¿Sabelotodo o aprendiz?

sabelotodo

 

 

Hay dos conceptos que incluye  Fredy Kofman en su libro «Metamanagment» , » Sabelotodo» y «Aprendiz» que me han parecido  curiosos y quiero compartirlos contigo porque, seguro, van a ayudarte a  que te conozcas mejor.

Esta historia que narra te situará:

“Supongamos que un sabelotodo y un aprendiz caminan lado a lado hacia la oficina. Se larga un chaparrón que los empapa. Cuando llegan, la recepcionista les pregunta: «¿Qué pasó, por qué se mojaron?». El sabelotodo contesta «Nos sorprendió la lluvia en una zona sin resguardo»; el aprendiz, por su lado, replica «No pensé en traer paraguas». Uno se moja porque llueve y porque no tiene paraguas. El sabelotodo le echa la culpa a la lluvia, el aprendiz asume la responsabilidad de no haber tomado un paraguas. Las dos explicaciones son verdaderas, pero solo la segunda genera la posibilidad de modificar el efecto no deseado (mojarse) a pesar de las circunstancias incontrolables (la lluvia).”

Estas dos  categorías que Kofman aseguran conviven dentro de nosotros: el sabelotodo y el  aprendiz, se combinan de distintas formas en los distintos ámbitos de nuestra vida, en nuestra vida personal, familar, en el ámbito laboral.

Dice Kofman ahondando en el término que “El sabelotodo no es quien lo sabe todo. El sabelotodo es aquel que deriva su autoestima de estar en lo cierto. El sabelotodo es extremadamente frágil. Sin el reaseguro permanente de la certeza, se siente tremendamente expuesto y vulnerable. Su ego es como un cristal: duro, inflexible y quebradizo. No hay peor amenaza para él que las piedras de la incertidumbre que el mundo le arroja sin cesar.”

“Para salvaguardar su autoestima, el sabelotodo tiene que explicar los errores recurrentes sin asumir responsabilidades. Dado que él tiene siempre la solución correcta, la causa de los problemas, necesariamente, debe obedecer a algún tercero que no aplica en forma debida esa solución”

El sabelotodo da : “Explicaciones tranquilizantes” son aquellas que atribuyen exclusiva causalidad a factores que se encuentran fuera del control de quien explica. Permiten mantener la ilusión de la competencia personal frente a la realidad del fracaso. Explicaciones que llevan a cabo, como salida de emergencia,  los sabelotodo, para no sentir merma en su autoestima

“Por otro lado el Aprendiz es aquel que privilegia las explicaciones generativas. Reconoce la importancia de los factores que se encuentran fuera de su control, pero se concentra en las variables que puede modificar.

Para ser aprendiz, es necesario arraigar la autoestima en el éxito a largo plazo, más que en la gratificación inmediata de tener la razón.

El aprendiz comprende que todo resultado es consecuencia de la comparación entre un determinado desafío del entorno y su capacidad de respuesta (responsabilidad) frente a él.

Si quisiéramos expresar esto en una fórmula podríamos decir:

Resultado = Capacidad de respuesta – Desafío ambiental

Si el desafío es mayor que la capacidad, el resultado será negativo. Si la capacidad es mayor al desafío, el resultado será positivo. Para transformar un resultado negativo en uno positivo es necesario reducir el desafío ambiental o aumentar la capacidad de respuesta.”

En mi dedicación, me declaro aprendiz , y trabajo a diario aumentar mi capacidad de respuesta, sin infravalorar el desafío ambiental. Me encanta reflexionar sobre cuál es mi tendencia en otros ámbitos de mi vida para observar en qué extremo me sitúo en cada caso, conocerme mejor  y saber  cómo puedo equilibrarme.

Tú ¿te animas?

La sandalia

sandalia

La Sandalia

«Cuentan que un occidental viajaba por la India en tren en un vagón abarrotado. Un hindú
charlaba amigablemente con otros con los pies apoyados en la ventana abierta. En una
curva le cae una de las sandalias y de repente coge la otra que le quedaba y la lanza por
la ventana.

El occidental le dice:
– Pero qué haces hombre, por que tiras la sandalia que te quedaba.
Y el hindú sin alterarse responde:
– Qué haré yo con una sandalia. Al menos el que encuentre la primera que tenga
próxima la segunda.»

Tú, ¿qué hubieses hecho?

¿Qué crees que puedes extraer de esta metáfora hindú?

¿Qué cosas dejas ir? ¿A qué cosas te aferras? ¿Te son útiles?

¿Cómo afrontas los cambios? ¿ Te gustan? ¿Te asustan?

¿Cómo reaccionas ante los imprevistos? ¿Positivamente?¿Te enfadas? ¿Te bloqueas?

¿Qué eres capaz de aprender de lo que te ocurre sin haberlo planificado?, ¿eres activo o reactivo?

Merece la pena una reflexión para conocerse un poquito mejor. Buena suerte.

