¿Qué llave abre tu éxito?

llave

 

 

Estamos sometidos a tantos impactos sensoriales a lo largo de nuestro día, que en muchas  ocasiones conviene parar un poco, ver adónde vamos y para qué.

Una de las razones por las que merece la pena esta reflexión, es porque en muchas ocasiones, nuestro objetivo vital está demasiado matizado por lo que vemos y escuchamos hasta incluso desvirtuarse con respecto a lo que nosotros deseamos.

Amalgamamos las opiniones y consejos de nuestras madres, padres, amigos, medios de comunicación, gurús, etc, tejiendo una concepción de cuestiones tan importantes de delimitar como qué es el éxito para nosotros, haciéndolo con los modelos de los demás. Patrones, que no revisamos cada cierto tiempo para ver si son realmente nuestros deseos, con lo que conseguimos acabar lamentándonos, cuando  tenemos más tiempo para mirar atrás.

Si para ti el éxito se reduce a que consigas reconocimiento y dinero, quizás tengas una visión un tanto reduccionista, que pueda llevarte a un vacío existencial.

El éxito en “todo”, es prácticamente una quimera, así que llegar a un equilibrio personal que nos satisfaga, será nuestra conquista. Teniendo claro que nadie puede juzgar a nadie por su elección puesto que el objetivo de todos es nuestra felicidad y el camino para vivirla es personal e intransferible.

Si alguien prefiere su éxito profesional y para ello tiene que minorar otras dedicaciones de su vida, fenomenal. Si alguien decide que su vida familiar es lo que le satisface y es su misión, adelante. Quien la quiere dedicar a los demás, bienvenido sea. Lo que a ti te haga feliz, siempre que lo elijas tú e  independientemente de lo que digan, hasta tal punto, que ni te molestes en justificarte o explicarte porque lo tienes tan claro, que no lo necesitas.

Si algo aprendes cuando reflexionas sobre el éxito es que a veces no es nada fácil la elección, con tanta información contradictoria  y tanto “lo que deberías”, “lo que estás bien” o “lo que está mal”, se complica. Lo ideal es revisarla tú mismo, con tu perspectiva  y tan a menudo que siempre puedas identificarte con ella, a la vez que te encuentras  absolutamente incapaz de juzgar las elecciones de otros. A veces quien más juzga a los demás es quien más lucha interna tiene, eso lo acabarás concluyendo seguro por ti mismo. Incluso esta reflexión te va a hacer entender y comprender cada vez más las razones que les llevan a esas decisiones y te empujará a animarles en sus desarrollos vitales, sin cuestionarles.

Ese esfuerzo para hacer una elección, hace que les considere valientes  para querer conducir sus vidas hacia donde desean, para establecer esos objetivos.  Sin intentar mediar ni influir en sus decisiones, lo que a ti te sirve puede arruinar la vida de otro, infundiéndole miedos o prejuicios. No vendas consejos, cuando tú no los quieres y además no los necesitas.

Lo que realmente necesitamos es el  coraje suficiente para  mirarnos nosotros  mismos,  en nuestro interior y buscar las razones por las que nos merece vivir, trabajar,etc. Reconociendo  los valores que nos motivan y que  producen  nuestros comportamientos  para entonces actuar conforme a ellos, al margen de las actuaciones y  opiniones de los demás.

No compres versiones del éxito a otros.

¡Constrúyete la tuya!

Si necesitas inspiración escucha esta perspectiva del filósofo Alain de Botton

Guille

guillellora

 

 

Esta tira de mi admirada Mafalda ha sido una de las que ha perdurado durante años en mi memoria. Seguramente no es la más ingeniosa, ni la más conocida pero a mí me impactó,  y  hoy me gustaría reflexionar sobre ella.

 guille

Una de las cosas con las que más disfruto de las personas con las que trabajo es viendo como consiguen pasar de víctimas a protagonistas  de sus  propias vidas, sintiéndose y viéndose cada vez más capaces, más responsables y más fuertes para lidiar con las cuestiones que nos plantea la vida a diario.

En muchos de estos casos, observo como patrones y creencias establecidas en la infancia se incrustan en nuestra forma de pensar, haciéndonos adultos biológicamente pero dejándonos ser inmaduros emocional o intelectualmente.

Una de las cuestiones más interesantes para observar es cómo se traslada a la madurez  el concepto de  responsabilidad que cada uno vamos modelando  a lo largo de la vida.

Cuando somos pequeños nuestra socialización, a veces nos hace relacionar “ser responsable” con “ser culpable” y muchos de nosotros aprendemos a ocultar esto hablando de manera impersonal “se cayó”, “se rompió”, o culpando a otros de nuestros propios actos “alguien le pegó”, “le insulté porque él lo hizo primero”. Desde que se “hizo solo” hasta que “lo hice sin querer”, nuestro periodo infantil es un continuo pasar la pelota para no admitir la realidad de nuestra autoria, practicando el lenguaje de la irresponsabilidad.

 Un sinfín de justificaciones y excusas que esgrimimos y que sólo consiguen  que  no asumamos nuestra intervención en la acción. Esto que puede parecer inocuo, hace que muchas personas mantengan este patrón durante toda su vida, viéndose incapaces de sentirse a los mandos, y que continúan justificando lo que hacen con meras excusas externas.

“Fumo porque estoy nervioso», como si estar nervioso no dependiese de uno mismo o no pudiese derivar en otras miles de opciones para acabar con tus nervios.

“Estoy deprimido porque me dejó tal” como si esa otra persona tuviese el poder de deprimirte sólo con dejarte o tú no tuvieses una parte activa y otras miles de opciones para reaccionar.

El no sentirte protagonista  y pensar que cualquier excusa es buena, te lleva a no ser responsable y buscar justificaciones externas , algo que implicaría admitir que tu hábito de fumar es mayor que tu motivación para dejarlo y que te ves incapaz de hacerlo en lugar de achacarlo a un estado determinado. ¿Te pones nervioso porque quieres fumar o fumas porque estás nervioso?

Creer que no puedes reaccionar más que de una manera automática te hace sentirte al albur de los acontecimientos con los que te sorprende la vida y  pensar que tus estados emocionales,  sólo tienen motivaciones externas y no un origen en ti.

Si aprender a reaccionar como  tú quieres y no automáticamente, empezarás a sentirte poderoso y a ver que controlas la parte que depende de ti y de tu actitud, sin negar las influencias externas pero sabiendo que es bastante  más de la que piensas.

¿Quién es responsable de la caída de Guille?

1) Quien fabricó los dulces

2) Quien los compró

3) Quien  fabricó la silla

4) Quien la dejó a su alcance

5) Quien  le dejó solo

6) Quien le deje ser víctima, compadeciéndole

7) Guille

Yo lo tengo claro ¿y tú?

¿Sabelotodo o aprendiz?

sabelotodo

 

 

Hay dos conceptos que incluye  Fredy Kofman en su libro «Metamanagment» , » Sabelotodo» y «Aprendiz» que me han parecido  curiosos y quiero compartirlos contigo porque, seguro, van a ayudarte a  que te conozcas mejor.

Esta historia que narra te situará:

“Supongamos que un sabelotodo y un aprendiz caminan lado a lado hacia la oficina. Se larga un chaparrón que los empapa. Cuando llegan, la recepcionista les pregunta: «¿Qué pasó, por qué se mojaron?». El sabelotodo contesta «Nos sorprendió la lluvia en una zona sin resguardo»; el aprendiz, por su lado, replica «No pensé en traer paraguas». Uno se moja porque llueve y porque no tiene paraguas. El sabelotodo le echa la culpa a la lluvia, el aprendiz asume la responsabilidad de no haber tomado un paraguas. Las dos explicaciones son verdaderas, pero solo la segunda genera la posibilidad de modificar el efecto no deseado (mojarse) a pesar de las circunstancias incontrolables (la lluvia).”

