Lo lees y ¿qué haces?

mobbing      bullying

 

Supongo que a muchos de vosotros como a mí, se os habrá encogido el corazón al leer o escuchar las trágicas noticias de quienes, empezando a vivir, han sufrido el brutal e inhumano acoso de otros en su entorno más cercano.

Cuando los medios ponen el foco sobre estos dramas, es cuando nos asustamos ante la barbarie que pueden protagonizar estos pequeños seres con apenas socialización,  aunque no somos capaces de observar la analogía entre esto y  otros muchos comportamientos que tenemos automatizados y ver las consecuencias de los mismos.

Me horroriza y lo veo a diario, que el sentimiento de vergüenza es lo primero que nos invade cuando nos “sentimos humillados” por alguien, como si hubiera alguna forma de evitar que alguien nos diga u opine sobre cuestiones que ni ha vivido ni comprende, taxativamente, culpándonos de algo y arrojando sonrojo sobre ello. Cuestiones como la orientación sexual, la raza, la forma de ser, episodios vividos en el pasado, todo sirve para la maldad.

Siempre he pensado, que este sentimiento, el de la vergüenza, debería morar solo y exclusivamente en quien voluntariamente agrede verbal o físicamente a otro  causándole un sufrimiento innecesario. Es una muestra clara de su debilidad e inflexibilidad, que hace que su inseguridad tenga que verse reforzada por lo que creen que es una victoria frente al otro, cuando realmente tanta violencia sólo aumenta su vacío.

Infligir un castigo de este tipo a otra persona, es algo que no entra en mi cabeza pero sí lo considero fruto de muchos de nuestros comportamientos más cotidianos. Seguro que habréis oído decirle  a alguien que se queja amargamente de ser víctima de esos comportamientos “no te dejes”, “dile tal cosa”, “dale tú también”, “habrás hecho algo” como si combatirlo con su mismo proceder o ira sirviese de algo y no formase parte de una peligrosa espiral con final incierto.

No acierto a comprender cómo algunos de quienes son  agredidos o “avergonzados” en algún momento de su vida, reproducen el comportamiento sin dudarlo cuando a ellos se  les presenta la ocasión, cuando les han hecho sufrir por ello hasta la saciedad.

Lo digo siempre que puedo, una sociedad basada en la vergüenza no es una sociedad sana y esto se convierte en un arma de doble filo, se traslada a que, cuando alguien observa lo que te avergüenza y sus intenciones son aviesas, rápidamente lo esgrime contra ti para enfrentarte a tus miserias, como si eso redimiese la verdadera cuestión, la vergüenza de las suyas.

De lo que sí podemos avergonzarnos es  de hacer y desear  el mal  a los demás, de disfrutar con el sentimiento de satisfacción con la desgracia ajena, de no ser un lenitivo para los demás y estigmatizarlos por contagio. De asistir a humillaciones, vejaciones y maldades como espectadores sin reconocer, que después seremos nosotros mismos quienes lo haremos con los que conocemos, sólo por ser diferentes en algún aspecto o por no reparar en que los capítulos de la vida, de cada cual, hay que conocerlos y entenderlos para conseguir sentir la batalla que la persona está luchando por dentro.

Avergonzarnos de que esto lo estarán viendo y viviendo nuestros pequeños, que están más atentos a lo que hacemos y al ejemplo que  damos, que a lo que repetimos sin practicarlo. Pequeños que acabarán asumiendo que liberar su ira de esta forma es normal y empatizar con el sufrimiento de los demás lo raro.

Algo que nos espeluzna cuando lo vemos o leemos, no somos capaces de reconocerlo en nosotros mismos, ni de pensar antes de hablar, cuando lo hacemos con personas que conocemos, a las que afectamos con nuestras miradas de desprecio o nuestra ignorancia sin inmutarnos, creyendo que es lícito y normal  actuar así. Cuando lo único que esto hace es dar muestras del tipo de persona que eres.

Es cierto que todos tenemos que aprender a dar la vuelta a todos los episodios que vivimos negativamente en nuestra vida para sacar una lección que aprender y no juzgar lo de entonces con lo que sabemos ahora. Si lo vamos entrenando, seremos capaces de acabar con ese perjudicial entretenimiento que es hablar mal de los demás. Además  porque sé fehacientemente que es una forma muy peculiar y dolorosa de expiar lo nuestro

¿Y si piensas que cada persona con la que te cruzas en la calle puede estar sufriendo por una cuestión así?  No es mejor ofrecerle tu sonrisa y una palabra cálida que le haga volver a creer en los demás o quizá sea mejor seguir propagando en el mundo el sufrimiento entre quienes rodean para luego asombrarnos cuando ocurre en los demás.

Tus decisiones definirán quien eres. No seré yo quien avergüence a quien soporta el acoso de los demás, ni contribuiré con mi comportamiento a avivar este fuego en mí o en los demás. Alegrarme de los éxitos de los demás y sólo hablar bien de ellos, es mi contribución, ¿y la tuya?

Libera a tu león

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“Fracasamos más por tímidos que por osados” David Grayson

Algunos tienen la suerte de encontrarse pronto con un pensamiento  parecido que les impacta e inspira, en sus primeros años, le echan arrestos y unos segundos de coraje. Otros, tardamos algunos años más en descubrir qué es lo que no nos está permitiendo llegar hasta donde queremos, e ir a la velocidad que nos interesa.

En muchas situaciones declaramos que “somos tímidos” con la intención de encontrar comprensión cuando erramos, buscando la aprobación de los demás, pero en realidad, no nos damos cuenta del verdadero perjuicio que nos estamos haciendo con esa aparentemente inocua declaración.

En realidad nos estamos dando permiso para que todo aquello que nos azora e incomoda, pase a formar parte de lo que aseguramos «no nos interesa», a la vez que descartamos y eliminamos, sueño tras sueño, el éxito de nuestro futuro.

Seguro que muchos de nosotros nos sentimos identificados con aquella frase de Ingrid  Bergman “ Yo era el mayor tímido jamás inventado, pero tenía un león dentro de mí que no se callaba” y entonces el sufrimiento es doble hasta que lo liberas, puesto que tu “yo interior” no dejará de decirte insistentemente,  la cantidad de cosas que te estás perdiendo y la de puertas que te cierras a ti mismo con esa definición estúpida, a la que no pones remedio.

Una de las cuestiones en las que más incide esa declarada timidez es, en tus relaciones con  los demás, en tu vida cotidiana, donde apenas consigues sobrepasar el círculo de siempre y sin embargo sí enrocarte más en tu interior, pero donde verdaderamente se empiezan a cerrar tus puertas y a mellarse tu autoestima es en la asignatura troncal de todo aquel que quiere triunfar debe aprobar, hablar en público.

No es posible que vendas un proyecto, un negocio, tu propia persona, una idea… lo que sea, si no eres capaz de enviar tu mensaje.  Capaz de levantarte y decidir que ha llegado el momento de que se escuche tu voz para que produzcas ese impacto que quieres ver en el mundo.

A lo primero que te vas a enfrentar, casi seguro, es a la pregunta de ¿qué pensarán los demás de ti cuando te escuchen?, sin ser consciente de a qué poca gente le preocupa lo que tú hagas en tu vida. Sin embargo si practicas y lo haces bien, serás capaz de atraer su atención hacia tu mensaje sacándoles de su ensimismamiento.

Desear agradar y desconfiar de poder hacerlo, a veces es todo uno, pero si encima, las posibilidades de entrenamiento son mínimas, esa explosión en la autoconfianza que es, poder hablar en público, que yo aseguraría es de las cosas que más influyen en tu éxito, se esfuma.

Esto es  lo mismo que aprender a nadar sin meterte en el agua. Imposible. Hay estrategias, técnicas que puedes aprender, cursos y libros que puedes leer pero sin remover los obstáculos mentales y mantener el entusiasmo y la perseverancia,  te va a costar el doble para acabar, en el mejor de los casos, con un discurso artificial.

Te has dado cuenta de que en muchas ocasiones cuando hacemos esfuerzos para salir de nuestras zonas de confort necesitamos la coartada de las masas, elixires o de otras ayudas artificiales. De eso se trata esto, de entrenar para no buscar excusas  y poderlo hacer cuando lo necesites, sin más.

Comienza hoy mismo. Oblígate  a decir algo, en voz alta, en cualquier reunión a la que pueda asistir, asume el riesgo de que alguien te contradiga, de que  piense diferente, tu objetivo es romper esa barrera que te impide ser protagonista por unos minutos. Empieza ya solo  o consigue ayuda para entrenar.

Seguro que no es la primera vez que piensas en esto. Todo el mundo quiere empezar el año, yendo al gimnasio, comiendo bien, aprendiendo idiomas, dejando de fumar, comiendo sano… todavía no he escuchado a nadie que haga esta magnífica inversión en su futuro y en su vida:aprender a hablar en público.

Libera tú a tu león y será algo de lo que estarás profundamente orgulloso toda su vida.  

