¿Cómo es tu imagen de ti mismo?

visualizarte

 

He de confesar que hasta hace unos años todos mis retos pasaban por construir una férrea fuerza de voluntad sobre la que descansaban horas y horas de esfuerzo que también he de reconocer, tenían su recompensa.

Sin embargo desde que mi curiosidad por el desarrollo personal comenzó a crecer, empecé a investigar y a relacionar conceptos, añadiéndole a la práctica, información y refuerzo científico para mejorar mi estrategia, entonces empecé a utilizar la autoimagen o la visualización, menos esfuerzo, mejor resultado.

A partir de entonces entendí que la imaginación bien utilizada es una herramienta poderosa para impulsar objetivos y retos  y no sólo una máquina de magnificar malos augurios y acrecentar  miedos.

Dedicar al menos 30 segundos cada día a visualizar quien quieres ser, produce un increíble entusiasmo y una decidida disposición a poner todo de tu parte para conseguirlo.

Esta visión tiene que estar llena de detalles y se rememorada continuamente para hacerla cada día más potente. Debiendo superar a todos esos mensajes negativos que nos decimos a nosotros mismos a diario, sin cuestionarnos.

Muchos deportistas lo hacen para visualizarse en sus encuentros y  partidos, en los que fijan los detalles en su imagen física, recordándose con la  ropa exacta, en el campo que se va a celebrar, dando los golpes o tiros que van a ejecutar, con cuanto más detalle mejor.

Un simple pensamiento, cualquier día, ya te auguro que no servirá para mucho. Seguro que si lo asemejas a que sueñes despierto, te es más fácil hacerlo y recordarlo.

Ya claro me puedes decir que después si no lo consigues el golpe es más duro, pero está demostrado por neurocientíficos( puedes ver el video al final del post) que ser optimista en nuestras expectativas, lejos de perjudicarnos, nos ayuda a ser más felices que en el caso contrario y  que a pesar de que somos conscientes de que podrían no llevarse a cabo, el efecto en nuestro ánimo y en nuestra vida es el mismo que si fueran realidad. Imaginad el poder de los pensamientos.

En lugar de dejar salir automáticamente todas esas imágenes y pensamientos negativos, nada potenciadores, podemos comenzar nuestro entrenamiento de autoimagen para conseguir el efecto contrario.

Por ejemplo si tienes que hacer una presentación piensa en dónde va a ser, cómo te vas a mover, a  hablar,  cuál va ser tu imagen, y visualízate teniendo éxito, sintiéndote orgulloso de tu presentación. Esto es un pequeño detalle para un evento pero lo puedes hacer para todos los ámbitos de tu vida.

Es esencial que tú mismo te veas capaz de llegar donde tú quieres, porque esa fortaleza que se construye desde el interior, será la que te acerque más a tu objetivo, si te acostumbras a verte en esa situación, lógicamente te será más fácil creer en ti mismo para llevarlo a cabo.

Tú actúas como la persona que crees que eres, sino entrenas una visión entusiasta, no serás capaz de motivarte y quitarte de encima tus limitaciones. Y con esta sencilla práctica de manera regular podrás ir avanzando cada día un poco más hacia tu meta.

 

Maneja tu propia imagen o seguramente será algo externo lo que te maneje a ti.

http://www.ted.com/talks/tali_sharot_the_optimism_bias?utm_campaign=&utm_medium=on.ted.com-facebook-share&utm_content=awesm-publisher&utm_source=facebook.com&awesm=on.ted.com_tyiw

¿Rendimiento o potencial?

future

 

Cuando nuestro trabajo pasa de desempeñar tareas a liderar equipos, el cambio de entorno y de habilidades necesarias cambia demasiado para llevarse a cabo sin ayuda o una profunda reflexión sobre las personas.

De unas simples cifras que admiten sin quejarse todo tipo de formatos, colores y encajes para representar la marcha de la compañía, nuestro foco debe desconectar el zoom para que a estos números se añadan todas las personas que están inmersas en ese proyecto y  quepan en la escena que debemos liderar.

En el caso de las personas, hablamos de mentes totalmente diferentes que se unen con su variedad y sus matices para enriquecer el trabajo. Esto implica que nuestro esfuerzo ya no va dirigido a nuestras habilidades y su demostración en exclusiva, sino que potenciar las de los demás y hacer que trabajen para el resto es un gran y nuevo reto.

Intentar que todos se ciñan a tu forma de trabajar y a tu ritmo puede parecer efectivo al principio pero a lo largo del tiempo te darás cuenta que esa estrategia te ha servido para dejarte muchas personas en el camino que por miedo a no encajar, callan sus debilidades escondiéndose en una postura a la defensiva.

En el momento en el que tomas los mandos de un equipo puedes tomar esa decisión y ser lo que comúnmente todos conocemos como “un jefe” aunque ese modelo no lo situemos entre nuestro preferidos o puedes pensar cómo sacar el máximo potencial de tu equipo para que todos y cada uno de ellos se sientan útiles e integrados.

Prestando atención a las personas que trabajan contigo, conociéndolas al máximo e interesándote por ellas en todas sus facetas, podrás observar y reconocer qué cuestiones motivan y alientan a esa persona y cómo puede poco a poco  conseguir dar lo mejor de sí misma.

La mayoría de nosotros tenemos bloqueos antiguos que nos impiden mostrar muchas de nuestras habilidades y precisamente estableciendo espacios de confianza para poder asumir libremente las carencias que vayan surgiendo y poder pedir ayuda sin temer juicios o represalias, será un buen caldo de cultivo para crecer.

Para ser un verdadero líder una de las cuestiones que a mi juicio son básicas es la de creer que todas las personas tienen un potencial escondido que sólo necesita consciencia y responsabilidad para que salga a la luz. Siempre es más fácil que florezca con riego y fertilizantes que con críticas y juicios. Si tienes a tu equipo etiquetado en cajas de rendimiento, ¿qué oportunidad tienen de salir de ellas?

No estoy hablando de que parezca, sino de que sepas, que todas las personas en situaciones de peligro son capaces de cosas extraordinarias, que en su trabajo diario en el que sufren estrés y presión, están funcionando a un 40% de su potencial, lo bien que hacen otras cosas fuera de su lugar de trabajo y lo orgullosas que están de ellas. Ten por seguro que también  lo pueden hacer en sus lugares de trabajo si se da el entorno proclive. Piensa en ti.

Con un jefe al uso, cada persona intentará no salir de su zona de confort, desarrollar cada vez mejor la tarea para la que está contratada, sin crear, sin innovar, sin construir. Sin embargo dedicando tiempo y energía a construir tu equipo, todo ese tiempo empleado será un avance para cualquier proyecto futuro. Incluso si el equipo cambia de integrantes siempre quedará esa impronta de la que todo el mundo está orgulloso y es lo primero que transmitimos al exterior.

Que tu líder, crea en ti, te lo demuestre, te haga sentirte importante, que tus ideas cuentan, que eres alguien en el equipo, que prefiere que pienses a que sigas sus órdenes, tiene un decisivo reflejo en tu productividad y en tu rendimiento.

De acuerdo que el cambio requiere una inversión de energía y  tiempo, pero un alto porcentaje está en tu mano, sólo piensa ¿qué quieres ser un jefe o un líder?   

Crecer en la adversidad

crecer

 

En una cultura en la que sólo gustamos de hablar de éxitos, los fracasos nos colocan en una difícil situación en la que sólo nos producen  pensamientos de culpa o vergüenza y nos arrojan en manos  de las más molestas emociones.

Sin embargo si conseguimos distanciarnos un poco de los hechos y reflexionar sobre ello, son tantas las cuestiones que no controlamos de todas las acciones que llevamos a cabo durante el día, que lo normal es que no consigamos en muchas de ellas los objetivos planeados o que los resultados no sean los esperados debido a unas expectativas demasiado ambiciosas que no contaban con acontecimientos de última hora.

En lugar de analizar estos hechos para extraer aprendizajes, los convertimos en escenas y recuerdos de tanto dolor que preferimos esconderlos en algún lugar de nuestra mente para sólo volver sobre ellos para castigar nuestra autoestima.

Además, tenemos tan malos hábitos que si desenterramos algunos de ellos y pretendemos extraer alguna lección positiva que podamos aplicar para avanzar, nos fustigamos con que sólo estamos intentando engañarnos para no reconocer lo obvio, que fallamos.

Imagínese tener un amigo o un compañero de trabajo, o un jefe que le hiciese eso a menudo, sólo poner de relevancia lo que no has hecho bien, para hacerte dudar de tus competencias y  habilidades. Seguro que no  sería de tus favoritos.