¿Hundes tu flota?

hundesflota

 

Os imagináis alguno de vosotros, lanzando a un río, estanque o piscina a alguien que no sepa nadar, que queráis mucho y de quien seáis responsable y tranquilamente observéis, sin inmutaros,  desde la orilla, si nada o se hunde.

Supongo que la mayoría de vosotros no lo haríais y menos os cruzaríais de brazos para ver qué ocurre. Seguramente antes le habríais proporcionado alguna de estas cosas: unos manguitos, un flotador, un chaleco salvavidas, unas mínimas instrucciones o entrenamiento para si no nadar, al menos mantenerse a flote, o esperaríais segundos antes de lanzaros a por ella.

Eso no quiere decir que dudes en absoluto de las capacidades y habilidades de esa persona para que, con la adecuada atención y el entrenamiento necesario pueda llegar a ser un Michael Phelps o una Mireia Belmonte en el futuro.

No quiere decir que esa persona no haya destacado ya como deportista teniendo aptitudes y actitud o  haya demostrado su resiliencia o capacidad de esfuerzo en otras ocasiones y otras disciplinas.

No quiere decir que no pueda aprender a nadar en más o menos tiempo o que le cueste más o menos que a los demás. Sólo significa que no lo ha hecho nunca antes.

Quienes quieren que llegues a alguna parte no ponen obstáculos en tu camino, sino que ponen sus habilidades de entrenador a tu servicio para que crezcas y te sientas apoyado. Lo difícil es encontrar personas lo suficientemente seguras como para que quieran que aprendas, florezcas  y les superes.

Es una epidemia en muchas empresas y organizaciones que tras contratar a personas cuyo curriculum es envidiable, con la excusa de la presión  y la rapidez con la que deben trabajar, utilicen la estrategia de exigirles que sepan de entrada qué es lo que tienen que hacer y cómo deben hacerlo por sí mismos. Olvidando cómo empezaron ellos o creyendo que un comienzo difícil es la mejor escuela.

Que las personas aprendan en los comienzos de su vida laboral una lección tan negativa como que todo el mundo tiene que, por sí mismo, animarse y apoyarse y que sólo se juzgan los fallos, es como esperar a que quien no sabe nadar consiga salir por su propios medios del agua, cruzado de brazos, diciéndole “ así no, así no” .

¿Serás o no responsable de que su talento flote o se hunda?

 

¿Qué das por hecho?

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Una de las cuestiones que más inversión de tiempo y de dinero conllevan en muchas de nuestras empresas es «dar por hecho» cosas.

Damos por hecho que todo el mundo conoce y comprende la misión y la visión de la empresa, lo que significa cada palabra, lo que conlleva y lo tiene presente.

Damos por hecho que las personas han entendido los objetivos y comprenden en qué consisten y  qué  se espera de ellos.

 Damos por hecho que, con escasa indicaciones, las personas harán el trabajo conforme a nuestras expectativas, que saben cómo hacerlo.

 Damos por hecho que tienen los conocimientos y las habilidades que se esperan para desempeñarlo.

 Damos por hecho tantas cosas que todavía usamos las viejas frases de “hazlo como siempre”, “esto ya sabes cómo hacerlo”, “sabes lo que esperamos de ti”  y  todavía creemos que tendrá inmediata respuesta afirmativa, sin que incluso el interlocutor se atreva a preguntar qué o cómo por no estar a la altura.

 La cuestión es cómo nos comportamos ante una orden que nos está clara o que no tiene suficiente detalle como para que se lleve a cabo cumpliendo lo esperado.

 La confusión tiene dos direcciones y comportamientos paradógicos : una, al que ordena le resulta más fácil e invierte menos tiempo al principio y el que recibe la instrucción por miedo o vergüenza no es capaz de preguntar para asegurase de que ha entendido lo que le piden o resolver alguna duda que tenga, por lo tanto lo hace como él cree. Esto se multiplica en estrés cuando el empleado en novel.

 Este proceso lleva a un sinfín de acciones negativas empezando por el feedback cuando se entrega, o no está bien confeccionado, o no en el plazo que se quería o no como tú querías. Entonces comienza un proceso en que las dos personas entran  en un bucle en el que piensan mal el uno del otro, culpándose mutuamente de lo que consideran un fracaso sin autoría propia. Eso enturbia el trabajo, la relación y consigue incrementar la rotación en ese departamento o con ese manager.

Si deseas que esto no ocurra así puedes establecer un procedimiento que comience por clarificar qué, cómo, cuándo y dónde debe estar efectuado el trabajo con el detenimiento necesario.

En primer lugar puedes conseguir que la persona que trabaja contigo sea capaz de dibujar mentalmente lo que necesita ser hecho, con todo tipo de detalles. Explicándole qué es lo que hace ese trabajo importante para la compañía. Puedes preguntarle si tiene alguna cuestión acerca de ello y escuchar con atención, esto te dará muchas pistas de los obstáculos que ve de entrada y podrás ayudarle. Si es una persona que lleva tiempo en la empresa puedes pedirle su punto de vista y sugerencias.

