Seguro que tu primer entrenamiento te ha costado un poco. Cada vez que hacemos algo nuevo, requerimos tiempo para automatizarlo, para que nos resulte conocido y entonces sea cuando nos empecemos a sentir cómodos haciéndolo.
Esta semana habrás podido comprobar qué tipo de pensamientos tienes. Habrás podido comprobar cómo tu mente lleva años fabricándolos y cómo te han llegado a parecer consustanciales a ti, pero la buena noticia es que no es así. Igual que has entrenado tener ese tipo de pensamientos durante años, puedes trabajar para tener aquellos que te potencien e impulsen.
Entrenar algo nuevo, significa aprender, empezar de nuevo, de cero, tener esa sensación de que no lo tienes todo controlado, que te cuesta pero que no te vas a rendir porque merece la pena el objetivo final, pensar lo que quieres.
Aprender significa cambiar y para cambiar debemos trabajar la flexibilidad, salir constantemente de nuestra zona de confort, de lo conocido, para ello te propongo una semana llena de multiaventura pero en versión micro.
Procura hacer cualquier actividad diferente esta semana, por mínima que te parezca la diferencia, tu cerebro estará alerta porque tu comportamiento no será el de siempre. Lávate los dientes con la otra mano, come con una mano diferente, ve al trabajo por otra ruta, combínate la ropa de forma diferente, cambia el orden de tu rutina en el gimnasio. En todo lo que puedas. Sé consciente de la elección.
Aunque no te lo parezca darás micro-grandes pasos hacia el cambio.
Para poder avanzar en tu desarrollo personal debes ser consciente del tipo de pensamientos que utilizas en tu vida diaria. No vamos a ponerlos ningún adjetivo pero sí vamos a observarlos.
Durante esta semana os propongo que cada vez que podáis, cuando os sorprendáis pensando algo, apuntéis o recordéis para qué os sirve ese pensamiento, si os impulsa, os bloquea, qué tipo de emoción os evoca, buscad el máximo detalle del pensamiento y seguid con vuestro día. Si te es más fácil, puedes programar una alarma cada cierto tiempo que te lo recuerde.
Al final de la semana, con la evaluación de todos estos momentos podremos tener una idea clara de desde dónde partimos para entrenar una mente que nos favorezca.
Cualquier excusa es buena si no quieres coger papel o lápiz, o apuntarlo en el móvil, o en el ordenador pero recuerda después que “NO ESTÁS HACIENDO NADA PARA SER FELIZ”.
Bienvenidos a esta nueva etapa de mi blog. He decidido hacer mis posts más útiles y ágiles para ti, incidiendo en una sola y específica cuestión en cada uno. Habrá más de una entrada por semana que te permita seguir tu entrenamiento más fácilmente.
Estoy decidida a que acostumbrarte a conseguir tus propios objetivos y adaptarte a los cambios que necesitas para conseguirlos, siga siendo un motivo genial para seguir tratando de ayudarnos a través de las palabras.
Prometo ser la primera en salir de mi zona de confort e innovar lo máximo posible en los formatos que utilice para llegar a ti.
Así que mañana será el inicio de nuestra nueva aventura vital común. Espero que tu último pensamiento esta noche sea impulsor. Es el principio de tu nueva versión.
Un hombre se acercó a un sabio anciano y le dijo: -Me han dicho que tú eres sabio…. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no está al alcance de las demás de las personas.
El anciano le contestó: cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo. Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido.
Yo no lo creo así, le replicó el anciano. Pues cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar.
El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida.
Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña. Cada día se turnaban para que uno de ellos se quedara en la cabaña y preparara la comida.
Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno. El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer. De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera. Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza.
A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer. Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan. Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.
Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor. El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó: «Sí, sobre la mesa hay pan. Sírvete». Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió: «Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás. Recógelo tú». El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.
Este periodo estival os dejaré un cuento cada semana para reflexionar sobre él. Este original de Jorge Bucay es mi primera propuesta…
LA TRISTEZA Y LA FURIA
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas. Había una vez… un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente
…
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua…
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza
El lenguaje que utilizamos dice mucho de nosotros, de cómo almacenamos nuestras experiencias, de qué nos preocupa y de cómo funciona nuestro cerebro. En la mayoría de las ocasiones, le hacemos poco o ningún caso y continuamos nuestra vida como si nada. Creyendo, que lo que ocurre en el exterior es objetivamente como nosotros lo vemos, sin ir más allá.
Intentar entender la experiencia subjetiva de un ser humano es difícil, si no se tienen las herramientas necesarias y se es consciente del reto, puesto que estamos todos demasiado ensimismados en nuestros pensamientos y con nuestras batallas para prestar a los demás tanta atención.
La parte inexplicable es que si somos más conscientes de cómo funciona nuestro cerebro, podemos ser mucho más felices sólo almacenando mejor nuestras experiencias y rescatando y practicando las emociones que nos son beneficiosas, en lugar de refocilarnos en todas esas que nos crean ansiedad y entristecen con sólo atisbarlas.
Ahora que llega el verano y que para la mayoría el estrés deja de ser la base de nuestro trabajo, quizá estemos más proclives a probar y experimentar con nuevas estrategias. Hoy lo que quiero compartir con vosotros es la importancia del brillo en nuestra vida.
Hablamos de la capacidad visual, de cómo recordamos con imágenes. Utiliza unos minutos para probar. Elige una experiencia pasada muy agradable.Vuelve al recuerdo. Cierra los ojos si te resulta más fácil.