Si sólo conformamos nuestra personalidad a base de crecer entre lo que consideramos éxitos estamos dejando gran parte de nuestros aprendizajes en el camino y desaprovechamos muchas de esa energía que empleamos en llevar a cabo los proyectos, olvidando las enseñanzas del proceso, reduciéndolas al resultado y sólo en caso de que sea positivo, almacenándolo y utilizándolo.

Si creamos un entorno en el que la crítica y los juicios de valor se minimicen hasta eliminarlos, estaremos poniendo las bases necesarias para cultivar un aprendizaje mucho más rico y en el todo sirva para crecer. Esto también proporcionará un espacio en el que todos se sientan más seguros para proponer y arriesgar

Piensa en algunas de tus experiencias negativas como jefe o responsable de un proyecto o actividad. Reflexiona en profundidad sobre esas experiencias.

¿Qué  es lo que puedes aprender sobre ti mismo de esas experiencias?

Escribe al menos dos de las lecciones aprendidas

Ahora piensa en  alguna de tus experiencias positivas como jefe o responsable de proyecto o tarea. Reflexiona sobre esas experiencias.

¿Qué es lo que puedes aprender sobre ti mismo de esas experiencias?

Escribe al menos dos de las lecciones aprendidas.

¿No crees que serás mejor líder cuando utilices todas tus experiencias en tu favor?

¿Qué vas a hacer a partir de ahora para crecer con todo lo que te ocurre?

¿Saben de qué les voy a hablar?

predicador

 

¿Saben de qué les voy a hablar?

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabía que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo:

-No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice «¡qué inteligente!», para no sentirse un idiota uno repite: «¡si, claro, qué inteligente!». Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.
-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero… qué breve.

Y otro agrego:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido.Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho «¡brillante!», el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero… mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.

Se levantó y se fue.

 

Este genial cuento de la tradición sufí me sirve como ejemplo para trasladar los planos de la comunicación a los que hace referencia Paul Watzlawick cuando ejemplifica como manipular o ser manipulados puede amargarnos la existencia.

Watzlawick se refiere a que en las frases que producen este efecto existen dos planos el objetivo (el objeto de la acción) y el plano de relación ( el que se refiere a la acción con alguien).

Si volvéis a leer el cuento seguro que encontráis la frase en la que se produce esta manipulación  y que establece la trampa del mecanismo de las alternativas que estos dos planos producen. Con cada alternativa por separado, no tenemos ningún problema al rechazarlas o aceptarlas, eso sí, individualmente, pero el hecho de tener que hacerlo juntas, en la misma frase, complica mucho las relaciones.

Si tienes ya tu frase identificada, bien. A partir de aquí te traslado mi reflexión y lo que yo detecté.

Para mí la frase que encierra esta cuestión es:

“Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo”·

Cualquiera de nosotros podría admitir en el plano objetivo tanto que “fue sin saber porqué” como  “que está preparado o no para escucharlo”. Lo que acaba por manipular la situación es hacerle creer que ir allí sin saber la razón significa que no está preparado, algo inespecífico y a la vez molesto,con tal tinte de sobrentender su ignorancia que hay personas que antes de admitirlo y sentirse así, prefieren complicarse la vida y hacer lo imposible para evitarlo.

Aunque este interesante texto  también proporciona base para otras muchas reflexiones, sobre el espíritu crítico, el seguidismo, etc quiero plantearos otra dimensión personal, la de amargarte: ¿qué ocurre con este tipo de cuestiones? Que en ambos casos si les dejas te amargan la vida, puesto que si admites que no sabes, podrías ser el único ignorante, sintiéndote mal  y si sigues al grupo o mientes para protegerte, a este malestar deberás añadirle el proporcionado por la falta de honestidad para admitirlo. Esto se complica en las sucesivas reuniones.

Este aviso es para los aspirantes a vida desdichada que todavía se cuestionen tomar otro camino. Todas estas técnicas que usamos y usan con nosotros, si no somos conscientes, nos empujarán a ello.

Estate al loro ¡Qué no te amarguen la vida! ¡Buen fin de semana!

Feedforward

avanzar

Qué ocurre cuando le dices a alguien a tu alrededor que quieres cambiar algo de tu personalidad o que quieres mejorar algún comportamiento determinado. Si tienes a tu alrededor personas que creen y valoran el cambio y saben que se puede producir, lo mínimo será darte la enhorabuena por ser valiente y ponerte manos a la obra en un proceso que, a pesar de tener altibajos y recaídas, te ayudarán sobre manera con tu nuevo yo.

Sin embargo la mayoría de los mortales en lugar de animarte y ver en ello motivo de orgullo, aprovecharán la entradilla como una autocrítica y comenzarán a elaborar argumentos a favor de la necesidad de tu cambio aportando infinidad de hechos del pasado que van poco a poco construyendo el grillete que se ajustará a tu pierna como recuerdo de los «debes» de ese tú.

 

No hay manera de que las personas pongan un poco de distancia en las críticas y vean la parte positiva del hecho y de cómo incluso el cambio les va a repercutir positivamente en su interrelación contigo. ¿Estamos acaso únicamente  programados para lo negativo?

Atisbando estos casos y habiendo tenido experiencias previas, asumir y reconocer públicamente cualquier cuestión a mejorar es, para algunos que no se atreven a hacerlo, licencia para criticar a cualquiera que haya tenido ese valor.

Si  este compromiso de cambio no lo adviertes a tu alrededor y te ayudas de los que te rodean para hacerlo, las personas absortas en sus cosas, no prestarán atención a los pequeños cambios que se van produciendo, cuando les preguntes te dirán que no han visto nada nuevo y el efecto de tu esfuerzo quedará diluido y por lo tanto no tendrá el efecto motivador que requiere adquirir otro hábito.

De ahí que el feedback sea una cuestión tan temida y odiada por muchos, abrir con nuestra autorización nuestra caja de los truenos impactando en nuestras inseguridades y dejándonos knockeados, no parece una buena idea.

Sin embargo  hoy os propongo otra estrategia para que sea más fácil ayudar a mejorar antes que se comience con  lo de siempre, probar que alguien ha hecho algo mal  durante tiempo. Marshall Goldsmith lo denomina “Feedforward” y hay que reconocer que ya el cambio en la palabra, psicológicamente anima, cambiando la dirección de lo que alimenta, e impulsándonos a seguir hacia adelante.

La estrategia se compone de cuatro pasos:

1) Elegir un comportamiento que creamos que va a significar un gran cambio en  nuestra vida, como por ejemplo: escuchar mejor.

2) Contarle ese objetivo a todo el mundo que conoces: familiares, compañeros, amigos, desconocidos, cualquiera con el que puedas establecer una mínima conversación.  La idea de preguntar a desconocidos parece absurda o loca pero son quienes nos pueden dar ideas mejores,  menos “interesadas”.

3) Pídele a esa persona que te dé dos sugerencias para conseguir tu objetivo, que te ayuden a conseguir ese cambio tan positivo. Sólo existe una regla, para los conocidos, no se puede mencionar el pasado. Todo se referirá al futuro.

Por ejemplo con nuestro ejemplo dirías: “Quiero saber escuchar  mejor. Me puedes dar dos ideas que pueda llevar a cabo en el futuro para poder hacerlo mejor”

Las dos ideas serán tu Feedforward: que podrían ser, «no interrumpir a quien está hablando», «no tomarse lo que dicen personal».

La idea es que no muestres ninguna emoción con los resultados. Di sólo gracias y no entables conversaciones que podrían derivar en un desmotivador feedback o una vuelta al pasado desalentadora. Ser franco muchas personas lo confunden con hacerte un resumen de tu peor versión. El pasado proporciona hechos pero no ideas potenciadoras.

No te limites, haz una larga lista y ordénala para comenzar tu cambio cuanto antes. Tienes por donde empezar y qué entrenar.

Good job!!

foto:con-sentido

Lo que nadie se atreve a decirte

jefe

 

Querido, CEO, Director, Presidente,

te has planteado alguna vez qué es lo que hace que las personas dejen tu empresa, tu equipo no rinda o te ignore e incluso no te soporten y estén deseando cualquier oferta o que el panorama económico mejore para volar.

Seguro que en muchas ocasiones has pensado que “que piensen así es algo que los jefes llevan en el sueldo y lo debes asumir, sin más”, que es una cosa típica, o que con el ambientazo que hay, las personas están deprimidas, desmotivadas y  que son ellas las que tienen un problema o deben cambiar y centrarse.

Has pensado en lo que cuesta a tu empresa esa  tasa de reposición o esa falta de productividad, de innovación o de creatividad, que tú te tomas como normal, a la ligera, la formación, el reciclaje, un  nuevo proceso de selección.

Si tras analizar estos puntos de tu compañía todavía te sigues preguntado ¿qué está pasando? o ¿qué se está haciendo mal? quizá  sea el mejor momento para participar en un proceso de coaching y ampliar tu perspectiva, conectar con nuevas formas de proceder y reflexionar sobre otras posibilidades.