En segundo lugar, puedes comprobar qué ha entendido la persona, hazle un resumen de todo lo que le has transmitido y pídele el suyo propio  para chequear su grado de comprensión, cada persona según nuestras experiencias pasadas ponemos el foco en algo diferente que puede no ser coincidente.

 Y finalmente proporciona feedback con regularidad y no sólo negativo, sobre todo cuando se llega nuevo a un sitio o se desempeña una tarea nueva, que se encuentre apoyo en los jefes y los compañeros es algo muy agradecido e  inolvidable. No pienses en, si a ti te lo hicieron o no. Sé su entrenador, alguien proactivo y hazlo sin más.

Todo este proceso puede durar ¿cuánto?,¿diez minutos?

¿Me recibes?

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Una de las habilidades de cualquier persona que quiera liderarse y después liderar es aprender a escuchar.

Es sencillo escribirlo, recomendarlo y rogarlo pero ponerlo en práctica es una de las cuestiones que a muchos se nos hace más difícil. Sobre todo porque vivimos en una sociedad en la que hasta hace poco se identifica al fuerte, al poderoso o al jefe con el que habla y a los demás con los que escuchan a su amado gurú.

Tenemos tan grabado en el ADN esta cuestión que si te precias, puedes pasarte el día hablando en lugar de callar y escuchar. Esto que al principio es una muestra de fortaleza, acaba siendo tu Talón de Aquiles cuando acabas interrumpiendo, hablando sólo de lo que a te interesa o impartiendo monólogos sobre ti mismo.

Estamos tan acostumbrados a esta creencia, que no nos damos ni cuenta de que copamos las conversaciones y aburrimos al personal con nuestras interminables  peroratas.

A veces puedes pensar que tus temas son más interesantes o quizás no te has acostumbrado al silencio y te resulta violento, la cuestión es que hilamos unas cosas con otras y, lejos de interesar al personal, le demostramos lo poco que nos interesan sus historias, opiniones y sentimientos, la falta de paciencia que tenemos y lo interesante que nos parecen  nuestras vidas en comparación.

Cuando te quieres dar cuenta la verborrea impertinente se ha convertido en un hábito.

Si además tienes responsabilidad para con otras personas, familiar o laboral, a esta creencia de “el que calla otorga” le añadirás que “los jefes lo saben todo” con lo cual impartir doctrina y sentar cátedra serán dos objetivos tuyos para «hacerte respetar» que te exigirán ingentes cantidades de energía. Encima paradójicamente el  mensaje que les envías es que no te importan lo más mínimo, ¿te parece exagerado? Compruébalo.

Por si no te has enterado los tiempos han cambiado y ya nadie quiere un jefe así y menos si quieres ser un líder aunque es cierto que aprender a escuchar está a tu alcance y lo puedes entrenar con distintas tácticas.

Si acabas de empezar y consigues no interrumpir y dejas hablar hasta que la otra persona acabe su argumentación, sin manifestar desinterés física y mentalmente con tu interlocutor, habrás empezado el cambio.

Imagina que hablas por un walkie-talkie o que estás en una permanente conferencia, ¿a qué tienes que esperar a que el otro termine? Recuérdalo en presencia de tu interlocutor.

Si quieres saber lo que se siente, queda con una persona de confianza y cuéntale el experimento, dile que le vas a contar algo que para ti es muy interesante y hazlo pero dile que te interrumpa, se distraiga y cambie de tema mientras lo haces, así sabrás de primera mano cómo se siente a quién tú se lo haces y después, tú eliges.

Tu liderazgo diario

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Influencia, su significado tiene para algunas personas connotaciones negativas, para otros está más cerca de la manipulación que de otra cuestión, quizá otros lo ven como una vía que nos acerca a una persona o posición de la que podemos obtener algo pero realmente podemos darle un significado que nos ayude y potencie. ¿Y si la influencia  fuese un componente indispensable del liderazgo?, ¿y si ser líder no fuese algo extraordinario y estuviese al alcance de todos?

En muchos grupos seguro que podéis distinguir o identificar a alguien que predomina en cuanto a opiniones, propuestas pero es realmente alguien a quien te gusta seguir, del que te gusta aprender o a quién te gustaría emular.

Si repasas líderes que puedas recordar con facilidad y que sean objeto de la admiración de muchos en el mundo, seguro que puedes encontrar unas características comunes que poco tienen que ver con lo que en nuestros grupos pueden considerarse  “líderes”: Gandhi, Mandela, Madre Teresa o Martin Luther King, difieren seguro de quien se impone o predomina por encima de los demás en cualquier grupo que conozcamos y, ¿qué les hace diferentes?

