Decisiones difíciles

decisione dificiles

 

Muchas de las personas que se acercan al Coaching personal buscan encontrar una solución a un bloqueo que poseen o arreglar algo que no funciona y que tienen la intuición de que una reflexión guiada y las preguntas pertinentes, les ayudarán.

  Hacer esto es casi heroico principalmente porque vivimos en una sociedad en la que pedir ayuda, en lugar de reconocer en ello coraje y superación, lo consideramos una debilidad, a pesar de que no hacerlo nos causa dolor  y molestia. La apariencia de normalidad es nuestra absurda obsesión. Me vale el tópico de “así nos va”

 Una gran parte de estas personas lo que acaban deduciendo en sus primeras sesiones, buscando objetivo, es que lo más importante en sus  vidas es tomar decisiones y es en esta labor en la que no encuentran la estrategia a seguir puesto que no han entrenado lo suficiente o tienen creencias negativas acerca de cómo hacerlo o de su propia capacidad.

 Quienes no están acostumbrados a tomar decisiones, dudan y retrasan todas las que tienen que tomar o simplemente acaban siendo espectadores donde la vida les lleva, haciendo que su único recurso sea quejarse y lamentarse de su suerte.

 Otras no saben exactamente qué es lo que les bloquea o si lo saben no ven la forma de avanzar hacia su objetivo, puesto que imaginarlo en esas dimensiones y tan ambicioso les amendrenta  y les  hace retrasar las mismas hasta caer en la estrategia anterior.

 Quienes se atreven a exteriorizar sus inquietudes, en su entorno más cercano,  más allá de ser escuchados y ayudados a reflexionar, en muchos casos, acaban con uno o varios consejos, “tendrías”, “deberías” , que a pesar de su buena intención, o son tópicos y creencias de los demás, no siempre potenciadoras o incluso añaden más ansiedad y leña al fuego de la dificultad en la toma decisiones.

En raras ocasiones ese alguien te ayuda a reflexionar, a buscar dentro de ti,  a encontrar tu propia decisión, con tus planteamientos y toda esa información que no  tiene nadie más que tú.

 Sé que a veces son difíciles decisiones pero tomarlas tú, sin creencias de los demás, sin presiones, es lo que te hace sentarte a los mandos de tu vida y sentirte orgulloso de ti mismo, solamente por hacerlo, y como en ningún caso son mesurables, y además  no podrás comprobar qué hubiese ocurrido en otro caso, te causarán satisfacción.

Es difícil que te puedas decidir, o puedas no arrepentirte  si no  tienes  en cuenta tus valores personales, las cuestiones a las que más prioridad das en tu vida y que son los motores de tu motivación.

A partir de ahora cuando quieras tomar una decisión, busca a alguien de confianza  o ayuda profesional, por ejemplo un coach, si crees que el primero no va a ser imparcial.

Necesitarás una persona que te ayude a reflexionar, que te pregunte, te rete, te ayude a conocerte mejor para que seas tú mismo y no otros, quien seas  el dueño de tus propias decisiones.

O acaso persigues lo contrario para tener un tercero a quien culpar.

Os dejo un fantástico TED de la filósofa Ruth Chang: «How to make hard choices» además de encontrar los subtítulos en castellano también podéis obtener la transcripción tanto en inglés con en castellano.

Guionízate

guiones

 

 

Cada  vez tengo más claro que lo que menos parece que está preparado, más horas de trabajo lleva. Es cierto que si lees un discurso que prepara otro y no lo haces tú, se nota, si no lo adecuas  a tu vocabulario o a tus giros o no lo sientes, se nota.

Podemos leerlo y oírlo en cualquier discurso que haya pasado a la posteridad, el trabajo que hay detrás es mucho. Es conocido que, por ejemplo, Churchill dedicaba entre seis y ocho horas para preparar cuarenta minutos de discurso, y quién no recuerda «Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor «o «I have a dream» de Luther King . Pero, ¿cuántas personas están dispuestas a poner tanta atención y esfuerzo en su mensaje y sin embargo cuántas desean pasar a la posteridad? eso marca el valor añadido.

También podemos hacer alusión a películas y  programas ingeniosos que para hacer disfrutar al espectador hacen que sus guionistas trabajen incesantemente y perfilen hasta el más mínimo detalle, frases, diálogos, dejando en una incómoda situación cuando muchos de sus actores y presentadores deben tirar de sus recursos personales sin preparar.No hablemos de las veces que se lee y relee un libro antes de publicarse o un ensayo.Cuando se establece cómo debe ir un evento, una competición, o un trabajo establecido, todo está planeado al mínimo detalle.

Y mi reflexión es, si todo lo que nos parece importante lo planeamos tanto o somos conocedores de lo importante que es la preparación, ¿qué nos hace ir por la vida sin pensar lo que vamos a decir, lo que queremos expresar, con antelación?

Hay muchas conversaciones a menudo que son decisivas tanto familiares como laborales y las vamos postergando porque no es el momento, porque creemos que la otra persona no está preparada para escucharlo, porque no nos apetece, en realidad todas son excusas para no plantearnos de verdad en serio y con lápiz y papel lo que queremos decir y plantearnos un objetivo.

Si actuamos sobre la marcha, muchas de las emociones que acompañan a los propios nervios, nos pueden traicionar a última hora, de manera imprevista ¿por qué?  porque no nos hemos concentrado y practicado lo que queremos decir y cualquier cosa que ocurra o que replique nuestro interlocutor nos hace perder el hilo y desviarnos.

Esto requiere trabajo y dedicación pero es lo que marca la diferencia. En muchas ocasiones las personas tienen miedo a hablar en público y lo primero que pueden hacer es practicar lo que van a decir, controlar el tema, desarrollarlo y repetirlo hasta que estén cómodos con ello.

Lo mismo podemos hacer con lo que queremos decir a los demás, ¿qué te cuesta escribir en un papel los puntos más importantes de lo que quieres expresar y partiendo de ahí, practicarlo?

Hay otras personas que creen que esto no es natural que queda impostado y artificial, pero si lo pruebas, ocurrirá todo lo contrario sabrás el tiempo que te ocupa decirlo y de practicarlo mucho, acabarás por no leerlo e incluso estarás tan concentrado en el mensaje que tu tono, tiempo  y entonación serán acordes con tu lenguaje corporal y tus emociones las que transmitirás correctamente,  siendo y resultando auténtico. Además, al tener más seguridad, podrás prestar más atención a lo que ocurre a tu alrededor y serás más consciente del impacto de tu mensaje,  serás más claro y te comunicarás mejor.

Si necesitas practicarlo con alguien que te ayude, no lo dudes, hazlo, la base de todas tus interacciones y su éxito, tanto si eres político, como empresario, ejecutivo o tengas cualquier otra ocupación, pasan por comunicarte de la mejor manera posible.  

¿Qué puedo hacer diferente para mejorar esta situación?

solucion

 

Seguramente  no hace mucho tiempo has dicho esta frase “ el problema es…” y a continuación tú mismo o tu interlocutor habéis añadido otra causa u otra perspectiva de lo mismo “el problema es…”

No conozco a nadie todavía a quien la palabra problema no le recuerde algo negativo, molesto que le estresa o cansa y que influye directamente en su estado de ánimo  y por ende en su felicidad.

Además de la forma de enfrentarse  a ellos, hay quienes los ven como un reto y hay quienes directamente intentan  buscar algún culpable, pero lo que hacemos casi todos es buscar rápidamente una causa plausible para justificar ese efecto.

En esa búsqueda, de lo que no somos conscientes realmente es en la energía que derrochamos haciendo ese análisis en lugar de formular una mejor estrategia para poder aportar algo que nos haga salir de ese atolladero mental.

Nos enfocamos en el problema y rara vez usamos ese enfoque para colocarnos en una mejor posición buscando soluciones.

Si nosotros usamos esa gran  pregunta que Jason Selk aconseja como una de las grandes estrategias para tener fortaleza mental seguro que podemos cambiar la perspectiva y empezar a construir: ¿Qué puedo hacer diferente para mejorar esta situación?

Si realmente nosotros somos conscientes del poder de esta pregunta, seremos capaces de coger las riendas de nuestra vida y no volver a lamentar lo que el azar hace con nosotros.

Cuando creemos en nosotros mismos, nos sentimos protagonistas  y nos responsabilizamos del adecuado porcentaje de  control que tenemos sobre  lo que nos ocurre, nuestra vida cambia.

