Debates improductivos

debate

 

No puedo dejar pasar la ocasión de una nueva campaña electoral para hacer una reflexión sobre los atávicos e improductivos métodos que seguimos utilizando en los debates entre candidatos, para convencernos o unos a otros, o al votante, en el mejor de los casos, o mejor dicho, para sólo vencer al adversario.

 En realidad no distan mucho de las estrategias que utilizamos en las discusiones laborales, familiares y entre amigos, por lo que tener razón es, en las discusiones, nuestra finalidad absoluta.

 Quiero aportar este texto del genial Freddy Koffman en su libro “Metamanagment” porque es la mejor forma que he encontrado para explicar el proceso:

 “Exponer en forma improductiva

El modo tradicional de exponer está basado en la guerra y en los deportes competitivos. La conversación es un juego de suma cero, mi triunfo es la derrota de mi oponente y viceversa. No hay espacio para trabajar juntos, cambiar las reglas, disolver restricciones, inventar nuevas opciones o crear valor. La estrategia principal es quitarle poder al otro. De la misma forma, la estrategia principal del otro es quitarle poder a uno. Ya que sólo hay una cantidad fija de «razón», cuanta más uno tenga, menos tendrá el otro y cuánta más tenga el otro, menos tendrá uno. En una conversación así, la manera de obtener poder (razón) es argumentar por la idea propia y socavar las ideas de los demás.

En realidad, lo que está en juego no es la razón, sino la autoestima y la imagen pública de los interlocutores contrincantes. Cada uno cree que su valor personal aumenta cuando «gana» y disminuye cuando «pierde»; por lo tanto, no hay posibilidad de cooperar. La premisa en la mente de quienes operan de acuerdo con este modelo es: «Necesito prevalecer para demostrarle al mundo que tengo razón y que, en consecuencia, soy valioso.

Tengo todos los datos necesarios y mis opiniones son las únicas razonables. Mis conclusiones son ineludibles, ya que mi lógica es perfecta. He considerado todas las posibilidades y he elegido la mejor. Cualquiera que esté en desacuerdo conmigo está en contra del objetivo y tiene intenciones ocultas. Mi trabajo es convencer a los demás de que actúen en la forma correcta (la que yo propongo), de modo tal que todos reconozcan que soy yo quien tiene razón». Este modelo afirma que sólo es posible ganar individualmente. La conversación es una contienda para probar quién vale más (es más inteligente, tiene más poder, está más informado, etc.).

Algunas estrategias del exponer improductivo son:

  • presentar opiniones como si fueran hechos comprobados;
  • no explicar ni revelar razonamientos que justifiquen la opinión;
  • no dar ejemplos ni ilustrar en forma práctica el significado de la opinión;
  • no exponer dudas ni revelar áreas de inseguridad o ignorancia;
  • evitar preguntas y objeciones;
  • argumentar que la opinión propia es la única razonable;
  • hablar más que escuchar, interrumpir a los demás;
  • demoler los argumentos de los otros.
  • impiden que los demás comprendan la posición de uno;
  • dañan los vínculos entre las personas;
  • dificultan el descubrimiento y la resolución de los problemas sistémicos;
  • crean resentimiento y resignación;
  • destruyen la efectividad colectiva;
  • generan una severa desventaja competitiva para la organización.”

Quienes  hayan acudido a algún debate o discusión,  sido telespectador u oyente podrán comprobar cómo siguen esta escaleta al dedillo.

Para hablar de temas que requieren sosiego, perspectiva y reflexión se utilizan un par de minutos en los que dónde miras, tu tono de voz, tu posición, y lo determinante que parezcas son los ingredientes para que tu parroquia te aplauda diciendo que has ganado.

 Da igual si no has entendido lo que la otra persona quiso decir, si tienes la suficiente habilidad para interpretarlo fuera de tu modo de pensar, si puedes leer entre líneas el mensaje, si a lo mejor convendría repreguntar para asegurar, da exactamente igual. Lo importante es lo que parezca y no lo que sea para poder exportar viralmente, en función del número de tus seguidores, tu versión del combate en la red.

Como es cuestión de tener la razón y de autoestima personal, y la ciudad y sus ciudadanos no tienen mucho que ver, lo importante es como vendas el resultado.

El objetivo no es entender a los demás sino abatir, rebatir, combatir, aplastar. Todo muy constructivo, ¿verdad?

Lo que a nadie le importa es cómo quedan esas maltrechas autoestimas y egos, tocados para futuros acuerdos, colaboraciones y conversaciones que vayan más allá de sus limitadas personas y se remitan a proyectos y colaboraciones.

 Tener la razón se convierte en un asunto de estado como si las trayectorias vitales de los que debaten fuesen una recopilación de la infinita casuística vital. Como si sus visiones fuesen tan magníficas y completas que merecen no sólo estandarización, sino exportación e imposición.

No nos escuchamos cómo hablamos, generalizamos opiniones personales como si fuesen dogmas para tener razón. Hablamos en imperativo, de nuestra realidad como la única, somos autocomplacientes y excesivamente críticos con lo demás y sus observaciones. Nos  oponemos sin ni siquiera escuchar, es más, a veces tenemos tan interiorizada la etiqueta de que “es el enemigo” que su sola presencia nos impide escucharle como automatismo y sólo pensamos en responder.

Sé que con los ánimos tan encendidos es prácticamente imposible entender que éste no es el camino ahora, a escasos días de las elecciones nadie ve otra estrategia y además a nadie le interesa.

Pero yo me comprometo, en mi vida personal a cambiar y  a seguir los consejos de Koffman, comenzando por observar como  mínimo estos planteamientos :

Pensar es infinitamente más veloz que hablar. Es imposible revelar todo lo que se piensa. Por eso es necesario encontrar formas operativas de compartir datos, razonamientos, perspectivas, intenciones, objetivos y preocupaciones. Lo primero es determinar en qué circunstancias vale la pena profundizar y hacer explícitos los razonamientos. Explicar todo lo que uno dice, en todo momento, haría imposible conversar. No explicar nada, en ninguna situación, hace imposible comprender.

“Exponer con humildad y respeto considerando las posiciones alternativas no debilita el argumento; lo re-orienta desde el control unilateral hacia el aprendizaje mutuo. En vez de operar sosteniendo que «yo estoy en lo correcto y los demás están equivocados», el exponer productivo se basa en creer que «yo veo la situación desde mi perspectiva limitada y sujeta a error”. Por eso quiero exponer mis observaciones, pensamientos, preocupaciones, intereses, y conocer las reacciones de los demás, juntos podemos crear un resultado más efectivo».

¿Te atreves a crecer? 😉

El viaje del líder

viaje

 

El liderazgo para mí se resume en esta frase de Albert Einstein “Sólo una vida puesta al servicio de los demás merece ser vivida”.

 A partir del día en que decides aceptar este compromiso, pones en marcha una nueva aventura, iniciando un emocionante viaje.

Este viaje, significa una expedición a lugares poco transitados  como son el diálogo, la propuesta, el debate, el consenso y la cercanía,  necesitas elegir los compañeros ideales, unos auténticos probadores de fortuna, inasequibles al desánimo y el desaliento, perseverantes y grandes defensores del proyecto.

Estas personas deben decidir dar ese paso al frente contigo y  ser líderes en su comunidad. Sabiendo que un magnífico liderazgo es un gran servicio. Recordad si no a los grandes líderes que recuerda con agradecimiento la Historia.

 Soy firme creyente de que el líder además de que nace también se hace y rehace.

No confundamos liderazgo con lo que algunos llaman éxito. Un líder no es el que quiere estar en la cima, ni en una posición de poder, ni quien valiéndose de su autoridad es capaz de tener seguidores.

El mejor lugar para un líder es en el que mejor pueda servir a los demás y añadirles valor, por lo tanto cada uno con sus habilidades y capacidades ha decidido sumar. Pero líderes somos todos y cada uno de nosotros, con una misión común: servir a los demás. Comprometidos con hacer cosas diferentes para ser diferentes. Ayudar a crecer a los demás. Aprender a servir y tener esa misión más allá de nosotros. Cada uno de nosotros será multiplicador, en otro caso restaremos y no seremos más que más de lo mismo.

Queremos hacernos valiosos para otros a través del estudio, de la práctica a la humildad. Inspirando confianza a través de nuestros actos y sobre todo de nuestra actitud.

Queremos llenar nuestras maletas con cosas diferentes que nos sean útiles para nuestro viaje:

Necesitamos otras gafas de líder para poder ver como ven quienes están preocupados por los demás, quienes piensan en el bien común y en mejorar su entorno.

Necesitamos distintos sombreros de los que hemos utilizado hasta ahora, quitarnos el negro el de lo negativo, que parte de la crítica, el  enfado y el nerviosismo de quienes no se ven parte de las soluciones  futuras sino víctimas del entorno y de lo que nos separa y ponernos el naranja, y usar el que nos une, el que parte de la propuesta, del diálogo, del mínimo común denominador, el que hace ver posibilidades en las dificultades y oportunidades y retos en lugar de problemas.

