lo mismo, hazlo. Si no, habrás comprobado que en un secuestro emocional es mejor no tomar decisiones.

Recuerda el proverbio chino “Si tienes un problema que no tiene solución, para qué te preocupas, y si tiene solución para qué te preocupas.”

Deja fluir el “qi”

¡No haga, deje de hacer!

stop

Cuando pensamos en nuevos  propósitos y cambios, uno de los pensamientos más recurrentes es hacer con ellos una lista. Nuestras listas de hacer (to-do-list) o de cuestiones pendientes, a veces es tan larga y tiene tanta actividad que nos desanima nada más verla.

Si siguiésemos todos los saludables consejos que leemos en periódicos y revistas, tendríamos la sensación de que las veinticuatro horas del día no nos permitirían  seguramente hacerlo todo. Diez minutos, para meditar, dos veces al día, una hora de ejercicio, comer cinco veces al día, los alimentos recomendados, estirar  cada cierto tiempo, ir de un lado a otro andando, aprender algo nuevo…

Todo esto en la cabeza, nos puede parecer imposible, en una lista escrita, poco abarcable, aunque si lo ponemos por escrito en un calendario semanal, al ver los huecos libres, conseguimos quitarnos esa ansiedad que nos produce no  llegar a todo.

Pero hoy quiero hablar de dejar de hacer, sólo de  parar, no llevar a cabo las acciones de siempre para cambiar nuestro comportamiento.

No analizar nuestro comportamiento en positivo o negativo sino dirigir nuestra inacción hacia un objetivo. Parece rebuscado, no? En el fondo es más sencillo de lo que parece.Un lista de cosas que dejar de hacer.

Por ejemplo, no quiere ser negativo, es decir, que su objetivo es   ser positivo, entonces póngase manos a la obra. Se levanta por las mañanas y lejos de decirle a todo el mundo que odia madrugar, simplemente lo omite. Cuando ocurre algo a su alrededor, no lo ponga calificativo, de manera que si alguien hace un comentario que no le gusta, no le califica, ni lo dice. Para poder ser optimista, sólo debe dejar de ser pesimista.

El entrenamiento consiste en dejar de hacer algo mal. Acabar con un mal hábito que llevamos cabo y que queremos cambiar. Otro ejemplo puede  ser, quiero estar más saludable. Hacer ejercicio o comer más sano, serían acciones positivas que implicarían movimiento, sin embargo si sólo dejamos de comer comida basura, de fumar o de estar sentado continuamente. Cuál va a ser su  efecto en nuestra meta?

Inténtelo, quiere ser más agradable y que a todo el mundo le guste estar con usted. Deje de comportarse como un perfecto idiota y deje de decirle a todo el mundo lo que no quiere oír. Nadie le pide que elogie o sonría sin ganas, simplemente deje de hacer lo contrario.

Acostúmbrese a celebrar las decisiones que no ha tomado, las inversiones que no ha hecho y después se ha alegrado de no llevar a cabo. Las circunstancias que le hicieron que no tomar esa decisión, le mantuvieron fuera del error.  Apreciélas como si le hubiesen proporcionado pingües beneficios, al fin y al cabo eso han hecho. Cuéntelas como triunfos, empezará a ver la vida de otra manera, no todo requiere grandes y costosas acciones, no tomarlas o no hacer, también es una decisión en su mano.

Dejar de hacer, puede ser el principio de una útil herramienta para usted.

Foto: lospotisdelunaria

Los medallistas

Medallas

Decía Gandhi que hay dos grupos de personas, las que hacen y las que se cuelgan las medallas y aconsejaba estar en el primer grupo porque el segundo estaba repleto, “overbooking”.

Quienes hacen con la intención de crear, construir, dejar huella, cambiar las cosas, innovar, no pueden dedicar su energía, en muchos casos a venderse, piensan que las autorías y demás cuestiones son tan obvias, que hablan por sí solas. Son personas humildes, apasionadas de su dedicación y bastante seguras de sí mismas pero en muchas ocasiones, acaban desmotivadas y colocadas a codazos en la tercera fila, antes de que puedan reaccionar, no se lo pueden creer.

Sin embargo los medallistas, suelen ser personas que con la misma desfachatez se apuntan una idea suya, que del vecino, se arrogan todo tipo de paternidades y se creen imprescindibles, en muchos casos para medrar, aprovechándose del buen talante de los demás. Sólo su equipo y quienes les rodean, se dan cuenta de ello y a no ser que se establezca una evaluación en la que se pueda medir estos comportamientos, pasan su vida profesional navegando tanto en aguas tranquilas como procelosas.