Si además incrementamos esta sensación con la oportunidad  de entrenar la visión incansable de enfocarnos en la solución y no en el problema, conseguiremos ir sumando habilidades que impactarán definitivamente en nuestra salud, en nuestra felicidad y  en nuestro éxito.

Podremos pasar de la fatiga, la ansiedad y la destrucción  del pensamiento negativo que busca porqués, a la mejora, la construcción, y el regalo del cómo o el para qué.

 

Cada vez que te enfrentes a un «problema» ya sea laboral o familiar,  utiliza los primeros minutos para acercarte a tu solución y no enfrascarte en una tarea fútil que acabará con todas tus opciones y tu energía.

Foto:imablumm

La vaca y la isla

 

vaca

 

LA VACA Y LA ISLA 

 “En una isla exuberante de verdor vivía una vaca en soledad. Pastaba allí hasta la caída de la noche y así engordaba cada día. Por la noche, al no ver ya la hierba, se inquietaba por lo que iba a comer al día siguiente y esta inquietud la dejaba tan delgada como una pluma.

Al amanecer el prado reverdecía y ella se ponía de nuevo a pacer con su apetito bovino hasta la puesta del sol. Estaba de nuevo gorda y llena de fuerza. Pero, en la noche siguiente, volvía a lamentarse y a adelgazar. 

 Por mucho tiempo que pasara, nunca se le ocurría que el prado no disminuía y que no tenía por qué inquietarse de aquel modo. 

 Tu ego es esta vaca y la isla es el universo. El temor del mañana adelgaza la vaca. No te ocupes del futuro. Más vale mirar el presente. Tú comes desde hace años y los dones de Dios, sin embargo, no han disminuido nunca. «

Lo repetimos incesantemente, lo escribimos , decimos, pensamos pero en cuántas ocasiones lo llevamos a cabo…

 Este cuento sufí me sirve de base para la reflexión que os propongo para el fin de semana: disfrutar del momento.

Son muchos los libros de filosofía oriental que he leído  y coincido con alguno de ellos en que  toda esta lectura, requiere mucha práctica.

Es tan difícil parar y comprobar  que  tu mente y tu cuerpo, necesitan  paz interior y  concentración, y que una estupenda inversión será  prestar atención a tu respiración y disfrutar de lo que estés haciendo en ese momento, que  supone gran consciencia y duro entrenamiento.

Es un sentimiento extraño, ir contracorriente, no perseguir lo inmediato, la acción, sobrepensar…dejar la adicción a todo lo que se consume instantáneamente.

A veces nos sorprendemos a nosotros mismos cuando prestamos atención a cosas tan básicas como lo que comemos, lo que vemos, olemos o bebemos, qué texturas tienen, a qué saben o huelen, deleitar con ello todos nuestros sentidos, en lugar  de hacerlo a la vez que miles de cosas, hablando, viendo la televisión, leyendo o pensando en nuestras cosas.

 Esas, nuestras cosas, las que pensamos ocurrirán mañana, son las que nos impiden disfrutar del día de hoy, de este momento

Damos por hecho que podremos disponer de mañana, aunque no tengamos ninguna constancia  de ello y eso es lo que nos evita ver que sólo somos presente y hace que cualquier evento futuro nos descoloque, desespere o exaspere. Esa buscada ansiedad…

No dejes que tu mente vaya más lejos del próximo segundo, del próximo minuto. Agradecer todo lo que eres, lo que haces y lo que tienes, mira a tu alrededor, escucha,  será un buen comienzo para ralentizar tu mente y poder inspirarte en todo lo que tienes a tu alcance, sin más.

¿Cuántas veces lo has pasado mal con antelación, construyendo pesadillas y preocupaciones?

Recuerda que hoy es el mañana que tanto te preocupaba ayer y, total ¿ha sido para tanto?

Disfruta de cada segundo hasta que nos volvamos a ver…

foto:loasturiano

«¡Desactívate!»

desactivar

 

Cuando sentimos que la ira nos invade,  para la mayoría de nosotros es tarde para dar marcha atrás, parar ese ataque, analizar los riesgos, minimizar los daños y solos, calmarnos.

Cierto es que a diario no hacemos más que consumir ira, desde que nos levantamos, gracias a los distintos medios de comunicación podemos  hacerlo solos, desde primera hora de la mañana, con una avalancha de noticias que no mantendrán  precisamente nuestra paz interior.

Pero ya no sólo son los telediarios con su concentración de desgracias por segundo, y su fácil relación causa efecto para encontrar el blanco de nuestras iras. Desde hace ya un tiempo esto se ha trasladado a todos los ámbitos, cualquier programa o conversación que se precie en audiencia, al margen del contenido, fútbol, política o relaciones humanas, mantiene a sus espectadores a base de gritos, acusaciones, insultos y demás combustible altamente inflamable.

Defiendo con ahínco la libertad de todos para leer, ver y escuchar  lo que cada uno decida  a su antojo, aunque  antes  realmente creía que esto no afectaba gran cosa a la persona, ahora ya sé que sí. Dudo, no sé si es uno antes así y se ve reflejado en ellos con lo cual el mal de muchos hace el consuelo o es al contrario y es consumir eso sin rebozo lo que nos hace acabarnos mimetizando. Lo que sí tengo claro es que esa retroalimentación no es gratis, ni inocua y menos para quienes la protagonizan, quedando más que patentes los estragos.

Cualquiera de nosotros ha podido comprobar como estando de buen humor y positivo tras una conversación con alguien, nuestro  humor y nuestro interior han tornado hacia un malestar continuo que acabó seguramente en bronca.

Y es que no es cuestión baladí, consumir ira, por cualquiera de los cinco sentidos, es cierto que genera más, que más tarde o más temprano expresarás.

Por eso ser conscientes de lo que esta actividad nos proporciona es fundamental para protegernos de la agresión que el enfado supone contra nosotros mismos y  conseguir mantenernos al margen.

Muchos de nosotros nos miramos en los espejos o en el reflejo de los cristales para ver cosas de nuestra  imagen, nuestro pelo, lo que vestimos, nuestra cara,  sin apenas reparar en nuestro gesto. Sé consciente, cuando la ira nos posee los músculos faciales se tensan, los ojos se inyectan en sangre y parece que fuésemos a  estallar.

Estoy segura de que si nos viésemos en ese momento, para lo que puedes utilizar un espejito o cualquier lugar donde te reflejes y fuésemos conscientes de ese horrible gesto, seríamos capaces de respirar las veces necesarias  -inspirando  en cuatro segundos, manteniendo la respiración dos y exhalando en cinco- para volver a nuestro estado ideal, nuestra paz interior.

Las manifestaciones de la ira o cólera son : mal genio, fastidio, furia, resentimiento, indignación, irritabilidad, violencia, odio, hostilidad, animadversión e  impaciencia.

¡¡DESACTIVATE!!

¿Valoras el planteamiento?

problem

 

Tu personalidad puede responder a varios filtros para almacenar las experiencias, que sin ser totalmente puros en tu persona, pueden hacer que determinadas cuestiones sean o no importantes para ti. Uno de ellos es el filtro proceso/ resultado.

Puedes ser una persona cuyo resultado prime por encima del proceso, de manera que matemáticamente sólo obtendrías recompensa con el resultado perfecto de tu problema  o de proceso, y entonces el planteamiento de cómo resolverlo, también lo tendrás en cuenta.

Si eres de resultado, todo lo que no coincida con las expectativas que te has creado o a concibes acerca de tu alrededor  o de tu equipo lo entenderás como un fracaso que necesita de otros planteamientos diferentes.

Si por el contrario pones tu foco de atención en el proceso, en el planteamiento, podrás identificar mínimas desviaciones en cuanto a por qué el resultado no es el esperado, serás capaz de hacer análisis más en profundidad y ser más efectivo en las soluciones que plantees. Al ser más específicos los cambios, no derrocharás energía en reformular todo el planteamiento táctico de nuevo, sin  darle varias oportunidades antes.

Además si pones tu foco en el resultado y éste es a largo plazo o muy ambicioso, la manera de proceder poniendo el énfasis en esa condición, te hará difícil que tanto tú como tu equipo mantengáis el nivel de motivación y de entusiasmo en la consecución y si finalmente no se alcanza el objetivo deseado será una ardua tarea ponerse en marcha de nuevo.