A lo mejor llevas tantos años haciendo lo mismo o cerca de los mismos que has acabado mimetizándote con  aquellos que a los que habías prometido, nunca  querrías parecerte, los que aplican la ley del mínimo esfuerzo en cuanto a las personas y la de  trabajos forzados en cuanto a los proyectos.

Que el coaching se aplique a otros mandos, como los managers que pasan de proyectos a dirigir personas, será de una gran ayuda, con estas sesiones conseguirán ver que todo es más fácil de lo que parece con otras herramientas  y podrán comenzar siendo líderes en sus equipos.

 Lo que ya no está tan claro es cómo conjugará esto conque tendrán por encima a personas que no recuerdan  en qué consiste el cambio, que ya no son conscientes de la importancia de valorar nuevos comportamientos y de la necesaria y  posterior, gran recompensa de este esfuerzo.

Con el tiempo se adquieren algunos hábitos que empeoran el ambiente sin casi percibirlos: valoras más tu tiempo que el tu equipo y lo demuestras por ejemplo, con las reuniones cuando tú quieres y de la duración que tú decides, estás más pendiente de tu carrera que de los que te rodean, quieres que todo el mundo deje lo que está haciendo para atenderte, aunque tú no lo haces, no elogias lo que hacen bien, no les escuchas, ni compartes información y contagias tu estrés con tu lenguaje corporal y verbal, haciendo el entorno irrespirable.

Tras un proceso de coaching serás más consciente y responsable de tus hábitos y acabarás automatizando otros más útiles. Demostrarás el interés en quienes trabajan contigo y éstos se empeñarán en la reciprocidad, en ser útiles en sus tareas y en merecer el elogio por parte de  quienes admiran y son su ejemplo y  espejo en que se miran. Debes recuperar  esas ganas de crecer personalmente que te han llevado a tu actual puesto de dirección y que seguro te impulsarán más lejos.

Si no tienes esto en cuenta porque la presión de los números en los balances te puede, acabarás desenfocando tu energía y  conseguirás que muchos de ellos acaben decepcionados,  que vean y sientan que los valores que defiende la compañía no son los que aplica y que seguramente fuera de ahí tendrán un futuro más acorde con sus principios.

La mayor parte de los que dejan su puesto de trabajo o bajan su rendimiento considerablemente se sienten incomprendidos, solos y faltos de motivación, ya incluso el dinero empieza a no ser una prioridad ante tanto hastío. No podemos permitirnos derrochar o exportar talento a otras compañías teniendo herramientas infalibles a nuestro alcance.

Si has probado todo con tu equipo y no funciona, empieza a probarlo todo contigo. Prueba con el coaching.

Foto: spanishpmo

¿Cuánto vales?

valor

 

Poder estar cerca de las personas cuando más lo necesitan, en el cambio y poder disfrutar de él, es uno  de los propósitos que hacen que mi dedicación al coaching sea de lo más gratificante.

Cuando empecé sentí que debía devolver a la sociedad parte de lo que me estaba dando al permitirme vivir y disfrutar de esta gran pasión, entonces comencé el programa “From Me to We” con el que consigo que las personas que no tienen ahora mismo un trabajo remunerado, hagan frente a todo los fantasmas que conviven con ellos desde hace poco.

Es difícil acostumbrarse a ser diferente de los demás y a no estar sometido a las mismas fuerzas de presión que hemos heredado por inercia. Levantarse por la mañana de un lunes cualquiera, como hoy y no tener la obligación de quejarse del día y sin dilaciones encaminarte a un trabajo que nos puede gustar o no,  nos hace sentirnos… diferentes.

En lugar de aprovechar esa situación y pensar en la maravillosa oportunidad que nos da la vida para reflexionar sobre si adonde hemos dirigido nuestros pasos, nos hace felices o no, entendemos que esa sensación es negativa y comenzamos una espiral de pensamientos que nos harán sentirnos cada vez peor y producirán un efecto devastador en nuestra autoestima.

Es cierto que para muchos es una sensación extraña,  la vulnerabilidad, esa extraña debilidad,seguramente es la primera vez que la sientes, pero no la puedes magnificar hasta hacerte creer que esa va a ser una constante en tu vida y no unos meses de todos esos años que llevas disfrutando de este maravilloso viaje.

Muchos de nosotros comprobamos en ese periodo de reflexión que si lo piensas, se reduce a un cambio en la relación con el dinero, puesto que a muchos de nosotros si nos preguntasen a qué nos dedicaríamos si de repente fuésemos millonarios, es cierto que muchos seguiríamos  trabajando pero ¿acaso todos dónde estamos?

Si se continúa indagando la preocupación en muchos casos no es por no tener dinero,  para comer, beber o guarecernos sino para conseguir toda esa ingente cantidad de cosas que hasta ahora habíamos podido obtener a base de esfuerzo personal y que ya  nos demostraron que no compran la felicidad. Aún así seguimos avergonzándonos de no poder conseguir más “artículos de lujo” a nuestras familias.

Esto puede que derive,  no ya en que “tanto tienes tanto vales” sino en que nos valoramos en la medida en que conseguimos dinero. Es triste cómo somos capaces de sentirnos humillados, avergonzados  y ofendidos por esto y no por las miles de injusticias que no trabajamos por erradicar. No he conocido todavía a nadie que, preocupado principalmente por él mismo, sea feliz, tampoco a nadie que lo esté por lo que dicen o piensan de él, los demás.

Desde ese momento en que no  somos población empleada con remuneración ajena, ¿no creemos ser nadie? Habrá algo más absurdo. Dejamos de lado las funciones más fundamentales de la vida, divertirnos, querernos, ayudarnos, animarnos… todas esas cuestiones que sí son fundamentales y que tan a menudo cacareamos que no se pueden comprar y sin embargo sin dinero no somos capaces de sacarlas a relucir. ¿Es nuestro combustible el dinero?

Que no te contraten en la primera compañía a la que vas o tampoco en la 50, no quiere decir que no seas un Ser Humano extraordinario, maravilloso y con infinitas cualidades, significa que no has dado con quien busca alguien como tú o que quizá en tu desánimo no hayas sido capaz de entusiasmar o mostrar tu mejor cara esa vez.

Darte por vencido será reconocer que te ha ganado el dinero y que vales lo que tienes o lo que ingresas. Que tu seguridad no está dentro de ti sino fuera.  Que te has rendido con tus propios pensamientos, sin que estos te dejen atisbar las miles de oportunidades que hay por el mundo para ser feliz y sin dejarte disfrutar de todo eso que tienes tan cerca que te permites el lujo de dar por hecho.

La próxima vez que vayas a lamentarte de estar “sin empleo” pregúntate  ¿por qué eres feliz? Y continúa tu camino.

Anuncio Summer coaching process

¿Dónde buscas?

buda

 

La reflexión que os propongo para acabar la semana, blogueramente hablando J, tiene como base un cuento budista que explica de manera muy práctica lo que implica el proceso coaching y  seguro estimulará vuestra imaginación, creatividad y la confianza en vosotros mimos.

Al mismo tiempo, os dará una pista sobre cómo usar vuestra inteligencia para buscar las respuestas, donde están y no dónde no están, incluso cuando el lugar te parezca muy oscuro.

“Una tarde la gente vio a Rabiya buscando algo en la calle frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana,

 _ ¿Qué pasa?-le preguntaron-¿qué estás buscando?
―Perdí
mi aguja, dijo ella. Y todos la ayudaron a buscarla. Pero alguien le preguntó: ―Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá más luz. Una aguja es algo muy pequeño ¿porqué no nos dices exactamente dónde se te cayó?.

 ―Dentro de mi casa, dijo Rabiya.
― ¿Te has vuelto loca?-preguntó la gente-
Si la aguja se te ha caído dentro de tu casa, ¿porqué la buscas aquí fuera? ―Porque aquí hay luz, dentro de la casa no hay.
―Pero aú
n habiendo luz, ¿cómo podremos encontrar la aguja aquí si no es aquí donde la has perdido? Lo correcto sería llevar una lámpara a la casa y buscar allí la aguja.
Y Rabiya se rió.

 ―Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas ¿cuándo vais a utilizar esta inteligencia para vuestra vida interior?

 Os he visto a todos buscando afuera y yo sé perfectamente bien, lo sé por mi propia experiencia que lo que buscáis está perdido dentro. Usad vuestra inteligencia ¿por qué buscáis la felicidad en el mundo externo? ¿Acaso lo habéis perdido allí?.

Se quedaron sin palabras y Rabiya desapareció dentro de su casa.

 

¿En qué pones tu felicidad?, ¿a cuál o cuáles condiciones la vinculas?