Necesitamos variedad de calzados para como dicen los indios caminar en los mocasines de otros para poder juzgarles y en nuestro caso para poder entenderles y servirles eficazmente. Tener la suficiente empatía para poder acercarnos a las personas y conectar con sus tribulaciones, con sus necesidades y formar parte de sus soluciones.

En este viaje nuestro destino es incierto. Tenemos que decidir todos los días cual va a ser nuestra ruta y de qué disponemos para que todos la hagamos en las mejores condiciones. Pero lo haremos contagiando alegría y disfrutando del viaje que supone vivir.

En esta experiencia hemos decidimos transitar juntos, lo que nos hará estar más que preparados para la nueva era a nivel mundial que vislumbra  complejidad e  incertidumbre, con entusiasmo, responsabilidad y trabajo pero sobre todo juntos.

Siendo conscientes de que “Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”.

Juntos para comprender que solos podemos ir más rápido pero que juntos iremos más lejos.

Juntos para apoyarnos entre nosotros, ayudarnos a crecer y alentar nuestras fortalezas y sueños.

Juntos para conseguir la humildad que requiere  servir a todos, querer escuchar, planear, , entender, negociar, cooperar, , innovar, anticipar…

Juntos para poder con nuestros principales barreras, el miedo al cambio, la ignorancia y la incertidumbre sobre el futuro.

Juntos para demostrar que hay otra forma de hacer las cosas, que partir de la unión, del diálogo.

Juntos para renacer como líderes que ven en cualquier reto una forma de sacar lo mejor de nosotros mismos y de aprender, y de mejorar continuamente.

Juntos para no sobrerreaccionar  ante conductas negativas, ni críticas, ni debilidades. La clave está en nosotros, en el ejemplo que demos y en la actitud con la que convirtamos las dificultades en posibilidades.

 Juntos para entender que los principios  valores que compartimos serán la brújula del  cambio que pedimos.

Que ocurra o no, depende de nosotros.

 Comenzamos este viaje juntos, imaginando nuestra misión como reto haciendo que nos sintamos parte y miembros de ella, para construirla, para mejorarla, para usar la red que tejeremos por si alguno del equipo necesitamos hacer uso de ella  para  levantarnos alguna vez.

Soñamos con un equipo, en el que la pasión de sus miembros sean las personas y sepan escucharlas para entender y ayudar poniendo por encima de sus intereses personales el servicio a los demás. Para ello leeremos, miraremos, observaremos, irradiaremos energía positiva.

Soñamos con ser nuestras mejores versiones, autoexigirnos, ser capaces de destapar el talento también en los demás, de admitir que no lo sabemos todo, que cualquier persona puede sumar  y que tenemos esa disposición que hace a los líderes,  que siempre están listos para  aprender. De retroalimentar nuestra acción  política con las opiniones de nuestros ciudadanos.

 Soñamos con que las personas que conformamos el proyecto seamos capaces de mirarnos en el espejo cada día concentradas en dar lo mejor de nosotros mismos. Sabiendo que para ser diferentes, debemos hacer cosas diferentes.  Luchando contra los hábitos y costumbres que nos limitan y empequeñecen.

Soñamos con tener la suficiente curiosidad para anticipar distintos escenarios futuros, estar conectados y preparados siempre para la acción. Teniendo el suficiente equilibrio entre realismo y optimismo que nos haga ser creativos y formar parte de las soluciones y no de los problemas.

Soñamos con líderes que inspiremos por nuestra creencia en nosotros, individualmente, como personas, juntos, como ciudad, como país, líderes no  que  nos desesperen. Seamos ejemplares en la dedicación y en el comportamiento que pedimos a los demás.

 Si hemos llegado hasta aquí  es porque hemos entendido que si no cooperamos juntos no tenemos futuro y que las cosas suceden con inversión no sólo con deseos

 ¿Estás por lo tanto dispuesto  a invertir tus habilidades y capacidades y  horas de tu tiempo sobre la base de tus principios y valores para hacer algo tan altruista como es  compartir con los demás ese tiempo tan preciado de nuestras familias porque crees que servir a los demás es tu misión por encima de todo? Si tu respuesta es que sí, comienza tu viaje de líder.

Foto: juan.314.wordpress.com

Tu máquina de Pinball

pinball

Reflexionar implica tiempo, parar, concentrarse, preguntarse, decidir, probar y finalmente cambiar si estás convencido.

En muchas ocasiones cuesta tanto tener tiempo, que la falta de él, es la excusa para no iniciarse en el proceso. No tener tiempo, no deja de significar que lo que te planteas no es una prioridad. Seguro que si te invitasen a embarcarte en un crucero gratis o ir a un concierto de tu artista favorito, el tiempo no sería una excusa.

Concentrarse.Con la cantidad de interrupciones que tenemos en nuestro día a día es difícil. Si no agendamos unos minutos para ello o hacemos el firme propósito de  concentrarnos en la tarea que estamos realizando sea la que sea comer, escribir, hablar…dejamos que nuestra mente salte de tarea a tarea y de pensamiento en pensamiento sin darnos cuenta de que afecta a nuestro rendimiento, a la correcta ejecución y por supuesto al disfrute y deleite.

Preguntarse. Uf eso no lo hacemos casi nunca y cuando lo hacemos, nos hacemos siempre las mismas preguntas, con la intención masoquista que nos hace querer olvidar esta tarea pronto. Nunca te quieres hacer esas preguntas que te harán avanzar por miedo a no saber o no querer admitir la respuesta.

Decidir. A cuántas personas preguntamos ¿y tú qué harías? Con unas cuantas pinceladas de nuestra situación aceptamos que los demás nos den su receta y a veces hasta la llevamos a la práctica sin pensar en si es lo que nosotros queremos, aunque quizá buscamos evitar tomar esa decisión o responsabilizar a otros de sus consecuencias.

Cambiar. Es de las pocas cosas  seguras en este mundo, que cambiamos. Acaso te ves igual que hace unos años, o piensas igual que entonces, sigues haciendo las mismas cosas. Te resistes a madurar o a crecer o salir de tu zona de confort.

Evitar este proceso, hace que vayas por la vida como si fueras la bola de una máquina de pinball. Que cada golpe que la “suerte” o el “azar” te da te lleva a un lugar diferente al que tú no tenías la intención de ir y sin embargo te adaptas ejerciendo el papel de víctima, en lugar de ser protagonista. Las luces te deslumbran y las persigues como si fuesen lo que quieres, hasta que un nuevo  golpe te envía de nuevo a lo desconocido y vuelta a empezar. Reconoces el lugar por el que has pasado cientos de veces pero no sabes cómo salir.

Cuando lees algo como “No esperes más, sal ahí fuera y haz que ocurra” sólo se te ocurren fenómenos paranormales para producirlo. En realidad no has tomado, ni planeado, ni decidido, cómo has llegado hasta donde estás.

Siempre podrás culpar a tus circunstancias, a tu situación económica, familiar y social  por lo que has hecho o por lo que nos has hecho en tu vida.

Siempre podrás esperarte a que tengas tiempo cuando seas mayor para entonces reflexionar y darte cuenta de que sólo te puedes lamentar de todo lo que no hiciste.

O puedes decidir tomar el protagonismo de tu vida. Coger esa energía que te da ponerte a los mandos y empezar a tomar decisiones que te vayan acercando a tu objetivo, a donde quieres ir.

Los mejores compañeros para mí en este camino han sido libros, aunque si quieres acelerar este proceso, descubrir tu potencial y encontrar tus herramientas para construir seguridad y  confianza haz como yo, únete al Coaching.

Crecer. Cambiar. Evolucionar. Descubrirme y hacer algo más, algo mejor o algo más importante es lo que me planteo cada mañana cuando me levanto.

 

Yo quiero salir de la máquina ¿y tú?

Comunicación caníbal

canibalismo

 

Si pensamos en esta práctica, el canibalismo, como mínimo, confluyen en nosotros varias emociones negativas, y son muchas las imágenes, sensaciones e historias  desagradables que cruzan nuestra mente.

En principio  lo vemos como algo lejano que no ocurre, a pesar de alguna película o serie, cerca de nosotros. Si bien es una práctica que al final muchos lo asociamos  sólo con comernos a nuestros congéneres, tiene más que ver con rituales y actos religiosos que con el sostén alimenticio y es esto último lo que me hace pensar en la analogía que hace Covey de su relación con la comunicación.

Cuando  interactuamos con alguien, ya sea en casa, en el trabajo  o en cualquier otro lugar, en reuniones grupales o individuales podemos observar que nuestra comunicación tiene mucho que ver con la práctica de comernos a nuestros iguales. Agresiva, a la defensiva,  no contribuyen a acordar sino a rivalizar.