Fíjate en la imagen y modifica el brillo, nota cómo cambian tus sentimientos hacia ella. Cuando arrojas luz sobre ella, se vuelve más intensa la emoción, menos, igual. Y si le quitas brillo, ¿qué ocurre? Dedica unos minutos a observar los cambios.
La mayoría solemos tener unas sensaciones más intensas al aumentar la intensidad y menos al oscurecerla. Pero puede ser diferente. ¿Has pensado en que puedes hacer esto intencionadamente para variar los sentimientos sobre tus recuerdos?
Y si bajases la intensidad a todos esos pensamientos que desagradables que aparecen en tu mente de repente.
El brillo es sólo una de las submodalidades que puedes utilizar. Observarte te permite descubrir tus propias excepciones. Igual tus recuerdos peores son enmedio de la oscuridad y les puedes arrojar luz para minorarlos o quizá oscurecerlos aún más para que desaparezcan. Igual, si el brillo lo incrementas, incluso esa imagen tan blanca también minora tus sentimientos.
Cualquiera que sea la relación merece la pena dedicar unos minutos a descubrirla puesto que puede cambiar tu experiencia. Recuerda que eres tú mismo, con tus pensamientos, quien puede hacerte feliz o infeliz, ¿qué eliges?
Es la misma fotografía con distinto brillo, ¿te sugiere lo mismo?
Ver la vida entre estas dos posibilidades es dejar fuera de tu mundo miles de matices que enriquecen, eliminar cientos de cuestiones sobre lo que implica cada opción, en definitiva, reducir tu mundo a que una montaña rusa recoja tus emociones y se lance a kilómetros por hora por serpenteados caminos.
Cuando reparas en qué significa ganar o qué perder es cuando por fin puedes darte cuenta de que no son distintas caras de la misma moneda, sino que son perspectivas diferentes de la misma cara y entonces puedes elegir cuál ver.
Es cuando puedes pensar que la vida está construída entorno a oportunidades de crecimiento que muchas veces, se esconden tras sucesos, en principio negativos y que el secreto está en, cómo los afrontas. Es cuando empiezas a entender, que vivir se puede convertir en una aventura que sólo implique ganar.
Qué poco reflexionamos sobre estas cuestiones sosegadamente, en frío. Qué poco damos vueltas a cuestiones que te enfrentan con un para qué. Cuando ya no te sirve hacer ese primitivo análisis que te lleva a querer simplemente superar a otros por el hecho de dejarles atrás. En la reflexión, este objetivo se ve vacío, sin recompensa, baldío, espurio, nada atractivo.
Sin embargo cuando tu misión va más allá de ganar, siempre encuentra un aprendizaje personal cargado de empatía, para entender al otro mucho mejor, sus anhelos, sus pensamientos, sus razones y sentirte cerca.Sea cual sea la batalla que está librando.
Ya perder deja toda su fuerza, ya no se lanza contra alguien, se comparte, se reflexiona, se entiende. Se puede partir de lo común, sin ira que ciegue. Sabiéndose antes que todo personas y necesitando sobre todo escucha y comprensión.
No sé si es más difícil saber perder o saber ganar. Saber reponerse de los golpes, levantarse sin sentirse abatido, aprender y volver de nuevo o saberse ganador en posesión de una mínima cuota de protagonismo y poder, y usarla para que quienes no alcanzaron sus expectativas pueden intentarlo de nuevo sin temor a que su autoestima corra peligro, dispuesto a que le reconozcan que, al menos, no se rindió.
Si fuésemos más regulares en nuestras emociones y nuestros pensamientos fueran más potenciadores, éstos harían el trabajo para que de toda cuestión tratásemos de sacar la enseñanza que nos llevase al siguiente paso y no nos anclase en el camino.
Si conseguimos que esa euforia de ganar se traslade a ser mejores, a ayudar a los demás, a trabajar con ahínco y a progresar… Cuando las expectativas no se cumpliesen, no sería el fin del mundo, lo veríamos con mucha más normalidad, como las etapas de un viaje vital que nos ayudan a crecer. Lejos de ser algo de lo que avergonzarse, serían retos superados, medallas en nuestro haber.
Es tan difícil poder hacer esto sin ser consciente de lo que uno quiere y lo que uno hace, que, quizá cualquier día de estos podamos meditar sobre qué depende de ganar o perder y si las combinaciones de los elementos que lo hacen posible, no son suficientes posibilidades para reducir nuestro mundo a dos opciones.
Recuerda, la principal diferencia es, ¡ no rendirse!
«Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.
La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:
—En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?
El hombre respondió calmadamente:
—Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:
—¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!
El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.
Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.
Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:
—¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
Emocionado, el hombre le respondió:
-Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.»
La inspiración o la desesperación pueden ser dos de las motivaciones que te induzcan a salir de tu zona de confort. Tu zona de confort es ese espacio en el que te sientes cómodo, en el que has automatizado muchas cuestiones que ya no tienes que pensar. No querer salir de ella, hará que dejes de probar tus límites y te impedirá saber cuán lejos puedes llegar.
Ese trabajo que no te gusta pero en el que sigues porque paga tus facturas, porque te da reconocimiento ante los demás, porque no te atreves a buscar lo que te gusta.
