¿TE DUELE EL CORAZÓN?

corazon

 

Me encantan los encendidos debates que provocan las cuestiones del corazón. Tanta emoción nos hace manifestarnos tajantes en muchos temas, sobre todo si los demás son los protagonistas y a nosotros nos salen gratis unas palabras o unas líneas.

Otra cuestión muy diferente parece cuando nos ocurre a nosotros y queremos que los demás sean comprensivos con nuestras decisiones, deseos y anhelos.

Hacemos de muchas de estas cuestiones, asuntos de honor que “mancillan nuestra honra” como si desde la Edad Media no hubiésemos evolucionado y la flexibilidad que nuestro mundo requiere, no tuviese que aplicarse a todas las facetas de nuestra vida.

Una actitud positiva y nada posesiva, nos puede hacer ver que, lo que ocurre a nuestro alrededor, pocas veces tiene que ver con nosotros, con hacernos daño o con perdernos el respeto y sí conque cada uno intenta resolver sus aflicciones de la mejor manera que sabe, aunque en muchas ocasiones, no elijan, a nuestro juicio, la mejor de las estrategias posibles.

Todos tenemos derecho a tomar malas decisiones, a equivocarnos, a pedir perdón, a que se nos perdone y a perdonar sin tener que dar explicaciones, ni sentir el juicio de los demás como prueba culpable. Cuando algo ocurre entre dos, sólo esos dos saben, en el mejor de los casos, la mayor parte de la historia, sus causas y consecuencias y sólo ellos tienen el derecho a tomar la mejor de las opciones para seguir adelante con su vida.

Muchas son las ocasiones en las que queremos que la otra persona, se comporte, sea, y reaccione como nosotros queremos, sin reparar en que es otra persona, con sus virtudes y sus defectos, como nosotros pero con otros, en algunos casos muy diferentes. Querer hacer a alguien como nosotros, eso sí que es no respetarle.

Cuando las cosas salen mal,cualquiera que sea la causa, no es nuestro estado de ánimo el que debe hablar por nosotros, sino tras una charla con alguien que no te quiera dirigir, sino que te quiera ayudar, seas tú mismo quien pueda tomar una decisión. Esa decisión es la que formará parte de tu vida, por lo tanto, sopesar todas las cuestiones y valores que te importan es lo fundamental.

Cuando la vida te golpea el corazón con algo inesperado:

  • Tómate algún tiempo para reflexionar, no tomes en caliente ninguna decisión.
  • No hables con personas cuyas creencias son tajantes y firmes en contra o a favor del tema
  • Manten tu mente firme en un sólo objetivo: ser feliz a pesar de todo y de todos
  • Enfócate en las soluciones, a veces nos gusta refocilarnos en la descripción del problema desde miles de perspectivas, que sólo nos hacen ahondar en la parte negativa y nos bloquea
  • Habla con alguien positivo, que te dé otra perspectiva, diferente a la que tú tienes, te abrirá la mente.
  • Háblate con cariño, recordándote lo bueno que tienes y lo que quieres.
  • Las circunstancias actuales no durarán eternamente y toda la presión que desde tu entorno sientes se esfumará y entonces tendrás sólo que asumir las consecuencias , así que piensa únicamente en ti y en tu felicidad. 
    Sólo tenemos un corazón y una vida. No lo olvides. Tú eres el único que decides. 😉

 

No te ates a tu piedra

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Hay veces, que acciones que lleva a cabo el ser humano me sorprenden porque son extraordinarias y me hacen sentirme orgullosa de mis semejantes ,aunque otras, me repugnan. Podéis estar seguro, pensando en barbarie y cuestiones de gran impacto y enjundia, que también,  pero no siempre es así, a veces el daño es más sencillo, más callado e igual de cruel. Me refiero a pequeñas maldades al alcance de todos, a las que no damos importancia y que las hacemos y publicitamos a diario,  sin pensar en sus consecuencias y efecto en los demás.

Es cierto que cuando hablamos de bullying en el colegio, de acoso escolar, todos nos ponemos en la situación de pequeños indefensos siendo atacados con crueldad y sin ninguna justificación y no nos cuesta empatizar con ellos para rechazarlo, denunciarlo y trabajar por desterrarlo.

