¿Qué combustible usas tú?

combustible

 

 

Quizá  es un símil que ayuda a reflexionar sobre el tema, los combustibles, Cuando «Combustible es cualquier material capaz de liberar energía cuando se oxida de forma violenta con desprendimiento de calor. Supone la liberación de una  energía de su forma potencial  a una forma utilizable sea directamente  o energía mecánica». Además  cuando amplío mi perspectiva y pienso en el bienestar que ha traído a nuestras  sociedades dando vida a multitud de máquinas, cada vez  me  parece más interesante la relación.

En principio tenemos las máquinas apuradas, nuestros cuerpos y nuestros cerebros,si los «alimentamos» correctamente o por lo menos no abusamos mucho de ellos, funcionan bastante bien. Aunque quizá no esté de más que los agradezcamos más a menudo lo que hacen por nosotros.

Los objetivos, los hemos trabajado, los hemos escrito, visualizado, redefinido, dividido en pequeñas tareas y soñado tantas veces que tenemos el destino o por lo menos gran parte del camino  bastante claro.

Y sin embargo nos falta el combustible, nos faltan esos sentimientos que cargados de emociones nos harán pasar a la acción, que es la última parte de la fórmula mágica para producir el efecto de las palabras  y situaciones soñadas, liberar la energía y que sea utilizada.

Entre estos combustibles  podemos resaltar, como hace Jim Rohn, cuatro:

 El hartazgo, cuando ya no puedes más porque no soportas esa situación durante más tiempo, ni la imagen que tienes de ti, o lo que te dices cuando no lo haces, ese “estoy harto” que será un antes y un después.

La decisión, acorralados contra la pared, tras analizar por enésima vez  los pros y contras sabes que en esa encrucijada sólo sufrirás más, y por lo tanto das un paso al frente sabiendo que cualquier decisión es mejor que no tomar ninguna y no ser dueño de tu destino.

El deseo, la imagen, lo que te dices o lo que sabes que ocurrirá es tan intensa y tan atractiva que te hace no claudicar en tu  empeño, haciendo que cada obstáculo que encuentras en el camino lo utilizas como una piedra que te elevará más alto y por lo tanto te llevará más lejos en tu empeño. Bienvenido sea tanto si surge del interior como si es impulsado  por causas exteriores

Y la determinación, lo tienes tan claro que lo quieres hacer y “lo harás”, te prometes a ti mismo que no desistirás jamás y con ese mantra, pase lo que pase, sólo serán resultados de formas diferentes de enfocar lo que encuentres en tu camino.

Repasa estos combustibles y ordénalos por orden de uso, cuál será el mejor para ti, el que te resulta más efectivo y  de cuál o de cuáles te nutres cuando mejor te va.

Después, cuando hayas llenado tu depósito a tope, con el de 2014, tengas el destino en el GPS y hayas pasado la ITV, pregúntate: ¿por qué debo intentarlo?, ¿por qué no?, ¿y por qué yo no? Y finalmente  ¿por qué ahora no?

¡Buen viaje!

Tu jaula

 

jaula

 

En cuántas ocasiones hemos pensado que tomar una decisión acerca de una situación que nos atañe era imprescindible  y no lo hemos hecho.

Hemos preferido ir construyendo con cada pensamiento un barrote de nuestra jaula en la que cada vez era más difícil moverse y nos costaba hasta respirar.

La ansiedad de atisbar un futuro nada halagüeño ha sido la excusa para seguir disfrutando de ese aire irrespirable, de esos pensamientos que iban minando nuestra determinación, nuestra autoestima, nuestro entusiasmo, nuestra ilusión. Despojándonos de todo lo habíamos construido con esfuerzo.

La mente es clave en nuestra actitud, si demoramos mucho estas decisiones, esa actitud no sólo flaquea, si no que nos pone en una situación cada vez más difícil que afecta a nuestro propio ser. Dudamos de nosotros mismos.

Lo que hacemos o tenemos no puede ser una puerta abierta para que cualquier circunstancia haga temblar los cimientos de nuestra propia persona y nos cuestionemos nuestras habilidades y capacidades, de manera que una vez heridos  podamos ser pasto de cualquiera desalentadora opinión.

Todas las personas tenemos aptitudes que desarrolladas con la apropiada actitud hacen que florezcamos en  aquello  a lo que nos dedicamos con la conciencia de tener una misión, valorándose  nuestras aportaciones y dándonos la suficiente confianza para que el estrés, ese gran enemigo de todo lo que fluye entorno al talento, no nos deje navegar en cortisol y nos exponga a infinidad de enfermedades, dejando paso a la serotonina y la dopamina como animadas compañeras de viaje.

Lo que hacemos o tenemos no es lo verdaderamente importante, tampoco lo que los demás piensen sobre nosotros. Lo importante es lo que nosotros mismos pensamos. No hace falta vivir un episodio traumático que nos desespere para resurgir de nuestras cenizas o plantearnos qué es lo importante, de cada momento,  de hoy de ahora y disfrutarlo.

Agradecer constantemente lo que somos y lo que podemos disfrutar a nuestro alrededor sin necesidad de esforzarnos siquiera es una buena receta para alejar los tiempos de tribulaciones en los que todo nos parece navegar en aguas fieras y procelosas, sin la nave adecuada.

Cada minuto que pasa y sigues donde estabas sin tomar una decisión, una mínima acción, que te acerque a tu objetivo o que te aleje de ese foco de malestar, estarás haciendo más y más pequeña tu jaula.

Sólo se necesitan unos segundos de coraje al día, cada día, para levantar un teléfono, escribir un correo, hablar con alguien o hacerte las preguntas que evitas constantemente para no seguir haciéndote el harakiri, dar un paso al frente y ver que no ocurre nada.

Siempre vuelve a salir el sol, no desaproveches tus noches pergeñando pesadillas.

Darte cuenta al final de tu vida de que has huido en su mayoría de fantasmas que tú mismo creaste, será seguro un lamento más. No merece la pena invertir tanta energía. HAZ ALGO.

¿De qué eres aprendiz?

aprender

 

“No es cierto que hayamos entrado en la era del conocimiento. Hemos entrado en la era del aprendizaje. Si no aprendemos continuamente quedaremos marginados”

José Antonio Marina

Entre los valores a los que doy más importancia en mi vida, el aprendizaje es uno de ellos, el tiempo y la experiencia me han hecho reflexionar mucho sobre este concepto y reconstruir  y repensar varias veces mi relación con él.

Mi interacción temprana con las nuevas tecnologías me ha hecho tener con el aprendizaje una relación con dos perspectivas una la  facilidad de acceso a todo tipo de formación e información, en muy poco tiempo y la constancia de la gran cantidad de recursos, algunos de gran calidad a mi disposición, que han generado en mí, tanto entusiasmo como una cierta ansiedad por lo inabarcable de la cuestión.

La segunda perspectiva que me ha mostrado la tecnología es la importancia de saber admitir y decir “no lo sé” para poder partir de esa base cuanto antes y empezar a construir. Esta enseñanza que comenzó tras buscar el botón de inicio, hace casi treinta años de distintos dispositivos,  puso en marcha el mecanismo que ha hecho que siempre sienta esa necesidad de aprender, preguntar sin miedo, ni vergüenza por muy estúpida o básica que pareciese la pregunta.

Quienes no admiten esta posibilidad y se estancan en un conocimiento basado en unos pocos años y repetido a la enésima potencia, nunca entenderán que con las mismas herramientas y modos de proceder, siempre acabará produciendo resultados similares.

Además todo y todos serán motivos para sentirse atacados por el  miedo y la inseguridad, cuando oigan la palabra reinventarse o vean o escuchen a otros, acercarse con curiosidad y ganas a trabajos y tareas que pueden ser concomitantes con los suyos. Estas dudas y esos miedos no les dejarán en paz.

Reconocer que no se sabe, forma parte de la persona que quiere aprender  y no implica, como algunos creen, vulnerabilidad alguna, acaso ¿existe la posibilidad de saberlo todo?. ¿Quién es quien dice lo que se debería o no saber?, quizá sólo quien supiese de todo.

