
Muy bueeenos días!!!!
«Lo importante no es quien empieza el juego sino quien lo termina»
¡No te rindas!
¿Cómo puedes hacer de esta una semana única?

Muy bueeenos días!!!!
«Lo importante no es quien empieza el juego sino quien lo termina»
¡No te rindas!
¿Cómo puedes hacer de esta una semana única?

Muy bueeeenos días!!!
La diferencia entre lo imposible y lo posible está en la determinación que tú tengas.
¿Qué vas a decidir este viernes único? 😉

Muy bueeenos días!!!
Alguien que no emprende es muy a menudo alguien que critica, quien se recuesta y mira a los que lo hacen y filosofa sobre cómo se está haciendo. Es fácil ser crítico pero emprender o proponer requiere esfuerzo, riesgo y cambio.
¿A qué equipo perteneces?

La genética nos hace perezosos y nos proporciona excusas a veces para no ponernos en marcha con un entrenamiento para mejorar nuestra actitudes y capacidades. Dejar que nuestras tendencias tal como las hemos automatizado gobiernen nuestra vida, nos aporta bastante poco y nos hace creer que pocas cosas están en nuestra mano, haciéndonos perder el control que tenemos sobre nuestro destino.
Para todo el que quiere un impulso potente es su vida, creer que se tiene control sobre la misma es básico. Esto lo descubrimos cuando algo que hacemos planificado, da los frutos queridos. Para poder comenzar tengo una propuesta para vosotros, prestar atención constante a todo aquello que tenemos que agradecer para que, en la comparación con la situación no muy agradable que podamos estar viviendo, salgamos ganando.
Estoy segura de que, a quien la salud le sonríe, se aflige por el amor, o por el trabajo o por el dinero y recurre antes a la comparación específica con otros en ese ámbito para sentirse mal, que a la gratitud todas las otras cuestiones que la vida les regala. Sin embargo, si es la salud lo que necesitamos, nos centramos en esa pérdida, y es en lo que nos comparamos con los demás, sintiéndonos cada vez más desafortunados.
Entiendo que la teoría parece un poco básica e incluso que cualquiera que esté pasando por un mal momento lo pueda interpretar como una broma de mal gusto, pero funciona, a pesar de que hacerlo, no es nada fácil. No parece muy justo que evaluemos cada asunto por su parte negativa sin tener en cuenta el resto de cosas que en nuestra vida, tenemos que agradecer.
Algunas personas están tan obsesionadas conque todo les va mal que apenas se dan cuenta de que unos pocos hechos desagradables unidos han montado una película en la que hay más drama que felicidad, simplemente porque se reducen a revivir esos malos momentos en su mente y a hacerlos únicos, una y otra vez. Dejando a un lado un montón de cuestiones que debiendo agradecer damos por hecho que deben que estar bien. A todos nos pasan cuestiones negativas, sobrevenidas, no planificadas, que no podemos elegir pero lo que sí podemos hacer es optar por dónde vamos a poner el foco, a qué le vamos a dar más importancia.
La neurociencia ha demostrado que cuando más practiques la expresión de la gratitud, más aparecerá automáticamente este sentimiento en ti en el futuro. Lógicamente un músculo definido no sale de la noche a la mañana, necesita entrenamiento. Pues esta cuestión funciona el mismo sentido.
Así que deja de echar la culpa a la genética y ponte a AGRADECER ¡ya!
«Dos hombres miran a través de los barrotes de la misma prisión; un vé barro y el otro estrellas»

¿De qué depende que veas una u otra cosa?¿a cuál grupo perteneces?, ¿trabajas tu actitud?

