¿Un Tetris?

tetris

Un estudio del departamento de psiquiatría de la Harvard Medical School  investigó el efecto de este juego en alrededor de unas treinta personas. Recordáis en qué consiste, hay que ir colocando cuatro piezas con formas distintas  para que vayan encajando en los huecos libres y rellenen una fila, cuando está completa, se elimina, si no las colocas bien, se van amontonando hasta que llenan la pantalla y pierdes la partida.

Pues bien, estas treinta personas, jugaron durante bastantes horas al día, durante tres días seguidos. El resultado fue, que cuatro días después del experimento, algunos no podían dejar de soñar con las piezas del juego cayendo del cielo, otros las veían en cualquier lugar, incluso hubo alguno que describió sus visitas al supermercado como una partida del juego, en la  que intentaba rellenar los  huecos entre las cajas de cereales y demás productos.
¿Qué es lo que había ocurrido? Pues que ellos mismos habían instalado ese software y esos patrones en su cabeza tras tantas horas de juego.

Esto es lo que muchos de nosotros hacemos cuando no desconectamos de los comportamientos que tenemos en nuestros trabajos, en los que  consumimos tantas horas al día. Existen muchas personas que son incapaces de romper el patrón del comportamiento y la función que desempeñan en sus trabajos. Os pondré tres ejemplos de dedicación en las que se da,  en un grado considerable y  con los que rápidamente podéis encontrar analogías con vuestra profesión. Uno de ellos son los maestros, quienes se pasan el día corrigiendo a sus alumnos comportamientos y déficit de conocimientos, que  tienen dificultad para  compartimentalizar espacios y  siguen  haciendo lo mismo en su vida con sus familias, otro pueden ser los auditores, personas que se pasan el día buscando en grandes cantidades de información el error y por lo tanto lo continúan haciendo en el ámbito privado y personal y finalmente, el de los deportistas profesionales que trasladan la competición fuera de sus deportes.

Ninguno trata de ser descortés, pesado o desagradable pero el patrón de comportamiento que tanto han entrenado y que tan buenos resultados le da en su trabajo, se manifiesta en ámbitos donde no es tan bien recibido, pudiendo llegar a causar problemas de inadaptación. Pero la gran noticia es, que esta cuestión de enfoque se puede trabajar y conseguir circunscribirla a su ámbito correspondiente. Esto demuestra que el patrón que tú entrenas en tu cerebro, éste lo traslada a otras facetas de tu vida.Por lo tanto,  aunque el relatado sea un efecto indeseado,  podéis imaginaros otras habilidades beneficiosas como: ser más alegres y optimistas.

La práctica de hoy es  una cuestión de escaneo. Pensemos en un escáner, una máquina que tenemos que poner en marcha, cuidar su mantenimiento, configurarla y  que nos sirve para explorar y reconocer, ya sea en medicina, en electrónica o en informática.

Nuestro propio escáner, un dispostivo que  podemos configurar y  que pretende  que escaneemos para explorar y reconocer lo positivo que nos ha ocurrido en el día, para que entrenar este  patrón, nos sea cada vez más familiar y automático.Está científicamente comprobado que ser optimista multiplica las oportunidades y posibilidades en tu trabajo y en tu vida.

Ponlo en marcha, piensa en todas las cosas positivas que te han ocurrido hoy, mínimo tres. Sólo hacer este escaneo ya te proporcionará bienestar y te dará una idea de lo relativamente fácil que es la solución.

Empieza a usar tu mente como un filtro antispam, o te vas a dejar  invadir por cualquier cosa.

¿Realmente importa?

importancia

Mientras los hechos se suceden a velocidades de vértigo en nuestra vida. Nuestro cerebro no descansa a pesar de hacer una selección  y filtro constante  para no conseguir gripar nuestros motores, pero aún así, hay quienes se empeñan en dar a muchos de estos acontecimientos el mismo valor y someter a varias atmósferas sus neuronas constantemente.

Ocuparse y preocuparse  por hechos sobre los que no se tiene control, hace que nuestra  imaginación en un uso perjudicial nos sirva para provocar más miedos y ansiedad, en lugar de ayudarnos con las soluciones. Es lo que provoca el estrés, una merma importante en  nuestras capacidades, sobre todo en  la creatividad. Nos acostumbramos a vivir en un estado de alarma constante, siendo difícil que podamos, en este estado, trabajar para buscar soluciones.

Otro de los esfuerzos que acometemos  para aumentar nuestro nivel de estrés es darle a las cuestiones que vivimos en las relaciones con otros, más importancia de la que realmente tienen, magnificando los rasgos negativos y yendo más allá de los hechos. Añadiéndoles creencias, suposiciones y experiencias anteriores. La mayor parte de las veces no ocurre lo que imaginamos. Aunque en muchas ocasiones lo complicamos nosotros hablando de más sobre la cuestión y poniendo a nuestro interlocutor alerta, al dar argumentos y excusar comportamientos que ni siquiera había detectado, por no tener que ver con lo estrictamente ocurrido.

Muchas personas lo llaman “no tener la conciencia tranquila”, pero en muchas ocasiones también responde a circunstancias que por las  analogías de recuerdos que suscitan en nuestra mente, creemos que se repiten en su integridad y por lo tanto, nos enfrentamos a ellas, de nuevo, con las mismas armas. Si una vez no funcionaron y te trajeron complicaciones, qué te hace pensar que ahora sí lo harán.

“La manera en que vemos el problema es el problema” dice Steven Covey. Si respondemos a las creencias que los demás tienen de nosotros disculpándonos y contando una película que nada tiene que ver con los hechos, no trasladaremos  lo que queremos manifestar en realidad, ni conseguiremos nuestro objetivo.

La mejor forma de no ser presa de estos momentos es la reflexión, no actuar ni por impulsos, ni por consejo externo.  Los demás también tienen sus experiencias, creencias e intereses, que aunque no sean trasladados con abyecta  intención, pueden complicar en lugar de resolver, ellos casi nunca tendrán que soportar las consecuencias. Nosotros tenemos todos los datos, resolvamos.

Para tu diálogo mental, escribe en un papel los hechos tal y como ocurrieron, pregúntate qué importancia tienen para ti y qué importancia crees que  tendrán para la otra persona. Qué quieres hacer, cuál es tu objetivo, cómo te sentirías mejor y si con esto que vas a hacer, vas a estar más cerca de tu meta. Guárdalo, léelo en tres días y si sigues pensando lo mismo, hazlo. Si no, habrás comprobado que en un secuestro emocional es mejor no tomar decisiones.

Recuerda el proverbio chino “Si tienes un problema que no tiene solución, para qué te preocupas, y si tiene solución para qué te preocupas.”

Deja fluir el “qi”

Negociación o adhesión

negociacion

Puede  ser que sólo sean de tu agrado y conectes con las personas que te dan la razón. Seguro que conoces a alguna persona que no te ha dado la razón y sin embargo te cae bien. Quizás entiendes su comportamiento porque los argumentos que esgrime para no coincidir, son los mismos que has dado tu alguna vez o que comprendes que son aceptables. Has pensado en cómo influye esto en ti.

Cuánta importancia tiene que te den la razón en todo y de inicio, para que exista la posibilidad de llegar a un acuerdo en una negociación.
Qué es cooperar, dar opiniones sentando cátedra, sobre el trabajo o la idea de otros, atacándolas y malogrando el prestigio de su portavoz, sin añadir nada nuevo.
Qué te hace pensar que tú eres mejor, si sólo tienes tu perspectiva y tu experiencia.
Qué te impulsa a desdeñar las ideas de otro, sólo porque no son las tuyas. Quizá podrían ayudarte a matizar o mejorar.
Cuando cooperas, trabajas en equipo, colaboras, hacéis juntos, dónde te posicionas, dónde te imaginas tú: en el grupo, al frente del grupo o por encima de él.

Antes de ir a una negociación, tienes claro el objetivo, lo que estás dispuesto a ceder, de qué se va a hablar en la reunión y quién lo va a hacer. La preparación es lo más importante o vas cómo si tu idea se defendiese sola. Trabajas sobre los argumentos de “acusación” y “defensa” para ver todos los prismas.

Has valorado que captar con simpatía los distintos puntos de vista de los que negocian con antelación, poniéndote en su lugar y reflexionando sobre las distintas creencias que pueden tener, les puede hacer más proclives a llegar a un acuerdo contigo.

Estás tan pendiente de ti, de lo que vas a decir y de lo que te van a responder, que no escuchas y no prestas atención a sus gestos y movimientos.

Juzgas a las personas por su primera impresión, pero, controlas la que tú das. Tu tono de voz, lo que dices, tus gestos y tu imagen.

Te condiciona lo que los demás te han contado sobre los negociadores, tanto que a veces sólo vas a confirmar que tienen razón o crees que esa parcialidad es fruto de su propia experiencia e indagas sobre todo sin prejuicios.

Qué prefieres en el fondo, que la idea se lleve a cabo o que quede claro que el que mandas y de quién fue la idea, eres tú.

Si quieres jugar el papel de negociador y quieres mejorar, qué de lo anterior vas a tener en cuenta.

Recuerda que un “no” es un obstáculo muy difícil de salvar.

Quieres entrenar acciones útiles:
1) Empieza por defender la postura del contrario, resalta todos sus puntos de vista y pon énfasis en lo común.
2) Discutir no da beneficios, ni resuelve nada. No caigas en hablar sobre anécdotas, ni en reproches de ningún tipo.
3) Sugiere, no opines.

Si al principio no lo consigues, sólo empezar a detectar tus tics, es un buen comienzo. ¡No te desanimes!

¡No haga, deje de hacer!

stop

Cuando pensamos en nuevos  propósitos y cambios, uno de los pensamientos más recurrentes es hacer con ellos una lista. Nuestras listas de hacer (to-do-list) o de cuestiones pendientes, a veces es tan larga y tiene tanta actividad que nos desanima nada más verla.

Si siguiésemos todos los saludables consejos que leemos en periódicos y revistas, tendríamos la sensación de que las veinticuatro horas del día no nos permitirían  seguramente hacerlo todo. Diez minutos, para meditar, dos veces al día, una hora de ejercicio, comer cinco veces al día, los alimentos recomendados, estirar  cada cierto tiempo, ir de un lado a otro andando, aprender algo nuevo…

Todo esto en la cabeza, nos puede parecer imposible, en una lista escrita, poco abarcable, aunque si lo ponemos por escrito en un calendario semanal, al ver los huecos libres, conseguimos quitarnos esa ansiedad que nos produce no  llegar a todo.