Sin embargo hacerlo con personas mayores, espejo en el que se miran muchos niños, parece menos cruento. Por el simple hecho de tener ventaja sobre ellos en alguna cuestión, sofocar nuestras bajas pasiones, como la envidia y la ira, quedar por encima o ganar a alguien con sucias tretas, entonces, todo vale.

He tenido que asistir al vapuleo tuitero de varias personas en pocos meses. Personas, que si hay algo que las defina es su bondad y su dedicación a los demás. Por cuestiones que en 140 caracteres dijeron en el pasado y años después salen a la luz, con la intención que conlleva haberlos  buscado, descargado y guardado y lo peor, ni siquiera con la intención de dañarles a ellos, sino como armas arrojadizas para acabar con otros fines mayores.

Sin pensar ni un momento en esas personas, en sus mentes y corazones sufridores sin motivos, de un pasado remoto que no  pueden cambiar, del que sin embargo reniegan y que  pretende acabar con sueños, a pesar de considerarles sólo un daño colateral.

No todo vale, ni en política, ni en la vida, para salirte con la tuya. Una victoria que necesita de estos sacrificios no puede ser, ni celebrada, ni bien empleada, porque parte de un vicio de inicio, el engaño torticero, el sufrimiento vacuo y  la mentira.

Sólo ver las caras de estos jóvenes subidos en una montaña rusa, debatiéndose entre la tristeza y rendición más infinita y la ira más absurda me hace comparar esta serie de acciones con una imagen recurrente en mi cabeza.

Hacer reo a alguien de su pasado es como atarle una piedra, lanzarle al agua y dejarle conscientemente desaparecer. Te parece cruel, exagerado, rara la metáfora. Piensa en algo similar que te haya ocurrido a ti. Algo que ocurrió en tu vida desagradable. Algo que pensaste  y ya no piensas, algo que dijiste, hiciste y quieres olvidar y que tienes derecho a hacer.

Decía Nietzche que: “ Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece”.No sólo te lo digas, haz que te fortalezca. Escribe tu propia historia de resiliencia, aprendiendo del golpe para levantarte y seguir adelante. Eso te hará diferente.

No te ates a tu piedra, todos podemos cambiar, si queremos.

Seguro que ya ni siquiera eres la misma persona que la semana pasada, que el mes pasado. Crecer significa eliminar y analizar pensamientos y reacciones para poder cambiar y mejorar. El pasado no tiene remedio más que cambiando tu presente. Cada día es una nueva oportunidad para empezar, a pesar de todo, a pesar de todos…

 Tenemos esa posibilidad y nadie puede negarnos que ese crecimiento nos lleve a pensar distinto y a actuar distinto.La comprensión que pedimos a otros para con nuestros cambios, debe ser un primer paso para no juzgarles y atarles a los suyos.Necesitamos practicar la comprensión y la empatía con los demás. No sólo cuando no tenemos nada que perder sino cuando creemos que lo contrario nos haría ganar.

 Si queremos una segunda oportunidad, ¡qué menos que dársela a los demás!

 

 

 

“Haz lo que puedas, con lo que tengas, estés donde estés”. Theodor Roosevelt

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Cuando hacemos referencia al poder de los pensamientos y a cómo nuestra mente nos ayuda en nuestra vida diaria, muchos de nosotros no sabemos cómo hacer el análisis para saber el funcionamiento de nuestro principal mecanismo, la mente.

Saber si nuestra mente es feliz o no, puede ser un arduo trabajo o un trabajo de campo que podemos hacer relativamente fácil estando atentos y que nos puede arrojar muchos datos sobre lo qué realmente sucede allí dentro y como mejorarlo.

Los mensajes que a diario obtenemos de nuestro entorno, de los demás, de distintos medios de comunicación, mezclados con nuestros recuerdos y experiencias, nos provocan demasiados conflictos para poder desentrañar preguntas como si somos felices, nosotros solos.

A veces nos sentimos culpables por poseer o disfrutar de muchas más cosas que otras personas a nuestro alrededor, de estar alegres cuando otros lo están pasando francamente mal y de otras muchas cuestiones que nos impiden o excusan para pensar en acciones mucho más cercanas y sencillas que contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor.