A veces pensamos que la vida es lineal y que todo lo que nos ocurre, tiene lugar en capítulos sucesivos, independientes, que debemos ir resolviendo para luego dedicarnos a otros, como si pudiésemos abrir y cerrar cajas con los diferentes asuntos.
“A ver si acabamos con esto y…” es una frase de la que abusamos, impidiendo mentalmente que otra cosa pueda suceder mientras, como si eso fuese algún obstáculo para que la vida no siguiese su curso. Hacemos que toda nuestra energía esté preparada sólo y exclusivamente para ese evento. Tanta concentramos que, cualquier cuestión sobrevenida, que salga de nuestras expectativas, nos deja devastados, sin fuerzas…o enfadados e iracundos.
Ya sea el tratamiento de una enfermedad, la búsqueda de un empleo, la consecución de un proyecto, incidentes que parecen superarnos, todo ocurre a la vez que miles de cuestiones más a las que prestar atención, sin prisa pero sin pausa, puesto que la demora y la inacción también se convertirán en tus decisiones con consecuencias. No las dejes solas convertirse en lamentos.
Muchas de estas decisiones las tomamos en la más absoluta incertidumbre sobre cuál será el resultado y debemos ser conscientes de que las que tomamos, con esa complejidad, sin certezas, pueden paralizarnos y conducirnos a decisiones irracionales.
Los psicólogos, Amos Tversky y Eldar Shafir escribieron sobre el “principio de cosa-segura” y de cómo la mera incertidumbre afecta a nuestras decisiones, incluso cuando ésta no es indispensable para nuestro fin. Uno de los ejemplos que exponían en su estudio es el de alumnos que se enfrentan a un importante examen y a la vez a decidir si hacer un largo viaje después. Del grupo a los que les dijeron que lo habían aprobado, un 57% decidieron hacer el viaje. De los que suspendieron, un 54% decidieron ir de todas formas. Sin embargo dentro del grupo que no conocían el resultado, un 61% pagaron una reserva para poder decidir después. ¿Qué conclusión puedes sacar tú de estos datos?
Este ejemplo demuestra cómo, a pesar de que la vida pasa y sigue su curso, muchas de las decisiones que tomamos en momentos de incertidumbre pueden paralizarnos o hacer que nos perdamos muchas cosas.
Atribuyen a John Lennon esa frase que rara vez toma sentido para todo el mundo “ La vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes”
¿Y si consiguieses seguir viviendo mientras tanto? Tú decides.

En cuanto empieza el nuevo año, en todas las revistas, periódicos y posts puedes leer sobre cómo prepararte para cumplir los objetivos que te has propuesto como inicio. Algunos de estos son tan comunes que tienen los pasos añadidos al propio artículo y están dentro de éstos, seguro: hacer ejercicio, perder peso, aprender un idioma, dejar de fumar…
Si reflexionáis un poco sobre ellos, tienen varias cosas en común:
• Crees que tienes el 100% del control sobre ellos, puesto que dependen casi siempre de ti, por lo que no conseguirlos, en muchos casos, te hace sentirte, una vez más, fracasado.
• Este fracaso hace que tu percepción de ti mismo sea cada vez peor, te veas y sientas más limitado y tu autoestima y confianza en ti mismo te sitúen en un nivel del que sea difícil salir para conseguir cualquier otra cuestión.
• Condicionan tu felicidad porque no dejas de pensar una y otra vez, a pesar de verlo casi imposible, que tu vida sería maravillosa cuando lo consiguieses, por lo que mientras tanto no serás capaz de disfrutar del proceso y se convertirá en un sueño inalcanzable que no potenciará que quieras conseguirlo.
• Sólo lo relacionas contigo, en ningún momento ninguno de estos objetivos pasa por considerar el entorno, salvo para evitarlo en el caso de que no sea favorable. Como si fuese tan fácil permanecer al margen de todo y tan satisfactorio centrarse en uno mismo.
Lo que casi nunca incluyen estos objetivos, es esto último, la preocupación por los demás, por el entorno, por colaborar, ayudar o compartir algo que no sólo mejore tu vida sino que sea un gratificante empujón en la de los demás.
Puedes decirme que cualquiera de los objetivos anteriores tiene que ver con tu entorno pero, ¿realmente lo tienes en cuenta cuando lo piensas?, ¿es ese tu motor?
El difícil propósito de darle a tu vida sentido es mucho más gravoso si lo circunscribes a ser el único beneficiario de tus objetivos. Somos seres sociales y el sentido de pertenencia o de utilidad tiene su máxima expresión en las relaciones humanas, que a veces dejamos en segundo plano, incluso pensamos que cuando nuestros objetivos-condiciones se cumplan todo será maravilloso. Mientras, todos los que están a nuestro alrededor y que permanecen como figurantes en nuestra vida difícilmente podrán creernos cuando esto ocurra.
No pierdas de vista a los demás en tus objetivos de 2017 y seguramente esta novedad supondrá una victoria gratificante sobre ti mismo que además podrás celebrar acompañado.
¿Qué pierdes por innovar en tus propósitos anuales?
¡A por el 2017 con ganas y juntos!