En psicología el canibalismo responde a impulsos agresivos –orales no controlados , un acto originado por el deseo de dominación y es ese mismo deseo el que se impone en nuestras conversaciones.

Piensa si no en cuántas de nuestras conversaciones estamos a la defensiva, nos damos por aludidos y nos defendemos de críticas que creemos van dirigidas directamente hacia nosotros.

 

Cuántas veces cuando empiezas a hablar para pedir algo, lejos de ir al grano, comienzas por un reproche general que indispone a tu interlocutor contra ti. “ Como tú nunca estás disponible, ahora me puedes ayudar” Cómo apetece ayudar eh!

 

En cuántas ocasiones utilizas “ tú eres” colocándole una etiqueta a quien hablas seguida de un “ siempre” que le enjaula en ella. “ Tú que siempre estás a lo tuyo” . ¿Así pretendes que cambie?

 

Cuántas veces  te mantienes callado en una reunión sin proponer, y de repente cuando alguien dice algo te abalanzas sobre la idea, mordiéndola  hasta despedazarla sin apenas reparar en ello. Eso, ¿cómo se llama?

Todas estas interaccione están regidas por valores de supervivencia ancestrales en los que lo que hay detrás es “quienes quieren que tú caigas” y de los que te defiendes agresivamente.

“Tener la razón”, “dejar claro quién manda”, aparentar que sólo existen dos opciones “conmigo o contra mí” son caminos destructivos que minan nuestra energía, enrarecen y contaminan nuestro entorno y como el propio canibalismo, sólo son  rituales,  hábitos que no cubren ninguna necesidad básica humana.

Sólo siendo conscientes de que tenemos estos hábitos podemos comenzar la renovación. Hacer nuestros entornos menos agresivos, menos infructuosos y dramáticos.

 La clave de este cambio, que no es nada fácil, es la escucha consciente, que va más allá del mensaje que la persona emite y que indaga en la adaptación al entorno habitual en el que ha vivido esa persona, tratando de entender qué nos quiere decir con su actitud que necesita. Seguramente cuestiones de supervivencia, salario y seguridad.

En lugar de dejarnos contaminar por ella, rindiéndonos por cansancio o falta de paciencia,  podemos dilatar en el tiempo la respuesta agresiva que dejará salir al primitivo que llevamos dentro.

A veces parece un esfuerzo titánico, siempre merecerá la pena esa victoria personal que nos hará conscientes del poder que tenemos con nuestro propio autocontrol.

 

Para empezar siempre puedes pedir perdón.

¿Te animas a ser diferente? Yo sí . A entrenar 😉

 «La comunicación, después de todo, no es tanto una cuestión de inteligencia como de confiar en los demás y aceptarlos con ideas y sentimientos, y de admitir el hecho de que son diferentes y ellos también piensan que tienen razón» Stephen Covey  

Sólo se necesita miedo

rey de corazón

SÓLO SE NECESITA MIEDO

 

   “Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.

  El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:

  –¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!

  El asceta dijo:

  –Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.

!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!

  –¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?

  Y el asceta repuso:

  –Sólo se necesita miedo.”

 

 

 

De nuevo utilizo un cuento hindú como inicio de una reflexión de lo que el miedo puede hacer por y con nosotros.

Si te das cuenta nos hayamos sometidos en nuestra vida diaria a miles de «usos del miedo», por parte de la publicidad, de los gobernantes, de la familia. Muchas de las frases que escuchamos son del tipo  “si no usas, haces, dices,… tal o cual cosa, te pasará esto o lo otro”.

Casi siempre cuando las escuchamos estamos haciendo o pensando otra cosa y dejamos deslizarse estas amenazas dentro de nosotros, en nuestra mente inconsciente sin apenas cuestionarlas. De forma que en el mejor de los casos acabamos siendo sujetos activos de la obligación motivo de la amenaza.Convirtiéndolo en creencias automáticas que rigen nuestro comportamiento.

Sin apenas pensarlo nos habremos echado ese producto para no tener arrugas, habremos comido eso para no engordar, tendremos ese otro dispositivo para no parecer desfasado, ese coche para no parecer fracasado. Pronto nos daremos cuenta de que  nuestras acciones parten de alejarnos del dolor, no de acercarnos al placer. De objetivos negativos. No estar gordos, no parecer ignorantes, no parecer mayores, no dejarnos pisar…y todos ellos fruto del miedo que pueden llegar a ser, con nuestra obsesión y colaboración incluso  profecías autocumplidas.

Nuestras alertas ancestrales que nos hicieron sobrevivir a tantos peligros que en el pasado tenía la naturaleza para nuestra supervivencia, ahora nos traicionan formando parte de nuestros automatismos sin apenas darnos cuenta.

Y no es más que este miedo automático, el que luego nos lleva a ver mejoras y progresos donde nos dicen, aunque no los haya, donde todo es una entelequia y aún así, nos atrevemos a decir, por miedo, que vemos el ave dorada que quienes nos intentan dirigir quieren que veamos.

Cada uno ya tenemos suficiente diálogo interior para lidiar con nuestros propios miedos, fruto de creencias sin explorar, como para que alguien externo,  nos insufle más y merme nuestra autoestima haciendo mella en la libertad que, a pesar de todo, tenemos para tomar decisiones.

No dejes que estos automatismos entren por la puerta de atrás , cuestiona todas y cada una de esas creencias que van a conseguir perturbar tu paz interior.

 Siempre y cuando hagas ese trabajo desde dentro, serás capaz de discernir entre lo que tú sabes y lo que por otros creías.

 No olvides sonreír ante esto. Lo normal es tener miedo, aunque lo esencial es que continúes haciendo en lo que crees a pesar de él, para que ni te paralice, ni te gobierne.

 

Empezar a plantarle cara en cualquier momento es el principio de una vida en paz.

Seamos libres, como escribía Viktor Frankl , «teniendo el poder de elegir»

foto:andreaweb.es

Todo pasa por algo…

piedras

 

 

Después de muchos años todavía me pregunto que lleva a muchas personas a utilizar su energía, no para descubrir su potencial y mejorar su entorno, sino en destruir, criticar, atacar a otros, sus ideas o sus propias personas.

Es cierto que quien invierte en esto su tiempo produce varios efectos, primero muestra su propia debilidad, puesto que atacando cree que va a producir el mismo efecto que produciría en ellos. Además muestra sus armas al arrojar contra otros sus propias cuitas, decía Carl Jung que lo que no nos gusta de otros, en el fondo es algo que tenemos que revisar en nosotros, puesto que es algo que, en nosotros, no funciona. Y entre otros más, estas emociones negativas te hacen estancarte, volverte víctima, reactivo y no te dejan avanzar, ilusionarte y proponer. Vas pasos por detrás desde el principio, habiendo echado el ancla casi siempre en el pasado.

Sólo das información y aireas las miserias que puede haber detrás de ti, como detrás de cada ser humano que todavía no ha conocido la compasión, la empatía y otra forma de comunicarse que sea más asertiva y colaborativa. Manifiestas tus malos modos cuando el viento no te es favorable, lo que a la vez dice mucho de tu madurez.

Además pienso que los obstáculos que vamos encontrando en la vida, lejos de ser acontecimientos sólo, también son personas que nos enseñan sobre distintas cuestiones vitales. Bien podemos, con las piedras que lanzan, construir nuestros propios muros para elevarnos sobre ellos y ver más allá. No dejo de insistir en que cada uno de nosotros, lejos de ser tóxicos  por naturaleza, hemos, por nuestras experiencias, desarrollado distintas estrategias, que a veces no son las adecuadas para nosotros y nuestros objetivos, pero en cierto modo el hábito y la costumbre nos parece que no nos dejan más opción que el sufrimiento y la ira.

Quiero pediros que quien pueda, sea consciente y entienda que la mayoría de nosotros vive en su interior mil batallas de las que nada sabemos, aunque recibamos daños colaterales,  sea capaz  de ser paciente y empático, tanto, como para ir más allá de sus emociones negativas automáticas y salvándolas con una reflexión, ayude a que esas personas no repliquen su comportamiento allá donde van  y haciéndoles ver que a quien únicamente lastiman con ese proceder es a quien vivirá en su cuerpo para siempre, ellos mismos. Los demás, todo lo que harán será evitarles con cualquier excusa, pero quienes queramos ser diferentes seguiremos buscando esa fantástica persona que hay en su interior queriendo salir.

De acuerdo que es una gran gesta pero la satisfacción de saber controlarse uno mismo, poder pensar para elegir la respuesta y ver florecer a los demás, no tiene precio.No te rindas, si quieres ser distinto, no puedes actuar como los demás, no huyas, aprende y ayuda a aprender.

¡Todo y todos pasan por nuestra vida, por algo! 😉

Desconectado

desconectado

 

 

 

Leyendo sobre la detención de los tuiteros  catalanófobos, y de las ácidas y anónimas críticas políticas en las precampañas electorales, me pregunto ¿hay siempre un “ellos” y un “nosotros”?, ¿todo vale para «diferenciarse»?