Pero hoy quiero hablar de dejar de hacer, sólo de  parar, no llevar a cabo las acciones de siempre para cambiar nuestro comportamiento.

No analizar nuestro comportamiento en positivo o negativo sino dirigir nuestra inacción hacia un objetivo. Parece rebuscado, no? En el fondo es más sencillo de lo que parece.Un lista de cosas que dejar de hacer.

Por ejemplo, no quiere ser negativo, es decir, que su objetivo es   ser positivo, entonces póngase manos a la obra. Se levanta por las mañanas y lejos de decirle a todo el mundo que odia madrugar, simplemente lo omite. Cuando ocurre algo a su alrededor, no lo ponga calificativo, de manera que si alguien hace un comentario que no le gusta, no le califica, ni lo dice. Para poder ser optimista, sólo debe dejar de ser pesimista.

El entrenamiento consiste en dejar de hacer algo mal. Acabar con un mal hábito que llevamos cabo y que queremos cambiar. Otro ejemplo puede  ser, quiero estar más saludable. Hacer ejercicio o comer más sano, serían acciones positivas que implicarían movimiento, sin embargo si sólo dejamos de comer comida basura, de fumar o de estar sentado continuamente. Cuál va a ser su  efecto en nuestra meta?

Inténtelo, quiere ser más agradable y que a todo el mundo le guste estar con usted. Deje de comportarse como un perfecto idiota y deje de decirle a todo el mundo lo que no quiere oír. Nadie le pide que elogie o sonría sin ganas, simplemente deje de hacer lo contrario.

Acostúmbrese a celebrar las decisiones que no ha tomado, las inversiones que no ha hecho y después se ha alegrado de no llevar a cabo. Las circunstancias que le hicieron que no tomar esa decisión, le mantuvieron fuera del error.  Apreciélas como si le hubiesen proporcionado pingües beneficios, al fin y al cabo eso han hecho. Cuéntelas como triunfos, empezará a ver la vida de otra manera, no todo requiere grandes y costosas acciones, no tomarlas o no hacer, también es una decisión en su mano.

Dejar de hacer, puede ser el principio de una útil herramienta para usted.

Foto: lospotisdelunaria

Los medallistas

Medallas

Decía Gandhi que hay dos grupos de personas, las que hacen y las que se cuelgan las medallas y aconsejaba estar en el primer grupo porque el segundo estaba repleto, “overbooking”.

Quienes hacen con la intención de crear, construir, dejar huella, cambiar las cosas, innovar, no pueden dedicar su energía, en muchos casos a venderse, piensan que las autorías y demás cuestiones son tan obvias, que hablan por sí solas. Son personas humildes, apasionadas de su dedicación y bastante seguras de sí mismas pero en muchas ocasiones, acaban desmotivadas y colocadas a codazos en la tercera fila, antes de que puedan reaccionar, no se lo pueden creer.

Sin embargo los medallistas, suelen ser personas que con la misma desfachatez se apuntan una idea suya, que del vecino, se arrogan todo tipo de paternidades y se creen imprescindibles, en muchos casos para medrar, aprovechándose del buen talante de los demás. Sólo su equipo y quienes les rodean, se dan cuenta de ello y a no ser que se establezca una evaluación en la que se pueda medir estos comportamientos, pasan su vida profesional navegando tanto en aguas tranquilas como procelosas.

Pero me gustaría compartir con vosotros una nueva perspectiva de los medallistas. En algunos casos, son personas tan acostumbradas al éxito y a que por diversas cuestiones- competencias técnicas, habilidades, confianza y seguridad en sí mismos, -les vaya increíblemente bien, que realmente creen que cualquier “toque” que den a una idea, que deje su impronta en ella, por pequeña que sea la contribución, es lo que la ha lanzado al éxito.
Atribuirse el mérito forma parte de lo que ellos entienden como uno de los componentes que les ha hecho exitosos. Tienen una alta visión de sí mismos y de sus competencias profesionales y por supuesto sobre los errores ,o son ignorados, o de ellos no participan en ninguna medida.
Su percepción es que ese comportamiento es el que les ha llevado hasta ahí y que por lo tanto les propulsará e impulsará su carrera, viéndose en poco tiempo protagonistas de un ascenso aún más meteórico.
El pasado es su máximo aliado y puede que en parte tengan razón, pero en el caso de que deban adaptarse o tengan problemas con su equipo, siempre pensarán que son los demás, y no ellos mismos, quienes deben hacer el cambio. Ellos son personas de éxito.

La cuestión que puede truncar estas fulgurantes carreras, puede ser que su jefe o sus compañeros no piensen lo mismo, se sientan afectados por sus atribuciones extemporáneas y por el desdén con el que tratan sus ideas. Todo puede volverse en contra.
En la antigua Roma, el Emperador Marco Aurelio, se hacía acompañar por un esclavo que tras los vítores y alabanzas del pueblo insistía en “ Recuerda, sólo eres un hombre”.
La mayoría de los que creen que son el éxito personificado, deberían dejar de pensar que es la otra parte -los demás- la que yerra , deforma y critica, haciendo gala de defectos capitales y pensar en si quizá esos pequeños cambios, en caso de no hacerse, podrían ser su Talón de Aquiles.

Peter Drucker reconocía que se dedicaba demasiado tiempo a decirle a los líderes qué hacer, pero no qué dejar de hacer.

Colgarse las medallas de un equipo, de un conjunto es minusvalorarle, desmotivarle y perder inspiración y carisma frente a ellos.

Todavía recuerdo al genial Nadal, hace unos días, cuando recién ganado su octavo Roland Garros,preguntado por las razones de su éxito, dijo “hemos venido jugando muy bien”.
Eso es un líder, con o sin medallas.

Tú en qué grupo estás?

Efecto Madonna

maqdonna

Reinventarse, seguro que no es la primera vez que escuchas este término. A lo mejor, sí es la primera vez que reparas en su significado. Sin embargo, si estás en un atolladero laboral, será un concepto al que estarás más que acostumbrado. Todo el mundo lo aconseja pero, realmente has reflexionado sobre ello, sabes qué puede significar, cómo te puede ayudar.

Hace ya tiempo que tu diálogo interior es: “Supondrá esto que todos los años de estudio y experiencia en “mi campo” los tendré que tirar por la borda y empezar desde cero. Desde cero… uff hace frío ahí. Como no tengo conocimientos de nada más, tendré que volver a estudiar, hacer una carrera u otra más, un máster. Más dinero, más gasto, me servirá de algo. A qué otra cosa me puedo dedicar. Conseguiré ganarme la vida. Competiré con quienes ya llevan años en esa materia. Será imposible. Debo confiar en mí. Ya, pero, hasta ahora lo he hecho y mira donde estoy. Tengo tiempo, al menos dos años, uff este tiempo se pasa volando, y qué haré…qué van a pensar de mi en mi casa… no puedo o sí puedo o no”.

Días y días en que un buen razonamiento cargado de argumentos y reflexiones en la buena dirección, irá seguido de una batería de excusas en contra.

Excusas que te permitirán ganar tiempo frente a ti mismo, perdonarte que te levantes más tarde, que durante un tiempo no busques trabajo, o no te cambies, que juegues el papel de víctima para ser protagonista en tu entorno. Excusas que poco a poco te irán minando la autoestima y la seguridad en ti mismo.

Todos tenemos limitaciones físicas, no somos superhéores, pero si no nos ponemos en marcha, nunca sabremos de lo que somos capaces.

Cuando pienso en «reinventarse», para mí significa, que tras producirse un hecho en la vida que cambia las circunstancias o, cambian las circunstancias y entonces necesitas una acción para reubicarte, miras hacia atrás y compruebas, que el uso de las herramientas que tienes no es suficiente para seguir y que debes repensarlas, cambiarlas o mejorarlas para poderte adaptar. Analizar qué es lo que sabes, en lo que eres bueno, lo que te gusta y cómo lo puedes aplicar de manera diferente para que te sea útil.

En muchas ocasiones, creemos que algo no es posible, hasta que lo hacemos, si no, recuerda con cuántas cosas te ha ocurrido. Recuerda por ejemplo tus fases del aprendizaje al conducir o con el inglés. Desde que te parecía imposible hacerlo hasta que ahora te permites el lujo, de que de manera inconsciente, es habitual hablar y aparcar a la vez. Cambiar de marcha, cantando o pensando en tus próximos proyectos.

Todo se basa en un aprendizaje, quizá necesites un coach que te eche una mano y te preste su caja de herramientas y otra perspectiva de las cosas. Quizás necesitas liberarte de ese estrés que te impide ser creativo y proyectar tus capacidades hacia el futuro.

Lo que es seguro es que no se puede probar que eres incapaz de hacer algo, a diferencia de que lo contrario sí.
La mayoría de las personas hablamos de lo que no podemos hacer. Día y noche. Por el contrario, de lo que hacemos y hacemos bien, parece arrogante y presuntuoso hablar. Entonces dónde comienza nuestra fe en nosotros mismos y nuestro entrenamiento para ser mejores.
Te imaginas cualquier anuncio de un producto que dijese solo lo que no puede hacer. Te parece poco modesto que se alaben sus virtudes.

Comienza a hacerlo contigo mismo. Di con naturalidad en lo que eres bueno no con afán de competir, ni de aplastar o avergonzar al contrario. Practícalo con tus amigos. Decíroslo entre vosotros, sin pudor, hacedlo cotidiano. “A ti se te da bien esto, lo otro”. Olvidad lo que no, no os lamentéis, no os servirá de nada, qué más da, se trata de fortaleceros y empoderaros. Qué más y qué menos podéis hacer unos por otros.

Cuando entrenes para tener más seguridad y confianza en ti mismo, analices tus capacidades y fortalezas y las mezcles con las tendencias del futuro, seguro que dentro de ti se producirá un clic, momento en el que entenderás de golpe lo que significa reinventarse.

Recuerda quien quiere hacerlo encuentra razones, quien no, excusas.
¡¡¡En marcha!!!

La rueda del hámster

hamster

Cuando resumo y cuento mi trayectoria vital en estos últimos tres años, la cantidad de cambios que ha sufrido y como me he ido adaptando, confirmo más mi pasión por el cambio. A medida que he ido saliendo de rutinas y estereotipos, rompiendo creencias y “comodidades”, me he sentido más libre y la creatividad y la alegría son ahora, fieles compañeras.

Nunca había sido tan consciente del símil de la “Rueda del Hámster” en la que estamos inmersos, nunca tanto como ahora. Los quebraderos de cabeza, miedos y críticas que supone el hecho de ser diferente, de no caer en la trampa de “tener que”.

