Abróchense los cinturones

cinturon

 

Si sólo dependiese de que fuésemos buenos y eficientes en un trabajo, muchos no tendrían de qué preocuparse pero desde que las matemáticas y los números que arrojan las empresas pesan más que la meritocracia, esto ya no es un seguro para nadie.

En poco tiempo nos hemos tenido que acostumbrar a esto, a que balances y accionistas se antepongan a cualquier otra cuestión en aras de la gestión y aunque siguen existiendo personas que creen que su mayor seguridad depende de un trabajo indefinido por cuenta ajena, el escenario ya no es el mismo. Es hora de que dejemos de  poner todas nuestras expectativas en  ello.

Cuando me refiero a esto, no quiero decir que esté en contra de trabajar para otros y que crea que la panacea es tener tu propio negocio, a lo que me refiero es a que debes estar seguro que ser un recurso humano atractivo en cualquier momento para cualquier empleador y no poner todas tus expectativas en tu actual trabajo o en tu jefe. Él igual que tú, aunque en otro rango, la mayoría de las veces también es un empleado y puede que pronto esté en la misma situación que tú.

Es cierto que todavía pesa en nuestra mentalidad que los trabajos deben ser para toda la vida y que en su mayor parte, esto depende de ti. De ahí que haya muchas personas que aguanten en trabajos que odian por vislumbrar un futuro aún más oscuro fuera de él. Pues he de decirles que una de las causas de padecer la mayor parte de las enfermedades nerviosas y de corazón es esa precisamente, aguantar en un trabajo que no te gusta y al que le dedicas muchas horas. Aunque tú sabrás si te merece la pena esto para seguir en tu carrera hacia conseguir más cosas materiales, sí que me gustaría trasladarte una sugerencia.

 ¿Por qué en lugar de apostar todo a tu jefe, no  amplías tu cinturón de seguridad, fuera del que todo te da más miedo y desarrollas tus dotes de empatía y comunicación con tus compañeros y compañeras o incluso lo expandes más allá de tu departamento o área? Tener este círculo construido con una base cimentada de confianza y entendimiento, no sólo te va ayudar basándote en el viejo adagio de “la unión hace la fuerza” sino que el poder compartir con ellos con libertad tus preocupaciones y alegrías hará que tú trabajo sea menos tedioso y más potenciador de tus habilidades.

Seguramente serán ellos los que mejor entiendan tu situación  y en el caso de que  dejes de trabajar ahí podrán echarte un cable desde sus posiciones. Solos, estamos condenados a magnificar nuestras penas y a refugiarnos paralizados  en nuestros pesares, cuando de la unión puede salir cualquier otro magnífico proyecto.

Si consigues que este círculo de seguridad sea cada vez mayor, cuando te ocurra alguna cuestión imprevista no te encontrarás solo y eso te ayudará a seguir en un futuro en el que tú eres tu propia  empresa y tu entorno será la incertidumbre.

Procura  ajustarte  tu  cinturón de seguridad lo mínimo  o acabarás no pudiendo respirar.

¿Eres colaborativo?

colaborar

 

He de decir que al principio notaba algo diferente pero no sabía exactamente qué era. Me resultaba atractivo en las personas que iba conociendo y que respondían a un mismo patrón de entusiasmo y acción.

Ahora que lo he descubierto, lo practico y fomento conscientemente. Ser colaborativo, no sólo es una ventaja increíble sino que también es una cualidad del desarrollo humano que da unos réditos y una satisfacción , increíbles.

Cuando pones en marcha un negocio y estás en contacto con quienes quieren emprender y viven esto con ilusión, apenas encuentras  a los típicos emprendedores “Golum” cuya idea es un tesoro que no pueden contar, sopena de tener que acabar con tu vida. Todo lo contrario, estas personas buscan a quienes les impulsen con la narración de sus comienzos y les hagan  preguntas interesantes sobre su idea, para crecer, para tener otra perspectiva.

Lo que diferencia a quienes finalmente la ponen en marcha respecto de otros, a mi  entender, es el desarrollo humano del que se han provisto antes y creo como otros muchos gurús que el resultado y el éxito, será proporcional al mismo.

Cuanto menos “evolucionado” es alguien  más deja que actúe sobre él el sistema antiquísimo de alerta de la amígdala cerebral  y esto supone que ese mecanismo primitivo que nos hizo sobrevivir en el pasado, todavía está sin trabajar y sin dirigir por el lóbulo frontal. Es más miedoso y está más a la defensiva, por lo tanto, es más testarudo, se abre poco a las ideas de los demás, a cambiar de opinión, confía menos en las personas, ve fantasmas donde no los hay, cree que la información es poder y que hay que ocultarla y usarla en provecho  propio y permanece  pendiente en exclusiva de su devenir vital.

Sin embargo quienes superan este estado y domestican a su ser primitivo, entienden que de la colaboración y el provecho mutuo es de donde nacen los grandes inventos, las grandes gestas, la esperada evolución y no dudan en compartir con los demás.

Mantienen un espíritu que engancha con el que se da antes de recibir, todo se agradece, se comparte, se pone en común, se mantiene el contacto, se alienta.

Seguro que has oído hablar del crowdsourcing (Wikipedia), del crowdfunding (gofunding),  el coworking(compartir lugar de trabajo), el software libre (Linux)…existen cada vez más ejemplos del éxito común.

Y lo que más me gusta y celebro es que todas estas cuestiones han superado a los gobiernos, quienes sólo creen en hacerlo obligatorio, por ley. Quienes insisten en  hacer creer a los demás que  ir más allá de uno mismo no es algo que el Ser Humano haga sin que sea de manera coactiva, que jamás puede ser parte de la libertad individual .Su  escasa visión es cada vez más patente y produce hartazgo.

Yo también sospecho de quienes quieren dirigir la vida de los demás sin dejarnos que seamos nosotros quienes descubramos y practiquemos que solos no llegaremos muy lejos o, como dice el proverbio africano: “Si quieres ir deprisa, ve sólo  pero si quieres ir lejos ve acompañado”.

Quizá sea hora de evolucionar y domesticar a tu primitivo, ¿no crees?

Cortar por lo sano

 

cortar

Alguna vez has sentido que estabas harto de tu entorno, que el aire se hacía irrespirable y necesitabas cortar por lo sano, cambiar de ambiente, renovarte, irte lejos. Te sobra y te molesta todo y no sabes cómo salir de ese bucle aunque ni siquiera te has planteado saber cómo has llegado hasta aquí.

Seguramente no has reparado lo suficiente en que todo lo que posees en esta vida es tiempo y a quienes se lo dediques o a lo que se lo dediques, marcará la diferencia. Por lo que si tú mismo no lo valoras, ¿por qué lo van a hacer los demás por ti?

Muchas veces crees que anteponer a tus propios gustos, preferencias y necesidades las de los que están a tu alrededor es un signo de altruismo y generosidad increíble pero cuando a veces te das cuenta de que este ejercicio no produce los efectos que a ti te gustaría, empiezas a generar ese malestar que te hará estallar.

En realidad que dediques tú  tiempo a los demás es una cuestión que puedes decidir hacerla en la cuantía que te plazca, la cuestión es si esa dedicación es elegida conscientemente o  está en realidad ocultando que no te dediques a ti mismo el tiempo que necesitas o que no lleves a cabo la toma de decisiones que necesitas en tu vida o que tu tiempo, no  lo estés valorando en su justa medida.

Es cierto que ocuparte en exclusiva de tus ocupaciones y preocupaciones no te llevará mucho más lejos puesto que éstas son ilimitadas y no te compensará dejar la utilidad de las neuronas espejo sin desarrollar, no trabajando tu empatía con los demás. Tu dedicación exclusiva conseguirá que  tengas una sensación de vacío, de insatisfacción constante y de falta de propósito en la vida.

Cualquiera de los dos extremos te hará que crezca ese malestar, tanto  no estar pendiente más que de ti mismo, como estarlo sólo de los demás, con la intención de no prestarte atención y tener que tomar decisiones, aprender a ser asertivo y a decir que no, pensando en tu salud y  valorar tu tiempo, que es lo único que de verdad tienes y del que apenas sabes cuánto vas a poder  disfrutar.

Antes de tomar una decisión radical, hay muchas opciones y oportunidades de grises que seguro que te ayudarán a construir un papel en el que te sientas protagonista por méritos propios. Busca una solución en la que te encuentres a gusto, si es lo que tú quieres y no lo que crees que a los demás les gustará o lo que esperan de ti o simplemente querer su aprobación o apreciación … seguro así, la podrás mantener frente a todo.