La religión, la política, la sexualidad, la raza, nacionalidad, la opinión o la circunstancia personal o social. ¿Todo lo que diferencia, discrimina?,¿todo lo que diferencia, condiciona?,¿tan necesario es crecer o nacer frente a algo con anticipación del «anti»?

No me parece tan original esperar a que alguien haga, diga o construya algo para entonces declararse en contra.

Cuando alguien está conectado a los demás, todo lo superficial y diferente parece desvanecerse, las energías se juntan sin recelos para compartir, para conformar, para construir juntos.

Esas etiquetas que nos parecen dar seguridad, esas identidades, pertenencias, son al fin y al cabo miedos e inseguridades que nos unen frente a un enemigo común que no es real, que inventamos irónicamente para supuestamente unirnos.

Alguien a quien no consideramos de nuestra familia, de nuestro grupo, de nuestra tribu y al que por este hecho denostamos y evitamos, haciendo que nos perdamos los grandes matices que aportan las distintas vivencias y experiencias que nos modelan a cada uno.

Identificarse con un grupo, con un territorio, con una lengua es hacer nuestro mundo pequeñito y a nosotros mismos, seres inadaptados, incapaces de partir de un mínimo común denominador y de sobrevivir en otro entorno.

En estas etiquetas siempre hay quien a sabiendas o sin querer, gana en la diferencia, haciendo que en el de enfrente sólo encontremos  más de las siete diferencias del juego.

Esto hace que haya quienes estén  interesados en que tengamos ese filtro, el de la diferencia, como defensa, en lugar de tenerlo como enriquecimiento  social.

Si ahondas en “nosotros”  y “ellos”, acabarás solo, dentro del “yo”, no sólo gastarás raudales de energía para diferenciarte, sino que fomentarás la crítica exacerbada y personal y esto hará que seas incapaz de llegar a acuerdos por encima de las diferencias.

Puedes llegar hasta el absurdo de que nosotros y ellos, exista dentro de la misma familia, del mismo grupo, de compañeros de trabajo, de tu entorno más cercano…

Ese ego que muchas veces no nos permite ser felices, nos hace definir quién está con uno y quién no lo está, con la excusa de que nos protege y asegura cuando produce todo lo contrario, reducir nuestro mundo, perder todo y mantener nuestros miedos y ganar en la divisiónAbandonar la necesidad de sentirnos aislados de los demás es un triunfo que indica el grado de desarrollo personal de  cada uno. Comenzar a verse como miembro de la familia humana, de una tribu común es una liberación que permite acercarse a los demás para sumar. Piensa en global

Haz un ejercicio:

  • Sé consciente de cuántas veces dices “yo” en una hora y trata de eliminar algunos.
  • Deja de hablar de ti mismo,  pregunta a los demás, interésate por ellos.

Busca la conexión  y  las similitudes, te resultará mucho más fácil que lo que has hecho hasta ahora y tendrás mejores resultados.

Hacer equipo, cuestión de actitud

equipo

 

Siempre hay opciones. Otra cuestión distinta es que no las veas, o no las busques o creas que las estrategias que has utilizado siempre son las que funcionan, independientemente de su contexto. Cuando te sumas a un equipo, que lleva tiempo en marcha, es el momento en el que decidirte por una u otra, te lanzará al éxito o al fracaso.

Un equipo de personas, es una selección, a veces natural, a veces elegida, de personas, cuyas fortalezas y debilidades son complementadas para conseguir acercarse lo más posible al objetivo, en menor tiempo, con menor esfuerzo y aunando el mayor número de perspectivas diferentes para poder aglutinar varios puntos de vista, sin enfocarse en una determinada óptica que pierde prismas.

Entrar en ese equipo puedes creerte que es cuestión de formación, cuestión de experiencia, de demostrar que eres mejor que los demás, de poner de relevancia las debilidades, a tu juicio, de quienes te rodean, cuestión de imponerse, de amenazar, de avasallar, de un montón de tradicionales estrategias que están en desuso en equipos plurales.

La entrada en un equipo es definitiva para que tú puedas ejercer la influencia en él para que te escuchen, te sigan, te ayuden y te respeten como líder y nada de esto tiene que ver con las estrategias antes mencionadas.

La influencia es una cuestión mucho más sutil, que tiene más que ver con la actitud que con otras cuestiones que parecen mucho más objetivas. Tiene que ver con sumar, con implicar, con hacer a los demás sentirse importantes, con resaltar sus fortalezas y ayudarles a crecer, con darle oportunidades en los ámbitos en los que sabes, porque lo has observado, que van a brillar, con contagiar ánimo, alegría y entusiasmo por lo que haces. Con no desdeñar o ridiculizar las ideas o propuestas de otros sino alentarlas para que sean un producto magnífico,  exhibiendo su autoría y no intentado que las medallas cuelguen sólo de tu pechera.

Todo esto que al leerlo parece obvio, también lo es a la vista de todo el mundo que te observa cuando entras en un grupo, sin empatía alguna, tratando de ser el más listo de la clase. Sin darte cuenta de que tus primeras frases mostrando tus fortalezas no serán más que una flagrante muestra de tus debilidades.

Todos tenemos algo que aportar en todos los ámbitos, TODOS. Te pueden parecer demasiado  jóvenes, demasiado mayores, demasiado formados, poco. La mayoría de las apreciaciones que haces sin pensar son fruto del miedo de no poder encajar o de creer, con lo que ves a simple vista, que eres superior.

Un equipo lo que de verdad necesita es cuestión de actitud, de conjunto, de sumar, de conseguir un clima de confianza en el que todos se sientan libres para poder hablar con franqueza y exponer su punto de vista sin críticas, ni vergüenza, sabiendo que todos tenemos un potencial que desarrollar fruto de experiencias vitales distintas que hacen que la solución aportada entre todos sea la suma de la partes y no la imposición de la mayoría o de quienes más levanten la voz.

Una actitud positiva e inclusiva provoca una cascada de pensamientos, eventos y resultados extraordinarios que son los que conforman el éxito de un equipo en el que todos dan su 100%.  En ti está la decisión de unirte o seguir con tus viejas estrategias blandiendo como injusticia tu verdadera incapacidad para adaptarte.

Dijo William James que “el gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes”. Imagina qué efecto multiplicador tendrá cuando todos trabajemos en esta dirección.

Pregúntame si me importa ser cuota

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A veces las cosas que veo, leo y ocurren, coinciden como por arte de magia, aunque visto con la lejanía del tiempo, si no buscas y te cuestionas todo constantemente, rara vez encuentras esas relaciones.

Viendo una, a mi juicio, excelente serie danesa sobre política “Borgen” pude comprobar cómo, a pesar de creer que los Países Nórdicos nos sacan varios años de ventaja en mejorar la democracia, no dejan de tener también sus tics atávicos.

Uno de los últimos capítulos que he visto, tenía como trama central la aprobación por parte del gobierno de una ley para establecer cuotas obligatorias en los Consejos de Administración de las empresas y como la empresa con más relevancia en Dinamarca, con su inflexible jefe al frente, se oponía y amenazaba con deslocalizarse si la obligaban. No haré un spoiler del capítulo pero recomiendo esta serie a todos los escépticos que no crean que se puede hacer política sin renunciar a los principios.

Para empezar me llamó la atención algo que aquí veo constantemente y me entristece y es que allí ninguna mujer se oponía, ni cuestionaba la necesidad de esta ley. Sin embargo aquí cualquier  periódico o revista que se precie lleva, para celebrar el reciente 8 De Marzo, Día de la Mujer, un debate  entre dos mujeres para escenificar el “a favor vs contra” de esta medida.

Dedicándome a la política es un debate que lleva ya años, y que desde el principio, incomprensiblemente, se partidizó, siendo patrimonio de unos, la defensa del uso de las cuotas y criticada la medida por otros, que a pesar de no “ver”  la necesidad, han ido integrando mujeres en sus listas para no perder el tren de la igualdad y recoger el rechazo de la propia sociedad.

Dirigidos siempre los partidos por hombres en su mayoría, algunos muy poco sensibilizados con el tema y cediendo a título honorario ciertos puestos a las mujeres, han ido reivindicando  año tras año, algo que ya por repetido carece de sentido “ Ojalá algún día no se tenga que celebrar este día porque hayamos conseguido la igualdad” y a continuación siguen sin ponerle remedio a la desigualdad salarial, desigual conciliación, desigual acceso al mercado laboral, a los puestos directivos…

Pero lo que más me molesta es que todavía haya mujeres que no desarrollen la suficiente empatía y seguridad en sí mismas como para no verse mermadas en absoluto en sus capacidades y en sus habilidades por el hecho de que existan cuotas para mejorar el acceso adonde naturalmente tardaríamos décadas en llegar. Acoplándose, invirtiendo toneladas de energía personal, al modo de vida impuesto desde parte de ese género  insolidario, al que no le importan los horarios, ni la conciliación.