Cuántas veces has dicho una palabra amable a algún desconocido,o algún compañero de trabajo al que nunca has hablado, a cuántos extraños has sonreído sin motivo, has cambiado el humor de alguien, ayudado a alguien, incluso que no conocías, escuchado, regalado algo, invitado, agradecido, elogiado, alegrado el día…

A veces cuando veo como muchas personas intentan arreglar el mundo a golpe de agresividad, de crítica feroz, de ira, insulto, para ridiculizar o menospreciar, de querer tener la razón , pensar que sólo existe su solución, avergonzar y juzgar a los demás, pienso, en a qué mundo están pensando llevarnos cuando utilizan esos métodos que  tratan así a sus semejantes, a los próximos y a sus iguales…por nuestro bien…

Las sociedades que se asientan en la vergüenza y en la culpa no son sociedades sanas, ni dignas de modelaje o defensa. No quiero que la mía sea así. 

Sociedades que escriben solidarias cartas a personas a cientos de kilómetros mientras son incapaces de compatibilizarlo haciéndolo con quienes están sufriendo a su lado, o simplemente siendo amables con quienes les rodean y no piensan como ellos.

La felicidad para mí se construye desde dentro, desde tus pensamientos y acciones. Desde lo simple y sencillo que parece ser lo que más cuesta. Siendo consciente de que nuestro entorno cambia principalmente cambiando lo que más trabajo implica, nuestra actitud. Estamos dispuestos a influir en esto…

Construyendo, animando, alentando, apoyando, entusiasmando a nuestros padres, madres, amigos, compañeros, vecinos. Haciéndoles partícipes de lo importante que es nuestra labor en nuestro entorno, con los demás. Con nuestra palabra, nuestra acción.

Comprométete contigo mismo, toma la determinación de que vas a formar parte de ese cambio, seguro de que tus acciones son lo más importante que puedes poner en marcha para hacerlo y que tu entorno más próximo, es tu reto.

Cada vez que pienses en un conflicto internacional, en una situación injusta, escuches alguna noticia que te impacte y sobre la que te sientas impotente. Idea algo para hacer inmediatamente donde estés. Recuerda las palabras de Theodor Roosevelt.

No intentes excusarte con la necesidad de la ejecución de grandes hazañas, que obtengan un gran reconocimiento. Recuerda que cada acción que lleves a cabo a tu alrededor será parte de esa aventura interior que te llevará a ser más feliz y a compartir esta felicidad con quienes te rodean, modificando tu mundo.

Algunas ideas para empezar… sé generoso y comparte con nosotros las tuyas

  • Deja tu cambio en la máquina del café. Imagina quien lo encuentre que afortunado se sentirá.
  • Ve sonriendo por la calle y saludando a todos.
  • Ayuda a alguien que veas cargado o agotado.
  • Pregunta a alguien cómo está, muestra interés por él.
  • Llama a alguien para agradecerle algo.
  • Elogia sinceramente a alguien.

fotografía:moviespix.com

¡Ilumina a los demás!

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La mejor forma de disfrutar de la vida y ser felices es , como decía Baden Powell, hacer felices a los demás. Cuando te planteas este objetivo en tu vida, comenzar siempre merece un periodo de reflexión o nuestra meta se puede tornar en un hábito que nos agote la energía y no responda a su ulterior fin.

Imaginaos cuando alguien hace un enorme esfuerzo para realizar algo en favor de alguien y esta otra persona, no sólo no lo reconoce, sino que tampoco lo agradece. ¿Qué puede ocurrir en este caso?

Habréis seguro oído “con la de cosas que he hecho por él o por ella”, “siempre tratando de darle gusto”, ” siempre dedicado a los demás”, “encima de que lo hago por él”. Todas estas lamentaciones a posteriori se podían haber evitado si hubiésemos pensado un poco en los demás y no sólo en nosotros mismos.

Amar o querer a los demás, con el significado de la amistad, implica ser conscientes de querer transmitir alegría y felicidad allá donde vamos, para hacerles menos pesada la carga a quienes tenemos cerca, incluso a los que están librando una batalla interior.