A veces sólo pensar en el agónico esfuerzo que llevan a cabo quienes hacen depender el aprender sólo de ellos mismos, para no reconocerlo ante los demás, me asombro.

La necesidad y la motivación, son tuyas pero son los demás con sus libros, conferencias, talleres, cursos, mentoring, coaching, masters, quienes ponen a nuestra disposición lo necesario para aprender.

Recuerda cualquier tarea que ahora te resulte rutinaria, como conducir o algún deporte que practiques pasaste seguro por las cuatro fases del aprendizaje,  de la incompetencia inconsciente, “no sé lo que no sé”, al estado de competencia inconsciente, a ese estado de fluir, en el que hemos interiorizado la habilidad hasta hacerla automática.

Aprender requiere altas dosis de seguridad personal para reconocer que no se sabe, se tenga la edad que se tenga, para  pedir ayuda, solicitar la opinión de los demás respecto de nuestro desempeño  y escuchar más de lo que hablamos.

 

Si ya sabes decir “no lo sé” y todo esto  estás dispuesto a entrenarlo, ya eres un hombre o una mujer de tu tiempo.

“Yo no creo mucho en un hombre que no es más sabio hoy de lo que era ayer”Abraham Lincoln  ¿Ytú?

La cobra amable

cobra

 

 

Este cuento indio “La cobra amable” nos traslada una historia cuya metáfora nos puede hacer descubrir algo inesperado sobre nosotros mismos.

«En la India se explica una historia referente a una cobra, animal conocido por su agresividad. Parece ser que esta cobra era muy mala y como vivía cerca de un poblado no pasaba día sin morder a algún habitante del mismo.

Cansados de tantas muertes los sufridos pobladores deciden buscar una solución definitiva al problema. Pero la astuta cobra sabía esconderse y no había manera de matarla. Así que los ancianos del pueblo se reunieron para encontrar otra solución.

Después de barajar varias alternativas, y dado el profundo espíritu religioso de los hindús optan por una muy original: traer al pueblo un santón que habla con los animales y esperar que este convenza a la cobra. Y así lo hacen. Llega el santón y se pone a meditar en la entrada del pueblo allí donde merodea la cobra. Al poco tiempo sale la cobra. Pero el hombre santo la convence con su fuerza interior. La cobra le pide a cambio que el pueblo se comprometa a su vez a no matarla.

Así lo hacen. La cobra no matará a nadie y los habitantes del pueblo no la mataran. Al poco tiempo la cobra decide salir a comprobar si es cierto el compromiso. Y en efecto así es. Poco a poco la cobra se aventura a tener mayor relación con los humanos llegando incluso a entrar en el pueblo y dormir en la casa de alguno de sus habitantes. La cobra y el pueblo se han hecho amigos.

Pasó el tiempo, y la cobra se convirtió en uno más del pueblo. Dicen que incluso cambió de aspecto. Se convirtió en una especie de gusano largo y blanco. Jugaba con los niños en las plazas y era amiga de todo el mundo. Pero poco a poco se fue olvidando el pasado y los niños la insultaban en sus juegos: gusano miedoso y tonto, le decían

La cobra harta de tanto insulto y de contener su agresividad por respeto al compromiso que hizo al santo, decidió volver a verlo y buscar una solución. Así que se presento en la choza donde este vivía y le dijo:
– No sirve de nada ser buena. Fíjate cómo me lo pagan.
Y el anciano santo le contestó:
– Me parece que no acabaste de entenderme: yo te prohibí matar pero no te prohibí silbar.»

Antes de seguir leyendo, reflexiona sobre qué te aporta a ti este cuento y cómo lo puedes trasladar a tu entorno, después si te interesa tener otra perspectiva, adelante.

Cuando me enfrento a una persona cuya actitud se basa principalmente en que los demás le teman, y forma parte de su estrategia tanto el mal humor como las palabras rudas o fuera de tono, sin empatizar y viven en el modo orden, siempre me pregunto qué es lo que le habrá hecho llegar a la conclusión de que esa es la mejor forma de interactuar con los demás, qué lucha estará librando por dentro, qué es lo que le hace confundir respeto con miedo y qué podría ayudarle y sacarle de esa zona.

En bastantes de las personas así, que más tarde he acabado conociendo, empezó siendo una defensa contra los demás, para poner tierra de por medio y evitar que supuestas debilidades se vean de cerca,o que traspasen límites en el trato,  por ejemplo personas que por inseguridad producida por cuestiones como su juventud en puestos directivos o su falta de conocimiento en el desempeño de los mismos o en la comunicación con lo demás. Estas personas lo utilizan como una protección que al final se convierte en un hábito y que es visible ante todos menos ante quien lleva a cabo esta estrategia o los que están en su misma situación.

¿Qué es lo que les lleva allí?, para mí la falta de reflexión al afrontar las nuevas funciones y la falta de una elección consciente de qué tipo de jefe, amigo o persona se quiere ser y segundo un entrenamiento responsable para sentirse bien y cómodo en su nuevo papel.

Una de las cuestiones que puedes trabajar es la asertividad, si no vas construyendo tu persona de acuerdo con tu ser y siendo asertivo, e indicando a los demás lo que te molesta y lo que no, según va ocurriendo, puedes correr el riesgo de acabar con un comportamiento pasivo que será interpretado como dócil y sumiso y aprovechado por algunos, cuando nada tiene que ver contigo, sólo porque no sabes poner los límites o, por el contrario, te situarás en una posición de agresividad que se defiende constantemente de todo y de todos, minando tu energía.

Si eres cobra y estás decidida a vivir entre los hombres, a lo mejor debes aprender a silbarles de vez en cuando.

  ¡Buen fin de semana! 🙂

 

El menú de tu contestador

menu

 

 

¿Qué opciones tiene el menú de «tu contestador»?, no, no me refiero al de tu teléfono, me refiero al tuyo, te pregunto por la forma en que tienes de contestar: ¿eres automático?, ¿tienes alternativas?, ¿lo haces conscientemente?, ¿escuchas antes?

Una de las habilidades que más útil te puede resultar, tanto para tu vida  como para tu trabajo  y de la que depende al 100%  que tus contestaciones sean las idóneas, es la de escuchar.

Al igual que es una de las más útiles, es  difícil  de encontrar y  también es  a la que más cuesta habituarse. La mayoría estamos acostumbrados a hablar y hablar sin parar, con discursos elaborados y automáticos  que no tienen en cuenta las peculiaridades de la otra persona, ni del tema, que no requieren mucha reflexión en el momento y por lo tanto están llenos de interpretaciones y suposiciones que hacemos sobre todos los elementos, sin más.

En muchos casos este hábito se debe a la relación estresante que tenemos con el silencio. A veces malinterpretamos que si tardamos en contestar, se debe a falta de reflejos o  de información y conocimiento. En lugar de comprobar  si hemos estado atentos a la conversación y  hemos escuchado con interés -que será cuando comprobemos que antes de decir nada, necesitaremos preguntar para completar el mensaje a la vez que mostramos interés por la otra persona- esa embarazosa situación, nos hará interrumpir, apostillar o hablar sin porqué.

En otros casos contestamos pensando sólo en nosotros mismos, en parecer graciosos, ocurrentes, irónicos, inteligentes y soltamos la primera  alambicada inoportunidad que se nos ocurre con esa intención. No teniendo en cuenta que el daño que hayamos podido provocar en la otra persona además de gratuito es difícilmente reparable, con lo que no sólo nos hemos conseguido nuestra finalidad sino que hemos recorrido largo trecho en contra. Lo mismo ocurre cuando minusvaloramos a los demás y pensando en que no nos van a aportar nada, nos empeñamos en ilustrarles constantemente, haciéndoselo notar. Si quieres animarte tú, anima a los demás, te será más rentable.