Hay pocas cosas que te hagan ser más infeliz que intentar agradar a todo el mundo.

De todas formas si sigues disponible para lo que quieran lo demás a cualquier hora, avisa yo también tengo tareas para ti. 😉

¿Cómo buscas tu camello?

camello

 

Encuentro muy inspirador este cuento sufí para ilustrar una experiencia que muchos afortunados sentimos cuando conseguimos, hacer un alto en el camino en nuestras ajetreadas vidas, nos proponemos reflexionar sobre adónde queremos ir y del gozo que supone encontrar ese click, ese momento “ajá” que nos hace de repente hallar nuestra senda.

EL CAMELLO PERDIDO
En el momento en que la caravana ha llegado para hacer un alto, se te ha perdido tu camello. Lo buscas por todas partes. Finalmente, la caravana sale de nuevo sin ti y cae la noche. Toda tu carga ha quedado en el suelo y tú preguntas a todos:
«¿Habéis visto mi camello?»
Incluso añades:«¡Daré una recompensa a quien me dé noticias de mi camello!»
Y todo el mundo se burla de ti. Uno dice:«¡Acabo de ver un camello de pelo rojizo y muy gordo! ¡Se fue en esa
dirección!»
Otro: «¿No tenía tu camello una oreja rota?»
Otro: «¿No había una manta bordada en la silla?»
Otro más: «¡He visto irse por allí un camello con el ojo reventado!»
Así, todo el mundo te da una descripción de tu camello con la esperanza de aprovecharse de tu largueza. En el camino del conocimiento, son numerosos los que evocan los atributos de lo Desconocido. Pero tú, si no sabes dónde está tu camello, sí que reconoces la falsedad de todos estos indicios. Encuentras incluso a gente que te dice: «¡También yo he perdido mi camello! ¡Busquemos juntos!»
Y cuando por fin viene alguien que te describe realmente tu camello, tu
alegría no conoce límites y haces de ese hombre tu guía para recobrar tu
camello.

En muchas ocasiones cuando te sales del circuito establecido, del «supuesto» ciclo vital que “debes” seguir, te sientes solo, raro, incómodo. No hacer lo que todo el mundo hace o estar  en una situación diferente, te hace plantearte una y otra vez, «¿ qué es lo que estoy haciendo mal?».

En lugar de ser capaz de ver en qué te está ayudando esa situación, qué aprendizaje estás obteniendo y para qué te va a servir en el futuro haber vivido esa experiencia, te lamentas y avergüenzas, infravalorándote y autocriticándote, con los porqués.

Esta lucha interior se extiende buscando en los demás que te escuchen y obteniendo en su lugar miles de consejos sobre algo que nunca han experimentado y sobre lo que tienen sobre todo prejuicios, tópicos y una exigua experiencia.

Aún así en tu búsqueda sigues haciéndoles partícipes de tu intranquilidad y de tu necesidad,  obteniendo a cambio más inseguridad, las preguntas erróneas y  consejos que te sobran y atormentan.

Otros creen que dándote la razón y acompañándote con su misma vivencia desde el prisma negativo ayudan, pero en realidad se hunden contigo, arrastrándote a la impotencia y a la desesperación, dejando que te refociles y te estanques en tus males. Haciendo válido que el mal de muchos es el consuelo…

Busca a quien te ayude a describir con exactitud tu camello, al que te ayude a que le encuentres tú, que eres quien mejor le conoce, a herrarle de nuevo, alimentarle con lo que tú sabes que necesita para estar mejor.

No dejes que nadie te traslade sus problemas y te aleje con sus miedos de perseguir tu propio camino, de conseguir  tu sueño. Busca a quien te ayude a dar un paso  cada día para estar más cerca de él.

Nadie dijo que fuese fácil pero esa alegría de encontrarla es digna de sentirse. ¡Suerte en tu búsqueda!

¡Buen fin de semana!

¿Me perdonas?

sorry

Son las palabras mágicas para que lo que pudiendo ser la explosión de una olla a presión se convierta en levantar una simple tapadera. Casi todos tenemos claro lo que implica pedir perdón, y su utilidad, sin embargo o no lo hacemos o lo hacemos menos de lo que conviene.

Entre las muchas habilidades que se desgranan debe tener un líder de un equipo, de una formación o cualquiera de nosotros si queremos desarrollarnos personalmente la más importante es, ser capaz de pedir disculpas o perdón como prefiráis, además de la más útil, aunque reparamos poco en ello y le damos una mínima importancia.

Cuando admitimos que hemos errado en algo y nos disculpamos por ello producimos varios efectos que, a largo plazo, nos benefician con respecto a nuestras relaciones tanto en el trabajo como en casa.
Por un lado les demostramos que nos importan y por eso tenemos en cuenta lo que les hemos provocado, disculpándonos por ello, en segundo lugar reconocemos un error y eso aumenta considerablemente el ambiente de confianza en el equipo y además demostramos que estamos dispuestos a mejorar comenzando por admitirlo.

Lo que ocurre en muchas ocasiones, es que la emoción nos embarga y no nos deja ver más allá, los beneficios, y sí nos estanca en sentimientos de humillación, vergüenza y nos enreda en ese estúpido orgullo que nos complicará la vida.

Si no conseguimos hacer esto es prácticamente imposible que avancemos en nuestro desarrollo puesto que es una cuestión básica con efectos mágicos que nos pone en una situación de partida excepcional. Seguramente en casa, damos por hecho que se sobreentiende que lo lamentamos y no lo volveremos a hacer, aunque obviar las palabras, también acaba minando las relaciones familiares.

A veces partimos incluso del malentendido amor de una madre, que seguramente será la única que nos aguante todo y con la que menos nos disculpemos, siendo la que más merece nuestras constantes peticiones de perdón. Pero si esperas que esta estrategia te sirva ahí fuera, estás muy equivocado. Madre no hay más que una. ¿Qué te parece empezar el entrenamiento por ella?

No podemos cambiar lo que hemos hecho en el pasado pero sí podemos empezar cada minuto un nuevo futuro en el que las disculpas sean un modo de admitir que los demás y cómo se sienten nos importa.

Declarando que la interdependencia es una realidad para poder sobrevivir en las mejores condiciones y que necesitas a los demás te hará acreedor del favor de muchos que hasta ahora no podían contigo. La situación después de unas disculpas es totalmente diferente. ¡Pruébalo!

Eso sí, no te expliques, ni te justifiques, demuestra que te importa y sé lo más escueto posible. Un “perdóname” o “te pido disculpas” resolverá más que todas las excusas y razones del mundo.

No necesitas más.

¿Cuándo empiezas? 😉

«Perdón es una palabra que no es nada, pero que lleva dentro semillas de milagros».

Alejandro Casona

Emociones incómodas

 

emoticonos

 

Habéis pensado  alguna  vez en cómo reaccionáis  cuando veis o escucháis a alguien que os transmite que está sintiendo  una emoción negativa, dolor, miedo, vergüenza, enfado…

Sin mala intención a veces he querido quitarle hierro o animarle, pensando en la incomodidad que me producía no saber qué hacer,  sin tener en cuenta que, a lo mejor, esa no era la mejor manera de ayudar a que se deshiciese de esa emoción. Quizá  se haya  sentido incomprendida por mí  cuando he minimizado o relativizado lo que estaba sintiendo. Lo que para ella era real.

A veces lo hacemos porque realmente no sabemos cómo manejar emociones de este tipo, de las que hacen sufrir a los que queremos y pensamos que evitando darlas mucha importancia o demasiado de sí, desaparecerán, o incluso la necesidad de hacer algo por ellas nos deja en manos de un sinfín de consejos y recetas. ¿por qué será que nos cuesta tanto sólo escuchar?

En otras ocasiones,  nuestra resiliencia adquirida, nuestra experiencia, nos hacen verlo  desde nuestra perspectiva, con nuestras herramientas,  nos decimos que esas luchas no tienen importancia. Para nosotros, ya quedan mucho tiempo atrás y también pensamos que ellos debían haberlas superado, pero ¿es justo?, ¿es sano?, ¿ayuda?

En el caso de los niños, el libro  “ How to talk so kids will listen and Listen so Kids will talk” de Adele Faber  y Elaine Mazlish plantea unas  propuestas que se derivan de sus investigaciones y  pasan por cuestiones que merecen mi reflexión y creo que podrían extrapolarse al mundo adulto.