Para hacerlo, no podemos pensar en lo que a nosotros nos gusta o desagrada, no podemos ponernos en su situación siendo nosotros con nuestras circunstancias y experiencias sino ser capaces de, como dice el viejo proverbio indio, haber andado en sus mocasines durante días,

¿Cómo hacemos eso?, observando y escuchando a la persona para saber qué hacer, en qué ayudar, percibir su situación real que puede distar mucho de la que nosotros imaginamos, puesto que cada mente es un mundo en su configuración.

Podemos pasarnos años tratando de hacerlo a nuestra manera y no conseguir nada o todo lo contrario que alguien nos  ayude tanto y en cuestiones que no necesitamos, que nos haga dependientes.

Para hacer felices a los demás hay que comprenderles, llegar a esto a través de ver, escuchar y preguntar y además tiene otro efecto positivo y consiste en que cuando sabes el porqué de los comportamientos de los demás, ya no lo tomas como algo personal, te cuesta mucho menos entender y perdonar, sabiendo que no todos tenemos todos los recursos para resolver sobre  nuestras propias tribulaciones.

A partir de hoy, ¿qué te parece  hablar menos y escuchar más?, con atención, pudiendo llegar a comprender mejor  a quienes antes etiquetabas y agradabas según tu baremo. Adaptándote al suyo con sus experiencias y  patrones.

 

Hacer felices a los demás tiene un efecto en ti que te gustará comprobar, aunque para ello dejes de pensar precisamente en eso, en ti.

¿Qué energía desprendes?

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Te encuentras en cualquier reunión, hablando en grupo o acabas de ver de nuevo a una persona y de todas las cosas que le puedes preguntar y sobre las que te puedes interesar acerca de ella o de ellos, te restringes a enfermedades, sucesos desagradables o comentarios molestos.

Hace tiempo que practico  “comparte tus alegrías, no tus penas” aunque a veces el mundo parece confabularse en contra y muchos a mi alrededor practican lo contrario.

No sé si es cultural, hábito o adicción pero la selección de temas cuando entablas una conversación con una persona no tienen nada que ver con lo que yo considero sano y potenciador.

Pero mi sorpresa va más allá cuando manifiesto mi opinión y la respuesta de la mayoría consiste en “si no preguntas por esas cuestiones parece que no te preocupas”, pues bien yo que soy responsable de las emociones que provoco en los demás y de mi propio estado interior me niego a preguntar por todas esas cuestiones que, cuando estás fenomenal, te condenan a  volver a revivir emociones que te entristecen, te afligen, te preocupan y no aportan nada. Yo no tengo esa adicción.

Siento si a alguien le parece descortés pero a mí hacerlo me parece insalubre. Yo creo que quien ha sufrido pérdidas, enfermedades o cualquier eventualidad con  las que la vida nos sorprende a todos, a menudo, son propiedad única e intransferible de sus dueños y sus derechos también por lo tanto si esa persona no quiere hablar espontáneamente de esos temas o no los saca a colación, no seré yo quien lo haga.

Además yo en mi comportamiento voy más lejos y aunque esté preocupada o molesta con “mis temas” no los saco a relucir por deferencia hacia los demás, puesto que nunca sabemos cuándo podrá ocurrirnos algo a cualquiera de nosotros. Valoro tanto el tiempo que pasamos divirtiéndonos, distraídos y sin esos pensamientos que en ningún caso pretendo afligir con mis luchas. Mi supuesto desahogo, conexión y reconexión con mi negatividad, no quiero que sea la carga de los demás. Para ello también trabajo que ni siquiera me delate mi fisiología. “Yo mal, no todo mal”.

Tanto es así que he comprobado cómo, no hablando de ello, apenas vuelvo sobre esas emociones negativas, continúo mi día con alegría y no dejo que me visiten a menudo, con lo que he resuelto varias cuestiones, con esa sencilla acción.

Soy la única responsable de la energía que llevo conmigo y en ningún caso quiero que sea negativa.

¡Por favor haz  tú lo mismo!

 responsabilidad energía

Foto:fullwillpower

¿Tienes remordimientos?

aeropuerto

 

Remordimiento en su acepción del Diccionario de la R.A.E. dice: “Inquietud, pesar interno que queda después de ejecutar una mala acción”.