Si disfrutamos del proceso, lo dividimos en minimetas con recompensa ad hoc y no sólo damos importancia  a ganar, y más concretamente a conseguir nuestra posición íntegra, podremos llevar a cabo mejores negociaciones, en las que salgan favorecidas ambas partes y no sólo nosotros, lo que hará que se teja una relación de confianza entre las dos partes, que será la base de muchos más acuerdos y negocios.

Trasladar esto a tu equipo hará que automáticamente sientan como despegas el pie del acelerador y que la presión remita, de forma que también la situación de menor estrés hace que todos  estemos más proclives a proponer cambios y establecer nuevas estrategias. De manera que si ésta cambia por razones ajenas al equipo, tampoco será un elemento  desmotivador, puesto que es la negociación y no la conclusión perfecta, el elemento central.

Cierto es que quienes trabajan en ventas y son los resultados, los que tienen principalmente que tener en cuenta sean los primeros en cuestionar este proceder y su puesta en marcha pero seguro que, tras una reflexión más centrada en las personas, conscientes de que son ellas quienes llevan a cabo el trabajo, la inversión en el ensayo de prueba-error  sobre las posibilidades de  este filtro, os merece la pena.

¿Qué nota pondrías tú a alguien por un examen con un planteamiento perfecto y  un error en la solución?

Mirarse el ombligo

ombligo

 

No sé si alguna vez habéis reparado en ello, porque conocéis a alguien en quien lo podéis ver reflejado o quizá os ocurra a vosotros mimos.

 Cuando estamos todo el tiempo pendientes de nosotros mismos, de qué no duele, qué nos pasa, cómo nos sentimos y quién nos presta atención o no, desarrollamos  un individualismo extremo que  nos dificulta salir de ese estado y disfrutar y ocuparnos de quienes están y lo que ocurre a nuestro alrededor.

Somos capaces de saber cuándo fue la última vez que nos dolió la cabeza, o el codo, cuando nuestro jefe o compañero nos hizo esto o lo otro, cuándo salió esa nueva cana o arruga o los gramos exactos que hemos ganado o perdido desde la semana pasada. Sin embargo no sabemos nada de las personas en nuestro entorno,  de las que se supone que queremos y nos importan.

Apenas podemos decir si alguien está más serio de lo normal o su cara o corporalidad nos dice si necesita de nuestra ayuda porque estamos tan ocupados preocupándonos de nosotros mismos que simplemente no tenemos tiempo ni  hemos desarrollado las habilidades necesarias para hacerlo.

 

En algunas ocasiones se forja esta forma de ser a la sombra de otras muchas personas que en su ansiedad por ocuparse de nosotros y con la mejor de las intenciones nos dejan si herramientas cuando, deciden por nosotros, intentan controlar  nuestras acciones en todo momento y nos excluyen de responsabilidades  familiares o personales que nos  incumben a todos dentro de nuestro propio entorno.

Al evitar que sean dueños y dueñas de su propia vida, estamos evitando que puedan desarrollar  empatía  con los demás, que se pongan en otras situaciones y que sepan comprender qué está pasando en otras personas, escucharlas  y ayudarlas

Acaban siendo incapaces de salir de sus propios reproches hacia lo que los demás no han hecho o no han tenido en cuenta sobre ellos. Da igual si ocurrió hace siglos, sigue siendo una defensa con la que callar a todo aquel que les intenta sacar de su ensimismamiento.

La peor de las noticias es que no conozco a nadie que ocupado y preocupado  en demasía por ellos mismos, sea feliz. Que pueda disfrutar de las alegrías propias y ajenas y que no acabe comparándose constantemente o enfocado en algo que le falta o le sobra para tener algo que lamentar.

Siempre habrá alguna novedad que interpretada como otra maldición te hará  no disfrutar del interesante y emocionante viaje que es vivir y apreciar lo que hay a tu alrededor en cada momento.

Recuerdas cuando fue la última vez que, hiciste algo y no lo apuntaste y reprochaste, que pediste perdón a alguien porque no le tuviste en cuenta, porque no pensaste en alguien más que en  ti para decidir hacer o decir algo, que agradeciste lo que alguien hizo por ti, que llamaste  para preguntar en lugar de para desahogarte.

Mirarse el ombligo es uno de los deportes menos interesantes que existen, se gasta  energía raudales  y no se recupera ni en forma física ni en salud mental. Es un hábito autodestructivo,

Si quieres que todo empiece a tener otro color en tu vida prueba a, cada vez que empieces a pensar en ti y en tus cosas de siempre, visualízate haciendo cosas por los demás y hazlas, sin esperar nada a cambio, pequeñas cosas, sé consciente de ellas y del efecto que producen en ti.

Ocupado en los demás, seguro que  minimizarás «tus cosas».

Relativiza tus necesidades y tus juicios de los demás, o acaso te  gustaría a ti que te hiciesen lo mismo.

 

Sal de ti mismo, tu alrededor puede ser un lugar maravilloso en el que vivir.

 

¡Haz turismo!

turismo

 

En muchas ocasiones cuando alguien me hace elegir entre lo que salvaría en mi casa de un incendio, lo tengo claro, lo único que merecen la pena son las personas. A nada he llegado a cogerle tanto cariño como para dedicarle un ápice de riesgo de mi vida.

Es cierto que me gusta disfrutar de las cosas bellas que tengo a mi alrededor, de lo útiles que me resultan en diferentes ocasiones o de los recuerdos que me evoca mirarlas, pero tengo claro que  no tengo apego alguno a ellas, que no encienden en mi sentimientos que pudieran hacerme infeliz al desprenderme de ellas y que no tardaría mucho en recuperarme de una cuestión así.

Todas esas veces que me he enfrentado imaginariamente a ese dilema, ha sido más fuerte el mal recuerdo de las personas, a quienes he visto sufrir y dejar de ser felices a mi alrededor por poner tanto de sí mismo en lo que tienen, que sólo pensar que podría pasar por eso y derrochar mi vida y mi entusiasmo en cosas, me da fuerzas para seguir  relativizando mi apego. Esas emociones más intensas, las dejo para SER y para DISFRUTAR con las maravillosas personas que me rodean, donde esté.

Mi gusto por el cambio también me ayuda, sé que atarme a cosas, no es lo mío, a pesar de reconocer haber caído en cuestiones tan mundanas como adquirir propiedades, pero sé que las personas somos algo más que lo que hacemos o tenemos y efectivamente estamos… DE PASO

DE PASO

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

– ¿Dónde están sus muebles? – preguntó el turista.

Y el sabio, rápidamente, también preguntó:

– ¿Y dónde están los suyos…?

– ¿Los míos? – se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

– Yo también… – concluyó el sabio.

«La vida en la tierra es solamente temporal… Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices».

 

¿Haces turismo? 😉

No te olvides de SER feliz!!

 

¡Buen fin de semana!

Foto:termometroturismo

¿Cómo es tu imagen de ti mismo?

visualizarte

 

He de confesar que hasta hace unos años todos mis retos pasaban por construir una férrea fuerza de voluntad sobre la que descansaban horas y horas de esfuerzo que también he de reconocer, tenían su recompensa.

Sin embargo desde que mi curiosidad por el desarrollo personal comenzó a crecer, empecé a investigar y a relacionar conceptos, añadiéndole a la práctica, información y refuerzo científico para mejorar mi estrategia, entonces empecé a utilizar la autoimagen o la visualización, menos esfuerzo, mejor resultado.

A partir de entonces entendí que la imaginación bien utilizada es una herramienta poderosa para impulsar objetivos y retos  y no sólo una máquina de magnificar malos augurios y acrecentar  miedos.

Dedicar al menos 30 segundos cada día a visualizar quien quieres ser, produce un increíble entusiasmo y una decidida disposición a poner todo de tu parte para conseguirlo.

Esta visión tiene que estar llena de detalles y se rememorada continuamente para hacerla cada día más potente. Debiendo superar a todos esos mensajes negativos que nos decimos a nosotros mismos a diario, sin cuestionarnos.

Muchos deportistas lo hacen para visualizarse en sus encuentros y  partidos, en los que fijan los detalles en su imagen física, recordándose con la  ropa exacta, en el campo que se va a celebrar, dando los golpes o tiros que van a ejecutar, con cuanto más detalle mejor.