Esa relación, que sabes que está agotada, con la que continúas por todas esas razones que no son más que excusas para no seguir buscando tu felicidad, diciéndote que será inútil o que no existe, sólo para no tener que usar ese coraje que te llevará seguro a, por lo menos, sumar una victoria sobre ti mismo.
¿Cuál es tu vaca, lo que no deja avanzar?
¿Cuánto tiempo más vas a alimentarla?
¿Cuántas excusas vas a inventar para no dar ese paso?
¿A quién más vas a culpar de tu situación para ocultar tus miedos?
¿Qué pequeños pasos puedes dar esta semana para superar tu límite?
Sé valiente. Toma riesgos. Nada puede sustituir a la experiencia. Paulo Coelho.
Si quieres ser un líder, éste es un viaje que, tarde o temprano tendrás que hacer. No podrás liderar un grupo, una organización, a personas, pensando sólo en ti. Hacerlo así, implicará que perderás la conexión con tu equipo, los demás no sentirán que cuentas con ellos, ni se sentirán implicados, ni respetados y dejarán de confiar y comprometerse con la causa. Tu interés no es compartido, no es inclusivo y no motiva. Estarás solo. Por lo tanto trata de liderarte primero tú mismo, con tu autocontrol y tu responsabilidad. Busca un coach.
A veces, tenemos tanto miedo o tantas inseguridades que nuestro primer refugio es ese, nosotros mismos, tratar de que nadie vea esas supuestas debilidades, dedicarnos por entero a trabajar lo que creemos nuestras fortalezas, cuestiones que sólo nos reportan beneficios a nosotros. Nos empeñamos en aislarnos, en trabajar sólo con quien nos gusta, e intentar diferenciarnos del grupo, con cuestiones externas y jerárquicas, para no necesitar mostrar esas habilidades indispensables para el liderazgo.
Pasar del yo, yo, yo, mi , me, conmigo a pensar siempre en el equipo, en nosotros, y en cómo servir a los demás, es lo único que mantendrá su confianza y hará que todos mantengan el compromiso y trabajen en el objetivo. Un objetivo, acordado, específico y común.
Para poder hacer esto te tendrás que acostumbrar a liderar en la adversidad, hacerlo cuando todo va bien y tu equipo es “perfecto”, tiene poco mérito. A veces, hay que contar e incluir en el equipo a personas que tú mismo no has elegido o que no se asemejan a ti. Esto en muchas ocasiones, lejos de perjudicar al grupo lo enriquecen, pero siempre que el líder sepa enfrentar o afrontar los diferentes cuidados que requieren los componentes de los grupos. Un trabajo arduo que nunca acaba y que requerirá de tu aprendizaje continúo.
Si no estás dispuesto a hacer esto, a cambiar tu actitud, a reconocer que tú tienes la llave, la responsabilidad, que no sabes todo, que cualquiera puede aportar y que de todos puedes aprender, no liderarás personas. Hay muchas otras oportunidades en las que podrás trabajar sólo o en exclusiva para tí y no afectarán al grupo o a la organización. No pierdas el tiempo y la salud. Pide ayuda sin la necesitas.
Si por el contrario estás dispuesto a hacerlo, te dejo algunas reflexiones que te pueden ayudar:
Acostúmbrate a vivir en la incertidumbre, con la inseguridad, a escuchar la crítica de los demás con tranquilidad y afán de aprender.
Manten tu hoja de ruta: a pesar de que los demás intenten modificarla. Ten claro el objetivo compartido del grupo y camina hacia él.
Lidera con el ejemplo: no pidas nada que tú mismo, no hagas, estés dispuesto a hacer o hayas hecho.
Permite con honestidad los fallos: alivia el miedo de tu equipo a fallar o a ser rechazado.
Motiva a tu equipo: celebra los aciertos, las fortalezas, el sobreponerse de las experiencias negativas.
Se imparable: para hacer cualquier cosa sólo se necesitan 20 segundos de coraje. Muestra que, a pesar de tu miedo, eres capaz de hacerlo.
Estáte preparado para la adversidad: las cuestiones que más nos impactan y afectan, siempre llegan cuando estamos desprevenidos, cuando no somos conscientes del papel que como líderes desempeñamos.
La vida es muy corta para empeñarte en cuestiones que no te llevan a ninguna parte.
Me encantan los encendidos debates que provocan las cuestiones del corazón. Tanta emoción nos hace manifestarnos tajantes en muchos temas, sobre todo si los demás son los protagonistas y a nosotros nos salen gratis unas palabras o unas líneas.
Otra cuestión muy diferente parece cuando nos ocurre a nosotros y queremos que los demás sean comprensivos con nuestras decisiones, deseos y anhelos.
Hacemos de muchas de estas cuestiones, asuntos de honor que «mancillan nuestra honra» como si desde la Edad Media no hubiésemos evolucionado y la flexibilidad que nuestro mundo requiere, no tuviese que aplicarse a todas las facetas de nuestra vida.
Una actitud positiva y nada posesiva, nos puede hacer ver que, lo que ocurre a nuestro alrededor, pocas veces tiene que ver con nosotros, con hacernos daño o con perdernos el respeto y sí conque cada uno intenta resolver sus aflicciones de la mejor manera que sabe, aunque en muchas ocasiones, no elijan, a nuestro juicio, la mejor de las estrategias posibles.