La cuota para mí significa que tienen que poner el foco de la selección en otro colectivo distinto de al que están acostumbrados, en el que hay mujeres de sobra preparadas pero que no forman parte de su “habitual caladero”.

Sólo pensando en mis amigas, sobrinas, vecinas, congéneres  prefiero que me etiqueten como cuota y me den la oportunidad de demostrar lo que valgo y entonces pueda ser para muchas de ellas un modelo a seguir y un espejo en el que reflejarse, que renegar de este título y adoptar la postura que me aleja de este cupo sólo para poder  sostener mi autoestima  y exhibir mis medallas  de manera individual. Haciendo un flaco favor a mis iguales y a la  defensa de la igualdad de oportunidades.

 Se  imaginan a Rosa Parks que, después de no ceder su asiento a aquel blanco en el autobús,  y ser un hito en la historia, hubiese  empezado a justificarse diciendo que eso era porque era valiente y  se lo había trabajado ella  y no por ser  negra. Renegando. Absurdo ¿verdad?

Yo no quiero “dar la vuelta a la tortilla” ni que empeore la situación de los hombres. Tengo padre, hermanos, amigos, vecinos, muchísimas personas del sexo masculino a las que adoro y quiero y  un fuerte sentimiento de solidaridad con los demás y sólo deseo lo mejor para ellos.

Pienso en quienes tienen poder en esas empresas, organizaciones e instituciones y quiero invitarles a que  piensen en qué quieren  para sus hijas, sobrinas,  madres, hermanas, mujeres… yo sólo quiero que todos tengamos las mimas oportunidades. Y si para eso,  hay que darles un empujón .¡ Bienvenido sea el empujón europeo!

Lo cambios en cuestión de  género  no siempre son a mejor, lo hemos visto en algunos países del mundo árabe. Nuestras sociedades y políticas hacen que mientras aquí nacen 1,8 hijos por mujer, en las sociedades más tradicionales el porcentaje sube al 2,8%.  Alguien dijo alguna vez que “el destino es la demografía”.

¿Te importa nuestro destino?

¡Practica la empatía con nosotras, el 50% de tu mundo¡

           Yo soy cuota, ¿y tú?

foto: Rosa Parks (wikipedia)

¿Quieres coronar tu cumbre?

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Tu éxito en la vida  es proporcional a tu desarrollo personal.

Seguro que no es la primera vez que escuchas hablar de la Pirámide Maslow en la que ordena jerárquicamente las necesidades humanas. Aunque data de 1943 y Barrett lo ha trasladado con mucho acierto a sus niveles de consciencia, inspira muy bien la reflexión que quiero hacer hoy sobre ¿dónde te encuentras ahora mismo? y ¿cómo puedes mejorar?

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Generalizar, implica  seguro errar aunque también simplificar de alguna forma y por lo tanto espero que sepas leer entre líneas sin querer aplicarte el modelo completo en toda su extensión.

 En esta pirámide existen cinco niveles:

  • Necesidades básicas o de supervivencia: respirar, beber, dormir,comer…
  • Necesidades de seguridad y protección: seguridad física, bienes y activos
  • Necesidades sociales, relación y aceptación social
  • Necesidades de estima alta (respeto a uno mismo) baja (respeto a las demás personas, reconocimiento, estatus, dignidad, fama, gloria)
  • Autorrealización, encontrar una justificación o sentido a la vida mediante desarrollo de una actividad.

La idea esencial es que sólo se pueden ascender de nivel cuando se han satisfecho las necesidades anteriores. Existiendo fuerzas de crecimiento, potenciadoras que dan lugar a ascensos y fuerzas regresivas que empujan hacia necesidades más básicas en la jerarquía.

Este modelo parece ser todavía una cuestión a tener muy en cuenta, a pesar de la ingente literatura que nos hace pensar en que, lo que a muchos nos parece vivir es, precisamente, invertir la pirámide. Es cuando todo fluye y no necesitas hacer esfuerzos sobrehumanos para conseguir tu propósito. Cuando tienes una misión que sobrepasa las necesidades que nos han movido siempre. ¿O acaso el exceso de dinero ha  llevado a alguien a la autorrealización? o ¿quizá ha sido al revés? Piensa en quienes hoy pueden ser tus modelos de vida, ¿desde dónde partieron?

Si estás inmerso en una lucha por conseguir más seguridad como dinero, empleo, vivienda, coche, más energía estarás dilapidando para llegar a cuestiones más importantes como la amistad y el afecto de las personas, porque quienes lo ven y lo sienten desde fuera, sí son conscientes de tus intenciones y de dónde pones el énfasis.

Lo interesante es que esta escala te puede dar una idea de dónde, por tus intereses, estás en este momento y hacia donde puedes dirigirte en tu viaje interior para desarrollarte como persona. ¿Qué te puede proporcionar esto? Pues una ayuda inestimable para de una vez por todas dejar esa situación en la que te encuentras encallada y renacer para poder ser ese cambio que quieres en rededor.

Hay veces que cambiamos de país, de casa, de pareja, de amigos, de trabajo y seguimos manifestando este hastío permanente de no dejar atrás lo que no queremos. Bastantes veces es, nuestro propio cambio personal, lo que demandamos a través de lo que a nosotros nos parece “cortar por lo sano” puesto que huir de nosotros mismos, no es tan sencillo. Quédate e invierte en crecer. No te arrepentirás.

Merece, por lo tanto, la pena que seas valiente,te armes de valor y de decisión para encontrar a esa persona que te va a ayudar a subir un escalón en tu desarrollo personal. Poder verte desde otra dimensión habiendo superado estadios que nunca imaginabas va a  ser lo más reconfortante que llegues a hacer en tu vida. Seas lo que seas, estés donde estés si no estás en la cúspide, tienes trabajo.

Piensa en la cantidad de tiempo y a veces de dinero que  empeñas en tapar esa brecha que existe entre lo que quieres ser y lo que eres y en lugar de trabajarlo y entrenarlo, parcheas con todo tipo de consumos estériles de apariencia.

¿Cuál es la visión que tienes para ti? Encontrarla puede ser la inversión más importante que tengas en tu vida. Nada te hará más atractivo que tu seguridad personal que se nutrirá de tus victorias sobre ti mismo.

¿Quieres coronar tu cumbre?

¿Imaginas a tu favor?

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Sólo pensando en para qué hemos utilizado la imaginación en las últimas veinticuatro horas, podemos llegar a la increíble conclusión de cuál es la utilidad que la damos.

Si algo debemos imaginar, casi siempre elegimos malos augurios, cuestiones negativas, finales aciagos, tenebrosas dudas. Teniendo la posibilidad de elegir finales felices; ¿qué nos hace decidirnos por las que menos nos ayudan? Acaso no nos  preocuparía que cualquier niño a nuestro alrededor acabase todos sus cuentos con un final traumático.

 Sobre lo quiero reflexionar hoy con vosotros es sobre, cómo podemos entrenar, en nuestro favor, este poder tan magnífico que puede transformar nuestros pensamientos y por ello nuestra vida.

En multitud de ocasiones nos sorprendemos con estos pensamientos negativos en marcha y a algunas personas les parece incluso imposible que éstos los hay podido producir su mente, eso sí, en modo automático.

Si somos conscientes, la mayor parte de las veces en que vemos todas esas imaginarias situaciones, las vemos desde nuestra posición, es decir, desde la que miramos habitualmente, siendo los protagonistas de estas historias .De dentro hacia fuera. Esto lo que nos produce es que, en lugar de observarnos como un actor más dentro de  ellas, que tiene más posibilidades de elección de las que ve, conseguimos que,  todo lo que hay  fuera de nosotros, lo que constituye nuestro entorno, sea lo que nos gobierne.

 Nos gobierna desde una mala cara en el ascensor, una frase en un tono raro, hasta un dato del telediario, pasando por un agujero más en el cinturón o uno menos. Alguna de estas cuestiones, que no te parecen importantes hasta que reparas en ellas, es la que tú considerarás más tarde que ha hecho que tu día sea bueno o malo. Dejando al arbitrio del azar, ¡casi veinticuatro horas! de una preciada vida, de la que nunca llegas a saber el crédito disponible.

Acaso te importas tan poco que cualquiera o cualquier cosa te puede gobernar.

Imagina ahora todas esas cuestiones tan “trascendentales” ocurriéndote a ti pero como si lo vieses en una película. » Te ves andando por la calle  tan sonriente y tras cruzarte con otra persona con el ceño fruncido que murmura, tu gesto cambia y se mimetiza con ese desagradable gesto. ¿ te parece, desde la distancia, lo mismo?