Un simple pensamiento, cualquier día, ya te auguro que no servirá para mucho. Seguro que si lo asemejas a que sueñes despierto, te es más fácil hacerlo y recordarlo.

Ya claro me puedes decir que después si no lo consigues el golpe es más duro, pero está demostrado por neurocientíficos( puedes ver el video al final del post) que ser optimista en nuestras expectativas, lejos de perjudicarnos, nos ayuda a ser más felices que en el caso contrario y  que a pesar de que somos conscientes de que podrían no llevarse a cabo, el efecto en nuestro ánimo y en nuestra vida es el mismo que si fueran realidad. Imaginad el poder de los pensamientos.

En lugar de dejar salir automáticamente todas esas imágenes y pensamientos negativos, nada potenciadores, podemos comenzar nuestro entrenamiento de autoimagen para conseguir el efecto contrario.

Por ejemplo si tienes que hacer una presentación piensa en dónde va a ser, cómo te vas a mover, a  hablar,  cuál va ser tu imagen, y visualízate teniendo éxito, sintiéndote orgulloso de tu presentación. Esto es un pequeño detalle para un evento pero lo puedes hacer para todos los ámbitos de tu vida.

Es esencial que tú mismo te veas capaz de llegar donde tú quieres, porque esa fortaleza que se construye desde el interior, será la que te acerque más a tu objetivo, si te acostumbras a verte en esa situación, lógicamente te será más fácil creer en ti mismo para llevarlo a cabo.

Tú actúas como la persona que crees que eres, sino entrenas una visión entusiasta, no serás capaz de motivarte y quitarte de encima tus limitaciones. Y con esta sencilla práctica de manera regular podrás ir avanzando cada día un poco más hacia tu meta.

 

Maneja tu propia imagen o seguramente será algo externo lo que te maneje a ti.

http://www.ted.com/talks/tali_sharot_the_optimism_bias?utm_campaign=&utm_medium=on.ted.com-facebook-share&utm_content=awesm-publisher&utm_source=facebook.com&awesm=on.ted.com_tyiw

¿Rendimiento o potencial?

future

 

Cuando nuestro trabajo pasa de desempeñar tareas a liderar equipos, el cambio de entorno y de habilidades necesarias cambia demasiado para llevarse a cabo sin ayuda o una profunda reflexión sobre las personas.

De unas simples cifras que admiten sin quejarse todo tipo de formatos, colores y encajes para representar la marcha de la compañía, nuestro foco debe desconectar el zoom para que a estos números se añadan todas las personas que están inmersas en ese proyecto y  quepan en la escena que debemos liderar.

En el caso de las personas, hablamos de mentes totalmente diferentes que se unen con su variedad y sus matices para enriquecer el trabajo. Esto implica que nuestro esfuerzo ya no va dirigido a nuestras habilidades y su demostración en exclusiva, sino que potenciar las de los demás y hacer que trabajen para el resto es un gran y nuevo reto.

Intentar que todos se ciñan a tu forma de trabajar y a tu ritmo puede parecer efectivo al principio pero a lo largo del tiempo te darás cuenta que esa estrategia te ha servido para dejarte muchas personas en el camino que por miedo a no encajar, callan sus debilidades escondiéndose en una postura a la defensiva.

En el momento en el que tomas los mandos de un equipo puedes tomar esa decisión y ser lo que comúnmente todos conocemos como “un jefe” aunque ese modelo no lo situemos entre nuestro preferidos o puedes pensar cómo sacar el máximo potencial de tu equipo para que todos y cada uno de ellos se sientan útiles e integrados.

Prestando atención a las personas que trabajan contigo, conociéndolas al máximo e interesándote por ellas en todas sus facetas, podrás observar y reconocer qué cuestiones motivan y alientan a esa persona y cómo puede poco a poco  conseguir dar lo mejor de sí misma.

La mayoría de nosotros tenemos bloqueos antiguos que nos impiden mostrar muchas de nuestras habilidades y precisamente estableciendo espacios de confianza para poder asumir libremente las carencias que vayan surgiendo y poder pedir ayuda sin temer juicios o represalias, será un buen caldo de cultivo para crecer.

Para ser un verdadero líder una de las cuestiones que a mi juicio son básicas es la de creer que todas las personas tienen un potencial escondido que sólo necesita consciencia y responsabilidad para que salga a la luz. Siempre es más fácil que florezca con riego y fertilizantes que con críticas y juicios. Si tienes a tu equipo etiquetado en cajas de rendimiento, ¿qué oportunidad tienen de salir de ellas?

No estoy hablando de que parezca, sino de que sepas, que todas las personas en situaciones de peligro son capaces de cosas extraordinarias, que en su trabajo diario en el que sufren estrés y presión, están funcionando a un 40% de su potencial, lo bien que hacen otras cosas fuera de su lugar de trabajo y lo orgullosas que están de ellas. Ten por seguro que también  lo pueden hacer en sus lugares de trabajo si se da el entorno proclive. Piensa en ti.

Con un jefe al uso, cada persona intentará no salir de su zona de confort, desarrollar cada vez mejor la tarea para la que está contratada, sin crear, sin innovar, sin construir. Sin embargo dedicando tiempo y energía a construir tu equipo, todo ese tiempo empleado será un avance para cualquier proyecto futuro. Incluso si el equipo cambia de integrantes siempre quedará esa impronta de la que todo el mundo está orgulloso y es lo primero que transmitimos al exterior.

Que tu líder, crea en ti, te lo demuestre, te haga sentirte importante, que tus ideas cuentan, que eres alguien en el equipo, que prefiere que pienses a que sigas sus órdenes, tiene un decisivo reflejo en tu productividad y en tu rendimiento.

De acuerdo que el cambio requiere una inversión de energía y  tiempo, pero un alto porcentaje está en tu mano, sólo piensa ¿qué quieres ser un jefe o un líder?   

Crecer en la adversidad

crecer

 

En una cultura en la que sólo gustamos de hablar de éxitos, los fracasos nos colocan en una difícil situación en la que sólo nos producen  pensamientos de culpa o vergüenza y nos arrojan en manos  de las más molestas emociones.

Sin embargo si conseguimos distanciarnos un poco de los hechos y reflexionar sobre ello, son tantas las cuestiones que no controlamos de todas las acciones que llevamos a cabo durante el día, que lo normal es que no consigamos en muchas de ellas los objetivos planeados o que los resultados no sean los esperados debido a unas expectativas demasiado ambiciosas que no contaban con acontecimientos de última hora.

En lugar de analizar estos hechos para extraer aprendizajes, los convertimos en escenas y recuerdos de tanto dolor que preferimos esconderlos en algún lugar de nuestra mente para sólo volver sobre ellos para castigar nuestra autoestima.

Además, tenemos tan malos hábitos que si desenterramos algunos de ellos y pretendemos extraer alguna lección positiva que podamos aplicar para avanzar, nos fustigamos con que sólo estamos intentando engañarnos para no reconocer lo obvio, que fallamos.

Imagínese tener un amigo o un compañero de trabajo, o un jefe que le hiciese eso a menudo, sólo poner de relevancia lo que no has hecho bien, para hacerte dudar de tus competencias y  habilidades. Seguro que no  sería de tus favoritos.

Si sólo conformamos nuestra personalidad a base de crecer entre lo que consideramos éxitos estamos dejando gran parte de nuestros aprendizajes en el camino y desaprovechamos muchas de esa energía que empleamos en llevar a cabo los proyectos, olvidando las enseñanzas del proceso, reduciéndolas al resultado y sólo en caso de que sea positivo, almacenándolo y utilizándolo.

Si creamos un entorno en el que la crítica y los juicios de valor se minimicen hasta eliminarlos, estaremos poniendo las bases necesarias para cultivar un aprendizaje mucho más rico y en el todo sirva para crecer. Esto también proporcionará un espacio en el que todos se sientan más seguros para proponer y arriesgar

Piensa en algunas de tus experiencias negativas como jefe o responsable de un proyecto o actividad. Reflexiona en profundidad sobre esas experiencias.

¿Qué  es lo que puedes aprender sobre ti mismo de esas experiencias?

Escribe al menos dos de las lecciones aprendidas

Ahora piensa en  alguna de tus experiencias positivas como jefe o responsable de proyecto o tarea. Reflexiona sobre esas experiencias.

¿Qué es lo que puedes aprender sobre ti mismo de esas experiencias?

Escribe al menos dos de las lecciones aprendidas.

