¿Cuánto te pesa tu pasado?

El Problema

“Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas del Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes más ancianos falleció. Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo. Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevárselas a cabo. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

-―He aquí el problema. Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internas… ¿Qué representaría ese bello jarrón con flores? ¿Qué hacer con él? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de tan delicada belleza? ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo? ¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor? Eran tantas preguntas…

En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y … zas!! Destruyó todo de un solo golpe.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: ―Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro Guardián del Monasterio.”

Esta Leyenda budista nos acerca a todas esas cuestiones que sabemos que requieren de una solución drástica, la cual conocemos hace tiempo y no nos decidimos a llevarla a cabo, de manera que cargamos nuestras mochilas con asuntos del pasado que enturbian nuestro presente y no dejan que nuestro corazón y nuestra mente se inunden con nuevas esperanzas, alegrías y proyectos.

Decidimos edulcorar aquellas aventuras o emociones hasta liberarlas de su lado negativo para así magnificar su efecto y conseguir que no sean dignas de ser dejadas atrás, ni olvidadas.

Son esos mismos recuerdos que construímos los que nos impiden salir de esa zona de confort “inconfortable” y nos hacen cerrarnos a iniciar cosas nuevas,  a aprovechar el  crecimiento que nos aporta haber vivido esas experiencias para aplicarlas el resto de nuestra aventura, haciéndonos victimas y reos de una ilusión mental que nos mantiene fuera de juego, abstraídos, absortos, lejos de poder  vivir cada minuto intensamente.

“Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té y entonces podrás servir y beber el vino.” Proverbio Chino

Deja de pedirle y exigirle a los demás lo que tú no eres capaz de hacer. Decide qué personas y cosas quieres en tu vida ahora y cuáles no. Limpia tu mente de todo ese polvo que enturbia tu día a día.

Por muchos buenos recuerdos que puedas haber almacenado sobre ello, no te están dejando seguir adelante y crecer.

¿Cuándo vas a tomar la decisión?

Prueba y error

ensayo

 

 

“No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.” Thomas Alva Edison

 ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta frase?

A mí el enorme número de soluciones que probó.

¿Esto qué me dice de esta persona?

Que es un fracasado, que debería estar avergonzado de no haber acertado antes, que tenía demasiado tiempo libre, que no estaba a la altura, que debería haberlo llevado en secreto…

Seguro que ninguna de las opciones anteriores ha pasado por tu cabeza al leerlo y sin embargo son muchas de éstas las que te aplicas a ti, cuando algo no sale bien. Pensar así, hace que seas menos innovador, creativo, que apenas salgas de tu zona de confort para arriesgar en alguna cuestión personal o de trabajo y que intentes por todos los medios esconderlo cuando ocurre, con lo que tu gasto energético se volverá  ingente para tapar tanto agujero negro.

En algunas personas ocultar esto y querer parecer un superhéroe al que todo le resulta natural que parece que nació dominando habilidades y no necesita “masterizar” nada, les encanta. Quizá les reporte beneficios personales y les merezca la pena el esfuerzo , querer mantener esa apariencia, pero si reflexionasen un poco y fuesen justos y sinceros consigo mismos, acabarían concluyendo que esas habilidades son fruto de emular a alguien de su entorno, de los aprendizajes  a los que cada uno ha tenido acceso y del entrenamiento al que se ha sometido. ¿Para qué quitarse mérito?

Las aptitudes pueden ser innatas o adquiridas pero de las personas depende el entrenamiento o  no de las mismas. Y es donde triunfa la actitud y los mensajes que enviemos.

En el caso de tener responsabilidad sobre otras personas, el no reconocer el proceso de aprendizaje, haciendo hincapié en los errores y fallos que se hayan podido cometer o en el factor suerte o azar que haya podido influir, produce un efecto desmotivador devastador en tu equipo. No admitir los errores, no compartirlos y no hacer alusión a ellos, traslada a tu organización que eso no es lo normal, no  debe ocurrir o, si ocurre, no debe bajo ningún concepto revelarse.

Os podéis imaginar un error no reconocido y ocultado hasta dónde puede llegar y el daño que puede acarrear en un proyecto cualquiera. Además su efecto pedagógico hace que los demás vayan al 50% en su rendimiento por miedo a poder cometer algún otro.

Dar permiso a otros para cometer errores, aprender de ellos, buscar opciones alternativas  y seguir adelante es una faceta del líder que jugará a su favor demostrando su optimismo, seguridad y fortaleza  para hacerlo y así incrementar las capacidades de tu equipo. Al mismo tiempo podrás experimentar qué tipo de personas componen tu organización o tu equipo con el uso que hagan de esta información. Esta práctica liberará de mucha presión tu entorno y mejorará las relaciones al poder fomentar la identificación y la cercanía contigo.

Hacerlo en “petit comité” acrecentará el problema puesto que se seguirá mostrando el fallo o error como algo vergonzante que tiene como límite la confianza en la otra persona para mantener el secreto. Si lo haces, hazlo claramente, en público, como parte de tu estrategia como manager. Incluso puedes dedicar un espacio semanal a esto, siendo una historia de aprendizaje la que puedas contar a tu grupo.

Así conseguirás introducir en la cultura de tu organización algo que es tan obvio que no debería tener discusión, simplemente un poco  de humor para aceptar que no somos superhéroes: “Los errores son parte del proceso”

«Evaluación continua»

juicio

 

 

“Aquel es un …”, “mi vecino es…”, “mi compañero es…”, “ mi pareja es…”, “ mi hijo es…”

Si has rellenado los puntos suspensivos con cuestiones positivas,  has modificado la oración o dudado sobre algún apelativo a adjudicar, ¡Enhorabuena!

En otro caso, sé que te interesará reflexionar sobre la evaluación  a la que sometemos a las personas sin ser incluso conscientes. Sólo tienes que estar atento a cuántas veces en una conversación adjudicamos juicios y vertimos opiniones en forma de adjetivos sobre personas, sin ni siquiera darnos cuenta.

Hasta ahora puedes no haber reparado en ello, pero vivir en el mundo de los juicios y las opiniones, asumiéndolos a modo de observación objetiva y de manera inconsciente, te puede estar causando más de un problema, precisamente porque como tú lo haces, juzgar, también te afecta que otros lo hagan sobre ti, no siendo inocuos sus comentarios para la montaña rusa en la que habrás subido a tu autoestima.

Piensa en tu trabajo, con tus empleados, tu jefe. En tu casa con tu familia, con tus amigos. Cuántas veces dices que “ellos son” algo. Esa insostenible y no continua evaluación de una simple acción, que no llega a los estándares que tú exiges para considerarla buena, de repente se pega a la persona etiquetándola para siempre, dándole pocas oportunidades para el cambio.

En primer lugar porque, como te afecta la opinión de alguien a quien le otorgas esa autoridad,  tú crees que eres eso y en segundo lugar para no decepcionar a tu público,¿ para qué cambiar?

Si tú crees que eres o no eres algo, difícilmente estarás abierto al cambio y al aprendizaje porque ser parece un marchamo de serie que te acompañará siempre.

Cuántas veces has oído hablar a personas de alguien que conoció o trató hace años, o que ha visto o tratado una o dos veces y le describe como si hubiese sido fruto de una evaluación continua hasta este momento, cuando en realidad habla de una foto congelada del pasado de la persona.