Entre nuestra familia, amigos, colegio, trabajo, estructuramos nuestra mente como si estudiar, “colocarse” en un trabajo fijo en lo que sea, casarse, tener hijos y jubilarse, fuese el sumun de la vida. Cuando la mayor analogía la encuentro en el gusano que hecho capullo con la promesa de convertirse en mariposa, se enreda y enreda en su hilo, y finalmente cuando piensa y quiere salir,ya es demasiado tarde.

Ahora incluso el mantra imperante es estudiar lo que demanda el mercado, como si uno pudiese pasarse más de doce horas trabajando y encima en algo que no es su pasión, por el “mercado”. No sólo eso también tenemos que aceptar sus condiciones y si no, nos amenaza con dejarnos tirados cuando más lo necesitemos.

No os cansáis de ser amenazados con el miedo, a ser mayores, a no tener trabajo fijo, a no tener jubilación, a no tener sanidad. A diferencia de ser ilusionados con la posibilidad de encontrar un sistema mejor, ser mejor personas y tener un objetivo común. Yo no tengo miedo.

La última es el estrés formativo en quienes están sin trabajo, la sensación que tienen muchos es que necesitan más formación. Por favor, tendrían que ver sus currículum. Imposible condensar tanto máster en tan poco espacio, y aún así, la escasez de oportunidades esparcida por el ambiente les hace dudar de sus capacidades. Siempre les falta algo, cuándo será suficiente para ese supuesto puestazo fijo que imaginamos, o ya ni eso, algún trabajo “decente” en el que él, quién menos cobra y más trabaja, sea el más formado.

Tengo, tenemos posibilidades, todos, podemos seguir viviendo atenazados por la escasez y el temor o podemos poner esas energías al servicio del cambio que queremos ver, empezando por nosotros mismos. Si cambiamos por dentro, todo cambiará.

Yo lo he hecho, a través del coaching, acompaño a las personas en sus cambios, si son buenas, quieren ser mejores, si ya son los mejores, quieren ser excelentes.
Son conscientes de que su vida depende de ellos, de sus decisiones, de su actitud, de sus creencias, muchas de las cuales son limitantes y les perjudican.
Empiezan animados por un amigo que lo hizo, con el pensamiento de “yo no necesito eso” y “ yo en esto, no creo” y acaban los procesos sintiéndose responsables de su propio destino y con el necesario conocimiento de ellos mismos y de sus actitudes, como para tener la vida que desean y sentirse poderosos. Pero éste ya es otro nivel de desarrollo. No todo el mundo puede ser cliente de coaching.

Personalmente, siempre me ha interesado el cambio en todas sus vertientes. Que todos los días, además de serlo, parezcan diferentes. Esto en mí, ha sido casi una obsesión, escenificarlo un entrenamiento para mantener la perspectiva de un día nuevo en que sale “otro sol”. Otro día de oportunidades que se inicia ante mis ojos. Cambio de comida, da igual lo que sea, pero diferente, de ropa, me da igual quién sea su propietario o su procedencia, de ruta con el coche, corriendo, de libro, de peinado, de saludo, de todo lo que puedo.

Así consigo varios objetivos: diferenciar los días y renovar las ilusiones, estar atenta a las nuevas oportunidades, trabajo la imaginación, buscando las alternativas, aprendo algo nuevo y hago que mi cerebro no se acostumbre a ninguna rutina, obligándole a entrenar, haciendo conexiones nuevas continuamente.
Me he acostumbrado con estos pequeños hábitos a vivir con algo de incertidumbre, en el ahora, concentrándome en lo que estoy haciendo y en no crearme ansiedad innecesaria pensando en el futuro, ni generando nostalgia endulzando el pasado.

Cada vez que mi charleta mental, toma la iniciativa y me tienta con este tipo de pensamientos negativos adictivos, me hago consciente de dónde estoy y cómo. Me centro primero en mi respiración y la acompaso con el pensamiento, después analizo qué estoy haciendo y para qué y si puedo hacerlo mejor, cómo.

Me he descubierto en numerosas ocasiones acelerada por la película que estaba viendo, encantada con una música determinada, disfrutando de la conducción, conectada en mis sesiones… Ahora soy capaz de prever cómo reaccionar y me da menos miedo todo.

Yo, he conseguido bajarme de la rueda.

De ti depende que lo hagas tú. Al menos, cuestionas la lógica imperante…

Foto: Hamster Wiki

Errar o no errar

error
Cuando hacemos un juicio equivocado o llevamos a cabo una acción desacertada, estamos cometiendo un error. La realidad de este concepto, que lleva añadido miedo, ansiedad, culpa y vergüenza, no es nunca peor que en nuestra imaginación y en nuestro juicio.

Cometer un error es normal, sólo quienes hacen, yerran, por lo tanto quienes no hacen o esperan a que los demás hagan, son los únicos que ven el error como una mancha vergonzante en sus currículo vitales y se apresuran a señalarlos en otros, como prueba de su propia inseguridad.

Los que arriesgan, los que toman la iniciativa, los que creen que el ensayo prueba-error es una herramienta y no una trampa, de ellos será el mundo del éxito, del emprendimiento, de los descubrimientos. Todos los demás están tan atemorizados por sus propios juicios y los de los demás que jamás podrán hacer algo los primeros y serán incapaces de sobreponerse a los errores por sus sentimientos de culpa.

La cuestión esencial sobre los errores entonces, no es cometerlos, es el momento inmediatamente posterior. Cómo reaccionamos dice mucho de nosotros, de nuestra autoestima, de la seguridad y confianza en nosotros mismos, de nuestra valentía y de lo interesados que estamos en que los demás confíen en nosotros y sepan que somos auténticos.

La primera de las opciones que podemos barajar, cuando cometemos un error, es la de callarnos, esperando que nadie se dé cuenta. En esta situación imaginar las consecuencias como enormes monstruos, nos hace que nuestro miedo nos impida ver los resultados reales de no resolverlo en el momento.

Esconder el error, puede acarrear tener que mentir, culpar a otra persona, provocar consecuencias peores o como mínimo imprevisibles al no señalarlo y tener que vivir con la experiencia llamando a la puerta de la conciencia cada vez que el cerebro a partir de otras sensaciones desate esas emociones.

Si además de esconderlo, somos descubiertos, volvemos a tener, como mínimo otras dos opciones, seguir negándolo, multiplicando las anteriores posibles consecuencias o reconocerlo. En el caso de que nuestra valentía haga su aparición para tratar la cuestión. Se vuelven a bifurcar los caminos, podemos admitirlo y llenarnos de excusas y justificaciones, con la intención de salir del paso. Encontrar una razón exterior a la que culpar y encender la ira de nuestro interlocutor, conocedor de que quien se excusa no cambia o, admitir el error sin más. En esta situación dependiendo de quién sea la otra persona y su grado de desarrollo, podemos esperar que incremente la carga de la culpa y arremeta contra nosotros, el jefe- autoritario, o que comprenda nuestra situación y trate de ayudarnos a extraer algún aprendizaje para la próxima vez, el jefe- líder, de manera que no haya sido un error en balde.

La opción óptima es, por encima de todas las consecuencias que tu imaginación encuentre, admitir el error de entrada. Si además  lo haces rápida, y enérgicamente desarmarás a tu interlocutor. Si a esto le sumas una crítica a ti mismo, piensa en este sentimiento liberador y te dices todo lo que él está deseando decirte, incluso le quitarás la razón.

Algo está cambiando en el mundo para que Jean-Claude Biver Ex-CEO de Hublot Genève crea que perdonar y arbitrar fórmulas para que las personas arriesguen son condiciones indispensables para la creatividad y la innovación. Seguro pensó en  Einstein “quien no ha cometido un error es que no ha probado algo nuevo”.

Te propongo que durante esta semana seas proactivo en el reconocimiento de errores e incluso cuando no los hayas cometido, atribúyetelos, atrévete a desafiarte. Pide perdón, reconócelos, desempolva  tu valentía y tu sabiduría. Rectificar es de sabios, no? Te parece una locura, pues prueba y observa qué efecto produces en las personas, en casa, en el trabajo, con los amigos, critícate. Libérate de la necesidad de avergonzarte cuando yerras.

A lo mejor a partir de ahora cambias de táctica…

Recuerda : “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”
Goethe

•Pincha en la letra negrita y podrás acceder a un interesante video de Jean-Claude Biver
Foto: todoroms.com

Cerrar todas las ventanas

cerrar ventanas

Nuestro día a día nos deja poco tiempo para pensar y reflexionar. Vamos de un lado a otro sin reparar en muchos detalles que nos perdemos por intentar llegar antes a un futuro incierto o huir de un pasado cercano.

De repente nos damos cuenta que todo nuestro periplo diario está impregnado de un malestar general que no sabemos muy bien a qué achacar. La sensación, algo sin resolver, sobre qué, no lo tenemos muy claro, la urgencia de llegar a nuestra próxima tarea o nuestro próximo destino, nos impide acertar con la causa.

Llegamos a casa, paramos, qué nos ocurre, nos preguntamos, será el trabajo. Repasamos mentalmente lo que ha sucedido durante el día y lo descartamos, fue más de lo mismo. Será la alergia,el tiempo, que no he hecho ejercicio, he dormido poco, tengo estrés. Sólo sé que tengo un profundo malestar.
Continúo dándole vueltas a todo. Desde cuándo me ocurre, puede que desde hace tres o cuatro meses. Qué ocurrió entonces. Ahora recuerdo, aquello que dejé con aquella persona sin resolver, que no cerré, que me importaba, sobre lo que decidí no pensar, creyendo que el olvido haría de las suyas, librándome del pesar.

Hoy veo claramente que erré, mis sentimientos de angustia, de ansiedad, mi constante malestar, lo que acabo pagando con otros, todo se reduce a mi conversación pendiente con esa persona. Lo que le hubiese dicho, lo que ahora le querría decir, lo que me gustaría zanjar ese tema…
Quizás será mi miedo a saber la verdad. Qué verdad, a lo mejor la que yo interpretaba que iba a recibir. Apenas recuerdo lo que dijo y lo que dije pero la sensación la percibo como si hubiese sido hace un momento y no me deja descansar.