Si reflexionamos sobre esa definición tenemos que encontrar nuestro significado para todas las palabras que la componen:

• ¿Qué es para ti el remordimiento?
• ¿Cómo se manifiesta la inquietud, qué efectos produce en ti?
• ¿Qué supone un pesar interno?, ¿para qué te sirve?
• ¿Cuánto tiempo queda?
• ¿Quién decide qué es una acción y cuáles son malas? ¿son malas para ti o para los demás?
• ¿Qué efecto producen en ti todas estas cuestiones?, ¿te espolean o te bloquean?

Cuando tienes remordimiento, ¿vives en el pasado, en el presente o en el futuro?

Dramatizar y convertir sucesos vitales en grandes obstáculos para avanzar  y vivir el presente, es algo que harás tú solito. Vivir implica un montón de oportunidades para disfrutar de la vida y una serie de capítulos trágicos como enfermedades o pérdidas que pueden trabajar en tu favor o en tu contra. Todo depende de lo que tú quieras hacer con ellos.

“Los problemas del pasado de las personas impactan en una de dos formas: o los hunden en una crisis o los empujan hacia adelante” J.Maxwell

Piensa en el juego de cualquier deportista: tenis, golf, fútbol… Imagina fallar una bola de set, dar un mal golpe o fallar un penalti. Si el remordimiento hiciese su aparición, qué oportunidades tendría esa persona de volver a dar un buen golpe o un buen pase, en definitiva de triunfar. Esa sensación, inquietud, de pesar le acompañaría o mejor dicho, perseguiría por todo el campo o la cancha, o peor aún le arruinaría la carrera. Si ellos lo trabajan y lo superan, tú también puedes.

De ninguna manera quiero minimizar lo que a cualquiera de vosotros os ha podido ocurrir en el pasado, sin embargo si que reflexiono con vosotros sobre la utilidad y el beneficio que supone seguir enganchados a esa emoción, a esos sentimientos, ¿para qué?.

No se trata tampoco de compararse, pero hay múltiples experiencias de personas que han sufrido episodios traumáticos en su vida y lejos de suponer para ellos abatimiento y rendición, los han utilizado como combustible para resurgir como el ave fénix y demostrarse a sí mismos que no se dejan robar la energía fácilmente con cuestiones del pasado.

Esto no lo hacen personas extraordinarias, sino quienes toman las riendas de su vida y deciden que sus lágrimas serán de la alegría que trasladan a su alrededor.

“Cada dificultad mayor que usted enfrenta en la vida es una bifurcación en el camino. Usted decide qué dirección tomar, si avanzar o declararse derrotado” J. Maxwell

Si tenéis la oportunidad de leer “El lado positivo del fracaso” de John Maxwell os encontraréis con muchas razones para considerar los “fracasos” como resultados no esperados, y entre todo, este texto referido a “La ciudad del remordimiento”:

“No había planeado viajar este año, pero sin darme cuenta me encontré preparando el equipaje. Y una vez que salí, me llené de temor. Fue otro viaje de culpa.
Reservé mi tique en la línea aérea El deseo que tuve. No necesité chequear mi equipaje porque en esa aerolínea todo el mundo lo carga teniendo que llevarlo por lo que parecen ser largas millas en el aeropuerto de la ciudad Remordimiento. Había allí gente de todo el mundo, encorvados bajo el peso del equipaje que ellos mismos habían empacado.
Tomé un taxi para que me llevara al Hotel Último Recurso. Durante todo el trayecto, el chofer no dejó de mirar por sobre su hombro. Al llegar, busqué el salón donde tendría lugar mi reunión, el Encuentro Anual de Compasión. Al registrarme, vi que todos mis antiguos colegas estaban en la lista:
Toda la familia Hacer: Haría, Hice e Hiciese Las dos Oportunidades: la Malgastada y la Perdida Todos los Ayer:
Había demasiados como para enumerarlos uno a uno, pero todos tenían historias tristes para contar. Sueños Rotos y Promesas Incumplidas también estaban allí junto con sus amigos No me eches la culpa a mí y No pude hacer nada.
Y, por supuesto, el renombrado cuenta-historias Es su culpa estaba allí para ofrecer horas y horas de entretenimiento.
Mientras me preparaba para pasar una larga noche, me di cuenta que una persona tenía el poder de enviar a toda esa gente a casa y terminar con la fiesta. Y esa persona era yo. ¡Todo lo que tenía que hacer era volver al presente y dar la bienvenida al nuevo día!
Si se ha encontrado embarcándose en un vuelo a la ciudad Remordimiento, reconozca que es un viaje que usted mismo planea y que puede cancelar en cualquier momento, sin multa ni penalidad. Pero la única persona que puede hacerlo es usted.”