Como si el cambio no tuviese lugar en la vida de las personas, como si los acontecimientos vitales tanto positivos como negativos no tuviesen impacto en nuestro aprendizaje o en nuestro ser.

 Lo que no parece justo, a mi entender, es que juzguemos a nadie por minutos o acciones de su vida, sin darles la oportunidad de cambiar o mejorar. O que extrapolemos un comportamiento extemporáneo a todos los ámbitos de su vida.

Es cierto que quienes hacen estos juicios tan negativos de los demás también son duros con ellos mismos pero esa reciprocidad no les exime de no generalizar y agotar la libertad que tienen las personas para ejercer su libre albedrío.

 Si pensamos que podemos cambiar lo que somos, abrimos una puerta al aprendizaje y si además tenemos a alguien cerca que nos ayude a dejar de ser lo que nunca fuimos o a dejar de tener la imagen que congelaron de nosotros, más que mejor.

Ni siquiera hace falta que nos lo pidan, concedamos la oportunidad de desligarse de sus propios fantasmas a todos los que nos rodean y dejemos de unirles a situaciones, acciones y eventos pasados que no son potenciadores.

Os cuento mi propósito para 2015 a este respecto: Gracias a alguna conversación con buenos amigos y al sabio consejo del más pacificador, 😉 junto con algunas películas con humor sobre tópicos me han llevado a un firme objetivo: llamaré a todo el mundo por su nombre, no me referiré a nadie, ni por  apodos, cariñosos o no, ni epítetos, ni apellidos, sino por lo que según Carnegie es la palabra que a todo el mundo le suena a música celestial “su propio nombre”.

«Destruye el muro entre el éxito y tú «

muro

 

Una de las cuestiones por las que perdemos más oportunidades de tener éxito en nuestra aventura vital es el miedo al rechazo.

 Todas esas conversaciones que mantenemos con nosotros mismos en nuestro interior, en  las que nos preguntamos y respondemos con malos augurios e insolentes pláticas. Ésas, son las que nos hacen no tener los suficientes arrestos para conseguir aquello que queremos y construyen  un muro alrededor de nosotros.

 Cuestiones como pedir un ascenso, aumento de sueldo, más responsabilidad, conseguir feedback, vender nuestros productos, tener más clientes, más amigos, mejores relaciones,  incluso conseguir que la pareja soñada nos preste atención, se hacen imposibles porque, principalmente, la persecución de estos objetivos se circunscribe sólo y exclusivamente  a nuestra mente y es sólo ahí donde  tiene lugar.

 En nuestra mente es donde imaginamos, cual quijotes, que nuestras peticiones se convierten en grandes gigantes que nos miran amenazantes con la intención de amedrentarnos y en nuestro caso consiguen, que con la “certeza” de no poder lograrlo sigamos nuestra anodina existencia acomodándonos a lo que «nos viene dado», con el consiguiente castigo mental.

Si repasamos muchas de las historias de éxito y resiliencia  de grandes héroes cotidianos, uno de sus consejos principales es acostumbrarse a que no puedes gustar a todo el mundo,  a que las personas rechazan tu petición o tu producto por muchas otras cuestiones que no tienen que ver contigo y perseverar, hacerte fuerte y no rendirte, es el músculo que más te interesa fortalecer.

Si tú piensas por ejemplo en la última persona a la que le dijiste que no, seguramente comprobarás que apenas la conocías, que ni siquiera la escuchaste, seguro que para no tener que plantearte su propuesta o que una vez que te trasladó la oferta,  no te interesó por diferentes opciones tanto emocionales, no estabas de humor o dispuesto para esas cuestiones en ese momento, como prosaicas, no tenías dinero.

En primer lugar tendrás que trazar un plan para hacer que esas conversaciones pendientes tengan lugar fuera de ti, con la persona o personas que te interesen, dejando bien claro lo que quieres transmitir y asegurándote que la persona a quien te diriges, ha entendido lo que querías exponer.

A partir de ahí, habiendo puesto todo tu empeño, tu cuota de control sobre la respuesta disminuirá y entonces tendrás que estar preparado para cualquier respuesta, positiva o negativa o simplemente otra que no has contemplado. 

Si no eres capaz de ser resiliente y de transformar esas negativas en aprendizajes y deslindarlas de tu propia persona acabarás admitiendo que todas ellas son una colección que te recuerda tus propios fracasos y empezarás a minar tu autoestima cuestionándote a ti mismo.

 Puedo contar mi propia experiencia, cuando fruto de un aprendizaje sobre el trabajo de los voluntarios en las campañas electorales norteamericanas que iban a casa de los posibles votantes para pedirles el voto y explicarles sus propuestas, nosotros  decidimos hacerlo en nuestro municipio.

 Lo que empezó siendo una tortura mental por el miedo a que ni siquiera nos abriesen la puerta, se convirtió en un genial aprendizaje que me hizo perder el miedo al rechazo y empeñarme en lo que quiero. Siempre he pensado que el ejemplo era mi mejor aliado así que era mi responsabilidad comandar la expedición.

 Hubo quien no nos abrió la puerta, quien nos abrió y no nos atendió, quien sí lo hizo muy amablemente, que fue la gran mayoría, quien nos trasladó sus negativas opiniones sobre los políticos, quien nos culpó de todos los males de la Humanidad, pero aún así, conseguimos visitar casi 5000 hogares.

Si en el primer momento que me hubiesen dicho que no, lo hubiese dejado, me hubiese rendido, habría empezado a cuestionarme a mí misma. No hacerlo me ha permitido tener esa perspectiva ganadora que valora la perseverancia porque a lo mejor no era el momento, no estaban de humor, no tenían tiempo para eso, asumimos mensajes que no eran para nosotros, era una forma de mostrar su disconformidad con la política. Miles de cuestiones que no tenían nada que ver con lo que soy.

A partir de entonces para mí sólo cuenta no rendirme. soy consciente de que cualquier paso atrás es construir mi muro. Ahora sé que el fracaso sólo está en la mente de quien no hace nada y permanece en la mente del que tampoco aprende nada de él.

Tu galería de emociones

camara

 

 

Gracias a mi móvil he encontrado un entretenimiento que no sé en qué momento, se transformó en   necesidad y pasión, la fotografía.

Buscar un lugar, una persona, un encuadre, una luz, querer captar un momento, un gesto, es algo que me entusiasma, me motiva y me alegra.

Gracias a mis amigos ahora puedo hacerlo además con una estupenda cámara reflex, que además me  implica tener que aprender cosas nuevas, interesarme por otras cuestiones y poner mi cerebro a trabajar.

Todo esto no sería posible además, sin que, hace ya muchos meses, me hubiese propuesto entrenarme en  ser más observadora.

Trabajar esta habilidad me está ayudando a ser consciente de muchas cuestiones, como poder conocer mejor a las personas, conectar con ellas, leyendo sus gestos, observando sus ademanes y dándoles la importancia que tienen, muchas veces por encima de nuestras propias palabras o articulados y automáticos mensajes.

Ser un espectador de la vida, a veces, tiene un sentido más allá de permanecer inactivo y para mí ha supuesto darme cuenta del tiempo que perdemos en cuestiones negativas y que lejos de ayudarnos a seguir, nos estancan y atan a esas perjudiciales emociones.  Estoy aprendiendo a  darle más importancia a llenar el tiempo con lo que quiero, con quienes quiero,  a darle vida a cada minuto,  para no tener que lamentarme tarde de no haberlo hecho.