Cuando me impulso para hacerlo, hablar con ella, aparece el miedo y cuando me contengo e intento olvidar, ese maldito malestar otra vez. Dos opciones no son opciones, busco una tercera…

Con las herramientas que tengo, no encuentro otra solución distinta, necesito otros matices, otras perspectivas que me saquen de mi bloqueo, qué hago, será tarde para hablar, qué pensará si me dirijo a ella con un tema de hace meses. Qué va a pensar de mi, seguro que me contesta mal. No, todas estas son excusas para no hacerlo y que no ocurra. Querrá decir eso que tengo que vivir con mi malestar. Hasta cuándo podré manejarlo…
Estoy decidido, no puedo dejar que esa conversación pendiente haga bullir mi cerebro hasta derretirme en una maraña de dudas, tensiones y presión.

Si esto te ha ocurrido alguna vez con alguien de tu familia, amigos, personas del trabajo… no lo dejes, no pasará. No renuncies a un montón de posibilidades que pueden llevarte lejos por no tener esa conversación a tiempo. Por no decirles eso que tienes pendiente.

Te dejo unas reflexiones que te ayudarán:
Si te has parado a pensar y has encontrado la causa, serás consciente de tu responsabilidad, piensa en cómo te comportaste y qué puedes haber hecho para llegar a esa situación.

Deja de interpretar y suponer lo que hizo la otra persona. Apaga tu diálogo interior.Piensa qué pudo haberla hecho reaccionar así. Crees de verdad,que fue intencionado. Podía estar ella pensando, quizá, lo mismo que tú.
Si esa persona te importa y te aporta, no lo dejes pasar. Cuando sueles querer hacerlo ya es tarde y sólo queda arrepentirse. Lo que puedo ser y no fue.

Piensa en una nueva conversación. Escribe, hazte tu guión, que sea lo que tú le quieres decir y que todo esté suficientemente claro. Guárdalo y si lo vuelves a mirar días después, te interesa. Llama.

En cualquier caso, cerrar esa ventana que te está gastando tanta energía, te ralentiza y a veces te bloquea, será lo más “ecológico” para ti.

Elige el momento y el lugar adecuado y lánzate.

“No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles.»
Séneca

Talento supersenior

tio sam
Ahora que el envejecimiento es una tendencia demográfica indiscutible y que la sociedad occidental tiene que conciliarla en sus sistemas de bienestar, me pregunto por qué no se plantea en otros ámbitos sociales en los que es más necesario.
Hace años que llevamos escuchando que el ejercicio físico y la buena alimentación suponen un gran paso en el cuidado de las personas a lo largo de su vida. Cientos de veces hemos leído o escuchado cuáles son los alimentos más adecuados para cada función orgánica, las loas de los distintos deportes y actividades en la guerra contra el sedentarismo, pero qué porcentaje del total del proceso de envejecimiento bueno, corresponde a esto.
Hay quienes como F. Javier González en su libro “Envejecer es bueno: el secreto de la longevidad” relegan estas dos facetas, alimentación y ejercicio al 25% del total y añaden que el resto, el 75%, corresponde a las actitudes, pensamientos y creencias que tenemos, es decir, a nuestra forma de actuar, de pensar y de sentir.
Cuando escucho debates sobre edad de jubilación, pensiones y futuro, tengo dos pensamientos reincidentes uno de ellos, se refiere a que la gran mayoría de las personas, tengo la impresión de que, no trabajan en nada que les guste y menos que les apasione. O no disfrutan con su tarea, o con sus compañeros, o con sus horarios, ni  siquiera con su salario a fin de mes, el que les parece exiguo. Puesto que si esto no  fuese así, el drama sería la jubilación, no permanecer en activo. Y dos, que al final si ponemos un poco de lógica, en el inicio bismarckiano del sistema de bienestar, la jubilación refería, no poder por la edad desarrollar sus labores de manera adecuada, y sin embargo ahora se produce la paradoja de que quienes se jubilan y prejubilan son personas en perfectas condiciones físicas, económicas e intelectuales y sin embargo, otras personas de más edad  siguen desempeñando tareas físicas extenuantes, fruto de concatenar, en muchos casos, contratos que no les ofrecen otra posibilidad para mantener sus familias de otro modo.
Cómo puede una sociedad condenada al envejecimiento prescindir de todo ese capital humano experimentado, en plena forma. Cómo se puede pensar en leyes de emprendedores y ayuda a éstos sin contar con el trabajo “voluntario” de estas personas, con su experiencia, su saber hacer y su vitalidad. Sólo en las grandes corporaciones se utiliza la figura del mentor y en otros casos podemos apelar a muchos de estos veteranos que se asocian para hacerlo por su cuenta, pero cómo pueden permitir ese derroche las deficitarias administraciones públicas…y la sociedad…
Pensemos también en qué ocurre cuando alguien se jubila. Nos pasamos desde, como mínimo los 3 años hasta los 25 años , en el mejor de los casos, preparándonos concienzudamente para trabajar, ser útiles en nuestro entorno, conseguir sustento, desarrollarnos como personas, formar familias, construir proyectos, todo para ser felices durante 35 años y sin embargo, no nos preparamos en absoluto para los posibles 20 años restantes.
De repente frenamos en seco, de un día para otro nuestro despertador no suena, nuestro teléfono tampoco, el cargo de nuestra tarjeta de visita se evapora, la actividad que  ocupaba un tercio de nuestra vida se esfuma y nuestra red social se jibariza. Nos quedamos solos ante nosotros mismos. Pensando en nuestra utilidad, nuestra capacidad, denostadas ambas por una sociedad, que por considerarnos exhaustos y remunerarnos por ello, nos abandona a nuestra suerte.
La jubilación necesita un proceso para el que hay que prepararse, es una nueva experiencia, otro comienzo en nuestras vidas y parafraseando a Unamuno “jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar lo que le impide ser lo que es o lo que será”.
Prepararnos para ella sería una gran inversión, puedes contratar los servicios de un Coach, buscar un objetivo, pensar en cómo quieres que sean tus próximos 20 años, trazar un Plan de Acción y lanzarte.Si no, los acontecimientos diarios te enredarán y superarán. Acabarás lamentando no haberlo hecho antes y vivir tanto años sin rumbo, pendiente día a día del último achaque o de cuándo será el definitivo.
Estas creencias y actitudes negativas acabarán minando tu entusiasmo y tu ánimo. Todo lo verás negro, “realista “dirás, pero es que así lo ve todo aquel que no tiene un objetivo y navega sin rumbo.
Todos estos pensamientos no sólo perjudicarán tu mente sino tu cuerpo. Y tampoco quedará ahí, sino que proporcionarás pesar a todos aquellos que te quieren y rodean, ¿es inevitable?, ¿de verdad?
El optimismo, ver el vaso medio lleno, de aire o agua qué más da, no sólo te va a ayudar  a vivir más, sino que lo harás en mejores condiciones y a falta de una frase más entusiasta sobre el asunto piensa como Churchill que aconsejaba: “Sea optimista, no resulta de mucha utilidad ser de otra manera”.
Acaba con el “yanoismo” victimista, del “ya- no puedo hacer esto”, “ya- no puedo hacer lo otro”. Corta por lo sano, tienes una oportunidad de oro de ser quien tú quieras hasta que quieras, sientas o tengas fuerzas. El cerebro aprende hasta el último minuto en que estés vivo, a falta de patologías concretas. Aprovéchalo.
Si no tienes ideas también te recomiendo un vistazo al apartado “Vida” del periódico La Vanguardia , la sección “Cuando la edad es un plus” ,es una inyección de vitalidad increíble.
¡Si tienes talento y fuerzas, no lo desperdicies, el mundo te necesita!
¡¡¡¡¡Escribe tu Historia!!!!!

* Si pinchas en la letra en negrita accederás a la sección de La Vanguardia

Creativa-mente

mente
No es la primera vez que encuentro comprensión en libros y descubrimientos científicos. Cuestiones que hasta ahora encontraba útiles y sin embargo, divergían bastante de lo que pensaban los demás, me han llevado a compartir con vosotros esta reflexión.
Desde hace bastante tiempo mi mente ha abordado la mayoría de los problemas y soluciones de una forma relacional, interconectada. Para mí los compartimentos estancos nunca han existido y a pesar de la divergencia entre las materias o temas a tratar, siempre he encontrado analogías y similitudes.
Esto que a mí me resultaba muy útil, durante años, a mis interlocutores les extrañaba y disgustaba, con la consiguiente reconvención a tratarlo todo por separado.
Ahora tengo claro que ahí es donde radican muchas de las cuestiones a resolver, ver la vida no como un todo, si no como pequeñas partes independientes.Por ejemplo en política, por si fuera poco perjudicial la concepción estanca, la complementan con la organización en pequeños Reinos de Taifas que adjudican a ministros y concejales.
Esta manera de pensar me ha ayudado mucho en cuanto a creatividad e innovación, en la propuesta de políticas públicas, campañas, programas y soluciones. Lo cierto es que no sé exactamente cómo he llegado hasta aquí, pero me parece tan útil que hace tiempo que mi pasión por las «mejoras» a través de la neurociencia me ha hecho investigar cómo se puede desarrollar.

Hace algún tiempo viendo mis inspiradores TED Talks descubrí a Estanislao Bachrach, un biólogo molecular argentino profesor de biotecnología e innovación , que ha sido académico en Harvard. A través esta charla sobre «cómo surgen las ideas»,comencé a interesarme sobre cómo podemos ser más creativos e innovadores.
Tenemos algunos ejemplos en la historia o citas célebres que algo nos adelantan sobre el asunto como que Albert Einstein decía “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”, o Leonardo da Vinci que aconsejaba buscar tres o cuatro perspectivas distintas del mismo problema para darle la solución más adecuada. Estas estrategias nos dejan un denominador común, al establecer que si no “añadimos” en los planteamientos o en los matices de nuestra historia, nunca llegaremos a un final distinto.
Nuestros conocimientos sobre los temas son compartimentos separados que utilizamos conforme a unas experiencias que hemos vivido, las sensaciones que volvamos a vivir, al plantearse otras situaciones, pueden despertar en nosotros estos recuerdos pero no añadirán nada nuevo.
Si por el contrario, mezclamos los problemas o los asuntos, conseguimos verter en la misma fuente una mezcla de conocimientos distintos y podremos ampliar la visión que tenemos de los mismos. Por eso es también importante que vayamos además interesándonos por otros temas que nos puedan aportar otras visiones. Por ejemplo, si hasta ahora no te ha gustado un género concreto de libros, novelas o de divulgación científica y no recuerdas haber leído más que uno, hazlo, tendrás más herramientas. Así como tocar un instrumento o empezar una actividad física o deporte diferente,también te ayudarán.
La teoría sobre el cerebro cuya síntesis es “úsalo o lo perderás“ (“use it or loose it”) defiende que el cerebro es un músculo, que hay que ejercitar y alimentar apropiadamente, que está preparado para funcionar con antiguas y nuevas conexiones sinápticas durante toda su vida pero si no las usamos, se pierden. Es decir, toda la rutina que establezcamos en nuestra vida será contraproducente, porque todas las demás conexiones se irán apagando y mermando la capacidad del cerebro.
Seguro que habréis oído hablar sobre el estudio que descubrió que así como los taxistas van aprendiendo más y más direcciones, experimentan un cambio en el hipotálamo, aumentado su materia gris, que mejora la capacidad espacial y memorial, comparados con los conductores promedio.