Pero me gustaría compartir con vosotros una nueva perspectiva de los medallistas. En algunos casos, son personas tan acostumbradas al éxito y a que por diversas cuestiones- competencias técnicas, habilidades, confianza y seguridad en sí mismos, -les vaya increíblemente bien, que realmente creen que cualquier “toque” que den a una idea, que deje su impronta en ella, por pequeña que sea la contribución, es lo que la ha lanzado al éxito.
Atribuirse el mérito forma parte de lo que ellos entienden como uno de los componentes que les ha hecho exitosos. Tienen una alta visión de sí mismos y de sus competencias profesionales y por supuesto sobre los errores ,o son ignorados, o de ellos no participan en ninguna medida.
Su percepción es que ese comportamiento es el que les ha llevado hasta ahí y que por lo tanto les propulsará e impulsará su carrera, viéndose en poco tiempo protagonistas de un ascenso aún más meteórico.
El pasado es su máximo aliado y puede que en parte tengan razón, pero en el caso de que deban adaptarse o tengan problemas con su equipo, siempre pensarán que son los demás, y no ellos mismos, quienes deben hacer el cambio. Ellos son personas de éxito.

La cuestión que puede truncar estas fulgurantes carreras, puede ser que su jefe o sus compañeros no piensen lo mismo, se sientan afectados por sus atribuciones extemporáneas y por el desdén con el que tratan sus ideas. Todo puede volverse en contra.
En la antigua Roma, el Emperador Marco Aurelio, se hacía acompañar por un esclavo que tras los vítores y alabanzas del pueblo insistía en “ Recuerda, sólo eres un hombre”.
La mayoría de los que creen que son el éxito personificado, deberían dejar de pensar que es la otra parte -los demás- la que yerra , deforma y critica, haciendo gala de defectos capitales y pensar en si quizá esos pequeños cambios, en caso de no hacerse, podrían ser su Talón de Aquiles.

Peter Drucker reconocía que se dedicaba demasiado tiempo a decirle a los líderes qué hacer, pero no qué dejar de hacer.

Colgarse las medallas de un equipo, de un conjunto es minusvalorarle, desmotivarle y perder inspiración y carisma frente a ellos.

Todavía recuerdo al genial Nadal, hace unos días, cuando recién ganado su octavo Roland Garros,preguntado por las razones de su éxito, dijo “hemos venido jugando muy bien”.
Eso es un líder, con o sin medallas.

Tú en qué grupo estás?

Efecto Madonna

maqdonna

Reinventarse, seguro que no es la primera vez que escuchas este término. A lo mejor, sí es la primera vez que reparas en su significado. Sin embargo, si estás en un atolladero laboral, será un concepto al que estarás más que acostumbrado. Todo el mundo lo aconseja pero, realmente has reflexionado sobre ello, sabes qué puede significar, cómo te puede ayudar.

Hace ya tiempo que tu diálogo interior es: “Supondrá esto que todos los años de estudio y experiencia en “mi campo” los tendré que tirar por la borda y empezar desde cero. Desde cero… uff hace frío ahí. Como no tengo conocimientos de nada más, tendré que volver a estudiar, hacer una carrera u otra más, un máster. Más dinero, más gasto, me servirá de algo. A qué otra cosa me puedo dedicar. Conseguiré ganarme la vida. Competiré con quienes ya llevan años en esa materia. Será imposible. Debo confiar en mí. Ya, pero, hasta ahora lo he hecho y mira donde estoy. Tengo tiempo, al menos dos años, uff este tiempo se pasa volando, y qué haré…qué van a pensar de mi en mi casa… no puedo o sí puedo o no”.

Días y días en que un buen razonamiento cargado de argumentos y reflexiones en la buena dirección, irá seguido de una batería de excusas en contra.

Excusas que te permitirán ganar tiempo frente a ti mismo, perdonarte que te levantes más tarde, que durante un tiempo no busques trabajo, o no te cambies, que juegues el papel de víctima para ser protagonista en tu entorno. Excusas que poco a poco te irán minando la autoestima y la seguridad en ti mismo.

Todos tenemos limitaciones físicas, no somos superhéores, pero si no nos ponemos en marcha, nunca sabremos de lo que somos capaces.