También me hace salir de mí misma de mis pensamientos y tribulaciones, aparcar ese ser tan importante con el que convivo,  para poder vivir las emociones de los demás y poder compartirlas con ellos. Minimizando así esas horribles premoniciones con las que nos traicionamos a veces, que sólo ocurren en mi cabeza y que  apenas se cumplen, haciéndome padecer sin razón y  que ahora consigo relativizar y cuestionar.

A través de lo que observo y busco conscientemente para fotografiar, imagino  qué emociones podrán producir, tanto en los demás, como en mí  y cuántas me transportarán a ese momento al poder volver sobre ellas, una y otra vez.

Igual que a mí las fotografías me son útiles, cada una para recordarme un momento que me provoca emociones positivas, os propongo que a partir de ahora, de vez en cuando, hagáis una foto  conscientemente para recordar ese momento y  la llenéis  con más sensaciones. Ponedle una música que os evoque esos mismos sentimientos y asociarla a algún olor, sabor o tacto que trabaje en el mismo sentido.

Si conseguís tener una galería llena de fotos con «muchos sentidos», tendréis una almacén de emociones en vuestras propias manos, accesible para esos momentos en los que vuestro estado interior necesite un empujón extra para seros útil.

 

Opiniones navideñas

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Se acercan las Navidades y las reuniones familiares. A veces no estamos acostumbrados  a compartir tanto tiempo con la familia y en otras ocasiones, son estas fechas las únicas que nos reunen, por lo tanto, de año en año vamos almacenando emociones de todo tipo asociadas a las personas que vemos tan poco, hasta hacerlas idénticas a las etiquetas que les hemos puesto desde  hace años, sin apenas cuestionarlas.

Una gran ayuda para combatir ese efecto es estar prevenido frente a estos mecanismos automáticos que hacen que, de una opinión inoportuna o desafortunada, pensemos que una persona es así o asá, sin darle una nueva  oportunidad.

Si por algo parece que reconocemos estas fechas es por el ambiente que promueven de generosidad y bondad, a pesar de que a más de uno les parezca caramelizar forzosamente unos días del año, ese espíritu puede ser el que nos ayude a mejorar nuestras relaciones familiares, algo que abundará en nuestra seguridad y confianza personal al poder extrapolarlo a nuestra vida cotidiana y laboral.

Recordar la diferencia que hay entre las observaciones y las opiniones, esto es lo que nos ayudará enormemente a no destruir nuestra felicidad, ni nuestra paz interior en estas fechas.

Las observaciones son hechos que se sostienen y comprueban por sí solos y se diferencian por esto de las opiniones que son juicios  que emitimos las personas, conforme a nuestra experiencia. A veces vertimos opiniones como si fuesen hechos irrefutables y esto produce un efecto decisivo en nuestro interlocutor, haciendo que empiece una discusión por cualquier frivolidad.

Seguro que con este simple ejemplo lo podemos entender, si yo digo “hace frío debemos subir la calefacción”, otro persona puede refutar esa opinión diciendo que “hay 23 grados, no puedes tener frío”. Esa simple introducción que parece inocua puede derivar en una conversación crucial que fastidie toda una noche al poder derivar en pensar que alguien quien imponer su criterio, en qué es lo que creemos que es cada uno, en qué gasta el dinero, en fin… en virtudes y  defectos que se convierten en una batalla campal, a cuenta de una simple opinión. Sin entender que el hecho es que “hace 23 grados” y a esa temperatura unos tienen frío y otros, calor, algo que depende  de múltiples variables, de si se está en movimiento, más o menos abrigado, alimentado…

Si conseguimos distinguir entre lo que es una opinión y lo que es observable podemos entender que lo primero es una cuestión exclusiva de la persona con su propia autoria, una interpretación personal que nada tiene que ver con nosotros o con querer ofendernos o molestarnos, es simplemente fruto de su análisis con los recursos que posea, que pueden ser más o  menos pero casi siempre distintos a los nuestros.

Muchas de estas opiniones que vertimos son automáticas y por lo tanto inconscientes, no nos damos ni cuenta de que entre nuestro público, hay personas a las que sin querer podamos aludir. Además lo escondemos con frases impersonales para no ser responsables de la opinión, no decimos “yo tengo frío” que sería lo correcto, sino «hace frío». Muchas de estas opiniones se convierten en juicios tóxicos. No añaden ni aportan nada, sólo molestan.

El no hacerlos, supone que pensamos antes de hablar. Reflexionar sobre si mostrar este tipo de opiniones merece la pena o quizá hacer este análisis previo, puede significar un aprendizaje definitivo en tu persona para saber opinar de forma productiva. Expresando «nuestra verdad», como una opción más, sin imposición y basándola en hechos que tampoco son definitivos para tener razón.

Además para que una opinión produzca un efecto en ti tienes que autorizar al emisor para que su evaluación te afecte. Ese es el momento  en el que va a hacer entrada tu espíritu navideño, encontrando mil razones por las que ese familiar tuyo ha hecho esa apreciación y por cuántas razones no te va a afectar, ni a tu humor,  ni a tu opinión sobre él. Si cambias tu actitud hacia él, cambiará la suya hacia ti.

Rompe el círculo tóxico. Diferénciate. Convierte tus Navidades en un gran aprendizaje.

¿ Qué cuelgas en tu árbol?

arbol

 

 

El alumbrado navideño que cada año inunda nuestras calles, recordándonos estas fechas, me hace reflexionar sobre numerosas cuestiones de toda índole, económica, política, medioambiental, pero sobre todo en lo que este tiempo significa y esto sí me aporta amor, calidez y buenos sentimientos.

Es cierto que la nostalgia hace su aparición de vez en cuando, al echar de menos la compañía de quienes  nos dejaron, pero recordar haber tenido la oportunidad de haberlos conocido y compartir momentos, experiencias y aprendizajes con ellos, hace que mi sentimientos de agradecimiento por haberles disfrutado,  sean infinitamente mayores que la tristeza por no poder tenerles a mi lado, y de paso, uso esa energía para que quienes no están tan acompañados en estas fechas, sientan la alegría del calor humano que les rodea  y entre todos generar una alegría contagiosa.

Mi mente cada vez está menos condicionada y por lo tanto no espera una fecha clave para agradecer y celebrar, no pide que las condiciones sean otras, o mejores, simplemente pienso en que cada día que pasa, todos, desde hoy hasta el próximo año, quiero que me acompañe este espíritu de concordia y hermandad, que se promueve en estos días.

Me encanta ir sonriendo por esas calles iluminadas, de manera que el asombro que produzco en los demás, les acabe invitando a saludarme, o a que me sonrían de vuelta, o incluso  que se queden pensando de qué me conocen. Me encanta. Habéis sentido lo que reconforta que con ese mismo espíritu te salude un extraño¿lo has probado?

Acostumbré a mi mente a guardar y almacenar emociones para compartir, de alegría, de agradecimiento, de generosidad. Acabé asociando la Navidad a emociones potenciadoras que van más allá de mis propias experiencias o circunstancias, trabajando mi interior y buscando la infinita cantidad de cosas por las que debo estar agradecida. Desenfocando de lo cotidiano, de lo que antes consideraba problemas y ahora ni siquiera considero retos, sino que es “lo que tiene vivir” que nunca se está preparado para todo pero sin embargo no tengo esperanzas de que no me ocurra nada en absoluto y como trabajo para lo bueno espero todo lo que conlleve, sin grandes aspavientos.