Una opción más consiste en contestar lo primero que se nos pasa por la cabeza, arrojando sobre nuestro interlocutor todas las emociones de las que somos víctimas, sin reparar en que nuestro estado de ánimo apenas tiene algo que ver con el tema que se trata o con quién se trata. Esa falta de consciencia también hará que los demás acaben etiquetándonos, como unos huraños y gruñones impenitentes.

Si realmente quieres mejorar tu dispositivo tendrás que empezar por concentrarte en escuchar mejor a los demás, en pensar que todo el mundo te puede aportar una perspectiva interesante en tu desarrollo, preguntarles e informarte sobre lo que te están contando, lo que les preocupa, hacer esto no sólo con el oído sino poner todos tus sentidos en ello, para poder leer el lenguaje corporal, el tono, los gestos y finalmente cuando vayas a contestar, piensa si lo que vas a decir merece la pena.

Cuáles han sido hasta ahora las opciones de tu contestador automático y cuáles serán a partir de hoy? 😉

 

Yo, primero

 

yoprimero

 

 

Aristóteles muy acertadamente definió la virtud como el término equidistante entre dos vicios, y sobre ese ansiado lugar y respecto de nuestras necesidades, quiero reflexionar hoy.

 Aunque no quererse uno mismo, desdeñar siempre  las necesidades de uno y anteponer las de los demás  por encima de todo, tiene devastadoras consecuencias sobre la construcción de la autoestima y la sana relación con los demás, hoy quiero hacer hincapié en el otro «vicio», en la de las personas que apenas consiguen salir de sí mismas, de sus tribulaciones y problemas, para preocuparse por los demás.

La mayoría de las personas que enfocan y centran toda su atención en sí mismos, dedican mucho de su tiempo a buscar qué es lo que están perdiendo en sus vidas y a tratar de recuperarlo sin mucho acierto.

Además como explica Menninger en la búsqueda de estas necesidades producen efectos colaterales que seguramente te interesará saber:

Si buscas sentido de pertenencia, te sentirás inseguro

Si buscas sentido de la valía, inferior

Si es sentido de la eficiencia, inadecuado

Y si buscas sentido del propósito insignificante.

Esto es producto principalmente del ensimismamiento que provoca no darse a los demás, no  interesarse por ellos y por cómo ayudarles  y no parar de surfear la ola de cómo estoy, qué voy a  hacer con mi vida, qué me falta para tal o para cuál  cuestión, etc.

Estas disquisiciones se agolpan en nuestra mente precisamente porque somos nuestra única preocupación, ¿en qué repercute?, en todo, en nuestra productividad, en nuestro ánimo, en nuestra energía, en todo nuestro ser y no para beneficiarnos precisamente.

 Desarrollar una estrategia de ayuda a los demás es una de las soluciones  que puedes implementar y que te ayudará más a salir de ese bucle.

Incluso, quizá, te estás tomando muy en serio y un poco de humor y reírte de ti mismo también te irá bien.

 Si quieres empezar a trabajar esta estrategia, que además te evitará que pienses en ti, en tus fracasos y tus debilidades, sigue los pasos que recomienda John C. Maxwell:

  • Pon a los demás primero en tus pensamientos. En lugar de pensar en tu comodidad, tu percepción y tu estricto interés, interésate en hacerlo con los demás.
  • Descubre lo que los demás necesitan. Escucha y añádeles valor.
  • Satisface la necesidad con excelencia y generosidad. No hagas las cosas a medias y tampoco las hagas para quejarte, refunfuñar o presumir. Espera a que cristalice la satisfacción personal.

Y en lugar de todas esas cuestiones con las que te bombardeas a menudo sobre ti, también cuestiónate sobre:

¿A quién estoy beneficiando con mi vida?

¿A quién estoy ayudando que no puede devolverme el favor ayudándome?

¿A quién estoy levantando que no puede hacerlo por sí solo?

¿A quién estoy dando ánimo diariamente?

 

Despreocúpate por fin de ti.

Foto:F5onlinerevista

¿Tienes o haces?

picnic

 

“El dinero no da la felicidad” este viejo adagio que tanto repetimos, es en realidad una justificación para aceptar de mala gana las situaciones económicas que no nos gustan  o es el mantra que nos recuerda una realidad que incluso los estudios constatan.

Seguramente si nos ponemos en la situación de no tener dinero del que disponer para nuestras  necesidades más básicas, nuestro pensamiento, lo que sí concluirá es, que  la falta de dinero acaba con la felicidad desde el momento en que arroja sobre nosotros preocupaciones  y cuestiones que lejos de proporcionarnos oportunidades y opciones nos estresan y  soliviantan.

Y si nos detenemos entonces a pensar en todas esas personas que habitan en otros lugares del mundo donde las necesidades se multiplican a la enésima potencia, podemos concluir entonces que puedan ser felices en algún momento.

Qué ocurre para que en el Ranking de Felicidad de 2013, en el que se miden la esperanza de vida, la percepción del bienestar y la huella ecológica,  los habitantes de países como Costa Rica, Vietnam o Colombia sean mucho más felices que los alemanes, españoles o estadounidenses.

Que ocupemos el número 62 en esta lista y que los países que consideramos más avanzados no sean los más felices, ¿nos envía algún mensaje?. Cada uno de nosotros, ¿se siente afortunado de poder vivir en un país como el nuestro?

Tiene algo que ver que no seamos conformistas y queramos mejorar con que todo lo veamos mal y tengamos la sensación de no disfrutar de un merecido bienestar y por lo tanto no seamos lo suficientemente agradecidos como para ser felices con lo que tenemos.

Sabemos agradecer las oportunidades que tenemos a nuestro alrededor o a lo mejor damos demasiadas cuestiones por hecho a lo largo del día, empezando porque despertarnos y respirar lo consideramos normal.

Y si consiguiésemos desarrollar estrategias  que no tuviesen que ver con la consecución de la felicidad basándola en  referencias externas y además materiales,

Si dejásemos de recordar y enumerar lo que no tenemos y empezásemos la lista contraria. Si contabilizásemos como doble las cosas que disfrutamos y que sin embargo, damos por hecho y en realidad no tenemos aseguradas.

¿Son cosas lo que nos hace felices? Realmente queremos trabajar más horas y ganar más dinero para acumular más objetos, casas, coches… está ahí nuestra felicidad. ¿Cuánto nos dura la satisfacción de estas adquisiciones?, ¿cuánto tardamos en sobresaltarnos con un nuevo modelo, con un deseo de un casa más grande?

Y si damos un paso en esta dirección  y hacemos caso a lo que explica Robert Frank en su libro “Luxury Fever”, y si en lugar de comprar y poseer cosas, obteniendo sentimientos de frustración, gastamos el dinero en experiencias, especialmente las que llevamos a cabo con otras personas, las que nos procuran emociones positivas, que tienen para nosotros mejor significado y de las que guardamos mejores recuerdos.

Ir a conciertos, hacer picnics al aire libre, cenas, comidas, viajes en grupo… cualquiera de estas actividades,  dan más placer que las compras materiales.

Además si el dinero es gastado en los demás, el impulso a tu felicidad será mucho mayor. Invitar a un amigo a comer, comprar algo a tu familia o donar una cantidad a alguna persona o proyecto, te demostrará que esa emoción es más reconfortante que gastarlo en nosotros mismos.

Has reparado alguna vez en qué gastas tu dinero principalmente. A partir de hoy haz una lista de tus gastos de este mes. Observa si gastas más dinero en experiencias que en cosas, si tu columna de “hacer” es mayor que la de “tener”, estás trabajando en tu felicidad si no, es hora de invertir mejor. 😉

¿Construyes tu perrera?

caseta

 

De nuevo una sugerente historia  para reflexionar sobre otro comportamiento que seguro que os suena de algo 😉

PERRERA

“Cuando llega el invierno, el perro siente frío. Se dice entonces: 

 «Necesito absolutamente una perrera. ¡Cuando vuelva el verano, me haré una de piedra, para pasar en ella el invierno!» 

 Pero, cuando llega el verano, nuestro perro recobra vigor y se pone de nuevo grueso. Orgulloso de su nueva fuerza, dice: 

 «¡Ninguna vivienda es suficientemente grande para mí!» 