Lástima que a veces no podamos ver desde fuera que nuestra insistencia se torna en intransigencia y nuestra razón queda escondida en una actitud pueril cuando, en lugar de proponer, argumentar y aprender del resultado lo reducimos todo a ganar o perder.
Entonces, es cuando sale nuestro primitivo que busca que nuestro ego salga lo menos maltrecho de la situación, en lugar de cediendo y reconociendo nuestro error , impulsándonos a avanzar hacia una posición de no retorno, pese a que se lleve por delante el buen ambiente creado, la confianza ganada o todo el trabajo anterior. Lo importante es controlar a ese niño que llevamos dentro y con el que no has sabido negociar, que además te pone entre la espada y la pared, aconsejándote mal, diciéndote que retirarse o rectificar, lejos de ser de personas sabias es de débiles sin criterio.
De personas de este tipo estamos sobrados de ejemplos, jefes, políticos, compañeros, amigos… que prefieren seguir hacia delante en sus propuestas, caiga quien caiga para no tener que asumir que quizá los demás tengan razón y admitir su falibilidad como seres humanos. Si a esto le sumamos la falta de interés por los demás, ser de los que sólo critican, destruyen y nada proponen, compondremos el sistema que premia este tipo de personas frente a la coherencia, la empatía y el esfuerzo en construir.
Da igual lo que se lleven por delante para demostrar su impostada fuerza puesto que lo único que queda al ventestato es, no sólo su falta de seguridad para saber reconocer errores, sino su falta de empatía para pensar por un momento en, a quiénes embarcan en su lucha contra los molinos y en qué situación quedará su credibilidad y su posición para futuras negociaciones y consensos.
Aunque siempre abusan de los que siguen adelante a pesar de estas tretas, y consiguen que alguna vez, dando pena sean readmitidos en el juego, aunque eso sí, jamás en una posición igual. Una vez menoscabada la confianza y habiendo quedado claro que la organización o el equipo poco importa es cuestión a corto plazo que prescindan de él.
Siempre he pensado que juntos se llega mucho más lejos, que construir es la única satisfacción, al mismo tiempo que destruir y criticar sin más, te lleva al gris tan oscuro que tu mente jamás vuelve a ser la misma sin un arduo trabajo. Todos juntos somos mejores, ¿para qué echarlo por la borda?