Todos tenemos derecho a tomar malas decisiones, a equivocarnos, a pedir perdón, a que se nos perdone y a perdonar sin tener que dar explicaciones, ni sentir el juicio de los demás como prueba culpable. Cuando algo ocurre entre dos, sólo esos dos saben, en el mejor de los casos, la mayor parte de la historia, sus causas y consecuencias y sólo ellos tienen el derecho a tomar la mejor de las opciones para seguir adelante con su vida.
Muchas son las ocasiones en las que queremos que la otra persona, se comporte, sea, y reaccione como nosotros queremos, sin reparar en que es otra persona, con sus virtudes y sus defectos, como nosotros pero con otros, en algunos casos muy diferentes. Querer hacer a alguien como nosotros, eso sí que es no respetarle.
Cuando las cosas salen mal,cualquiera que sea la causa, no es nuestro estado de ánimo el que debe hablar por nosotros, sino tras una charla con alguien que no te quiera dirigir, sino que te quiera ayudar, seas tú mismo quien pueda tomar una decisión. Esa decisión es la que formará parte de tu vida, por lo tanto, sopesar todas las cuestiones y valores que te importan es lo fundamental.
Cuando la vida te golpea el corazón con algo inesperado:
Tómate algún tiempo para reflexionar, no tomes en caliente ninguna decisión.
No hables con personas cuyas creencias son tajantes y firmes en contra o a favor del tema
Manten tu mente firme en un sólo objetivo: ser feliz a pesar de todo y de todos
Enfócate en las soluciones, a veces nos gusta refocilarnos en la descripción del problema desde miles de perspectivas, que sólo nos hacen ahondar en la parte negativa y nos bloquea
Habla con alguien positivo, que te dé otra perspectiva, diferente a la que tú tienes, te abrirá la mente.
Háblate con cariño, recordándote lo bueno que tienes y lo que quieres.
Las circunstancias actuales no durarán eternamente y toda la presión que desde tu entorno sientes se esfumará y entonces tendrás sólo que asumir las consecuencias , así que piensa únicamente en ti y en tu felicidad. Sólo tenemos un corazón y una vida. No lo olvides. Tú eres el único que decides. 😉
¿Cuántas veces has interpretado lo que otros pensaban o sentían por su comportamiento, por su tono, lenguaje o gestos?
¿Cuántas veces has juzgado a otros, simplemente por lo que vés? Sin preguntar, ni confirmar, basándote sólo en tu propio análisis.
¿Cuántas veces has sufrido por lo que pudieran pensar los demás sólo por asumir que sus gestos eran de no aprobación?
“Le estoy aburriendo”, “le caigo fatal”, “no me soporta” muchas de estas percepciones se basan en asumir que los gestos o comportamientos de los demás son de desaprobación respecto de algo que decimos o hacemos sin confirmarlo. Y al contrario, opinamos sin más de lo que otros hacen o dicen, sin ir más allá de lo que percibimos, ni contrastar.
¿Cuántas veces nuestros prejuicios y valoraciones nos hacen percibir erróneamente a los demás y cometer graves injusiticias de juicio?
¿Has pensado en que la mayoría de las personas sólo pensamos en nosotras mismas y en nuestras cuestiones y que pocas veces salimos de nuestro ensimismamiento para advertir qué necesitan o qué piensan los demás? Si reparases en esto, podrías entender, que gran parte de este pensamiento es erróneo.
Este tipo de pensamiento, denominado “lectura de mente” es uno más de los errores de pensamiento que puede afectarte más negativamente. Dramatiza gran parte de lo que te ocurre y destruye relaciones que ni siquiera habían empezado.
Te dejo esta historia «Las galletitas» que seguro, te suena para que reflexiones sobre ella:
Cuando la señora llegó a la estación, le informaron que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.
Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que solo quedaba una galleta, y pensó: «No podrá ser tan caradura», mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco.
—¡Gracias! —dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.
—De nada —contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: «¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!». De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.
Si no quieres que te juzguen sin razón, no lo hagas tú también. Pregunta, contrasta y confirma.
Seguro que en multitud de ocasiones has pensado en los motivos por los que no asciendes en el trabajo y alguno de tus compañeros sí. Te dejo una interesante historia para que reflexiones sobre el tipo de persona en la que te ves reflejado y para que establezcas un plan que te acerque cada día a tus objetivos.
ASCENDER POR RESULTADOS
Juan trabajaba en una empresa hacía dos años. Era muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso de que no haber recibido nunca una amonestación. Cierto día, buscó al gerente para hacerle un reclamo:
—Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido dejado de lado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace solo seis meses y ya ha sido promovido a supervisor.
—¡Ajá! —contestó el gerente. Y mostrando cierta preocupación le dijo—: Mientras resolvemos esto quisiera pedirte que me ayudes con un problema. Quiero dar fruta para la sobremesa del almuerzo de hoy. Por favor, averigua si en la tienda de enfrente tienen frutas frescas.
Juan se esmeró en cumplir con el encargo y a los cinco minutos estaba de vuelta.
—Bien, ¿qué averiguaste?
—Señor, tienen naranjas para la venta.
—¿Y cuánto cuestan?
—¡Ah! No pregunté.
—Bien. ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
—Tampoco pregunté eso.
—¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja?
—No lo sé, señor, pero creo que…
—Bueno, siéntate un momento.
El gerente cogió el teléfono e hizo llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que a Juan, y en diez minutos estaba de vuelta. El gerente le preguntó:
—Bien, Fernando, ¿qué noticias me traes?
—Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere, tienen bananos, papayas, melones y mangos. La naranja está a 150 pesos el kilo; el banano, a 220 pesos la mano; el mango, a 90 pesos el kilo; la papaya y el melón, a 280 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidades, nos darán un descuento de diez por ciento. Dejé separadas las naranjas, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
—Muchas gracias, Fernando. Espera un momento.
Entonces se dirigió a Juan, que aún seguía allí:
—Juan, ¿qué me decías?
—Nada, señor… eso es todo. Con su permiso
Cuando pienses en qué tipo de persona eres, reflexiona sobre todo sobre:
¿Qué tipo de persona contratarías tú?
¿Cómo afrontas tus tareas?
¿Esperas órdenes o tomas la iniciativa?
¿Propones mejoras o ejecutas sin estar de acuerdo?
¿Cuestionas todo o analizas para mejorar y proponer?
¿Cómo puedes mejorar tus habilidades?
¿A quién beneficia tu comportamiento actual?
¿En quién o quiénes piensas cuando actúas?
Si tuvieses un empresa, ¿te contratarías a tí mismo? ¿para qué puesto?
Seguro que has comprobado que cuando uno arriesga su dinero, ¡no todo vale! 😉
Ésta es una de las preguntas que más me ha ayudado a conocerme a mí misma. Si realmente llegas a ser consciente en los momentos en los que estás enfadado , tienes miedo , estás entusiasmado o te pierde la ambición, de las razones por las que lo haces, puedes llegar a saber mucho de tí y por lo tanto a empezar a pulir todas esas cuestiones que te empujan en tu desarrollo como persona.
En mi análisis y reflexión de esta cuestión he podido comprobar cómo tus propias creencias escuchadas en los labios de otros pueden hacer que pierdas el autocontrol y no soportes a la otra persona, sólo porque en realidad, esa cuestión, tú, te la has dicho miles de veces antes y con igual o peor intención.
A veces estas cuestiones están dirigidas desde fuera, es decir , que tu mente sin apenas ser consciente hace que las creencias de otras personas se conviertan en las tuyas y así decidas vivir. Siendo otra persona, viviendo en otro cuerpo y otra mente que no son realmente tuyos.Con el propósito de otro.
Todos tenemos una esencia que aportar a este mundo, única, que en muchas ocasiones no merece la pena que pase el filtro de aceptación de las personas que tenemos alrededor, porque entonces ya no serás tú, tus emociones, tus miedos, tus reacciones, siempre acabarán siendo mediatizadas por lo que los demás opinan.
Puede que entonces, cargues tu ira contra ellos y los rechaces puesto que no has encontrado en tí mismo la paz necesaria para entender que cuando el otro te habla, te habla casi siempre desde sus creencias, desde lo que él piensa que es lo bueno y lo malo para él, desde su experiencia vital, desde lo que a él le han enseñado o ha aprendido a base de conectar causas-efectos por doquier.¿Eso realmente qué tiene que ver contigo?
Tú, lejos de ser reflexivo y poder advertir esto, haces tuyo ese pensamiento, te conviertes en ese personaje y libras una absurda batalla contra él en tu interior, porque ese no eres tú. Sin poder salir de ese círculo vicioso, dudando de tí. Creyendo que la otra persona descubrió tu debilidad y te machaca con ello. Cuando eres sólo tú quien lo haces.
Si consigues sólo o con ayuda ver cuál es el camino, en esta vida, que te va a revelar tu verdadero viaje y a desarrollar tu principal misión, todas estas cuestiones acabarán formando parte de un paisaje que verás como observador cuando sigas tu camino.
En el siguiente TED de Adam Liepzig te enfrenta a cinco preguntas que puedes hacerte para iniciar este viaje:
¿Quién eres?
¿Qué haces?, ¿qué te encanta hacer?
¿Por quién o quiénes lo haces?
¿Qué quieren o necesitan ellos?
¿Qué consigues con ello?
El 20% de las personas más felices, relacionan las tres últimas de la misma forma, con los demás.
Gracias a la gran recopilación de » La culpa es de la vaca» puedo contaros esta interesante historia:
«Hubo un gran violinista llamado Paganini. Algunos decían que era una persona extraña. Otros, que había en él algo sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, y por eso nadie quería perder la oportunidad de verlo tocar.
Una noche, el escenario estaba repleto de admiradores preparados para recibirlo. La orquesta entró y fue aplaudida. El director entró y recibió una gran ovación. Pero cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró. El violinista se puso el instrumento en el hombro, y lo que siguió fue indescriptible: blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar al toque de aquellos dedos encantados.
De repente, un sonido extraño interrumpió el ensueño de la platea: una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto. El director paró. La orquesta se calló. El público estaba en suspenso. Pero Paganini no se detuvo. Mirando su partitura, continuó extrayendo sonidos deliciosos de su violín atrofiado. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar.
Cuando el público se tranquilizó, de repente otro sonido perturbador atrajo su atención. Otra cuerda del violín se rompió. El director y la orquesta pararon de nuevo, mas Paganini continuó como si nada hubiera ocurrido. Impresionados, los músicos volvieron a tocar.
Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todos los asistentes, asombrados, gritaron un «¡oohhh!» que retumbó por la sala: otra cuerda del violín se había roto. El director y la orquesta se detuvieron. La respiración del público cesó. Pero Paganini seguía: como un contorsionista musical, arrancaba todos los sonidos posibles de la única cuerda que le quedaba al destruido violín. El director, embelesado, se animó, y la orquesta volvió a tocar con mayor entusiasmo. El público iba del silencio a la euforia, de la inercia al delirio.»
Imagina que esto ocurre en tu ocupación, en tu vida diaria. Que de repente algo con lo que contabas, no está, desaparece, se rompe, no llega, lo olvidas… ¿cómo reaccionas?
¿A qué o a quién te recuerda esta historia?
¿Recuerdas alguna vez en que, a pesar de parecer que estuviese todo perdido, te sobrepusiste y alcanzaste tu meta?
¿Encontraste una solución ante un «imposible»?
La mayor parte de las personas quieren alcanzar al gloria en sus respectivas ocupaciones aunque pocas están dispuestas a no rendirse ante el menor contratiempo. ¿Qué haces tú para ser diferente?, ¿para no desesperar?, ¿tienes siempre plan b, c..?
¿Estás acostumbrado a tener siempre la razón y a no ver más allá de lo que esperas ocurra?
¿Prefieres tirar todo el trabajo por la borda antes de ser creativo y perseverar en tu dedicación?
Aunque tu interior vaya, como el público, «del silencio a la euforia y de la inercia al delirio«, ¿cómo piensas que puedes empezar a ser tu propio Paganini?
La novedad era el cambio del Campeón del mundo de Moto GP de Yamaha a Ducati y la entrevista tenía por título eso “ El cambio” pero para mí el “gran cambio” de Jorge Lorenzo estaba en que todas las frases de esos más de cinco minutos de entrevista dejaban entrever que otra alteración se había producido.
El comienzo hablando de decisión arriesgada que le propone el periodista y vincularlo con la provocación de Valentino al aludir a la «testosterona masculina» para hacer la reflexión. Hace que Jorge Lorenzo no caiga en ninguna de las trampas propuestas devolviendo la cuestión a la libre interpretación de qué quiso decir Valentino y la referencia a preguntarle a él mismo. Indicando que su cerebro y su corazón fueron más importantes que ese tipo de insitintos primitivos.
Es interesante como el cambio en el comportamiento del piloto se interpreta por el periodista como un “ablandamiento” producido o bien por la madurez o bien por los años y como el campeón hace un análisis valiente de cómo te puede llegar a afectar la inseguridad personal, pudiendo llegar a interpretarse ésta como arrogancia o prepotencia. Explica como ser consciente de no necesitar camuflar esa inseguridad y sentirse bien consigo mismo le han ayudado en su actitud y han influido en su nueva imagen. Libre ya de las servidumbres de querer aparentar algo que no se es.
Admite la posibilidad de que sus gestos, aludiendo a su seriedad ante la concentración también se han interpretado, dando por hecho que era su carácter, enfatizando lo agrio del mismo. Faceta afable que reinvindica que existe cuando el reto no está ante él.
Admite que vive el momento en lo deportivo y en lo personal sin preocuparse en exceso lo que sucede en el futuro.
Analizando con tranquilidad y admitiendo los puntos fuertes de sus rivales, con normalidad cuando se le pregunta por ellos.
En un momento el periodista le traslada que quien sabe de motos piensa que “si la Ducati la cogen Lorenzo o Marc serán campeones del mundo” y es que su preparación mental, física y su deseo de arriesgar y superarse están sobradamente demostrados.
Admito que es mucho más sencillo, entre dos pilotos tan increibles, rendirse ante la sonrisa de Marc y su simpatía durante todo el proceso, que entender la cara de concentración de Lorenzo y el esfuerzo que está haciendo por mejorar y cambiar su comportamiento y su actitud dentro del circuito.
Para mí, existe un antes y un después de esta entrevista, en mi ya deportiva admiración por Lorenzo para empezar a admitir su gran liderazgo al destapar, sin complejos, su potencial también en su crecimiento personal.
Estoy con JJ Santos en que “ le va a ir muy bien y va a hacer historia”
El chachachá es un ritmo creado en Cuba a partir del danzón y el son en los años 50. El nombre de chachachá, es debido al sonido que los bailarines producen al arrastrar los pies por el suelo al bailar. El nuevo ritmo se hizo muy popular en las salas de baile, porque el ritmo no era ni muy rápido ni muy lento, era un ritmo intermedio fácil de seguir.
En uno de los movimientos de este baile en el que puedes avanzar por toda la pista de baile se da un pequeño paso hacia atrás y en ese pequeño paso pongo hoy el foco.
Ninguno de nosotros alcanza su meta con un sólo paso, la mayoría de los retos que nos fijamos conllevan tiempo de esfuerzo para construir hábitos, redes neuronales, superar nuestra propia inercia a los automatismos de siempre y por ello, algún que otro bache emocional y un poco de desesperación.