Desde mi punto de vista varias cosas pero lo primero es que empezaron por ellos mismos, cultivando su interior y venciendo hábitos que interfieren en una vida con una misión, son quienes influyen con su ejemplo, ningunos de ellos separaba su acción de su palabra, ni daba  órdenes , no manipulaba, ni engañaba, ni amenazaba, sin embargo sí influían e inspiraban a sus seguidores. La mayor prueba de potencial de un líder son éstos, sus seguidores.  

«Los líderes sobresalientes salen de su camino para potenciar el autoestima de su personal. Si las personas creen en sí mismas, es increíble lo que pueden lograr».
Sam Walton, fundador de Walmart y Sam’s Club.

 

No hay mayor prueba para tu liderazgo que hacerlo en una organización voluntaria en la que nadie espera de nadie recompensa económica, de posición o profesional. En la que son las acciones que parten de las ideas y del interés y el propósito común las que triunfan y son atractivas.

Piensa en tu posición actual, en tu familia, con tus amigos, en tu trabajo, la influencia que tienes es debido a tu ocupación y preocupación por los demás, a tu interés en sacar lo mejor de cada uno o quizá nunca has pensado que pudieses llevar a cabo un cambio positivo en tu entorno o tu dominio se debe al miedo que infundes por tu ira o por tus amenazas, o que eres necesario en este momento.

John C. Maxwell hace alusión a diferentes características de un líder que forman parte de su influencia en los demás:

  • Carácter: quién eres, ¿conoces a tu yo interior?
  • Relaciones: a quién conoces, ¿tienes seguidores?
  • Conocimiento: qué sabes, ¿te interesas por todo?
  • Intuición: qué sientes, ¿te das cuenta de lo que te rodea?
  • Experiencia: dónde has estado, ¿qué experiencias has vivido?
  • Éxitos pasados: qué has hecho, ¿qué retos has superado?
  • Habilidad: qué puedes hacer, ¿de qué eres capaz?

Si estás interesado en mejorar tu liderazgo puntúate cada de estas características con respecto a ti mismo y reflexiona sobre, cómo puedes mejorar las que tienes con menos puntuación.

Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder”. Jack Welch.

Si no crees que puedas te invito a ver este video de Drew Dudley sobre el «Liderazgo diario»

 

¿Te atreves? J

Tira del freno de mano

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“La violencia es miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias.” Antonio Fraguas Forges 

 

Otra de las estrategias que utilizamos cuando nos enfrentamos a una situación que nos resulta difícil manejar es la violencia. Cuando nos sentimos inseguros, otra de nuestras reacciones distinta del silencio es enturbiar las aguas hasta formar la tormenta perfecta.

La mayoría de las veces no somos capaces de frenar ese torrente de pensamientos que nos auguran que el tema se pondrá peor, que nos arrepentiremos de muchas de las cosas que vamos a decir y que nuestro estado interior estará alterado durante horas e incluso días.

La reacción automática primitiva que dejamos salir tiene como único objetivo que la otra persona cambie su parecer y se adecue a nuestro punto de vista sin condiciones.

“La violencia no es fuerza sino debilidad, nunca podrá crear cosa alguna, solamente la destruirá.”Benedetto Croce 

 Para ello no dudamos en sobrepasar los límites de su seguridad personal con alguna de estas tres estrategias, que son las más comunes:

Controlar, que consiste en insistir coercitivamente en que  tu forma de pensar es la mejor. Puedes intentarlo forzando a los demás a concluir tus puntos de vista o dominando la conversación para que nadie pueda añadir nada, preguntando directa e inquisitivamente a los demás, exagerando los hechos que aportas, cambiando los temas, apartando a personas de la conversación o con afirmaciones categóricas, como  “cualquier otra cosa es absurda”.

Etiquetar, poner una etiqueta a personas o  ideas de manera que su significado se encuentre enmarcado en estereotipos no deseados o en categorías que las infravaloren. “Tus ideas son del paleolítico”, “eres un antiguo”. Esto lo que procura es evitar tener que argumentar y defender tu posición pasando a un ataque personal que lejos de mejorar la relación o la conversación multiplica  infinitamente los efectos negativos.

Atacar, esta opción se define a sí misma. Produce una deriva en la conversación de discutir o hablar sobre un tema en el que no hay acuerdo a priori a hacer  sufrir a nuestro interlocutor, minusvalorándole o amenazándole. “ya verás como si no me haces caso te ocurre algo peor”.

Si ésta es tu estrategia y nunca has reparado en que puedes actuar como decidas y no seguir tu hábito de siempre, siendo consciente a lo mejor es el momento.

Para ser consciente de las condiciones en las que estás y de lo que vas a hacer o a decir, puedes probar muchas tácticas que te sean  útiles, la que yo practico es tener una señal o un gesto que te recuerde que por ese camino no vas bien y que ya sabes las fútiles  e indeseadas consecuencias de reaccionar instintivamente, sin pensar.

Yo tiro de un freno de mano imaginario, J para no caer por ese peligroso  precipicio. Prueba y si te sirve hazlo tan a menudo como sea necesario. Al principio tirarás tarde  y te tendrás que recomponer después de la caída pero poco a poco te irá funcionando mejor. No dejes de entrenar.