Estas dos  categorías que Kofman aseguran conviven dentro de nosotros: el sabelotodo y el  aprendiz, se combinan de distintas formas en los distintos ámbitos de nuestra vida, en nuestra vida personal, familar, en el ámbito laboral.

Dice Kofman ahondando en el término que “El sabelotodo no es quien lo sabe todo. El sabelotodo es aquel que deriva su autoestima de estar en lo cierto. El sabelotodo es extremadamente frágil. Sin el reaseguro permanente de la certeza, se siente tremendamente expuesto y vulnerable. Su ego es como un cristal: duro, inflexible y quebradizo. No hay peor amenaza para él que las piedras de la incertidumbre que el mundo le arroja sin cesar.”

“Para salvaguardar su autoestima, el sabelotodo tiene que explicar los errores recurrentes sin asumir responsabilidades. Dado que él tiene siempre la solución correcta, la causa de los problemas, necesariamente, debe obedecer a algún tercero que no aplica en forma debida esa solución”

El sabelotodo da : “Explicaciones tranquilizantes” son aquellas que atribuyen exclusiva causalidad a factores que se encuentran fuera del control de quien explica. Permiten mantener la ilusión de la competencia personal frente a la realidad del fracaso. Explicaciones que llevan a cabo, como salida de emergencia,  los sabelotodo, para no sentir merma en su autoestima

“Por otro lado el Aprendiz es aquel que privilegia las explicaciones generativas. Reconoce la importancia de los factores que se encuentran fuera de su control, pero se concentra en las variables que puede modificar.

Para ser aprendiz, es necesario arraigar la autoestima en el éxito a largo plazo, más que en la gratificación inmediata de tener la razón.

El aprendiz comprende que todo resultado es consecuencia de la comparación entre un determinado desafío del entorno y su capacidad de respuesta (responsabilidad) frente a él.

Si quisiéramos expresar esto en una fórmula podríamos decir:

Resultado = Capacidad de respuesta – Desafío ambiental

Si el desafío es mayor que la capacidad, el resultado será negativo. Si la capacidad es mayor al desafío, el resultado será positivo. Para transformar un resultado negativo en uno positivo es necesario reducir el desafío ambiental o aumentar la capacidad de respuesta.”

En mi dedicación, me declaro aprendiz , y trabajo a diario aumentar mi capacidad de respuesta, sin infravalorar el desafío ambiental. Me encanta reflexionar sobre cuál es mi tendencia en otros ámbitos de mi vida para observar en qué extremo me sitúo en cada caso, conocerme mejor  y saber  cómo puedo equilibrarme.

Tú ¿te animas?

La sandalia

sandalia

La Sandalia

«Cuentan que un occidental viajaba por la India en tren en un vagón abarrotado. Un hindú
charlaba amigablemente con otros con los pies apoyados en la ventana abierta. En una
curva le cae una de las sandalias y de repente coge la otra que le quedaba y la lanza por
la ventana.

El occidental le dice:
– Pero qué haces hombre, por que tiras la sandalia que te quedaba.
Y el hindú sin alterarse responde:
– Qué haré yo con una sandalia. Al menos el que encuentre la primera que tenga
próxima la segunda.»

Tú, ¿qué hubieses hecho?

¿Qué crees que puedes extraer de esta metáfora hindú?

¿Qué cosas dejas ir? ¿A qué cosas te aferras? ¿Te son útiles?

¿Cómo afrontas los cambios? ¿ Te gustan? ¿Te asustan?

¿Cómo reaccionas ante los imprevistos? ¿Positivamente?¿Te enfadas? ¿Te bloqueas?

¿Qué eres capaz de aprender de lo que te ocurre sin haberlo planificado?, ¿eres activo o reactivo?

Merece la pena una reflexión para conocerse un poquito mejor. Buena suerte.

Aquelarre, ¿sí o no?

aquelarre

 

En una sala de espera, los minutos parecían horas, era tan pequeño el espacio que se hacía inevitable entablar conversación. Cinco personas, llega alguien que conoce a una de las otras cuatro. Comenzaban una animada charla acerca de la prisa que la persona tenía, entre las razones, debía atender a  su pareja.

Los nervios hicieron su aparición, insistentemente uno tras otro iban mirando el reloj, miraban hacia arriba, suspiraban y movían sus piernas y pies incansablemente, incluso a alguien que con sus dedos repiqueteaba en el brazo del sillón.

La conversación que empezó, y que tenía como argumento las necesidades de ayuda de la persona, era alimentada por todas  las demás, que intervenían sin tener apenas información y pensando sólo en ellas, comenzaban a decir, “ que se lo haga ella/él ”, “no sabe hacer nada”, “no puede vivir sin mí”, “estoy sacrificado/a todo el santo día”, “soy su esclavo/a”, “ahora me pasará algo por ir tan deprisa” “no tengo tiempo para mí”…

Los “invitados” a la reunión no dudaron en ir incrementando sus críticas hacia la pareja de la persona que hablaba, por sus caras yo pensé que tenían en mente a alguien en concreto de su alrededor y con esa inspiración se enfocaban en la persona, para  así liberarse de  sus propios pensamientos.

 

¿Qué podemos hacer ante tal aquelarre?

 

Ahora lo he integrado y practicado a raíz de mis aprendizajes y entrenamientos cotidianos,  pero aquella vez  fue instintivo, no podía lidiar con tal cúmulo de emociones y comentarios negativos, que iba subiendo como el suflé.

Le pregunté a la persona en cuestión, ¿qué le había hecho compartir su vida con esa persona? Entonces todo cambió, de repente, con una pregunta, como casi siempre…

La persona empezó a desgranar los cuidados, mimos y atenciones que había recibido de su pareja durante años, cómo se habían apoyado en los malos momentos y cómo habían disfrutado de los buenos, lo duro que, entre los dos, habían trabajado para  sacar una familia adelante, de la que estaban profundamente orgullosos.

Decidí entonces seguir ahondando en esas experiencias positivas, haciendo que la persona las enriqueciera con detalles y se dejase absorber por ella. Le invité a pensar en ambas emociones y a valorar cuáles pesaban más, esa experiencia negativa con la que llegó y que estaba alimentando o todas esas experiencias positivas que tenía en su vida. La persona orgullosa de sus logros y de su historia, se transformó, su cuerpo se abrió, su sonrisa apareció, sus ojos miraban con un brillo especial hacia arriba y la tensión de aquella pequeña habitación se esfumó.

De repente todo el mundo se contagió y  empezó a excusar sus anteriores opiniones amoldándolas a esa nueva versión de lo que había sido su vida. Enfocando en la cantidad de experiencias positivas que había vivido y vivía y que pasaba por alto a menudo, insistiendo en rememorar devastadores resúmenes negativos,  una y otra vez.

Todavía recuerdo una frase de un texto del gran Milton Erickson que ante un paciente que le decía convencido  “ya no quiero a mi mujer», él replicó, “ pues vaya y quiérala”.

Depende del resumen que hagas, así será tu historia.

 Tú decides, si aquelarre o no.

Buen fin de semana!!! 😉

 

 

El funambulista

funambulista

 

EL FUNAMBULISTA

 Quiero dejaros hoy esta reflexión para acabar el día. Es una metáfora que seguro os hará pensar, como a mí,  sobre muchas cuestiones:

 “En la ciudad de Varsovia un rabí se encuentra reunido con sus discípulos. De repente entra en la sala un joven y se dirige al maestro:

– Venid, venid rápido, quiero mostraros algo incomprensible.