Mírate, si te ves reflejado en los cuentos de Dickens del lado de quien no le gustan estas fechas, quizás deberías tomarte la vida menos en serio. Seguramente sea más divertido poder disfrutar sin complejos de todo, es más, todavía puedes pensar en un jersey de renos o con un árbol de Navidad, cantar un villancico o cualquier cuestión que hasta ahora considerases una estupidez que no iba contigo. Verás qué liberación y lo que supone de cambio en tu persona. Sé flexible. Sólo porque con cualquier mínima acción  puedes ponerle alegría a la Navidad, animar a los que te rodean y no sólo con cosas materiales, sino mostrándoles y diciéndoles lo mucho que los quieres.

Si buscamos y pensamos  haciendo una lista, todos tenemos mucho que celebrar. Este año te invito a que en tu árbol, todo los tuyos, cuelguen escrito en algún adorno especial, cada día tres cosas que quieren agradecer  y que si no lo hacen podrían desaparecer de sus vidas.

Te sorprenderá en unos días comprobar por qué cantidad de cosas puedes estar alegre esta Navidad.

«Usa altavoz»

altavoz

 

 

Aunque el lunes es un día en el que apetece hablar más de lo entretenidos que hemos pasado el fin de semana que de reuniones y estrategias para afrontarlas, sí que sé que es el mejor día para que os hable de ésta y así os pueda ser de utilidad practicarla.

Una de las cuestiones que más me impactó, de mi primer encuentro con el alemán,  fue la posición de los verbos conjugados en las frases, había que esperar al final o casi de la misma para saber qué hacía el sujeto. Eso que en principio me parecía una complicación, acabó teniendo una parte positiva para mí, para el desarrollo de las conversaciones. La necesidad de escuchar toda la frase, evitaba que fueses interrumpido en los preliminares de tu intervención.

En castellano, sin embargo es casi lo primero que decimos, de esta forma intervenir para modificar, agregar, suponer, lo que otros van a decir o hacer, es una debilidad que, a veces, hace imposibles nuestras reuniones.

Ya sean en los “Consejos de Administración Familiares” o en las reuniones de trabajo, no dejar que las personas hablen con tranquilidad, exponiendo sus argumentos y relacionando temas, es algo bastante cotidiano.

Impide que escuchemos lo que quiere transmitirnos la persona y por lo tanto, evita enriquecer nuestras ideas, además muestra poco respeto por nuestro interlocutor y sus reflexiones. Puede que además coarte la iniciativa de personas para proponer, o que las indisponga frente a nuestra posición por defecto de forma. Tiene tantas implicaciones negativas que verdaderamente hacer un esfuerzo para que esto no ocurra, puede ser definitivo en nuestras estrategias para optimizar el tiempo y el talento.

Lo que hoy os propongo es acordar un “Objeto-altavoz” para cada reunión. Puede ser cualquier cosa que tengamos e identifiquemos como tal, un bolígrafo, un objeto  decorativo, etc. Puede ser siempre el mismo o cambiar si conviene por logística. Este objeto va a tener un poder vinculado a su posesión y es la escucha de todos los demás sin interrupciones. Representa el derecho a expresarse con libertad,eso sí, respetando también el tiempo de los demás. Las instrucciones de uso podéis establecerlas antes, si es necesario que todos intervengan o no, si se puede hablar o pasar, si se puede coger aleatoriamente o si se requiere alguna otra acotación previa.

Esta estrategia permite, ser conscientes al ver el objeto de que escuchar con atención evitará muchos malentendidos, entrenará la paciencia del equipo, el respeto y  la empatía con quien está hablando. Hará que todo el mundo pueda tener su espacio para expresarse, sin miedo a ser interrumpido con opiniones y apostillas  y concentrará la atención de todos en la reunión.

Seguro que si estáis concentrados y conscientes, la reunión durará mucho menos y la productividad será mucho mayor.

Prueba, ¿qué te cuesta?, y si sale bien 😉

“Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.” William George Ward

 

Empieza por respirar

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A algunas personas les cuesta encontrar el término medio entre decir absolutamente todo lo que piensan sin paliativos y ponerse enfermo al secuestrar todas las emociones y sentimientos en su interior por múltiples cuestiones, sin poder decir nada.

En el primer caso hay personas que consideran ser honesto y sincero, y tienen a gala decirle a los demás la mayoría de sus opiniones sin analizar si son de ayuda, convirtiéndose en un vómito de basura tóxica que enrarecerá la relación bastante más y hará cualquier búsqueda de solución un infructuoso camino. Esta tarea improductiva y antisocial  de liberar los impulsos emocionales con la única intención de sentirse bien con uno mismo, conllevan los más perniciosos efectos secundarios, convirtiéndote en una persona tóxica en tu entorno.

La otra versión es, ser tóxico para ti mismo. Siendo incapaz de verbalizar lo que está ocurriendo en tu interior y que realmente aportaría contexto y raciocinio a la conversación. El miedo a no ser entendido, a ser agresivo, a molestar a los demás… hacen que, a veces, prefiramos no decirlo y seguir almacenando estos  radioactivos residuos, cuando son cada vez más las voces que los vinculan a graves complicaciones físicas.

Entre estas dos opciones, que serían el blanco y negro, hay una infinidad de grises que están deseando pintar nuestras conversaciones para favorecer nuestras relaciones, pero estad seguros de que nadie aprendió algo de esto leyéndolo, sino poniendo en práctica este tipo de conversaciones generativas y productivas.

¿Qué es lo que nos ocurre para comenzar una conversación con una intención muy clara al principio, y tras un giro inesperado hemos acabado donde nunca quisimos llegar?

Precisamente el autocontrol que no entrenamos y que pasa por cuestiones tan cotidianas como usar la respiración para poder parar, ver dónde queremos llegar y continuar el diálogo sin interferencias de emociones y pensamientos que nos desvíen de la solución.

¿Cuántas veces has oído que contar hasta diez y respirar nos puede ayudar? y ¿cuántas veces lo has hecho?

Una de las cuestiones más difíciles para aprender a tener productivas conversaciones es prepararlas y entrenarlas, ser consciente  y mantenerte consciente  y posteriormente reflexionar para poder aprender de ellas.

Si ya has podido comprobar lo indispensable y útil que te puede ser resultar  saber conversar  para conseguir objetivos y éxito, tanto en tu vida laboral como personal, comienza por respirar o busca ayuda. Tu futuro depende seguro de ello.  

 

Las 100 Flores

flores

 

Hace bastantes años que leí “Cisnes Salvajes” de Jung Chang. Me impactó la dura historia de tres generaciones de mujeres chinas durante los avatares que vivió su país en el siglo XX.Para mi interés político, también me dió una perspectiva definitiva del impacto de quienes gobiernan, sobre el conjunto, haciéndome más consciente de lo  que el abuso de poder y la manipulación pueden llegar a hacer en una sociedad.