Cuando pienso en «reinventarse», para mí significa, que tras producirse un hecho en la vida que cambia las circunstancias o, cambian las circunstancias y entonces necesitas una acción para reubicarte, miras hacia atrás y compruebas, que el uso de las herramientas que tienes no es suficiente para seguir y que debes repensarlas, cambiarlas o mejorarlas para poderte adaptar. Analizar qué es lo que sabes, en lo que eres bueno, lo que te gusta y cómo lo puedes aplicar de manera diferente para que te sea útil.

En muchas ocasiones, creemos que algo no es posible, hasta que lo hacemos, si no, recuerda con cuántas cosas te ha ocurrido. Recuerda por ejemplo tus fases del aprendizaje al conducir o con el inglés. Desde que te parecía imposible hacerlo hasta que ahora te permites el lujo, de que de manera inconsciente, es habitual hablar y aparcar a la vez. Cambiar de marcha, cantando o pensando en tus próximos proyectos.

Todo se basa en un aprendizaje, quizá necesites un coach que te eche una mano y te preste su caja de herramientas y otra perspectiva de las cosas. Quizás necesitas liberarte de ese estrés que te impide ser creativo y proyectar tus capacidades hacia el futuro.

Lo que es seguro es que no se puede probar que eres incapaz de hacer algo, a diferencia de que lo contrario sí.
La mayoría de las personas hablamos de lo que no podemos hacer. Día y noche. Por el contrario, de lo que hacemos y hacemos bien, parece arrogante y presuntuoso hablar. Entonces dónde comienza nuestra fe en nosotros mismos y nuestro entrenamiento para ser mejores.
Te imaginas cualquier anuncio de un producto que dijese solo lo que no puede hacer. Te parece poco modesto que se alaben sus virtudes.

Comienza a hacerlo contigo mismo. Di con naturalidad en lo que eres bueno no con afán de competir, ni de aplastar o avergonzar al contrario. Practícalo con tus amigos. Decíroslo entre vosotros, sin pudor, hacedlo cotidiano. “A ti se te da bien esto, lo otro”. Olvidad lo que no, no os lamentéis, no os servirá de nada, qué más da, se trata de fortaleceros y empoderaros. Qué más y qué menos podéis hacer unos por otros.

Cuando entrenes para tener más seguridad y confianza en ti mismo, analices tus capacidades y fortalezas y las mezcles con las tendencias del futuro, seguro que dentro de ti se producirá un clic, momento en el que entenderás de golpe lo que significa reinventarse.

Recuerda quien quiere hacerlo encuentra razones, quien no, excusas.
¡¡¡En marcha!!!

La rueda del hámster

hamster

Cuando resumo y cuento mi trayectoria vital en estos últimos tres años, la cantidad de cambios que ha sufrido y como me he ido adaptando, confirmo más mi pasión por el cambio. A medida que he ido saliendo de rutinas y estereotipos, rompiendo creencias y “comodidades”, me he sentido más libre y la creatividad y la alegría son ahora, fieles compañeras.

Nunca había sido tan consciente del símil de la “Rueda del Hámster” en la que estamos inmersos, nunca tanto como ahora. Los quebraderos de cabeza, miedos y críticas que supone el hecho de ser diferente, de no caer en la trampa de “tener que”.

Entre nuestra familia, amigos, colegio, trabajo, estructuramos nuestra mente como si estudiar, “colocarse” en un trabajo fijo en lo que sea, casarse, tener hijos y jubilarse, fuese el sumun de la vida. Cuando la mayor analogía la encuentro en el gusano que hecho capullo con la promesa de convertirse en mariposa, se enreda y enreda en su hilo, y finalmente cuando piensa y quiere salir,ya es demasiado tarde.

Ahora incluso el mantra imperante es estudiar lo que demanda el mercado, como si uno pudiese pasarse más de doce horas trabajando y encima en algo que no es su pasión, por el “mercado”. No sólo eso también tenemos que aceptar sus condiciones y si no, nos amenaza con dejarnos tirados cuando más lo necesitemos.

No os cansáis de ser amenazados con el miedo, a ser mayores, a no tener trabajo fijo, a no tener jubilación, a no tener sanidad. A diferencia de ser ilusionados con la posibilidad de encontrar un sistema mejor, ser mejor personas y tener un objetivo común. Yo no tengo miedo.