Dejamos de fumar y fumamos un cigarro, decidimos correr y nos duele un día la rodilla y dejamos de hacerlo, comemos una hamburguesa y dejamos la alimentación sana, nos decidimos a aprender un idioma y el primer día que no vamos a clase, nos damos de baja, nos proponemos ser amables y al segundo bufido nos sale el primitivo. Todo ello aduciendo que no somos capaces, que nos supera, que nunca conseguiremos hacerlo, que nos sentimos fatal. Una serie de pensamientos tóxicos que acabamos vinculando a estas metas y que ya hace que, el simple hecho de pensar en ellas nos ponga a la defensiva, multiplicando nuestras excusas. Me gusta fumar, me merezco esta hamburguesa, total yo no necesito saber inglés en mi vida, no es tan importante estar en forma, es la gente la que me pone de los nervios…
“Los que renuncian son muchos más que los que fracasan” – Henry Ford
Nadie recoge lo que siembra si no ha procedido antes a ello y además no sólo debe pasar por la siembra, si no que ese cultivo requiere de todo su mimo y cuidado hasta que es recolectado, a pesar de estar sometido a cuestiones como el clima que ni siquiera podemos prever.
Imaginaos a cualquier deportista, a nuestro admirado Nadal que al primer punto que perdiese empezase a dar raquetazos, a quejarse y a regalar el partido a su oponente. Que sus temporadas sin títulos hubiesen hecho que se retirase del tenis, algo lógico según algunos “habiéndolo ganado todo.”
La motivación y el impulso no pueden estar en los demás porque entonces te servirán todas esas excusas que cuentas, pero a ti mismo no te engañas. Sin embargo tu determinación y esfuerzo te harán invencible.
A quienes nos apasiona despertar el talento en las personas, no nos son ajenas las dificultades por las que se pasa, la determinación que hay que tener, lo diferente que hay que ser a todos los demás para reconocer que somos falibles y perfectibles y poner toda nuestra energía en conseguirlo. Todo porque cada día pasamos por ello, por mejorar continuamente y por eso entendemos la complejidad de entrenar sin desfallecer cuando todo parece jugar en contra. Creeme, en poco tiempo, todas esas recompensas, cuando vences, acaban acompañándote y motivándote para siempre.
Cuando has tomado la decisión, ¡ya estás en ello! aunque de repente flaquees y parezca que retrocedes, no es así. Hazte a la idea de que es un pasito atrás más del cha-cha-cha de la vida, etiquétalo como una forma de tomar impulso y de reforzar ese tesón para conseguir tu meta. Ya no eres el mismo que empezó, sabes mucho más y has conseguido sobre ti muchas más victorias. No te quites mérito. No partes del mismo lugar.
Las organizaciones tienen «planes de contingencia» por si algo sale mal. Baraja la posibilidad de que algo ocurra y cómo vas a reaccionar con tiempo. Antes de empezar, ten en cuenta que a veces nos estancamos o retrocedemos y que existe la posibilidad de ese pasito atrás pero que no va a significar que si sigues adelante, no cumplas tu propósito.
No te rindas, nadie alcanzó la otra orilla sin nadar o sin haber encontrado un puente.
Nadie deja de llegar a conseguirlo cuando se lo propone.
Tú, ¿vas a seguir bailando para celebrarlo antes o después, o te vas a rendir?
Un grupo de ranas viajaba por el bosque, cuando de repente dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del agujero y, cuando vieron lo hondo que era, le dijeron a las caídas que, para efectos prácticos, debían darse por muertas. Sin embargo, ellas seguían tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras les decían que esos esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas atendió a lo que las demás decían, se dio por vencida y murió. La otra continuó saltando con tanto esfuerzo como le era posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando, cada vez con más fuerza, hasta que finalmente salió del hoyo. Las otras le preguntaron: «¿No escuchabas lo que te decíamos?». La ranita les explicó que era sorda, y creía que las demás la estaban animando desde el borde a esforzarse más y más para salir del hueco.
Piensa si en algún momento lo que alguien te ha dicho ha impedido o bloqueado algún proyecto, alguna acción o alguna conversación pendiente.
Recuerdas en algún momento que a pesar de lo que te decían los demás has conseguido tu meta. Cómo lo ves desde la distancia. ¿qué estrategia utilizaste?
¿Cómo puedes hacer que lo que te dicen los demás no te influya negativamente?¿qué es lo peor que podría pasar? ¡Cuenta con ello!
Quizás lo que te dicen los demás incluye sus miedos y sus limitaciones y tú sin darte cuenta estás haciéndolos tuyos. ¿Quién dijo miedo?
Y si todo eso que escuchas te impulsara en lugar de frenarte ¿harías oídos sordos?
Aprender a cambiar los pensamientos negativos que hemos estado entrenando desde hace años, pasa por elaborar una estrategia que nos ayude para poder usar siempre que estos aparezcan.
Dándole vueltas a algo fácil de visualizar y que nos ayude a ver esta situación con otra perspectiva, vino a mi mente casi por casualidad un viejo juego electrónico de los 80, al que seguro muchos de vosotros habréis jugado hace tiempo: El juego de los marcianitos.(Os dejo un video al final del post, que os lo recordará).
En el videojuego, ahora da incluso sonries usando esta denominación, en una pantalla negra forman militarmente un montón de sencillas naves extraterrestres blancas que tratan con su avance de destruirnos. Nuestra tarea consiste en, haciendo movimientos con el mando o joystick, dispararles antes de que se acerquen a nosotros y acaben con alguna de nuestras vidas.
Pues esto que parece tan sencillo, que a muchos nos tuvo entretenidos durante algunos años, es lo que hoy os propongo como estrategia para haceros con vuestros pensamientos negativos y tóxicos.
En muchos casos cuando nuestra mente empieza a desarrollarlos, confundimos estos mismos pensamientos con nuestra propia mente, sin ser capaces de distinguir entre los productos de nuestra mente y nosotros mismos.