Quizá tener más cosas materiales: dinero,  coches, casa, ropa, un mejor trabajo, más vida social, más actividades, tener mejor aspecto físico, pesar menos, estar más en forma, comer mejor…

Crees que cuando las consigas, ¿serás más feliz? Piensa si en algún momento pasado la vinculaste a algo y funcionó cuando lo conseguiste, durante cuánto tiempo.

 

Quizá pones tu felicidad en alguien, en tu pareja, en tu jefe, tu padre, madre, hermano, amigo, en satisfacer lo que ellos quieren de ti o mejor aún en lo que crees que ellos esperan de ti.

 

O incluso en conseguir objetivos que incluso controlas menos, como en que las personas cambien porque sí, sin desearlo y se amolden a ti,  que sean como tú quieres y en muchas ocasiones dejen de recordarte con sus comportamientos lo que menos te gusta de ti.

 

¿Qué ocurre si sólo buscas fuera de ti, aunque a priori parezca más fácil?, ¿de qué o de quién haces depender tu felicidad?

¿Qué te impide mirarte, observarte y buscar el cambio desde dentro?

Recuerda que siempre es mejor buscar dentro de ti.

¡Buen fin de semana!

¿Cuentas cuentos?

cuentos

 

A veces no prestamos mucha atención  a cómo interiorizamos las experiencias que vivimos, las generalizaciones, comparaciones, distorsiones y eliminaciones que hacemos. Incluso pocas veces somos conscientes de dónde y cómo ponemos nuestro foco en los diferentes aspectos de los hechos que nos ocurren.

Vivir con el piloto automático en modo operativo tiene estas consecuencias, cuando vamos a recuperar muchas de estas experiencias en forma de historias no conseguimos que sea un relato evocador que nos impulse, sino que consigue arrastrarnos por el  inútil fango de la vergüenza, la pena, la culpa o la melancolía.

Que nuestra memoria  registra y guarda los hechos de forma que no se ciñe a la “realidad” de lo ocurrido o de lo vivido en ese momento, parece ser ya un denominador común de la comunidad científica pero si entendemos cómo las emociones que sentimos imprimen cambios en los recuerdos, podemos ser conscientes de la importancia que nuestras historias y cómo las contamos tendrá en nuestra vida.

La búsqueda de lo mejor de las personas y del mundo en el que llevamos a cabo nuestra existencia nos puede dar una pista de cómo podemos acercarnos a relatos que nos hagan seguir hacia delante perseverando o que por el contrario, sean el lastre que miramos con  desesperación a diario. De nosotros depende.

Si en lugar de desenvolver nuestra historia cotidiana en ambientes de crítica, negación y espirales negativas, si  en lugar de castigarnos a diario con las cuatro cosas de siempre que hemos magnificado hasta hacerlas señas de identidad que nos desaniman permanentemente, conseguimos articular historias de descubrimiento, logros, virtudes y fortalezas, con las que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos, de nuestra familia, de nuestra organización. Lo habremos logrado.

Y no sólo eso, además de conseguir este efecto interior, cuando hablemos con otras personas haremos el mismo resumen negativo, imprimiendo en los demás el mismo sentimiento, con lo cual a duras penas alguien se sentirá encantado de pertenecer a tu familia, de ser tu amigo o de trabajar en tu organización.

Piensa en la energía de la que puedes impregnar tu vida y las de los que están a tu alrededor si consigues que tu historia personal y la de tu organización sea potenciadora, brinda un núcleo positivo del que partir y moviliza cambios positivos  en todos.

El arte de apreciar lo que tienes es una estrategia reservada a quienes quieren ser felices, extrayendo lo mejor de nuestras vidas y experiencias  “Valorar lo mejor de lo que es”.

Muchas personas cuando les hablo de esto, piensan lo  primero que es mentirse,  pero acaso no es mentirse decir que has tenido un día aciago cuando lo único que se te estropeó fue el móvil o perdiste el tren.  Qué es lo que nos hace pensar que sólo lo negativo es digno de relevancia y lo únicamente cierto. ¿Nuestro hábito de compartir tristezas y no alegrías?

Hazte un favor y pregúntate esto acercar de ti, de tu organización o   de tu familia y construye una nueva historia que inspire. Demuéstrate que eres un ser extraordinario.

  • Piensa en un momento, en una experiencia, en tu  (casa, empresa) en la que te sintieses, vieses, comprometido y vivo. ¿qué hizo que la experiencia fuese increíble? ¿qué ocurrió?
  • ¿Qué valoras más en ti, en tu trabajo, en tu organización?
  • ¿Cuáles son vuestras mejores prácticas ?
  • ¿ Qué necesitas para creer en ti, en tu familia, en tu organización?

Empieza a escribir tu historia real. Déjate de cuentos.

Foto:elsemanario

 

«Todo o nada»

todo o nada

 

En un concurso, en eso es en lo primero que pienso cuando leo este enunciado: «Todo o nada», y si no, ¿cuántas veces al apostar o jugar hemos dicho cosas así? ¿doble o nada, todo o nada?,o cara a elegir verlo todo, ¿o blanco o negro? ¿”no me gustan las medias tintas”?, o cuando te preparas para hacer algo, ¿“o lo hago o no lo hago”?, ¿”o lo termino o no empiezo”? ¿ “o es diario o no es nada”?, ¿”o lo hago bien o no lo hago”?

Además de conformar todas ellas, elecciones reduccionistas, cuyo resultado sólo puede ser negativo o positivo, este tipo de cuestiones, que en principio parecen simplificarnos la vida, trasladadas a nuestra personalidad como un modelo de elección a seguir, pueden plantearnos ciertas distorsiones, por ejemplo boicoteando nuestra autodisciplina. Casi siempre quien apuesta «todo o nada» termina con nada.

Si decides por ejemplo empezar a correr, el primer día te planteas que, qué menos que correr media hora, se dice pronto verdad, hacerlo es otra cuestión. Sin embargo tomamos la decisión por la mañana y por la tarde ya estamos enfundados en nuestras zapatillas para correr hasta alcanzar unos 4 ó 5 kilómetros por lo menos. Da igual si llevamos años sin hacer deporte o acaso nunca lo hemos hecho, ese objetivo está señalado en nuestra agenda y le imprimimos nuestra “voluntad de hierro”.

El desarrollo de la acción puede ser variable pero desde no poder ni respirar en el minuto cinco, hasta esperar que venga un autobús o algún familiar a recogernos, pararnos y volver andando, lesionarnos, no poder movernos por las agujetas  y en cualquier caso admitir la dureza del “running” y lo inapropiado de esa actividad para ti, puede ser  todo uno y dejarlo. Seguro que al día siguiente, o a los pocos días, son una minoría, los que vuelven a llevar a cabo el mismo proceso y la mayor parte dejan de insisitir. Deambulando una vez más entre “todo o nada”

Otro ejemplo sencillo son las dietas de adelgazamiento, en las que, lejos de hacer un análisis reposado entre ingresos y gastos e ir haciendo poco a poco las modificaciones oportunas, basamos nuestra elección entre unos días de  pechuga a la más estricta plancha con una lechuga plastificada por el vinagre, seguidos de otros en los que se comienza con una gran hamburguesa, seguida de un pizza y coronada por un delicioso helado. Argumentando más tarde que para nosotros “es muy difícil adelgazar”.

Podéis pensar en numerosos ejemplos de lo mismo, escribir un blog, hacer una tarea, aprender un idioma. O lo hacemos todos los días de la semana hasta hartarnos y lo hacemos todo lo bien que consideramos debemos hacerlo o lo dejamos dormir en algún cajón.

En todos esos casos, para quienes fracasan en cuestiones de autodisciplina, no ser consciente de tener una personalidad “todo o nada” hace que a pesar de que el objetivo final requiera de una meditada decisión y de un cuidado proceso, por el gran objetivo propuesto, nos lancemos a la piscina sin preparación y consigamos sentirnos derrotados y nos rindamos en el minuto dos de la ejecución.

Poner el énfasis en las fases de preparación que requiere empezar con la acción para acometer tamaño objetivo, es el secreto. Por lo que es mejor pasar algunas semanas, pensando en cómo va a ser el cambio y visualizandote en tu nueva  actividad, antes de ponerte manos a la obra para que, precisamente sea esa imagen la que te resulte tan atractiva que venza las leyes de la inercia que te impiden cambiar.

Cuantos más detalles tenga tu imagen y más sentidos estén implicados en la visualización, mejor puesto que te será más fácil poder rememorarlo varias veces al día, hasta que sientas el deseo irrefrenable de llevarlo a cabo.