El episodio de la narración que hoy quiero recordar es el de la “Campaña de las Cien Flores”. Os adjunto algo de información para contextualizar mi reflexión: “ La Campaña de las Cien Flores, también denominada el Movimiento de las Cien Flores se refiere a un breve período entre1956 y 1957 en la historia de la República Popular China en el que el líder del Partido Comunista (PCCh) Mao Zedong  alentó las críticas y el debate acerca de los problemas que aquejaban al país. Tras expresar su preocupación por la corrupción de la burocracia comunista, animó a los intelectuales a que denunciaran a los funcionarios comunistas corruptos. Mao, en su estilo político-poético proclamó: “Dejad que cien flores florezcan, dejad que cien escuelas de pensamiento compitan, es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra ”. Tras muchas dudas, animados por la insistencia del líder en que tenían libertad para expresarse, muchos intelectuales hablaron claro… La respuesta de Mao fue una dura represión que expulsó a cientos de miles de sus trabajos, envió a muchos a la cárcel y destruyó completamente cualquier tipo de libertad artística o intelectual».

Este uso que me espantó cuando leí la novela es el que a día de hoy me mantiene consciente y alerta en cuanto detecto comportamientos análogos a mi alrededor, salvando las distancias, lo relaciono con la visión de Fredy Kofman cuando habla de las “rutinas defensivas” -la diferencia entre lo que uno dice y lo que hace-  en  empresas y organizaciones. Esto es lo que me ha hecho recordar otra de las múltiples caras de este proceder. Una cuestión es la teoría y otra muy distinta la práctica.

Esta estrategia consiste principalmente en enviar mensajes contradictorios. Mientras el Gobierno Chino advertía en su Campaña que las críticas y sugerencias serían para mejorar y promover el progreso, más tarde lo utilizaba para ir precisamente contra quienes habían seguido sus premisas por haber sido desleales al gobierno, al exponer sus fallos.

Seguro que os suena de algo cuando habéis escuchado  frases del tipo “los trapos sucios se lavan en casa” y a continuación cuando comenzabas a exponerlos, “dame soluciones y no me cuentes problemas”. O quizá «nos gusta la crítica constructiva» y tras los primeros pasos en esta dirección, jurarte odio eterno con «siempre ves todo mal» y se etiqueta a la persona.

Estas cuestiones parten del control unilateral que quiere ejercer quien dirige, de su temor a la pérdida de autoridad y al descontrol,  procurando su propia autoprotección para que en cualquier caso, no puedan achacarle determinadas cosas o  no cumplir con la prometido. Evitando que su  clara inconsistencia sea discutible.

Estas prácticas que vemos y sufrimos  a diario.En principio molestan y no sabemos realmente el porqué pero, no son inocuas tienen algunos efectos que Kofman relata brillantemente:

  • Impiden que exista un ambiente de confianza mutua.
  • Cercena la iniciativa y la motivación
  • Crea atmósferas de falso consenso
  • Paraliza la acción
  • Acrecienta la cultura de la víctima
  • Impregna todo de negatividad
  • Potenciando el “triunfalismo hipócrita” es decir, habla de valores y objetivos a sabiendas de que son imposibles como si fuesen factibles.

La proliferación de estos comportamientos  es lo que hace que una empresa u organización comience su caída libre por descuidar la comunicación de la comunicación.

Piensa en la tuya, ¿hay consistencia entre lo que se dice que se fomenta y lo que realmente se hace?

info:http://www.historiasiglo20.org

¿Cuál es tu pasión?

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Cuando Steve Jobs dijo: “Tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con él es hacer lo que creas que es un gran trabajo. Y la única manera de hacer un trabajo genial es amar lo que haces. Si no lo has encontrado, sigue buscando. No te detengas. Al igual que con todos los asuntos del corazón, lo sabrás cuando lo encuentres. Y, como cualquier gran relación, sólo se pondrá mejor y mejor, conforme los años pasen. Así que sigue buscando hasta que lo encuentres. No te detengas” a más de uno, nos planteó  grandes dilemas.

 Si vamos analizando el pensamiento frase por frase, las reflexiones se suceden.

Que el trabajo llena gran parte de nuestra vida, al menos ocho horas, en la mayoría de los casos, tenemos certeza. A partir de ahí:

¿Qué es para ti un trabajo? y, ¿un gran trabajo?

Estar satisfecho con tu trabajo, ¿qué significa?, ¿lo estás?

¿Qué es lo que yo vas a amar cuando lo  hagas?

¿Cómo vas a seguir buscando?

¿Cómo sabrás que es ese cuando lo encuentre?

A veces nos hemos detenido poco en la selección del empleo, en numerosas ocasiones, es el trabajo, el que nos ha elegido a nosotros y lejos de plantearnos estas cuestiones, optamos, como mínimo, por dos vías muy distintas. En  una seguimos el pensamiento de Tolstói “amando lo que uno hace” sea lo que sea, con unos valores y una misión y visión  claras  de que en cualquier trabajo podemos hacer algo grande y en otra, nos mantenernos en nuestra “zona de confort”, es decir, en el mismo trabajo de siempre, que no nos gusta en absoluto pero que es un buen “pagafacturas” al final de mes. Sin darnos cuenta de que su valor irá haciéndonos decrecer  personal, emocional e intelectualmente a medida que aumentamos nuestro esfuerzo por hacer las tareas diarias.

En esta última situación  las palabras de Jobs no tienen significado  y es precisamente entonces, cuando nuestro desarrollo vital merece una reflexión.

Cuando Jobs habla de amar lo que haces, sólo quiere decir que te prestes un poco de atención y escuches a tu interior que te dirá, qué es lo que te gusta hacer, lo que haces naturalmente, sin esfuerzo, dejándote fluir, lo que estás realizando cuando pasan las horas sin darte cuenta, en lo que piensas desde cuando te levantas por las mañanas hasta que cierras los ojos para dormir. Llámalo don, habilidad, fortaleza, cualidad, aptitud…pero ¡¡úsalo!!

A veces se necesita tiempo y reflexión para advertir que, lo que a ti apenas te cuesta hacer, otros están dispuestos a pagar por ello y así te podrás dedicar a esa tu pasión. Lo que  a ti “te sale natural” a otros nos puede costar mucho esfuerzo y preferimos que otros nos los proporcionen. Piensa en ello.

Trabajando en eso que adoras, sea lo que sea, podrás ser el mejor, innovar, ser creativo, ponerle entusiasmo, ilusión, no esperar que siempre sea viernes y que  por fin para ti las palabras de Jobs tomen vida, no en tus sueños, sino en tu realidad.

 Si no puedes encontrar ese algo tuyo sólo, no lo desperdicies, busca ayuda. Todos tenemos talento para algo que se nos da muy, muy bien y nos apasiona.

¿Desempleado? ¡Actívate!

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El coaching es un proceso para alcanzar las metas y objetivos que te propongas o para indagar sobre los cambios que quieres  hacer en tu vida.

Cuando estamos desempleados, aunque estemos rodeados, nos sentimos un poco solos  en  esta situación que  hace mella en nuestra autoestima y  mueve pilares fundamentales en nuestra  vida. Incluso evitándote que veas oportunidades que pasan cerca de ti y  tengas otras perspectivas.

Te tienes que enfrentar a situaciones familiares y personales nuevas para ti y a emociones negativas que nunca habías tenido antes. Tienes la sensación de no poder manejar la incertidumbre y la inseguridad que son habituales ahora en tu día.

Necesitas ser escuchado,  investigar por ti  mismo, todo eso,  qué es lo que sientes, escuchas y ves  y para qué te sirve.  Si necesitas ayuda, no lo dudes.  Actívate, identifica tus emociones para que tengas  las herramientas necesarias y te enfrentes con fuerza a este reto  y  recuperes la confianza y la seguridad en ti mismo.