La última es el estrés formativo en quienes están sin trabajo, la sensación que tienen muchos es que necesitan más formación. Por favor, tendrían que ver sus currículum. Imposible condensar tanto máster en tan poco espacio, y aún así, la escasez de oportunidades esparcida por el ambiente les hace dudar de sus capacidades. Siempre les falta algo, cuándo será suficiente para ese supuesto puestazo fijo que imaginamos, o ya ni eso, algún trabajo “decente” en el que él, quién menos cobra y más trabaja, sea el más formado.

Tengo, tenemos posibilidades, todos, podemos seguir viviendo atenazados por la escasez y el temor o podemos poner esas energías al servicio del cambio que queremos ver, empezando por nosotros mismos. Si cambiamos por dentro, todo cambiará.

Yo lo he hecho, a través del coaching, acompaño a las personas en sus cambios, si son buenas, quieren ser mejores, si ya son los mejores, quieren ser excelentes.
Son conscientes de que su vida depende de ellos, de sus decisiones, de su actitud, de sus creencias, muchas de las cuales son limitantes y les perjudican.
Empiezan animados por un amigo que lo hizo, con el pensamiento de “yo no necesito eso” y “ yo en esto, no creo” y acaban los procesos sintiéndose responsables de su propio destino y con el necesario conocimiento de ellos mismos y de sus actitudes, como para tener la vida que desean y sentirse poderosos. Pero éste ya es otro nivel de desarrollo. No todo el mundo puede ser cliente de coaching.

Personalmente, siempre me ha interesado el cambio en todas sus vertientes. Que todos los días, además de serlo, parezcan diferentes. Esto en mí, ha sido casi una obsesión, escenificarlo un entrenamiento para mantener la perspectiva de un día nuevo en que sale “otro sol”. Otro día de oportunidades que se inicia ante mis ojos. Cambio de comida, da igual lo que sea, pero diferente, de ropa, me da igual quién sea su propietario o su procedencia, de ruta con el coche, corriendo, de libro, de peinado, de saludo, de todo lo que puedo.

Así consigo varios objetivos: diferenciar los días y renovar las ilusiones, estar atenta a las nuevas oportunidades, trabajo la imaginación, buscando las alternativas, aprendo algo nuevo y hago que mi cerebro no se acostumbre a ninguna rutina, obligándole a entrenar, haciendo conexiones nuevas continuamente.
Me he acostumbrado con estos pequeños hábitos a vivir con algo de incertidumbre, en el ahora, concentrándome en lo que estoy haciendo y en no crearme ansiedad innecesaria pensando en el futuro, ni generando nostalgia endulzando el pasado.

Cada vez que mi charleta mental, toma la iniciativa y me tienta con este tipo de pensamientos negativos adictivos, me hago consciente de dónde estoy y cómo. Me centro primero en mi respiración y la acompaso con el pensamiento, después analizo qué estoy haciendo y para qué y si puedo hacerlo mejor, cómo.

Me he descubierto en numerosas ocasiones acelerada por la película que estaba viendo, encantada con una música determinada, disfrutando de la conducción, conectada en mis sesiones… Ahora soy capaz de prever cómo reaccionar y me da menos miedo todo.

Yo, he conseguido bajarme de la rueda.

De ti depende que lo hagas tú. Al menos, cuestionas la lógica imperante…

Foto: Hamster Wiki

Errar o no errar

error
Cuando hacemos un juicio equivocado o llevamos a cabo una acción desacertada, estamos cometiendo un error. La realidad de este concepto, que lleva añadido miedo, ansiedad, culpa y vergüenza, no es nunca peor que en nuestra imaginación y en nuestro juicio.

Cometer un error es normal, sólo quienes hacen, yerran, por lo tanto quienes no hacen o esperan a que los demás hagan, son los únicos que ven el error como una mancha vergonzante en sus currículo vitales y se apresuran a señalarlos en otros, como prueba de su propia inseguridad.

Los que arriesgan, los que toman la iniciativa, los que creen que el ensayo prueba-error es una herramienta y no una trampa, de ellos será el mundo del éxito, del emprendimiento, de los descubrimientos. Todos los demás están tan atemorizados por sus propios juicios y los de los demás que jamás podrán hacer algo los primeros y serán incapaces de sobreponerse a los errores por sus sentimientos de culpa.

La cuestión esencial sobre los errores entonces, no es cometerlos, es el momento inmediatamente posterior. Cómo reaccionamos dice mucho de nosotros, de nuestra autoestima, de la seguridad y confianza en nosotros mismos, de nuestra valentía y de lo interesados que estamos en que los demás confíen en nosotros y sepan que somos auténticos.