 Sale todo el grupo y el joven les conduce a una de las hermosas plazas de la ciudad. Allí un funambulista está atravesando la plaza a muchos metros de altura. El discípulo

entonces le pregunta al maestro:

– Vos que lo sabéis todo, ¿cómo es que un hombre se gana la vida jugándosela?

 Podría hacer de peluquero, de zapatero, de labrador… pero ¿por qué se juega la vida cada día en las alturas?

 El maestro responde:

– No lo sé. Sólo sé que cuando está ejerciendo su trabajo no mira hacia abajo a ver si los espectadores le tiran monedas en el sombrero.”

 

Justo lo relacionaba con otro libro sobre el que estoy, cuyo título es “Eat-Q” de Susan Albers para comer concentrado y no presa de tus emociones. Dándole vueltas también lo he relacionado esta tarde con los ejercicios en el gimnasio. Todo concluye con la importancia de situar el foco de atención en lo que estás haciendo en ese momento, y de esa forma no sólo lo disfrutas el doble, sino que lo haces lo mejor que sabes.

 

 Imagínate, ¿comerás mejor, menos y más sano, si no estás poseído por emociones, ni positivas ni negativas?

 ¿Cuánto menos, te  lesionarás  al concentrarte en el músculo que quieres trabajar, controlando en todo momento el peso,  el movimiento, mejorando tu técnica y aprovechando más tu esfuerzo?

 ¿Cuándo estás pendiente de lo que estás haciendo?

 ¿Cuántas veces haces una cosa, rápido para pasar a otra, pensando en una tercera?

 ¿Cuándo haces algo estás pendiente de los demás? ¿De cuestiones como si te ven, te reconocen lo que haces,  sienten tu esfuerzo?

 ¿Qué te cuesta respirar tres veces profundamente antes de cambiar de actividad para prestar toda tu atención, con todos tus sentidos en  lo que vas a hacer? Seguro que  vas a ser capaz de concentrarte más y mejor.

 

¿Qué crees que le pasaría al funambulista si su foco estuviese en todas estas cosas y no en el paso que está dando?

Yo quiero

yo quiero

 

Escucho a una persona hablar de todos los “tengos” y “deberías” que tiene su día a día  y veo cómo físicamente todas esas cuestiones se le acumulan en  cabeza y hombros, haciendo  que para su cuello sea cada vez más difícil salir a flote y no desparecer, a medida que se encorva cada vez más.

Entre ellos se esconde lo que hemos oído o leído o nos han dicho que debe ser, por ejemplo  una madre o un padre, lo que debe hacer, lo que tiene que hacer para ser bueno, qué se supone que debe hacer un jefe, un empleado, qué deberías hacer si tienes que estar saludable, qué no, todos, tópicos y lecciones tienen algo en común, vienen del exterior.

Aún viniendo de ahí ejercen sobre nosotros una presión que difícilmente encajamos para bien, principalmente, porque la usamos para castigarnos con lo que deberíamos sin cuestionarnos si es lo mejor para nosotros.

¿Has reparado alguna vez en cuántas veces al cabo del día decimos “tengo que” o “debería esto o lo otro”?, acaso alguien mejor que nosotros sabe lo que queremos.

Esta presión en muchos casos acaba teniendo su consecuencia en que hagamos algo que no queremos o dejemos de hacer algo que sí. Implican una regla que hemos almacenado, sin pensar conscientemente en ello.

A veces incluso vamos más allá y se los imponemos a otros, “tendrías que” o “deberías hacer esto o lo otro” lo decimos sin reparar en las implicaciones que  tiene en los demás y en que, en la mayoría de los casos, lo recomendamos cuando ni siquiera nosotros los hacemos, aunque parece que sí tenemos claro cómo se debería.

“Debería hacer algo de ejercicio” ¿Qué posibilidades tiene de hacerse o de mantenerse en el tiempo?

“Tengo que perder peso”, esto seguro que lo diré para castigarme mientras me como algo hipercalórico.

“Debería cambiar de trabajo” lo pienso cuando me va mal y porque nadie en su sano juicio aguantaría lo que yo pero ¿lo voy a hacer?

“Para conseguir esto tengo que esforzarme” ¿quiere esto decir que a mí me costará ese esfuerzo o existe la posibilidad de que lo consiga de otra forma?

Cuando alguien “tiene que hacer algo” es una imposición externa que no viene de dentro, si no, decimos “quiero hacer esto o lo otro”. Cuando modificamos nuestro lenguaje y dejamos fuera esos términos, nuestra presión baja.

¿Quién dice realmente quién tiene qué ?

¿Tienes que o quieres?

¿Cuándo tienes más entusiasmo, cuando quieres o cuando tienes que o deberías?

 

¿Qué te parece transformar tus “debería”, “no debería” y “tengo que” o “no tengo que” por  “quiero” o no “quiero”? ¿Cambia o no, la película?

¡Ilumina a los demás!

happy

 

La mejor forma de disfrutar de la vida y ser felices es , como decía Baden Powell, hacer felices a los demás. Cuando te planteas este objetivo en tu vida, comenzar siempre merece un periodo de reflexión o nuestra meta se puede tornar en un hábito que nos agote la energía y no responda a su ulterior fin.

Imaginaos cuando alguien hace un enorme esfuerzo para realizar algo en favor de alguien y esta otra persona, no sólo no lo reconoce, sino que tampoco lo agradece. ¿Qué puede ocurrir en este caso?

Habréis seguro oído “con la de cosas que he hecho por él o por ella”, “siempre tratando de darle gusto”, » siempre dedicado a los demás”, “encima de que lo hago por él”. Todas estas lamentaciones a posteriori se podían haber evitado si hubiésemos pensado un poco en los demás y no sólo en nosotros mismos.

Amar o querer a los demás, con el significado de la amistad, implica ser conscientes de querer transmitir alegría y felicidad allá donde vamos, para hacerles menos pesada la carga a quienes tenemos cerca, incluso a los que están librando una batalla interior.

Para hacerlo, no podemos pensar en lo que a nosotros nos gusta o desagrada, no podemos ponernos en su situación siendo nosotros con nuestras circunstancias y experiencias sino ser capaces de, como dice el viejo proverbio indio, haber andado en sus mocasines durante días,

¿Cómo hacemos eso?, observando y escuchando a la persona para saber qué hacer, en qué ayudar, percibir su situación real que puede distar mucho de la que nosotros imaginamos, puesto que cada mente es un mundo en su configuración.

Podemos pasarnos años tratando de hacerlo a nuestra manera y no conseguir nada o todo lo contrario que alguien nos  ayude tanto y en cuestiones que no necesitamos, que nos haga dependientes.

Para hacer felices a los demás hay que comprenderles, llegar a esto a través de ver, escuchar y preguntar y además tiene otro efecto positivo y consiste en que cuando sabes el porqué de los comportamientos de los demás, ya no lo tomas como algo personal, te cuesta mucho menos entender y perdonar, sabiendo que no todos tenemos todos los recursos para resolver sobre  nuestras propias tribulaciones.

A partir de hoy, ¿qué te parece  hablar menos y escuchar más?, con atención, pudiendo llegar a comprender mejor  a quienes antes etiquetabas y agradabas según tu baremo. Adaptándote al suyo con sus experiencias y  patrones.

 

Hacer felices a los demás tiene un efecto en ti que te gustará comprobar, aunque para ello dejes de pensar precisamente en eso, en ti.