  • Cuando alguien siente emociones negativas  no ayudamos : negándolas ( en realidad tú no te sientes así), ignorándolas (cambiando de tema) o moralizando ( tú lo que tienes que hacer es…)
  • Tampoco preguntando el porqué de la emoción, esta cuestión, además de anclarnos a ella y volverla a sentir, nos hace indagar en justificaciones y mentir. Muchas veces, cuando nos sentimos así, creemos que el motivo, tampoco ayudará a que nuestro interlocutor nos comprenda. Es mejor que le pongamos algún ejemplo de cuando nosotros también nos hemos sentido parecido y simplemente reconozcamos el sentimiento en la otra persona, ayudándola a ponerle nombre: enfado, vergüenza, temor…
  • No es necesario estar de acuerdo o dar la razón, sólo escuchar, preguntar y entender cómo se siente  para que la persona exteriorice la emoción. Aunque no lo consigamos, nuestro interés en ayudar quedará patente.
  • Prueba a ver si la persona puede cambiar lo que repite,  “ le odio” o “ soy imbécil” por algo más concreto y que suene diferente.
  • Sobre todo y lo más importante, no aconsejes, tu experiencia  puede no ser de ayuda, porque procede de tu proceso interno y además privas a la otra persona de encontrar sus propias soluciones, y de construir sus propias herramientas a partir de sus propios aprendizajes para que los utilice en  el futuro.
  • La próxima vez que sea la persona la que decida si tiene importancia o no. Sólo acompáñala en su camino y ESCUCHA.

¿Qué dirán?

quediran

Bailar dentro y fuera de una discoteca, cantar dentro y fuera de un karaoke, disfrazarte en una fiesta o vestir diferente, contar un chiste sin gracia, tocar un instrumento delante de alguien, participar en una competición, montar un negocio, una organización, hablar inglés con cualquiera, hacer todo eso que deseas y no atreves. ¿Qué importancia tiene?

El miedo al “qué dirán”, “al ridículo”, la obsesión por hacerlo perfecto, por no mostrarlo hasta que consigas que parezca que no te cuesta, que no lleva esfuerzo. La preocupación por no saber qué opinarán, o cómo juzgarán los demás nuestras acciones, movimientos, resultados, frases puede hacer que cualquiera de nosotros con su increíble potencial se quede en uno más del montón.

Me encanta ver cómo ahora todos los pequeños tienen la oportunidad de dar clases de teatro, de danza, de música y tener acceso a tener una relación fluida y normal con su cuerpo, con sus habilidades, con su desarrollo físico y mostrarlo en público, haciendo caso omiso a sus miedos, sin ese ego tan acrecentado que tenemos los demás y que nos impide no sólo ser nosotros, sino ser felices.

Si para algo es necesario librase de esto es para ser emprendedor, da igual si es en política, en la empresa, en tu barrio o en tu grupo de amigos. Ser capaz de entender que, complacer a todo el mundo es un planteamiento básico de la infelicidad y que no tiene que ver con éxito, es fundamental.

Pensar y reconocer que muchos de los que hoy son gurús en sus áreas de desarrollo, a alguien le parecieron no dignos de mención, de empleo o de tener en cuenta en su día, puede que te haga plantearte dos vertientes, una la fácil, la que afirma que tuvieron suerte, de manera que le quitas todo protagonismo a la persona y dos, la que sabe que son muy pocos los que soportan la presión de tener que luchar, recabar durante algún tiempo resultados no queridos, los que perseveran a pesar de lo que opinen los demás, quienes que no arriesgan y viven a expensas del azar.

¿Son esos que te juzgan y critican quienes te van a ayudar a triunfar?, ¿son ellos los que pueden estar orgullosos de su legado?. ¿son ellos los depositarios de tu felicidad y tu confianza, en quienes piensas cuando decides rendirte?

¿Qué es lo peor que podría pasar si los resultados no son los que esperas?, ¿qué problema tienes con revisar, analizar, modificar y seguir?, ¿prefieres ser del montón?, ¿rendirte?

Hace tiempo que reflexiono sobre las diferencias que existen entre nuestro espíritu emprendedor y el de los países que son punteros en esto. Mientras nosotros pensamos en el “qué dirán”, ellos ya están en el “mira cómo lo hago”.

Minimizar en espacio y tiempo que existe entre lo que pensamos y su puesta en marcha, dividiéndolo en pequeñas tareas diarias factibles, marca la diferencia.

Cuanto más tiempo transcurra, más testigos y vigilantes imaginarios tendremos, más excusas que razones, además escucharemos, seguro ampliado, a aquellos que nos desaniman por encima de quienes nos alientan. Haciendo de nuestra simple tarea una épica hazaña.

¿Qué dirán?.¡Y a quién le importa!

Serán ellos felices por ti, vivirán y llevarán a cabo tu sueños por ti, se divertirán y reirán por ti también.

¿Cuántas cosas estás dejando de hacer por lo que digan de ti?
¿Cuántas experiencias te quieres perder por poner todo tu confianza y tu seguridad en el exterior?

¿Qué es lo peor que puede pasar, que se rían, que murmuren? ¿ y si no lo haces evitarás de cualquier forma todo esto?

Da un paso al frente y empieza a reírte tú de ti mismo, así no te sorprenderá que otros se sumen.

Si dicen que digan, por cierto, ¿Quiénes?

¿Qué reconoces?

reconocimiento

Recuerdas cuándo fue la última vez que reconociste a alguien lo bien que hacía algo, lo bueno que era en esa actividad, lo acertado que había estado en ese comentario o las habilidades que tiene para algo.

Es cierto que el reconocimiento es un valor que parte de una referencia externa principal y un control propio mucho menor. Podemos merecernos el reconocimiento y no obtenerlo. Por lo tanto no es una cuestión que nos pueda preocupar en demasía puesto que a pesar de poder de esforzarnos por conseguirlo siempre está en la otra persona el hacerlo. Si estamos excesivamente pendientes de él o basamos en éste parte de nuestra evaluación pondremos nuestra autoestima en manos de otro.

Pero en este tema es precisamente la otra vertiente la que quiero tratar. La del «reconocedor». Hace tiempo que escucho, “lo que está bien hecho, bien desarrollado, pensado, ejecutado, se da por hecho que debe ser así, cuando únicamente no es correcto o no da los resultados que se esperaban, es cuando se debe manifestar”.

Privar a las personas de este reconocimiento, dice poco del liderazgo de sus jefes y compañeros,  de su justicia, de su inteligencia emocional, de su seguridad en sí mismos y sobre todo de su contribución al “Principio de Peter” en ese puesto.

El reconocimiento es parte muy importante del crecimiento de las personas, de su éxito, llena los espacios de incertidumbre con empoderamiento. Hace que los equipos mejoren sus tareas, su comunicación y su confianza. Hace que los feedback que no son tan positivos sean admitidos y aceptados como un impulso generoso de mejora.

¿Cuántas veces tu estado interno hubiese sido distinto si hubieses obtenido ese reconocimiento de tu jefe?, ¿cómo habría sido ese día?, ¿qué disposición tendrías para nuevos retos?, ¿para innovar y tomar responsabilidades?

Nunca se puede estar tan ocupado como para no reconocer el trabajo, el esfuerzo y las habilidades de los que te rodean y ponerlo de manifiesto.

Al principio te sentirás raro o incómodo haciéndolo ya que la falta de práctica te avisará de que necesitas hábito. Lo importante es que seas capaz de entender las posibilidades que se abren ante ti cuando mejoras tu ambiente, te preocupas por los demás y los haces sentirse importante.

Además por qué quedarse en el trabajo, si lo puedes trasladar a todos los ámbitos de tu vida.

Te propongo para empezar una práctica de Marshall Goldsmith:

• Haz una lista de todos los grupos importantes que hay en tu vida: familia, amigos, empleados, jefes, clientes…
• Escribe en cada grupo los nombres de las personas más importantes.
• Dos veces a la semana, elige unos días concretos y agéndalos, revisa las listas de nombres y pregúntate: ¿ha hecho alguien de estas listas algo que deba reconocer?
• Si la respuesta es SI, hazlo, envía un correo, haz una llamada de teléfono, deja una nota. Si la respuesta es NO, déjalo para otro día. No se trata de ser pelota.

Haz lo que te gusta que te hagan a ti. Si quieres reconocimiento, reconoce.