 Seguro que no estás acostumbrado a “salir” de ti mismo y verte desde fuera para poder tener otra perspectiva  diferente de lo que te ocurre. Pero si lo has pensado bien, ahora tan sólo has mirado en la dirección opuesta, es decir, de fuera hacia dentro, hacia ti, hacia quien tiene todo el control para que lo que ocurre en el exterior no afecte al interior más que para reforzarlo.

Hasta ahora has buscado todo fuera de ti, desde pequeño, ayuda, amor, comida, amistad… todo lo que has obtenido has creído que venía de fuera en lugar de buscarlo primero dentro. Haciendo depender tu vida y tu felicidad, en primer lugar, de tu entorno, eso querrá decir que estás a merced de los acontecimientos que sobrevengan, sin tener recursos propios para adaptarte o modificarlos a tu conveniencia.

Puestos a elegir para imaginar hazlo en situaciones en las que salgas victorioso, eso hará que tengas suficiente seguridad y confianza para con ellas convencer a tu entorno de tus habilidades y capacidades y así que ellos también te impulsen.

 Usa tu imaginación conscientemente y en tu favor. Sal de ti mismo y explora otra perspectiva para ampliar tu visión y tu mente. Cuanto más a menudo lo hagas mayor entrenamiento tendrás en visualizar lo que quieres. Nadie dice que venga sólo pero, cuando desarrolles una clara y potente visión, el entusiasmo suplirá al esfuerzo y  tendrás muchas más energía para llevarlo a cabo.

Para vivir distinto, piensa distinto.  

A vista de águila

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Si piensas en tu futuro, no eres capaz de encontrarlo, ni de imaginarlo. Las cuestiones prioritarias, urgentes y emergentes pueblan tu día a día impidiéndote ver el bosque. Si hace tiempo que te meces a merced de las olas, desorientado. Seguro que has dejado hace tiempo de soñar despierto, de imaginarte dónde quieres estar en unos años, quién quieres ser, cómo te quieres ver…

Te miras al espejo y no te reconoces, nunca pensaste en ser  esa persona que te observa desde el reflejo. Has cumplido expectativas de otros, estás viviendo lo que la sociedad te pide, lo que tus deudas requieren, lo que tu familia creyó que era lo mejor, saliste decidido de tu formación y a partir de ahí, todo han sido movimientos involuntarios, has seguido sólo la corriente.

Para qué esperar al final de tu vida para lamentos y pasados edulcorados. Cada minuto que pasa es un buen momento para empezar de nuevo. Nunca sabemos, tengamos la edad que tengamos, el tiempo que nos queda, pero sí sabemos que en cuanto pensamos en soñar nuestro gesto cambia, nuestra postura cambia  y nuestras oportunidades cambian.

Sólo nosotros con nuestra mente somos capaces de hacerlo, pero para eso lo primero es verlo.

Te imaginas qué podría cazar un águila en constante vuelo rasante, sin suficiente altura, sin  haber podido atisbar con su prodigiosa vista su sustento. ¿Cómo podría sobrevivir?

¿Sería entonces símbolo de majestad y victoria?, ¿le serviría acaso tener esa  increíble fuerza en su pico?

 Si en lugar de utilizar su captura en vuelo y en suelo, sólo utilizase esta última. Sin usar esa poderosa habilidad que es tener dos puntos focales de vista de  frente y de costado, ¿podría mostrar su poderío?

Si nuestro vuelo es constantemente bajo, nos encontraremos con multitud de obstáculos que con una visión diferente más amplia y distante, minimizaremos hasta producirnos risa y asombro, haberlos visto como insalvables.

Si nuestro vuelo sólo nos permite mirar hacia delante, a lo próximo y urgente, nos perderemos miles de matices y de oportunidades que están teniendo lugar más cerca de nosotros de lo que pensamos.

Si seguimos con este tipo de vuelo, llegará un momento en el que ya no sepamos o no creamos que podemos hacerlo mejor. Creeremos que la rutina y el dominio de unas cuantas habilidades que entrenamos durante años nos servirán para siempre,  mientras el mundo cambia y los demás crecen.

Visualizar nuestro sueños con el poder del águila, nos va a hacer claro dónde queremos llegar y cómo. Haciendo que todos los días consigamos hacer algo que nos acerque a ellos.

Empieza por hacer una lista de 25 cosas que quieres hacer en la vida antes de morir. No generalices, ni abras grandes bloques. Sé todo lo preciso y específico que serías si fuese un deseo que un gracioso genio te concediese.

No dejes esa lista muy lejos, intenta visualizarla y concretarla durante tiempo. La cotidianeidad de la vida pesa sobre nuestros hombros muy a menudo y nos impide elevarnos para tener presente nuestros sueños. Los olvidamos.

Si no haces el esfuerzo de ejercitar tu  vista de águila, acabarás por no ver más que lo tienes a pocos centímetros de ti.  

¿Vas a dejar de soñar? 😉

Tu galería de emociones

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Gracias a mi móvil he encontrado un entretenimiento que no sé en qué momento, se transformó en   necesidad y pasión, la fotografía.

Buscar un lugar, una persona, un encuadre, una luz, querer captar un momento, un gesto, es algo que me entusiasma, me motiva y me alegra.

Gracias a mis amigos ahora puedo hacerlo además con una estupenda cámara reflex, que además me  implica tener que aprender cosas nuevas, interesarme por otras cuestiones y poner mi cerebro a trabajar.

Todo esto no sería posible además, sin que, hace ya muchos meses, me hubiese propuesto entrenarme en  ser más observadora.

Trabajar esta habilidad me está ayudando a ser consciente de muchas cuestiones, como poder conocer mejor a las personas, conectar con ellas, leyendo sus gestos, observando sus ademanes y dándoles la importancia que tienen, muchas veces por encima de nuestras propias palabras o articulados y automáticos mensajes.

Ser un espectador de la vida, a veces, tiene un sentido más allá de permanecer inactivo y para mí ha supuesto darme cuenta del tiempo que perdemos en cuestiones negativas y que lejos de ayudarnos a seguir, nos estancan y atan a esas perjudiciales emociones.  Estoy aprendiendo a  darle más importancia a llenar el tiempo con lo que quiero, con quienes quiero,  a darle vida a cada minuto,  para no tener que lamentarme tarde de no haberlo hecho.

También me hace salir de mí misma de mis pensamientos y tribulaciones, aparcar ese ser tan importante con el que convivo,  para poder vivir las emociones de los demás y poder compartirlas con ellos. Minimizando así esas horribles premoniciones con las que nos traicionamos a veces, que sólo ocurren en mi cabeza y que  apenas se cumplen, haciéndome padecer sin razón y  que ahora consigo relativizar y cuestionar.

A través de lo que observo y busco conscientemente para fotografiar, imagino  qué emociones podrán producir, tanto en los demás, como en mí  y cuántas me transportarán a ese momento al poder volver sobre ellas, una y otra vez.

Igual que a mí las fotografías me son útiles, cada una para recordarme un momento que me provoca emociones positivas, os propongo que a partir de ahora, de vez en cuando, hagáis una foto  conscientemente para recordar ese momento y  la llenéis  con más sensaciones. Ponedle una música que os evoque esos mismos sentimientos y asociarla a algún olor, sabor o tacto que trabaje en el mismo sentido.

Si conseguís tener una galería llena de fotos con «muchos sentidos», tendréis una almacén de emociones en vuestras propias manos, accesible para esos momentos en los que vuestro estado interior necesite un empujón extra para seros útil.

 

Opiniones navideñas

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Se acercan las Navidades y las reuniones familiares. A veces no estamos acostumbrados  a compartir tanto tiempo con la familia y en otras ocasiones, son estas fechas las únicas que nos reunen, por lo tanto, de año en año vamos almacenando emociones de todo tipo asociadas a las personas que vemos tan poco, hasta hacerlas idénticas a las etiquetas que les hemos puesto desde  hace años, sin apenas cuestionarlas.

Una gran ayuda para combatir ese efecto es estar prevenido frente a estos mecanismos automáticos que hacen que, de una opinión inoportuna o desafortunada, pensemos que una persona es así o asá, sin darle una nueva  oportunidad.

Si por algo parece que reconocemos estas fechas es por el ambiente que promueven de generosidad y bondad, a pesar de que a más de uno les parezca caramelizar forzosamente unos días del año, ese espíritu puede ser el que nos ayude a mejorar nuestras relaciones familiares, algo que abundará en nuestra seguridad y confianza personal al poder extrapolarlo a nuestra vida cotidiana y laboral.

Recordar la diferencia que hay entre las observaciones y las opiniones, esto es lo que nos ayudará enormemente a no destruir nuestra felicidad, ni nuestra paz interior en estas fechas.

Las observaciones son hechos que se sostienen y comprueban por sí solos y se diferencian por esto de las opiniones que son juicios  que emitimos las personas, conforme a nuestra experiencia. A veces vertimos opiniones como si fuesen hechos irrefutables y esto produce un efecto decisivo en nuestro interlocutor, haciendo que empiece una discusión por cualquier frivolidad.