Nervios, sudor y lágrimas

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Hace tiempo que quería escribir sobre esto. En primer lugar, porque la mayoría de nuestras creencias acerca de ello son erróneas, nos bloquean y hacen que perdamos oportunidades de crecer y de tener éxito. En segundo lugar porque algo tan fisológicamente normal, inserto en nuestro ADN desde los anales de nuestra Historia, no puede parecer una debilidad, cuando es todo lo contrario. En tercer lugar, porque cada vez tenemos que ser más los que trabajemos sobre la frase de Mandela: “Aprendí que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Un hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que se sobrepone a él”.

Nervios, sudor y lágrimas. Emulando el gran discurso de Churchill, quiero reivindicar estas tres cuestiones que a veces se entrelazan entre sí en nuestros cuerpos. Que lejos de significar que sea algo de lo que tengamos que sentir avergonzados, pueden estar diciéndonos lo valientes que somos al sobreponernos a nuestros peores miedos y salir adelante.

No es la primera vez que escucho hablar con desdén de las muestras de esfuerzo y nervios que se manifiestan en el sudor de una persona, el constante movimiento, temblor o lágrimas. Hace tiempo que leí, a Nadal precisamente, que para él el sudor era el brillo de su esfuerzo y me pareció tan genial la frase, que ahora cada vez que lo reconozco en mí misma o en alguien más, veo el resplandor de quien se está superando a sí mismo en algo y  que por ello no sólo merece todos mis respetos sino también mi admiración.

En esta sociedad tan perfectamente artificial que estamos creando, el absurdo llega a tal grado que preferimos a alguien tan atiborrado de tranquilizantes que parezca que tenga horchata en las venas, a alguien que ante una situación a la que no está acostumbrado decide afrontarla con valentía, además de nervios, esperando que la práctica y el entrenamiento le ayuden en el futuro.

Simular esa seguridad, no sólo nos hace menos humanos, sino que además, es ridículo. Todos tenemos miedo. Cada uno de cosas diferentes, de distintas cuestiones que nos causan ansiedad. Bichos, agua, animales, entrevistas de trabajo, hablar en público, bailar… cada uno tenemos lo nuestro. Es cierto que el miedo de los demás, si no lo pensamos con detenimiento, nos puede parecer incluso ridículo pero si lo asemejamos al nuestro, parece que entender a los demás se hace más fácil.

Temblores, aumento de los latidos del corazón, sudor, en las manos, la cara… secarse la boca, en resumen ponerse en marcha automática nuestro sistema nervioso es una reacción natural y ancestral para ayudarnos a sobrevivir. Ahora ya no nos atacan animales en medio de nuestro entorno, pero sin embargo otras cuestiones han suplido estos “peligros” que nos atenazan igualmente.

Si no fuese porque esas opiniones vertidas en contra de quienes, a pesar de estos síntomas, siguen adelante, son tan negativas y no son inocuas, ni siquiera escribiría sobre ellas pero, qué ocurre cuando tú haces esas apreciaciones y alguien a tu lado tiene esos síntomas. Que lejos de ponerse el miedo por montera, dejará de hacer muchas cosas que supondrían salir de su zona de confort, crecería y se superaría a sí mismo y sin embargo deja de hacerlo porque cree que quienes sienten eso no están en condiciones de triunfar.

A partir de ahora, haz que tu miedo te ayude a hacer muchas más cosas, a superar tus límites. Todos lo sentimos, aunque lo exterioricemos en mayor o menor grado. Sobre todo cuando nos enfrentamos a cosas o situaciones nuevas, diferentes. Quienes no se atreven a hacerlo y prefieren seguir siempre haciendo lo mismo, siempre podrán seguir opinando negativamente desde sus obtusas posiciones pero quienes estamos deseando ser y hacer un cambio en el mundo queremos vivir entre nervios, sudor y lágrimas.

Anima siempre a quien tengas al lado a atreverse, a superarse.

Todo lo increible que puedes hacer está al otro lado del miedo.

No te ates a tu piedra

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Hay veces, que acciones que lleva a cabo el ser humano me sorprenden porque son extraordinarias y me hacen sentirme orgullosa de mis semejantes ,aunque otras, me repugnan. Podéis estar seguro, pensando en barbarie y cuestiones de gran impacto y enjundia, que también,  pero no siempre es así, a veces el daño es más sencillo, más callado e igual de cruel. Me refiero a pequeñas maldades al alcance de todos, a las que no damos importancia y que las hacemos y publicitamos a diario,  sin pensar en sus consecuencias y efecto en los demás.

Es cierto que cuando hablamos de bullying en el colegio, de acoso escolar, todos nos ponemos en la situación de pequeños indefensos siendo atacados con crueldad y sin ninguna justificación y no nos cuesta empatizar con ellos para rechazarlo, denunciarlo y trabajar por desterrarlo.

Sin embargo hacerlo con personas mayores, espejo en el que se miran muchos niños, parece menos cruento. Por el simple hecho de tener ventaja sobre ellos en alguna cuestión, sofocar nuestras bajas pasiones, como la envidia y la ira, quedar por encima o ganar a alguien con sucias tretas, entonces, todo vale.

He tenido que asistir al vapuleo tuitero de varias personas en pocos meses. Personas, que si hay algo que las defina es su bondad y su dedicación a los demás. Por cuestiones que en 140 caracteres dijeron en el pasado y años después salen a la luz, con la intención que conlleva haberlos  buscado, descargado y guardado y lo peor, ni siquiera con la intención de dañarles a ellos, sino como armas arrojadizas para acabar con otros fines mayores.

Sin pensar ni un momento en esas personas, en sus mentes y corazones sufridores sin motivos, de un pasado remoto que no  pueden cambiar, del que sin embargo reniegan y que  pretende acabar con sueños, a pesar de considerarles sólo un daño colateral.

No todo vale, ni en política, ni en la vida, para salirte con la tuya. Una victoria que necesita de estos sacrificios no puede ser, ni celebrada, ni bien empleada, porque parte de un vicio de inicio, el engaño torticero, el sufrimiento vacuo y  la mentira.

Sólo ver las caras de estos jóvenes subidos en una montaña rusa, debatiéndose entre la tristeza y rendición más infinita y la ira más absurda me hace comparar esta serie de acciones con una imagen recurrente en mi cabeza.

Hacer reo a alguien de su pasado es como atarle una piedra, lanzarle al agua y dejarle conscientemente desaparecer. Te parece cruel, exagerado, rara la metáfora. Piensa en algo similar que te haya ocurrido a ti. Algo que ocurrió en tu vida desagradable. Algo que pensaste  y ya no piensas, algo que dijiste, hiciste y quieres olvidar y que tienes derecho a hacer.

Decía Nietzche que: “ Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja tan apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo que eso te fortalece”.No sólo te lo digas, haz que te fortalezca. Escribe tu propia historia de resiliencia, aprendiendo del golpe para levantarte y seguir adelante. Eso te hará diferente.

No te ates a tu piedra, todos podemos cambiar, si queremos.

Seguro que ya ni siquiera eres la misma persona que la semana pasada, que el mes pasado. Crecer significa eliminar y analizar pensamientos y reacciones para poder cambiar y mejorar. El pasado no tiene remedio más que cambiando tu presente. Cada día es una nueva oportunidad para empezar, a pesar de todo, a pesar de todos…

 Tenemos esa posibilidad y nadie puede negarnos que ese crecimiento nos lleve a pensar distinto y a actuar distinto.La comprensión que pedimos a otros para con nuestros cambios, debe ser un primer paso para no juzgarles y atarles a los suyos.Necesitamos practicar la comprensión y la empatía con los demás. No sólo cuando no tenemos nada que perder sino cuando creemos que lo contrario nos haría ganar.

 Si queremos una segunda oportunidad, ¡qué menos que dársela a los demás!

 

 

 

En el mismo bando

fuego

 

Parejas, hermanos, socios, amigos, compañeros, jefes y empleados, ¿cuántas veces nos descubrimos en una discusión estúpida que comenzó por una trivialidad y se ha convertido en un asunto de estado?

¿Cuántas veces inmersos en esa conversación buscamos y rebuscamos argumentos que nos hagan tener razón, olvidando para qué podría servir semejante debate y cuál podría ser su finalidad ?

¿Qué nos hace obcecarnos,  mimetizarnos con nuestros argumentos y atacar cruelmente cualquier posición en contra?

Acaso no empezamos hablando con quienes queremos, con quienes trabajamos, con quienes vivimos, ¿qué ocurre con esa emoción que es la ira y nos devuelve a estados primarios en los que no somos capaces de ser conscientes de lo que pensamos, y lo que es peor, de lo que decimos.

Ocurre también en la  mayoría de los debates políticos y discusiones, en los que la única opción es hundir al contrario con argumentos que le impacten y le hagan vulnerable, entre quienes lo que deberían hacer, es cooperar desde las distintas posiciones para llegar a un entendimiento cordial  y una mejor solución.

