Tu máquina de Pinball

pinball

Reflexionar implica tiempo, parar, concentrarse, preguntarse, decidir, probar y finalmente cambiar si estás convencido.

En muchas ocasiones cuesta tanto tener tiempo, que la falta de él, es la excusa para no iniciarse en el proceso. No tener tiempo, no deja de significar que lo que te planteas no es una prioridad. Seguro que si te invitasen a embarcarte en un crucero gratis o ir a un concierto de tu artista favorito, el tiempo no sería una excusa.

Concentrarse.Con la cantidad de interrupciones que tenemos en nuestro día a día es difícil. Si no agendamos unos minutos para ello o hacemos el firme propósito de  concentrarnos en la tarea que estamos realizando sea la que sea comer, escribir, hablar…dejamos que nuestra mente salte de tarea a tarea y de pensamiento en pensamiento sin darnos cuenta de que afecta a nuestro rendimiento, a la correcta ejecución y por supuesto al disfrute y deleite.

Preguntarse. Uf eso no lo hacemos casi nunca y cuando lo hacemos, nos hacemos siempre las mismas preguntas, con la intención masoquista que nos hace querer olvidar esta tarea pronto. Nunca te quieres hacer esas preguntas que te harán avanzar por miedo a no saber o no querer admitir la respuesta.

Decidir. A cuántas personas preguntamos ¿y tú qué harías? Con unas cuantas pinceladas de nuestra situación aceptamos que los demás nos den su receta y a veces hasta la llevamos a la práctica sin pensar en si es lo que nosotros queremos, aunque quizá buscamos evitar tomar esa decisión o responsabilizar a otros de sus consecuencias.

Cambiar. Es de las pocas cosas  seguras en este mundo, que cambiamos. Acaso te ves igual que hace unos años, o piensas igual que entonces, sigues haciendo las mismas cosas. Te resistes a madurar o a crecer o salir de tu zona de confort.

Evitar este proceso, hace que vayas por la vida como si fueras la bola de una máquina de pinball. Que cada golpe que la “suerte” o el “azar” te da te lleva a un lugar diferente al que tú no tenías la intención de ir y sin embargo te adaptas ejerciendo el papel de víctima, en lugar de ser protagonista. Las luces te deslumbran y las persigues como si fuesen lo que quieres, hasta que un nuevo  golpe te envía de nuevo a lo desconocido y vuelta a empezar. Reconoces el lugar por el que has pasado cientos de veces pero no sabes cómo salir.

Cuando lees algo como “No esperes más, sal ahí fuera y haz que ocurra” sólo se te ocurren fenómenos paranormales para producirlo. En realidad no has tomado, ni planeado, ni decidido, cómo has llegado hasta donde estás.

Siempre podrás culpar a tus circunstancias, a tu situación económica, familiar y social  por lo que has hecho o por lo que nos has hecho en tu vida.

Siempre podrás esperarte a que tengas tiempo cuando seas mayor para entonces reflexionar y darte cuenta de que sólo te puedes lamentar de todo lo que no hiciste.

O puedes decidir tomar el protagonismo de tu vida. Coger esa energía que te da ponerte a los mandos y empezar a tomar decisiones que te vayan acercando a tu objetivo, a donde quieres ir.

Los mejores compañeros para mí en este camino han sido libros, aunque si quieres acelerar este proceso, descubrir tu potencial y encontrar tus herramientas para construir seguridad y  confianza haz como yo, únete al Coaching.

Crecer. Cambiar. Evolucionar. Descubrirme y hacer algo más, algo mejor o algo más importante es lo que me planteo cada mañana cuando me levanto.

 

Yo quiero salir de la máquina ¿y tú?

Comunicación caníbal

canibalismo

 

Si pensamos en esta práctica, el canibalismo, como mínimo, confluyen en nosotros varias emociones negativas, y son muchas las imágenes, sensaciones e historias  desagradables que cruzan nuestra mente.

En principio  lo vemos como algo lejano que no ocurre, a pesar de alguna película o serie, cerca de nosotros. Si bien es una práctica que al final muchos lo asociamos  sólo con comernos a nuestros congéneres, tiene más que ver con rituales y actos religiosos que con el sostén alimenticio y es esto último lo que me hace pensar en la analogía que hace Covey de su relación con la comunicación.

Cuando  interactuamos con alguien, ya sea en casa, en el trabajo  o en cualquier otro lugar, en reuniones grupales o individuales podemos observar que nuestra comunicación tiene mucho que ver con la práctica de comernos a nuestros iguales. Agresiva, a la defensiva,  no contribuyen a acordar sino a rivalizar.

En psicología el canibalismo responde a impulsos agresivos –orales no controlados , un acto originado por el deseo de dominación y es ese mismo deseo el que se impone en nuestras conversaciones.