¿No crees que serás mejor líder cuando utilices todas tus experiencias en tu favor?

¿Qué vas a hacer a partir de ahora para crecer con todo lo que te ocurre?

¿Saben de qué les voy a hablar?

predicador

 

¿Saben de qué les voy a hablar?

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabía que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo:

-No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice «¡qué inteligente!», para no sentirse un idiota uno repite: «¡si, claro, qué inteligente!». Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.
-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero… qué breve.

Y otro agrego:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido.Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho «¡brillante!», el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero… mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.

Se levantó y se fue.

 

Este genial cuento de la tradición sufí me sirve como ejemplo para trasladar los planos de la comunicación a los que hace referencia Paul Watzlawick cuando ejemplifica como manipular o ser manipulados puede amargarnos la existencia.

Watzlawick se refiere a que en las frases que producen este efecto existen dos planos el objetivo (el objeto de la acción) y el plano de relación ( el que se refiere a la acción con alguien).

Si volvéis a leer el cuento seguro que encontráis la frase en la que se produce esta manipulación  y que establece la trampa del mecanismo de las alternativas que estos dos planos producen. Con cada alternativa por separado, no tenemos ningún problema al rechazarlas o aceptarlas, eso sí, individualmente, pero el hecho de tener que hacerlo juntas, en la misma frase, complica mucho las relaciones.

Si tienes ya tu frase identificada, bien. A partir de aquí te traslado mi reflexión y lo que yo detecté.

Para mí la frase que encierra esta cuestión es:

“Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo”·

Cualquiera de nosotros podría admitir en el plano objetivo tanto que “fue sin saber porqué” como  “que está preparado o no para escucharlo”. Lo que acaba por manipular la situación es hacerle creer que ir allí sin saber la razón significa que no está preparado, algo inespecífico y a la vez molesto,con tal tinte de sobrentender su ignorancia que hay personas que antes de admitirlo y sentirse así, prefieren complicarse la vida y hacer lo imposible para evitarlo.

Aunque este interesante texto  también proporciona base para otras muchas reflexiones, sobre el espíritu crítico, el seguidismo, etc quiero plantearos otra dimensión personal, la de amargarte: ¿qué ocurre con este tipo de cuestiones? Que en ambos casos si les dejas te amargan la vida, puesto que si admites que no sabes, podrías ser el único ignorante, sintiéndote mal  y si sigues al grupo o mientes para protegerte, a este malestar deberás añadirle el proporcionado por la falta de honestidad para admitirlo. Esto se complica en las sucesivas reuniones.

Este aviso es para los aspirantes a vida desdichada que todavía se cuestionen tomar otro camino. Todas estas técnicas que usamos y usan con nosotros, si no somos conscientes, nos empujarán a ello.

Estate al loro ¡Qué no te amarguen la vida! ¡Buen fin de semana!

Feedforward

avanzar

Qué ocurre cuando le dices a alguien a tu alrededor que quieres cambiar algo de tu personalidad o que quieres mejorar algún comportamiento determinado. Si tienes a tu alrededor personas que creen y valoran el cambio y saben que se puede producir, lo mínimo será darte la enhorabuena por ser valiente y ponerte manos a la obra en un proceso que, a pesar de tener altibajos y recaídas, te ayudarán sobre manera con tu nuevo yo.

Sin embargo la mayoría de los mortales en lugar de animarte y ver en ello motivo de orgullo, aprovecharán la entradilla como una autocrítica y comenzarán a elaborar argumentos a favor de la necesidad de tu cambio aportando infinidad de hechos del pasado que van poco a poco construyendo el grillete que se ajustará a tu pierna como recuerdo de los «debes» de ese tú.

 

No hay manera de que las personas pongan un poco de distancia en las críticas y vean la parte positiva del hecho y de cómo incluso el cambio les va a repercutir positivamente en su interrelación contigo. ¿Estamos acaso únicamente  programados para lo negativo?

Atisbando estos casos y habiendo tenido experiencias previas, asumir y reconocer públicamente cualquier cuestión a mejorar es, para algunos que no se atreven a hacerlo, licencia para criticar a cualquiera que haya tenido ese valor.

Si  este compromiso de cambio no lo adviertes a tu alrededor y te ayudas de los que te rodean para hacerlo, las personas absortas en sus cosas, no prestarán atención a los pequeños cambios que se van produciendo, cuando les preguntes te dirán que no han visto nada nuevo y el efecto de tu esfuerzo quedará diluido y por lo tanto no tendrá el efecto motivador que requiere adquirir otro hábito.

De ahí que el feedback sea una cuestión tan temida y odiada por muchos, abrir con nuestra autorización nuestra caja de los truenos impactando en nuestras inseguridades y dejándonos knockeados, no parece una buena idea.

Sin embargo  hoy os propongo otra estrategia para que sea más fácil ayudar a mejorar antes que se comience con  lo de siempre, probar que alguien ha hecho algo mal  durante tiempo. Marshall Goldsmith lo denomina “Feedforward” y hay que reconocer que ya el cambio en la palabra, psicológicamente anima, cambiando la dirección de lo que alimenta, e impulsándonos a seguir hacia adelante.

La estrategia se compone de cuatro pasos:

1) Elegir un comportamiento que creamos que va a significar un gran cambio en  nuestra vida, como por ejemplo: escuchar mejor.

2) Contarle ese objetivo a todo el mundo que conoces: familiares, compañeros, amigos, desconocidos, cualquiera con el que puedas establecer una mínima conversación.  La idea de preguntar a desconocidos parece absurda o loca pero son quienes nos pueden dar ideas mejores,  menos “interesadas”.

3) Pídele a esa persona que te dé dos sugerencias para conseguir tu objetivo, que te ayuden a conseguir ese cambio tan positivo. Sólo existe una regla, para los conocidos, no se puede mencionar el pasado. Todo se referirá al futuro.

Por ejemplo con nuestro ejemplo dirías: “Quiero saber escuchar  mejor. Me puedes dar dos ideas que pueda llevar a cabo en el futuro para poder hacerlo mejor”

Las dos ideas serán tu Feedforward: que podrían ser, «no interrumpir a quien está hablando», «no tomarse lo que dicen personal».

La idea es que no muestres ninguna emoción con los resultados. Di sólo gracias y no entables conversaciones que podrían derivar en un desmotivador feedback o una vuelta al pasado desalentadora. Ser franco muchas personas lo confunden con hacerte un resumen de tu peor versión. El pasado proporciona hechos pero no ideas potenciadoras.

No te limites, haz una larga lista y ordénala para comenzar tu cambio cuanto antes. Tienes por donde empezar y qué entrenar.

Good job!!

foto:con-sentido

Lo que nadie se atreve a decirte

jefe

 

Querido, CEO, Director, Presidente,

te has planteado alguna vez qué es lo que hace que las personas dejen tu empresa, tu equipo no rinda o te ignore e incluso no te soporten y estén deseando cualquier oferta o que el panorama económico mejore para volar.

Seguro que en muchas ocasiones has pensado que “que piensen así es algo que los jefes llevan en el sueldo y lo debes asumir, sin más”, que es una cosa típica, o que con el ambientazo que hay, las personas están deprimidas, desmotivadas y  que son ellas las que tienen un problema o deben cambiar y centrarse.

Has pensado en lo que cuesta a tu empresa esa  tasa de reposición o esa falta de productividad, de innovación o de creatividad, que tú te tomas como normal, a la ligera, la formación, el reciclaje, un  nuevo proceso de selección.

Si tras analizar estos puntos de tu compañía todavía te sigues preguntado ¿qué está pasando? o ¿qué se está haciendo mal? quizá  sea el mejor momento para participar en un proceso de coaching y ampliar tu perspectiva, conectar con nuevas formas de proceder y reflexionar sobre otras posibilidades.

A lo mejor llevas tantos años haciendo lo mismo o cerca de los mismos que has acabado mimetizándote con  aquellos que a los que habías prometido, nunca  querrías parecerte, los que aplican la ley del mínimo esfuerzo en cuanto a las personas y la de  trabajos forzados en cuanto a los proyectos.

Que el coaching se aplique a otros mandos, como los managers que pasan de proyectos a dirigir personas, será de una gran ayuda, con estas sesiones conseguirán ver que todo es más fácil de lo que parece con otras herramientas  y podrán comenzar siendo líderes en sus equipos.