Si quieres empezar a ser creativo e introducir elementos distintos en tus planteamientos, mezcla los problemas, al menos dos. Piensa qué relación pueden tener, al principio supondrá un desafío porque estamos acostumbrados a trabajar por tareas pero este modo de proceder te dará otra poderosa visión de los temas, una multiplicidad de perspectivas.
Otra técnica que también te dejo de Bachrach es la “técnica del desafío “: si tú trabajo se basa, por ejemplo, en las relaciones humanas y el cambio organizacional, piensa en qué más cosas se cambian, se organizan, por ejemplo “armarios, viajes…”
Genera conexiones, relaciones, asocia términos, funciones, usos, finalidades…conocerás la importancia de introducir variaciones al azar.
También te dejo una infografía sobre cómo puedes mejorar tu creatividad.

Infografía_creatividad
Hazme un favor si te has puesto en marcha y no sabes por dónde empezar, cambia el título a algunos de los post de este blog. Tu cerebro y mi creatividad te lo agradeceremos.

 

Si pinchas en las letras en negrita podrás acceder a la charla Bachrach, espero que te guste.

¡Vamos Rafa!

Rafael Nadal
Autodisciplina, uff qué fácil es decirlo. Cuántas veces la hemos echado de menos. Sabemos de su utilidad aunque, dónde está cuando se la necesita.
Cuando pienso en ella siempre recuerdo el experimento de Walter Mishel de la Universidad de Standford, sí el de las golosinas con los niños de 4 años. Consiste en que se les da un dulce a cada niño y se les da la opción de comerlo inmediatamente o se les promete darles dos, si esperan quince minutos. El experimento desgrana la variedad de comportamientos que tiene los niños a partir de esta propuesta. A veces me pregunto qué habría hecho yo en ese caso. Parece definitivo, y se comprobó diez años después, que quienes esperan, les depara un futuro mucho más halagüeño que  a los que inmediatamente engullen su dulce, tanto en su desarrollo social como  intelectual.
El autocontrol se basa en la relación que cada uno establece entre ahora y el futuro. Hay quienes ante la certeza de que la acción tenga una repercusión positiva en el futuro, se comprometen con el objetivo: ejercicio, comida, trabajo y otros que se muestran más impulsivos y tiene una visión a más corto plazo.
Una  consecuencia de la falta de autodisciplina es la procrastinación o lo que es lo mismo, posponer nuestras obligaciones. Es una tendencia bastante extendida y contra la que luchamos poco, dejándola formar parte de nuestra vida, sin cuestionarla, con la excusa de que nos gusta trabajar con presión, contra reloj… para llegar a tiempo a los “deadline”, que por cierto, ya podían colaborar y ser más positivos, denominarse “lifeline” 🙂
Nuestra lucha interna entre nuestro Dr. Jekyll , que nos aconseja empezar lo antes posible y hacerlo concentrados y nuestro Mr. Hyde, que es el niño que llevamos dentro y nos mima, quitándole importancia a nuestra responsabilidad y nos induce a no llevarlo a cabo cuando debemos,casi siempre se decanta por este último, en pos de la ley del mínimo esfuerzo, creándonos unos sentimientos negativos que nos producen adicción , “nunca seré capaz”, “no lo conseguiré”. En nuestra zona negativa a pesar de sentirnos seguros, no nos es tan agradable, la sensación que tenemos es que necesitamos un cambio y lo requerimos ya.
Mientras nos debatimos entre “deberías ” y “tengos” sube la temperatura de nuestra olla a presión. Si a esto le sumamos la exigencia de la perfección , esto nos hará seguro dejarlo para otro momento, diciéndonos “si no lo haces correctamente, no lo harás en absoluto”.
Seguro que te ha ocurrido esto con algún propósito, a mí, al principio, con el blog que me he comprometido a escribir con toda la asiduidad de la que sea capaz. Hace tiempo que olvidé el perfeccionismo que me impedía empezar. Éste afecta a tu perseverancia y mina tu autodisciplina. En mi caso me dije,” escribe aunque no lo veas perfecto, si no, nunca empezarás, ni mejorarás, ni conseguirás tu objetivo”.
Mi reflexión de hoy quería que os sirviese para acercaros a un sistema más efectivo para vuestras metas, que además reduzca vuestros conflictos internos: Las recompensas.
Todos merecemos una recompensa, aunque sea por algo que tenemos que hacer de todos modos. Grábatelo. La mayoría recibimos dinero por trabajo y no nos parece tan mal, pues con todo lo demás igual,  establece tu propio sistema de recompensas. Son motivadoras y eficaces.
Hoy os dejo de práctica una recompensa:  los elogios personales.
Divide ese objetivo que tanto te cuesta en pequeñas minitareas alcanzables y accesibles. A cada paso, dirígete un elogio: “soy el mejor”, ”buen trabajo”. Recuerda a Nadal  y su “Vamos Rafa».

Cualquier momento y cualquier lugar son buenos.
Usa palabras que te hayan supuesto apoyo en tus logros en el pasado y que te trasladen a estados potenciadores. Si lo asocias a una persona, recuerda su tono de voz y sus palabras exactas.
Es un sistema de recompensas que no admite castigos, si cometes algún error, decirte algo negativo, hará que tires tu trabajo por la borda, es contraproducente. Eres humano un “me equivoqué y la próxima vez lo  haré mejor” te pondrá en marcha de nuevo. Sé comprensivo contigo mismo no somos infalibles y las mentalidades “todo o nada” son mentalidades perdedoras.

Es un recurso muy accesible para no utilizarlo muy a menudo, no?

Sin «peros»

yesbut

Habéis tenido alguna vez una conversación llena de “peros”. Qué sensación os ha transmitido vuestro interlocutor, recordáis?

La sensación que a mí me queda, que no  va a cambiar absolutamente nada de lo que se estaba cuestionando, la perspectiva que le he trasladado para su reflexión no ha servido para nada y además he perdido el tiempo.

La razón? Muy simple, todas las frases comenzaban por un propósito y una admisión de que quería hacer algo para tal o para cual cosa y a continuación su subordinada, incluía como prólogo un “pero”. Este “pero” anulaba todo lo que iba a hacer después.

Habíais reparado en este efecto, esta palabra, a veces califica lo que ha ocurrido en la frase anterior y a veces lo anula.

Cuando alguien te pide ayuda para hacer algo y le dices “si ,pero” la persona  que esperaba la respuesta, ya está cerrada a lo que escuche a continuación, sabiendo que o bien puede ser una  excusa para no hacerlo o una modificación principal de su proposición. En cualquier caso, el impacto de esta conjunción es letal en el lenguaje.

Cuando participamos en una  tormenta de ideas y la mayoría   lanza la suya, basta un “pero”  para que los intervinientes  pasen de un entusiasmo increíble a cerrarse en banda para proponer más asuntos, al sentirse cuestionados, manipulados, o puestos en evidencia.

Si es durante una discusión, decir “si pero” implica que incluso cuando era patente el reconocimiento del planteamiento y estaba cerca la disculpa, el “pero” tiene un efecto  nocivo que indispone al oyente.

Es una cuestión fundamental en el aprendizaje, sobre todo en cómo aceptamos las evaluaciones. Reconocer nuestros defectos o lo que debemos mejorar es difícil, un “pero” en la asunción de la crítica, seguro significará, no sólo que no vamos a cambiar y a mejorar, sino que no sabemos encajarla.

Solo tenéis que fijaros en el lenguaje corporal de la otra persona para ver el efecto de la palabra. Suele ser el inicio de algo que el interlocutor no quiere escuchar y que sabe que no jugará en su interés.

Analizad  estas frases: ”Sí creo que me debo disculpar pero que él también lo haga” y “ sí creo que me debo disculpar y que él también lo haga” o “ me ayudas? Sí, pero cuando acabe de comer” y “ me ayudas? Sí, cuando acabe de comer. Véis la diferencia? Cuál preferís?

Enfócate en las alternativas de tu  mensaje para no indisponer a tu interlocutor. Utiliza “y”, “aunque”, “por lo tanto”, “por eso”, “luego”, etc. Busca otras opciones, si te interesa ser  efectivo con tu lenguaje.

Lo que quieras que ocurra no va a ocurrir con la palabra “pero”.

Menos “peros” menos resistencias.

Te gustaría probar si eres capaz de vivir “sin peros”?

Escúchame

escuchar

La mayor parte de nuestra  preocupación cuando nos planteamos una nueva reunión, una cita o una entrevista es, qué vamos a decir. Pensar y repensar en qué fascinante anécdota o qué respuesta tan inteligente daremos a las preguntas que nos hagan.

Nuestro diálogo interno no para, adelante y atrás, nueva pregunta, nuevo argumento, nueva presentación. Casi nunca, a no ser que nuestra naturaleza nos lo imponga, hemos pensado en ir a escuchar. Incluso cuando  esa  es  la actividad exigida,  tampoco desconectamos nuestra conversación interior.

Hoy me gustaría reflexionar sobre  escuchar.

Pocas veces nos lo proponemos, casi siempre estamos enfrascados  en nuestros pensamientos. Culturalmente además  hemos tenido miedos y  complejos,  hemos malentendido lo que implica cambiar de opinión, matizar tus argumentos o querer llevar razón siempre, confundiéndonos e integrando la aversión  a parecer inseguro, débil o no suficientemente convincente si no agotábamos a los demás con nuestro amplio argumentario.

En realidad, daba igual lo que dijese nuestro interlocutor, nosotros ya teníamos el fichero sobre el asunto descargado en nuestra mente y comenzábamos a leer sin importarnos lo más mínimo el receptor.

En el mejor de los casos era un diálogo de besugos cada uno con su tema y posición, pero se me ocurren un montón de ejemplos más en los que el significado de nuestra falta de atención empeora por momentos. Imagínense el caso de los que llegan a una reunión y hablan, hablan y hablan, sin reparar en que los demás están intentado decir algo. Contra esa velocidad, esa cantidad de datos y esa desenvoltura, la mayoría se retira y activa el “stand by” hasta que acaba. Pensando como mínimo, qué pesadez de persona. Si el tema es la persona en sí, la percepción pasa de pesado a maleducado , petulante, arrogante, y a un sentimiento de no querer volver a  departir con él jamás.