Estos arrebatos iracundos en los que lo único que se expone es el niño que todos llevamos dentro y quienes lo ven desde fuera sólo ven eso, inmadurez  en actitud pueril. Consiguiendo rencores y divergencias que acaban siendo insalvables.

Es cierto que el autocontrol es una capacidad que tienen mayormente los grandes líderes, en los que es habitual, antes de lanzarse contra el otro, mirarse críticamente , hacia dentro y después  hablar y juzgar a los demás.

¿Cuántas veces te has arrepentido de algo que has dicho con la única intención de quedar por encima, de anteponer tu ego al de los demás, te creerte diferente, único, distinto…mejor y has conseguido lo contrario?

¿Cuántas de esas veces atreverte a decir eso que pensaste sólo para hacer daño, te ha compensado? ¿Cuánto te ha durado la emoción de sentirte bien, al dejar mal a alguien?

Y si en lugar de hablar, consigues respirar y convencerte de que en realidad estáis en el mismo bando, ¿o no es cierto que en tu casa estéis todos en el mismo bando? , ¿en el trabajo, o  entre tus amigos?

¿Cuándo pensaremos antes de alterarnos que nos une algo más, querernos, ayudarnos, y que a pesar de que oigamos algo que no deseamos o que no pensamos, estamos en el mismo bando?

A veces la mejor respuesta es el silencio y escuchar, pero no de cualquier manera sino con compasión, con la intención de que esa ira que arde en el cuerpo y la mente de quien quieres, se apague sola, sin acelerantes, ni más leña en ella.

Es  Thich Nhat Hanh quien define esta situación como : “Cuando estás enojado sufres porque te estás abrasando en las llamas del infierno. Cuando sientes una gran desesperanza o envidia, estás en el infierno”

Te dejo una selección de un texto suyo para practicarla.

“Escuchar compasivamente alivia el sufrimiento

Cuando una persona habla llena de ira, es porque está sufriendo mucho. Y al estar sufriendo tanto, se llena de amargura. Siempre está dispuesta a quejarse y a culpar a los demás de sus problemas. Por eso te resulta tan desagradable escucharla e intentas evitarla. Para comprender y transformar la ira, debemos aprender la práctica de escuchar compasivamente y de hablar con afecto.

Hay un Bodhisatva – un Gran Ser o un Despierto ñ que es capaz de escuchar profundamente y con una gran compasión. Se llama Kwan Yin o Avalokitésvara, el Bodhisatva de la Gran Compasión. Todos debemos aprender a escuchar atentamente como hace este Bodhisatva. Así podremos orientar de forma muy concreta a los que acuden a nosotros para pedirnos ayuda para restablecer la comunicación perdida.

 Si escuchas con compasión a una de esas personas, quizá· alivies un poco el sufrimiento que siente; sin embargo, aunque lo hagas con la mejor intención del mundo, no podrás escucharla profundamente hasta que no hayas practicado el arte de escuchar compasivamente.

Si eres capaz de sentarte en silencio y escuchar con compasión a esa persona durante una hora, podrás aliviarla de mucho sufrimiento. Escúchala con un único objetivo: para que pueda desahogarse y sufra menos. Durante todo el tiempo que la escuches, mantén viva tu compasión.

 Mientras lo hagas, has de estar muy concentrado. Debes centrarte en la práctica de escuchar con toda tu atención y todo tu ser: con ojos, oídos, cuerpo y mente. Porque si solo finges estar escuchando sin poner el cien por cien de ti mismo, esa persona lo sabrá y no podrás aliviar su sufrimiento.

Si sabes cómo practicar el respirar conscientemente y puedes mantenerte centrado en el deseo de calmar su sufrimiento, podrás conservar tu compasión mientras la escucha. El escuchar compasivamente es una práctica muy profunda. No escuchas para juzgar o culpar, sino simplemente porque deseas que esa persona sufra menos, sea tu padre, tu hijo o hija o tu pareja. Aprender a escucharla la ayudar de veras a transformar su ira y su sufrimiento.”

 

 

Recuerda que estáis en el mismo bando, ¿no?

 

No tendrás que trabajar ni un día de tu vida

 

trabajar

 

“Tú, Adán trabajarás la tierra, y ganarás el pan con el sudor de tu frente.”

Pienso en la palabra trabajo, directa e inexcusablemente entroncada con la maldición bíblica y que no parece que en breve vaya a cambiar, así que estoy buscando una palabra para que defina la actividad que llevas a cabo en tu vida diaria que te permite desarrollarte como persona, tener un objetivo que te sobreviva, con la que busques dejar una huella más allá de ti, y que además puedas decir de ella que es divertida.

Una palabra que puedas definir como reconfortante y estimulante sin tener que sonrojare o pedir perdón por disfrutar y recrearte en ella. Algo que no condicione los lunes como un  día infernal y desees que llegue el viernes sin vivir todos y cada uno de los días de la semana.

Que no haga honor a frases como la de Facundo Cabral :“Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas.”

Una actividad, sea la que sea, que no tenga que tener unas determinadas características ideales para poder, a través de ella, dar lo mejor de ti  mismo. Cooperar y colaborar con todos los que te rodean para mejorar esa idea, ese día, esa tarea.

O quizás debas hacer que te guste lo que haces, como aconsejaba Tolstoi. Si es así, empieza por no quejarte de lo temprano que te levantas y del frío o caluroso día que hace, de tus compañeros, de tu jefe, de lo poco que cobras y lo mucho que trabajas. Piensa mejor en cómo ese día puede ser y  hacerte mejor, cómo pequeñas victorias personales sobre tus negativos hábitos, te van a hace fuerte, diferente, grande.

Observa cómo de camino a tu lugar de trabajo puedes hacer del mundo un lugar mejor, sin hazañas, ni grandilocuencias, con pequeños detalles que mejoran la vida de los demás: sonríe y saluda a conocidos y  extraños, con calidez, deja tu sitio en el autobús, comparte algo, permite que otra se incorpore a tu carril, deja unos céntimos en la máquina del café o invita a alguien a tomarlo.

Son las primeras horas de la mañana, tan importantes como en las que resuelves cuestiones o enfrentas tensiones, por lo tanto ir engordando tu fondo de armario con emociones positivas de pequeños detalles te harán ver la vida con otros ojos durante todo el día.

Piensa en para qué haces tu trabajo, qué proporcionas a los demás, quiénes son tus clientes últimos, en qué favoreces su vida, cómo lo puedes hacer mejor, qué puedes hacer distinto hoy que te haga sentirte orgulloso se ti mismo.

 Cuando leemos frases como la de Confucio “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, siempre pensamos en otro trabajo, en cambiar el actual, en buscar, en cuál sería esa idílica labor sin antes detenernos y pensar que quizá nuestros propios pensamientos y actitudes están amargando un trabajo que sí nos gusta y que hace tiempo no vemos con objetividad  lo que nos aporta.

Empieza a cambiar tu visión de la tarea que llevas a cabo para vivir y no te conviertas en su esclavo sino en alguien comprometido con el mundo que quieres vivir y cambiar.

Comienza el día con esta pregunta y observa lo que ocurre.

¿Qué puedo hacer hoy en mi trabajo para mejorar mi mundo?

¡Mucha energía para no rendirte nunca!

¿Aceptas la responsabilidad de tu vida?

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Decía Churchill que “el precio de la grandeza es la responsabilidad” y cuando lo leo no puedo más que  pensar que, ese esfuerzo gustoso, se considere un precio, no  es justo para  la  responsabilidad.

Ser responsable tiene anejo tantas virtudes que llegar a ser grande, si lo practicas, es un efecto directo de entrenarlo y no un precio que pagar.

Incorporar a tu vida el autoliderazgo, conseguir ser consciente de tus elecciones, de lo que dices y lo que haces en cada momento, poder decidir y saber que eres tú mismo quien dirige tu día, es ser responsable. Si hasta ahora contestabas lo primero que pensabas, hacías lo que te pedía el cuerpo y  luego buscabas excusas y culpables, fuera de ti, para justificarte. Eso ha sido hasta hace un momento. A partir de ahora eres responsable.

Pregúntatelo: ¿soy responsable de mi vida?, ¿voy a trabajarlo en serio?, ¿ estás decidido a cambiar?,¿prefieres seguir igual?

La responsabilidad del líder es al mismo tiempo fuerte, flexible y adaptable. Consiste en responder a las distintas situaciones de manera diferente a como lo harían los demás, sin  dejarse llevar por el miedo, la ira, el ego y su estado de ánimo en cada momento. Estando abierto a comprender y entender a los demás por encima de nuestras creencias y pensamientos. Sin procurar que sin tener nuestra mente y nuestra vida, piensen como nosotros, incluso sin explicarnos.

Que aquellas emociones negativas sean los motores de tu vida puede hacer que parezca al principio hayas ganado esa batalla. Poniendo todos tus recursos a su disposición, siendo reactivo, contestando lo que te pide tu primitivo, pero su naturaleza compulsiva y temporal harán que las recomendaciones y acciones que lleves a cabo bajo su influjo, sean lamentadas al poco tiempo o incluso produzcan efectos nocivos a largo plazo que requerirán el doble de tu atención.