Una vez sientas ese deseo podrás empezar la siguiente fase, la acción, para ello no podrás pensar que el resultado que debes esperar inmediato es el final, sino que te deberás plantearte miniobjetivos, que  conseguirlos, te lleven a una satisfacción y recompensa potenciadora diaria. Cada día uno más.

Sólo conseguir correr de los treinta  minutos previstos, cinco y andar los demás, aumentándolo en un minuto por semana por ejemplo te hará siempre estar un paso más cerca de tu objetivo, no sentirte que te debates entre ganador y perdedor, puesto que cada día podrás tachar tu miniobjetivo conseguido, lo mismo ocurre en el otro caso al  ingerir un poco menos de comida al día.

Todos los días te dormirás con la seguridad y la satisfacción de haber conseguido una victoria sobre tu disciplina y cuando menos te lo esperes habrás interiorizado ese hábito, de forma que te beneficiarás de él automáticamente.

De otro modo, siempre podrás decir que “lo has intentado todo” pero ya sabes la genial frase del maestro Yoda, “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

¿Quiere eso decir hacerlo todo o no hacer nada?

¡Tú decides!

foto: eltrecetv

¿Generas confianza?

confianza

 

 

Si eres de los que vas al trabajo o estás en casa, armado imaginariamente hasta los dientes, pensando mal para acertar y constantemente a la defensiva, supongo que ya habrás  comprobado que este nivel de estrés no lo podrás soportar mucho tiempo sin que repercuta en tu salud y en tu rendimiento.

Si piensas por un momento en qué ha podido ocurrir en ti para que llegues a ese extremo, piensa en cuándo es la última vez que recuerdas, te sentiste lo suficientemente relajado para poder crear, inspirar y ser productivo.

Seguro que en esa situación te sentías confiado, pero qué ha ocurrido hasta ahora para que ese estrés reduzca al mínimo todas tus capacidades. Si lo  piensas detenidamente acabarás cayendo en que tu falta de cooperación y tu aislamiento de los demás han acabado pasándote factura.

Generar en tu casa o en tu trabajo un espacio de confianza que no sea un sumidero de energía para nadie, es una cuestión vital si quieres conseguir un  buen ambiente y mejorar la productividad.

 Producirá numerosos efectos, en primer lugar evitar que alguien no proponga algo por  miedo a ser objeto de burla o de  represalias, lo que hace que eliminemos muchas de las propuestas que podrían llevarnos a innovar o a mejorar procesos.

Además  ceñirse al precedente o  a lo que siempre se hace, ya no será una norma infranqueable de seguridad que evite nuevos procederes.

Poder decir que no se sabe algo o que se requiere formación o mentoring en algún aspecto minimizará el tiempo de reacción y evitará que se quemen muchas de las personas que trabajan con nosotros.

Saber que existe una confianza recíproca basada en un fin y un  propósito de desarrollo compartido también  supondrá  que el equipo confiará más en sus posibilidades y verá muchas más oportunidades en su quehacer diario, proporcionado por esa seguridad.

Llegar a entender muchos de los “para qués” por parte de las personas que tienen que llevar tareas a cabo y confiar en quienes se las encomiendan, hacen del trabajo una labor más comprometida  y menos tediosa, además de conseguir que las personas sean más responsable.

Si no somos capaces de confiar en quienes tenemos cerca y trabajar conjuntamente con ellos, da igual lo inteligente que seamos, no podremos con todo y nos desesperaremos viéndonos solos, incomprendidos y aislados.

Es nuestra habilidad para que todos cooperen la que hace que las cosas acaben hechas con los mejores resultados y el mayor ahorro de energía posible. Hacerlo en solitario, no sé si será gratificante para alguien en el efímero momento en el que obtiene el crédito por el trabajo, pero el efecto de desánimo y la  falta de confianza que trasladará, acabará minando el equipo.

Incluso este modo de operar produce otro efecto y es que poco a poco las personas irán saliendo de su equipo con cualquier tipo de excusa, algunos  incluso a falta de ver alguna perspectiva, dejarán su organización, sin que consiga saber el porqué.

Una cultura de confianza en la organización es la palanca de apoyo que moverá ésta hacia un desarrollo más empático y cooperativo y generará un  mayor compromiso por parte de las personas que trabajan en ella.

Empiece por pensar en equipo cómo se puede generar ese espacio de confianza, debata si es mejor fuera o dentro de su oficina, si debe ser en una sala especial, si debe ser una reunión específica o incluso un chat grupal, acuerde las normas de uso para que la confidencialidad total fuera de ese espacio se respete por todos y sea una condición imprescindible del pacto.

Apueste por la confianza y verá florecer talento allí donde hasta ahora  era capaz de ver tierra estéril.

No es justo

justicia

 

Dar a cada uno lo que le corresponde o le pertenece ha sido una búsqueda y una lucha presente en mi vida desde que tengo uso de razón. Estoy segura de que mis circunstancias, mi entorno y mi socialización contribuyeron definitivamente a que la justicia estuviese arraigada en mis más profundos valores junto con mi compromiso social.

Esto ha tenido su vertiente positiva y su vertiente menos bondadosa pero a la que he conseguido domar y os cuento cómo.

Mi participación en asociaciones universitarias, en la defensa de la igualdad de oportunidades y en la política durante todos estos años ha estado guiada por defender y mantener este valor. Esto me hacía que ocurriese lo que ocurriese, no flaquease en ningún momento. Esta determinación me ha hecho ser inasequible al desaliento, me ha inspirado para aprender, saber y  conocer de qué manera podía hacer este mundo más justo.

No he escatimado en esfuerzos personales de todo tipo para hacer ver y evitar que las injusticias se cometiesen por doquier o al menos tan cerca de mí. No dude en abandonar cosas, emprender  otras y luchar por ello. Si algo conseguía provocarme, era una injusticia.

Esa energía que me ha ayudado a estar años defendiendo contra viento  y marea posturas en solitario por el hecho de creer que eran justas, tenía su lado menos atractivo, a su vez me convertían en una persona seria, pensativa en exceso y preocupada, que se enfrascaba en cualquier discusión o debate en el que alguien demostrase poner sus intereses antes que el bien común, aprovechándose del sistema.

Era encender una mecha que difícilmente podía apagar hasta que no agotaba a mi interlocutor asaeteándole a preguntas y argumentos hasta dejarle sin fuerzas. La injusticia producía en mí, lo que el pelo en Sansón, una fuerza hercúlea.

Conseguía a base de aciagos resúmenes, eso sí totalmente  verídicos y comprobables inocular esa intranquilidad a todo el que me quería escuchar en mi afán por darlas caza y evitar cuantas más injusticias mejor, sin reparar, ni entender las razones de cada uno para no hacerlo. Algo que sufrieron los míos en primera persona.

Efectivamente era incapaz de salir de esa vorágine por mí misma  y si alrededor veía que las personas se habían rendido y plegado a un sistema injusto se generaba en mí una nueva erupción volcánica, con el consiguiente riesgo de magma para mi mente y mi cuerpo.

Tuve que utilizar mi propia travesía del desierto para poder reflexionar sobre este valor y su influencia en mi vida. Conseguí darme cuenta de que la justicia no depende en un porcentaje tan alto de lo que yo controlo y puedo hacer como creía, que para mi paz interior, para mi libertad, para mi familia tener ese valor haciéndolo depender de mí en tan alto grado conseguiría acabar con mi salud y la de mi entorno, sin conseguir victoria alguna, necesitaba energía para el largo camino que me esperaba.

Ahora es mi salud antes y sin dejar que la justicia no sea un valor imperante en mi vida, busco dentro de mí en qué puedo trabajar o emplear mi energía que sea más útil, menos estéril.

Soy escrupulosa en no cometer injusticias,  apenas juzgo, soy compasiva y trabajo para  ayudar a que las personas que lo deseen, encuentren dentro de ellas la fuerza para ser mejores, para que sean más capaces de enfrentar estas cuestiones   y aunque  todavía sufro algún arrebato accidental,  sigo trabajo desde otra perspectiva más positiva, para  que quienes, no sé si por rendición, abnegación o costumbre, las toleran o las llevan a cabo, vean las bondades de al menos no cometerlas ellos después.

Cometer una injusticia es peor que sufrirla”.  Aristóteles

Sé que con esta táctica tengo la mente mucho más clara para poder afrontar esa cuestión pero sigo pensando  como Willy Brandt que “Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen.”

 

No sé si es justo o no pero nos vemos el lunes 😉

¡Buen fin de semana!

¿Qué combustible usas tú?

combustible

 

 

Quizá  es un símil que ayuda a reflexionar sobre el tema, los combustibles, Cuando «Combustible es cualquier material capaz de liberar energía cuando se oxida de forma violenta con desprendimiento de calor. Supone la liberación de una  energía de su forma potencial  a una forma utilizable sea directamente  o energía mecánica». Además  cuando amplío mi perspectiva y pienso en el bienestar que ha traído a nuestras  sociedades dando vida a multitud de máquinas, cada vez  me  parece más interesante la relación.