La primera de las opciones que podemos barajar, cuando cometemos un error, es la de callarnos, esperando que nadie se dé cuenta. En esta situación imaginar las consecuencias como enormes monstruos, nos hace que nuestro miedo nos impida ver los resultados reales de no resolverlo en el momento.

Esconder el error, puede acarrear tener que mentir, culpar a otra persona, provocar consecuencias peores o como mínimo imprevisibles al no señalarlo y tener que vivir con la experiencia llamando a la puerta de la conciencia cada vez que el cerebro a partir de otras sensaciones desate esas emociones.

Si además de esconderlo, somos descubiertos, volvemos a tener, como mínimo otras dos opciones, seguir negándolo, multiplicando las anteriores posibles consecuencias o reconocerlo. En el caso de que nuestra valentía haga su aparición para tratar la cuestión. Se vuelven a bifurcar los caminos, podemos admitirlo y llenarnos de excusas y justificaciones, con la intención de salir del paso. Encontrar una razón exterior a la que culpar y encender la ira de nuestro interlocutor, conocedor de que quien se excusa no cambia o, admitir el error sin más. En esta situación dependiendo de quién sea la otra persona y su grado de desarrollo, podemos esperar que incremente la carga de la culpa y arremeta contra nosotros, el jefe- autoritario, o que comprenda nuestra situación y trate de ayudarnos a extraer algún aprendizaje para la próxima vez, el jefe- líder, de manera que no haya sido un error en balde.

La opción óptima es, por encima de todas las consecuencias que tu imaginación encuentre, admitir el error de entrada. Si además  lo haces rápida, y enérgicamente desarmarás a tu interlocutor. Si a esto le sumas una crítica a ti mismo, piensa en este sentimiento liberador y te dices todo lo que él está deseando decirte, incluso le quitarás la razón.

Algo está cambiando en el mundo para que Jean-Claude Biver Ex-CEO de Hublot Genève crea que perdonar y arbitrar fórmulas para que las personas arriesguen son condiciones indispensables para la creatividad y la innovación. Seguro pensó en  Einstein “quien no ha cometido un error es que no ha probado algo nuevo”.

Te propongo que durante esta semana seas proactivo en el reconocimiento de errores e incluso cuando no los hayas cometido, atribúyetelos, atrévete a desafiarte. Pide perdón, reconócelos, desempolva  tu valentía y tu sabiduría. Rectificar es de sabios, no? Te parece una locura, pues prueba y observa qué efecto produces en las personas, en casa, en el trabajo, con los amigos, critícate. Libérate de la necesidad de avergonzarte cuando yerras.

A lo mejor a partir de ahora cambias de táctica…

Recuerda : “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”
Goethe

•Pincha en la letra negrita y podrás acceder a un interesante video de Jean-Claude Biver
Foto: todoroms.com