Ciudadano 0.0

manos

 

Si estás en una situación en la que te sientes vulnerable, qué haces interesado por la actualidad, viendo la televisión, oyendo la radio, participando de tertulias negativas, partidizando  tu vida.

 Sólo escuchar unos minutos de un debate televisado o de una acalorada discusión en la calle, es el ejemplo de cómo el miedo nos domina, nos hace arredrarnos y nos deja sin fuerzas.

 Cómo nos sentimos con lo que los medios dicen que está ocurriendo, cuando ellos son quienes se atribuyen enfocar lo que es lo más importante y apelan a nuestra atención sólo con amenazantes noticias para nuestra supervivencia.

 ¿Quién puede estar oyéndolo?, un paciente de quien depende su vida de ir a un Hospital, unos padres jubilados cuya única preocupación es que sus hijos encuentren trabajo, personas que debido a circunstancias similares no pueden alimentar a su gente, desempleados que buscan desesperadamente trabajo.

¿Quiénes son su objetivo?

¿Para qué te sirve esa información así contada?

¿Qué emociones te produce?

¿Qué consecuencias tiene en ti esa ración diaria?

¿Qué ambiente creamos entre todos?, uno de entusiasmo, en el que nos vemos capaces de cambiar las cosas, de animarnos unos a otros para salir de este atolladero, para aprender del pasado y no dejar que quienes velen por nuestros intereses cambian su foco…

 Quizá uno en que nos responsabilicemos de nuestros actos y vayamos más allá de lo que vemos y oímos  para siquiera analizarlo o darle una visión crítica. Encontrando un marco más amplio para toda cuestión. Pensando.

Creen de verdad que  necesitamos personas que con la misma o menos experiencia vital que nosotros, nos den recetas, digan una cosa y la contraria o quieran  dirigirnos incluso  con un control más férreo. Si estamos  todos de acuerdo en el análisis de lo que no nos gusta, pongámonos todos manos a la obra. Cada uno en lo que pueda, en lo quiera, en lo que sepa. Todo suma.

Es tan inspirador observar como florece quien no atiende a estos mensajes de temor y amenaza y se niega a someterse. Quien trabajando por ser   el cambio que quiere ver, le merece la pena desactualizarse y ser un “Ciudadano 0.0”  para volver a la esencia de la persona. Ese momento en el que todas las necesidades que nos hemos creado vuelven a la configuración inicial, ninguna. En la que no se tiene miedo porque no se tiene nada que perder y por lo tanto la manipulación cae en saco roto.

Con todas esas piedras que nos tiran en el camino para desviarnos de la consecución de nuestros objetivos y  de perseguir nuestros sueños, podemos hacer el puente que nos una y nos lleve juntos a no tener miedo. No lo transmitas.

¿Y qué si fallas?

¿Y si no haces nada?

¿Y si tienes éxito?

¿Sobrescribes o borras?

reprogramar

 

Si quiero cambiar y estoy decidida a ello, voy a comenzar por ser consciente de lo que ocurre dentro de mí durante el día y prestaré menos atención a lo que está fuera y no puedo controlar.

 Para así entender qué cosas, qué episodios, qué emociones son las que hacen nacer en mi material negativo y sólo entonces pudiéndolo detectar, podré hacer algo con ello.

 En algunas ocasiones vivimos experiencias que nos dejan un poso desagradable y tienen en nosotros consecuencias negativas, ya que este tipo de recuerdos negativos emergen de nuestros almacenes mentales, reconstruidos a partir de semillas que guardamos, en cualquier momento.

 Igual que tarda tiempo en ubicarse en nuestras mentes y consolidarse en estructuras de nuestra memoria, nosotros podemos interferir en este almacenaje.

 En su libro “Hardwiring Happines”  el neurólogo Rick Hanson nos propone dos métodos  para cambiar nuestro material negativo por otro que nos sea más útil en nuestra vida diaria.

 Uno es “Reescribir lo negativo” y el otro se basa en “Borrar lo negativo”.

Ya me imagino las caras, unas de escepticismo, otras de entusiasmo pero lo que si no nos puede faltar, si estamos dispuesto a reconstruir nuestras estructuras neuronales es esfuerzo y entrenamiento.

 Siempre podrás decir que no tienes tiempo, que no eres capaz, que para ti no sirve, pero recuerda la regla de oro : “Quien quiere algo busca razones y quien no, excusas”. ¿De cuáles eres tú?

 Reescribir lo negativo

Imagina una discusión con un compañero de trabajo, un amigo o algún familiar. Si eres consciente mientras se está produciendo, al mismo tiempo tienes sentimientos contrapuestos. La ansiedad que te produce lo que ha ocurrido y el sentimiento de que esa persona realmente te importa.

Si puedes mitigar tu ira y ser capaz de tener ambos en mente, haz que los sentimientos positivos sean más fuertes y duren más que los negativos.

Utiliza este ejemplo para todo lo que quieras cambiar, cuando estés recordando algo negativo confrontalo con otra cuestión que te produzca una emoción positiva y mantén ésta durante más tiempo.

Borrar lo negativo

 

Solemos vincular lo negativo con algún detonante  que lo pone en marcha, imagina la misma discusión de antes, por ejemplo con tu jefe, que sea jefe es  una cuestión neutra pero si  tú la asocias con algo desagradable del pasado, que te trae ese recuerdo a la mente,  puede recordarte esa desagradable sensación  otra persona que detente alguna autoridad. Esto lo puedes evitar puesto que hasta después de una hora de haber tenido el recuerdo, mientras se sigue siendo consciente de ello, puedes hacer que se borre como un recuerdo negativo  pensando en ello, como ser jefe, no más de doce segundos  y a la vez  en algo neutro o positivo. De manera que la próxima vez esa situación ya no sea detonante de algo negativo, no activándose la amígdala cerebral que te hace sentirte amenazado.

Si reflexionas sobre cómo trabaja la mente en sus conexiones neuronales podrás  observar que las construímos nosotros mismos por lo tanto podemos modificarlas. Si conscientemente vas almacenando que te sientes bien delante de los jefes. Cuando llegues a esa situación habrás reprogramado tu mente.

 

Suena bien, ¿ a qué si?

 

¿Hundes tu flota?

hundesflota

 

Os imagináis alguno de vosotros, lanzando a un río, estanque o piscina a alguien que no sepa nadar, que queráis mucho y de quien seáis responsable y tranquilamente observéis, sin inmutaros,  desde la orilla, si nada o se hunde.

Supongo que la mayoría de vosotros no lo haríais y menos os cruzaríais de brazos para ver qué ocurre. Seguramente antes le habríais proporcionado alguna de estas cosas: unos manguitos, un flotador, un chaleco salvavidas, unas mínimas instrucciones o entrenamiento para si no nadar, al menos mantenerse a flote, o esperaríais segundos antes de lanzaros a por ella.

Eso no quiere decir que dudes en absoluto de las capacidades y habilidades de esa persona para que, con la adecuada atención y el entrenamiento necesario pueda llegar a ser un Michael Phelps o una Mireia Belmonte en el futuro.

No quiere decir que esa persona no haya destacado ya como deportista teniendo aptitudes y actitud o  haya demostrado su resiliencia o capacidad de esfuerzo en otras ocasiones y otras disciplinas.

No quiere decir que no pueda aprender a nadar en más o menos tiempo o que le cueste más o menos que a los demás. Sólo significa que no lo ha hecho nunca antes.

Quienes quieren que llegues a alguna parte no ponen obstáculos en tu camino, sino que ponen sus habilidades de entrenador a tu servicio para que crezcas y te sientas apoyado. Lo difícil es encontrar personas lo suficientemente seguras como para que quieran que aprendas, florezcas  y les superes.