No dejes que la violencia te consuma, destroce tus relaciones y te evite disfrutar de otros puntos de vista igual  de interesantes.

“La violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso”. Jean Paul Sartre 

 

¡Hasta el lunes!

 Inspirtación: «Crucial conversations»

 

¿Qué puedo hacer diferente para mejorar esta situación?

solucion

 

Seguramente  no hace mucho tiempo has dicho esta frase “ el problema es…” y a continuación tú mismo o tu interlocutor habéis añadido otra causa u otra perspectiva de lo mismo “el problema es…”

No conozco a nadie todavía a quien la palabra problema no le recuerde algo negativo, molesto que le estresa o cansa y que influye directamente en su estado de ánimo  y por ende en su felicidad.

Además de la forma de enfrentarse  a ellos, hay quienes los ven como un reto y hay quienes directamente intentan  buscar algún culpable, pero lo que hacemos casi todos es buscar rápidamente una causa plausible para justificar ese efecto.

En esa búsqueda, de lo que no somos conscientes realmente es en la energía que derrochamos haciendo ese análisis en lugar de formular una mejor estrategia para poder aportar algo que nos haga salir de ese atolladero mental.

Nos enfocamos en el problema y rara vez usamos ese enfoque para colocarnos en una mejor posición buscando soluciones.

Si nosotros usamos esa gran  pregunta que Jason Selk aconseja como una de las grandes estrategias para tener fortaleza mental seguro que podemos cambiar la perspectiva y empezar a construir: ¿Qué puedo hacer diferente para mejorar esta situación?

Si realmente nosotros somos conscientes del poder de esta pregunta, seremos capaces de coger las riendas de nuestra vida y no volver a lamentar lo que el azar hace con nosotros.

Cuando creemos en nosotros mismos, nos sentimos protagonistas  y nos responsabilizamos del adecuado porcentaje de  control que tenemos sobre  lo que nos ocurre, nuestra vida cambia.

Si además incrementamos esta sensación con la oportunidad  de entrenar la visión incansable de enfocarnos en la solución y no en el problema, conseguiremos ir sumando habilidades que impactarán definitivamente en nuestra salud, en nuestra felicidad y  en nuestro éxito.

Podremos pasar de la fatiga, la ansiedad y la destrucción  del pensamiento negativo que busca porqués, a la mejora, la construcción, y el regalo del cómo o el para qué.

 

Cada vez que te enfrentes a un «problema» ya sea laboral o familiar,  utiliza los primeros minutos para acercarte a tu solución y no enfrascarte en una tarea fútil que acabará con todas tus opciones y tu energía.

Foto:imablumm

¿Valoras el planteamiento?

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Tu personalidad puede responder a varios filtros para almacenar las experiencias, que sin ser totalmente puros en tu persona, pueden hacer que determinadas cuestiones sean o no importantes para ti. Uno de ellos es el filtro proceso/ resultado.

Puedes ser una persona cuyo resultado prime por encima del proceso, de manera que matemáticamente sólo obtendrías recompensa con el resultado perfecto de tu problema  o de proceso, y entonces el planteamiento de cómo resolverlo, también lo tendrás en cuenta.

Si eres de resultado, todo lo que no coincida con las expectativas que te has creado o a concibes acerca de tu alrededor  o de tu equipo lo entenderás como un fracaso que necesita de otros planteamientos diferentes.

Si por el contrario pones tu foco de atención en el proceso, en el planteamiento, podrás identificar mínimas desviaciones en cuanto a por qué el resultado no es el esperado, serás capaz de hacer análisis más en profundidad y ser más efectivo en las soluciones que plantees. Al ser más específicos los cambios, no derrocharás energía en reformular todo el planteamiento táctico de nuevo, sin  darle varias oportunidades antes.

Además si pones tu foco en el resultado y éste es a largo plazo o muy ambicioso, la manera de proceder poniendo el énfasis en esa condición, te hará difícil que tanto tú como tu equipo mantengáis el nivel de motivación y de entusiasmo en la consecución y si finalmente no se alcanza el objetivo deseado será una ardua tarea ponerse en marcha de nuevo.

Si disfrutamos del proceso, lo dividimos en minimetas con recompensa ad hoc y no sólo damos importancia  a ganar, y más concretamente a conseguir nuestra posición íntegra, podremos llevar a cabo mejores negociaciones, en las que salgan favorecidas ambas partes y no sólo nosotros, lo que hará que se teja una relación de confianza entre las dos partes, que será la base de muchos más acuerdos y negocios.

Trasladar esto a tu equipo hará que automáticamente sientan como despegas el pie del acelerador y que la presión remita, de forma que también la situación de menor estrés hace que todos  estemos más proclives a proponer cambios y establecer nuevas estrategias. De manera que si ésta cambia por razones ajenas al equipo, tampoco será un elemento  desmotivador, puesto que es la negociación y no la conclusión perfecta, el elemento central.