Talento supersenior

tio sam
Ahora que el envejecimiento es una tendencia demográfica indiscutible y que la sociedad occidental tiene que conciliarla en sus sistemas de bienestar, me pregunto por qué no se plantea en otros ámbitos sociales en los que es más necesario.
Hace años que llevamos escuchando que el ejercicio físico y la buena alimentación suponen un gran paso en el cuidado de las personas a lo largo de su vida. Cientos de veces hemos leído o escuchado cuáles son los alimentos más adecuados para cada función orgánica, las loas de los distintos deportes y actividades en la guerra contra el sedentarismo, pero qué porcentaje del total del proceso de envejecimiento bueno, corresponde a esto.
Hay quienes como F. Javier González en su libro “Envejecer es bueno: el secreto de la longevidad” relegan estas dos facetas, alimentación y ejercicio al 25% del total y añaden que el resto, el 75%, corresponde a las actitudes, pensamientos y creencias que tenemos, es decir, a nuestra forma de actuar, de pensar y de sentir.
Cuando escucho debates sobre edad de jubilación, pensiones y futuro, tengo dos pensamientos reincidentes uno de ellos, se refiere a que la gran mayoría de las personas, tengo la impresión de que, no trabajan en nada que les guste y menos que les apasione. O no disfrutan con su tarea, o con sus compañeros, o con sus horarios, ni  siquiera con su salario a fin de mes, el que les parece exiguo. Puesto que si esto no  fuese así, el drama sería la jubilación, no permanecer en activo. Y dos, que al final si ponemos un poco de lógica, en el inicio bismarckiano del sistema de bienestar, la jubilación refería, no poder por la edad desarrollar sus labores de manera adecuada, y sin embargo ahora se produce la paradoja de que quienes se jubilan y prejubilan son personas en perfectas condiciones físicas, económicas e intelectuales y sin embargo, otras personas de más edad  siguen desempeñando tareas físicas extenuantes, fruto de concatenar, en muchos casos, contratos que no les ofrecen otra posibilidad para mantener sus familias de otro modo.
Cómo puede una sociedad condenada al envejecimiento prescindir de todo ese capital humano experimentado, en plena forma. Cómo se puede pensar en leyes de emprendedores y ayuda a éstos sin contar con el trabajo “voluntario” de estas personas, con su experiencia, su saber hacer y su vitalidad. Sólo en las grandes corporaciones se utiliza la figura del mentor y en otros casos podemos apelar a muchos de estos veteranos que se asocian para hacerlo por su cuenta, pero cómo pueden permitir ese derroche las deficitarias administraciones públicas…y la sociedad…
Pensemos también en qué ocurre cuando alguien se jubila. Nos pasamos desde, como mínimo los 3 años hasta los 25 años , en el mejor de los casos, preparándonos concienzudamente para trabajar, ser útiles en nuestro entorno, conseguir sustento, desarrollarnos como personas, formar familias, construir proyectos, todo para ser felices durante 35 años y sin embargo, no nos preparamos en absoluto para los posibles 20 años restantes.
De repente frenamos en seco, de un día para otro nuestro despertador no suena, nuestro teléfono tampoco, el cargo de nuestra tarjeta de visita se evapora, la actividad que  ocupaba un tercio de nuestra vida se esfuma y nuestra red social se jibariza. Nos quedamos solos ante nosotros mismos. Pensando en nuestra utilidad, nuestra capacidad, denostadas ambas por una sociedad, que por considerarnos exhaustos y remunerarnos por ello, nos abandona a nuestra suerte.
La jubilación necesita un proceso para el que hay que prepararse, es una nueva experiencia, otro comienzo en nuestras vidas y parafraseando a Unamuno “jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar lo que le impide ser lo que es o lo que será”.
Prepararnos para ella sería una gran inversión, puedes contratar los servicios de un Coach, buscar un objetivo, pensar en cómo quieres que sean tus próximos 20 años, trazar un Plan de Acción y lanzarte.Si no, los acontecimientos diarios te enredarán y superarán. Acabarás lamentando no haberlo hecho antes y vivir tanto años sin rumbo, pendiente día a día del último achaque o de cuándo será el definitivo.
Estas creencias y actitudes negativas acabarán minando tu entusiasmo y tu ánimo. Todo lo verás negro, “realista “dirás, pero es que así lo ve todo aquel que no tiene un objetivo y navega sin rumbo.
Todos estos pensamientos no sólo perjudicarán tu mente sino tu cuerpo. Y tampoco quedará ahí, sino que proporcionarás pesar a todos aquellos que te quieren y rodean, ¿es inevitable?, ¿de verdad?
El optimismo, ver el vaso medio lleno, de aire o agua qué más da, no sólo te va a ayudar  a vivir más, sino que lo harás en mejores condiciones y a falta de una frase más entusiasta sobre el asunto piensa como Churchill que aconsejaba: “Sea optimista, no resulta de mucha utilidad ser de otra manera”.
Acaba con el “yanoismo” victimista, del “ya- no puedo hacer esto”, “ya- no puedo hacer lo otro”. Corta por lo sano, tienes una oportunidad de oro de ser quien tú quieras hasta que quieras, sientas o tengas fuerzas. El cerebro aprende hasta el último minuto en que estés vivo, a falta de patologías concretas. Aprovéchalo.
Si no tienes ideas también te recomiendo un vistazo al apartado “Vida” del periódico La Vanguardia , la sección “Cuando la edad es un plus” ,es una inyección de vitalidad increíble.
¡Si tienes talento y fuerzas, no lo desperdicies, el mundo te necesita!
¡¡¡¡¡Escribe tu Historia!!!!!