 Lo que ya no está tan claro es cómo conjugará esto conque tendrán por encima a personas que no recuerdan  en qué consiste el cambio, que ya no son conscientes de la importancia de valorar nuevos comportamientos y de la necesaria y  posterior, gran recompensa de este esfuerzo.

Con el tiempo se adquieren algunos hábitos que empeoran el ambiente sin casi percibirlos: valoras más tu tiempo que el tu equipo y lo demuestras por ejemplo, con las reuniones cuando tú quieres y de la duración que tú decides, estás más pendiente de tu carrera que de los que te rodean, quieres que todo el mundo deje lo que está haciendo para atenderte, aunque tú no lo haces, no elogias lo que hacen bien, no les escuchas, ni compartes información y contagias tu estrés con tu lenguaje corporal y verbal, haciendo el entorno irrespirable.

Tras un proceso de coaching serás más consciente y responsable de tus hábitos y acabarás automatizando otros más útiles. Demostrarás el interés en quienes trabajan contigo y éstos se empeñarán en la reciprocidad, en ser útiles en sus tareas y en merecer el elogio por parte de  quienes admiran y son su ejemplo y  espejo en que se miran. Debes recuperar  esas ganas de crecer personalmente que te han llevado a tu actual puesto de dirección y que seguro te impulsarán más lejos.

Si no tienes esto en cuenta porque la presión de los números en los balances te puede, acabarás desenfocando tu energía y  conseguirás que muchos de ellos acaben decepcionados,  que vean y sientan que los valores que defiende la compañía no son los que aplica y que seguramente fuera de ahí tendrán un futuro más acorde con sus principios.

La mayor parte de los que dejan su puesto de trabajo o bajan su rendimiento considerablemente se sienten incomprendidos, solos y faltos de motivación, ya incluso el dinero empieza a no ser una prioridad ante tanto hastío. No podemos permitirnos derrochar o exportar talento a otras compañías teniendo herramientas infalibles a nuestro alcance.

Si has probado todo con tu equipo y no funciona, empieza a probarlo todo contigo. Prueba con el coaching.

Foto: spanishpmo

¿Cuánto vales?

valor

 

Poder estar cerca de las personas cuando más lo necesitan, en el cambio y poder disfrutar de él, es uno  de los propósitos que hacen que mi dedicación al coaching sea de lo más gratificante.

Cuando empecé sentí que debía devolver a la sociedad parte de lo que me estaba dando al permitirme vivir y disfrutar de esta gran pasión, entonces comencé el programa “From Me to We” con el que consigo que las personas que no tienen ahora mismo un trabajo remunerado, hagan frente a todo los fantasmas que conviven con ellos desde hace poco.

Es difícil acostumbrarse a ser diferente de los demás y a no estar sometido a las mismas fuerzas de presión que hemos heredado por inercia. Levantarse por la mañana de un lunes cualquiera, como hoy y no tener la obligación de quejarse del día y sin dilaciones encaminarte a un trabajo que nos puede gustar o no,  nos hace sentirnos… diferentes.

En lugar de aprovechar esa situación y pensar en la maravillosa oportunidad que nos da la vida para reflexionar sobre si adonde hemos dirigido nuestros pasos, nos hace felices o no, entendemos que esa sensación es negativa y comenzamos una espiral de pensamientos que nos harán sentirnos cada vez peor y producirán un efecto devastador en nuestra autoestima.

Es cierto que para muchos es una sensación extraña,  la vulnerabilidad, esa extraña debilidad,seguramente es la primera vez que la sientes, pero no la puedes magnificar hasta hacerte creer que esa va a ser una constante en tu vida y no unos meses de todos esos años que llevas disfrutando de este maravilloso viaje.

Muchos de nosotros comprobamos en ese periodo de reflexión que si lo piensas, se reduce a un cambio en la relación con el dinero, puesto que a muchos de nosotros si nos preguntasen a qué nos dedicaríamos si de repente fuésemos millonarios, es cierto que muchos seguiríamos  trabajando pero ¿acaso todos dónde estamos?

Si se continúa indagando la preocupación en muchos casos no es por no tener dinero,  para comer, beber o guarecernos sino para conseguir toda esa ingente cantidad de cosas que hasta ahora habíamos podido obtener a base de esfuerzo personal y que ya  nos demostraron que no compran la felicidad. Aún así seguimos avergonzándonos de no poder conseguir más “artículos de lujo” a nuestras familias.

Esto puede que derive,  no ya en que “tanto tienes tanto vales” sino en que nos valoramos en la medida en que conseguimos dinero. Es triste cómo somos capaces de sentirnos humillados, avergonzados  y ofendidos por esto y no por las miles de injusticias que no trabajamos por erradicar. No he conocido todavía a nadie que, preocupado principalmente por él mismo, sea feliz, tampoco a nadie que lo esté por lo que dicen o piensan de él, los demás.

Desde ese momento en que no  somos población empleada con remuneración ajena, ¿no creemos ser nadie? Habrá algo más absurdo. Dejamos de lado las funciones más fundamentales de la vida, divertirnos, querernos, ayudarnos, animarnos… todas esas cuestiones que sí son fundamentales y que tan a menudo cacareamos que no se pueden comprar y sin embargo sin dinero no somos capaces de sacarlas a relucir. ¿Es nuestro combustible el dinero?

Que no te contraten en la primera compañía a la que vas o tampoco en la 50, no quiere decir que no seas un Ser Humano extraordinario, maravilloso y con infinitas cualidades, significa que no has dado con quien busca alguien como tú o que quizá en tu desánimo no hayas sido capaz de entusiasmar o mostrar tu mejor cara esa vez.

Darte por vencido será reconocer que te ha ganado el dinero y que vales lo que tienes o lo que ingresas. Que tu seguridad no está dentro de ti sino fuera.  Que te has rendido con tus propios pensamientos, sin que estos te dejen atisbar las miles de oportunidades que hay por el mundo para ser feliz y sin dejarte disfrutar de todo eso que tienes tan cerca que te permites el lujo de dar por hecho.

La próxima vez que vayas a lamentarte de estar “sin empleo” pregúntate  ¿por qué eres feliz? Y continúa tu camino.

Anuncio Summer coaching process

¿Dónde buscas?

buda

 

La reflexión que os propongo para acabar la semana, blogueramente hablando J, tiene como base un cuento budista que explica de manera muy práctica lo que implica el proceso coaching y  seguro estimulará vuestra imaginación, creatividad y la confianza en vosotros mimos.

Al mismo tiempo, os dará una pista sobre cómo usar vuestra inteligencia para buscar las respuestas, donde están y no dónde no están, incluso cuando el lugar te parezca muy oscuro.

“Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana,

 _ ¿Qué pasa?-le preguntaron-¿qué estás buscando?
―Perdí
mi aguja, dijo ella. Y todos la ayudaron a buscarla. Pero alguien le preguntó: ―Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá más luz. Una aguja es algo muy pequeño ¿porqué no nos dices exactamente dónde se te cayó?.

 ―Dentro de mi casa, dijo Rabiya.
― ¿Te has vuelto loca?-preguntó la gente-
Si la aguja se te ha caído dentro de tu casa, ¿porqué la buscas aquí fuera? ―Porque aquí hay luz, dentro de la casa no hay.
―Pero aú
n habiendo luz, ¿cómo podremos encontrar la aguja aquí si no es aquí donde la has perdido? Lo correcto sería llevar una lámpara a la casa y buscar allí la aguja.
Y Rabiya se rió.

 ―Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas ¿cuándo vais a utilizar esta inteligencia para vuestra vida interior?

 Os he visto a todos buscando afuera y yo sé perfectamente bien, lo sé por mi propia experiencia que lo que buscáis está perdido dentro. Usad vuestra inteligencia ¿por qué buscáis la felicidad en el mundo externo? ¿Acaso lo habéis perdido allí?.

Se quedaron sin palabras y Rabiya desapareció dentro de su casa.

 

¿En qué pones tu felicidad?, ¿a cuál o cuáles condiciones la vinculas?

Quizá tener más cosas materiales: dinero,  coches, casa, ropa, un mejor trabajo, más vida social, más actividades, tener mejor aspecto físico, pesar menos, estar más en forma, comer mejor…

Crees que cuando las consigas, ¿serás más feliz? Piensa si en algún momento pasado la vinculaste a algo y funcionó cuando lo conseguiste, durante cuánto tiempo.