Muchos de estos productos son generalizaciones de momentos que hemos vivido como traumáticos en alguna ocasión y que revivimos como si fuesen ciertos, en el caso de que lo que nos esté pasando nos recuerde algo a aquéllo. Eso incluye los síntomas que se reproducen hasta hacer ese recuerdo tan vívido que da hasta miedo.
La buena noticia es que no son más que pensamientos que fabricamos por hábito y que somos capaces de, usando algunas estrategias, ir minimizándolos hasta hacerlos desaparecer, nadie dice que sea fácil, lo que sí que es cierto es que tu vida sin ellos, dará un giro de 180 º a mejor.
En Coaching lo llamamos reencuadre y consiste en cambiar el modo en el que vives las experiencias de esos mensajes tóxicos y decepcionantes que tú mismo te envías. No tratando de suprimirlos, porque no es posible y además la energía que emplearías sería agotadora para no conseguir nada, sino usando el conocimiento de “Yo no soy lo que pienso”para entrenar una estrategia en la que vayas siendo cada vez más consciente de que no son parte de tí, sino sólo lo que en un determinado momento piensas.
De repente empezarás a ver estos pensamientos negativos como falsos invasores de tu espacio vital y mental que en ciertos momentos te producen unos determinados y desagradables síntomas, sudor, palpitaciones, ansiedad… pero que lejos de negarlos empezarás a ver fuera de tí y cada vez más lejos.
Para ello necesitarás una estrategia, la que te propongo que puede funcionarte es que te imagines a los mandos de tu joystick mental y te decidas a acabar con el mayor número de invasores de tu espacio mental. Disparando contra ellos, tu propia munición como “Toma conmigo no puedes, “ no vas a dejar que deje de hacer nada por ti”, “ Ahora el que manda soy yo y voy a acabar contigo” hasta que liberes toda esa carga negativa en tu pantalla imaginaria y ese “Game over” sobre negro total te deje descansar, sintiéndote victorioso. ¿Comienzas tu juego?
No sé si algunos de vosotros es consciente de que la mayoría de las cosas que nos pasan, tienen más que ver con el papel que desempeñamos en cada momento, que con quienes somos y de donde venimos y la poca habilidad que tenemos para encajar cada cosa en su sitio sin que nos lastime en lo personal.
Seguramente alguien ha comenzado cerca de ti una conversación con «la gente siempre está quejándose» y tú rápidamente has hablado de ti, «pues yo»…
Empezamos por asumir que cada cosa que dicen tiene que ver con nosotros, que es, además, cierta por el hecho de que la dicen y con nuestra simple actitud de enfado la damos por buena. Cuando casi siempre, lo que hablamos dice mucho más de nosotros que de la persona sobre la que expresamos nuestra opinión.
Darnos por aludidos, es una costumbre que tenemos porque en muchas ocasiones no vamos más allá de lo que estamos escuchando. No contextualizamos el tema, ni lo matizamos y a veces no nos damos cuenta de que sólo con nuestra actitud damos más datos y ponemos más de nuestra cuenta que cualquier cosa que digamos. Damos por hecho que las dos personas que hablamos vemos exactamente lo mismo.
Otras veces, reconocemos nuestra actitud en los demás y no nos gusta y no dudamos en dejarlo claro con las mismas herramientas que estamos cuestionando. Entonces es cuando necesitamos que alguien ajeno a nosotros nos dé su visión sobre nosotros, tan necesaria para poder mejorarnos, trabajando antes nuestra actitud, antes de tratar de cambiar a empujones la de los demás.
Darse por aludido también implica una cierta visión de uno mismo como el ombligo del mundo, narcisista, que cree estar en el pensamiento de todos, y que vé en los demás la única intención de criticar y destruirle, cuando, si observamos la situación con detenimiento podemos comprobar como la mayor parte de nosotros, estamos casi siempre pensando y hablando de nosotros mismos y no de los demás.
Cuando recuerdas tu adolescencia criticando a tus padres, ¿querías herirlos o era una forma de tratar de separarte de ellos y reforzar tu independencia?
La calidad de nuestros días tiene mucho que ver con cuántas veces ponemos en marcha un urgente aviso en nuestra Central Mental de Alarmas. De cuántas veces asumamos que lo que nos están diciendo es algo que debe hacernos sentir de una determinada manera. Tiene mucho que ver con sentirse aceptado por los demás, algo que la mayoría de nosotros buscamos desesperadamente y que si no conseguimos ser conscientes de cómo nos afecta, puede hacernos creer que tenemos una vida dura e infeliz.
Pensar que así es tu vida y que no puede cambiar, hace que entres en un círculo vicioso en el que no sabrás que ha sido antes si el pensamiento tóxico o tu respuesta a la situación. Pronto te habrás acostumbrado a estar en ese permanente estado de alarma en el que crees que el mundo está contra ti y despertará todos esos síntomas que te hacen sentirte mal, a la vez que acostumbrarás a tu cuerpo a ellos y a las sustancias químicas perjudiciales que liberan.
Esto hará que cada situación que vivas la sobreanalices y la veas desde esa misma perspectiva en que te sientes constantemente atacado y no eres capaz de diferenciar lo que tú eres de esos pensamientos que te asaltan.
Y si preguntásemos cuando alguien habla, perdona ¿te refieres a mí? o ¿de quién hablas en realidad? ¿No avanzaríamos algo?