El coaching ve las crisis personales como auténticas oportunidades de cambio. No es terapia psicológica, ni trata de resolver ningún trauma, por eso es más rápido que otras disciplinas y seguro que te ayudará.

Mi compromiso social  personal con quienes estén en esta situación es que, este proceso, que en principio sería demasiado costoso para ti, tendrá sólo el valor del 10% de mi tarifa habitual y por lo tanto podrás beneficiarte de él.

Te cuento la mecánica:

Es un proceso que dura entre 8 y 12 sesiones, depende de los avances que vayas haciendo y de lo que quieras trabajar.

 Las sesiones son una vez a la semana y duran  entre una hora y hora y media. Por lo que el proceso se extiende alrededor de dos o tres meses.

 Entre las sesiones tú mismo te propones un Plan de Acción para llevar a cabo la siguiente  semana,  entrenando  nuevas habilidades y  que posteriormente evalúas.

¿Estás harto de estar en casa castigándote?, ¿quieres empezar un nuevo camino?, ¿qué hoy sea un antes y un después en tu vida? . Da el primer paso, ponte en contacto conmigo a través de aruca@arucacoach.me 

Nice to coach you!! 😉

Algunos de quienes han hecho el proceso dicen de él:

«Con ayuda de Aruca durante un proceso de grandes cambios personales y profesionales he logrado canalizar mi potencial y fortalezas.
Las herramientas aprendidas con ella siguen siendo “clave” para estimular mis capacidades y desarrollo en todos los ámbitos de mi vida.
He disfrutado y aprendido mucho en esta fase de metamorfosis.
Coach ….. “ en continua evolución “…… lo recordaré siempre ¡¡¡

 R.M.

«Me sirvió para sentirme más segura, aumentar mi autoestima, reconocer mis defectos, ser más positiva, intentar ser más feliz cada día y por supuesto aprendí técnicas para lograr poco a poco todo esto. Aún me queda mucho por lograr.
Se lo recomendaría a todo el mundo. Y creo que sería muy recomendable para los directores de equipo de cualquier empresa.»

B.V.

«He tenido la suerte de contar con Aruca como coach. Es una profesional íntegra y honesta, que estableció confianza y cercanía desde la primera sesión. Ha sabido escucharme activamente y motivarme, marcándome y ayudándome a planificar unas metas para alcanzar los objetivos planteados. Promueve la autodisciplina y motivación para desarrollar las habilidades personales. Hoy en día no estaría donde estoy de no ser por ella»

A.C.

«Aruca proporciona un servicio de coaching muy interesante,intensivo y metódico basado en la búsqueda de respuestas a las dudas respecto de las capacidades personales y profesionales.Una reorientación en donde como interesado he logrado despejar en gran medida las inquietudes que enmarañan e impiden ver los deseos subyacentes de crecimiento profesional.»

D.P.

Tú, ¿cambias de idea?

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Me encanta debatir. Algunas personas creen, por mi insistencia, que quiero imponer mis planteamientos cuando pregunto y repregunto, pero nada más lejos de mi intención, lo único que pretendo es indagar en  la perspectiva de los demás y revisar mi proceso lógico para mejorar mi planteamiento y solución.

 Hace tiempo que entendí que lo que pienso es fruto de mis creencias, experiencias, emociones y sentimientos, por lo que de lo que yo veo o intuyo del asunto, es una infinitésima parte de lo que puede ser una realidad vista por muchas más miradas  gestadas en otras miles de circunstancias. No quiero tener razón, quiero ir limpiando mi mente de mis juicios y prejuicios para que pueda llegar a una idea compartida, común, porque sé que es en ese estadio, en el que ganamos todos.

 ¿Qué  cosas he descubierto con esta “afición”?

Hay quien asocia el debate con el conflicto y lo rechaza de entrada, les pone nerviosos, les parece que les hace vulnerables o que es demasiado agresivo y lo evitan.

Hay quien  no escucha, porque insiste una y otra vez en su planteamiento sin referirse a los argumentos del otro y cuando lo haces con los suyos, sintiéndose “acosado” cambia de tema o introduce un elemento disuasorio.

Hay quien no quiere un planteamiento holístico que vaya conectando unas cuestiones con otras y relacionando sus efectos, pero tampoco uno específico en el que haya que darle bastantes vueltas a detalles de la posición propia y a la ajena. Además de no querer reconocer, en algún caso, que en algunas cuestiones, o  no habíamos visto esa perspectiva, o necesitamos un tiempo para pensarlo.

 Cuando uno sabe que no tiene la verdad suprema y que su punto de vista es uno más, se enfrenta mejor a esta indagación a través de la palabra, sin miedos, sin tomarlo personal, sin sentirse mal, acosado, avergonzado o culpable.

 Cuando uno sabe que cambiar de opinión no sólo es sano y saludable, sino que también demuestra que utilizamos  nuestra cabeza para analizar, incorporar y matizar ideas, mejora. Lejos de entenderlo como una falta de seguridad y de confianza, cambiar de idea, significa más fortaleza, integridad y respeto por los otros, fruto del aprendizaje mutuo.

La fuerza, ocurre como con los metales, está más relacionada con la elasticidad y la flexibilidad que con la rigidez. Como decía el dramaturgo noruego Francis Picabla que  “nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección”.

Tú, ¿utilizas tu cabeza?

Multiplicar el talento

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Cuando pensamos en trabajar para alguien, casi todos seguimos, en el mejor de los casos,  un proceso similar,  pensando primero en qué queremos hacer, es decir, en la tarea, después en el sector, y a partir de ahí seleccionamos las empresas que nosotros creemos que nos pueden interesar indagando sobre su misión y sus valores para ver si están alineados con los nuestros.

Comenzamos a elaborar nuestro curriculum para ser lo suficientemente atractivos, cuanta más formación, conocimientos y experiencia en la materia más seguros nos sentimos de que podemos estar cerca de ese puesto, pero lo que pocos piensan es para quién acabas trabajando, tu responsable directo,  y ésta puede ser una de las decisiones más importantes de tu vida.

Puedes trabajar para un genio, que tiene vastos conocimientos en la materia, sobrada experiencia en el área, y que es un lince, pero puede ser una persona de las que, precisamente por estas características, se convierte en  un “disminisher” al que le sobran todas las opiniones, se basta y sobra para saber lo que hay que hacer. Esto además lo deja claro cuando en la mayoría de las reuniones no escucha, infravalora o ridiculiza tanto las opiniones como el trabajo o los errores de los demás y vive en su atalaya sin mezclarse con la “pleble”.

Esto que aquí escrito hace que sólo tengas ganas de salir corriendo, en el mundo laboral a veces se aguanta durante años sin tener en cuenta ni el rendimiento de las personas a su cargo, ni su salud física y mental, que cada vez son peores, ni su efecto en su  productividad  y en el entorno de trabajo.

El mal clima laboral, la falta de compromiso con la empresa, la falta de motivación en muchos casos se hace patente con este tipo de personas dirigiendo, que además no dejan de colgarse medallas de todos los proyectos y de quejarse de la inutilidad de su personal o de la necesidad de más por su inoperancia.

Estos perfiles que eran premiadas hasta hace poco, son, en las compañías más vanguardistas,  algo del pasado. Creer en el potencial de tus empleados y servirles de entrenador para mejorar su talento es una responsabilidad de todos los managers con personas a su cargo, que además podrán, con el concurso de todos, hacer más, no con menos, como solía ser la exigencia hasta ahora, referida sólo al dinero, sino con el máximo desarrollo de la inteligencia de todos.