 

Quizá pones tu felicidad en alguien, en tu pareja, en tu jefe, tu padre, madre, hermano, amigo, en satisfacer lo que ellos quieren de ti o mejor aún en lo que crees que ellos esperan de ti.

 

O incluso en conseguir objetivos que incluso controlas menos, como en que las personas cambien porque sí, sin desearlo y se amolden a ti,  que sean como tú quieres y en muchas ocasiones dejen de recordarte con sus comportamientos lo que menos te gusta de ti.

 

¿Qué ocurre si sólo buscas fuera de ti, aunque a priori parezca más fácil?, ¿de qué o de quién haces depender tu felicidad?

¿Qué te impide mirarte, observarte y buscar el cambio desde dentro?

Recuerda que siempre es mejor buscar dentro de ti.

¡Buen fin de semana!

¿Cuentas cuentos?

cuentos

 

A veces no prestamos mucha atención  a cómo interiorizamos las experiencias que vivimos, las generalizaciones, comparaciones, distorsiones y eliminaciones que hacemos. Incluso pocas veces somos conscientes de dónde y cómo ponemos nuestro foco en los diferentes aspectos de los hechos que nos ocurren.

Vivir con el piloto automático en modo operativo tiene estas consecuencias, cuando vamos a recuperar muchas de estas experiencias en forma de historias no conseguimos que sea un relato evocador que nos impulse, sino que consigue arrastrarnos por el  inútil fango de la vergüenza, la pena, la culpa o la melancolía.

Que nuestra memoria  registra y guarda los hechos de forma que no se ciñe a la “realidad” de lo ocurrido o de lo vivido en ese momento, parece ser ya un denominador común de la comunidad científica pero si entendemos cómo las emociones que sentimos imprimen cambios en los recuerdos, podemos ser conscientes de la importancia que nuestras historias y cómo las contamos tendrá en nuestra vida.

La búsqueda de lo mejor de las personas y del mundo en el que llevamos a cabo nuestra existencia nos puede dar una pista de cómo podemos acercarnos a relatos que nos hagan seguir hacia delante perseverando o que por el contrario, sean el lastre que miramos con  desesperación a diario. De nosotros depende.

Si en lugar de desenvolver nuestra historia cotidiana en ambientes de crítica, negación y espirales negativas, si  en lugar de castigarnos a diario con las cuatro cosas de siempre que hemos magnificado hasta hacerlas señas de identidad que nos desaniman permanentemente, conseguimos articular historias de descubrimiento, logros, virtudes y fortalezas, con las que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos, de nuestra familia, de nuestra organización. Lo habremos logrado.

Y no sólo eso, además de conseguir este efecto interior, cuando hablemos con otras personas haremos el mismo resumen negativo, imprimiendo en los demás el mismo sentimiento, con lo cual a duras penas alguien se sentirá encantado de pertenecer a tu familia, de ser tu amigo o de trabajar en tu organización.

Piensa en la energía de la que puedes impregnar tu vida y las de los que están a tu alrededor si consigues que tu historia personal y la de tu organización sea potenciadora, brinda un núcleo positivo del que partir y moviliza cambios positivos  en todos.

El arte de apreciar lo que tienes es una estrategia reservada a quienes quieren ser felices, extrayendo lo mejor de nuestras vidas y experiencias  “Valorar lo mejor de lo que es”.

Muchas personas cuando les hablo de esto, piensan lo  primero que es mentirse,  pero acaso no es mentirse decir que has tenido un día aciago cuando lo único que se te estropeó fue el móvil o perdiste el tren.  Qué es lo que nos hace pensar que sólo lo negativo es digno de relevancia y lo únicamente cierto. ¿Nuestro hábito de compartir tristezas y no alegrías?

Hazte un favor y pregúntate esto acercar de ti, de tu organización o   de tu familia y construye una nueva historia que inspire. Demuéstrate que eres un ser extraordinario.

  • Piensa en un momento, en una experiencia, en tu  (casa, empresa) en la que te sintieses, vieses, comprometido y vivo. ¿qué hizo que la experiencia fuese increíble? ¿qué ocurrió?
  • ¿Qué valoras más en ti, en tu trabajo, en tu organización?
  • ¿Cuáles son vuestras mejores prácticas ?
  • ¿ Qué necesitas para creer en ti, en tu familia, en tu organización?

Empieza a escribir tu historia real. Déjate de cuentos.

Foto:elsemanario

 

«Todo o nada»

todo o nada

 

En un concurso, en eso es en lo primero que pienso cuando leo este enunciado: «Todo o nada», y si no, ¿cuántas veces al apostar o jugar hemos dicho cosas así? ¿doble o nada, todo o nada?,o cara a elegir verlo todo, ¿o blanco o negro? ¿”no me gustan las medias tintas”?, o cuando te preparas para hacer algo, ¿“o lo hago o no lo hago”?, ¿”o lo termino o no empiezo”? ¿ “o es diario o no es nada”?, ¿”o lo hago bien o no lo hago”?

Además de conformar todas ellas, elecciones reduccionistas, cuyo resultado sólo puede ser negativo o positivo, este tipo de cuestiones, que en principio parecen simplificarnos la vida, trasladadas a nuestra personalidad como un modelo de elección a seguir, pueden plantearnos ciertas distorsiones, por ejemplo boicoteando nuestra autodisciplina. Casi siempre quien apuesta «todo o nada» termina con nada.

Si decides por ejemplo empezar a correr, el primer día te planteas que, qué menos que correr media hora, se dice pronto verdad, hacerlo es otra cuestión. Sin embargo tomamos la decisión por la mañana y por la tarde ya estamos enfundados en nuestras zapatillas para correr hasta alcanzar unos 4 ó 5 kilómetros por lo menos. Da igual si llevamos años sin hacer deporte o acaso nunca lo hemos hecho, ese objetivo está señalado en nuestra agenda y le imprimimos nuestra “voluntad de hierro”.

El desarrollo de la acción puede ser variable pero desde no poder ni respirar en el minuto cinco, hasta esperar que venga un autobús o algún familiar a recogernos, pararnos y volver andando, lesionarnos, no poder movernos por las agujetas  y en cualquier caso admitir la dureza del “running” y lo inapropiado de esa actividad para ti, puede ser  todo uno y dejarlo. Seguro que al día siguiente, o a los pocos días, son una minoría, los que vuelven a llevar a cabo el mismo proceso y la mayor parte dejan de insisitir. Deambulando una vez más entre “todo o nada”

Otro ejemplo sencillo son las dietas de adelgazamiento, en las que, lejos de hacer un análisis reposado entre ingresos y gastos e ir haciendo poco a poco las modificaciones oportunas, basamos nuestra elección entre unos días de  pechuga a la más estricta plancha con una lechuga plastificada por el vinagre, seguidos de otros en los que se comienza con una gran hamburguesa, seguida de un pizza y coronada por un delicioso helado. Argumentando más tarde que para nosotros “es muy difícil adelgazar”.

Podéis pensar en numerosos ejemplos de lo mismo, escribir un blog, hacer una tarea, aprender un idioma. O lo hacemos todos los días de la semana hasta hartarnos y lo hacemos todo lo bien que consideramos debemos hacerlo o lo dejamos dormir en algún cajón.

En todos esos casos, para quienes fracasan en cuestiones de autodisciplina, no ser consciente de tener una personalidad “todo o nada” hace que a pesar de que el objetivo final requiera de una meditada decisión y de un cuidado proceso, por el gran objetivo propuesto, nos lancemos a la piscina sin preparación y consigamos sentirnos derrotados y nos rindamos en el minuto dos de la ejecución.

Poner el énfasis en las fases de preparación que requiere empezar con la acción para acometer tamaño objetivo, es el secreto. Por lo que es mejor pasar algunas semanas, pensando en cómo va a ser el cambio y visualizandote en tu nueva  actividad, antes de ponerte manos a la obra para que, precisamente sea esa imagen la que te resulte tan atractiva que venza las leyes de la inercia que te impiden cambiar.

Cuantos más detalles tenga tu imagen y más sentidos estén implicados en la visualización, mejor puesto que te será más fácil poder rememorarlo varias veces al día, hasta que sientas el deseo irrefrenable de llevarlo a cabo.