Es una epidemia en muchas empresas y organizaciones que tras contratar a personas cuyo curriculum es envidiable, con la excusa de la presión  y la rapidez con la que deben trabajar, utilicen la estrategia de exigirles que sepan de entrada qué es lo que tienen que hacer y cómo deben hacerlo por sí mismos. Olvidando cómo empezaron ellos o creyendo que un comienzo difícil es la mejor escuela.

Que las personas aprendan en los comienzos de su vida laboral una lección tan negativa como que todo el mundo tiene que, por sí mismo, animarse y apoyarse y que sólo se juzgan los fallos, es como esperar a que quien no sabe nadar consiga salir por su propios medios del agua, cruzado de brazos, diciéndole “ así no, así no” .

¿Serás o no responsable de que su talento flote o se hunda?

 

Coaching, ¿para qué?

coaching

 

Leyendo una revista he encontrado un artículo sobre el Coaching  personal en el que la persona aludía a la necesidad de esta dedicación y su auge por la falta de buenos amigos que tienen las personas. Esto me  ha hecho  querer reflexionar hoy, puesto que  no es la primera vez que lo leo.

Siempre he tenido predilección por la filosofía, la psicología, la neurociencia y el estudio de la felicidad, cuando fui consciente que estas disciplinas eran la base del Coaching, celebré que alguien decidiese mezclarlas para que como herramientas fueran una ayuda genial para desarrollar personas y talento y para que por fin, con ayuda, el proceso de ser quien quieres ser, se acelere y no nos pasemos la vida, preguntándonos a cada paso si es ese  el camino.

Al averiguar que había nacido en el deporte y  teniendo en cuenta la importancia de cómo tú te hables a ti mismo y como con tu actitud cambias la perspectiva de lo que te rodea, no me lo pensé dos veces y empecé a investigar. Siempre me ha interesado el cambio y ayudar a las personas a mejorar, a ver lo extraordinarios que son y el cambio que pueden ser en el mundo. Todo depende de lo que tú te digas a ti mismo y como lo utilices.

 Cuando comprobé que las empresas en vanguardia, lo utilizaban en sus mejores empleados, vi quienes realmente van por delante en sus sectores.

Un amigo, por muy bueno que sea siempre tendrá una idea sobre ti, una valoración y unos intereses que por muy objetivo que parezca siempre intentará influir en tus decisiones, a través de consejos,  porque ellos tienen su perspectiva y su criterio. Sobre lo que te falta o te sobra, sobre lo que tienes o deberías hacer o no hacer. Incluso a veces todos tratamos algo de inculcar  en los demás deseos que en nosotros vemos imposibles realizar. Todo esto interfiere en el desarrollo del potencial de la persona, porque no es ella misma quien se da cuenta de donde está, de  lo que ha hecho para estar ahí, de qué quiere conseguir  y  dónde quiere ir.

Reflexionar con alguien «externo» que utiliza la mayeútica socrática es una bendición, puesto que partiendo sólo de preguntas, compruebas que no hay una respuesta buena, ni juzgada, ni esperada, sólo la tuya, la que te hace avanzar, con la que te das cuenta de donde estabas,  lo que tú hasta ese momento creías y te limitaba y eso es lo que se convierte en tu resorte para empezar a florecer.

 El proceso es  un diálogo, una conversación profunda, en el que el coach hace de espejo para que la persona sea consciente de su situación, de cómo ella misma la valora y se vea responsable de cómo salir de ese bloqueo, y retomar las riendas de su vida.

 De hecho es tan liberador, darse cuenta del poder que tiene uno,  que merece  aplicarse a todos los ámbitos de la vida, por lo tanto  se puede trabajar tanto cuestiones personales, de salud, de pareja, existenciales,  de todo tipo, como profesionales, trayectoria, carrera profesional, desempleo, cambio de trabajo. Eres tú  quien decides, quién quieres ser y adónde quieres ir.

 El Coaching no es la disciplina idónea si tienen cuestiones que resolver del pasado o necesitas tratamiento de algún tipo, lo es, si estás bien y quieres estar mejor. En algún  ámbito de tu vida. Si en lugar de sólo preocuparte de ello y no tomar una decisión, te quieres poner manos a la obra y pasar a la acción.

Seguro que si dejas de poner el énfasis fuera de ti, en las cosas y las personas y te buscas dentro, va a ser infinitamente más gratificante.

Aquí te dejo un divertido video que te mostrará lo que  hace el proceso de coaching.

 

 

¿Qué relación tienes con tu pasado?

lagartija

 

Agradezco a Pedro Pablo Sacristán la creatividad derrochada en este cuento, que tan útil me  resulta  como analogía de la función del pasado y nuestra relación con él.

Estoy segura de que “Juanija Lagartija” no os dejará indiferentes.

“Juanija Lagartija vivía entre unas piedras en el campo. Como a todas las lagartijas, le encantaba tomar tranquilamente el sol sobre una gran roca plana. Allí se quedaba tan a gustito, que más de una vez había llegado a dormirse, y eso fue lo que pasó el día que perdió su rabito: unos niños la atraparon, y Juanija sólo pudo soltarse perdiendo su rabo y corriendo a esconderse.


Asustada oyó como aquellos niños reían al ver cómo seguía moviéndose el rabito sin la lagartija, y terminaban tirándolo al campo después de un ratito. La lagartija comenzó entonces a buscarlo por toda la zona, dispuesta a recuperarlo como fuera para volver a colocarlo en su sitio. Pero aquel campo era muy grande, y por mucho que buscaba, no encontraba ni rastro de su rabito. Juanija dejó todo para poder buscarlo, olvidando su casa, sus juegos y sus amigos, pero pasaban los días y los meses, y Juanija seguía buscando, preguntando a cuantos encontraba en su camino.

Un día, uno aquellos a quienes preguntó respondió extrañado «¿Y para qué quieres tener dos rabos?». Juanija se dio la vuelta y descubrió que después de tanto tiempo le había crecido un nuevo rabito, incluso más fuerte y divertido que el anterior. Entonces comprendió que había sido una totería dedicar tanto tiempo a lo que ya no tenía remedio, y decidió darse la vuelta y volver a casa.

Pero de vuelta a sus rocas, precisamente encontró su rabito al lado del camino. Estaba seco y polvoriento, y tenía un aspecto muy feo. Alegre, después de haber dedicado tanto tiempo a buscarlo, Juanija cargó con él y siguió su camino. Se cruzó entonces con un sapo, que sorprendido le dijo:

– ¿Por qué cargas con un rabo tan horrible y viejo, teniendo uno tan bonito?
– He estado meses buscándolo – respondió la lagartija.
– ¿De verdad has estado meses buscando algo tan feo y sucio? -siguió el sapo.
– Bueno – se, excusó Juanija- antes no era tan feo…
– Mmm, pero ahora sí lo es, ¿no?… ¡qué raras sois las lagartijas! –dijo el sapo antes de largarse dando saltos

El sapo tenía razón. Juanija seguía pensando en su rabito como si fuera el de siempre, pero la verdad es que ahora daba un poco de asco. Entonces la lagartija comprendió todo, y decidió dejarlo allí abandonado, dejando con él todas sus preocupaciones del pasado; y sólo se llevó de allí un montón de ilusiones para el futuro.”

 

Reflexionábamos sobre la orientación en el tiempo en “La psicología del tiempo” y concluíamos que los que vivir del pasado negativo y el presente fatalista son las peores opciones que uno puede elegir.

¿Has pensado alguna vez cómo te influye tu pasado?

¿Cómo lo revives?, ¿te impulsa?, ¿te reconforta?, ¿te castiga?