¡Buen fin de semana!

foto:reconocimientoprofesional

¿Sueñas en serio?

biblio

Piensa en cuando tienes que llevar a cabo  una cuestión importante en tu vida , seguro que no se queda en una idea que te ronda en la cabeza sino que la pones sobre el papel, le das forma, te preocupas de desarrollarla y de que se entiendan bien todos los pasos para ponerla en marcha.

Esto seguro que lo haces con lo que concierne a tus tareas laborales o a los negocios que quieres poner en marcha, pero qué ocurre cuando hablamos de proyectos personales, de objetivos propios, de metas vitales o de sueños. ¿Dónde están? ¿seguro que no estarían mejor sobre el papel?

Hay veces que cuando la vida nos plantea algunos reveses en poco tiempo, generalizamos la idea de conformismo, de mal menor, como la que debe ser nuestra forma habitual de entender la vida, es decir, dejamos de soñar. Nos rendimos a estas vicisitudes sin contemplar que conforman una pequeña parte de nuestra vida, que podemos considerarlos meros tropiezos comparados con el total, con lo que nos queda por vivir. ¿ has pensado que quizá los mejores años de tu vida pueden estar por llegar?

Pues si lo piensas detenidamente te darás cuenta de que ahorrarías un montón de tiempo e imprimirías un montón de entusiasmo y pasión a tu vida si tuvieses tus » Libros de Sueños».

Si quieres comenzar a confeccionarlos, no esperes a tener un cuaderno adecuado, o un bolígrafo perfecto, coge una hoja de papel y apunta hasta cien sueños que tengas. Sueña en grande.

Haz una lista sin distinciones, no separes, ni priorices: desarrollo personal, aventura, salud, profesionales, familia, aprendizaje, materiales… ponlos todos. Sueña sin límites, no te los pongas tú.

Cuando acabes quizá la lista de parezca imposible pero ahora ya has empezado a soñar en serio. Del “imposible” pasará al “quizá” y acabará seguro en “hecho”. Sólo porque nos sabemos qué va a ocurrir mañana podemos hacerlo.

Ahora es el momento de que inviertas en una cuaderno atractivo con separadores, o quizá varios. Tú decides. ¿Has pensado alguna vez en hacer una lista de sueños con tu pareja, con tus hijos, con tu socio, con tus amigos? Dejar de compartir miedos, recelos, tristezas y soñar. Comparte un cuaderno en el que podáis escribir todo aquello que os mantendrá unidos y enfocados. Hacedlo trabajando en equipo.

Ya con sólo escribirlos a mano, comienzas el proceso creativo, adquieres mayor compromiso con ellos, lo puedes consultar cuando quieras, cambiar, tachar, añadir, dibujar al lado lo que te sugieran. Hacer que tus sueños cada  vez cobren más vida.

Cuando tienes en marcha varios proyectos, seguro que tienes carpetas diferentes para ellos, haz lo mismo con tus sueños, consigue información, recortes, personas que te puedan ayudar a conseguirlos. Ten tu biblioteca de sueños al día.

 

La pasión por los sueños es contagiosa, el entusiasmo y es lo que podemos nosotros inyectar en nuestra vida. Es increíble el efecto que tiene además conocer los sueños de las personas que tienes alrededor, de las que quieres y te importan. De repente te sorprendes queriéndoles ayudar a conseguir los suyos y haciendo equipo. Nada impulsa más que un sueño, te llena de energía y te da una satisfacción difícil de conseguir con otras cuestiones  y a nadie  se agradece más que a quienes te ayudan a conseguirlos.

Si que llamarles sueños te resulta difícil, elige la palabra que te motive, llámalos objetivo, metas, negocios, como quieras, pero siente la magia de escribirlos, compartirlo y poder  hacerlos  realidad.

Foto:menuparabibliografos

¿Te puede la información?

info

Desde que tenemos fácil acceso a Internet, la información está a toque  de tecla  y la cuestión se complica con la ingente cantidad a la que nos enfrentamos.

Sin embargo es paradójico la cantidad de información que tenemos sobre cuestiones externas y ajenas a nosotros y la poca que obtenemos y registramos de nosotros  mismos, la baja importancia que le damos y el casi nulo almacenamiento de la misma.

Muchos de nosotros andamos todo el día cargados de dispositivos electrónicos, de calendarios con citas y alarmas, de programas para recoger notas tanto escritas como de voz y aún así  nuestra organización y gestión no mejora.

Cada día cambiamos de aplicación a otra que realmente nos ayudará más, que lo hará mejor, pero no dejamos de darnos cuenta al final del día de las pocas veces que las hemos consultado.

Sólo echar una visual a nuestras pantallas del ordenador nos da una idea de la dificultad de concluir una tarea en un medio en el que la información no descansa. Mientras nosotros dormimos hay otros miles de personas subiendo más datos y análisis en la Red que nos obligará a abrir más de una carpeta o de una pestaña.

Estoy de acuerdo con que la información  es poder pero en la actualidad se está convirtiendo para muchos además, en un gran dolor de cabeza.

A pesar de tener tanto aparato donde descargar nuestros gigas mentales, seguimos sin hacerlo con las cuestiones más importantes, con lo que gestionamos nosotros mismos, es decir, sólo registramos los inputs que leemos o investigamos sin dejar que nuestra mente analice, relacione y archive nuestro propio resultado, nuestros outputs, sin dejar que el proceso de aprendizaje se concrete y finalice en nuestra mente.

Decía Umberto Eco que “ toda información es importante si está conectada a otra”. Imagina el potencial de esta frase para cada uno de nosotros, cuando lo que leemos, lo que experimentamos y cómo lo hacemos es único y original en cada uno de nosotros.

¿No merecerá más la pena, continuar con una idea hasta parir algo, y darle vueltas y reflexionar sobre ella para que sea nuestra, a que sigamos  yendo de link en link, desesperándonos al darnos cuenta que cada vez sabemos menos?

¿Y si en lugar de vivir con esa ansiedad de pensar la cantidad de libros que queremos leer, los cursos que queremos hacer, lo que nos queda por ver, vamos conectando en la misma medida lo que ya nos pertenece?

¿ Si en lugar de guardar en carpetas digitales, abrir pestañas y descargar aplicaciones, vuelcas en una simple hoja en blanco palabras que te ayuden en tu aprendizaje y reflexión sobre el tema y las colocas como crees que conformarán un puzle que puede darte  muchas claves?

¿En qué crees que consiste un artículo o escribir un blog?, ¿en inventar algo, en decir algo que nadie ha dicho o en que tú mismo vayas colocando y relacionando lo que hay en tu mente de forma que construyas tu propio análisis?

No hace falta que sea público, pero estoy segura de que este proceder te dará una nueva forma de ver la vida, ¡la tuya!.

¡Coge papel y boli, por favor!

foto:idmadvisory

Tu tormenta perfecta

tormenta

Puede ser éste el momento idóneo para que pares y pienses qué está haciendo ahora mismo tu mente, cómo está, relajada, trabajando, no para…

Dentro de ese trabajo, observa los pensamientos que baraja y se suceden cómo son positivos, negativos, de dónde proceden.

Muchas de estas preguntas que no te planteas a menudo te hacen confundir lo que piensas con lo que eres y por lo tanto te invalidan para poder ser un mero observador y cambiarlos o simplemente poderlos mirar desde otra posición.

Seguro que haces o al menos ves a tu alrededor la cantidad de personas que lejos de hacer este ejercicio y complementarlo con una meditación diaria que conduzca a la serenidad mental o se valga de alguna ayuda profesional para la reflexión, comienzan a intuir que todo lo que les ocurre es por la falta de algo, en muchas ocasiones es material, más dinero, coches, cenas, viajes, en otras, de hacer, a lo que te dedicas, lo mucho que  cambiaría todo si hubieses estudiado, o hubieses estudiado otra cosa, o tuvieses otro trabajo o en otra compañía. Todos esos anhelos son fruto en muchas ocasiones de la falta de introspección y de conciencia sobre cómo se fraguan nuestros propios pensamientos.

Buscamos fuera, en lo que hacemos, en lo que tenemos, para que nos configure lo que somos. Buscamos fuera, lo que realmente sólo podemos encontrar dentro de nosotros. Algo que aunque en principio dé miedo indagar, cuando conseguimos abordar, como dicen mis “coachees”: “se colocan muchas cosas”. De repente el hilo que mantenía nuestros nervios a flor de piel, nuestro cuerpo contraído, a la defensiva y en guardia de repente se corta. Es tal la fuerza interior que te aporta ver realmente quien eres y de dónde vienen todos esos obstáculos mentales que de pronto empiezas a vivir.