 Y, ahíto, va a tumbarse perezosamente a la sombra. Por mucho que su corazón le diga: «¡Anda! ¡Construye tu perrera!», él se dice a sí mismo: «¿Qué perrera sería digna de acogerme?» 

 Cada vez que caes enfermo, tus deseos y tus ambiciones pierden su fuerza y construyes una casa de arrepentimiento. “

 

¿Cuántas veces cuando hemos estado en una situación determinada y  hemos hecho miles de propósitos para que la siguiente vez que tuviésemos que enfrentarnos con esa situación tuviésemos más herramientas?

¿Cuántas veces cuando hemos sufrido una enfermedad, hemos hecho el firme propósito de cuidarnos más, de hacernos más revisiones, de comer  mejor, de hacer más ejercicio, de tomarnos las cosas menos en serio, con mejor humor?

¿Cuántas veces en una situación laboral nueva hemos hecho el firme propósito de formarnos en tal o cual programa, aprender o mejorar el idioma, montar tal o cual negocio, estudiar esto o lo otro, aumentar nuestra formación y nuestra empleabilidad para enfrentar mejor las entrevistas?

¿Cuántas veces hemos prometido portarnos mejor con los demás, agradecer lo que hacen por nosotros, sobre todo cuando nos invaden emociones positivas, cuando estamos de buen humor y acertamos a ver lo bueno en cada uno y lo mucho que ellos nos han aportado y cuanto hemos aprendido?

¿Qué nos ocurre, qué te ocurre, para que cada año prometas construir tu perrera en invierno y llegue el verano  y no lo hagas?

¿Qué ocurrirá cuando te veas en la misma situación otra vez?, ¿habrás aprendido o te sumarás sin más al “tropecé de nuevo con la misma piedra”?

Sabes que la próxima vez que te ocurra además de encontrarte en esa situación también te afectará no haberle puesto remedio y en lugar de estar en el punto cero, estarás en  negativo respecto de tu estado interno, por tu poca fe en ti mismo.

Sabes que empezar con mini acciones pondrá en marcha tu casa y sin apenas esfuerzo cuando llegue el invierno conseguirás varias cosas: tener tu perrera construida,  además estar orgulloso de ti mismo  por haberla hecho tú mismo y con la suficiente confianza como para estar decidido a ponerte objetivos más audaces.

No esperes a estar en tus últimos días de vida para tener tantos “pude haber sido” y “pude haber hecho” convertidos en sólidos barrotes que hagan que lo que has construido te parezca una cárcel de arrepentimientos.

De ti depende que enfermes o  no.

¡¡Buen fin de semana!!

Foto:protectmadera

Falsos dilemas

dilema

 

Economistas conductuales, como el genial Dan Ariely, han demostrado que nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo para tomar muchas decisiones en nuestra vida y que nos planteamos las cuestiones desde ópticas bastante simplistas, rigiéndonos más tarde por esos automatismos.

Si os dais cuenta últimamente  “hay que elegir” entre estar a favor de los «ricos» o de los «pobres», que las personas tengan varias casas o se las expropien,  entre lo malo y lo menos malo,  entre el desalojo y que cada uno se busque la vida con tu banco rescatado, o estar del lado de la economía o del medio ambiente, no hay término medio, te tiene que gustar el frío o el calor, el dulce o el salado, el empleo que tienes o no tenerlo, trabajar en tu ciudad o en otro país, emprender en solitario o trabajar para otro, entre trabajo o  vida personal, entre estas medidas políticas o  las contrarias…

Estas decisiones que intencionadamente que se  plantean desde lo que los anglosajones denominan el “ Fool´s Choice”, como un dilema,  nos invitan  graciosamente con la intención de facilitarnos la vida. Hacen que estas falsas disyuntivas nos paralicen, desmoralicen y parezcamos cada vez más un rebaño fácil de guiar, al interiorizar este modo de proceder  y convertirlo en automatismos con los que vivimos. Cuando lo único que necesitamos son personas que nos abran el abanico de posibilidades en todos los campos y nos hagan trabajar y pensar con entusiasmo e ilusión para innovar, transformar y  mejorar nuestras decisiones y nuestro alrededor.

Decidir entre dos cuestiones, cuando las opciones pueden ser infinitas, hace que nos sintamos estresados, esto a su vez  hace que nuestras oportunidades y   opciones se reduzcan drásticamente, que no sintamos desvalidos, desasistidos, incapaces,  que elijamos  sin criterio y por necesidad. Es como si tuviésemos que elegir entre a quién queremos más a papá o a mamá.

A lo mejor en pequeñas cuestiones sí podemos y debemos  ser así de reduccionistas para no eternizar la cuestión,  pero en otras que afectan seriamente a nuestra convivencia y nuestro desarrollo, este simplismo nos perjudica  y no nos permite avanzar.

Cuando todavía leo cuestiones de hace cien años como recetas para gobernarnos, me espeluzna que hayamos conseguido tantos avances científicos y en el desarrollo humano y político sigamos en pañales.

Personalmente a mí ya no me convencen, ni me atemorizan con  amenazas de que la otra opción única será devastadora para mi intereses, cuando si analizo, lo que obtengo en cualquier caso es, más de lo mismo: temor. Ya me ocupa y preocupa bastante mi futuro para que jueguen con mis miedos como estrategia. Yo quiero ampliar mis opciones, oportunidades, retos, desafíos, objetivos.

Requiero unos nuevos líderes sociales, políticos, sindicales, empresariales  que empaticen con los sentimientos y necesidades actuales de los ciudadanos, no en contra de nadie, sino a favor nuestro y quiero que me resuelvan lo que acontece en la sociedad, ahora, multiplicando las oportunidades y las opciones de avance, sin causar otros problemas y resolver esos otros. Inspirándome más que desesperándome, ¿pido tanto?

Líderes, personas seguras, que antepongan nosotros a yo,  comprometidas, que no vean la vida en blanco y  negro sino que se atrevan a escuchar, a probar a pintar  con todos los colores, con conocimiento, valentía y afán de servicio a la sociedad, que  crean más en nosotros y nuestras capacidades para remontar, que en ellos, que sean capaces de partir de lo que nos une y no de lo que nos separa, que maticen, prueben e implementen sin complejos fórmulas nuevas para producir efectos nuevos.

Conmigo que no cuenten para ratoncito tras su flauta. Sólo lo haré cuando suene la música de unos músicos que realmente estén más pendientes del público que de mejorar sus instrumentos y de lo que les interesa tocar.

¿Cómo te ven?

knowyourself

 

Puede que alguna  vez que hayas decidido cambiar algo de tu personalidad para bien,  lo hayas aplicado muy pocas veces antes de darte por vencido pensando en la inutilidad del esfuerzo y la nada inmediata recompensa.

Crees que los demás deberían haberse dado cuenta de toda  esta energía que estás poniendo en tu nuevo desarrollo y felicitarte por ello y sin embargo no lo hacen. Piensas que esto o lo otro te pasa por bueno, por paciente, por agradecido y que no te volverá a ocurrir. Qué oportunidades le has dado al cambio.

Seguramente una de las causas por las que te ocurre es que tu cambio sólo se ha realizado a nivel  mental, es decir, ya eres consciente del cambio que quieres hacer y lo piensas, sin embargo si ni siquiera has pasado a la acción, seguro que entenderás que es difícil que se note.

En otro caso, puede que lo hayas entrenado tan pocas veces que a tu alrededor, poco acostumbrados a que utilices otras estrategias y mejores, pendientes  en mayor medida de ellos mismos, no han reparado en tu cambio.

Y como otra  tercera opción, tu comportamiento no está reflejando bien el cambio que querías hacer, puesto que lo que tú piensas y haces y lo que los demás ven sólo se puede saber si confluyen, cuando preguntas.