Cierto es que quienes trabajan en ventas y son los resultados, los que tienen principalmente que tener en cuenta sean los primeros en cuestionar este proceder y su puesta en marcha pero seguro que, tras una reflexión más centrada en las personas, conscientes de que son ellas quienes llevan a cabo el trabajo, la inversión en el ensayo de prueba-error  sobre las posibilidades de  este filtro, os merece la pena.

¿Qué nota pondrías tú a alguien por un examen con un planteamiento perfecto y  un error en la solución?

¿Rendimiento o potencial?

future

 

Cuando nuestro trabajo pasa de desempeñar tareas a liderar equipos, el cambio de entorno y de habilidades necesarias cambia demasiado para llevarse a cabo sin ayuda o una profunda reflexión sobre las personas.

De unas simples cifras que admiten sin quejarse todo tipo de formatos, colores y encajes para representar la marcha de la compañía, nuestro foco debe desconectar el zoom para que a estos números se añadan todas las personas que están inmersas en ese proyecto y  quepan en la escena que debemos liderar.

En el caso de las personas, hablamos de mentes totalmente diferentes que se unen con su variedad y sus matices para enriquecer el trabajo. Esto implica que nuestro esfuerzo ya no va dirigido a nuestras habilidades y su demostración en exclusiva, sino que potenciar las de los demás y hacer que trabajen para el resto es un gran y nuevo reto.

Intentar que todos se ciñan a tu forma de trabajar y a tu ritmo puede parecer efectivo al principio pero a lo largo del tiempo te darás cuenta que esa estrategia te ha servido para dejarte muchas personas en el camino que por miedo a no encajar, callan sus debilidades escondiéndose en una postura a la defensiva.

En el momento en el que tomas los mandos de un equipo puedes tomar esa decisión y ser lo que comúnmente todos conocemos como “un jefe” aunque ese modelo no lo situemos entre nuestro preferidos o puedes pensar cómo sacar el máximo potencial de tu equipo para que todos y cada uno de ellos se sientan útiles e integrados.

Prestando atención a las personas que trabajan contigo, conociéndolas al máximo e interesándote por ellas en todas sus facetas, podrás observar y reconocer qué cuestiones motivan y alientan a esa persona y cómo puede poco a poco  conseguir dar lo mejor de sí misma.

La mayoría de nosotros tenemos bloqueos antiguos que nos impiden mostrar muchas de nuestras habilidades y precisamente estableciendo espacios de confianza para poder asumir libremente las carencias que vayan surgiendo y poder pedir ayuda sin temer juicios o represalias, será un buen caldo de cultivo para crecer.

Para ser un verdadero líder una de las cuestiones que a mi juicio son básicas es la de creer que todas las personas tienen un potencial escondido que sólo necesita consciencia y responsabilidad para que salga a la luz. Siempre es más fácil que florezca con riego y fertilizantes que con críticas y juicios. Si tienes a tu equipo etiquetado en cajas de rendimiento, ¿qué oportunidad tienen de salir de ellas?

No estoy hablando de que parezca, sino de que sepas, que todas las personas en situaciones de peligro son capaces de cosas extraordinarias, que en su trabajo diario en el que sufren estrés y presión, están funcionando a un 40% de su potencial, lo bien que hacen otras cosas fuera de su lugar de trabajo y lo orgullosas que están de ellas. Ten por seguro que también  lo pueden hacer en sus lugares de trabajo si se da el entorno proclive. Piensa en ti.

Con un jefe al uso, cada persona intentará no salir de su zona de confort, desarrollar cada vez mejor la tarea para la que está contratada, sin crear, sin innovar, sin construir. Sin embargo dedicando tiempo y energía a construir tu equipo, todo ese tiempo empleado será un avance para cualquier proyecto futuro. Incluso si el equipo cambia de integrantes siempre quedará esa impronta de la que todo el mundo está orgulloso y es lo primero que transmitimos al exterior.

Que tu líder, crea en ti, te lo demuestre, te haga sentirte importante, que tus ideas cuentan, que eres alguien en el equipo, que prefiere que pienses a que sigas sus órdenes, tiene un decisivo reflejo en tu productividad y en tu rendimiento.

De acuerdo que el cambio requiere una inversión de energía y  tiempo, pero un alto porcentaje está en tu mano, sólo piensa ¿qué quieres ser un jefe o un líder?   

Lo que nadie se atreve a decirte

jefe

 

Querido, CEO, Director, Presidente,

te has planteado alguna vez qué es lo que hace que las personas dejen tu empresa, tu equipo no rinda o te ignore e incluso no te soporten y estén deseando cualquier oferta o que el panorama económico mejore para volar.

Seguro que en muchas ocasiones has pensado que “que piensen así es algo que los jefes llevan en el sueldo y lo debes asumir, sin más”, que es una cosa típica, o que con el ambientazo que hay, las personas están deprimidas, desmotivadas y  que son ellas las que tienen un problema o deben cambiar y centrarse.