Un ser maduro y responsable, tiene claro que su acción y su inspiración le trascienden y por ello procura que su ejemplo sea el mejor posible. Y si no es así no duda en reconocer su vulnerabilidad, su falibilidad,  pide perdón, enmienda y continúa con su crecimiento y su mejora.

Su ejemplo va antes que sus consejos y sus opiniones.

Un líder responsable ve el potencial que tienen los demás y piensa en cómo utilizar el suyo propio en su ayuda, para sacarlo a la luz de la mejor manera posible. Sin avasallar, ni dar lecciones con afán de superioridad. No antepone su ego y sus conocimientos a los demás, insistiendo en sobresalir, dejar clara su autoría y hacer de menos a quienes le rodean. Todo lo contrario.

Ser responsable es ir más allá y tener unas palabras de aliento, productivas que enciendan en los demás la llama de su autoestima con generosidad. Practicando esto, uno también se hace mejor porque desactiva lo peor de sí mismo, poniendo el foco en tocar la vida de los demás para infundir esperanza, ilusión, entusiasmo.

¿De dónde nace esta responsabilidad?

  • Del poder personal que te dan el autoconocimiento y el autoliderazgo, de estudiarte, analizarte, quererte y mejorarte cada día.
  • De evitar excusas para asumir las consecuencias de tus actos, las de tus equipos, las de tu familia, de tu vida. Aprender de lo que te ocurre y seguir adelante.
  • De acabar con la pereza, los dramas, las críticas, la resistencia al cambio, la terquedad y los lamentos.

Seguro que alguna vez te has planteado ser un líder y te ha parecido tan grande que lo has dejado, no lo has imaginado o te has rendido sin empezar.

Si decides llevar a cabo el intento definitivo, comienza por ser responsable. Potencia la acción y los resultados productivos y no busques excusas.

Buena semana!!!

¿Afilas tu hacha?

hacha

«En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y éste, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al días siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.
El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.
El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:
-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?
El joven respondió:
-Realmente, no he tenido tiempo… He estado demasiado ocupado cortando árboles…»

Compartir con vosotros este cuento oriental que leí hace tiempo y que recuerdo con frecuencia, me sirve para pensar en la poca importancia que damos a reflexionar sobre muchos de los pensamientos que tenemos y el poco tiempo que dedicamos a aprender cuestiones nuevas.

La mayoría de las veces nos conformamos con seguir utilizando las mismas estrategias de siempre a pesar de que seguimos consiguiendo los mismos resultados. Sin mejorar nuestras elecciones o buscar opciones nuevas.

A veces creemos que, por obvias que sean nuestras cualidades y capacidades, nos van a ser útiles, sin más desarrollo durante toda la vida, sin tener que esforzarnos en afilar nuestro hacha. Con lo que aprendimos en los primeros años, de estudios, de vida, de trabajo.

Si te cuestiones hace cuánto que leíste algo diferente, nuevo, que aprendiste algo por primera vez, que pusiste en marcha otra manera de enfrentarte a las cosas, serás consciente de la poca importancia que das a mantener tu mente activada y tu cerebro en marcha.

Si a esto le sumas que cada vez desarrollas más rutinas para vivir de manera automática sin ser consciente de la mayoría de tus decisiones podrás ver lo poco que entrenas para mejorar.

Cuando te levantas, haces siempre lo mismo y en el mismo orden, vas al trabajo por el mismo sitio, usando el mismo transporte y allí desarrollas las mismas rutinas, así continúas durante todo el día, hasta que regresas a casa.

Toda esa disciplina monónota hace que tus autopistas cerebrales sean cada vez menos y menos transitadas. De ahí la importancia de afilar tu hacha siempre que puedas, es en estas sencillas cosas, en las que puedes empezar a trabajar para hacerlo.

Acostumbra a tu mente a la decisión consciente y a la novedad. Eso será un buen primer paso.

 

¿Has decidido que quieres crear tu futuro?

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A veces cuando imaginamos nuestro futuro lo hacemos con tintes dramáticos, oscuros, poniéndonos en las peores situaciones y con los finales más aterradores.

Es en esas situaciones, cuando nos damos cuenta de la nula diferencia que encuentra nuestra mente entre lo real y lo imaginario cuando nos empeñamos en ello.

Si esto es posible, si esas pesadillas y malos augurios nos producen nerviosismo, ansiedad y todos sus síntomas, ¿qué nos impide utilizar este mecanismo para que juegue a nuestro favor?

Si pensamos en la célebre frase de Drucker: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo” ¿Cómo podemos crear nuestro futuro?

Hace poco leía la historia de un gran orador que nació en un pequeño pueblo, y su gran meta en la vida, desde que era muy joven y acompañaba a su padre al campo, había sido precisamente eso, hablar bien en público.  Pasaba horas enteras ensayando frente a encinas y piedras a modo de interesados espectadores, haciendo que incluso el sonido de las ramas de los árboles se asemejase al aplauso del gran público. Cuando hubo crecido, llevaba tantas horas de vuelo que el objetivo que se había trazado y que entonces, a todas luces era inimaginable, tomaba forma por momentos, colocándole en esa zona en la que los sueños empiezan a tornarse en realidad.

Seguro que en algún momento has pensado ser el protagonista de una historia similar cuando has visto a ese cantante, a ese político, a ese abogado, actor, ingeniero y has pensado en ser él y a pesar de haber disfrutado intensamente esos segundos, no te has atrevido a recrearlos mucho tiempo más.

Si hay algo que realmente te ha producido esos segundos de felicidad, merece la pena mantener esa intención y ponerla en marcha. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Hace algunos años quizás alguien pudiese pensar que estabas loco, ahora loco es quien piensa que no tiene oportunidades de ser y de hacer muchas cosas que quiere y está determinado a hacer a lo largo de  su trayectoria vital.

Si realmente estás decidido a ser el protagonista de tu futuro y a utilizar sabiamente tu cabeza, prueba estos pasos:

  • Crea la idea en tu mente. Tu mente la grabará y a partir de esa alerta comenzará a construir.
  • Piensa en tu idea muy a menudo. Lo grabarás una y otra vez, así será más fácil actuar.
  • No pares. Imagina resultados. Recaba todas las habilidades y capacidades que tienes y necesitas para llevarlo a cabo.
  • Los obstáculos comienzan a destruirse con la fuerza de tu meta. Tus neuronas trabajan creciendo en la idea.
  • Repítelo una y otra vez. Tus neuronas se conectarán entre sí aumentando las autopistas de tu mente.

Si eres capaz de construir ese ciclo, que se alimenta una y otra vez con la ilusión y el entusiasmo, serás capaz de llevarlo a cabo.

Esa intención es la fuerza de la creación.

A partir de aquí, ¡tú decides!

¿Pintas tu mente para ser feliz?

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La clave para ser feliz, es tener una mente feliz y para tener una mente feliz, nuestros pensamientos tienen que ser los adecuados para este fin.

¿Quiere eso decir que no podemos enfadarnos, estar tristes, pensar mal? No, no  sólo podemos sino que mientras entrenamos nos descubriremos pensando  esto muy a menudo. Nuestros pensamientos automáticos son el producto de muchos años de práctica por lo que un poco nos costará deshacernos de ellos o encontrar la forma de que jueguen a nuestro favor.

A veces es nuestra cultura, nuestros amigos, padres, entorno, lo que hace que nuestros pensamientos sean muy semejantes a los suyos y por eso es tan importante ser conscientes de que podemos pensar lo que queramos, no estamos atados a nuestras creencias de siempre si éstas no nos dejan crecer.

Hoy os propongo un ejercicio para esta semana, con el que podremos observar claramente de qué color es nuestra mente y cómo ésta pinta nuestro día a día.

Imagina que tienes tres colores: uno que pinta los pensamientos positivos, por ejemplo en mi caso sería el naranja, pero seguro que tú también tienes el color que le da alegría a tu vida; otro que pinta los pensamientos  neutros, como por ejemplo el gris para mí y otro para los pensamientos negativos, el negro en mi caso.

Cada vez que te sorprendas pensando algo, pinta en tu agenda un círculo del color que corresponda a tu pensamiento en ese momento.

Al final del día te darás cuenta de cómo tu mente, hace tu día y al final de tu semana podrás tener una primera impresión de cómo y cuánto ayuda tu mente a tu felicidad.

Si lo consigues hacer durante un mes, poco a poco irás comprobando cómo lo que piensas es lo importante para animarte o bloquearte, para seguir o rendirte, para actuar o preferir permanecer inmóvil.