Muchos de los acontecimientos que estamos viviendo a nivel mundial y que parecen acabar con todas las apuestas y encuestas tienen que ver mucho con el miedo y con cómo respondemos ante él. Además dice mucho de nosotros y de cómo enfrentamos la vida, decidiendo entre construir un mundo competitivo o colaborativo.
Cerrar nuestras fronteras de país, proteger lo que consideramos nuestro y excluir a todos los demás forma parte de un modo de actuar que se está imponiendo por momentos. Veo con tristeza gente que incluso celebra que lo “políticamente correcto” esté llegando a su fin y que al menos ahora cada uno podrá decir realmente lo que piensa.
Para mí lo considerado “políticamente correcto”, es exactamente lo que pienso, creo que el mundo es un lugar mejor cuando reflexiono sobre lo que voy a decir y digo sólo lo que aporta algo y no daña a nadie gratuitamente, que por otra parte es lo que todos podríamos hacer.
Entiendo que hay muchos que ven el mundo como la película de “Los Inmortales” en la que sólo puede quedar uno, y ese constante pensamiento de supervivencia hace que todo cambio lo sienta y vea como una amenaza que le hace vivir en un permanente estado de alerta. Haciendo que cada paso que dé sea obsesionado por él mismo.
Si además ese sentimiento es alimentado por políticos y medios, cualquier mensaje dirigido a enrocarse y protegerse de eso desconocido es bienvenido, celebrado y votado.
Ayer leía una entrevista a Stephen Hawking en la que hablaba de la desaparición de muchos trabajos debido a los avances en inteligencia artificial, todos los comentarios que tenía la noticia, tenían más que ver con el miedo que con la confianza en que sepamos adecuar nuestra existencia a nuevos procederes en los que podamos disfrutar más del tiempo, sepamos distribuir mejor el fruto de esos avances y hagamos de este mundo un lugar más amable y colaborativo.
La globalización hace que cuestiones como los idiomas y la tecnología sean indispensables para poder contribuir pero esto no quiere decir que excluya a nadie, sino que tenemos que interiorizar que aprender algo nuevo, será una cuestión habitual en los nuevos tiempos y que dejaremos atrás lo de hacerlo sólo por unos cuantos años.
Adaptarse a no saber algo, tener que aprenderlo y practicarlo durante tiempo es algo que todos podemos hacer hasta el final de nuestra vida, en condiciones normales, por lo tanto podemos aprovechar el impulso de ese miedo para empezar hoy mismo. Sin vergüenza o pereza.
Poner a disposición de todos estos recursos es la obligación de todos los que en lugar de dar herramientas, reducen capacidades con oscuros vaticinios.
Siempre hemos sobrevivido adaptándonos al medio y no va a ser la tecnología o la globalización algo diferente. Juntos siempre hemos conseguido muchos más logros que por separado.
Utilizando nuestro potencial al máximo en favor de los demás conseguimos no sólo que avancemos todos sino que tengamos un propósito de vida compartido que merezca la pena. No dejar a nadie atrás nos hace humanos. No dejemos que nuestro primitivo basado en la supervivencia dirija nuestras vidas y preparémonos para hacer algo grande juntos.
Podemos competir para colaborar o colaborar para competir pero no merece la pena hacerlo para excluir. El mundo siempre será un lugar donde convivamos todos.

Cuando piensas en buscar paz y tranquilidad, la mayoría de nosotros imaginamos un lugar en silencio, sin ruido, ni estrés, en el que el propio ambiente haga de lenitivo para nuestro desasosiego pero y si encontrásemos ese lugar en cualquier sitio…
Buscando una metáfora para ilustrar mi reflexión encontré este cuento » La paz perfecta»
«Cierto rey prometió un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos lo intentaron. El rey observó y admiró todas las obras, pero solamente hubo dos que en verdad le gustaron.
La primera mostraba un lago muy tranquilo, espejo perfecto donde se reflejaban las montañas circundantes. Sobre ellas se encontraba un cielo azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura estuvieron de acuerdo en que reflejaba la paz perfecta.
La segunda también tenía montañas, pero estas eran escabrosas. Sobre ellas había un cielo oscuro, del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua.
Esta imagen no se revelaba para nada pacífica. Pero cuando el rey analizó el cuadro más cuidadosamente, observó que tras la cascada, en una grieta, crecía un delicado arbusto. En él había un nido y allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, un pajarito.
¿Cuál cree usted que fue la pintura ganadora? El rey escogió la segunda. La paz —explicó— no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin dolor. Significa que, aun en medio de estas circunstancias, nuestro corazón puede permanece en calma»
Mi pasión por la tecnología y el conocimiento de esto de quienes me quieren y tengo cerca, hacen que pueda disfrutar de lo que en principio parecerían «chorradas» en mi reloj. Una de las aplicaciones consiste en un alerta que parece simple » Respirar», la puedes programar el tiempo que quieras, con las repeticiones que desees y siguiendo una figura que se ensancha y enpequeñece puedes hacer que tu respiración te ayude a relajarte. Estaba a punto de desconcetarla ` para que no me incordiase más la vibración de la alerta cuando me descubrí respirando agitadamente sin motivo. Eso me sorprendió, aquello que estuviese pensando inconscientemente me hacía mantener mi cuerpo alerta y en tensión y me aleceraba.
De repente comprendí cómo mi paz interior depende en gran medida de que sea consciente de mi respiración y desde entonces sigo disciplinadamente mis alertas de respiración. Apenas puedo creer que a veces «se me olvide respirar.»
A tí, ¿te ocurre lo mismo? y si lo pruebas con una alerta en el móvil.Pod´rías ser ese pajarito que vive tan feliz en medio de las tormentas…