Piensa en hacer una  inversión en estas personas claves en tu compañía para prepararles y que integren en sus habilidades manejar el talento de su equipo y  que multiplicarlo  sea el objetivo:

Mejora el ambiente de trabajo con compromiso y confianza

Maximiza el potencial de los componentes del equipo

Eleva el rendimiento de todas las personas

¿Merece la pena la inversión  o piensas seguir con fórmulas retrógradas y excusas?

Lo que no se ve

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Cuando vemos a alguien que, a nuestro juicio, tiene una limitación física, rápidamente se mezclan en nuestra mente distintas emociones que se revuelven  y combinan, casi siempre basándose en lo obvio, lo que se ve,  para acabar compadeciéndola y  agradeciendo no estar en su misma situación.

Seguramente por miedo no hemos entablado una conversación con ella acerca de cómo ve y siente ella misma eso que nosotros desde nuestra “cómoda” posición, consideramos limitación. Si no, podríamos observar y reconocer cómo muchas de las limitaciones y miedos que pueden exteriorizar, coinciden con los que nosotros mismos tenemos  y a los que no damos demasiada importancia, sólo  porque a simple vista no se ven.

Lo que ocurre en ambos casos es que el efecto final, que nosotros vemos tan evidente en cuestiones físicas, es prácticamente el mismo, ejerce una limitación mental en nosotros y es, que al servirnos de excusa, ni siquiera lo intentamos.

En el elaborado proceso de esconder nuestros miedos tras estas “evidentes razones”, atacamos al contrario, desarrollamos comportamientos conservadores y no arriesgamos lo más mínimo para no enfrentarnos a lo que en nuestra mente está escrito en letrero luminoso que alerta ¡Fracaso! o al esfuerzo que conlleva conseguirlo.

Además esa conmiseración que desarrollamos al verlo desde nuestra exigua experiencia y sin ponernos en sus zapatos, nos hace ser excesivamente permisivos, no impulsar ni entusiasmar  a los demás porque pensamos que nosotros no podríamos hacerlo en su lugar. Sin ser conscientes de que hay muchas personas que, animadas por su entorno, han sido capaces de grandes gestas sólo porque creyeron en ellos.

Todo lo que se realiza con maestría lleva aparejadas miles de horas de entrenamiento que en caso de, no creer que puedes, no habrán tenido lugar, por lo que incluso no llegarás a ser siquiera aprendiz de nada.

Hay quienes  no queriendo ser partícipes de estas limitaciones se exceden en sus críticas y vapulean con la intención de mover a la acción sin empatía alguna, como si trasladar  a otros el discurso que ellos mismos  merecen mitigase su responsabilidad y sacase a empujones a los demás de su zona de confort.

Entre las dos posiciones  conseguir que volvamos a creer en nosotros mismos y desarrollemos un equilibrio que empodere a la persona, sin minar su autoestima y sin que se sienta agredida o amenazada es el reto.

 

¿Te atreves?

Diferencias fascinantes

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Hace más de veinte años, empecé mi aventura vital en solitario.Después de estar al calor de mi familia y protegida por mi entorno, sin la total convicción de mis padres, comenzó mi  viaje.

A ellos les agradezco su esfuerzo para darme la oportunidad de pasar un año a miles de kilómetros de distancia de mi casa, viviendo en otra familia, aprendiendo otro idioma y sacándome las castañas del fuego yo solita, con mis dieciséis añitos recién cumplidos.

Muchas son las andanzas e historietas que puedo contar de aquel maravilloso año y de lo mucho que aprendí, pero hoy quiero hablar de algo que me impactó desde el primer día, me fascinó, abrió mi mente y cambió mis creencias, las increíbles “diferencias” que vi.

Mientras yo no acostumbraba más que a ver blancos, católicos, casados o solteros, funcionarios o empleados, de repente un mundo de posibilidades se abrió ante mis ojos, compartía mis clases con  todo tipo de asiáticos,  afroamericanos, compañeros con “varios padres”, “varias madres” y “diferentes hermanos”, católicos, budistas, infinidad de variedades protestantes  evangélicos…además, casi todas las personas que me rodeaban eran autónomos y dirigían su propios negocios, numerosas combinaciones de muchos elementos, todas nuevas para mí.

Tuve la oportunidad de asistir y observar cómo estas religiones, con la mayor normalidad, compartían centro para sus ceremonias y celebraciones, colocando y recogiendo sus símbolos después de cada culto.

Me encantaba ver, que a pesar de las diferencias entre ellos y de lo distintos que a mí me parecían, eran capaces de unirse en cuestiones como la lengua para poder comunicarse.

Ahora, después de tantos años, todo aquello me parece casi «lo normal» pero entonces me impactó, tanto, que me hizo una defensora de las inmensas posibilidades de la diferencia y de que precisamente en ella, está nuestro avance, en conseguir enriquecer entre todas el “nosotros”.

 Nunca más tuve miedo de probar nada distinto, ni de hablar con nadie ajeno, ni de cuestionarme todo, de escuchar a todos, de confiar en personas muy distintas  y si algo aprendí  de aquella experiencia es, que lo fundamental es partir de lo que nos une. Entonces lo hice y aprendí  inglés para poder comunicarme con toda esa gente interesante que pensaba, actuaba y vivía de forma muy diferente a lo que yo estaba acostumbrada.

En el colegio, las asignaturas estaban mezcladas, como si fusionasen  la formación profesional y el instituto, algo que también me forjó  la idea de que cada uno es mejor que los otros en algo, no importa en qué, siempre hay que crear la idea del beneficio para “nosotros”,  la mayoría de las veces lo somos en algo diferente y  lo importante es sacar todo el potencial posible de cada uno para hacer algo bueno juntos. Y por fin, ¡a eso me dedico!

Por eso coincido con Karen Anderson en que lo importante no es la riqueza, ni todos los estupendos títulos que tengamos colgados, lo importante es que aprovechemos todas las diferencias para conectarnos, para enriquecernos y para ver que el mundo juntos, puede ser un lugar mucho mejor para todos.

 

Os dejo  su inspirador  TED por si quieres ser un «Opportunity maker» 😉 

¿Qué pasa con tu trigo?

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«Cuenta una  parábola antigua. Y debe ser muy antigua porque en aquellos días Dios acostumbraba a vivir en la tierra.

 “Un día un viejo campesino fue a verle y le dijo: ―Mira, tú debes ser Dios y debes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: No eres un campesino, no conoces ni siquiera el ABC de la agricultura. Tienes algo que aprender.

 Dios dijo: ―¿Cual es tu consejo?

El granjero dijo: Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos que pasa. La pobreza no existirá más.

 Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente pidió lo mejor y solo lo mejor: ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano.

 Todo confortable, cómodo y él era muy feliz. El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Este año todo fue perfecto, matemáticamente perfecto.

 El trigo crecía tan alto….que el granjero fue a ver a Dios y le dijo:¡Mira! esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en diez años, aún así tendremos comida suficiente.

 Pero cuando se recogieron los granos estaban vacíos. El granjero se sorprendió. Le preguntó a Dios :¿Qué pasó, qué  error hubo?.

 Dios dijo: Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tú  evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente.

 Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo.