Por  la parte emisora, imagínense las excusas, los nervios, hablar para no escuchar a otros, presumir, dejar claro quién manda, entretenerles…

Escuchar implica observar, un buen oyente es quien está pendiente no sólo del contenido del mensaje del interlocutor sino de  todos los elementos del mensaje,  lenguaje corporal, el tono de voz, su intensidad y la velocidad. Para poder hacerse una idea  de la situación mucho más allá de lo que en principio, frívolamente observaríamos.

Escuchando se aprende muchísimo, más que hablando claro, puesto que los argumentos que nosotros esgrimimos son fruto de nuestro conocimiento y por lo tanto no supone adquirir perspectiva o «inputs» diferentes.

Escuchar además conlleva mostrar un completo dominio de nosotros mismos. Conseguir escuchar a una persona, olvidándote de lo que tú quieres decir para entender lo que quiere decir ella, sin suponer, sin interpretar, exige una dedicación total. Llegar a contener ese gatillo que activamos cuando un pensamiento que creemos oportuno, ingenioso o importante llega a nuestra mente, acaba siendo una tarea hercúlea.

Acaso practicamos la escucha activa en alguna de sus manifestaciones ? Alguna  vez habéis intentado recordar una conversación lo más exactamente posible, haciendo un resumen a posteriori, sabríais decir el color de los ojos de vuestro interlocutor, estáis atentos a sus gestos, le prejuzgáis por su apariencia,  respondéis al móvil cuando os están hablando, estáis  pensando en lo que vas a decir, le interrumpís.. .si las respuestas son las  tres primeras  negativas y las cuatro siguientes afirmativas, no escuchas.  Puedes practicar  y cambiar tus respuestas!

Son muchos los obstáculos de la escucha activa. Os contaré, para animaros, una historia que os puede ayudar y serviros como buena práctica.
Un mandatario de un país, al que le  visita  otro, la noche anterior se la pasa estudiando  la pesca y los botes, la pasión del visitante. Cuando la conversación se inicia al día siguiente, tras los saludos de rigor, comienza  hábilmente sobre pesca y botes, el visitante entre sorprendido y emocionado comienza su disertación, horas y horas hablando de su pasión. Tal fue la escucha activa, que de las 12 horas que duró la visita, el anfitrión habló la última hora para concretar los términos de su nuevo acuerdo. Sobre el cuál parecía más que reticente antes de la visita.

Las personas  que hacen que los demás se sientan importantes, pueden cambiarles la vida. Escuchar es la base de esta habilidad. No me digan  que no está al alcance de todos.

Si no tiene algo que les motive a hacer esto  recuerden a Emerson  “Todo hombre es superior a mí  en  algún sentido. En ese sentido aprendo de él.”

De quiénes aprendes tú? Cómo?

Tu profecía Maya

mayas
“A partir de sábado 22 de diciembre del año 2012 todas las relaciones estarán basadas en la tolerancia y la flexibilidad, pues el hombre sentirá a otros como otra parte de sí mismo.
El hombre vivirá la primavera galáctica, el florecimiento de una nueva realidad basada en la integración con el planeta y todos los seres humanos para en ese momento comprender que somos parte integral de un único organismo gigantesco y nos conectaremos con la tierra, los unos con los otros, con nuestro sol y con la galaxia entera; todos los hombres comprenderán que el reino mineral, vegetal, animal y toda materia esparcida por el universo a todas escalas desde el átomo hasta la galaxia, son seres vivos con una conciencia evolutiva” Séptima profecía Maya.
Desde que los mayas entraron en escena, a finales de 2012, en algunos casos interpretados como profetas apocalípticos del mundo, mucho se ha escrito sobre el asunto, hasta que visto el nulo efecto en forma de fenómeno físico de dimensiones mundiales, nadie ha vuelto a reparar en ello. Sin embargo yo puedo afirmar un cambio de rumbo en el mundo que percibo, alejado de medios de masas y cercano a la cotidianidad.
Hasta hace poco la mayoría estábamos atrapados en un fenómeno de la industrialización, trabajar para ganar dinero, para comprar y consumir y con ello alcanzar la felicidad. Nos pusimos el listón muy alto, pero no sólo a nosotros, sino al resto del mundo. De qué modo si no, podíamos seguir consumiendo de todo a esas velocidades y en esas cantidades, mientras al otro lado del mundo el crecimiento era mínimo o inexistente, a costa de los recursos naturales comunes.
Se había instalado entre nosotros, asumir que todos debíamos vivir a costa de otros y que esto era lo normal. Cuando desde la política se lanzaron mensajes como refundar el capitalismo o un cambio de sistema, nadie creyó en que los mismos que ayudaron a crear los problemas, los iban a resolver, por lo tanto estábamos condenados a recesiones y depresiones vinculadas a medio abecedario en V, en L, en W. En fin, a soportar nuestras privaciones como un castigo divino.
Cuando la crisis estaba en su punto álgido, ya las generaciones más jóvenes se preguntaban si vivir para trabajar y para acumular riquezas y dinero, cuyo tiempo para gastar no podían comprar, era lo ideal. Y partiendo de estos planteamientos comenzaron a pensar en trabajos con significado más allá de la remuneración económica, en tareas que implicasen una cooperación con el mundo en el que vivían pensando en que las fronteras y las barreras físicas y mentales, eran cada día más, un injusto invento del hombre con miedo a un mundo global, en el que cada uno debía soportar el azar de nacer en un sitio o en otro, sin más solución que la aceptación y la abnegación.
Que los trabajos tuviesen un significado y una utilidad, más allá de uno mismo, comenzó a ser una exigencia y tras el discurso de Steve Jobs en Standford, las jóvenes generaciones empezaron a buscar su pasión. A desarrollar su potencial humano, trabajando la inteligencia emocional y planteando una estrategia para alcanzar sus sueños.
Es difícil pasar de un mundo en el que lo importante es un trabajo fijo, con un horario y una remuneración concreta, a un trabajo que simula navegar en la incertidumbre y  sin estas condiciones, pero en realidad, dependerá cada día más de nuestras capacidades, habilidades y esfuerzo. Este cambio, como otros muchos producirá vértigo, desconcierto e inadaptados, pero quienes antes lo consideren, como su futuro cierto, mejor posicionados estarán.
Cuando los mayas hablaban de un cambio de energía, es ese cambio que ya se ve en la cooperación, las redes, la tecnología y la colaboración, una solución mejor y más enriquecida a las cuestiones que nos preocupa. Esta energía es la que desarrolla el crowdsourcing, el crowdfunding, los experimentos online, los cursos de las mejores universidades al alcance de tu red….
Todo esto sumado a la falta del estrés laboral que provocaban los trabajos tradicionales, hará que las personas vuelvan a trabajar en cuestiones que les motiven, les hagan creativos y les apasionen, en las que encuentren un significado y una fuente de inspiración importante.
Una energía que nos hará pensar en nuestras habilidades, sean las que sean, enfocarnos en ellas y trabajarlas para ponerlas al servicio de la sociedad, en profesiones nuevas, que inventaremos y que dentro de un cuarto de siglo serán las demandadas.
Cuando conceptos como “sociedad del conocimiento”, todavía chirrían, de eso saben mucho los informáticos, y la gente todavía se pregunta por qué ahora se paga por el conocimiento y no por un esfuerzo físico ya atávico, el mundo se ha movido hacia un panorama mucho más sugerente que el de un trabajo como maldición bíblica.
Si piensas en lo mejor que puedes hacer y te pones a ello, estarás en mejor posición que lamentándote y buscando un culpable.
Descúbrete, desarrollate, y construye.
Profecía o maldición, tú decides.

Solución Arquímedes

arquimedes

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” esta frase es, con la que Arquímedes presentaba el poder de un fulcro, o punto de apoyo.No sólo tiene aplicación en la física, en nuestra vida, también podemos utilizar una analogía que parte de la psicología positiva que nos demostrará muchas posibilidades.
Si reflexionáis durante unos minutos, sobre cuál es vuestro punto de apoyo diario, muchos de vosotros os daréis cuenta que, o no lo tenéis muy claro, o bien no lo habíais pensado nunca, o quizá el punto de apoyo os lo marcan los acontecimientos, o los demás. En nuestra reflexión de hoy intentaremos encontrar en el trabajo algún punto de apoyo que os ayude a que podáis tener la suficiente potencia para levantar cualquier resistencia que éste os imponga.
Para llevar a cabo el entreno necesitamos una “mentalidad de crecimiento”, esto qué significa. La psicóloga de Standford, Carol Dweck concluyó en sus estudios que existen dos tipos de personas, unas con “mentalidad de crecimiento “ ,quienes creen que pueden cambiar y mejorar con esfuerzo cualquiera de sus habilidades y las de “mentalidad fija” que creen que las habilidades vienen determinadas de serie. Por un momento pensad en alguna habilidad que no teníais y hayáis adquirido con esfuerzo: deportes, programas informáticos, hablar en público, montar en bici…
Si creéis que podéis hacerlo, podréis, pero lo mismo ocurre al contrario, si creéis que no podéis…
En primer lugar, abordaremos el lenguaje con que nos referimos a nuestro trabajo, alguna alusión positiva diaria ? La construcción mental y lingüística que hagamos de nuestras rutinas diarias, definirán nuestra realidad así que, si pensamos que tenemos una bazofia de trabajo, así será y nuestro día será igual.
Qué te parece si en lugar de dejar que los demás nos definan el puesto de trabajo con un título en nuestra tarjeta, o en la Relación o Registro, empezamos a definirlo nosotros, y si le das otra perspectiva pensando en qué ocurriría si nuestro trabajo no existiera, cuál es nuestro propósito final, qué grado de satisfacción proporcionamos a nuestro consumidor o cliente final en lugar de entretenernos con lo negativo,madrugar, llegar, el cansancio….