Cuando seas consciente de esto, algo que lleva su tiempo, podrás ir más allá  ver cómo te afecta tu entorno, pintando las conversaciones con las personas con las que más tiempo pasas. Podrás ir viendo si son positivas o negativas, si son creencias potenciadoras, que te hagan crecer y creer en los demás y en ti mismo  o por lo contrario son demoledoras, te desaniman, abaten y sólo hacen que cada vez te veas menos capaz de hacer  y lo pintes todo negro.

Si estás decidido a trabajar para que tu vida sea cada día mejor y crees que mereces poner en marcha, los avances de la neurociencia, en ti, no eches en saco roto esta práctica.

Todo lo que piensas, se ha almacenado en algún momento en tu cabeza, ahora incluso no sabrás ni cómo, ni a quién pertenece pero poco a poco irás dándote cuenta de lo importante que es para tu felicidad, lo que escuchas, lo que lees  y lo que ves.

Si quieres seguir igual siempre puedes pensar que todo esto es una chorrada. ¡Tú decides!

¿Eres rígido o flexible? «Circular en las rotondas»

rotonda

“Hacía poco tiempo que me había decidido a conducir de nuevo. Siempre había sido una buena conductora pero aquel accidente, me impactó en demasía. Fuí incapaz de aplacar el sudor frío de mis manos, la aceleración de mi corazón y mi sofocada respiración. Creí que no iba a superarlo nunca. Lo hice, lo conseguí, quince años después, una vida de otros quince, espoleó mi miedo y me hizo ponerme al volante de nuevo. ¿Qué descubrí? Que eso también había cambiado…”

Un mundo en el que lo único constante es el cambio y lo que eran ayer certezas inmutables son cuestionadas hoy y descartadas mañana. Un mundo en el que la incertidumbre es una de las carecterísticas fundamentales. A ese mundo es, al que muchos nos tenemos que adaptar, aún cuando la mayoría de las creencias que tenemos proceden de nuestros padres y abuelos y nos conducimos por la vida con licencias obtenidas cuando las rotondas no eran ni siquiera una opción para distribuir el tráfico.

Si algo que ocurre, literalmente, al otro lado del mundo, acaba impactando en nuestras vidas a través de nuestras inversiones, en el precio de los carburantes, en movimientos migratorios, en el excedente o déficit de algún producto en pocas horas. Cómo podemos seguir con creencias anticuadas que nos impiden adaptarnos a cualquier situación que surja a la velocidad que este mundo requiere.

Antiguamente la rigidez en los planteamientos, en las ideas, en las opiniones era considerado sinónimo de seguridad en uno mismo, de liderazgo, de algo envidiado por quien dudaba. Ahora quienes no están dispuestos a cambiar o al menos a valorar o integrar otros pensamientos y a analizar las diferentes cuestiones con nuevas perspectivas, siendo flexible, su tranquilidad, tienen los días contados.

Ser rígido, hoy en día, significa romperse cada vez que hay que cambiar o modificar un pensamiento o creencia. Sufrir pensando en que este cambio es renunciar a uno mismo, a esa seguridad que tanto ha costado construir y que tanta energía exige para defender.

En esa rigidez apenas cabe la empatía, principalmente porque ponerse en la piel de los demás exige que dejemos todos los a prioris que tenemos heredados y grabados en nuestro interior para entender, otra vida, con otra experiencia, otras creeencias y que comprender, no es compatible con alguien que no cede un ápice en sus planteamientos y se niega a albergar la posibilidad de estar equivocado y mejorar.

Mejorar implica cambiar, es una constante revisión de todas esas cuestiones que creemos con fervor y que con el tiempo quedan obsoletas y nos hacen sufrir, esos pensamientos que nos dicen como era una madre ideal en los 70 o un jefe seguro y firme en esos mismos años y que ya no tienen cabida en el nuevo milenio, al menos como lo hemos conocido.

Es como si la ciencia se empeñase tozudamente en seguir aplicando recetas y certezas del siglo pasado para resolver enfermedades de nuestra época. Como si se negase a avanzar para no perder autenticidad. Sin saber que lo auténtico es lo que tiene unos principios firmes pero modifica las creencias y las soluciones con lo que aprende. Su finalidad sigue siendo curarnos y prevenir pero no de la misma forma. Mejora, avanza, cambia…

“La extrema rigidez es buena en las piedras pero no en los seres humanos”

¿Piensas seguir siendo una o convertirte en un ser humano de tu tiempo?

 

 

¿Tienes estrategia para tu paz interior?

ira

El hombre que escupió a Buda
«En una ocasión, un hombre se acercó a Buda e, imprevisiblemente, sin decir palabra, le escupió a la cara. Sus discípulos, por supuesto, se enfurecieron.
Ananda, el discípulo más cercano, dijo dirigiéndose a Buda:
-¡Dame permiso para que le enseñe a este hombre lo que acaba de hacer!
Buda se limpió la cara con serenidad y dijo a Ananda:
-No. Yo hablaré con él.
Y uniendo las palmas de sus manos en señal de reverencia, habló de esta manera al hombre.
-Gracias. Has creado con tu actitud una situación para comprobar si todavía puede invadirme la ira. Y no puede. Te estoy tremendamente agradecido.
-También has creado un contexto para Ananda; esto le permitirá ver que todavía puede invadirlo la ira. ¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! Y queremos hacerte una invitación.
-Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupir a alguien, piensa que puedes venir a nosotros.Fue una conmoción tan grande para aquel hombre… No podía dar crédito a sus oídos. No podía creer lo que estaba sucediendo. Había venido para provocar la ira de Buda. Y había fracasado. Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama y no pudo conciliar el sueño. Los pensamientos lo perseguían continuamente. Había escupido a la cara de Buda y éste había permanecido tan sereno, tan en calma como lo había estado antes, como si no hubiera sucedido nada… A la mañana siguiente, muy temprano, volvió precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo:-Por favor, perdóname por lo de ayer. No he podido dormir en toda la noche.Buda respondió:
-Yo no te puedo perdonar porque para ello debería haberme enojado y eso nunca ha sucedido.
-Ha pasado un día desde ayer, te aseguro que no hay nada en ti que deba perdonar.
-Si tú necesitas perdón, ve con Ananda; échate a sus pies y pídele que te perdone. Él lo disfrutará.
Conseguir mantener la calma en cualquier situación… Siempre sacar el lado positivo a las cosas… Cuándo podemos perdonar a una persona… Aceptar el perdón de otra persona puede engrandecer el ego…»

Una de las principales cuestiones que influyen en nuestra vida y que nos anulan y hacen que nuestras decisiones sean erróneas es la ira. Su manifestación a través de la impaciencia, del henchido y herido ego, el resentimiento o la hostilidad suelen acarrearnos, lejos de lo que creemos, muchos inconvenientes.

Son emociones muy fuertes en nuestro organismo que nos obligan a invertir mucha energía en el lugar inadecuado, dejándonos exhaustos para el resto del día.

Muchas de estas respuestas son las que hemos aprendido en nuestro entorno y que a pesar de jugar en nuestra contra, ponemos en marcha a la menor ocasión en la que nos sentimos atacados. Da igual si es porque ocurre algo que no esperábamos, alguien se comportó de un modo grosero o desagradable con nosotros, etc.

Parece que ser reactivo y encender la llama que desata esta emoción en nuestro interior está autorizado para aplacar al primitivo que llevamos dentro y pide venganza o restitución del honor perdido.

A veces se convierte en una estrategia para conseguir las cosas o simplemente para que los demás te dejen en paz. La cuestión es que antes de que nos demos cuenta nuestro carácter iracundo hace su aparicición sin apenas avisar.

Esta falta de autocontrol, no es gratuita, en muchas ocasiones te cerrará más puertas de las que crees, del amor, del trabajo, de los amigos, sólo donde seas capaz de controlarte, tendrás éxito. La mayoría suele hacerlo en sus trabajos mientras su posición no le permite hacer otra cosa, por lo que en otros ámbitos de su vida la explosión retardada es infinitamente mayor.

Si esto te ocurre muy a menudo, quizá deberías pensar en que el autocontrol es una victoria sobre tí mismo digna de alcanzar para liderarte  y después para hacerlo con los demás.

Empezar a analizar las situaciones que hay detrás de tu enfado, las motivaciones y causas que te llevan a ello, aunque empiece siendo a posteriori, acabarán dándote muchas pistas sobre tu carácter.

Cambiar este rasgo puede hacerte invencible, aunque al principio no valores que tu paz interior es lo fundamental, cuando consigas ir manteniéndola cada vez más tiempo vas a comprobar lo importante que es para tu salud física y mental.

No dejes tu humor en manos de los demás.Cada uno debemos buscar nuestra estrategia para mejorar. Si no te animas a entrenar con un coach, prueba tu propia receta. Hay una lapidaria pregunta que acaba con todo tu enfado seguro si eres capaz de hacértela : Si te fueses a morir mañana, ¿realmente esto te enfadaría?
La frase que yo misma me repito siempre y me ayuda es: ¡Qué más da!

Busca cuál es la tuya y empieza a trabajar tu paz.