A disfrutar de todas esas pequeñas cosas que ocurren continuamente a tu alrededor y que esos temores que te creas, te impiden.

Da igual cómo seas físicamente, dónde vivas, tu situación económica, a lo que te dediques, lo mucho o poco que tengas. Lo que piensas puede hacerte feliz si eres consciente o totalmente infeliz si te entregas a esas emociones negativas sin pensar.

Mientras decides si quieres paz y tranquilidad o seguir escondiéndote tras un frenético frenesí para no pensar, te dejo una práctica genial de Matthieu Ricard que seguro te ayudará cuando te sientas invadido por emociones negativas:

“Imagina una gran tormenta en el océano con olas tan grandes como edificios de varias plantas. Cada ola es más monstruosa que la anterior. Todas están a punto de engullir tu barco, tu vida pende de los altos muros de agua que levantan frente a ti, desafiantes, atemorizándote.
Ahora imagínate observando esa tormenta desde un avión, a mucha altura. Desde esa perspectiva las olas parecen un delicado mosaico que se extiende a lo largo de una gran superficie en el agua. Desde esa altura, en el silencio del espacio, tus ojos sólo aciertan a divisar esos patrones mudos, mientras tu mente está sumida en ese claro y luminoso cielo.”

Los pensamientos negativos de miedo, ira u obsesión parecen reales pero en realidad son fabricados por tu mente. De repente hacen su aparición y de repente desaparecen.

¿Por qué permanecer en el barco  de la ansiedad pudiendo hacer que tu mente vuele tan alto que considere que esas emociones tienen muchas menos fuerza de la que les atribuyes?

No revivas tu tormenta perfecta. ¡Sobrevuela y cambia de perspectiva!

¡Buen fin de semana!

 

¿Activos o pasivos?

pasivos

En cuántas ocasiones te has planteado si el personal de tu organización es un activo o un pasivo. De esta clasificación dependerá en gran medida el avance de tu compañía y que consigas convertirla en su mejor versión.

La literatura acerca de los distintos medios de conseguirlo es vasta pero que se siga dando vueltas y aplicando lo mismo desde mucho antes de Peter Drucker, hace que a pesar de todos los gurús y sus consejos, no lleguemos a ninguna tierra prometida.

El futuro de tu empresa y el potencial de tus empleados están unidos para lo bueno y para lo malo y tratar a todos con el mismo rasero o con tips de management, sin preguntar, ahondar o investigar es un café para todos que te mantendrá ocupado y a veces te liberará de la carga de no haber hecho nada pero los réditos, distarán mucho de ser los óptimos.

En toda organización, lo importante y lo imprescindible son las personas, que no sólo viven de pan, es decir, cuando sus necesidades económicas están satisfechas, a partir de las manidas y básicas, los incrementos, tienen la eficacia que tienen y en muchas ocasiones incluso llegan a dar la impresión de ser un lenitivo para la explotación horaria a la que se somete a los empleados.

Muchas de las personas en sus lugares de trabajo no se encuentran comprometidas porque tienen la sensación, a veces bastante fundada, de que son consideradas cargas, obligaciones, máquinas que alimentar con dinero o amenazas, que no importan y a las que ni siquiera se escucha con la excusa de la falta de tiempo.

Sólo se pone remedio temporal, en el mejor de los casos, cuando los datos arrojan una tasa de reemplazo tan alta que se refleja en el balance. ¿Por qué las personas abandonan una organización?, ¿habéis preguntado alguna vez esto a vuestro empleados?

La falsa realidad que vivimos fruto del ambiente que ha creado esta crisis económica, hace que las condiciones en las que las personas trabajan en la actualidad, probablemente sean las peores para hacerlo en años. Creyéndose sometidas a un escenario negro en el que fuera de su trabajo no existe nada y por lo tanto cualquier oferta es aceptable. ¿Qué ocurrirá cuando todo mejore?, ¿cómo será la tasa de reemplazo entonces?

Muchas empresas comprometidas, tienen muy perfeccionado el proceso de adquisición de talento pero, ¿y el de mantenimiento? Se pueden permitir que esto ocurra…

Alguien se ocupa de conocer cuáles son los sueños de los empleados, lo que les hace estar motivados, lo que les hace defender y contribuir definitivamente a esa corporación, dedicándole su más preciado bien, su tiempo.

Se molesta alguien en buscar los soñadores de las empresas, a los entusiastas, antes de que se agoten o se marchen, ofrecerles que tengan un coach, potenciarlos y entrenar a los que sí son capaces de trasmitir un fin y un propósito dentro de su trabajo diario para entusiasmar a los demás en sus tareas.

Mostrarles que no son pasivos de esa empresa sino activos, que importan,  que merece la pena invertir en ellos. Que necesitan un mantenimiento y un entrenamiento que les haga tener herramientas para ser su mejor versión ayudar a los demás a serlo también.

Tú decides, si tus empleados, son  o no, una buena inversión. O quizá piensas seguir sin verlo, deshojando la margarita…

foto:estudiodelactivoydelpasivo

¿Te gusta conducir?

conducir

Tanto esa pregunta como el eslogan «No podemos conducir por ti»  te sonarán familiares, y a mi me resultan dos frases idóneas para introducir y reflexionar en este post.

Hoy quiero hablar sobre la responsabilidad y lo importante que es respecto de la construcción de la persona, de su autoestima, a través de sus decisiones y de los objetivos que queremos conseguir.

Algunas veces cuando miramos hacia atrás para coger herramientas y lanzarnos más lejos en el impulso, nos damos cuenta de que muchos de los movimientos que hemos hecho en la vida han sido fruto de miles de cuestiones ajenas a nuestra propia y consciente decisión, a veces ni siquiera podemos encontrar una causa o una motivación para explicar muchos de nuestros movimientos.

Pocas son las personas a las que se acostumbra a tomar decisiones y a sufrir sus consecuencias a temprana edad, que sería lo ideal. Muchos de los que nos rodean en su afán  por protegernos  elijen  lo que creen, es mejor para nosotros, van cortándonos ramitas del árbol de la autoestima y en algunos casos, acabamos siendo altamente dependiente de los demás, necesitando su aquiescencia u opinión  para cualquier cuestión.

Cuando nos empezamos a dar cuenta, la mayoría ya hemos incluso terminado nuestros estudios sin tener muy claro si era lo que queríamos hacer o el devenir de la vida y la fuerza de la herencia, de la inercia  o del propio desconcierto nos han llevado hasta allí.

Con lo cual, al no haber sido una decisión consciente no la valoramos como propia e intentamos colgar nuestra carga en ese inspirador familiar o amigo al que le debemos nuestra detestada dedicación. A partir de ahí, hay veces que entramos en un bucle que supone el inicio de un camino plagado de bandazos de los que tampoco nos responsabilizamos y que nos hacen altamente infelices, a pesar de que algunas veces incluso en esos empleos tengamos una buena remuneración.

Pues buenas noticias, ¡nunca es tarde! si hasta ahora has ido en  el coche, en el asiento de atrás para no ver el camino y te has prestado a ir donde te lleven, sin preguntar o eras el copiloto y de vez en cuando has hablado con el conductor u opinado sobre el  cambio de destino sin ningún éxito, ¡estás de suerte!, hoy mismo puedes empezar tu vida activa y ponerte al volante, decidir dónde vas, cómo vas, cuándo vas a parar, con quién vas a ir, qué GPS vas a seguir y configurarlo tú mismo, con tu propio criterio.

Comenzar una vida activa en la que seas consciente de tus decisiones, tendrá un impacto brutal en tu vida. Ya no pasarás tiempo buscando culpables o excusas, sólo hablarás de resultados, que aunque no sean siempre los esperados, serán tuyos, porque los has buscado, conscientemente, tú  y por ello aprenderás de ellos en cualquier caso.

Piensa qué ocurriría si te hicieses responsable de cada palabra que dices, de tus sentimientos, de  tus acciones en todo momento, de  tu felicidad.

¿Qué va a ocurrir a partir de ahora cuando las cosas no vayan bien en qué te vas a convertir, qué te va a procurar esa nueva imagen tuya?