Recuerdo una vez cuando alguien que presumía de su generosidad como una de sus virtudes principales, tras ser preguntada del 1 al 10 cuán  generoso era se dio un modesto 6. La prueba que posteriormente le propuse fue que preguntase a las personas que mejor le conocían en su entorno, respecto de ese valor, en que número de la escala le consideraban. Su cara era de estupefacción cuando a la  semana siguiente, la media de sus evaluaciones había sido dicho por él un “raquítico cuatro”.

Esto  nos aporta varias cuestiones, la primera es si “ser generoso” implica lo mismo para dos personas, una puede referirse en exclusiva a asuntos de peculio, y otra puede ser que incluya acciones desinteresadas, sentimientos hacia los demás… y un sinfín de combinaciones sobre las que sugiero ponernos de acuerdo antes de preguntar.

En segundo lugar que muchos de los comportamientos que desarrollamos y que afectan a los demás los tenemos tan automatizados que apenas pensamos en actuar de otra manera y nos cuesta adelantar ese pensamiento antes de obrar. Lo ideal será seguir entrenando.

Y tercero que lo que nosotros creemos que estamos proyectando hacia los demás puede ser contradictorio con lo que queremos expresar porque no sabemos cómo nos perciben otros, nuestros gestos, lenguaje, tono, apariencia, nos pueden estar jugando una mala pasada. Si infundes la suficiente confianza en otros, podrás beneficiarte de su sincera opinión para mejorar, si no siempre seguirás vistiendo el «Traje nuevo  del Emperador» de Andersen.

Cuando vuelvas a pensar que nadie ve tu cambio, a lo mejor es que no te conoces lo suficiente.

¡Gracias Rafa!

rafa

 

Comienza el partido, pierdes el primer punto, y tras mucho esfuerzo el primer set, te quedan muchos puntos por delante, es más, cada juego, aunque parezca que con 40 ya está todo hecho, puede que uno tras otro los fallos te lleven a la ventaja y lo pierdas.

Cómo  fortaleces tu  mente de tal forma que cada golpes que da tu raqueta parezca el primero y el último, como si lo que hubiese ocurrido antes y lo que pueda pasar después no existiese, concentrándote en cada instante.

Cómo resistes a pesar del calor, del dolor, de la presión del público, de los aplausos y gestos de disconformidad, de la presión del ego que repite sin cesar que no puedes dejar de ser el número uno, que  llevas cuatro veces sin ganar a ese rival, de los fantasmas de las lesiones y del todo el trabajo que has hecho para recuperarte.

Cómo eres capaz de disociarte tanto del éxito y no necesitar que nadie te baje los humos aún cuando demuestras constantemente que eres el mejor, capaz de olvidarte de los puntos que no entran y de esos que se van por el fondo de la pista cuando arriesgas a pesar de no estar en la mejor de las situaciones para hacerlo.

Cómo vences ese miedo, que magnifica al rival hasta hacerte pequeñito, ese, que a otros atenaza, para seguir con tus mejores golpes a pesar de que requieren más energía que otros, que resistes perseverante, que todo el sudor que derrochas te hace brillar y nos envía el mensaje de que a pesar de hacer las cosas con pasión, nada es fácil, ni siquiera para ti.

Por todo estos motivos  y alguno otro más,  quienes hablamos de ti lo hacemos con entusiasmo con la admiración de querer ser como tú, de triunfar cada día sobre nuestros límites y conseguir  gestas como las tuyas.

Cuando todos tenemos en nuestras dedicaciones la oportunidad de alcanzar cotas tan altas  de excelencia  y sin embargo  elegimos dedicar menos esfuerzo, ponernos límites y  aumentar miedos que nos paralicen, inventar patéticas excusas, rendirnos  y hacerte un ser mitológico, cuyas hazañas están  lejos de nuestro alcance.

No entiendo que, en mi querido país, eviten nombrarte algo en las Universidades, donde el Humanismo y el conocimiento del Ser  Humano son el reflejo de los valores que tú demuestras, cuando deberían reconocer que tu práctica posee esa esencia del mejor alumno, cuando tú eres el ejemplo del aforismo de Juvenal y del dominio del cuerpo y la mente.

 

Gracias Rafa por tu ejemplo.

Encuentra las 7 diferencias

diferencias

 

El modo en el que relacionamos la información y los filtros que usamos para analizarla y darle respuesta hace que nuestra personalidad y nuestras habilidades se desarrollen en uno u otro sentido.

 Si estamos ávidos de cambios o los rechazamos de entrada, tiene mucho que ver con cómo miramos los asuntos, en este  artículo  quiero  darte alguna pista sobre lo que puede estar ocurriendo basado en planteamientos sobre la personalidad de Tad James y  Wyatt  Woodsmall.

Conoceréis a personas que parten de las similitudes, son capaces de ver, en cualquier lugar, entre dos trabajos, dos personas, dos argumentos, las similitudes que existan y en otros casos, a personas que partirán de la diferencia entre ambos escenarios.

Para quienes parten de la diferencia será  muy difícil que lleguen a ver argumentos, cuestiones o puntos en común convergentes, algo que dependiendo de las  profesiones y del momento,  puede ser de gran ayuda o un gran obstáculo. Imaginad a  quienes se dedican a la política y parten de la diferencia  qué conseguirán y por ejemplo a contables que sólo vean similitudes.

Ahora que tienes una idea más o menos de lo que este  filtro puede hacer por ti o cómo puedes calibrar a los demás, seguro que te interesa saber a qué grupo perteneces tú y las personas de tu entorno.

Como el ser humano  no es un puro 100%  en casi nada, puedes tener estos filtros mezclados, partir de las similitudes y después atisbar las diferencias o viceversa, o ver similitudes y diferencias por igual.

Quienes ven sólo diferencias pueden tener algún problema para ver modelos o patrones y sin embargo pueden ser buenos a la hora de encontrar lo que no casa o está fuera de sitio en cualquier lugar. Buscan el cambio, la variedad y la innovación.

Mientras una persona de similitudes puede permanecer en un trabajo toda la vida, haciendo lo mismo, sin innovar  y no ven problema, sintiendo gran aversión al cambio, una persona con filtro   de diferencias querrá cambios constantemente.

Imaginaos las implicaciones que esto tiene a nivel relaciones personales, laborales, cuando entre parejas, amigos o empleados y  managers existe esta diferencia de filtros. Conocer que existe este sesgo entre las personas te puede resultar muy útil tanto para acercarte a los demás como para mejorar tus relaciones y comunicación.

Tanto la motivación como el entrenamiento serán diferentes en ambos casos y tenerlo en cuenta mejorará tu gestión de   equipos.

A partir de ahora jugarás a  encontrar diferencias o similitudes. Tú eliges lo que entrenas.

¡¡Buen fin de semana!!

Abróchense los cinturones

cinturon

 

Si sólo dependiese de que fuésemos buenos y eficientes en un trabajo, muchos no tendrían de qué preocuparse pero desde que las matemáticas y los números que arrojan las empresas pesan más que la meritocracia, esto ya no es un seguro para nadie.

En poco tiempo nos hemos tenido que acostumbrar a esto, a que balances y accionistas se antepongan a cualquier otra cuestión en aras de la gestión y aunque siguen existiendo personas que creen que su mayor seguridad depende de un trabajo indefinido por cuenta ajena, el escenario ya no es el mismo. Es hora de que dejemos de  poner todas nuestras expectativas en  ello.

Cuando me refiero a esto, no quiero decir que esté en contra de trabajar para otros y que crea que la panacea es tener tu propio negocio, a lo que me refiero es a que debes estar seguro que ser un recurso humano atractivo en cualquier momento para cualquier empleador y no poner todas tus expectativas en tu actual trabajo o en tu jefe. Él igual que tú, aunque en otro rango, la mayoría de las veces también es un empleado y puede que pronto esté en la misma situación que tú.