¿Para qué te sirve?

¿Qué puedes hacer, pensar o sentir para que esa sensación cambie y sea positiva?

Imagina que estás ayudando a tu mejor amigo a ver la parte positiva de sus vivencias, ¿realmente es tan importante que lo viva tan traumáticamente?

¿Cuánta energía pierdes en rememorar acontecimientos pasados negativos?

¿Cuántas veces te cuestionas “Y si hubiese hecho esto”, “y si hubiese hecho lo otro”?, ¿cuán lejos sabes que te llevarán estas preguntas?, ¿dónde te conducen?, ¿construyen o destruyen tu paz interior?

 ¿Te parece justo juzgar hechos del pasado con los conocimientos que tienes ahora?

¿Qué puedes aprender de ello que te ayude y te anime en tu presente, en tu futuro?

Si eres capaz de ver en Juanija un reflejo de lo que ha podido ser tu vida hasta ahora, ¿piensas seguir buscando tu rabo?, o ¿acarreando una que ya no necesitas?

Seguirás mirando al suelo con vergüenza o nostalgia mientras la vida pasa frente a ti, o con las manos ocupadas en algo que ya no te interesa, ni te ocupa, mientras pierdes agarrar todas esas oportunidades que la vida te ofrece.

 Si vives en el pasado y lo recuerdas constantemente con nostalgia puede ser que tu presente no sea muy interesante, o no le prestas la suficiente atención o tu futuro no lo visualizas muy halagüeño.

Piénsalo, toma una decisión  y avanza.

 No te crees adicciones innecesarias.

Libérate de tu pasado.

Puedes ser quien tú quieras, sólo con decidirlo. 😉

Buen fin de semana!!!

La psicología del tiempo

tiempo

 

Últimamente he mantenido conversaciones y he escuchado charlas en las que se tocaba tangencialmente el tema del tiempo. Muchos se sorprendían de la relatividad del mismo, decían, “si miramos al pasado has hecho y han ocurrido tantas cosas pero si miras al futuro, te parece que te quedan tan pocos años y tanto por hacer”.

 Otras discurrían sobre el tiempo en la semana laboral, hay quienes siendo lunes, no le importaría que fuese viernes y engullir los años de 56 en 56, personas que todos los días celebran  que pasen los días de su vida en una carrera loca hacia el fin de semana.

 También hay para quienes las veinticuatro horas del día no les resultan suficientes para trabajar, descansar y disfrutar. No se sabe si consumidos por su falta de decisión, la pereza o por la falta de gestión de su propio tiempo se  beben su presente a grandes tragos, sin pararse a pensar que jamás volverán a vivir ese día y tampoco saben los que les depara el futuro.

 Algunos llorarán  y lamentarán el poco tiempo que han pasado con los que se van por no volver a verlos, cuando arguyen que ha sido éste, el tiempo, o mejor aún la falta de él, lo que les ha impedido disfrutar más de su compañía.

 Unos tienen tiempo para viajar y disfrutar pero no tienen la suficiente energía, ni imaginación, ni valor para aprovechar  su tiempo libre, como lo único que de verdad tiene valor y no se puede comprar.

Otros no tienen tiempo, porque están tan ocupados en trabajar para adquirir todo ese «poder» que les lleve a conseguir viajes y cosas que se les pasa la vida sin que se den cuenta, aguantando sufrimientos creyendo que algo fuera de ellos podrá aliviarlos.

En la conclusión de muchas de estas conversaciones siempre he encontrado frases del tipo “queremos lo que no tenemos”, “no nos conformamos con nada” o “ el hombre y sus contradicciones”. Frases todas ellas que lejos de acercarnos a las temidas preguntas que nunca nos queremos formular, mitigan nuestra ansiedad hasta la próxima vez que mantengamos otra conversación similar.

Recordé entonces este TED sobre “La psicología del tiempo” de Philip Zimbardo que tanto iluminó mi concepto del tiempo cuando lo escuché y lo quiero compartir con vosotros.

Zimbardo alude a que nuestra socialización en cuanto al  tiempo produce  nuestra orientación hacia el mismo, distinguiendo entre, los que están orientados al pasado, los que lo están en el presente y los que lo están al futuro.

Cada orientación, explica, tiene unas connotaciones determinadas, y además cada una  puede ser en su versión  positiva o en negativa, e influyen definitivamente en nuestras vidas, produciendo unos efectos muy  distintos. Cualquiera de las tres, en exceso, nos perjudica.

La fórmula mágica que propone y que yo desde hace tiempo practico y funciona, habiendo estado totalmente orientada al futuro, es la siguiente. Toma buena nota:

  • Alta orientación al pasado en lo positivo: agradecer tus raíces.
  • Moderadamente alta al futuro: te dará alas
  • Moderada orientación en el presente (hedonismo):  te dará energía
  • Baja orientación al pasado negativo y al presente fatalista.

Merece la pena escucharlo

Analiza alguna de tus  últimas decisiones con esta fórmula, a que ya no lo ves tan difícil!!!!

¿Qué alimenta tu mente?

aliemtamente

 

La mayoría de nosotros pasa una gran parte del día hablando o interactuando con su entorno. Has reparado alguna vez en, ¿cuál es el tema de la mayoría de tus conversaciones?, ¿de qué sueles hablar?, ¿has cambiado alguna vez de opinión?, ¿sacas tu el tema de conversación?

¿Hablas sobre asuntos específicos o en general sobre distintas cuestiones?,  ¿sobre qué, política, religión, ciencia, deporte? sobre éstos temas, ¿estás dispuesto a escuchar opiniones totalmente diferentes?, ¿lees argumentos y escuchas con atención  a quienes no piensan lo mismo, intentando entender el porqué?, ¿asumes sin cuestionar idearios o argumentarios de alguna organización para no pensar demasiado?

Quizás hablas de personas o sobre personas, ¿son tus conocidos o allegados?, la mayor parte del tiempo ¿hablas bien o mal?, ¿te preocupas por ayudarles y animarles o simplemente te quedas en la crítica o el típico  “tienes que” que tú tampoco llevas a cabo? ¿Esparces rumores, hablas a sus espaldas o les expresas tu disconformidad con alguno de sus comportamientos específicos con la intención de que mejoren?

¿Qué lees?, ¿siempre el mismo periódico, la misma revista?, ¿varías en tu lectura: ensayos, novelas, ficción?

Si ves la televisión o buceas en Internet ¿qué acostumbras a ver?, ¿sobre qué versan esos programas? ¿qué aprendes de ellos?, ¿cuánto crees que te afecta o te influye lo que ves? Alguna vez te has dado cuenta de ¿cómo te encuentras emocionalmente cuando eres espectador?, ¿de qué cosas huyes y qué te gusta ver?

Crees que con tu rutina para actualizar tu información, ¿tienes acceso a nuevas ideas y matices que te hagan crecer?, ¿ser mejor persona?, ¿más útil a los demás?

¿Cuánto crees que depende tu éxito de la información que recibas nueva y de lo que ocupe tu tiempo al hablar?

Recuerda que lo que alimenta tu mente es lo que hará el éxito o el fracaso de tu vida. Si decides hacerlo con envidia, odio, celos, violencia, diferencia, crítica o con esfuerzo, colaboración, ayuda, paz y tranquilidad, amor, empatía, compasión.

Aún te preguntas ¿cómo no tienes pensamientos positivos? Piensa en lo que “consumes”.

 

Hoy más que nunca tienes a tu alcance toda la información que necesitas y seguramente puedes encontrar el  tiempo necesario en el que ahora estás dedicando a trabajar en contra de tu desarrollo. No busques excusas, busca razones.