Estudia qué necesitas para convertir tu trabajo en una vocación. Esto no depende de la tarea, depende de la actitud, del significado que le queramos dar. Puedes pensar en que ser un conserje es recoger la basura de los demás y ser el último de la compañía, o pensar que eres la imagen de la compañía, lo primero que ven y quien se encarga de que todo esté perfecto. Tú eliges.
Os contaré un experimento: el personal de limpieza de  un hotel, dos equipos, al primero un entrenador físico les explica cuántas calorías y cuántos músculos se ejercitan en su trabajo y qué pueden hacer para mejorar el ejercicio en él, al otro equipo, no se les explica nada. Semanas después los que pensaban en el ejercicio como factor motivador, no sólo habían perdido peso, sino que habían bajado incluso su colesterol. Todos habían hecho el mismo trabajo. La única diferencia era cómo habían concebido sus mentes el trabajo que estaban realizando.
Coge papel y boli y escribe todas tus rutinas diarias en una lista, a continuación de cada una escribe una actividad productiva a la que la puedas vincular. Cuando estés realizándola o a punto de empezar, piensa en la productividad, tu escenario, tu actividad y tu vida, cambiarán. Por ejemplo, en lugar de quejarte del recorrido a tu trabajo, estudia idiomas, ejercita tus músculos, escribe… haz algo que te guste o te sea productivo.
Cuando vayas a ir a una tediosa reunión en la que sabes que si no se acuerda algo en los cinco primeros minutos, será una más, introduce tu objetivo dentro de ese que no es tuyo, piensa en cómo harías tú la reunión, fíjate en el lenguaje corporal de tus compañeros, intenta adivinar sus estados de ánimo, observa qué le falta a la presentación, sé creativo con tus objetivos.
La meta final es que en ningún momento tengas la sensación de que estás perdiendo el tiempo y que tu trabajo no es importante. Considera todo desde un punto de vista útil y divertido, propóntelo como un juego.
Al fin y al cabo la empresas punteras en el mundo es lo que hacen , no?
Empieza por ti mismo. No necesitas trabajar en Google para ser más feliz en tu trabajo, todo es proponértelo.
Has cogido papel y boli ya?

Sintonizando

sintonizar

Agradecemos a Alfred  Korzybski la disciplina de la semántica general, en ella este polaco desarrolla una teoría sobre cómo influyen en el ser humano y en su percepción de las cosas, tanto la estructura del sistema nervioso, como la de las lenguas que utilizamos.

Su cita más famosa es la que se refiere a que “el mapa no es el territorio” con ella,  expresa como, a pesar de estar todos  asistiendo a la misma realidad, el hecho de tener diferentes filtros sensoriales, nos hace que percibamos diferente.

La realidad la percibimos a través de nuestros sentidos: oído, vista, sensación táctil , olfativa o sabor. Cuántos más sentidos intervengan en esa percepción más rica será la fotografía que tengamos de ella, pero esto no significa que otra persona, incluso aquella que está a nuestro lado no  pueda tener otra mezcla de estas herramientas y no percibir lo mismo,tener otra experiencia. Por lo tanto, tenemos entre otras muchas, dos opciones para sintonizar con los demás.

La primera es preguntar, no dar nada por hecho, no pensar que la otra persona está advirtiendo lo mismo y que va a responder de la misma forma que nosotros. Tenemos un ejemplo muy claro en los colores, sin tener en cuenta cuestiones de visión como el daltonismo, lo que para nosotros puede ser rojo, para otros puede ser naranja y para otros incluso marrón. Por lo tanto, si vamos a pintar algo para otros, mejor que delimitemos de antemano el color exacto que percibe el receptor del trabajo.

Esto que en este ejemplo parece tan simple, trasládelo al lenguaje, cuando nos expresamos con palabras, dando por hecho que tienen el mismo significado para todos. Llévelo al extremo, con  palabras como felicidad, éxito, amor. Experimente, pregunte sobre su significado a otras dos personas.

Seguramente,  se ha cuestionado pocas  veces  si significan lo mismo para usted que para su interlocutor.Esta es una de la cuestiones principales de la mala comunicación, dar por hecho que se piensa y se percibe lo mismo, imaginar, creer que se poseen  poderes de adivinación y que con pocos datos que le den y nada que pregunte, le tomarán por un cerebro genial. Cuál será  su sorpresa cuando compruebe, tras concluir la tarea asignada, el encargo o la acción, que nada tiene que ver con las expectativas de quien lo delegó. Pregunte, no tiene más implicación que aclarar, sobre todo, para evitar malentendidos, será mejor esto a que alguien piense a posteriori que usted, a pesar de poner esa cara de interesante y no preguntar, no se entera de nada.

Siempre es mejor cuestionar y revisar lo que creemos y hemos entendido, a tener que lamentarlo después.

Nuestros filtros sensoriales, que eliminan, distorsionan y generalizan, descargan al sistema nervioso de la ingente cantidad de información que recibe, haciendo que esta selección sea personal e intransferible. Por lo que, si queremos ponérselo fácil también a los demás, deberemos preguntarles  a su vez, qué han entendido de lo que les hemos contado y explicarnos mejor o con más detalle si confirmamos que difiere.

Otra cuestión a tener en cuenta para sintonizar, es el canal que predomina en  nuestro interlocutor, visual (vista-ver) auditivo (decir-oir) o kinestésico (sentir-hacer) técnicamente se denominan submodalidades, pero lo interesante , es que lo que decimos, los verbos, sustantivos  y expresiones que utilizamos, nos dan mucha información de cómo conectar mejor con la otra persona.

Por ejemplo si la frase reiterada fuese “ no veo nada claro mi futuro” sería visual, ¨todavía oigo su voz como si estuviese aquí”  sería auditivo y “ me siento desilusionada con su comportamiento” sería kinestésico.  Si estamos pendientes de en qué canal “trasmite” nuestro interlocutor y utilizamos el mismo, seguro que sintonizamos antes y mejor. Si no, también podemos utilizar un sistema que aglutine todos : Cómo lo ves, dime qué te parece, cómo te sientes cuando te lo cuento.

Hay un ejemplo muy curioso que seguro que os aclara todo esto, amplía vuestro conocimiento y lo hace más ameno. Se trata del amor y sus fases. En la fase inicial de enamoramiento todos ponemos todo de nuestra parte, hacemos regalos, preparamos cenas, ponemos música, decimos frases  románticas, hacemos  caricias, damos abrazos y besos. Todo, por llevar a cabo muestras de nuestros sentimientos inequívocos para conseguir nuestro objetivo, trasladar que esa persona es importante para nosotros y estamos dispuestos a hacer, decir, y mostrar todo lo que esté en nuestra mano. Con el paso del tiempo, ese sobresfuerzo del principio, lógicamente se desvanece y cada uno vuelve a su canal original. Mientras estábamos en la primera etapa no echábamos de menos nada porque fuese cual fuese nuestro canal estaba satisfecho ampliamente pero ahora, sin saber porqué tenemos la sensación de que ya no nos quieren o nos quieren cada vez menos. Esta percepción puede darse porque si alguien  fuese principalmente auditiva y su pareja kinestésico, ella estaría esperando palabras y frases reconfortantes, mientras él querría abrazos, caricias y besos. Cuando se acercase a ella en busca de estas, le rechazaría al no oír nada de lo que espera y entonces pensaría  que sólo quiere sexo. Él tampoco entendería nada porque estaría esperando estas acciones y llevaría recibiendo todo el rato, “te quieros” y frases románticas, que cuestionaría por su nulo contenido en sensaciones físicas.

Esto que ahora les habrá resultado sencillo entender, ocurre en todos los ámbitos, en el del aprendizaje, en el laboral, exposiciones en público, cada uno usa su canal. Así que busquen el  suyo, el de quien quieran sintonizar y dependiendo del interés y de la relación,  acuerden y recuerden transmitir por los mismos.

Os dejo este link a un test de Robert Dilts para que averigües tu submodalidad. Y un paper por si quieres ampliar información.

Espero que os sea de ayuda 😉

Dar o recibir feedback

feedback

Feedback o realimentación es una palabra, que se comienza a utilizar en teoría de sistemas y cibernética, más tarde se introduce en cuestiones sociales, políticas y económicas.
Técnicamente se refiere a un mecanismo de control en el que una pequeña cantidad de información que procede de los resultados de un producto o proceso, se redirigen a la entrada para influir en el proceso de nuevo, estableciéndose un bucle de realimentación.

Supone un intercambio de datos en el proceso, tanto de aprendizaje, como de mejora y puede darse en su versión negativa o positiva. Se puede utilizar desde el punto de vista del desempeño o del progreso dependiendo de la intencionalidad del feedback. Algunos ya conoceréis la herramienta Feedback 360•.
El objetivo de esta herramienta es mejorar la autoconciencia y responsabilidad de la persona sobre lo que está realizando,cómo lo ven sus superiores, compañeros y colaboradores, también se denomina feedback, cuando se hace sobre el estudio de un producto para mejorar su venta o su desarrollo.
Cuando es administrado con efectividad es altamente beneficioso, y puede utilizarse para construir conocimiento, habilidades, incrementarlas y desarrollar hábitos efectivos que influyan en el rendimiento de la persona.
Todos tenemos alrededor personas de quienes recibimos feedback y a quienes se lo proporcionamos. Para que esto se lleve a cabo en las mejores condiciones, podemos establecer unas pautas:
Proporcionar información sobre lo que hace quien aprende, sin hacer una crítica, con información específica lo más descriptiva posible sobre qué es lo que lleva a cabo, cómo lo hace y qué ha hecho diferente que lo mejora.
Se debe tener cuidado sobre cómo se pone en marcha,el profesor  Deci, identifica algunas situaciones en las que dar feedback a una persona reduce la motivación, puesto que algunos pueden interpretar éste como un exceso de control sobre su desempeño, o creen que se les está observando muy de cerca por lo que desarrollan nerviosismo, también alude a una sensación de competición que no gusta.