Es cierto que todavía pesa en nuestra mentalidad que los trabajos deben ser para toda la vida y que en su mayor parte, esto depende de ti. De ahí que haya muchas personas que aguanten en trabajos que odian por vislumbrar un futuro aún más oscuro fuera de él. Pues he de decirles que una de las causas de padecer la mayor parte de las enfermedades nerviosas y de corazón es esa precisamente, aguantar en un trabajo que no te gusta y al que le dedicas muchas horas. Aunque tú sabrás si te merece la pena esto para seguir en tu carrera hacia conseguir más cosas materiales, sí que me gustaría trasladarte una sugerencia.

 ¿Por qué en lugar de apostar todo a tu jefe, no  amplías tu cinturón de seguridad, fuera del que todo te da más miedo y desarrollas tus dotes de empatía y comunicación con tus compañeros y compañeras o incluso lo expandes más allá de tu departamento o área? Tener este círculo construido con una base cimentada de confianza y entendimiento, no sólo te va ayudar basándote en el viejo adagio de “la unión hace la fuerza” sino que el poder compartir con ellos con libertad tus preocupaciones y alegrías hará que tú trabajo sea menos tedioso y más potenciador de tus habilidades.

Seguramente serán ellos los que mejor entiendan tu situación  y en el caso de que  dejes de trabajar ahí podrán echarte un cable desde sus posiciones. Solos, estamos condenados a magnificar nuestras penas y a refugiarnos paralizados  en nuestros pesares, cuando de la unión puede salir cualquier otro magnífico proyecto.

Si consigues que este círculo de seguridad sea cada vez mayor, cuando te ocurra alguna cuestión imprevista no te encontrarás solo y eso te ayudará a seguir en un futuro en el que tú eres tu propia  empresa y tu entorno será la incertidumbre.

Procura  ajustarte  tu  cinturón de seguridad lo mínimo  o acabarás no pudiendo respirar.

¿Eres colaborativo?

colaborar

 

He de decir que al principio notaba algo diferente pero no sabía exactamente qué era. Me resultaba atractivo en las personas que iba conociendo y que respondían a un mismo patrón de entusiasmo y acción.

Ahora que lo he descubierto, lo practico y fomento conscientemente. Ser colaborativo, no sólo es una ventaja increíble sino que también es una cualidad del desarrollo humano que da unos réditos y una satisfacción , increíbles.

Cuando pones en marcha un negocio y estás en contacto con quienes quieren emprender y viven esto con ilusión, apenas encuentras  a los típicos emprendedores “Golum” cuya idea es un tesoro que no pueden contar, sopena de tener que acabar con tu vida. Todo lo contrario, estas personas buscan a quienes les impulsen con la narración de sus comienzos y les hagan  preguntas interesantes sobre su idea, para crecer, para tener otra perspectiva.

Lo que diferencia a quienes finalmente la ponen en marcha respecto de otros, a mi  entender, es el desarrollo humano del que se han provisto antes y creo como otros muchos gurús que el resultado y el éxito, será proporcional al mismo.

Cuanto menos “evolucionado” es alguien  más deja que actúe sobre él el sistema antiquísimo de alerta de la amígdala cerebral  y esto supone que ese mecanismo primitivo que nos hizo sobrevivir en el pasado, todavía está sin trabajar y sin dirigir por el lóbulo frontal. Es más miedoso y está más a la defensiva, por lo tanto, es más testarudo, se abre poco a las ideas de los demás, a cambiar de opinión, confía menos en las personas, ve fantasmas donde no los hay, cree que la información es poder y que hay que ocultarla y usarla en provecho  propio y permanece  pendiente en exclusiva de su devenir vital.

Sin embargo quienes superan este estado y domestican a su ser primitivo, entienden que de la colaboración y el provecho mutuo es de donde nacen los grandes inventos, las grandes gestas, la esperada evolución y no dudan en compartir con los demás.

Mantienen un espíritu que engancha con el que se da antes de recibir, todo se agradece, se comparte, se pone en común, se mantiene el contacto, se alienta.

Seguro que has oído hablar del crowdsourcing (Wikipedia), del crowdfunding (gofunding),  el coworking(compartir lugar de trabajo), el software libre (Linux)…existen cada vez más ejemplos del éxito común.

Y lo que más me gusta y celebro es que todas estas cuestiones han superado a los gobiernos, quienes sólo creen en hacerlo obligatorio, por ley. Quienes insisten en  hacer creer a los demás que  ir más allá de uno mismo no es algo que el Ser Humano haga sin que sea de manera coactiva, que jamás puede ser parte de la libertad individual .Su  escasa visión es cada vez más patente y produce hartazgo.

Yo también sospecho de quienes quieren dirigir la vida de los demás sin dejarnos que seamos nosotros quienes descubramos y practiquemos que solos no llegaremos muy lejos o, como dice el proverbio africano: “Si quieres ir deprisa, ve sólo  pero si quieres ir lejos ve acompañado”.

Quizá sea hora de evolucionar y domesticar a tu primitivo, ¿no crees?

Cortar por lo sano

 

cortar

Alguna vez has sentido que estabas harto de tu entorno, que el aire se hacía irrespirable y necesitabas cortar por lo sano, cambiar de ambiente, renovarte, irte lejos. Te sobra y te molesta todo y no sabes cómo salir de ese bucle aunque ni siquiera te has planteado saber cómo has llegado hasta aquí.

Seguramente no has reparado lo suficiente en que todo lo que posees en esta vida es tiempo y a quienes se lo dediques o a lo que se lo dediques, marcará la diferencia. Por lo que si tú mismo no lo valoras, ¿por qué lo van a hacer los demás por ti?

Muchas veces crees que anteponer a tus propios gustos, preferencias y necesidades las de los que están a tu alrededor es un signo de altruismo y generosidad increíble pero cuando a veces te das cuenta de que este ejercicio no produce los efectos que a ti te gustaría, empiezas a generar ese malestar que te hará estallar.

En realidad que dediques tú  tiempo a los demás es una cuestión que puedes decidir hacerla en la cuantía que te plazca, la cuestión es si esa dedicación es elegida conscientemente o  está en realidad ocultando que no te dediques a ti mismo el tiempo que necesitas o que no lleves a cabo la toma de decisiones que necesitas en tu vida o que tu tiempo, no  lo estés valorando en su justa medida.

Es cierto que ocuparte en exclusiva de tus ocupaciones y preocupaciones no te llevará mucho más lejos puesto que éstas son ilimitadas y no te compensará dejar la utilidad de las neuronas espejo sin desarrollar, no trabajando tu empatía con los demás. Tu dedicación exclusiva conseguirá que  tengas una sensación de vacío, de insatisfacción constante y de falta de propósito en la vida.

Cualquiera de los dos extremos te hará que crezca ese malestar, tanto  no estar pendiente más que de ti mismo, como estarlo sólo de los demás, con la intención de no prestarte atención y tener que tomar decisiones, aprender a ser asertivo y a decir que no, pensando en tu salud y  valorar tu tiempo, que es lo único que de verdad tienes y del que apenas sabes cuánto vas a poder  disfrutar.

Antes de tomar una decisión radical, hay muchas opciones y oportunidades de grises que seguro que te ayudarán a construir un papel en el que te sientas protagonista por méritos propios. Busca una solución en la que te encuentres a gusto, si es lo que tú quieres y no lo que crees que a los demás les gustará o lo que esperan de ti o simplemente querer su aprobación o apreciación … seguro así, la podrás mantener frente a todo.

Hay pocas cosas que te hagan ser más infeliz que intentar agradar a todo el mundo.

De todas formas si sigues disponible para lo que quieran lo demás a cualquier hora, avisa yo también tengo tareas para ti. 😉

¿Cómo buscas tu camello?

camello

 

Encuentro muy inspirador este cuento sufí para ilustrar una experiencia que muchos afortunados sentimos cuando conseguimos, hacer un alto en el camino en nuestras ajetreadas vidas, nos proponemos reflexionar sobre adónde queremos ir y del gozo que supone encontrar ese click, ese momento “ajá” que nos hace de repente hallar nuestra senda.