 

Imagina cómo va a ser esa nueva actividad, qué va a significar en tu salud, en tus relaciones, en tu carácter, en tu desarrollo, en tu bienestar económico, con tus amigos, en tu autoestima.

 

¿Cuánto esfuerzo y perseverancia vas a ser capaz de emplear para coger el volante y lanzarte en tu propia aventura vital?

 

Cada minuto que pasa es una oportunidad para hacerlo.

No dejes que conduzcan por ti 😉

foto:educavialroquetas

El arquero

arquero

EL ARCO

“Un guerrero, armado de la cabeza a los pies, dirigía su caballo hacia el bosque. Al verlo llegar, tan altivo, un cazador se asustó. Tomó una flecha y tensó su arco.

 Al verlo así, dispuesto a disparar, el caballero le gritó:

 «¡Detente! No te fíes de las apariencias. La verdad es que soy muy débil. Cuando llega la hora del combate, estoy más asustado que una vieja.»

 El cazador le dijo entonces:

 «¡Vete! Afortunadamente, me has advertido a tiempo. ¡Si no, habría disparado contra ti!»

 Las armas son, para muchos, la causa de la muerte. Puesto que tú eres miedoso, abandona tus flechas y tu espada.”

Este cuento sufí me sirve como metáfora para la reflexión que quiero hacer hoy sobre las apariencias.

No desde el punto de vista de quienes miran y ven lo que su ojo quiere ver, sino desde la óptica interior de lo que nosotros proyectamos.

Hay en determinadas ocasiones que por lo que pensamos, por con quienes estamos o el entorno en el que nos movemos o queremos hacerlo desempeñamos un papel que dista mucho de nuestro yo verdadero, y esa parte de ego y de vacío o falta de verdadera reflexión la que nos impulsa a comportarnos de una forma determinada que nada tiene que ver con nosotros.

Piensa en esas veces que te has esforzado en parecer más fuerte de lo que eres, en demostrar tu inteligencia, lo ingenioso o gracioso que eres, en que parezca que todo lo sabes, que  algo no te importa o no te ofende.

Piensa en la diferencia que hay con la realidad, toda esa energía que has derrochado en esa puesta en escena, cumplirá su cometido, hará que los demás te traten con ese rasero. Ese nuevo baremo  que tú has creado y con el que los demás se dirigirán a ti,  hará que lo que digas o lo que hagas, tenga que estar en consonancia con tu nuevo personaje y te exija una dosis extra de energía para ser cada vez más ingenioso, más fuerte, más…Trabajo de más que te hará agotarte, algo que sí mostrarás, con pasividad o agresividad, con los que no quieras impresionar.

Para minorar esas consecuencias no deseadas y que para ti no sea un trabajo desagradable y demasiado tedioso, puedes buscar otras opciones más ecológicas para ti. Entre otras, puedes hacer como nuestro guerrero y advertir a los demás sobre los juicios rápidos sobre ti, los que no son  adecuados, antes de que temas decepcionar y te adaptes al personaje que te adjudiquen a pesar de que te resulte una tarea épica  y poco saludable.

Foto:photobucket

¿Te «reseteas»?

reiniciar

¡¡Oh la culpa!! Esa gran compañía que cuando se instala en tu mente te hace merecedor de todas las adversas vicisitudes que te pueda arrojar el azar. Que no te deja dormir, que rememora y magnifica  una y otra vez el momento, lo que hiciste, lo que pudo ser y no fue, lo que tenías que haber dicho, una y otra vez hasta desear encontrar el botón de on y off de tu cerebro para acabar con el tormento. Todo esto tumbado en el sofá o recostado en la silla…sin actividad.

Y,¿ para qué? Para nadaaaaaa. Para conseguir que esa tortura absurda gaste todas tus energías, las que necesitas para levantarte y seguir adelante, viviendo, equivocándote, acertando y   disfrutando. Sin embargo te arrojas en sus brazos, ofreciéndole tu autoestima y hablándote como el peor de tus enemigos.

 

Y en qué basas esos argumentos, en creencias que ni siquiera son tuyas, son de tu familia, de tus amigos, de la televisión, de las revistas, ¿por qué te las aplicas todas?, ni siquiera te das cuenta de que muchas se contradicen.

Piensa que en otro ordenador hay otra persona escribiendo como yo, que opina y sustenta sus argumentos en lo que lee y estudia, pero eso no significa que sepa todo, que conozca todo, que sea lo correcto, que lo interiorice igual, que lo exprese de la misma manera. Ni que crea que te va a afectar de esa forma. Por eso, yo siempre te invito a que pruebes y lo integres si te funciona, sino lo desechas y a otra cosa.

Seguramente es la culpa, ese sentimiento el que te hace menos productivo durante el día por no dejar de reprocharte no ser igual que los demás, o no hacer lo que se supone, que dicen demás, que es lo mejor. Ser diferente, único, es algo maravilloso, no algo que lamentar. Seguramente lo has hecho hasta ahora, porque nunca te lo has cuestionado.

Tú como quien más te quiere, te perdonas, con el propósito de ser y hacer mejor, qué necesidad hay de castigarse el resto del día, si cada segundo  que pasa es otra oportunidad para empezar de nuevo y hacerlo mejor.

Imagina que cualquier jugador de élite que falla una canasta, un  penalti o pierde un juego, no pudiese sobreponerse a ese sentimiento de culpa. Seguramente tendría difícil volver a encestar, a marcar o a ganar otro juego. Sin embargo ellos entrenan pasar página, ir a la siguiente toma. No tienen botón de encendido y apagado pero si  de reinicio.

Tu mente tiene que encontrar el clip que introducido en ese pequeño orificio más de cinco segundos procure que te reinicies y dejes atrás el bloqueo. Que se cargue todo tu software libre de virus y te permita seguir con tus tareas concentrado.

Imagina esa situación y piensa cuál va a ser tu rutina de reinicio, piensa si tendrás un botón en alguna parte de tu cuerpo que podrás apretar o quizá consista en un movimiento determinado, un giro, un salto, una palabra en voz alta. Recuerda que esta rutina sólo servirá para reiniciarte de tus bloqueos por la culpa así que no puede ser algo que hagas para recordar otra cosa.

La  próxima vez que te asalte la culpa, quiérete, desbloquéate, libérate. No lo utilices como excusa para tu inactividad y tus lamentos. Si los demás no te castigan, tampoco lo hagas tú. ¡¡Dale a reiniciar!! 😉

foto:regonline

¿Cierras tu válvula?

valvulas

Piensa en alguna persona que proponga lo que proponga casi siempre parece ser atractivo seguir su plan. No sabes exactamente  el porqué pero te gusta estar con ella, contarle tus cosas, que te transmita su energía.

Seguramente hasta ese momento no habías pensado en hacer cosas como saltar en paracaídas, correr una maratón, ir a ese viaje tan lejos, participar en actividades de voluntariado, políticas o en alguna aventura empresarial y ahora tras su conversación, te lo planteas.

Te has preguntado alguna vez qué es lo que diferencia a esa persona de ti, crees que hace cosas más interesantes, tiene un trabajo mejor, más comodidades, oportunidades, experiencias.

Ahora que ya sabes que no, qué te parece si valoras algo tan importante para enganchar como el entusiasmo. Es quizá esto lo que te atrae. Las ganas de vivir, lo que disfruta con todo y con todos. Cómo lo transmite.

Quieres ser así pues sólo tienes que tomar la decisión y ponerte manos a la obra.

Piensa en esa persona que transmite entusiasmo, seguro que no se lamenta del tiempo, ¿y tú? A que tampoco cuenta lo ocurrido con un tono regular, pesado y monótono. Quizá a sus eventos negativos  o no les da el protagonismo que tú o no los cuenta o les pone el suficiente humor como para relativizarlos y sacarte una sonrisa. A lo mejor, no se queja. Quizá se interesa por los demás más que tú y no se cansa de agradecer todo.

¿En qué os parecéis o en qué os diferenciáis?

Además de esos ejemplos de comportamiento también he comprobado otro, que quiero que valoréis y seáis conscientes: lo que influye por teléfono el estado de ánimo con  el que contestas y hablas, sobre la persona que está al otro lado del teléfono. Si no vas a estar al 100% y a trasmitir entusiasmo, ganas de vivir y buenas noticias, no llames, ni escribas. No te ven ,con lo que lo que trasmites, es lo que perciben y no son adivinos, ni intérpretes.