La forma de evitar todas estas suspicacias es emplear el suficiente tiempo, explicar a la persona el proceso, la utllidad para ellos mismos, que sean quienes analicen y consigan los datos y que el proceso sea, lo más confidencial posible.
El feedback debe estar orientado a objetivos, relacionados con éstos. Partiendo de la situación en que se encuentra el estudiante, empleado o persona, dónde quiere llegar y cómo se va situando en el proceso, es decir, qué será lo siguiente. Si esto se lleva a cabo gráficamente se mejorará el proceso, al hacerlo más visual.
Si esto se realiza pronto, la persona será consciente del control que esta herramienta le proporciona sobre su desarrollo. También evita que se desvíe del objetivo o que trabaje en otra dirección. Así que lejos de sentir miedos e inseguridades o incluso no admitirlo por soberbia, debemos considerarlo una oportunidad. Que nuestros compañeros, familiares, empleados o jefes nos den su opinión basada y versada en como ellos viven nuestro desempeño es un beneficioso y gratuito espaldarazo a nuestra vida y carreras.Se puede convertir en una buena forma de avanzar. Dar y recibir feedback es una herramienta muy útil tanto en nuestro cambio, como en nuestra estabilidad.
Si trabajamos mejor, nos sentiremos mejor. La mayoría de nosotros está motivada para desarrollar sus tareas incrementando el rendimiento y desempeño.
Respecto de los tipos de feedback, positivo ( referente a fortalezas, reacciones correctas y consecución de objetivos) y negativo ( debilidades, reacciones incorrectas y falta de cumplimiento de los objetivos),podemos asemejarlos  a ver la botella medio llena o medio vacía.
Recientes investigaciones como la de Finkelstein y Fishback : “Tell me what I did wrong: experts seek and respond to negative feedback” han puesto de manifiesto que de cara a mejorar el rendimiento y desempeño de los noveles o juniors en las tareas o dedicaciones, que comprensiblemente,  van a desarrollar sus tareas con más errores, funciona mejor un feedback positivo. Basado en sus puntos fuertes.
Sin embargo los expertos o seniors valoran y responden mejor al feedback negativo, ya que la seguridad que poseen, les hace preocuparse más de cómo mejorar y no lo toman como un ataque a la autoestima, sobre todo cuando se refiere a su influencia en el progreso hacia los objetivos. Aunque en esta misma investigación, también se demuestra que en el caso de la falta de compromiso de la persona con los objetivos, mejora en ambos casos, juniors o seniors, un feedback positivo.
Esta es una potente herramienta en el ámbito de la empresa, pero no la deje en ese ámbito, utilícela en su vida con su familia, con sus amigos, si es autónomo con sus clientes, proveedores…

No pierda la oportunidad de una mejora continua por no preguntar. Pida feedback, sobre cómo le ven, cómo hace las cosas, cómo podría mejorar y sea cuidadoso si lo da. Elija un momento en que la intimidad y el no sentirse secuestrado por ninguna otra emoción le permitan hacer las apreciaciones necesarias, con la tranquilidad  y reflexión suficientes para que resulten útiles.
Cuando se inscribió en el templo de Apolo el aforismo “Conócete a ti mismo”, se pensaba en esto?

No networking?

networking
Tener un espíritu emprendedor y fomentarlo, te da alas, lo recomiendo. En cualquier momento del día o de la noche se te ocurre una idea para implementar en tu negocio, cualquier necesidad de los demás se convierte en un reto para ti y te entusiasma tanto que no tardas ni dos minutos en encontrar diligentes oyentes que reciban tu “bombardeo”.
Eureka! En los posts en los que he ido desgranando los cambios que creo se están produciendo en nuestra sociedad y como ir adaptándose, reseñé la importancia de tener tu marca personal y cómo comenzar. Tras trabajarlo después, en varias ocasiones con mis clientes, detecté otra necesidad y es la puesta en marcha de la marca.
La mayoría de nosotros sabemos en qué somos buenos y qué sabemos hacer, incluso hemos desarrollado un Plan de Negocio o un desarrollo personal y profesional, como mínimo para los próximos cincos años. Hasta ahí genial.
A partir de este momento es donde comienzan la mayoría de las inseguridades y titubeos. Ahora qué. Si no hacemos nada, es difícil que alguien llegue a saber en qué consiste nuestra dedicación, si nos quedamos en el siguiente paso, el perfil en las redes sociales, seguimos sin poner toda la carne en el asador. Si en un arrebato de compromiso y disciplina hemos puesto en marcha nuestro blog, podemos sentirnos orgullosos, pero eso no nos acercará a nuestros clientes y empleadores, ellos no están en su mayoría en la red pendientes de nuestras entradas.
Las redes y las webs nos proporcionan información sobre las ofertas para asistir a miles de encuentros de profesionales y hacer networking en muchos lugares. En este momento debemos pensar en cómo abordar la estrategia y para qué. En principio, nos planteamos asistir a cualquiera de estos encuentros plagados de tarjetas con magníficas presentaciones y en el mejor de los casos con un trabajo mini-discurso (elevator pitch) para que al primero que se nos acerque asaetearle con nuestra información.
Trasladar esta información es esencial pero si eres tímido, modesto, te cuesta romper el hielo o crees que hablar de ti y bien es fanfarronear y ser arrogante, estás perdido.
La eliminación de barreras tiempo de trabajo-tiempo de ocio y el crecimiento de los multiprofesionales autónomos harán que todos los lugares donde acudas sean los idóneos para encontrar clientes o contactos que supongan un empujón en tu carrera y en tu negocio definitivo.
Lo mismo ha ocurrido con los contactos, hace tiempo sólo los utilizabas para conocer gente y ligar y desde hace algunos años los estás utilizando para pasar el curriculum o para que intercedan por ti ante personas que conocen.
Has pensado en acordar con alguien intercambiar este papel de relaciones públicas? Piensa en si en lugar de acudir a esas reuniones con multitud de miedos a hablar de ti y de lo tuyo, fueses acompañado por otra persona en tu misma situación y cada uno “vendiese” la idea o la marca del otro. No sería ésta una genial cooperación, que procuraría un servicio de Relaciones Públicas increíble y acorde con tu presupuesto cero.
Comienza tu estrategia a través de Facebook, Linkedin o Twitter, o de las páginas que visitas porque se relacionan con tu sector, haz una lista con los eventos interesantes del mes y busca tu “acompañante”.
Si no tienes amigos-familiares disponibles o con ellos no te sientes seguro, o simplemente prefieres hacerlo “solo”, contrata a una persona externa, a alguien como Coach, además de procesos de coaching y entrenamiento de herramientas de inteligencia emocional y que mejoran tu empleabilidad, entre los servicios que presto, está el de acompañamiento en “networking” que incluye trabajar la motivación dentro y fuera de estos eventos.
Encontrar a alguien a quien le importes tú y tu éxito es muy importante, que además sea extrovertido, tenga facilidad con las relaciones sociales y que después del trabajo conjunto, te conozca y crea en ti, es fundamental.
Si lo piensas, romper el hielo no es una tarea nada fácil y si a eso le sumas que es para introducirte en determinados círculos, cuando no estás muy ducho en ello y encima para hablar de ti, puede ser un obstáculo que a priori te resulte insalvable. Pero en cuanto te pongas en marcha, pasará de ser una tarea que odias a algo que te va a proporcionar tantos beneficios que pensarás, cómo no lo he hecho antes”
Entre contratar una gran empresa de publicidad y quedarte en casa lamentándote, hay infinidad de opciones.Ve subiendo escalones poco a poco y si necesitas ayuda pídela.
Cuándo empiezas?

Pedir ayuda

help
Una cuestión no bien vista en Occidente, sinónimo de debilidad, de flaqueza, digna de esconder y avergonzar. Es o no es absurda la creencia?
Desde que somos pequeños necesitamos ayuda para muchas cosas, al principio incluso para sostenernos erguidos, alimentarnos y los cuidados más básicos y en nuestra vejez, los que llegan, acaban teniendo que lidiar con similares necesidades.
Si a temprana edad, son nuestros padres quienes nos proporcionan esta ayuda, alertados por nuestros llantos, poco a poco van desarrollando un sentido de la responsabilidad que les agudiza la previsión de muchos de nuestros gestos y sonidos, para prestos asistirnos con abnegación.
Literalmente acaban leyéndonos la mente, por lo que no aprendemos a pedir ayuda, cosas, está claro que sí, pero sólo eso, y menos a acompañarlo de un por favor o un gracias. De repente creemos que somos lo suficientemente autónomos para no necesitar a nadie, y por lo tanto desdeñamos cualquier tipo de ayuda que venga de frente o haya que agradecer, preferimos que sea tácita y que incluso a posteriori, podamos criticar sin problemas.
Esto nos hace tener una falsa imagen de fortaleza de nosotros mismos, que se desvanece en cuanto hay que salir del cascarón y enfrentarse al mundo real. Todos los que aseguramos que no necesitamos ayuda temblamos ante cualquier desafío e intentamos disimular este temor con cualquier argucia, sólo para no demostrar que no lo sabemos resolver. Si ésta es nuestra táctica, jamás estaremos en condiciones de aprender nada, ni de reflexionar sobre nosotros mismos, ni de cuestionarnos algo.
Pero qué bien se vive haciéndose el “fuerte” cacareando a los cuatro vientos “yo nunca pido ayuda”. Pero lo hacemos porque nos cuesta reconocer que no sabemos o por no tener que devolver el favor, por no agradecerlo, por no desconfigurar nuestra propia imagen de autónomo o simplemente porque todo ese ego concentrado en orgullo y amor propio nos parece tan insalvable que preferimos seguir con el papel.
Son las miles de veces que nuestros padres, y en concreto nuestras madres, nos han ayudado sin tener que pedirlo, quienes nos han hecho pensar eso, que nadie nos ayudaba. Son quienes nos han acostumbrado a que todo el mundo debe imaginar nuestras necesidades y ofrecerse sin más.
Todos los que nos confesamos culpables de intentar adivinar las necesidades de otros y ayudarles sin que lo pidan, les estamos haciendo un flaco favor. En primer lugar nuestra previsión interpreta lo que puede ocurrir, casi siempre negativo, y nos adelantamos para intentar evitárselo a toda costa, sin que lo pida. Cometemos dos errores uno, impedir que se acostumbren a algo tan vital como es soportar las frustraciones, los ataques o cómo se esfuman las expectativas y dos, a desarrollar las herramientas necesarias para enfrentarse a esto. Hundirse con cualquier incidente azaroso o no saber cómo resolver sus propias cuitas harán de las personas unas inadaptadas a las que cada vez les costará más salir adelante.
Además siempre encontrarán en nosotros unos culpables en quienes descargar su ira o su pena difícilmente remontable. Entre ver sufrir desde la barrera y deshacer entuertos por otros que ustedes creen que son más frágiles, atémonos a la silla, observemos como a pesar de la dureza de las circunstancias, la resiliencia va ganando batallas a los miedos y a las supuestas debilidades. Todo el mundo lleva una bellota dentro que se puede convertir en un roble, no hagamos de la bellota de los demás nuestro propio bonsái.
Nuestra ayuda se pide por favor, se argumenta con razones de peso y se reciben las gracias cuando termina. Si quieren colaborar en la construcción de personas fantásticas háganles llevar un diario de gratitud, trabajen y entrenen con ellos la necesidad que tenemos todos de pedir y agradecer ayuda, física, psicológica, emocional y lo importante que es, para mejorar y sentirse bien. No les evite nada. Enseñe a dar gracias por todo lo que tienen y por tener la oportunidad de desarrollar capacidades y habilidades que, de eliminarse, harían de su vida una tortuosa ruta.