 La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad. A esto se le llama entendimiento. Entendiendo este secreto descubrirás cuán grande es la belleza de la vida, cuanta riqueza llueve sobre ti en todo momento, dejando de sentirte miserable porque las cosas no van de acuerdo con tus deseos.»

 ¿Cuántas veces al día te quejas de algo que deseas que cambie ?

¿Qué está en tu mano cambiar de ello?

 ¿Qué haces para cambiarlo?

¿Cómo afrontas lo que no crees que puedes cambiar?

 ¿Has pensado cómo sería tu vida si  todo lo que deseas se te concediese?

 ¿Qué impacto tendría en ti? y ¿en los demás?

 ¿Con qué condiciones sabes navegar por la vida?

Si lo piensas y «lo entiendes» es difícil que todavía te sientas miserable…

¿Realmente?

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Piensa unos minutos si esta palabra, “realmente” o términos como “la realidad”, son frecuentes en tu vocabulario y qué quieres decir con ellas. Cuando alguien las incluye en sus mensajes hacia ti o en sus preguntas, ¿cómo la interpretas?, ¿qué quieren decir?

Por ejemplo si digo “la realidad es que no puedes seguir haciendo esa tarea”, ¿a qué me refiero? probablemente a que yo pienso que no puedes seguir haciendo esa tarea pero, ¿qué efecto produzco en mi interlocutor, aludiendo a algo que es “real”?, ¿puede alguien cuestionarlo?, o de hecho, ¿lo cuestiona?

¿Cómo percibimos esa realidad? Además de a través de los filtros de nuestra mente y nuestros sentidos, tendremos en cuenta que nuestra biología, nuestro lenguaje, nuestra cultura, nuestra historia personal, todo ello compone, lo que de un plumazo llamamos nuestra realidad, que no es más ni menos que nuestro modelo mental y que, sin analizarlo,  elevamos a un imperativo incuestionable y aplicable a todos los demás.

Que tengamos frío o calor es una cuestión real de temperatura o cada uno tiene su umbral. Si somos expertos en materiales o en plantas en un puente o en un jardín veremos cuando miramos la misma realidad. Si acabamos de perder nuestro trabajo o hemos tenido un ascenso, valoramos igual la realidad de la situación económica. Un ordenador es realmente un avance en medio de la selva y  un rifle en medio de la ciudad. Si observas un atraco desde ambos puntos de vista de los intervinientes es realmente  la misma experiencia y la de quien observa.

 ¿Qué queremos provocar cuando nos erigimos en narradores de algo llamado realidad?

¿Qué supuestos damos por hecho que compartimos?

“En realidad” no quiere decir nada y no es un lugar común para casi nadie. El filósofo Humberto Maturana, afirma que “es un recurso retórico que llama a la obediencia, una falta de respeto que le exige al otro que abandone su modelo mental y adopte el propio.” ¿Posible? Porque » todo lo dicho es dicho por alguien?

Piensa de qué está formado tu preconsciente, es decir, cuál es el modelo mental que rige tus pasos y después echa un vistazo a tu alrededor a ver si encuentras a alguien que lo pueda haber compuesto exactamente  igual y  entonces, podréis hablar de vuestra realidad. Difícil, ¿no?

El camino de Chuang Tzu

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 “Cuando el arquero dispara gratuitamente, tiene con él toda su habilidad.”

Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya está algo nervioso.

Cuando dispara para ganar una medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos.

 Su habilidad no ha cambiado pero el premio lo divide, pues el deseo de ganar le quita la alegría y el disfrute de disparar.

 Quedan apegadas allí, en su habilidad, las energías que necesitaría libres para disparar.

 El deseo del triunfo y el resultado para conseguir el premio se han convertido en enemigos que le roban la visión, la armonía y el goce.”

                                             Pasaje de  “El camino de Chuang Tzu”

Qué cantidad de obstáculos, nosotros mismos nos ponemos en el camino para ralentizar nuestro desarrollo y el disfrute de nuestra actividad.

Pensad en cómo construimos nuestros deseos…de quienes hacemos depender nuestra seguridad, ¿qué parte es reconocimiento externo?

Podéis imaginaros a una flor preocupada por crecer hacia donde alguien la vea, por si tiene buen color, o necesita más fertilizante…o quizá sólo crece.

¿Qué pasa con nuestro arquero?, ¿cuál es nuestro diálogo interior? ¿con quiénes nos comparamos?, ¿a quiénes queremos impresionar?, ¿qué queremos demostrar?

¿Qué nos decimos para paralizarnos?, ¿para no vernos a la altura? ¿Cuál es el nivel al que debemos estar? , ¿quién lo marca?

¿Qué es lo peor que nos podría pasar si dejásemos que simplemente fluyera?

¿Cuántas personas que son líderes naturales y gustan de hablar en público cuando lo tienen que hacer sufren miedo escénico e incluso pánico?

Quienes tocan sus instrumentos en solitario con increíble virtuosismo y cuando tienen que hacerlo ante alguien quedan paralizados.

Me imagino múltiples ocasiones, a quienes les cuesta correr, hablar algún otro idioma, hacerse fotografías, bailar, cantar…te fijas y obsesionas con el objetivo y la carga se hace pesada.

Y si en lugar de pensar en para qué, pensásemos sólo en disfrutar concentrados  y consiguiésemos reservar esa energía para hacerlo conscientemente…sólo jugando…

Las armas del Mulá

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“Las armas del Mulá”

Este viejo cuento sufí me sirve para reflexionar sobre las «armas» que poseemos, que trabajamos, que entrenamos para enfrentarnos a la vida y sobre cómo la incertidumbre, el cambio y lo inesperado pueden hacer que, a pesar de que confiemos ciegamente en nuestra preparación, nos dejen sin esa vital “asistencia”.

“El Mulá Nasrudín inició un viaje hacia tierras lejanas, motivo por el cual se hizo con una cimitarra y una lanza. En el camino, un bandido cuya única arma era un bastón, se le echó encima y lo despojó de sus pertenencias. Cuando llegó a la ciudad más próxima, el Mulá contó su desgracia a sus amigos, quienes le preguntaron cómo había sucedido que él, estando armado con una cimitarra y una lanza, no hubiera podido dominar a un ladrón armado con un modesto bastón. Él replicó: El problema fue precisamente que yo tenía las dos manos ocupadas, una con la cimitarra y otra con la lanza. ¿Cómo creen ustedes que hubiera podido salir airoso?”

 

¿Cómo te estás equipando tú para enfrentar tu viaje?

¿Cómo te preparas para  una probable  vida llena de incertidumbre y cambio?, ¿qué sabes de ti y de tu forma de reaccionar, eres reactivo, proactivo, creativo?

¿En qué inviertes tu esfuerzo, tu tiempo, tu dinero, en tener, en hacer o en ser?

¿Cómo afrontas los hechos inesperados, lo que  no controlas?

 ¿Qué habilidades tienes o vas a adquirir para que no te sorprendan con las «armas» que no sirven o sin saber usarlas o sin saber desprenderte de las que te pesan y no te ayudan rápido?

 ¿Qué puedes hacer para mejorar tu preparación, para llenar tu ser de recursos útiles?

¿Eres de los que leen, se dicen a sí mismos esto ya lo sé yo y no lo entrenan?

¿Crees que sólo con saberlo funciona?

¿Qué hubieses hecho tú en el lugar del Mulá?