Muchas personas llaman a sus seres queridos y  no se cuestionan su estado interior para hacerlo, algo que sin embargo si hacen en sus trabajos y eso ¿a qué se debe?, acaso no merecen el doble de tu esfuerzo para no preocuparles o ponerles nerviosos. Si no vas a mejorar su estado por lo menos no lo empeores, no marques.

Si quieres ser una persona entusiasta que trasmita buena onda, vibraciones, rollo, comienza por imprimir energía positiva a tu actividad diaria más trivial. Empezarás a disfrutar de todos tus momentos.

Sonríe con ganas, que tu apretón de manos diga exactamente que te alegras de conocerle, que tu tono demuestre que estás vivo y lo agradeces, que tus “gracias” sean sinceras, de verdad y si tienes algo bueno que decir de alguien no te lo calles, díselo.

Todos estos pequeños cambios tendrán un efecto multiplicador estimulante en tu vida y aumentarán  tu entusiasmo. Construye tu  circuito de retroalimentación para aprovecharlo.

De ti depende empezar a llenarlo o que siga con la válvula abierta siendo  tu propio sumidero de energía.

Llévate la mente

maleta

Hemos vivido, como país, vaivenes en diferentes  épocas, que han producido la salida de personas a trabajar fuera, principalmente debido a la falta de oportunidades laborales, pero también merced a los puestos internacionales que muchas empresas han ofrecido en distintos lugares del planeta y que también favorecían la carrera dentro de éstas.

Cuando este movimiento es involuntario y a veces, posteriormente cuando es voluntario, produce un efecto en las personas que nos vuelve  vulnerables y sensibles en exceso y nos hace estar arrepintiéndonos de la decisión, desde el momento en que pisamos algo que no sea suelo patrio.

Lo que en casa sería una persona maleducada en la ventanilla de un banco que nos pone mil y una pegas para abrirnos una cuenta, en otro país es una afrenta racista de la que tardamos en recuperarnos y que nos refuerza en la idea de que no deberíamos haber ido.

Sé que ser una estudiante de intercambio durante  años, en Estados Unidos, seguro que no se puede comparar a ninguna otra experiencia. Entre otras cosas, porque yo tenía dieciséis años, estaba sola, no tenía más tecnología que las llamadas de teléfono y desde el primero hasta el último contacto lo tuve que hacer yo solita.

Pero sí aprendí una cosa que  puede facilitar la vida a todos aquellos «expatriados», «inmigrados», «desplazados» y demás gente en el extranjero. La única forma de no sentirse un extraño, es no serlo y esto pasa por integrarse en la sociedad del lugar en el que estés y no sólo en tu trabajo.

Puedes quedarte en casa y disfrutar en familia de un ambiente fuera de tu entorno, pero lo único que desearás será volver, y pronto. O puedes decidir interesarte por todo y ahondar profundamente  y con entusiasmo en lo nuevo que puedes aprender, hacer y experimentar. De ti  depende.

La opción aislamiento no sólo influirá en ti sino en los que te rodean que intuirán que, poco o nada, a ti no te gustan ellos, por qué les vas a gustar tú. Además si tienes familia, esa sensación, esos pensamientos de abatimiento y rendición también se los trasladarás, no hace falta que sea verbalmente, aunque seguro que tu lenguaje también te delata, pero con tu lenguaje corporal y tu comportamiento darás constantes muestras de que tú también te quieres ir. Serás su ejemplo, para el resto. Véndelo como un éxito de fortaleza, una aventura, no como una maldición.

Si has conseguido salir de tu zona de confort, no te rindas tan fácilmente, será un importante capítulo de tu vida y tú decides si es un drama o una comedia. Ellos son distintos, pero también son susceptibles de engancharse con tus historias sobre tu país y tus costumbres, por no hablar de lo que unen los deportes y más aún la música. Mézclate con la gente con entusiasmo. Piensa desde el primer día como si fueses un ciudadano de allí. Manifiesta interés. Adáptate.

Esa experiencia te hará trabajar muchísimas fortalezas: flexibilidad, toma de decisiones, resolución de problemas, etc y  en caso de manejar otro idioma, será una gran oportunidad. Ya estás allí, no dejes que la mente que has dejado aquí te castigue y no te deje disfrutar de tu experiencia.

¿Quién me iba a decir a mí que cuando tuviese que volver lo lamentaría tanto? Suerte que ahora, después de varias décadas, con las redes sociales, he vuelto a contactar y sigo teniendo otra familia al otro lado del charco.

Te llevaste tu cuerpo y te dejaste aquí  algo. Recupéralo. Llévate tu mente contigo. La vas a necesitar.

¿Quién dijo miedo? 😉

Por favor, no molestar

nomolestar

He compartido despacho  con  compañeros, he tenido mi propio despacho y he trabajado en casa. Con cuál de las opciones me quedaría si tuviese que decidirme por una o implantarla próximamente en  mi  negocio, de eso va mi reflexión hoy.

Recuerdo el revuelo que creó Marissa Myers cuando llegó a Yahoo  y siendo “tecnóloga” decidió acabar con el teletrabajo con argumentos como “»algunas de las mejores decisiones e ideas surgen de conversaciones entre empleados en la cafetería, de conocer a gente nueva y de reuniones improvisadas de los equipos» y  «la rapidez y la calidad del trabajo se sacrifican a veces cuando se trabaja desde casa».

Estoy de acuerdo con la afirmación de las mejores ideas surgen en las cafeterías, algo que he comprobado y que además sustenta un estudio de la Universidad de British Columbia. “Hace un año investigadores de la Universidad de British Columbia realizaron un estudio y encontraron que el sonido ambiental estaba relacionado con el incremento de la creatividad. La prueba que se hizo a 300 participantes determinó que permanecer en un entorno con ruido moderado de 70 decibelios (más o menos lo que se escucha en una cafetería) nos ayuda a ejecutar procesos creativos de un mejor modo que si permaneciéramos en un espacio silencioso o con mucho ruido.”

También creo que las reuniones de los equipos son imprescindibles pero a lo largo de los años he comprobado que son las informales e improvisadas en espacios relajados las que son productivas  y no las que se establecen previa agenda con un orden del día encorsetado en las que si no hablas o asientes, no eres lo suficientemente importante y se eternizan.

 «Los resultados que se desprenden de una encuesta realizada por Oi2 a más de 1.000 personas entre 18 y 65 años que analiza los aspectos que más influyen a la hora de concentrarse en el trabajo y y aquellos que ayudan a conseguir que la rutina sea llevadera.

El mal ambiente entre compañeros y las constantes interrupciones durante las horas de trabajo (38%) son los elementos considerados más molestos, seguido de las conversaciones (11%), el sonido del teléfono (8%) y del ruido de la impresora y e fax (1%).»

Por lo tanto yo también creo que la calidad del trabajo y la concentración son mejores en casa ya que comparto con Jason Fried, os invito a  ver el video, que las distracciones que se aducen, como ver la televisión, navegar en internet o tumbarse en el sofá, son voluntarias y no las típicas interrupciones de las que se suele ser el blanco en las oficinas, en las que los demás deciden por nosotros cuando vamos a tener un “descanso”. En muchas ocasiones, incluso  con tu propio despacho, cerrar la puerta y  apagar el móvil, no son suficiente para indicar que se necesita un periodo sin interrupciones.

 

Sin embargo, trabajando desde casa, nos ahorramos tiempo en atascos, contaminación, charlas, discusiones, comidas y reuniones de las que seguramente podemos prescindir y que no recuperamos el resto del día.

Con lo cual, la sensación con la que se sale del trabajo es la de haber perdido el tiempo, no haber acabado el trabajo y tener la necesidad de hacerlo fuera de la oficina. Lejos de ser una estrategia elegida, que guste, acaba quemando el tiempo libre y dedicado a cuestiones de ocio, personales y familiares, tan necesarias  como  laborales.

¿Por qué  tenemos que elegir un modelo?, podemos irlos compatibilizando a lo largo de la semana. Estoy segura de que  estableciendo un horario en la organización, podríamos tener un día en silencio, sin interrupciones, para acabar nuestro trabajo concentrados, como podría  ser el jueves y  no tener que dejar trabajo para el fin de semana; un espacio para reuniones informales en el que cada equipo se reuniese en un horario concreto para compartir lo que han pensado y apuntado previamente y un rato de asueto, y días de teletrabajo, con las tecnologías de las que todos disponemos en la actualidad cada vez es más sencillo y es posible hablar “cara a cara” .En lugar de llamar a la puerta, se pueden concertar  previo mensaje, correo  o chat.