¡Hazte el imprescindible!

hombre orquesta

 

 

 

Comienzas diciendo “prefiero hacerlo yo” y acabas lamentando que no puedan hacer nada si ti.

A veces ese comienzo es fruto de la necesidad de hacerte imprescindible, de demostrar que tú  lo haces mejor que nadie o que tus ideas son las mejores, que lideras el proyecto y acabas cargando con un montón de trabajos y tareas fruto de tu propia y equivocada estrategia.

A veces es querer colgarse todas las medallas y recibir todos los agradecimientos y reconocimientos lo que te lleva a actuar así  y acabas comprobando que, a pesar de merecerlos, no está asegurado que los recibas.

Si queremos avanzar y expandir el desarrollo y las habilidades de las personas en nuestro entorno, y no frustrarlas, tendremos que tener la suficiente seguridad en nosotros mismos para no necesitar ser el constante centro de atención  y la enorme paciencia para que el aprendizaje de los demás llegue a ser efectivo.

Quienes están seguros de sí mismos, no tienen  problemas en delegar, enseñar, pedir ayuda, compartir ideas, información y reconocer que no saben muchas cosas. Entendiendo que esto último, es el primer  paso imprescindible para comenzar a saber. Saber que no sabes.

Seguro que en tu casa, en tu trabajo, con tus amigos puedes excusarte  con distintas cuestiones como “si yo no lo hago, nadie lo hace”, “lo hace sin ganas”, “lo hace mal a propósito”, “dudo que  sea capaz de hacerlo, “y si lo hace mejor que yo”. Un montón de razones para no empezar a delegar.

Aunque parezca que no hacerlo te va a encumbrar, lo que acabará haciendo es sepultarte bajo un montón de tareas que habrás asumido y anunciado que eres el único en quien se puede confiar para hacerlo.

Si nada puede funcionar sin ti, quiere decir que tendrás que estar siempre en funcionamiento para que se lleve a cabo y no sólo eso, sino que habrás enseñado a los demás a no ser proactivos y a no tener iniciativa, más que a seguir las órdenes que dictas con sus consiguientes instrucciones.

Si de verdad apuestas por quienes tienes alrededor, delegar hará no sólo que tengan que trabajar su potencial, sino que incrementen la confianza en ellos mismos y se sientan capaces de ir más allá de sus límites.

Delegar es expandir. Confiar en una relación ya sea personal, de trabajo o familiar.

Tres cuestiones fundamentales en la delegación son la transparencia, que la relación se base en la verdad. La capacidad que se adquiere reconociendo las necesidades de conocimientos para aumentar la competencia y la química que se establece cuando a la otra persona le queda claro tu interés por ella y su desarrollo.

Recuerda a Stamateas cuando dice: “Delegar es señal de buena estima, saber pedir ayuda fortalece. Es una señal de crecimiento: yo hago una tarea que mañana ya no llevaré a cabo. Y es una señal de que tenemos la capacidad de desatar el potencial en otro.”

Busca la tarea, a la persona capacitada, no delegues la responsabilidad y revisa cada cierto tiempo los avances.

Da igual si consiste en estudiar solos, hacer tareas domésticas, proyectos laborales, empieza a delegar y evita llegar a ese nivel de saturación que trabajará en contra de tu desarrollo y de la ecología de tu entorno.

Delegar es imprescindible para tu éxito.

 

foto:tupropiojefe.com

«Haz lo que puedas, con lo que tengas, estés donde estés». Theodor Roosevelt

mundo

Cuando hacemos referencia al poder de los pensamientos y a cómo nuestra mente nos ayuda en nuestra vida diaria, muchos de nosotros no sabemos cómo hacer el análisis para saber el funcionamiento de nuestro principal mecanismo, la mente.

Saber si nuestra mente es feliz o no, puede ser un arduo trabajo o un trabajo de campo que podemos hacer relativamente fácil estando atentos y que nos puede arrojar muchos datos sobre lo qué realmente sucede allí dentro y como mejorarlo.

Los mensajes que a diario obtenemos de nuestro entorno, de los demás, de distintos medios de comunicación, mezclados con nuestros recuerdos y experiencias, nos provocan demasiados conflictos para poder desentrañar preguntas como si somos felices, nosotros solos.

A veces nos sentimos culpables por poseer o disfrutar de muchas más cosas que otras personas a nuestro alrededor, de estar alegres cuando otros lo están pasando francamente mal y de otras muchas cuestiones que nos impiden o excusan para pensar en acciones mucho más cercanas y sencillas que contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor.

Cuántas veces has dicho una palabra amable a algún desconocido,o algún compañero de trabajo al que nunca has hablado, a cuántos extraños has sonreído sin motivo, has cambiado el humor de alguien, ayudado a alguien, incluso que no conocías, escuchado, regalado algo, invitado, agradecido, elogiado, alegrado el día…

A veces cuando veo como muchas personas intentan arreglar el mundo a golpe de agresividad, de crítica feroz, de ira, insulto, para ridiculizar o menospreciar, de querer tener la razón , pensar que sólo existe su solución, avergonzar y juzgar a los demás, pienso, en a qué mundo están pensando llevarnos cuando utilizan esos métodos que  tratan así a sus semejantes, a los próximos y a sus iguales…por nuestro bien…

Las sociedades que se asientan en la vergüenza y en la culpa no son sociedades sanas, ni dignas de modelaje o defensa. No quiero que la mía sea así. 

Sociedades que escriben solidarias cartas a personas a cientos de kilómetros mientras son incapaces de compatibilizarlo haciéndolo con quienes están sufriendo a su lado, o simplemente siendo amables con quienes les rodean y no piensan como ellos.

La felicidad para mí se construye desde dentro, desde tus pensamientos y acciones. Desde lo simple y sencillo que parece ser lo que más cuesta. Siendo consciente de que nuestro entorno cambia principalmente cambiando lo que más trabajo implica, nuestra actitud. Estamos dispuestos a influir en esto…

Construyendo, animando, alentando, apoyando, entusiasmando a nuestros padres, madres, amigos, compañeros, vecinos. Haciéndoles partícipes de lo importante que es nuestra labor en nuestro entorno, con los demás. Con nuestra palabra, nuestra acción.

Comprométete contigo mismo, toma la determinación de que vas a formar parte de ese cambio, seguro de que tus acciones son lo más importante que puedes poner en marcha para hacerlo y que tu entorno más próximo, es tu reto.

Cada vez que pienses en un conflicto internacional, en una situación injusta, escuches alguna noticia que te impacte y sobre la que te sientas impotente. Idea algo para hacer inmediatamente donde estés. Recuerda las palabras de Theodor Roosevelt.

No intentes excusarte con la necesidad de la ejecución de grandes hazañas, que obtengan un gran reconocimiento. Recuerda que cada acción que lleves a cabo a tu alrededor será parte de esa aventura interior que te llevará a ser más feliz y a compartir esta felicidad con quienes te rodean, modificando tu mundo.

Algunas ideas para empezar… sé generoso y comparte con nosotros las tuyas

  • Deja tu cambio en la máquina del café. Imagina quien lo encuentre que afortunado se sentirá.
  • Ve sonriendo por la calle y saludando a todos.
  • Ayuda a alguien que veas cargado o agotado.
  • Pregunta a alguien cómo está, muestra interés por él.
  • Llama a alguien para agradecerle algo.
  • Elogia sinceramente a alguien.

fotografía:moviespix.com

Destapa tu six pack

sixpack

Estamos solos en casa, dando un paseo tranquilamente, nos sentamos a esperar… ¿qué hacemos?

Seguro que desde hace tiempo y como tienes a mano cualquier dispositivo móvil, libro o juego, antes de reflexionar sobre cualquier cuestión te abalanzas sobre ellos, ya que entre otras cosas, te evita estar, en ese momento, a solas con tus pensamientos.

Esos pensamientos, lejos de proceder del exterior, han sido fabricados en algún momento por tu mente, seleccionando a lo que le has dado importancia, en lo que te has concentrado y cómo has conectado en tu mente, un acontecimiento del pasado con una consecuencia del presente y has hecho de todo ello reglas automáticas de uso, de las que tiras cuando te ocurre algo similar.

Pues eso es lo que haces, vivir del y en el pasado porque todos esos pensamientos que tienes en automático, son fruto de cuestiones pasadas que te impiden ver el futuro y todo lo que te queda por vivir con ese optimismo que cabe en la incertidumbre y en las miles de oportunidades que crecen a tu alrededor. Si reflexionases sobre ello y vieses esa cantidad de posibilidades, empezarías a vivir sin lastre.

Pero  qué ocurre con los pensamientos positivos, lo mismo que con los abdominales sin ejercicio, sin una dieta correcta, sin persistencia y voluntad, no salen.

Hace muchos años, antes de los grandes avances de la neurociencia no se pensaba que el cerebro sano podía tener la plasticidad que ahora se conoce y que,  hasta que nos morimos podemos cambiar nuestra vida, cambiando nuestro pensamientos. Entonces teníamos excusa, ahora no.