EL CAMELLO PERDIDO
En el momento en que la caravana ha llegado para hacer un alto, se te ha perdido tu camello. Lo buscas por todas partes. Finalmente, la caravana sale de nuevo sin ti y cae la noche. Toda tu carga ha quedado en el suelo y tú preguntas a todos:
«¿Habéis visto mi camello?»
Incluso añades:«¡Daré una recompensa a quien me dé noticias de mi camello!»
Y todo el mundo se burla de ti. Uno dice:«¡Acabo de ver un camello de pelo rojizo y muy gordo! ¡Se fue en esa
dirección!»
Otro: «¿No tenía tu camello una oreja rota?»
Otro: «¿No había una manta bordada en la silla?»
Otro más: «¡He visto irse por allí un camello con el ojo reventado!»
Así, todo el mundo te da una descripción de tu camello con la esperanza de aprovecharse de tu largueza. En el camino del conocimiento, son numerosos los que evocan los atributos de lo Desconocido. Pero tú, si no sabes dónde está tu camello, sí que reconoces la falsedad de todos estos indicios. Encuentras incluso a gente que te dice: «¡También yo he perdido mi camello! ¡Busquemos juntos!»
Y cuando por fin viene alguien que te describe realmente tu camello, tu
alegría no conoce límites y haces de ese hombre tu guía para recobrar tu
camello.

En muchas ocasiones cuando te sales del circuito establecido, del «supuesto» ciclo vital que “debes” seguir, te sientes solo, raro, incómodo. No hacer lo que todo el mundo hace o estar  en una situación diferente, te hace plantearte una y otra vez, «¿ qué es lo que estoy haciendo mal?».

En lugar de ser capaz de ver en qué te está ayudando esa situación, qué aprendizaje estás obteniendo y para qué te va a servir en el futuro haber vivido esa experiencia, te lamentas y avergüenzas, infravalorándote y autocriticándote, con los porqués.

Esta lucha interior se extiende buscando en los demás que te escuchen y obteniendo en su lugar miles de consejos sobre algo que nunca han experimentado y sobre lo que tienen sobre todo prejuicios, tópicos y una exigua experiencia.

Aún así en tu búsqueda sigues haciéndoles partícipes de tu intranquilidad y de tu necesidad,  obteniendo a cambio más inseguridad, las preguntas erróneas y  consejos que te sobran y atormentan.

Otros creen que dándote la razón y acompañándote con su misma vivencia desde el prisma negativo ayudan, pero en realidad se hunden contigo, arrastrándote a la impotencia y a la desesperación, dejando que te refociles y te estanques en tus males. Haciendo válido que el mal de muchos es el consuelo…

Busca a quien te ayude a describir con exactitud tu camello, al que te ayude a que le encuentres tú, que eres quien mejor le conoce, a herrarle de nuevo, alimentarle con lo que tú sabes que necesita para estar mejor.

No dejes que nadie te traslade sus problemas y te aleje con sus miedos de perseguir tu propio camino, de conseguir  tu sueño. Busca a quien te ayude a dar un paso  cada día para estar más cerca de él.

Nadie dijo que fuese fácil pero esa alegría de encontrarla es digna de sentirse. ¡Suerte en tu búsqueda!

¡Buen fin de semana!

¿Me perdonas?

sorry

Son las palabras mágicas para que lo que pudiendo ser la explosión de una olla a presión se convierta en levantar una simple tapadera. Casi todos tenemos claro lo que implica pedir perdón, y su utilidad, sin embargo o no lo hacemos o lo hacemos menos de lo que conviene.

Entre las muchas habilidades que se desgranan debe tener un líder de un equipo, de una formación o cualquiera de nosotros si queremos desarrollarnos personalmente la más importante es, ser capaz de pedir disculpas o perdón como prefiráis, además de la más útil, aunque reparamos poco en ello y le damos una mínima importancia.

Cuando admitimos que hemos errado en algo y nos disculpamos por ello producimos varios efectos que, a largo plazo, nos benefician con respecto a nuestras relaciones tanto en el trabajo como en casa.
Por un lado les demostramos que nos importan y por eso tenemos en cuenta lo que les hemos provocado, disculpándonos por ello, en segundo lugar reconocemos un error y eso aumenta considerablemente el ambiente de confianza en el equipo y además demostramos que estamos dispuestos a mejorar comenzando por admitirlo.

Lo que ocurre en muchas ocasiones, es que la emoción nos embarga y no nos deja ver más allá, los beneficios, y sí nos estanca en sentimientos de humillación, vergüenza y nos enreda en ese estúpido orgullo que nos complicará la vida.

Si no conseguimos hacer esto es prácticamente imposible que avancemos en nuestro desarrollo puesto que es una cuestión básica con efectos mágicos que nos pone en una situación de partida excepcional. Seguramente en casa, damos por hecho que se sobreentiende que lo lamentamos y no lo volveremos a hacer, aunque obviar las palabras, también acaba minando las relaciones familiares.

A veces partimos incluso del malentendido amor de una madre, que seguramente será la única que nos aguante todo y con la que menos nos disculpemos, siendo la que más merece nuestras constantes peticiones de perdón. Pero si esperas que esta estrategia te sirva ahí fuera, estás muy equivocado. Madre no hay más que una. ¿Qué te parece empezar el entrenamiento por ella?

No podemos cambiar lo que hemos hecho en el pasado pero sí podemos empezar cada minuto un nuevo futuro en el que las disculpas sean un modo de admitir que los demás y cómo se sienten nos importa.

Declarando que la interdependencia es una realidad para poder sobrevivir en las mejores condiciones y que necesitas a los demás te hará acreedor del favor de muchos que hasta ahora no podían contigo. La situación después de unas disculpas es totalmente diferente. ¡Pruébalo!

Eso sí, no te expliques, ni te justifiques, demuestra que te importa y sé lo más escueto posible. Un “perdóname” o “te pido disculpas” resolverá más que todas las excusas y razones del mundo.

No necesitas más.

¿Cuándo empiezas? 😉

«Perdón es una palabra que no es nada, pero que lleva dentro semillas de milagros».

Alejandro Casona

Emociones incómodas

 

emoticonos

 

Habéis pensado  alguna  vez en cómo reaccionáis  cuando veis o escucháis a alguien que os transmite que está sintiendo  una emoción negativa, dolor, miedo, vergüenza, enfado…

Sin mala intención a veces he querido quitarle hierro o animarle, pensando en la incomodidad que me producía no saber qué hacer,  sin tener en cuenta que, a lo mejor, esa no era la mejor manera de ayudar a que se deshiciese de esa emoción. Quizá  se haya  sentido incomprendida por mí  cuando he minimizado o relativizado lo que estaba sintiendo. Lo que para ella era real.

A veces lo hacemos porque realmente no sabemos cómo manejar emociones de este tipo, de las que hacen sufrir a los que queremos y pensamos que evitando darlas mucha importancia o demasiado de sí, desaparecerán, o incluso la necesidad de hacer algo por ellas nos deja en manos de un sinfín de consejos y recetas. ¿por qué será que nos cuesta tanto sólo escuchar?

En otras ocasiones,  nuestra resiliencia adquirida, nuestra experiencia, nos hacen verlo  desde nuestra perspectiva, con nuestras herramientas,  nos decimos que esas luchas no tienen importancia. Para nosotros, ya quedan mucho tiempo atrás y también pensamos que ellos debían haberlas superado, pero ¿es justo?, ¿es sano?, ¿ayuda?

En el caso de los niños, el libro  “ How to talk so kids will listen and Listen so Kids will talk” de Adele Faber  y Elaine Mazlish plantea unas  propuestas que se derivan de sus investigaciones y  pasan por cuestiones que merecen mi reflexión y creo que podrían extrapolarse al mundo adulto.