«Creatividad es pensar en nuevas ideas. Innovación es hacer cosas nuevas»   Theodore Levitt

Tú, ¿qué haces?

http://www.ted.com/talks/jason_fried_why_work_doesn_t_happen_at_work?utm_medium=on.ted.com-facebook-share&utm_campaign=&utm_source=facebook.com&awesm=on.ted.com_g0D7F&utm_content=awesm-publisher#t-5733

¿Qué hay en tu caja de herramientas?

cajaherramientas

Al principio creí que era por mi falta de conocimientos sobre la  Administración de Empresas, después que se debía a mi inexperiencia en el mundo de los negocios pero cuando indagué sobre tarifas, precios y servicios supe que la cuestión no estaba fuera de mi, en lo prosaico, sino en mi relación con el dinero y tras este descubrimiento comencé a plantearme otras muchas cosas.

Le agradezco la ayuda en especial a una persona que, cuando yo me debatía en estos planteamientos de mis comienzos, con sólo una reflexión me subió hasta el último piso en ascensor: “Tú te dedicas a esto para ganar dinero, ¿no?”. Yo me planteaba otros caminos muy diferentes. Mas tarde me di cuenta que estas cuestiones derivaban  de mis patrones  sobre el dinero y ella me abrió los ojos sobre lo que significa dedicarte profesionalmente a tu pasión. A día de hoy ya he respondido muchas veces a esta pregunta con un sí rotundo cuando me embarco en otro proyecto y lo expongo, sin sonrojo, como uno de mis objetivos.

Lo cierto es que nunca había reparado en ello pero todas mis creencias acerca del trabajo estaban vinculadas al esfuerzo en demasía, tener que hacer un montón de cosas por las que estaba segura de que debía cobrar , madrugar, estar horas y horas en el trabajo, obedecer instrucciones, pero nunca piensas en dedicarte a algo que te apasione tanto que, si no tuvieses que subsistir, lo harías seguramente gratis.

Por otra parte, sí que había comprobado que lo gratis, la mayoría de las personas, no es que no lo valoren por el mero hecho de no costar dinero, pero como no se traduce en una ganancia o pérdida económica en su bolsillo, no tienen ninguna responsabilidad sobre ellas y no las tienen en cuenta entre sus prioridades y  eso hace que no se esfuercen por conseguirlas. Yo he de reconocer por el contrario, que muchas de las  cuestiones que han influido decisivamente en mi vida, no he tenido que pagar por ellas y por eso las valoro, igual o más que si fueran dinero.

Muchas han sido las veces que después de esta experiencia, he ayudado a otras personas a encontrar su valor, tanto económico como personal, a diferenciarlo, a no mezclarlos y a tener una sana y saludable relación con el dinero y el valor de su trabajo.

La mayoría pensamos que el éxito en los negocios depende de nuestras aptitudes o conocimientos empresariales o de la oportunidad que te brinda el mercado, pero si realmente reflexionas sobre lo que para ti supone el dinero, con qué cuestiones lo asocias y creencias tienes sobre él, te darás cuenta de que se hereda algo más que la genética y que influye tanto o más que ésta.

Si tu patrón por ejemplo es de gasto o de ahorro influirá en ti, en tu negocio, en tus socios familiares o empresariales. Si crees que se debe reinvertir, gastar. Si crees que el dinero llega fácilmente o hay que luchar para conseguirlo. Si te estancas en un negocio o en una inversión o saltas de uno a otro.Todos estos pensamientos y otros muchos más te condicionan en tu desarrollo y éxito.

Puedes probar todo lo que quieras, desarrollar más conocimientos técnicos, empezar por un precio bajo y subir, viceversa. Pero sin una buena caja de herramientas interior, nunca podrás abarcar grandes sumas de dinero porque lo que tendrás será miedo. Paradójicamente, si sentías miedo cuando no lo tenías, ahora tendrás más,  porque esa seguridad que buscas, no puede estar en el dinero, trabajarla dentro de ti, será tu mejor inversión.

Obsérvate a ti mismo, sé consciente, observa tus pensamientos, tus miedos, tus creencias, tus hábitos, tus acciones e inacciones y  piensa qué necesitas en tu caja de herramientas.

 

Si no sabes ponerte precio, ¿vas a hacer siempre todo gratis?

foto: agrega.educacion

 

¿Usas champú?

champú

 

Si respondes a la pregunta,¿ quién es la persona más importante en tu vida?,  y no eres tú, es que has pensado en montón de situaciones que, al menos, te serían menos agradables sin esa otra persona. Si de verdad no has reparado en que la persona más importante del mundo para ti, eres tú mismo, imagina dónde más podrías vivir que no fuese dentro de ti. A partir de ahí, ¿eres importante?

Cuando sabes que tú eres lo más importante para ti, no sólo empiezas a cuidar tu exterior tanto a nivel físico como de imagen, sino que comienzas a ser consciente de que todo esto repercute en ti mismo.

Esta cuestión a veces se confunde con vestir o estar en forma para impresionar a los demás pero ese pensamiento te distrae del objetivo, esa no es la cuestión fundamental, sino que cuidando tanto tu interior como tu exterior, tú estás impresionado contigo mismo, por lo que tus avances y tu pensamiento  se trasladan al exterior.

Volvemos al planteamiento básico que te debes grabar “ Soy lo que pienso”. Si tú mismo piensas que tu trabajo no tiene importancia, tú mismo te quitas importancia, y para ir a un trabajo así, necesitas vestirte de una manera determinada, hablar de una manera determinada y sentirte de una manera determinada, “sin importancia”.

Las actitudes que tomamos frente a la vida, no ya frente a lo que nos ocurre, sino para vivirla, las elecciones que tomamos y lo que nos decimos se exhibe a través de nuestros movimientos, lenguaje, vestimenta, etc… Aparece importante, pregúntate, ¿es esto lo que se  dice, piensa, se pregunta una persona importante?

 En muchas reuniones de emprendedores ahora te animan a que hagas y ensayes la pequeña charla de tu producto o servicio, tu elevator pitch, pero muchos, antes necesitamos hacer de nosotros mismos un producto vendible que no se viene abajo tras no pasar la primera prueba con un cliente, para poder después pasar a vender otra cosa.

Si nosotros no tenemos un discurso interiorizado positivo y energizante para contrarrestar toda esa  negatividad y esos vacuos comentarios del exterior que nos hacen daño,  no estaremos preparados para mostrar lo mejor de nosotros mismos tanto a nosotros, como a los demás.

Un niño refleja la conducta de sus padres, unos empleados la de sus jefes, una pareja la de la suya y tú mismo de lo que piensas, así que ten cuidado con quién quieres parecer, puedes ser un triunfador con datos objetivos en la mano y parecer todo lo contrario por  tu pensamiento que te delata en cuestiones como tu postura corporal, tu lenguaje, etc.

Que cómo puedes comenzar esta nueva relación contigo mismo, hoy quiero hacerte una propuesta, que seguramente cuando lo leas te hará reír, porque pensarás “está loca” pero estoy segura de que la probarás y funcionará.

En lugar de darte la consabida paliza mental con tus miedos y agobios y malos augurios, dedícate unos minutos por la mañana al autobombo, al autoelogio, no dejes que este chute de energía y de entusiasmo esté en manos de otros. Y lo de manos de otros lo digo literal.

Piensa que tu champú o  tu gel tiene poderes. Si, si como lo lees, cuando te embadurnes y  te des masajes en la cabeza, piensa que esa loción te  está convirtiendo en una persona importante, con muchas cualidades, especifícalas, no te dejes ninguna, sólo  las que digas en voz alta  las potenciará ese producto. No pares de extender tu champú o gel hasta que no te hayas dado tu charla motivadora. Haz tu propio anuncio con las habilidades y capacidades que te va a potenciar durante todo el día ese champú.

Piensa, busca que hay en ti mismo.

El éxito viene de un pensamiento dirigido y, ¿por qué no éste? Igual que sube la espuma de tu gel, igual subirá el concepto que tienes de ti mismo y la importancia que tienes para ti. Cada vez que oyes sobre un producto en un medio de comunicación, sólo oyes cosas buenas, ¿no? ¿Por qué no haces tú lo mismo contigo?

¡¡Limpia tu cabeza y tu mente a la vez!!

¡¡Enchúfate energía cada día!!

¿Qué te cuesta probar? 😉

 foto: mujerglobal