Ahora tenemos la misma para no tener abdominales que para tener un piloto automático mental que navega constantemente en negativo: E-N-T-R-E-N-A-M-I-E-N-T-O.

Gastamos mucho tiempo, dinero y energía en tener cosas y  en conseguirlas y aún así muchas veces seguimos estando insatisfechos porque, cuando por dentro no funcionamos, no funciona casi nada o funciona a costa de tanto esfuerzo para disimular nuestro estado que acabamos agotados y arruinados.

Cuando vemos los abdominales de los y las deportistas o de quienes se trabajan y cuidan asiduamente pensamos, “a mí también me gustaría tenerlos”. Ya usar el condicional  nos indica un deseo sin intención, ni determinación para ponerse manos a la obra, pero en el caso de que lo hagamos, tardamos dos minutos en agotarnos haciendo abdominales. Los hacemos, como mucho durante un mes, y como no asoma nuestro” six-pack” lo dejamos aduciendo que, ni los tenemos, ni nos van a salir.

Esto es lo que distingue a quienes triunfan de quienes no, la perseverancia y la determinación.  Tener claro lo que quieres y lo que estás dispuesto a hacer para conseguirlo, son cuestiones fundamentales. Si no, ni lo intentes porque  cada vez que lo haces bajas varios escalones en tu autoestima y motivación al no conseguirlo.

Recuerda al Maestro Joda “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

Dejar de perpetuar esos círculos de desánimo en nuestra vida que almacenamos en el corazón y de aplicarlos con una devastadora analogía a otros ámbitos, depende sólo de  nosotros cambiarlos, romperlos.

No sé si te apuntas a tener pensamientos potenciadores o positivos o a tener abdominales pero ¿y si cada mañana cuando te levantes eres consciente de cuál va a ser tu objetivo y qué vas a hacer  ese día por conseguirlo?

¿Cuántos días vas a ser capaz de hacerlo?

¿Qué vas a hacer para recordarlo?,¿alarma?, ¿cartel?

¿Necesitas que te ayude alguien?

¿Cómo vas a señalar los días que lo haces?

¿Qué recompensa vas a tener al final de mes cuando todos los días estén señalados como victorias?

Si no crees que tu desarrollo y tu mente necesiten una inversión en un  entrenador para ser más feliz, al menos organízate para hacerlo tú mismo.

Ese cuerpo que tienes, de momento, es en el único que vas a vivir. Mucho ánimo.

«No hay hechos sólo interpretaciones» Nietzche

tres

“No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así. “

Esta inspiradora frase de Shakespeare explica muchas de las cuestiones que acaban en malentendidos y discusiones tanto en el ámbito familiar como en el laboral ya que lo que hace que algo sea bueno o malo es nuestra interpretación de las circunstancias o de los hechos.

Para hacer esta interpretación, antes tendríamos que acordar qué es lo que ha ocurrido o qué hemos visto o pasado para llegar a una visión común de lo que vamos a hablar. Sin embargo en la mayoría de las ocasiones comenzamos la casa por el tejado y damos por hecho que partimos de la misma base cuando nuestras experiencias las vivimos e interiorizamos desde orígenes totalmente distintos.

Además de esto, no conseguir detectar las emociones que nos embargan en cualquier momento y no creer que son fruto de nuestros propios estados de ánimo gestados en nuestros pensamientos hace que la cuestión se complique aún más.

Una parte enorme de nuestra infelicidad parte de estas interpretaciones y suposiciones de que todo el mundo piensa y siente como nosotros y que lo que no nos va a molestar, a otros tampoco lo hará y cual es nuestra sorpresa cuando sí lo hace y no entendemos el porqué.

Apenas escuchamos y respetamos lo que el otro nos dice, infravaloramos sus explicaciones sobre lo que les molesta, no observamos a qué estímulos responde o qué puede enfadarle o disgustarle. Nosotros seguimos pensando en y como nosotros mismos y en que, por supuesto, somos quienes tenemos la razón.

Creer que los demás son susceptibles o quisquillosos es una forma simple de disculpar nuestra falta de empatía para entender que los demás sienten diferente. Cada uno tenemos nuestra trayectoria vital, única, intransferible, nuestro desarrollo personal, nuestro nivel de consciencia y por muy bajo o no representativos que sean, no son excusa para no utilizar cada día que pasa para mejorar nuestra detección de las emociones de los demás.

Existe una diferencia enorme entre lo que pasa en la vida y cómo nosotros lo interpretamos que hace que de ello dependa nuestra felicidad. La manera en la que unimos causa y efecto puede hacer que los episodios que consideramos negativos sean un aprendizaje o anclas que nos hacen concluir que nuestra vida no merece la pena. Todo depende de como nosotros los almacenemos.

Muchas de las cuestiones que almacenamos como negativas nos pesan tanto que apenas podemos ver en ellas la oportunidad que ese cambio o hecho representa, dejándonos bloqueados durante un tiempo precioso en el que sólo necesitamos vivir.

Si observas a los demás al final te darás cuenta de que la mayoría de las veces lo que te dicen, recomiendan o critican se basa en lo que le ocupa y preocupa a ellos mismos y que tú recepcionas como si fueses protagonista indiscutible cuando ellos apenas te divisan en el escenario.

La mayoría de las cuestiones que nos preocupan no tienen la importancia que le damos, ni sirven para algo más que para turbar nuestra paz interior y robarnos energía y vida a raudales. Ser capaces de interpretar lo que os ocurre de manera positiva es gran parte de nuestra felicidad.

Cierto es que nadie dijo que fuese fácil pero si queremos mejorar , tendremos que tener claro como Aristóteles que “ la felicidad depende de nosotros mismos” sobre todo de nuestras suposiciones e interpretaciones.

Foto:Teknoweb

¿Hasta dónde quieres llegar?

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Esa es la pregunta a la que quiero que nos enfrentemos hoy. Considera que el comienzo de Septiembre, el próximo inicio del curso escolar y la vuelta al trabajo, tras las vacaciones, es un inmejorable momento para un antes y un después en tu vida.

Continuamente nos preguntamos cuestiones más limitantes como hasta dónde puedo llegar, sustitúyelo por «quiero» y toma las riendas. Estamos acostumbrados a ir por debajo de nuestras posibilidades, a tener miedo, a ser perezosos, conformistas o a utilizar nuestras habilidades y esfuerzos sólo en un campo, o de manera muy reduccionista, sólo para nosotros.

La mayoría de las veces tenemos objetivos que no van más allá de nuestro confort, más dinero, mejor trabajo…etc, que no tienen un impacto en nuestro mundo, en nuestro entorno, que se agotan y mueren en nosotros mismos. Sabiendo que estamos capacitados y por ello, incluso, obligados a ser parte de ese cambio en el mundo y sin embargo preferimos seguir en nuestra cómoda posición.

Ese malestar que tenemos, la insatisfacción permanente o la necesidad de hacer algo más, son los síntomas de ese pensamiento sin acción. De esa sensación de fortuna que debía ser compartida en lugar de quejarnos y considerar que aún tenemos o somos poco.

No te conformes, sé un líder en tu espacio, ya sea grande o pequeño, te parezca más o menos importante, ya llegues a mucha o poca gente, no te quedes con las ganas de ser alguien diferente. Piensa en la satisfacción que vas a tener cuando lo consigas.

Hacemos del liderazgo algo inalcanzable que responde a cuestiones genéticas o congénitas, jerárquicas o circunstanciales, en lugar de ser conscientes de que es algo «entrenable» en cualquier ámbito y en todo nosotros, pero que por su dureza, por la perseverancia que se necesita y por los hábitos que debemos cambiar, es una cuestión reservada a los elegidos que, a través de ellas, consiguen el éxito.

El liderazgo no se circunscribe a la empresa o al mundo de la política, o a la esfera pública. Empieza por supuesto por uno mismo, por querer ser diferente, por querer dejar un buen legado a las próximas generaciones, por sacar lo mejor que tienen las personas que conviven con nosotros, por ser generosos, pacientes, dominar cuerpo y mente para servir a los demás de la mejor manera, como personas, padres, hijos, hermanos, parejas, amigos, compañeros.

Líder es quien está dispuesto a trabajar su desarrollo personal para mejorar el mundo, su mundo, ayudando a los demás y no espera a tener la oportunidad de realizar grandes gestas sino que empieza por el gran reto, conocerse y trabajarse a sí mismo con ahínco. Sabiendo que es difícil, que requiere paciencia y esfuerzo, que se recae con facilidad en viejos hábitos y automatismos pero que merece la pena ser diferente y pasar por este mundo para servir a los demás y dejar a un lado esa permanente insatisfacción material que nos posee.

Si estás dispuesto a dejar a un lado, el miedo que provocan emociones como la ira, la envidia, la culpabilidad y estás dispuesto a dejar de quejarte, de mirarte el ombligo y de ver en los demás a los responsables de lo que no te gusta de tu vida, haciéndote protagonista de la misma, espero que te animes a reflexionar conmigo cada semana, sugerir temas, o a hablar sobre todo lo que nos preocupa.