  • Cuando alguien siente emociones negativas  no ayudamos : negándolas ( en realidad tú no te sientes así), ignorándolas (cambiando de tema) o moralizando ( tú lo que tienes que hacer es…)
  • Tampoco preguntando el porqué de la emoción, esta cuestión, además de anclarnos a ella y volverla a sentir, nos hace indagar en justificaciones y mentir. Muchas veces, cuando nos sentimos así, creemos que el motivo, tampoco ayudará a que nuestro interlocutor nos comprenda. Es mejor que le pongamos algún ejemplo de cuando nosotros también nos hemos sentido parecido y simplemente reconozcamos el sentimiento en la otra persona, ayudándola a ponerle nombre: enfado, vergüenza, temor…
  • No es necesario estar de acuerdo o dar la razón, sólo escuchar, preguntar y entender cómo se siente  para que la persona exteriorice la emoción. Aunque no lo consigamos, nuestro interés en ayudar quedará patente.
  • Prueba a ver si la persona puede cambiar lo que repite,  “ le odio” o “ soy imbécil” por algo más concreto y que suene diferente.
  • Sobre todo y lo más importante, no aconsejes, tu experiencia  puede no ser de ayuda, porque procede de tu proceso interno y además privas a la otra persona de encontrar sus propias soluciones, y de construir sus propias herramientas a partir de sus propios aprendizajes para que los utilice en  el futuro.
  • La próxima vez que sea la persona la que decida si tiene importancia o no. Sólo acompáñala en su camino y ESCUCHA.

¿Qué dirán?

quediran

Bailar dentro y fuera de una discoteca, cantar dentro y fuera de un karaoke, disfrazarte en una fiesta o vestir diferente, contar un chiste sin gracia, tocar un instrumento delante de alguien, participar en una competición, montar un negocio, una organización, hablar inglés con cualquiera, hacer todo eso que deseas y no atreves. ¿Qué importancia tiene?

El miedo al “qué dirán”, “al ridículo”, la obsesión por hacerlo perfecto, por no mostrarlo hasta que consigas que parezca que no te cuesta, que no lleva esfuerzo. La preocupación por no saber qué opinarán, o cómo juzgarán los demás nuestras acciones, movimientos, resultados, frases puede hacer que cualquiera de nosotros con su increíble potencial se quede en uno más del montón.

Me encanta ver cómo ahora todos los pequeños tienen la oportunidad de dar clases de teatro, de danza, de música y tener acceso a tener una relación fluida y normal con su cuerpo, con sus habilidades, con su desarrollo físico y mostrarlo en público, haciendo caso omiso a sus miedos, sin ese ego tan acrecentado que tenemos los demás y que nos impide no sólo ser nosotros, sino ser felices.

Si para algo es necesario librase de esto es para ser emprendedor, da igual si es en política, en la empresa, en tu barrio o en tu grupo de amigos. Ser capaz de entender que, complacer a todo el mundo es un planteamiento básico de la infelicidad y que no tiene que ver con éxito, es fundamental.

Pensar y reconocer que muchos de los que hoy son gurús en sus áreas de desarrollo, a alguien le parecieron no dignos de mención, de empleo o de tener en cuenta en su día, puede que te haga plantearte dos vertientes, una la fácil, la que afirma que tuvieron suerte, de manera que le quitas todo protagonismo a la persona y dos, la que sabe que son muy pocos los que soportan la presión de tener que luchar, recabar durante algún tiempo resultados no queridos, los que perseveran a pesar de lo que opinen los demás, quienes que no arriesgan y viven a expensas del azar.

¿Son esos que te juzgan y critican quienes te van a ayudar a triunfar?, ¿son ellos los que pueden estar orgullosos de su legado?. ¿son ellos los depositarios de tu felicidad y tu confianza, en quienes piensas cuando decides rendirte?

¿Qué es lo peor que podría pasar si los resultados no son los que esperas?, ¿qué problema tienes con revisar, analizar, modificar y seguir?, ¿prefieres ser del montón?, ¿rendirte?

Hace tiempo que reflexiono sobre las diferencias que existen entre nuestro espíritu emprendedor y el de los países que son punteros en esto. Mientras nosotros pensamos en el “qué dirán”, ellos ya están en el “mira cómo lo hago”.

Minimizar en espacio y tiempo que existe entre lo que pensamos y su puesta en marcha, dividiéndolo en pequeñas tareas diarias factibles, marca la diferencia.

Cuanto más tiempo transcurra, más testigos y vigilantes imaginarios tendremos, más excusas que razones, además escucharemos, seguro ampliado, a aquellos que nos desaniman por encima de quienes nos alientan. Haciendo de nuestra simple tarea una épica hazaña.

¿Qué dirán?.¡Y a quién le importa!

Serán ellos felices por ti, vivirán y llevarán a cabo tu sueños por ti, se divertirán y reirán por ti también.

¿Cuántas cosas estás dejando de hacer por lo que digan de ti?
¿Cuántas experiencias te quieres perder por poner todo tu confianza y tu seguridad en el exterior?

¿Qué es lo peor que puede pasar, que se rían, que murmuren? ¿ y si no lo haces evitarás de cualquier forma todo esto?

Da un paso al frente y empieza a reírte tú de ti mismo, así no te sorprenderá que otros se sumen.

Si dicen que digan, por cierto, ¿Quiénes?

¿Qué reconoces?

reconocimiento

Recuerdas cuándo fue la última vez que reconociste a alguien lo bien que hacía algo, lo bueno que era en esa actividad, lo acertado que había estado en ese comentario o las habilidades que tiene para algo.

Es cierto que el reconocimiento es un valor que parte de una referencia externa principal y un control propio mucho menor. Podemos merecernos el reconocimiento y no obtenerlo. Por lo tanto no es una cuestión que nos pueda preocupar en demasía puesto que a pesar de poder de esforzarnos por conseguirlo siempre está en la otra persona el hacerlo. Si estamos excesivamente pendientes de él o basamos en éste parte de nuestra evaluación pondremos nuestra autoestima en manos de otro.

Pero en este tema es precisamente la otra vertiente la que quiero tratar. La del «reconocedor». Hace tiempo que escucho, “lo que está bien hecho, bien desarrollado, pensado, ejecutado, se da por hecho que debe ser así, cuando únicamente no es correcto o no da los resultados que se esperaban, es cuando se debe manifestar”.

Privar a las personas de este reconocimiento, dice poco del liderazgo de sus jefes y compañeros,  de su justicia, de su inteligencia emocional, de su seguridad en sí mismos y sobre todo de su contribución al “Principio de Peter” en ese puesto.

El reconocimiento es parte muy importante del crecimiento de las personas, de su éxito, llena los espacios de incertidumbre con empoderamiento. Hace que los equipos mejoren sus tareas, su comunicación y su confianza. Hace que los feedback que no son tan positivos sean admitidos y aceptados como un impulso generoso de mejora.

¿Cuántas veces tu estado interno hubiese sido distinto si hubieses obtenido ese reconocimiento de tu jefe?, ¿cómo habría sido ese día?, ¿qué disposición tendrías para nuevos retos?, ¿para innovar y tomar responsabilidades?

Nunca se puede estar tan ocupado como para no reconocer el trabajo, el esfuerzo y las habilidades de los que te rodean y ponerlo de manifiesto.

Al principio te sentirás raro o incómodo haciéndolo ya que la falta de práctica te avisará de que necesitas hábito. Lo importante es que seas capaz de entender las posibilidades que se abren ante ti cuando mejoras tu ambiente, te preocupas por los demás y los haces sentirse importante.

Además por qué quedarse en el trabajo, si lo puedes trasladar a todos los ámbitos de tu vida.

Te propongo para empezar una práctica de Marshall Goldsmith:

• Haz una lista de todos los grupos importantes que hay en tu vida: familia, amigos, empleados, jefes, clientes…
• Escribe en cada grupo los nombres de las personas más importantes.
• Dos veces a la semana, elige unos días concretos y agéndalos, revisa las listas de nombres y pregúntate: ¿ha hecho alguien de estas listas algo que deba reconocer?
• Si la respuesta es SI, hazlo, envía un correo, haz una llamada de teléfono, deja una nota. Si la respuesta es NO, déjalo para otro día. No se trata de ser pelota.

Haz lo que te gusta que te hagan a ti. Si quieres reconocimiento, reconoce.

¡Buen fin de semana!

foto:reconocimientoprofesional