Nos pasamos la vida gestionando expectativas y de ello depende, en gran parte, nuestra felicidad. Sobre todo cuando el resultado de éstas lo controlamos en muy poco porcentaje. Muchos podrían ser los ejemplos que puedo reflejar o que tú puedes imaginar pero hoy quiero referirme a algunas cuestiones que dependen de la salud.
No consideramos que las enfermedades sean parte del camino, y por lo tanto sufrirlas o padecerlas nos parece una maldición divina que nos aparta de lo que realmente entendemos como vida. No reparamos durante años en lo que el cuerpo necesita, ni invertimos mucho tiempo en escucharlo y cuidarlo, y menos relacionamos este descuido y abuso con el eventual mal funcionamiento de nuestro mecanismo.
Esto no quiere decir que todo dependa de nosotros, ¡ojalá! muchas veces combinaciones fuera de nuestro alcance nos sorprenden, aunque tampoco somos conscientes de lo que podemos conseguir al optimizar lo que sí depende de nosotros, poniendo todo de nuestra parte.
Pero no sólo se trata de cuidarse. Cuando empezamos con síntomas, creemos que pasará enseguida o que tomando esto o lo otro mejorará, aunque pocos hemos visto a nadie curarse de un resfriado en menos de siete días, tomes lo que tomes. Otra diferencia entre esperanza y resultado.
Cuando vas al hospital, sólo piensas en cuándo saldrás, no en salir de allí cuando estés bien, en que los resultados serán estos o los otros. Si te dicen uno o dos días por supuesto piensas en uno y si finalmente estás más, tu predisposición a estar allí ya no es la misma. ¿Qué ha ocurrido diferente?
Cuando sólo pensamos en sólo un escenario y una sola opción inmutable es cuando ocurre que nos convertimos en inadaptados y por lo tanto sufrimos el doble con cada cambio que no teníamos previsto, o que no hemos querido valorar porque no nos interesa tenerlo en cuenta.
Ser feliz requiere flexibilidad, tolerancia en la posible producción de múltiples resultados y admitir que los malos y los buenos resultados son caras de la misma moneda, no todos son buenos momentos y a veces son increíblemente duros.Es cierto que decirlo es fácil y sufrirlo es muy distinto pero y si nos imaginásemos en más situaciones y dibujásemos más opciones, no estaremos más preparados para cuando llegue el cambio, el incidente, el accidente, la enfermedad.
Nos creemos a salvo de todo mientras no nos toca y cuando ocurre no estamos preparados para asumir que somos tan potenciales acreedores de todo como cualquier otro. La tolerancia a que las expectativas acaben llevándonos a otros resultados no esperados y a la vez luchar porque sean en la medida en la que podamos los que queremos, estoy segura de que nos acercarán un poco más a disfrutar de la vida mucho más y a menudo. Prueba y me cuentas.