* Si pinchas en la letra en negrita accederás a la sección de La Vanguardia

Creativa-mente

mente
No es la primera vez que encuentro comprensión en libros y descubrimientos científicos. Cuestiones que hasta ahora encontraba útiles y sin embargo, divergían bastante de lo que pensaban los demás, me han llevado a compartir con vosotros esta reflexión.
Desde hace bastante tiempo mi mente ha abordado la mayoría de los problemas y soluciones de una forma relacional, interconectada. Para mí los compartimentos estancos nunca han existido y a pesar de la divergencia entre las materias o temas a tratar, siempre he encontrado analogías y similitudes.
Esto que a mí me resultaba muy útil, durante años, a mis interlocutores les extrañaba y disgustaba, con la consiguiente reconvención a tratarlo todo por separado.
Ahora tengo claro que ahí es donde radican muchas de las cuestiones a resolver, ver la vida no como un todo, si no como pequeñas partes independientes.Por ejemplo en política, por si fuera poco perjudicial la concepción estanca, la complementan con la organización en pequeños Reinos de Taifas que adjudican a ministros y concejales.
Esta manera de pensar me ha ayudado mucho en cuanto a creatividad e innovación, en la propuesta de políticas públicas, campañas, programas y soluciones. Lo cierto es que no sé exactamente cómo he llegado hasta aquí, pero me parece tan útil que hace tiempo que mi pasión por las «mejoras» a través de la neurociencia me ha hecho investigar cómo se puede desarrollar.

Hace algún tiempo viendo mis inspiradores TED Talks descubrí a Estanislao Bachrach, un biólogo molecular argentino profesor de biotecnología e innovación , que ha sido académico en Harvard. A través esta charla sobre «cómo surgen las ideas»,comencé a interesarme sobre cómo podemos ser más creativos e innovadores.
Tenemos algunos ejemplos en la historia o citas célebres que algo nos adelantan sobre el asunto como que Albert Einstein decía “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”, o Leonardo da Vinci que aconsejaba buscar tres o cuatro perspectivas distintas del mismo problema para darle la solución más adecuada. Estas estrategias nos dejan un denominador común, al establecer que si no “añadimos” en los planteamientos o en los matices de nuestra historia, nunca llegaremos a un final distinto.
Nuestros conocimientos sobre los temas son compartimentos separados que utilizamos conforme a unas experiencias que hemos vivido, las sensaciones que volvamos a vivir, al plantearse otras situaciones, pueden despertar en nosotros estos recuerdos pero no añadirán nada nuevo.
Si por el contrario, mezclamos los problemas o los asuntos, conseguimos verter en la misma fuente una mezcla de conocimientos distintos y podremos ampliar la visión que tenemos de los mismos. Por eso es también importante que vayamos además interesándonos por otros temas que nos puedan aportar otras visiones. Por ejemplo, si hasta ahora no te ha gustado un género concreto de libros, novelas o de divulgación científica y no recuerdas haber leído más que uno, hazlo, tendrás más herramientas. Así como tocar un instrumento o empezar una actividad física o deporte diferente,también te ayudarán.
La teoría sobre el cerebro cuya síntesis es “úsalo o lo perderás“ (“use it or loose it”) defiende que el cerebro es un músculo, que hay que ejercitar y alimentar apropiadamente, que está preparado para funcionar con antiguas y nuevas conexiones sinápticas durante toda su vida pero si no las usamos, se pierden. Es decir, toda la rutina que establezcamos en nuestra vida será contraproducente, porque todas las demás conexiones se irán apagando y mermando la capacidad del cerebro.
Seguro que habréis oído hablar sobre el estudio que descubrió que así como los taxistas van aprendiendo más y más direcciones, experimentan un cambio en el hipotálamo, aumentado su materia gris, que mejora la capacidad espacial y memorial, comparados con los conductores promedio.

Si quieres empezar a ser creativo e introducir elementos distintos en tus planteamientos, mezcla los problemas, al menos dos. Piensa qué relación pueden tener, al principio supondrá un desafío porque estamos acostumbrados a trabajar por tareas pero este modo de proceder te dará otra poderosa visión de los temas, una multiplicidad de perspectivas.
Otra técnica que también te dejo de Bachrach es la “técnica del desafío “: si tú trabajo se basa, por ejemplo, en las relaciones humanas y el cambio organizacional, piensa en qué más cosas se cambian, se organizan, por ejemplo “armarios, viajes…”
Genera conexiones, relaciones, asocia términos, funciones, usos, finalidades…conocerás la importancia de introducir variaciones al azar.
También te dejo una infografía sobre cómo puedes mejorar tu creatividad.

Infografía_creatividad
Hazme un favor si te has puesto en marcha y no sabes por dónde empezar, cambia el título a algunos de los post de este blog. Tu cerebro y mi creatividad te lo agradeceremos.

 

Si pinchas en las letras en negrita podrás acceder a la charla Bachrach, espero que te guste.

¡Vamos Rafa!