Una vez sientas ese deseo podrás empezar la siguiente fase, la acción, para ello no podrás pensar que el resultado que debes esperar inmediato es el final, sino que te deberás plantearte miniobjetivos, que  conseguirlos, te lleven a una satisfacción y recompensa potenciadora diaria. Cada día uno más.

Sólo conseguir correr de los treinta  minutos previstos, cinco y andar los demás, aumentándolo en un minuto por semana por ejemplo te hará siempre estar un paso más cerca de tu objetivo, no sentirte que te debates entre ganador y perdedor, puesto que cada día podrás tachar tu miniobjetivo conseguido, lo mismo ocurre en el otro caso al  ingerir un poco menos de comida al día.

Todos los días te dormirás con la seguridad y la satisfacción de haber conseguido una victoria sobre tu disciplina y cuando menos te lo esperes habrás interiorizado ese hábito, de forma que te beneficiarás de él automáticamente.

De otro modo, siempre podrás decir que “lo has intentado todo” pero ya sabes la genial frase del maestro Yoda, “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

¿Quiere eso decir hacerlo todo o no hacer nada?

¡Tú decides!

foto: eltrecetv

¿Generas confianza?

confianza

 

 

Si eres de los que vas al trabajo o estás en casa, armado imaginariamente hasta los dientes, pensando mal para acertar y constantemente a la defensiva, supongo que ya habrás  comprobado que este nivel de estrés no lo podrás soportar mucho tiempo sin que repercuta en tu salud y en tu rendimiento.

Si piensas por un momento en qué ha podido ocurrir en ti para que llegues a ese extremo, piensa en cuándo es la última vez que recuerdas, te sentiste lo suficientemente relajado para poder crear, inspirar y ser productivo.

Seguro que en esa situación te sentías confiado, pero qué ha ocurrido hasta ahora para que ese estrés reduzca al mínimo todas tus capacidades. Si lo  piensas detenidamente acabarás cayendo en que tu falta de cooperación y tu aislamiento de los demás han acabado pasándote factura.

Generar en tu casa o en tu trabajo un espacio de confianza que no sea un sumidero de energía para nadie, es una cuestión vital si quieres conseguir un  buen ambiente y mejorar la productividad.

 Producirá numerosos efectos, en primer lugar evitar que alguien no proponga algo por  miedo a ser objeto de burla o de  represalias, lo que hace que eliminemos muchas de las propuestas que podrían llevarnos a innovar o a mejorar procesos.

Además  ceñirse al precedente o  a lo que siempre se hace, ya no será una norma infranqueable de seguridad que evite nuevos procederes.

Poder decir que no se sabe algo o que se requiere formación o mentoring en algún aspecto minimizará el tiempo de reacción y evitará que se quemen muchas de las personas que trabajan con nosotros.

Saber que existe una confianza recíproca basada en un fin y un  propósito de desarrollo compartido también  supondrá  que el equipo confiará más en sus posibilidades y verá muchas más oportunidades en su quehacer diario, proporcionado por esa seguridad.

Llegar a entender muchos de los “para qués” por parte de las personas que tienen que llevar tareas a cabo y confiar en quienes se las encomiendan, hacen del trabajo una labor más comprometida  y menos tediosa, además de conseguir que las personas sean más responsable.

Si no somos capaces de confiar en quienes tenemos cerca y trabajar conjuntamente con ellos, da igual lo inteligente que seamos, no podremos con todo y nos desesperaremos viéndonos solos, incomprendidos y aislados.

Es nuestra habilidad para que todos cooperen la que hace que las cosas acaben hechas con los mejores resultados y el mayor ahorro de energía posible. Hacerlo en solitario, no sé si será gratificante para alguien en el efímero momento en el que obtiene el crédito por el trabajo, pero el efecto de desánimo y la  falta de confianza que trasladará, acabará minando el equipo.

Incluso este modo de operar produce otro efecto y es que poco a poco las personas irán saliendo de su equipo con cualquier tipo de excusa, algunos  incluso a falta de ver alguna perspectiva, dejarán su organización, sin que consiga saber el porqué.

Una cultura de confianza en la organización es la palanca de apoyo que moverá ésta hacia un desarrollo más empático y cooperativo y generará un  mayor compromiso por parte de las personas que trabajan en ella.

Empiece por pensar en equipo cómo se puede generar ese espacio de confianza, debata si es mejor fuera o dentro de su oficina, si debe ser en una sala especial, si debe ser una reunión específica o incluso un chat grupal, acuerde las normas de uso para que la confidencialidad total fuera de ese espacio se respete por todos y sea una condición imprescindible del pacto.

Apueste por la confianza y verá florecer talento allí donde hasta ahora  era capaz de ver tierra estéril.

No es justo

justicia

 

Dar a cada uno lo que le corresponde o le pertenece ha sido una búsqueda y una lucha presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Estoy segura de que mis circunstancias, mi entorno y mi socialización contribuyeron definitivamente a que la justicia estuviese arraigada en mis más profundos valores junto con mi compromiso social.

Esto ha tenido su vertiente positiva y su vertiente menos bondadosa pero a la que he conseguido domar y os cuento cómo.

Mi participación en asociaciones universitarias, en la defensa de la igualdad de oportunidades y en la política durante todos estos años ha estado guiada por defender y mantener este valor. Esto me hacía que ocurriese lo que ocurriese, no flaquease en ningún momento. Esta determinación me ha hecho ser inasequible al desaliento, me ha inspirado para aprender, saber y  conocer de qué manera podía hacer este mundo más justo.

No he escatimado en esfuerzos personales de todo tipo para hacer ver y evitar que las injusticias se cometiesen por doquier o al menos tan cerca de mí. No dude en abandonar cosas, emprender  otras y luchar por ello. Si algo conseguía provocarme, era una injusticia.

Esa energía que me ha ayudado a estar años defendiendo contra viento  y marea posturas en solitario por el hecho de creer que eran justas, tenía su lado menos atractivo, a su vez me convertían en una persona seria, pensativa en exceso y preocupada, que se enfrascaba en cualquier discusión o debate en el que alguien demostrase poner sus intereses antes que el bien común, aprovechándose del sistema.

Era encender una mecha que difícilmente podía apagar hasta que no agotaba a mi interlocutor asaeteándole a preguntas y argumentos hasta dejarle sin fuerzas. La injusticia producía en mí, lo que el pelo en Sansón, una fuerza hercúlea.

Conseguía a base de aciagos resúmenes, eso sí totalmente  verídicos y comprobables inocular esa intranquilidad a todo el que me quería escuchar en mi afán por darlas caza y evitar cuantas más injusticias mejor, sin reparar, ni entender las razones de cada uno para no hacerlo. Algo que sufrieron los míos en primera persona.

Efectivamente era incapaz de salir de esa vorágine por mí misma  y si alrededor veía que las personas se habían rendido y plegado a un sistema injusto se generaba en mí una nueva erupción volcánica, con el consiguiente riesgo de magma para mi mente y mi cuerpo.

Tuve que utilizar mi propia travesía del desierto para poder reflexionar sobre este valor y su influencia en mi vida. Conseguí darme cuenta de que la justicia no depende en un porcentaje tan alto de lo que yo controlo y puedo hacer como creía, que para mi paz interior, para mi libertad, para mi familia tener ese valor haciéndolo depender de mí en tan alto grado conseguiría acabar con mi salud y la de mi entorno, sin conseguir victoria alguna, necesitaba energía para el largo camino que me esperaba.

Ahora es mi salud antes y sin dejar que la justicia no sea un valor imperante en mi vida, busco dentro de mí en qué puedo trabajar o emplear mi energía que sea más útil, menos estéril.

Soy escrupulosa en no cometer injusticias,  apenas juzgo, soy compasiva y trabajo para  ayudar a que las personas que lo deseen, encuentren dentro de ellas la fuerza para ser mejores, para que sean más capaces de enfrentar estas cuestiones   y aunque  todavía sufro algún arrebato accidental,  sigo trabajo desde otra perspectiva más positiva, para  que quienes, no sé si por rendición, abnegación o costumbre, las toleran o las llevan a cabo, vean las bondades de al menos no cometerlas ellos después.

Cometer una injusticia es peor que sufrirla”.  Aristóteles

Sé que con esta táctica tengo la mente mucho más clara para poder afrontar esa cuestión pero sigo pensando  como Willy Brandt que “Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen.”

 

No sé si es justo o no pero nos vemos el lunes 😉

¡Buen fin de semana!