Seguro que con este simple ejemplo lo podemos entender, si yo digo “hace frío debemos subir la calefacción”, otro persona puede refutar esa opinión diciendo que “hay 23 grados, no puedes tener frío”. Esa simple introducción que parece inocua puede derivar en una conversación crucial que fastidie toda una noche al poder derivar en pensar que alguien quien imponer su criterio, en qué es lo que creemos que es cada uno, en qué gasta el dinero, en fin… en virtudes y  defectos que se convierten en una batalla campal, a cuenta de una simple opinión. Sin entender que el hecho es que “hace 23 grados” y a esa temperatura unos tienen frío y otros, calor, algo que depende  de múltiples variables, de si se está en movimiento, más o menos abrigado, alimentado…

Si conseguimos distinguir entre lo que es una opinión y lo que es observable podemos entender que lo primero es una cuestión exclusiva de la persona con su propia autoria, una interpretación personal que nada tiene que ver con nosotros o con querer ofendernos o molestarnos, es simplemente fruto de su análisis con los recursos que posea, que pueden ser más o  menos pero casi siempre distintos a los nuestros.

Muchas de estas opiniones que vertimos son automáticas y por lo tanto inconscientes, no nos damos ni cuenta de que entre nuestro público, hay personas a las que sin querer podamos aludir. Además lo escondemos con frases impersonales para no ser responsables de la opinión, no decimos “yo tengo frío” que sería lo correcto, sino «hace frío». Muchas de estas opiniones se convierten en juicios tóxicos. No añaden ni aportan nada, sólo molestan.

El no hacerlos, supone que pensamos antes de hablar. Reflexionar sobre si mostrar este tipo de opiniones merece la pena o quizá hacer este análisis previo, puede significar un aprendizaje definitivo en tu persona para saber opinar de forma productiva. Expresando «nuestra verdad», como una opción más, sin imposición y basándola en hechos que tampoco son definitivos para tener razón.

Además para que una opinión produzca un efecto en ti tienes que autorizar al emisor para que su evaluación te afecte. Ese es el momento  en el que va a hacer entrada tu espíritu navideño, encontrando mil razones por las que ese familiar tuyo ha hecho esa apreciación y por cuántas razones no te va a afectar, ni a tu humor,  ni a tu opinión sobre él. Si cambias tu actitud hacia él, cambiará la suya hacia ti.

Rompe el círculo tóxico. Diferénciate. Convierte tus Navidades en un gran aprendizaje.

«Usa altavoz»

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Aunque el lunes es un día en el que apetece hablar más de lo entretenidos que hemos pasado el fin de semana que de reuniones y estrategias para afrontarlas, sí que sé que es el mejor día para que os hable de ésta y así os pueda ser de utilidad practicarla.

Una de las cuestiones que más me impactó, de mi primer encuentro con el alemán,  fue la posición de los verbos conjugados en las frases, había que esperar al final o casi de la misma para saber qué hacía el sujeto. Eso que en principio me parecía una complicación, acabó teniendo una parte positiva para mí, para el desarrollo de las conversaciones. La necesidad de escuchar toda la frase, evitaba que fueses interrumpido en los preliminares de tu intervención.

En castellano, sin embargo es casi lo primero que decimos, de esta forma intervenir para modificar, agregar, suponer, lo que otros van a decir o hacer, es una debilidad que, a veces, hace imposibles nuestras reuniones.

Ya sean en los “Consejos de Administración Familiares” o en las reuniones de trabajo, no dejar que las personas hablen con tranquilidad, exponiendo sus argumentos y relacionando temas, es algo bastante cotidiano.

Impide que escuchemos lo que quiere transmitirnos la persona y por lo tanto, evita enriquecer nuestras ideas, además muestra poco respeto por nuestro interlocutor y sus reflexiones. Puede que además coarte la iniciativa de personas para proponer, o que las indisponga frente a nuestra posición por defecto de forma. Tiene tantas implicaciones negativas que verdaderamente hacer un esfuerzo para que esto no ocurra, puede ser definitivo en nuestras estrategias para optimizar el tiempo y el talento.

Lo que hoy os propongo es acordar un “Objeto-altavoz” para cada reunión. Puede ser cualquier cosa que tengamos e identifiquemos como tal, un bolígrafo, un objeto  decorativo, etc. Puede ser siempre el mismo o cambiar si conviene por logística. Este objeto va a tener un poder vinculado a su posesión y es la escucha de todos los demás sin interrupciones. Representa el derecho a expresarse con libertad,eso sí, respetando también el tiempo de los demás. Las instrucciones de uso podéis establecerlas antes, si es necesario que todos intervengan o no, si se puede hablar o pasar, si se puede coger aleatoriamente o si se requiere alguna otra acotación previa.

Esta estrategia permite, ser conscientes al ver el objeto de que escuchar con atención evitará muchos malentendidos, entrenará la paciencia del equipo, el respeto y  la empatía con quien está hablando. Hará que todo el mundo pueda tener su espacio para expresarse, sin miedo a ser interrumpido con opiniones y apostillas  y concentrará la atención de todos en la reunión.

Seguro que si estáis concentrados y conscientes, la reunión durará mucho menos y la productividad será mucho mayor.

Prueba, ¿qué te cuesta?, y si sale bien 😉

“Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.” William George Ward

 

Empieza por respirar

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A algunas personas les cuesta encontrar el término medio entre decir absolutamente todo lo que piensan sin paliativos y ponerse enfermo al secuestrar todas las emociones y sentimientos en su interior por múltiples cuestiones, sin poder decir nada.

En el primer caso hay personas que consideran ser honesto y sincero, y tienen a gala decirle a los demás la mayoría de sus opiniones sin analizar si son de ayuda, convirtiéndose en un vómito de basura tóxica que enrarecerá la relación bastante más y hará cualquier búsqueda de solución un infructuoso camino. Esta tarea improductiva y antisocial  de liberar los impulsos emocionales con la única intención de sentirse bien con uno mismo, conllevan los más perniciosos efectos secundarios, convirtiéndote en una persona tóxica en tu entorno.

La otra versión es, ser tóxico para ti mismo. Siendo incapaz de verbalizar lo que está ocurriendo en tu interior y que realmente aportaría contexto y raciocinio a la conversación. El miedo a no ser entendido, a ser agresivo, a molestar a los demás… hacen que, a veces, prefiramos no decirlo y seguir almacenando estos  radioactivos residuos, cuando son cada vez más las voces que los vinculan a graves complicaciones físicas.

Entre estas dos opciones, que serían el blanco y negro, hay una infinidad de grises que están deseando pintar nuestras conversaciones para favorecer nuestras relaciones, pero estad seguros de que nadie aprendió algo de esto leyéndolo, sino poniendo en práctica este tipo de conversaciones generativas y productivas.

¿Qué es lo que nos ocurre para comenzar una conversación con una intención muy clara al principio, y tras un giro inesperado hemos acabado donde nunca quisimos llegar?

Precisamente el autocontrol que no entrenamos y que pasa por cuestiones tan cotidianas como usar la respiración para poder parar, ver dónde queremos llegar y continuar el diálogo sin interferencias de emociones y pensamientos que nos desvíen de la solución.

¿Cuántas veces has oído que contar hasta diez y respirar nos puede ayudar? y ¿cuántas veces lo has hecho?

Una de las cuestiones más difíciles para aprender a tener productivas conversaciones es prepararlas y entrenarlas, ser consciente  y mantenerte consciente  y posteriormente reflexionar para poder aprender de ellas.

Si ya has podido comprobar lo indispensable y útil que te puede ser resultar  saber conversar  para conseguir objetivos y éxito, tanto en tu vida laboral como personal, comienza por respirar o busca ayuda. Tu futuro depende seguro de ello.  

 

¿Cuál es tu pasión?

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Cuando Steve Jobs dijo: “Tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con él es hacer lo que creas que es un gran trabajo. Y la única manera de hacer un trabajo genial es amar lo que haces. Si no lo has encontrado, sigue buscando. No te detengas. Al igual que con todos los asuntos del corazón, lo sabrás cuando lo encuentres. Y, como cualquier gran relación, sólo se pondrá mejor y mejor, conforme los años pasen. Así que sigue buscando hasta que lo encuentres. No te detengas” a más de uno, nos planteó  grandes dilemas.

 Si vamos analizando el pensamiento frase por frase, las reflexiones se suceden.

Que el trabajo llena gran parte de nuestra vida, al menos ocho horas, en la mayoría de los casos, tenemos certeza. A partir de ahí:

¿Qué es para ti un trabajo? y, ¿un gran trabajo?

Estar satisfecho con tu trabajo, ¿qué significa?, ¿lo estás?

¿Qué es lo que yo vas a amar cuando lo  hagas?

¿Cómo vas a seguir buscando?

¿Cómo sabrás que es ese cuando lo encuentre?