Rafael Nadal
Autodisciplina, uff qué fácil es decirlo. Cuántas veces la hemos echado de menos. Sabemos de su utilidad aunque, dónde está cuando se la necesita.
Cuando pienso en ella siempre recuerdo el experimento de Walter Mishel de la Universidad de Standford, sí el de las golosinas con los niños de 4 años. Consiste en que se les da un dulce a cada niño y se les da la opción de comerlo inmediatamente o se les promete darles dos, si esperan quince minutos. El experimento desgrana la variedad de comportamientos que tiene los niños a partir de esta propuesta. A veces me pregunto qué habría hecho yo en ese caso. Parece definitivo, y se comprobó diez años después, que quienes esperan, les depara un futuro mucho más halagüeño que  a los que inmediatamente engullen su dulce, tanto en su desarrollo social como  intelectual.
El autocontrol se basa en la relación que cada uno establece entre ahora y el futuro. Hay quienes ante la certeza de que la acción tenga una repercusión positiva en el futuro, se comprometen con el objetivo: ejercicio, comida, trabajo y otros que se muestran más impulsivos y tiene una visión a más corto plazo.
Una  consecuencia de la falta de autodisciplina es la procrastinación o lo que es lo mismo, posponer nuestras obligaciones. Es una tendencia bastante extendida y contra la que luchamos poco, dejándola formar parte de nuestra vida, sin cuestionarla, con la excusa de que nos gusta trabajar con presión, contra reloj… para llegar a tiempo a los “deadline”, que por cierto, ya podían colaborar y ser más positivos, denominarse “lifeline” 🙂
Nuestra lucha interna entre nuestro Dr. Jekyll , que nos aconseja empezar lo antes posible y hacerlo concentrados y nuestro Mr. Hyde, que es el niño que llevamos dentro y nos mima, quitándole importancia a nuestra responsabilidad y nos induce a no llevarlo a cabo cuando debemos,casi siempre se decanta por este último, en pos de la ley del mínimo esfuerzo, creándonos unos sentimientos negativos que nos producen adicción , “nunca seré capaz”, “no lo conseguiré”. En nuestra zona negativa a pesar de sentirnos seguros, no nos es tan agradable, la sensación que tenemos es que necesitamos un cambio y lo requerimos ya.
Mientras nos debatimos entre “deberías ” y “tengos” sube la temperatura de nuestra olla a presión. Si a esto le sumamos la exigencia de la perfección , esto nos hará seguro dejarlo para otro momento, diciéndonos “si no lo haces correctamente, no lo harás en absoluto”.
Seguro que te ha ocurrido esto con algún propósito, a mí, al principio, con el blog que me he comprometido a escribir con toda la asiduidad de la que sea capaz. Hace tiempo que olvidé el perfeccionismo que me impedía empezar. Éste afecta a tu perseverancia y mina tu autodisciplina. En mi caso me dije,” escribe aunque no lo veas perfecto, si no, nunca empezarás, ni mejorarás, ni conseguirás tu objetivo”.
Mi reflexión de hoy quería que os sirviese para acercaros a un sistema más efectivo para vuestras metas, que además reduzca vuestros conflictos internos: Las recompensas.
Todos merecemos una recompensa, aunque sea por algo que tenemos que hacer de todos modos. Grábatelo. La mayoría recibimos dinero por trabajo y no nos parece tan mal, pues con todo lo demás igual,  establece tu propio sistema de recompensas. Son motivadoras y eficaces.
Hoy os dejo de práctica una recompensa:  los elogios personales.
Divide ese objetivo que tanto te cuesta en pequeñas minitareas alcanzables y accesibles. A cada paso, dirígete un elogio: “soy el mejor”, ”buen trabajo”. Recuerda a Nadal  y su “Vamos Rafa».

Cualquier momento y cualquier lugar son buenos.
Usa palabras que te hayan supuesto apoyo en tus logros en el pasado y que te trasladen a estados potenciadores. Si lo asocias a una persona, recuerda su tono de voz y sus palabras exactas.
Es un sistema de recompensas que no admite castigos, si cometes algún error, decirte algo negativo, hará que tires tu trabajo por la borda, es contraproducente. Eres humano un “me equivoqué y la próxima vez lo  haré mejor” te pondrá en marcha de nuevo. Sé comprensivo contigo mismo no somos infalibles y las mentalidades “todo o nada” son mentalidades perdedoras.

Es un recurso muy accesible para no utilizarlo muy a menudo, no?