En principio tenemos las máquinas apuradas, nuestros cuerpos y nuestros cerebros,si los «alimentamos» correctamente o por lo menos no abusamos mucho de ellos, funcionan bastante bien. Aunque quizá no esté de más que los agradezcamos más a menudo lo que hacen por nosotros.

Los objetivos, los hemos trabajado, los hemos escrito, visualizado, redefinido, dividido en pequeñas tareas y soñado tantas veces que tenemos el destino o por lo menos gran parte del camino  bastante claro.

Y sin embargo nos falta el combustible, nos faltan esos sentimientos que cargados de emociones nos harán pasar a la acción, que es la última parte de la fórmula mágica para producir el efecto de las palabras  y situaciones soñadas, liberar la energía y que sea utilizada.

Entre estos combustibles  podemos resaltar, como hace Jim Rohn, cuatro:

 El hartazgo, cuando ya no puedes más porque no soportas esa situación durante más tiempo, ni la imagen que tienes de ti, o lo que te dices cuando no lo haces, ese “estoy harto” que será un antes y un después.

La decisión, acorralados contra la pared, tras analizar por enésima vez  los pros y contras sabes que en esa encrucijada sólo sufrirás más, y por lo tanto das un paso al frente sabiendo que cualquier decisión es mejor que no tomar ninguna y no ser dueño de tu destino.

El deseo, la imagen, lo que te dices o lo que sabes que ocurrirá es tan intensa y tan atractiva que te hace no claudicar en tu  empeño, haciendo que cada obstáculo que encuentras en el camino lo utilizas como una piedra que te elevará más alto y por lo tanto te llevará más lejos en tu empeño. Bienvenido sea tanto si surge del interior como si es impulsado  por causas exteriores

Y la determinación, lo tienes tan claro que lo quieres hacer y “lo harás”, te prometes a ti mismo que no desistirás jamás y con ese mantra, pase lo que pase, sólo serán resultados de formas diferentes de enfocar lo que encuentres en tu camino.

Repasa estos combustibles y ordénalos por orden de uso, cuál será el mejor para ti, el que te resulta más efectivo y  de cuál o de cuáles te nutres cuando mejor te va.

Después, cuando hayas llenado tu depósito a tope, con el de 2014, tengas el destino en el GPS y hayas pasado la ITV, pregúntate: ¿por qué debo intentarlo?, ¿por qué no?, ¿y por qué yo no? Y finalmente  ¿por qué ahora no?

¡Buen viaje!

Tu jaula

 

jaula

 

En cuántas ocasiones hemos pensado que tomar una decisión acerca de una situación que nos atañe era imprescindible  y no lo hemos hecho.

Hemos preferido ir construyendo con cada pensamiento un barrote de nuestra jaula en la que cada vez era más difícil moverse y nos costaba hasta respirar.

La ansiedad de atisbar un futuro nada halagüeño ha sido la excusa para seguir disfrutando de ese aire irrespirable, de esos pensamientos que iban minando nuestra determinación, nuestra autoestima, nuestro entusiasmo, nuestra ilusión. Despojándonos de todo lo habíamos construido con esfuerzo.

La mente es clave en nuestra actitud, si demoramos mucho estas decisiones, esa actitud no sólo flaquea, si no que nos pone en una situación cada vez más difícil que afecta a nuestro propio ser. Dudamos de nosotros mismos.

Lo que hacemos o tenemos no puede ser una puerta abierta para que cualquier circunstancia haga temblar los cimientos de nuestra propia persona y nos cuestionemos nuestras habilidades y capacidades, de manera que una vez heridos  podamos ser pasto de cualquiera desalentadora opinión.

Todas las personas tenemos aptitudes que desarrolladas con la apropiada actitud hacen que florezcamos en  aquello  a lo que nos dedicamos con la conciencia de tener una misión, valorándose  nuestras aportaciones y dándonos la suficiente confianza para que el estrés, ese gran enemigo de todo lo que fluye entorno al talento, no nos deje navegar en cortisol y nos exponga a infinidad de enfermedades, dejando paso a la serotonina y la dopamina como animadas compañeras de viaje.

Lo que hacemos o tenemos no es lo verdaderamente importante, tampoco lo que los demás piensen sobre nosotros. Lo importante es lo que nosotros mismos pensamos. No hace falta vivir un episodio traumático que nos desespere para resurgir de nuestras cenizas o plantearnos qué es lo importante, de cada momento,  de hoy de ahora y disfrutarlo.

Agradecer constantemente lo que somos y lo que podemos disfrutar a nuestro alrededor sin necesidad de esforzarnos siquiera es una buena receta para alejar los tiempos de tribulaciones en los que todo nos parece navegar en aguas fieras y procelosas, sin la nave adecuada.

Cada minuto que pasa y sigues donde estabas sin tomar una decisión, una mínima acción, que te acerque a tu objetivo o que te aleje de ese foco de malestar, estarás haciendo más y más pequeña tu jaula.

Sólo se necesitan unos segundos de coraje al día, cada día, para levantar un teléfono, escribir un correo, hablar con alguien o hacerte las preguntas que evitas constantemente para no seguir haciéndote el harakiri, dar un paso al frente y ver que no ocurre nada.

Siempre vuelve a salir el sol, no desaproveches tus noches pergeñando pesadillas.

Darte cuenta al final de tu vida de que has huido en su mayoría de fantasmas que tú mismo creaste, será seguro un lamento más. No merece la pena invertir tanta energía. HAZ ALGO.

¿De qué eres aprendiz?

aprender

 

“No es cierto que hayamos entrado en la era del conocimiento. Hemos entrado en la era del aprendizaje. Si no aprendemos continuamente quedaremos marginados”

José Antonio Marina

Entre los valores a los que doy más importancia en mi vida, el aprendizaje es uno de ellos, el tiempo y la experiencia me han hecho reflexionar mucho sobre este concepto y reconstruir  y repensar varias veces mi relación con él.

Mi interacción temprana con las nuevas tecnologías me ha hecho tener con el aprendizaje una relación con dos perspectivas una la  facilidad de acceso a todo tipo de formación e información, en muy poco tiempo y la constancia de la gran cantidad de recursos, algunos de gran calidad a mi disposición, que han generado en mí, tanto entusiasmo como una cierta ansiedad por lo inabarcable de la cuestión.

La segunda perspectiva que me ha mostrado la tecnología es la importancia de saber admitir y decir “no lo sé” para poder partir de esa base cuanto antes y empezar a construir. Esta enseñanza que comenzó tras buscar el botón de inicio, hace casi treinta años de distintos dispositivos,  puso en marcha el mecanismo que ha hecho que siempre sienta esa necesidad de aprender, preguntar sin miedo, ni vergüenza por muy estúpida o básica que pareciese la pregunta.

Quienes no admiten esta posibilidad y se estancan en un conocimiento basado en unos pocos años y repetido a la enésima potencia, nunca entenderán que con las mismas herramientas y modos de proceder, siempre acabará produciendo resultados similares.

Además todo y todos serán motivos para sentirse atacados por el  miedo y la inseguridad, cuando oigan la palabra reinventarse o vean o escuchen a otros, acercarse con curiosidad y ganas a trabajos y tareas que pueden ser concomitantes con los suyos. Estas dudas y esos miedos no les dejarán en paz.

Reconocer que no se sabe, forma parte de la persona que quiere aprender  y no implica, como algunos creen, vulnerabilidad alguna, acaso ¿existe la posibilidad de saberlo todo?. ¿Quién es quien dice lo que se debería o no saber?, quizá sólo quien supiese de todo.

A veces sólo pensar en el agónico esfuerzo que llevan a cabo quienes hacen depender el aprender sólo de ellos mismos, para no reconocerlo ante los demás, me asombro.

La necesidad y la motivación, son tuyas pero son los demás con sus libros, conferencias, talleres, cursos, mentoring, coaching, masters, quienes ponen a nuestra disposición lo necesario para aprender.

Recuerda cualquier tarea que ahora te resulte rutinaria, como conducir o algún deporte que practiques pasaste seguro por las cuatro fases del aprendizaje,  de la incompetencia inconsciente, “no sé lo que no sé”, al estado de competencia inconsciente, a ese estado de fluir, en el que hemos interiorizado la habilidad hasta hacerla automática.

Aprender requiere altas dosis de seguridad personal para reconocer que no se sabe, se tenga la edad que se tenga, para  pedir ayuda, solicitar la opinión de los demás respecto de nuestro desempeño  y escuchar más de lo que hablamos.

 

Si ya sabes decir “no lo sé” y todo esto  estás dispuesto a entrenarlo, ya eres un hombre o una mujer de tu tiempo.