Has pensado en lo que cuesta a tu empresa esa  tasa de reposición o esa falta de productividad, de innovación o de creatividad, que tú te tomas como normal, a la ligera, la formación, el reciclaje, un  nuevo proceso de selección.

Si tras analizar estos puntos de tu compañía todavía te sigues preguntado ¿qué está pasando? o ¿qué se está haciendo mal? quizá  sea el mejor momento para participar en un proceso de coaching y ampliar tu perspectiva, conectar con nuevas formas de proceder y reflexionar sobre otras posibilidades.

A lo mejor llevas tantos años haciendo lo mismo o cerca de los mismos que has acabado mimetizándote con  aquellos que a los que habías prometido, nunca  querrías parecerte, los que aplican la ley del mínimo esfuerzo en cuanto a las personas y la de  trabajos forzados en cuanto a los proyectos.

Que el coaching se aplique a otros mandos, como los managers que pasan de proyectos a dirigir personas, será de una gran ayuda, con estas sesiones conseguirán ver que todo es más fácil de lo que parece con otras herramientas  y podrán comenzar siendo líderes en sus equipos.

 Lo que ya no está tan claro es cómo conjugará esto conque tendrán por encima a personas que no recuerdan  en qué consiste el cambio, que ya no son conscientes de la importancia de valorar nuevos comportamientos y de la necesaria y  posterior, gran recompensa de este esfuerzo.

Con el tiempo se adquieren algunos hábitos que empeoran el ambiente sin casi percibirlos: valoras más tu tiempo que el tu equipo y lo demuestras por ejemplo, con las reuniones cuando tú quieres y de la duración que tú decides, estás más pendiente de tu carrera que de los que te rodean, quieres que todo el mundo deje lo que está haciendo para atenderte, aunque tú no lo haces, no elogias lo que hacen bien, no les escuchas, ni compartes información y contagias tu estrés con tu lenguaje corporal y verbal, haciendo el entorno irrespirable.

Tras un proceso de coaching serás más consciente y responsable de tus hábitos y acabarás automatizando otros más útiles. Demostrarás el interés en quienes trabajan contigo y éstos se empeñarán en la reciprocidad, en ser útiles en sus tareas y en merecer el elogio por parte de  quienes admiran y son su ejemplo y  espejo en que se miran. Debes recuperar  esas ganas de crecer personalmente que te han llevado a tu actual puesto de dirección y que seguro te impulsarán más lejos.

Si no tienes esto en cuenta porque la presión de los números en los balances te puede, acabarás desenfocando tu energía y  conseguirás que muchos de ellos acaben decepcionados,  que vean y sientan que los valores que defiende la compañía no son los que aplica y que seguramente fuera de ahí tendrán un futuro más acorde con sus principios.

La mayor parte de los que dejan su puesto de trabajo o bajan su rendimiento considerablemente se sienten incomprendidos, solos y faltos de motivación, ya incluso el dinero empieza a no ser una prioridad ante tanto hastío. No podemos permitirnos derrochar o exportar talento a otras compañías teniendo herramientas infalibles a nuestro alcance.

Si has probado todo con tu equipo y no funciona, empieza a probarlo todo contigo. Prueba con el coaching.

Foto: spanishpmo

¿Generas confianza?

confianza

 

 

Si eres de los que vas al trabajo o estás en casa, armado imaginariamente hasta los dientes, pensando mal para acertar y constantemente a la defensiva, supongo que ya habrás  comprobado que este nivel de estrés no lo podrás soportar mucho tiempo sin que repercuta en tu salud y en tu rendimiento.

Si piensas por un momento en qué ha podido ocurrir en ti para que llegues a ese extremo, piensa en cuándo es la última vez que recuerdas, te sentiste lo suficientemente relajado para poder crear, inspirar y ser productivo.

Seguro que en esa situación te sentías confiado, pero qué ha ocurrido hasta ahora para que ese estrés reduzca al mínimo todas tus capacidades. Si lo  piensas detenidamente acabarás cayendo en que tu falta de cooperación y tu aislamiento de los demás han acabado pasándote factura.

Generar en tu casa o en tu trabajo un espacio de confianza que no sea un sumidero de energía para nadie, es una cuestión vital si quieres conseguir un  buen ambiente y mejorar la productividad.

 Producirá numerosos efectos, en primer lugar evitar que alguien no proponga algo por  miedo a ser objeto de burla o de  represalias, lo que hace que eliminemos muchas de las propuestas que podrían llevarnos a innovar o a mejorar procesos.

Además  ceñirse al precedente o  a lo que siempre se hace, ya no será una norma infranqueable de seguridad que evite nuevos procederes.

Poder decir que no se sabe algo o que se requiere formación o mentoring en algún aspecto minimizará el tiempo de reacción y evitará que se quemen muchas de las personas que trabajan con nosotros.