A veces nos hemos detenido poco en la selección del empleo, en numerosas ocasiones, es el trabajo, el que nos ha elegido a nosotros y lejos de plantearnos estas cuestiones, optamos, como mínimo, por dos vías muy distintas. En  una seguimos el pensamiento de Tolstói “amando lo que uno hace” sea lo que sea, con unos valores y una misión y visión  claras  de que en cualquier trabajo podemos hacer algo grande y en otra, nos mantenernos en nuestra “zona de confort”, es decir, en el mismo trabajo de siempre, que no nos gusta en absoluto pero que es un buen “pagafacturas” al final de mes. Sin darnos cuenta de que su valor irá haciéndonos decrecer  personal, emocional e intelectualmente a medida que aumentamos nuestro esfuerzo por hacer las tareas diarias.

En esta última situación  las palabras de Jobs no tienen significado  y es precisamente entonces, cuando nuestro desarrollo vital merece una reflexión.

Cuando Jobs habla de amar lo que haces, sólo quiere decir que te prestes un poco de atención y escuches a tu interior que te dirá, qué es lo que te gusta hacer, lo que haces naturalmente, sin esfuerzo, dejándote fluir, lo que estás realizando cuando pasan las horas sin darte cuenta, en lo que piensas desde cuando te levantas por las mañanas hasta que cierras los ojos para dormir. Llámalo don, habilidad, fortaleza, cualidad, aptitud…pero ¡¡úsalo!!

A veces se necesita tiempo y reflexión para advertir que, lo que a ti apenas te cuesta hacer, otros están dispuestos a pagar por ello y así te podrás dedicar a esa tu pasión. Lo que  a ti “te sale natural” a otros nos puede costar mucho esfuerzo y preferimos que otros nos los proporcionen. Piensa en ello.

Trabajando en eso que adoras, sea lo que sea, podrás ser el mejor, innovar, ser creativo, ponerle entusiasmo, ilusión, no esperar que siempre sea viernes y que  por fin para ti las palabras de Jobs tomen vida, no en tus sueños, sino en tu realidad.

 Si no puedes encontrar ese algo tuyo sólo, no lo desperdicies, busca ayuda. Todos tenemos talento para algo que se nos da muy, muy bien y nos apasiona.

Tú, ¿cambias de idea?

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Me encanta debatir. Algunas personas creen, por mi insistencia, que quiero imponer mis planteamientos cuando pregunto y repregunto, pero nada más lejos de mi intención, lo único que pretendo es indagar en  la perspectiva de los demás y revisar mi proceso lógico para mejorar mi planteamiento y solución.

 Hace tiempo que entendí que lo que pienso es fruto de mis creencias, experiencias, emociones y sentimientos, por lo que de lo que yo veo o intuyo del asunto, es una infinitésima parte de lo que puede ser una realidad vista por muchas más miradas  gestadas en otras miles de circunstancias. No quiero tener razón, quiero ir limpiando mi mente de mis juicios y prejuicios para que pueda llegar a una idea compartida, común, porque sé que es en ese estadio, en el que ganamos todos.

 ¿Qué  cosas he descubierto con esta “afición”?

Hay quien asocia el debate con el conflicto y lo rechaza de entrada, les pone nerviosos, les parece que les hace vulnerables o que es demasiado agresivo y lo evitan.

Hay quien  no escucha, porque insiste una y otra vez en su planteamiento sin referirse a los argumentos del otro y cuando lo haces con los suyos, sintiéndose “acosado” cambia de tema o introduce un elemento disuasorio.

Hay quien no quiere un planteamiento holístico que vaya conectando unas cuestiones con otras y relacionando sus efectos, pero tampoco uno específico en el que haya que darle bastantes vueltas a detalles de la posición propia y a la ajena. Además de no querer reconocer, en algún caso, que en algunas cuestiones, o  no habíamos visto esa perspectiva, o necesitamos un tiempo para pensarlo.

 Cuando uno sabe que no tiene la verdad suprema y que su punto de vista es uno más, se enfrenta mejor a esta indagación a través de la palabra, sin miedos, sin tomarlo personal, sin sentirse mal, acosado, avergonzado o culpable.

 Cuando uno sabe que cambiar de opinión no sólo es sano y saludable, sino que también demuestra que utilizamos  nuestra cabeza para analizar, incorporar y matizar ideas, mejora. Lejos de entenderlo como una falta de seguridad y de confianza, cambiar de idea, significa más fortaleza, integridad y respeto por los otros, fruto del aprendizaje mutuo.

La fuerza, ocurre como con los metales, está más relacionada con la elasticidad y la flexibilidad que con la rigidez. Como decía el dramaturgo noruego Francis Picabla que  “nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección”.

Tú, ¿utilizas tu cabeza?

Lo que no se ve

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Cuando vemos a alguien que, a nuestro juicio, tiene una limitación física, rápidamente se mezclan en nuestra mente distintas emociones que se revuelven  y combinan, casi siempre basándose en lo obvio, lo que se ve,  para acabar compadeciéndola y  agradeciendo no estar en su misma situación.

Seguramente por miedo no hemos entablado una conversación con ella acerca de cómo ve y siente ella misma eso que nosotros desde nuestra “cómoda” posición, consideramos limitación. Si no, podríamos observar y reconocer cómo muchas de las limitaciones y miedos que pueden exteriorizar, coinciden con los que nosotros mismos tenemos  y a los que no damos demasiada importancia, sólo  porque a simple vista no se ven.

Lo que ocurre en ambos casos es que el efecto final, que nosotros vemos tan evidente en cuestiones físicas, es prácticamente el mismo, ejerce una limitación mental en nosotros y es, que al servirnos de excusa, ni siquiera lo intentamos.

En el elaborado proceso de esconder nuestros miedos tras estas “evidentes razones”, atacamos al contrario, desarrollamos comportamientos conservadores y no arriesgamos lo más mínimo para no enfrentarnos a lo que en nuestra mente está escrito en letrero luminoso que alerta ¡Fracaso! o al esfuerzo que conlleva conseguirlo.

Además esa conmiseración que desarrollamos al verlo desde nuestra exigua experiencia y sin ponernos en sus zapatos, nos hace ser excesivamente permisivos, no impulsar ni entusiasmar  a los demás porque pensamos que nosotros no podríamos hacerlo en su lugar. Sin ser conscientes de que hay muchas personas que, animadas por su entorno, han sido capaces de grandes gestas sólo porque creyeron en ellos.

Todo lo que se realiza con maestría lleva aparejadas miles de horas de entrenamiento que en caso de, no creer que puedes, no habrán tenido lugar, por lo que incluso no llegarás a ser siquiera aprendiz de nada.

Hay quienes  no queriendo ser partícipes de estas limitaciones se exceden en sus críticas y vapulean con la intención de mover a la acción sin empatía alguna, como si trasladar  a otros el discurso que ellos mismos  merecen mitigase su responsabilidad y sacase a empujones a los demás de su zona de confort.

Entre las dos posiciones  conseguir que volvamos a creer en nosotros mismos y desarrollemos un equilibrio que empodere a la persona, sin minar su autoestima y sin que se sienta agredida o amenazada es el reto.

 

¿Te atreves?

¿Qué pasa con tu trigo?

trigo

 

 

«Cuenta una  parábola antigua. Y debe ser muy antigua porque en aquellos días Dios acostumbraba a vivir en la tierra.

 “Un día un viejo campesino fue a verle y le dijo: ―Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: No eres un campesino, no conoces ni siquiera el ABC de la agricultura. Tienes algo que aprender.

 Dios dijo: ―¿Cual es tu consejo?

El granjero dijo: Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos que pasa. La pobreza no existirá más.

 Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente pidió lo mejor y solo lo mejor: ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano.

 Todo confortable, cómodo y él era muy feliz. El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Este año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

 El trigo crecía tan alto….que el granjero fue a ver a Dios y le dijo:¡Mira! esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aún así tendremos comida suficiente.

 Pero cuando se recogieron los granos estaban vacíos. El granjero se sorprendió. Le preguntó a Dios :¿Qué pasó, qué  error hubo?.

 Dios dijo: Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tú  evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente.

 Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo.

 La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad. A esto se le llama entendimiento. Entendiendo este secreto descubrirás cuán grande es la belleza de la vida, cuanta riqueza llueve sobre ti en todo momento, dejando de sentirte miserable porque las cosas no van de acuerdo con tus deseos.»

 ¿Cuántas veces al día te quejas de algo que deseas que cambie ?

¿Qué está en tu mano cambiar de ello?

 ¿Qué haces para cambiarlo?

¿Cómo afrontas lo que no crees que puedes cambiar?

 ¿Has pensado cómo sería tu vida si  todo lo que deseas se te concediese?

 ¿Qué impacto tendría en ti? y ¿en los demás?

 ¿Con qué condiciones sabes navegar por la vida?

Si lo piensas y «lo entiendes» es difícil que todavía te sientas miserable…