“Yo no creo mucho en un hombre que no es más sabio hoy de lo que era ayer”Abraham Lincoln  ¿Ytú?

La cobra amable

cobra

 

 

Este cuento indio “La cobra amable” nos traslada una historia cuya metáfora nos puede hacer descubrir algo inesperado sobre nosotros mismos.

«En la India se explica una historia referente a una cobra, animal conocido por su agresividad. Parece ser que esta cobra era muy mala y como vivía cerca de un poblado no pasaba día sin morder a algún habitante del mismo.

Cansados de tantas muertes los sufridos pobladores deciden buscar una solución definitiva al problema. Pero la astuta cobra sabía esconderse y no había manera de matarla. Así que los ancianos del pueblo se reunieron para encontrar otra solución.

Después de barajar varias alternativas, y dado el profundo espíritu religioso de los hindús optan por una muy original: traer al pueblo un santón que habla con los animales y esperar que este convenza a la cobra. Y así lo hacen. Llega el santón y se pone a meditar en la entrada del pueblo allí donde merodea la cobra. Al poco tiempo sale la cobra. Pero el hombre santo la convence con su fuerza interior. La cobra le pide a cambio que el pueblo se comprometa a su vez a no matarla.

Así lo hacen. La cobra no matará a nadie y los habitantes del pueblo no la mataran. Al poco tiempo la cobra decide salir a comprobar si es cierto el compromiso. Y en efecto así es. Poco a poco la cobra se aventura a tener mayor relación con los humanos llegando incluso a entrar en el pueblo y dormir en la casa de alguno de sus habitantes. La cobra y el pueblo se han hecho amigos.

Pasó el tiempo, y la cobra se convirtió en uno más del pueblo. Dicen que incluso cambió de aspecto. Se convirtió en una especie de gusano largo y blanco. Jugaba con los niños en las plazas y era amiga de todo el mundo. Pero poco a poco se fue olvidando el pasado y los niños la insultaban en sus juegos: gusano miedoso y tonto, le decían

La cobra harta de tanto insulto y de contener su agresividad por respeto al compromiso que hizo al santo, decidió volver a verlo y buscar una solución. Así que se presento en la choza donde este vivía y le dijo:
– No sirve de nada ser buena. Fíjate cómo me lo pagan.
Y el anciano santo le contestó:
– Me parece que no acabaste de entenderme: yo te prohibí matar pero no te prohibí silbar.»

Antes de seguir leyendo, reflexiona sobre qué te aporta a ti este cuento y cómo lo puedes trasladar a tu entorno, después si te interesa tener otra perspectiva, adelante.

Cuando me enfrento a una persona cuya actitud se basa principalmente en que los demás le teman, y forma parte de su estrategia tanto el mal humor como las palabras rudas o fuera de tono, sin empatizar y viven en el modo orden, siempre me pregunto qué es lo que le habrá hecho llegar a la conclusión de que esa es la mejor forma de interactuar con los demás, qué lucha estará librando por dentro, qué es lo que le hace confundir respeto con miedo y qué podría ayudarle y sacarle de esa zona.

En bastantes de las personas así, que más tarde he acabado conociendo, empezó siendo una defensa contra los demás, para poner tierra de por medio y evitar que supuestas debilidades se vean de cerca,o que traspasen límites en el trato,  por ejemplo personas que por inseguridad producida por cuestiones como su juventud en puestos directivos o su falta de conocimiento en el desempeño de los mismos o en la comunicación con lo demás. Estas personas lo utilizan como una protección que al final se convierte en un hábito y que es visible ante todos menos ante quien lleva a cabo esta estrategia o los que están en su misma situación.

¿Qué es lo que les lleva allí?, para mí la falta de reflexión al afrontar las nuevas funciones y la falta de una elección consciente de qué tipo de jefe, amigo o persona se quiere ser y segundo un entrenamiento responsable para sentirse bien y cómodo en su nuevo papel.

Una de las cuestiones que puedes trabajar es la asertividad, si no vas construyendo tu persona de acuerdo con tu ser y siendo asertivo, e indicando a los demás lo que te molesta y lo que no, según va ocurriendo, puedes correr el riesgo de acabar con un comportamiento pasivo que será interpretado como dócil y sumiso y aprovechado por algunos, cuando nada tiene que ver contigo, sólo porque no sabes poner los límites o, por el contrario, te situarás en una posición de agresividad que se defiende constantemente de todo y de todos, minando tu energía.

Si eres cobra y estás decidida a vivir entre los hombres, a lo mejor debes aprender a silbarles de vez en cuando.

  ¡Buen fin de semana! 🙂

 

El menú de tu contestador

menu

 

 

¿Qué opciones tiene el menú de «tu contestador»?, no, no me refiero al de tu teléfono, me refiero al tuyo, te pregunto por la forma en que tienes de contestar: ¿eres automático?, ¿tienes alternativas?, ¿lo haces conscientemente?, ¿escuchas antes?

Una de las habilidades que más útil te puede resultar, tanto para tu vida  como para tu trabajo  y de la que depende al 100%  que tus contestaciones sean las idóneas, es la de escuchar.

Al igual que es una de las más útiles, es  difícil  de encontrar y  también es  a la que más cuesta habituarse. La mayoría estamos acostumbrados a hablar y hablar sin parar, con discursos elaborados y automáticos  que no tienen en cuenta las peculiaridades de la otra persona, ni del tema, que no requieren mucha reflexión en el momento y por lo tanto están llenos de interpretaciones y suposiciones que hacemos sobre todos los elementos, sin más.

En muchos casos este hábito se debe a la relación estresante que tenemos con el silencio. A veces malinterpretamos que si tardamos en contestar, se debe a falta de reflejos o  de información y conocimiento. En lugar de comprobar  si hemos estado atentos a la conversación y  hemos escuchado con interés -que será cuando comprobemos que antes de decir nada, necesitaremos preguntar para completar el mensaje a la vez que mostramos interés por la otra persona- esa embarazosa situación, nos hará interrumpir, apostillar o hablar sin porqué.

En otros casos contestamos pensando sólo en nosotros mismos, en parecer graciosos, ocurrentes, irónicos, inteligentes y soltamos la primera  alambicada inoportunidad que se nos ocurre con esa intención. No teniendo en cuenta que el daño que hayamos podido provocar en la otra persona además de gratuito es difícilmente reparable, con lo que no sólo nos hemos conseguido nuestra finalidad sino que hemos recorrido largo trecho en contra. Lo mismo ocurre cuando minusvaloramos a los demás y pensando en que no nos van a aportar nada, nos empeñamos en ilustrarles constantemente, haciéndoselo notar. Si quieres animarte tú, anima a los demás, te será más rentable.

Una opción más consiste en contestar lo primero que se nos pasa por la cabeza, arrojando sobre nuestro interlocutor todas las emociones de las que somos víctimas, sin reparar en que nuestro estado de ánimo apenas tiene algo que ver con el tema que se trata o con quién se trata. Esa falta de consciencia también hará que los demás acaben etiquetándonos, como unos huraños y gruñones impenitentes.

Si realmente quieres mejorar tu dispositivo tendrás que empezar por concentrarte en escuchar mejor a los demás, en pensar que todo el mundo te puede aportar una perspectiva interesante en tu desarrollo, preguntarles e informarte sobre lo que te están contando, lo que les preocupa, hacer esto no sólo con el oído sino poner todos tus sentidos en ello, para poder leer el lenguaje corporal, el tono, los gestos y finalmente cuando vayas a contestar, piensa si lo que vas a decir merece la pena.

Cuáles han sido hasta ahora las opciones de tu contestador automático y cuáles serán a partir de hoy? 😉

 

Yo, primero

 

yoprimero

 

 

Aristóteles muy acertadamente definió la virtud como el término equidistante entre dos vicios, y sobre ese ansiado lugar y respecto de nuestras necesidades, quiero reflexionar hoy.

 Aunque no quererse uno mismo, desdeñar siempre  las necesidades de uno y anteponer las de los demás  por encima de todo, tiene devastadoras consecuencias sobre la construcción de la autoestima y la sana relación con los demás, hoy quiero hacer hincapié en el otro «vicio», en la de las personas que apenas consiguen salir de sí mismas, de sus tribulaciones y problemas, para preocuparse por los demás.

La mayoría de las personas que enfocan y centran toda su atención en sí mismos, dedican mucho de su tiempo a buscar qué es lo que están perdiendo en sus vidas y a tratar de recuperarlo sin mucho acierto.

Además como explica Menninger en la búsqueda de estas necesidades producen efectos colaterales que seguramente te interesará saber:

Si buscas sentido de pertenencia, te sentirás inseguro

Si buscas sentido de la valía, inferior

Si es sentido de la eficiencia, inadecuado

Y si buscas sentido del propósito insignificante.