Última llamada para los pasajeros del vuelo a “Ciudad del Remordimiento”, ¿te subes?

Os invito estos días a Desconectar, a Descansar y a Disfrutar…Nos vemos 😉

¿Empiezas por el espejo?

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En nuestro camino encontramos algunas veces personas que, tras nuestro primer contacto con ellas, no parece que tenga mucho futuro esa amistad o incluso ese encuentro. Un mal gesto, una mala contestación y todo lo que podría ser un agradable intercambio se transforma en una agria situación de la que sólo obtenemos malestar.

Hace algunos años yo misma hubiese huido de estas situaciones, incluso habría albergado esa desagradable sensación de haber sido herida durante algún tiempo, o esa otra obsesión de lo que le podía haber dicho y no dije, desde que trabajo mi interior, todo eso ha cambiado.

Entiendo que mientras yo voy por la vida libre de cargas y he tenido que luchar sólo contra mis propios miedos y fantasmas, otras personas llevan mucho más tiempo luchando esas y otras batalla peores que ignoro. Muchas de ellas no saben o todavía no poseen herramientas para encontrar una salida mejor que expulsar esos “demonios”  contra otros.

No haber recibido todo el afecto y el amor en nuestros primeros años puede haber abierto heridas que necesitamos cerrar. A veces lo hacemos en falso  y henchidos de rabia, aumentamos nuestra autoestima como refuerzo, como defensa, pero nuestra relación con los demás no acabará de sanar.

En otros casos esa superación pasa por trabajar en nosotros la resiliencia, que nos hace menos vulnerable a las situaciones difíciles y nos ayuda a hacernos fuertes en nuestra vida. Pero nuestras heridas, nos continuarán acompañando.

Para reconocer estas situaciones en nosotros mismos y en los demás, se requiere un arduo trabajo de desarrollo personal y una apuesta definitiva por querer ser  feliz.

Estas heridas hacen que confiemos menos en los demás, que seamos más posesivos y celosos y que utilicemos nuestra imaginación para magnificar muchas de estas situaciones y nos hagan sufrir. Harán  que prefiramos permanecer al margen de relaciones y sentimientos de otras personas para alejarse del riesgo de sufrir.

La reflexión de este post no es buscar culpables fuera de nosotros, sobre estilos de familia, de padres, de relaciones, lo importante es cómo podemos ayudar a los demás a que esas heridas tarden menos en cerrarse.

Seguramente habrás presenciado miles de situaciones en que el comportamiento de la persona es inexplicable, rudo, ególatra, desagradable y tantas veces también ha ido seguido de un comportamiento de la persona con la que interactúa similar, de huída, o de crítica. Con esa reacción, sólo refuerzas el comportamiento anterior y no ayudas en la lucha interior que está librando. No hagas de espejo, mientra esa persona lo hace contigo.

Recuerda que las personas que son felices no tienen necesidad de demostrar nada, ni de sentirse heridas, ni de herir o desatar su peor parte frente a estas personas.

Son quienes conscientes de la responsabilidad al 100% de su propia mente, deciden tomarla y hacer que esa interactuación sirva de ayuda más que de lucha, sabiendo que no hay mejor medicina que la que a esa persona le ha sido negada, el amor y la comprensión. Hazlo de manera que la confianza y la paz puedan crecer en su corazón.

Quédate, interésate por esa persona y ofrécele lo que no tiene. Consigue que su sentimiento cuando te vayas, sea mejor que cuando llegaste. De ti depende tener éxito.

Para comportarse igual que la mayoría, ya hay muchos, si quieres empezar un cambio en el mundo, empieza por quién ves en el espejo, por  ti, recuerda esta canción:

“Si quieres hacer del mundo un lugar mejor, mírate a ti mismo y entonces, haz un cambio”

Man in a mirror, Michael Jackson

 

Inspiración: “Happiness” Matthieu Ricard