Tengo la inmensa suerte de que mi dedicación a veces pone en mi camino la posibilidad de conocer héroes extraordinarios, personas que debían estar en el imaginario colectivo y sin embargo hacemos tan cotidianas y pequeñas sus hazañas, que acabamos creyendo que no tienen tanto mérito, con la única intención de no ver ampliadas nuestras propias miserias y miedos.
Hoy he tenido la suerte de conocer a dos increíbles personas, Luis y Merche que se han acercado a compartir conmigo la absurda lucha que tenemos en las comunidades de vecinos por determinadas inversiones que consideramos gastos. Casi siempre las valoramos desde la superioridad que da creerse invencible o pensar, frívolamente, que son fruto de veleidades de los demás en lugar de pensar que cualquier tipo de accesibilidad siempre juega en favor de todos.
En nuestra socialización, por simplificar, nos enseñan que todo debe ser de una determinada forma para ser «normal» y todo esto se reduce a lo que vemos, casi nunca a lo que somos, nada a lo que sentimos y menos a lo que podemos ser. Dos ojos, una nariz, cuatro extremidades, pelo, andar de una determinada manera, hablar de otra. Todo está tan claro y debe ser tan parecido que lejos de pensar en el aprendizaje que supone la diferencia, pretendemos, con la ignorancia, combatiéndolo o invisibilizándolo, que desaparezca y con ello el supuesto «problema».
Pues bien después de conocer a esta genial pareja, la única que sea ha hecho pequeñita y casi invisible he sido yo misma. Saber que hay quienes superan barreras mentales y físicas todos los días y aún así les preocupan los demás y se ocupan en cómo servirles de ejemplo o cómo conseguirles mejoras, hace que me plantee seriamente mi energía, mi productividad y mi contribución a este mundo que tanto me interesa mejorar, además lo hacen con buen humor. Permitidme que les considere héroes.
Si no contase que estos dos seres humanos viven y conviven compartiendo parálisis cerebral, no le haría justicia a su esfuerzo y tesón para acabar su formación universitaria, aprobar una oposición, el carné de conducir, ser pareja, tener su casa y dos increíbles perros. Sólo con estas breves pinceladas, todo lo demás, sobra.
Pero lo más apasionante es que ahora tengo dos héroes como amigos y aliados y lo que es más importante, como ejemplo de que las barreras existen principalmente en nuestra mente. Perdonad el atrevimiento de escribir sobre vosotros pero hay historias que es obligado contarlas. Gracias Luis. Gracias Merche.

«La felicidad escondida»
Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos dijo:
—Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero ¿qué?
Después de mucho pensar, uno dijo:
—¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. El problema es dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
Propuso el primero:
—Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
—No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está —replicó otro. Se escuchó una nueva propuesta:
—Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Otro señaló:
—No, no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.
—Escondámosla en un planeta bien lejano de la Tierra —propuso otro.
—No —le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia, y un día alguno va a construir una nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.
El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas, dijo:
—Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:
—¿Dónde?
—La esconderemos dentro de ellos mismos; estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva.

Viendo ayer un capítulo de la serie «Black Mirror», que por cierto recomiendo para quienes les guste reflexionar sobre las futuras implicaciones que puede tener la tecnología en nuestras vidas en su versión más asfixiante, encontré una fabulosa metáfora para poder ahondar más en cómo nosotros hacemos funcionar nuestra mente.
La propuesta: cualquiera puede instalarse, con una pequeña incisión, un dispositivo tras la oreja, que cuenta con la capacidad suficiente para poder almacenar toda tu vida, con todas tus vivencias y recuerdos y, mediante un mando a distancia acceder a ver cualquiera en ese momento, reviviendo, cualquier episodio de tu vida.
Además, en esas vivencias, vas a recordar todo lo que has presenciado, oído y sentido y todo lo que hicieron o dijeron quienes estaban contigo en esa situación.
Contéstate con sinceridad y, si te haces más preguntas, añádelas al final por favor:
Lejos de adelantarte qué ocurre en el capítulo sólo te dejaré el título «The entire story of you»
¡No te lo pierdas!

Cuando hablamos sobre estrategias de grupo, de trabajo en equipo, muchos solo piensan en el ámbito laboral pero si reflexionamos un poco sobre qué nos hace pensar que otros grupos que dirigimos o en los que participamos no requieren planificación y habilidades como la familia o los amigos, igualmente podemos descubrir grandes semejanzas.
Cuando pensamos en trabajar en equipo, algunos piensan que solos, pueden ir más rápido o que requiere menos esfuerzo, o quizá confían demasiado en sus capacidades y creen que la salvación individual es lo que necesitan pero tarde o temprano te dás cuenta que, en cuanto salgas de tu burbuja y de tus primeros años reducidos a objetivos de producto, los demás serán imprescindibles en tu vida si quieres ir lejos.
Para que puedas emprender ese viaje acompañado los demás tendrán que confiar en ti y para que esto ocurra tus objetivos tienen que estar explícitos en tu equipo y alineados con los de los demás. Hay veces que intuimos erróneamente que los demás tienen los mismos que nosotros y la mente en modo supervivencia empieza a hacer de las suyas, como si todo fuese escasez y como en “Los inmortales”solo puede quedar uno.
O quizá quiera enriquecerse o sacar beneficio en exclusiva, o quizá copiar una idea o ganar experiencia tú solo, esto al final se nota. Te conviertes en una fruta podrida que pudre todo lo que toca, enrarece el ambiente y destruye la confianza del grupo.
La pregunta es ¿ quieres pasar casi diez horas en un ambiente sofocante, de dudas y sospechas en el que te enfrentas a un infierno emocional o eres capaz de construir un equipo en el que la creatividad, la alegría y la motivación reinen?
Si intuyes que alguien quiere estar en otro sitio o lo sabes, si sólo critican al líder, o a sus compañeros, o la estrategia y quieren tener su propio grupo de seguidores, es importante detectar a estas personas para dosificar la inversión en energía y no llevarse desilusiones.
Conocer los proyectos de vida de tus colaboradores te hará poder tener una estrategia clara y saber qué delegar y en quién y sobre todo para qué. Tenlo en cuenta para formar tu equipo, da espacio a nuevas personas que sí tengan el compromiso y la pasión necesaria para llevar vuestro proyecto hasta el final.