 

Nada es inocuo, si no eres consciente. Siempre será tu decisión lo que elijas pensar.

¿Te esfuerzas para ser feliz?

felizemotionoc

 

 

Puede parecer más fácil funcionar con los planteamientos que uno tiene desde siempre que aventurarse a entrenar o reflexionar sobre otras posibilidades. Sobre todo porque esto último requiere un esfuerzo añadido que no todos queremos realizar.

“Más vale lo malo conocido…”, “piensa mal y…” todas esas frases que a veces decimos sin pensarlas, no son inocuas, nos hacen enfocarnos en precisamente esto, lo negativo y magnificamos su efecto en nosotros, dándole poderes sobrenaturales.

Cuando poco a poco vamos conociendo más sobre nuestra mente y su funcionamiento, descubrimos un mundo de posibilidades que entrenadas con consciencia nos harán la vida más grata.

 Quien quiere seguir con sus planteamientos de siempre, podrá decir que no todo puede ser felicidad, que todo el día no se puede estar bien, que es imposible…, inventando infinidad de excusas y generalizaciones para no tener que hacer ningún esfuerzo.

 Ser consciente implica que vives en el mundo, que conoces situaciones horribles que otras personas están viviendo, a veces crees que lejos de ti, aunque en muchas ocasiones están más cerca de los que piensas y puedes hacer más de lo que haces por ellas. Pensar en positivo no significa que no veas esto, que no trabajes para que las situaciones de muchos mejoren, que no sepas que enfermedades y experiencias negativas  de todo tipo afectan a las personas cada día.

Significa que sabes que pensar en positivo es mejor para ti y para los que te rodean, qué prefieres tener a tu lado alguien que te anima, te enseña a ver el lado bueno de las cosas, a aprovecharlo para los malos momentos, te alegra la vida y te estimula a crecer a alguien que sólo pone su atención en lo negativo, relatando una y otra vez experiencias personales adversas, cotilleando y quejándose mientras  encima te culpa de verlo todo con cristales rosas.

Séneca hace miles de años decía que “La tristeza, aunque esté siempre justificada, muchas veces sólo es pereza. Nada necesita menos esfuerzo que estar triste”. La tristeza, como  la mayor parte de los sentimientos negativos es rendirse a la pereza y lo comparto totalmente, para ver la parte buena de la vida hacemos un esfuerzo porque nuestra naturaleza ha estado durante años concentrada en las amenazas para sobrevivir.

Para hacer felices a los demás, aprender de toda experiencia, no vivir en el miedo, la culpa y la vergüenza hacemos un esfuerzo, cierto es que una vez que lo practicamos hasta  interiorizarlo, podemos vivir en este modo. No en el reactivo.

Pocas veces reflexionamos sobre la cantidad de riesgos que corremos a diario y no se materializan, y como no lo advertimos ni reflexionamos, tampoco agradecemos que no ocurran. Sólo cuando alguno nos afecta, ponemos nuestro foco en ello para preguntarnos ¿por qué a mi? Seguramente porque vivimos, y porque esto significa correr riesgos y porque si tú no los corres conscientemente, ello no significa que a ti no te ocurra nada, sigues con muchas  posibilidades de que la vida te sorprenda con algo.

Pero no parece muy justo que con la cantidad de horas que tiene el día y la multitud de cosas buenas que ocurren a tu alrededor en cada momento, no seas capaz de disfrutar de muchas de ellas con deleite, apenas les des importancia  y luego sólo enfoques en lo que no responde a tus expectativas.

 ¿Qué haces para ser feliz?

Busca ahora mismo a tu alrededor algo o alguien que pueda proporcionarte una agradable experiencia. No le des muchas vueltas desde tu teclado, a quien te sirvió el café. Una vez que hayas pensado en esa persona o en esa cosa en la que nunca antes habías reparado recuerda todo lo positivo que te ha proporcionado. Pon tus cinco sentidos en ello, recuerda sonidos, olores, imágenes y disfruta de tu escena. Agradécelo.

Si consigues hacer esto 4ó 5 veces al día unos cinco minutos, estarás haciendo más de lo que crees por tener una mente agradecida que te proporcione cada vez  más felicidad, ayudándote a tener presente el lado positivo de la vida, ese que no acostumbras a ver!! ;).

¡¡Buena suerte!!

¿ Te debo algo?

obligado

 

 

Quiero acabar la semana, blogueramente hablando, con un cuento sufí con el que podemos reflexionar sobre multitud de situaciones, con el trasfondo de la obligación, es decir, “sentirse obligado”.

“El Mulá estuvo a punto de caer en un pozo lleno de agua.

Un hombre que se hallaba cerca, y a quien él apenas conocía, lo salvó. Después de aquel hecho, cada vez que se encontraban, el hombre le recordaba el servicio que le había prestado.

Después que esto se repitió varias veces, Nasrudín lo llevó hasta el pozo, se tiró dentro, quedó con la cabeza justo al nivel del agua y gritó:

 

-Estoy tan mojado como lo hubiera estado si no me hubieras salvado. ¡Ahora puedes dejarme en paz!”

 

¿Cómo te comportas tú cuando te hacen un favor?

Difiere en algo si lo habías pedido o no

¿En quién  piensas cuando lo haces en cada situación?

¿Qué es lo que esperas que ocurra en ambas?

¿Cómo te sientes al haberlo hecho?

¿En dónde o en qué pones el foco?

¿Qué pasa cuando eres tú el que haces el favor? ¿te lo piden o los haces sin que te lo soliciten?

¿Cómo te comportas entonces?¿ qué diferencia existe?

¿Cómo te sientes?

¿Qué esperas?

¿Qué haces o dejas de hacer para no estar en esas  posiciones?

Coincides con Ayn Rand en que:

“Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro hombre una obligación no escogida, un deber no recompensado o un servicio involuntario”.

Crees como Hobbes que:

“Los favores obligan, y la obligación es una esclavitud.

 

¿Qué piensas del adagio “por la caridad entra la peste”?

 

Tus respuestas a estas preguntas te dirán mucho de ti mismo y de cómo te desenvuelves en el mundo que te rodea. Podrás reflexionar sobre por qué no pides ayuda, la cantidad de oportunidades  que te estás perdiendo por tener determinadas creencias limitantes como “a mí no me gusta deber favores” y darle vueltas a qué es lo que piensas tú cuando te la solicitan a ti.

Te ayudará a desvelarte qué recursos utilizas para conseguir cosas.

 

¿Cómo puedes cambiar esta creencia y esta situación?

Comparte tu reflexión con nosotros. Gracias!!!

 Buen fin de semana!!!

¿Qué das por hecho?

ordenes

 

 

Una de las cuestiones que más inversión de tiempo y de dinero conllevan en muchas de nuestras empresas es «dar por hecho» cosas.

Damos por hecho que todo el mundo conoce y comprende la misión y la visión de la empresa, lo que significa cada palabra, lo que conlleva y lo tiene presente.

Damos por hecho que las personas han entendido los objetivos y comprenden en qué consisten y  qué  se espera de ellos.

 Damos por hecho que, con escasa indicaciones, las personas harán el trabajo conforme a nuestras expectativas, que saben cómo hacerlo.

 Damos por hecho que tienen los conocimientos y las habilidades que se esperan para desempeñarlo.

 Damos por hecho tantas cosas que todavía usamos las viejas frases de “hazlo como siempre”, “esto ya sabes cómo hacerlo”, “sabes lo que esperamos de ti”  y  todavía creemos que tendrá inmediata respuesta afirmativa, sin que incluso el interlocutor se atreva a preguntar qué o cómo por no estar a la altura.