Este es un blog en el que la premisa es “prueba y error” y para ello, cada semana os seguiré proponiendo temas, situaciones, leyendas, metáforas todo para que cuestionéis si os sirve u os pasa a vosotros, si conseguís superarlo, cómo, dónde, cuándo, para que compartamos con todos nuestros hallazgos y avances para no sentirnos solos en este mundo en el que por los medios parece que su única misión es seguir como está.

Aunque para algunos, como nosotros, perpetuar esto sería una vida sin vivir, privada de lo que atraen el amor, la generosidad, la empatía, la paciencia y tantas y tantas habilidades que trataremos de entrenar de momento aquí, en la Red.

Bienvenidos de nuevo y mucho ánimo. 🙂

Escucha autobiográfica

autobiografia

 

Me encanta el concepto porque cada vez que lo escucho me recuerdo a mi misma que no soy tan importante y que seguramente aprenderé más escuchando que hablando.

Casi todos tenemos un familiar, un amigo, un compañero de trabajo que cada vez que alguien cuenta alguna anécdota, ha vivido una experiencia o simplemente se dispone a contar su fin de semana o una idea que ha tenido, otra persona escucha los primeros minutos para a continuación y sin mostrar el más mínimo interés, ni respeto por quien estaba hablando se abalanza sobre el tema para contar alguna historia similar en la que él era protagonista o conoce a alguien que en situaciones  parecidas hizo esto o lo otro.

Ni siquiera se da cuenta de lo atónita que está la persona que estaba contando la historia, sentirse importante, hablar de sí mismo, hacerse el protagonista está por encima de cualquier otra cuestión. Hablamos sin escucharnos los unos a los otros de ahí que luego supongamos, no entendamos o erremos.

Esta simple acción a la que habitualmente somos adictos deja claro que mientras la otra persona hablaba, no estábamos escuchando sino buscando en nuestra mente qué decir para no desmerecer menos atención.

Siendo una práctica habitual también es un hábito que hace que las personas rechacen estar contigo puesto que en ningún momento se te ha pasado por la cabeza darles el protagonismo, no sólo que merecen sino el necesario para que a ti también te escuchen.

Conversaciones como “ una vez que fui de viaje a Roma me encontré con un compañero de clase” abruptamente interrumpida por “ ah yo también estuve en Roma y nos hizo mal tiempo” o “ yo también me encontré  con un compañero en un viaje a no sé donde..:” llegan a ser habituales en algunos grupos.

Cierto es que escuchar es una habilidad escasa y de personas bastante trabajadas en el autocontrol y otras  habilidades sociales a las que muchos no estamos acostumbrados pero entre no escuchar y escuchar para a continuación hacerte protagonista de la historia, no sé qué preferiría.

«El arte de escuchar no consiste en estar de acuerdo, sino en comprender profunda y completamente a la otra persona, tanto emocional como intelectualmente.»

Activa esta alerta en tu cerebro y verás qué efecto tiene tanto en ti como en los demás.Proponte el reto de no hacerlo.

Lejos de verte como una persona de recursos acabarán etiquetándote como un «narciso» con el que no se puede hablar.

¿Para cuándo una Administración con valores compartidos?

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Cuando escucho a alguien hablar sobre la Administración, en concreto sobre la local, y no precisamente bien, entiendo que esa crítica está directamente relacionada con todos los que somos actores en esta cuestión y además con los que nos dedicamos a hacer que las organizaciones funcionen.

Los componentes de estas masas altamente criticadas son personas, personas que en la mayoría de los casos han dedicado mucho de su tiempo, bastante de sus sueños y horas de esfuerzo a conseguir formar parte de esta organización y lo triste es que ahora que tienen esa tan preciada, hoy en día, seguridad laboral, estén preguntándose para qué.

Una vez que entran en la Administración en contacto con su puesto de trabajo, los hábitos y automatismos hacen su aparición. Me cuesta observar como en los programas electorales se habla de la Administración, personalizando este término en global y obviando que detrás hay personas, individuales que son lo realmente importante dentro de ellas y que son precisamente quienes desarrollan los proyectos, son la cara de las políticas y no son precisamente lo primero en tenerse en cuenta.

El simplismo de que siempre quieren conseguir más prebendas y mejorar sus condiciones, sirve de excusa  para no escuchar cualquier reivindicación, incluso cuando lo que solicitan es formación, se llega a considerar una petición frívola, cuando no hay cuestión más acorde con unos tiempos cambiantes.

Después de muchos años dándoles vueltas a cómo hemos llegado hasta aquí y cuál puede ser el reto de la Administración llego a la conclusión de que la falta de valores compartidos por el nivel político y funcionario puede ser una clave.

En cualquier organización valores como la honradez, la integridad, la equidad y la cooperación son la base para a partir de ellos mejorarla. Si partimos de la base de que en las estrategias políticas poco tienen que hacer estos valores, la cuestión se complica.

Colgarse medallas, intentando ser el primero en protagonizar la noticia, priorizar el partido por encima de la Institución, resaltar las diferencias, en lugar de partir de las similitudes, reseñar los fallos, buscar culpables, poner en evidencia a los compañeros, decir una cosa y la contraria, medias verdades, y anteponer el ego en las actuaciones son actividad habitual en la antigua política.

Con estas mimbres no sé qué tipo de cesta pueden hacer quienes están al albur de personajes con estas tretas. Atacan la equidad y la honradez cuestiones como la productividad sin ton ni son para pagar favores, a determinadas personas, a determinadas categorías a los que en nada ayuda esta estrategia, divisiones para ganar en la confusión, obstaculizar la comunicación con quienes toman las decisiones poniendo personas de confianza como parapeto, castigar con otras ubicaciones, no consiguen motivar, todo lo contrario cualquier expectativa o ilusión de cambio es sofocada de inicio.

Ya es hora de cambiar la estrategia política y empezar a compartir valores, pensar en políticas antes que en partidos, en objetivos sociales antes que políticos y en los funcionarios, antes que en ellos mismos. Es una tendencia tan habitual como atávica, pensar que nosotros mismos nos merecemos todo y que los demás siempre piden demasiado, sin ni siquiera ponernos en su situación.

Involucrar a los funcionarios en proyectos cooperativos entre varias áreas, darles libertad para formarse en cuestiones que la sociedad demanda, ofrecerles la posibilidad de cambiar de puesto de trabajo, trabajar en generar confianza entre políticos y funcionarios sabiendo que ésta evitará buscar culpables y sí encontrar responsables que quieran arriesgar están entre los retos.

Lo más importante en la vida es resolver lo que es más importante. Si estamos de acuerdo en que todo no consiste, sólo en hacer y hacer , ni sólo en las relaciones personales, sino en la mejor combinación de estas dos cuestiones. ¿por qué no empezamos por compartir los mismos valores?

Y si para liderar personas necesitas desarrollo personal , a lo mejor es el momento en que des el paso y entrenes el crecimiento necesario  de líder por autoridad al nivel de líder natural. Seguro que merece la pena.

¿Cómo está tu taza?

taza

 

 

La taza de té

«Cierta vez, el sabio Nan-in recibió a un vanidoso profesor universitario que lo visitaba para conocer sus enseñanzas. Nan-in le sirvió té. Llenó la taza de su visitante y cuando la misma rebalsó, siguió vertiendo la infusión. El profesor se quedó mirando cómo el líquido se derramaba y pensando que el sabio era un tonto. Finalmente no pudo contenerse: —Está colmada —exclamó—. ¡Ya no cabe más! —Como esta taza —dijo Nan-in—, usted está lleno de sus propias opiniones y prejuicios. ¿Cómo puedo mostrarle la verdadera sabiduría a menos que vacíe su taza antes?»

Cuántas veces cuando  escuchamos, lo que principalmente hacemos, es cotejar lo que oímos con lo  que conocemos o sabemos para preparar nuestra respuesta, sin ni siquiera pensar en que quizás lo que la otra persona nos está relatando es algo de lo que podemos aprender sin «a prioris».

Tenemos nuestra mente llena de creencias que heredamos, adquirimos y automatizamos sin cuestionarlas y sin darnos cuenta que son ellas las que condicionan nuestra vida y nuestro desarrollo.

Opiniones y prejuicios que mantenemos contra viento y marea, a pesar de que lo único cierto es que todo cambia, interpretando esta firmeza como una muestra de fortaleza, cuando es un grito desesperado de debilidad.

La próxima vez que inicies una conversación con alguien y manifiestes una opinión con la que tu interlocutor no esté de acuerdo y la rebata. Vacía primero tu taza.

Observa, escucha, comprueba tus argumentos,  los suyos, analízalos. Piensa en que su vida, su experiencia, y su análisis depende de su trayectoria vital y la tuya igual. No juzgues, escucha e intenta entender.

No dudes en matizar o cambiar de opinión. En eso consiste crecer.