LA CARRETA VACÍA
Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
—Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?
Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
—Estoy escuchando el ruido de una carreta.
—Eso es —dijo mi padre—. Es una carreta vacía.
—¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? —le pregunté.
Y él respondió:
—Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.
Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.
¿Y si esta semana nos retamos a escuchar más que a hablar?
¡No dejes de entrenar para convertirte en tu mejor versión!

Seguro que habéis asistido a una reunión de trabajo, familiar, de amigos en la que tú mismo o alguien de alrededor lanza una idea y de repente se establece un disputado turno de palabra para opinar sobre ella. Resaltando todo lo negativo que puede implicar.
Es cierto que la cultura occidental está preparada para ser reactiva y mientras nos callamos y disimulamos cuando se piden propuestas, estamos prestos a sacar nuestro bolígrafo rojo para poner peros en cuanto hay una encima de la mesa, cuando no es nuestra claro.
Con ese proceder, muchas de las personas que tienen o tendrían ideas en la mayoría de las situaciones, no están dispuestas a somerterse a esa tortura devastadora, prefieren no hablar u opinar ante tamaña sangría. Perdemos ideas, propuestas, talento…
Me encanta la denominación de “Sombrero negro” que hace Edward de Bono en su libro “Seis sombreros para pensar” cuando habla de la utilidad de hacer juicios negativos en el proceso del pensamiento, tratando de poner a prueba cuestionando la propuesta y que realmente considero necesarias, aunque también afirmo que en esta práctica, muchas veces caemos la complacencia negativa.
Destruir es más fácil que construir, así que cuando criticas viendo sólo lo negativo, no te creas tan listo. Sólo consigues esa ficticia satisfacción inmediata de encontrar un fallo, que a veces te hace sentirte incluso superior. Cayendo en la necesidad contínua de tener algo que «criticar» para sentirte útil.
Quiero que sepas que es mucho más fácil ver defectos que virtudes y por lo tanto si estás en ese equipo, tienes mucha competencia. Además una vez que tu química cerebral por repetición sólo ve esto, lo reduce a una cuestión de supervivencia:miedo y seguridad, es difícil cambiar y tendrás que practicar mucho más ver lo positivo.
Seguramente estarás acostumbrado a hacer descripciones certeras y detalladas de los problemas pero no estarás en el equipo de las soluciones y de la creatividad. Por lo tanto si estás dispuesto a cambiarte de equipo prueba a ver primero los aspectos positivos de lo que te propongan para poder avanzar y mejorarla. Y después ponlos a prueba.
Ser exclusivamente un «sombrero negro» déjalo para los hackers que colapsan servidores, rompen sistemas de seguridad de ordenadores y redes y utiliza tus habilidades y capacidades para construir. Sé diferente. Construye.