Esto es producto principalmente del ensimismamiento que provoca no darse a los demás, no  interesarse por ellos y por cómo ayudarles  y no parar de surfear la ola de cómo estoy, qué voy a  hacer con mi vida, qué me falta para tal o para cuál  cuestión, etc.

Estas disquisiciones se agolpan en nuestra mente precisamente porque somos nuestra única preocupación, ¿en qué repercute?, en todo, en nuestra productividad, en nuestro ánimo, en nuestra energía, en todo nuestro ser y no para beneficiarnos precisamente.

 Desarrollar una estrategia de ayuda a los demás es una de las soluciones  que puedes implementar y que te ayudará más a salir de ese bucle.

Incluso, quizá, te estás tomando muy en serio y un poco de humor y reírte de ti mismo también te irá bien.

 Si quieres empezar a trabajar esta estrategia, que además te evitará que pienses en ti, en tus fracasos y tus debilidades, sigue los pasos que recomienda John C. Maxwell:

  • Pon a los demás primero en tus pensamientos. En lugar de pensar en tu comodidad, tu percepción y tu estricto interés, interésate en hacerlo con los demás.
  • Descubre lo que los demás necesitan. Escucha y añádeles valor.
  • Satisface la necesidad con excelencia y generosidad. No hagas las cosas a medias y tampoco las hagas para quejarte, refunfuñar o presumir. Espera a que cristalice la satisfacción personal.

Y en lugar de todas esas cuestiones con las que te bombardeas a menudo sobre ti, también cuestiónate sobre:

¿A quién estoy beneficiando con mi vida?

¿A quién estoy ayudando que no puede devolverme el favor ayudándome?

¿A quién estoy levantando que no puede hacerlo por sí solo?

¿A quién estoy dando ánimo diariamente?

 

Despreocúpate por fin de ti.

Foto:F5onlinerevista

¿Tienes o haces?

picnic

 

“El dinero no da la felicidad” este viejo adagio que tanto repetimos, es en realidad una justificación para aceptar de mala gana las situaciones económicas que no nos gustan  o es el mantra que nos recuerda una realidad que incluso los estudios constatan.

Seguramente si nos ponemos en la situación de no tener dinero del que disponer para nuestras  necesidades más básicas, nuestro pensamiento, lo que sí concluirá es, que  la falta de dinero acaba con la felicidad desde el momento en que arroja sobre nosotros preocupaciones  y cuestiones que lejos de proporcionarnos oportunidades y opciones nos estresan y  soliviantan.

Y si nos detenemos entonces a pensar en todas esas personas que habitan en otros lugares del mundo donde las necesidades se multiplican a la enésima potencia, podemos concluir entonces que puedan ser felices en algún momento.

Qué ocurre para que en el Ranking de Felicidad de 2013, en el que se miden la esperanza de vida, la percepción del bienestar y la huella ecológica,  los habitantes de países como Costa Rica, Vietnam o Colombia sean mucho más felices que los alemanes, españoles o estadounidenses.

Que ocupemos el número 62 en esta lista y que los países que consideramos más avanzados no sean los más felices, ¿nos envía algún mensaje?. Cada uno de nosotros, ¿se siente afortunado de poder vivir en un país como el nuestro?

Tiene algo que ver que no seamos conformistas y queramos mejorar con que todo lo veamos mal y tengamos la sensación de no disfrutar de un merecido bienestar y por lo tanto no seamos lo suficientemente agradecidos como para ser felices con lo que tenemos.

Sabemos agradecer las oportunidades que tenemos a nuestro alrededor o a lo mejor damos demasiadas cuestiones por hecho a lo largo del día, empezando porque despertarnos y respirar lo consideramos normal.

Y si consiguiésemos desarrollar estrategias  que no tuviesen que ver con la consecución de la felicidad basándola en  referencias externas y además materiales,

Si dejásemos de recordar y enumerar lo que no tenemos y empezásemos la lista contraria. Si contabilizásemos como doble las cosas que disfrutamos y que sin embargo, damos por hecho y en realidad no tenemos aseguradas.

¿Son cosas lo que nos hace felices? Realmente queremos trabajar más horas y ganar más dinero para acumular más objetos, casas, coches… está ahí nuestra felicidad. ¿Cuánto nos dura la satisfacción de estas adquisiciones?, ¿cuánto tardamos en sobresaltarnos con un nuevo modelo, con un deseo de un casa más grande?

Y si damos un paso en esta dirección  y hacemos caso a lo que explica Robert Frank en su libro “Luxury Fever”, y si en lugar de comprar y poseer cosas, obteniendo sentimientos de frustración, gastamos el dinero en experiencias, especialmente las que llevamos a cabo con otras personas, las que nos procuran emociones positivas, que tienen para nosotros mejor significado y de las que guardamos mejores recuerdos.

Ir a conciertos, hacer picnics al aire libre, cenas, comidas, viajes en grupo… cualquiera de estas actividades,  dan más placer que las compras materiales.

Además si el dinero es gastado en los demás, el impulso a tu felicidad será mucho mayor. Invitar a un amigo a comer, comprar algo a tu familia o donar una cantidad a alguna persona o proyecto, te demostrará que esa emoción es más reconfortante que gastarlo en nosotros mismos.

Has reparado alguna vez en qué gastas tu dinero principalmente. A partir de hoy haz una lista de tus gastos de este mes. Observa si gastas más dinero en experiencias que en cosas, si tu columna de “hacer” es mayor que la de “tener”, estás trabajando en tu felicidad si no, es hora de invertir mejor. 😉

¿Construyes tu perrera?

caseta

 

De nuevo una sugerente historia  para reflexionar sobre otro comportamiento que seguro que os suena de algo 😉

PERRERA

“Cuando llega el invierno, el perro siente frío. Se dice entonces: 

 «Necesito absolutamente una perrera. ¡Cuando vuelva el verano, me haré una de piedra, para pasar en ella el invierno!» 

 Pero, cuando llega el verano, nuestro perro recobra vigor y se pone de nuevo grueso. Orgulloso de su nueva fuerza, dice: 

 «¡Ninguna vivienda es suficientemente grande para mí!» 

 Y, ahíto, va a tumbarse perezosamente a la sombra. Por mucho que su corazón le diga: «¡Anda! ¡Construye tu perrera!», él se dice a sí mismo: «¿Qué perrera sería digna de acogerme?» 

 Cada vez que caes enfermo, tus deseos y tus ambiciones pierden su fuerza y construyes una casa de arrepentimiento. “

 

¿Cuántas veces cuando hemos estado en una situación determinada y  hemos hecho miles de propósitos para que la siguiente vez que tuviésemos que enfrentarnos con esa situación tuviésemos más herramientas?

¿Cuántas veces cuando hemos sufrido una enfermedad, hemos hecho el firme propósito de cuidarnos más, de hacernos más revisiones, de comer  mejor, de hacer más ejercicio, de tomarnos las cosas menos en serio, con mejor humor?

¿Cuántas veces en una situación laboral nueva hemos hecho el firme propósito de formarnos en tal o cual programa, aprender o mejorar el idioma, montar tal o cual negocio, estudiar esto o lo otro, aumentar nuestra formación y nuestra empleabilidad para enfrentar mejor las entrevistas?

¿Cuántas veces hemos prometido portarnos mejor con los demás, agradecer lo que hacen por nosotros, sobre todo cuando nos invaden emociones positivas, cuando estamos de buen humor y acertamos a ver lo bueno en cada uno y lo mucho que ellos nos han aportado y cuanto hemos aprendido?

¿Qué nos ocurre, qué te ocurre, para que cada año prometas construir tu perrera en invierno y llegue el verano  y no lo hagas?

¿Qué ocurrirá cuando te veas en la misma situación otra vez?, ¿habrás aprendido o te sumarás sin más al “tropecé de nuevo con la misma piedra”?

Sabes que la próxima vez que te ocurra además de encontrarte en esa situación también te afectará no haberle puesto remedio y en lugar de estar en el punto cero, estarás en  negativo respecto de tu estado interno, por tu poca fe en ti mismo.

Sabes que empezar con mini acciones pondrá en marcha tu casa y sin apenas esfuerzo cuando llegue el invierno conseguirás varias cosas: tener tu perrera construida,  además estar orgulloso de ti mismo  por haberla hecho tú mismo y con la suficiente confianza como para estar decidido a ponerte objetivos más audaces.

No esperes a estar en tus últimos días de vida para tener tantos “pude haber sido” y “pude haber hecho” convertidos en sólidos barrotes que hagan que lo que has construido te parezca una cárcel de arrepentimientos.

De ti depende que enfermes o  no.

¡¡Buen fin de semana!!

Foto:protectmadera