 La cuestión es cómo nos comportamos ante una orden que nos está clara o que no tiene suficiente detalle como para que se lleve a cabo cumpliendo lo esperado.

 La confusión tiene dos direcciones y comportamientos paradógicos : una, al que ordena le resulta más fácil e invierte menos tiempo al principio y el que recibe la instrucción por miedo o vergüenza no es capaz de preguntar para asegurase de que ha entendido lo que le piden o resolver alguna duda que tenga, por lo tanto lo hace como él cree. Esto se multiplica en estrés cuando el empleado en novel.

 Este proceso lleva a un sinfín de acciones negativas empezando por el feedback cuando se entrega, o no está bien confeccionado, o no en el plazo que se quería o no como tú querías. Entonces comienza un proceso en que las dos personas entran  en un bucle en el que piensan mal el uno del otro, culpándose mutuamente de lo que consideran un fracaso sin autoría propia. Eso enturbia el trabajo, la relación y consigue incrementar la rotación en ese departamento o con ese manager.

Si deseas que esto no ocurra así puedes establecer un procedimiento que comience por clarificar qué, cómo, cuándo y dónde debe estar efectuado el trabajo con el detenimiento necesario.

En primer lugar puedes conseguir que la persona que trabaja contigo sea capaz de dibujar mentalmente lo que necesita ser hecho, con todo tipo de detalles. Explicándole qué es lo que hace ese trabajo importante para la compañía. Puedes preguntarle si tiene alguna cuestión acerca de ello y escuchar con atención, esto te dará muchas pistas de los obstáculos que ve de entrada y podrás ayudarle. Si es una persona que lleva tiempo en la empresa puedes pedirle su punto de vista y sugerencias.

En segundo lugar, puedes comprobar qué ha entendido la persona, hazle un resumen de todo lo que le has transmitido y pídele el suyo propio  para chequear su grado de comprensión, cada persona según nuestras experiencias pasadas ponemos el foco en algo diferente que puede no ser coincidente.

 Y finalmente proporciona feedback con regularidad y no sólo negativo, sobre todo cuando se llega nuevo a un sitio o se desempeña una tarea nueva, que se encuentre apoyo en los jefes y los compañeros es algo muy agradecido e  inolvidable. No pienses en, si a ti te lo hicieron o no. Sé su entrenador, alguien proactivo y hazlo sin más.

Todo este proceso puede durar ¿cuánto?,¿diez minutos?

¿Configuras tu semáforo?

semaforo

 

Imagina que un semáforo dirigiese tu vida. Como en el elemento de circulación, las órdenes por las que te puedes regir son rojo, ámbar y verde. Como para circular, rojo significa detenerse, ámbar precaución o detenerse  y verde avanzar.

 Si ya te has situado en este elemento y detenido a pensar su funcionamiento, seguro que ya has reparado en que existe o debe existir un centro en cada ciudad en el que se regula y configura  la duración de cada luz del  semáforo en función del tráfico que hay en cada intersección.

Ahora ponte en la situación que en que tú mismo regulas el semáforo de tu vida. Puedes pensar por un minuto, ¿ en qué posición pasa la  mayor parte del tiempo tu mente?

Puedes ser de las personas cuya amígdala refiere un cerebro  que responde a una alerta continua, es decir, vives en modo supervivencia, con ese mecanismo de  la antigüedad, tiempo en que este tipo de cerebro era necesario para mantenerse vivo con las constantes amenazas de la propia la naturaleza. Tu mente continúa en este modo, de manera que se alarma por cualquier suceso que entiende es una amenaza y por ende te considera en peligro. Poniendo en marcha  cortisol, la hormona del estrés y  el sistema parasimpático,  haciéndote sentirte mal  y produciéndote una reacción excesiva  independientemente de la importancia del hecho. De debates entre un constante amarillo y un intermitente rojo. Imagina, ¿qué puede producir esto en tu cuerpo y mente?

Puede que tu amígdala te alerte igualmente de estos peligros pero tú estés alerta y no te produzca esta reacción. Es decir circules entre verde y ámbar.

Y puede que no sólo la hayas acostumbrado a vivir en alerta roja o amarilla sino que hayas conseguido a través de tu entrenamiento consciente pasar al verde y vivir tranquila, con algún amarillo que reflexionas con tu recursos y experiencias para volver al verde.

Hay quienes esperando un milagro, sólo quieren utilizar esta estrategia en los momentos en que ya han sido invadidos por el estrés, y claramente,  no funciona. Cambiar tus hábitos de pensamiento no lleva unas pocas semanas. Imagina todo el tiempo que has empleado en configurar el semáforo con el que “circulas” hasta ahora.

La buena noticia es que no tienes por qué seguir utilizando esas pautas que te mantienen a la defensiva, en guardia, alerta, estresado, que te consume ingente energía y te deja exhausto.

Dos cuestiones que la neurociencia ha puesto a tu disposición, tras conocer la plasticidad del cerebro sano hasta que mueres son la meditación, que entre otra cuestiones te ralentiza el diálogo interior, te “desenchufa” y te enfoca y el entrenamiento del pensamiento para no pasar por alto las experiencias placenteras y positivas, rememorándolas conscientemente a lo largo del día.

De ti depende ¿configuras tu semáforo?, ¿o piensas que seguir en rojo es inocuo?

Nada es para siempre

relojarena

 

Cuando nos encontramos ante una decisión que consideramos difícil, sobre todo porque nos hará salir de una situación en la que estamos estancados o nos sentimos bloqueados, le damos tanta importancia que nunca nos parece que tenemos lo suficientes datos y estamos lo suficientemente seguros como para tomarla sin más.

Si recuerdas cuál fue la última de este tipo de decisiones que has tomado y te das el tiempo necesario para rememorar tu estado entonces, podrás comprobar por analogía que, lo que hace tiempo te parecía decisivo, hoy no es más que un momento más de tu vida.

Parece paradógico que en un mundo en el que lo único seguro es el cambio, busquemos denodadamente la estabilidad, en el trabajo, en la pareja, en casi todo… a pesar de que no deja de ser una ilusión y que no reparamos mucho en como dice la canción “y cómo hemos cambiado”.

Quizá hoy te parezca decisivo salir o no con una persona, irte a vivir con ella, cambiar de trabajo, reinventarte y te dé miedo o pereza, aunque si recuerdas las numerosas veces que has pasado por esto, no podrás por menos que relativizarlo. Ve por ello, por lo que te importa. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

 

Si buscas la estabilidad, esa supuesta seguridad que no es más que un sentimiento, a lo mejor te estás perdiendo lo mejor de la vida, que es vivirla y tener los suficientes arrestos para comprobar si ese deseo que tienes hace tiempo  o esa decisión que no te deja dormir, merece la pena. Prueba. Eso significa estar vivo y dirigir tu vida.

Nunca sabrás si eligiendo otra cosa en ese preciso momento habrías acertado. Puedes castigarte, no muy inteligentemente, adornando tras el paso adelante la  posibilidad que descartaste pero no dejarás de engañarte a ti mismo.

Todas las decisiones que tomas van forjando tu personalidad y añadiéndose al acervo de tu experiencia, por lo tanto tras cualquier decisión ya no serás el mismo. Serás más sabio.

Juzgar tus decisiones del pasado con tus conocimientos actuales no es justo, ni sano, ni  aporta nada positivo.  Piensa que habrás aprendido y la próxima será siempre decidirás mejor.

¿Prefieres vivir o arriesgar o lamentarte en tus últimas horas?

te dejo este TED de Dan Gilbert para que abundes en tu reflexión.

¡¡Yo lo tengo claro!! Nada es para siempre.