A mis abuelos les agradezco infinitas, muchísimas cosas, entre ellas que gracias a su labor tan vocacional de maestros, pueda disfrutar de un rincón muy especial en este genial pueblo que es Navamorcuende. Este verano en su Semana Cultural he tenido la suerte de poder contribuir a hacer de este lugar uno más especial para mí, gracias a la Asociación Cultural «Peña la Nava» y a su invitación a participar con una charla sobre un tema libre. Decidí invertir tiempo y esfuerzo en preparar una charla que mereciese la pena para que dedicáseis vuestro precioso tiempo a algo que, al menos, os hiciese reflexionar.
Con lo que no contaba es con que el inagotable y genial Jesús Pastor, decidiese grabar esta charla. Contar con su presencia y su trabajo ha hecho posible que hoy pueda compartir con vosotros esos especiales momentos que yo viví encantada ese miércoles de agosto.
Espero que si decidís verlo o escucharlo, os sirva al menos para revisar algunas cuestiones que pasamos por alto en nuestro dia a día. Agradeciendo la oportunidad y el trabajo de todos. Espero vuestros comentarios para crecer y mejorar.
Muchas gracias

Todos conocemos, o nos reconocemos, en personas que a menudo utilizan la rabia, el enfado, la ira para resolver o afrontar muchas cuestiones de su vida diaria. Se esconden tras el eufemismo de » tener carácter», que suele simplemente ocultar su mal carácter.
La mayoría, observando esto, nos quedamos en la superficie, pensando en cómo nos afecta a nosotros esa forma de actuar, lo que nos hiere, lo que nos molesta, lo que vamos a hacer o no para evitar tratar con esa persona. En lo que pocas veces pensamos es en lo que a esa persona le está pasando para que su actitud sea esa.
Como refiere Yoda, el miedo es el lado oscuro de cada uno y lo demostramos de diferentes formas, hay a quienes les paraliza, a otros les lleva a la ira, al enfado y otros han conseguido que trabaje a su favor, siendo conscientes de cómo les afecta.
El miedo te empuja a la ira, ésta al odio y todo ello al sufrimiento. Además como nadie puede pensar que con esa actitud estás sufriendo, éste será en la más absoluta soledad e incomprensión.
Esta sensación puede llevarnos a odiar algo o a alguien cada vez más y a asociar cuestiones externas o personas con algo que sólo tiene que ver con nosotros y nuestra falta de capacidad para afrontarlo.
Seguramente, si pensamos que detrás de cada uno de nuestros “ogros” personales casi siempre hay miedo, seremos más comprensivos y compasivos con quienes lo están sufriendo. Miedo a ser vulnerable, a no saber qué hacer en determinados casos, a no saber cómo reaccionar, a perder algo… Hay tanta variabilidad como personas. Sin embargo la raíz de todo ello es la misma, el miedo.
Si tenemos esto en cuenta en nuestra vida podremos ayudar y comprender no sólo la actitud de los demás sino a nosotros mismos para que, la próxima vez que actuemos así seamos capaces de establecer otra estrategia que nos ayude a seguir adelante, evitando que nos quedemos anclados a cuestiones que nos bloquean, lejos de dejarnos crecer.
Que el miedo no pueda contigo.
“ El miedo cultiva el miedo” Byron Janis

EL ECO
Un padre y su hijo estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cayó, lastimándose, y gritó:
—¡Aaaaaayyyy!
Para su sorpresa, oyó una voz que repetía, en algún lugar de la montaña:
—¡Aaaaaayyyy!
Con curiosidad, el niño gritó:
—¿Quién está ahí?
Y recibió esta respuesta:
—¿Quién está ahí?
Enojado, gritó:
—¡Cobarde!
Y escuchó:
—¡Cobarde!
El niño miró al padre y le preguntó:
—¿Qué sucede, papá?
El hombre, sonriendo, le dijo:
—Hijo mío, presta atención —y gritó hacia la montaña—: ¡Te admiro!
Y la voz le respondió:
—¡Te admiro!
De nuevo, el hombre gritó:
—¡Eres un campeón!
Y la voz le respondió:
—¡Eres un campeón!
El niño estaba asombrado, pero no entendía nada. Entonces el padre le explicó:
—La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces.
¿Qué le dices tú a la vida?, ¿qué le dices o haces a los demás que quieres que la vida te devuelva?
¿Y si a partir de ahora piensas en esto antes de decir o hacer?
¿Cómo quieres que sea tu eco?