Saber que existe una confianza recíproca basada en un fin y un  propósito de desarrollo compartido también  supondrá  que el equipo confiará más en sus posibilidades y verá muchas más oportunidades en su quehacer diario, proporcionado por esa seguridad.

Llegar a entender muchos de los “para qués” por parte de las personas que tienen que llevar tareas a cabo y confiar en quienes se las encomiendan, hacen del trabajo una labor más comprometida  y menos tediosa, además de conseguir que las personas sean más responsable.

Si no somos capaces de confiar en quienes tenemos cerca y trabajar conjuntamente con ellos, da igual lo inteligente que seamos, no podremos con todo y nos desesperaremos viéndonos solos, incomprendidos y aislados.

Es nuestra habilidad para que todos cooperen la que hace que las cosas acaben hechas con los mejores resultados y el mayor ahorro de energía posible. Hacerlo en solitario, no sé si será gratificante para alguien en el efímero momento en el que obtiene el crédito por el trabajo, pero el efecto de desánimo y la  falta de confianza que trasladará, acabará minando el equipo.

Incluso este modo de operar produce otro efecto y es que poco a poco las personas irán saliendo de su equipo con cualquier tipo de excusa, algunos  incluso a falta de ver alguna perspectiva, dejarán su organización, sin que consiga saber el porqué.

Una cultura de confianza en la organización es la palanca de apoyo que moverá ésta hacia un desarrollo más empático y cooperativo y generará un  mayor compromiso por parte de las personas que trabajan en ella.

Empiece por pensar en equipo cómo se puede generar ese espacio de confianza, debata si es mejor fuera o dentro de su oficina, si debe ser en una sala especial, si debe ser una reunión específica o incluso un chat grupal, acuerde las normas de uso para que la confidencialidad total fuera de ese espacio se respete por todos y sea una condición imprescindible del pacto.

Apueste por la confianza y verá florecer talento allí donde hasta ahora  era capaz de ver tierra estéril.

El menú de tu contestador

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¿Qué opciones tiene el menú de «tu contestador»?, no, no me refiero al de tu teléfono, me refiero al tuyo, te pregunto por la forma en que tienes de contestar: ¿eres automático?, ¿tienes alternativas?, ¿lo haces conscientemente?, ¿escuchas antes?

Una de las habilidades que más útil te puede resultar, tanto para tu vida  como para tu trabajo  y de la que depende al 100%  que tus contestaciones sean las idóneas, es la de escuchar.

Al igual que es una de las más útiles, es  difícil  de encontrar y  también es  a la que más cuesta habituarse. La mayoría estamos acostumbrados a hablar y hablar sin parar, con discursos elaborados y automáticos  que no tienen en cuenta las peculiaridades de la otra persona, ni del tema, que no requieren mucha reflexión en el momento y por lo tanto están llenos de interpretaciones y suposiciones que hacemos sobre todos los elementos, sin más.

En muchos casos este hábito se debe a la relación estresante que tenemos con el silencio. A veces malinterpretamos que si tardamos en contestar, se debe a falta de reflejos o  de información y conocimiento. En lugar de comprobar  si hemos estado atentos a la conversación y  hemos escuchado con interés -que será cuando comprobemos que antes de decir nada, necesitaremos preguntar para completar el mensaje a la vez que mostramos interés por la otra persona- esa embarazosa situación, nos hará interrumpir, apostillar o hablar sin porqué.

En otros casos contestamos pensando sólo en nosotros mismos, en parecer graciosos, ocurrentes, irónicos, inteligentes y soltamos la primera  alambicada inoportunidad que se nos ocurre con esa intención. No teniendo en cuenta que el daño que hayamos podido provocar en la otra persona además de gratuito es difícilmente reparable, con lo que no sólo nos hemos conseguido nuestra finalidad sino que hemos recorrido largo trecho en contra. Lo mismo ocurre cuando minusvaloramos a los demás y pensando en que no nos van a aportar nada, nos empeñamos en ilustrarles constantemente, haciéndoselo notar. Si quieres animarte tú, anima a los demás, te será más rentable.

Una opción más consiste en contestar lo primero que se nos pasa por la cabeza, arrojando sobre nuestro interlocutor todas las emociones de las que somos víctimas, sin reparar en que nuestro estado de ánimo apenas tiene algo que ver con el tema que se trata o con quién se trata. Esa falta de consciencia también hará que los demás acaben etiquetándonos, como unos huraños y gruñones impenitentes.

Si realmente quieres mejorar tu dispositivo tendrás que empezar por concentrarte en escuchar mejor a los demás, en pensar que todo el mundo te puede aportar una perspectiva interesante en tu desarrollo, preguntarles e informarte sobre lo que te están contando, lo que les preocupa, hacer esto no sólo con el oído sino poner todos tus sentidos en ello, para poder leer el lenguaje corporal, el tono, los gestos y finalmente cuando vayas a contestar, piensa si lo que vas a decir merece la pena.

Cuáles han sido hasta ahora las opciones de tu contestador automático y cuáles serán a partir de hoy? 😉