Piensa si no en cuántas de nuestras conversaciones estamos a la defensiva, nos damos por aludidos y nos defendemos de críticas que creemos van dirigidas directamente hacia nosotros.

 

Cuántas veces cuando empiezas a hablar para pedir algo, lejos de ir al grano, comienzas por un reproche general que indispone a tu interlocutor contra ti. “ Como tú nunca estás disponible, ahora me puedes ayudar” Cómo apetece ayudar eh!

 

En cuántas ocasiones utilizas “ tú eres” colocándole una etiqueta a quien hablas seguida de un “ siempre” que le enjaula en ella. “ Tú que siempre estás a lo tuyo” . ¿Así pretendes que cambie?

 

Cuántas veces  te mantienes callado en una reunión sin proponer, y de repente cuando alguien dice algo te abalanzas sobre la idea, mordiéndola  hasta despedazarla sin apenas reparar en ello. Eso, ¿cómo se llama?

Todas estas interaccione están regidas por valores de supervivencia ancestrales en los que lo que hay detrás es “quienes quieren que tú caigas” y de los que te defiendes agresivamente.

“Tener la razón”, “dejar claro quién manda”, aparentar que sólo existen dos opciones “conmigo o contra mí” son caminos destructivos que minan nuestra energía, enrarecen y contaminan nuestro entorno y como el propio canibalismo, sólo son  rituales,  hábitos que no cubren ninguna necesidad básica humana.

Sólo siendo conscientes de que tenemos estos hábitos podemos comenzar la renovación. Hacer nuestros entornos menos agresivos, menos infructuosos y dramáticos.

 La clave de este cambio, que no es nada fácil, es la escucha consciente, que va más allá del mensaje que la persona emite y que indaga en la adaptación al entorno habitual en el que ha vivido esa persona, tratando de entender qué nos quiere decir con su actitud que necesita. Seguramente cuestiones de supervivencia, salario y seguridad.

En lugar de dejarnos contaminar por ella, rindiéndonos por cansancio o falta de paciencia,  podemos dilatar en el tiempo la respuesta agresiva que dejará salir al primitivo que llevamos dentro.

A veces parece un esfuerzo titánico, siempre merecerá la pena esa victoria personal que nos hará conscientes del poder que tenemos con nuestro propio autocontrol.

 

Para empezar siempre puedes pedir perdón.

¿Te animas a ser diferente? Yo sí . A entrenar 😉

 «La comunicación, después de todo, no es tanto una cuestión de inteligencia como de confiar en los demás y aceptarlos con ideas y sentimientos, y de admitir el hecho de que son diferentes y ellos también piensan que tienen razón» Stephen Covey  

Sólo se necesita miedo

rey de corazón

SÓLO SE NECESITA MIEDO

 

   “Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.

  El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:

  –¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!

  El asceta dijo:

  –Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.

!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!

  –¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?

  Y el asceta repuso:

  –Sólo se necesita miedo.”

 

 

 

De nuevo utilizo un cuento hindú como inicio de una reflexión de lo que el miedo puede hacer por y con nosotros.

Si te das cuenta nos hayamos sometidos en nuestra vida diaria a miles de «usos del miedo», por parte de la publicidad, de los gobernantes, de la familia. Muchas de las frases que escuchamos son del tipo  “si no usas, haces, dices,… tal o cual cosa, te pasará esto o lo otro”.

Casi siempre cuando las escuchamos estamos haciendo o pensando otra cosa y dejamos deslizarse estas amenazas dentro de nosotros, en nuestra mente inconsciente sin apenas cuestionarlas. De forma que en el mejor de los casos acabamos siendo sujetos activos de la obligación motivo de la amenaza.Convirtiéndolo en creencias automáticas que rigen nuestro comportamiento.

Sin apenas pensarlo nos habremos echado ese producto para no tener arrugas, habremos comido eso para no engordar, tendremos ese otro dispositivo para no parecer desfasado, ese coche para no parecer fracasado. Pronto nos daremos cuenta de que  nuestras acciones parten de alejarnos del dolor, no de acercarnos al placer. De objetivos negativos. No estar gordos, no parecer ignorantes, no parecer mayores, no dejarnos pisar…y todos ellos fruto del miedo que pueden llegar a ser, con nuestra obsesión y colaboración incluso  profecías autocumplidas.

Nuestras alertas ancestrales que nos hicieron sobrevivir a tantos peligros que en el pasado tenía la naturaleza para nuestra supervivencia, ahora nos traicionan formando parte de nuestros automatismos sin apenas darnos cuenta.

Y no es más que este miedo automático, el que luego nos lleva a ver mejoras y progresos donde nos dicen, aunque no los haya, donde todo es una entelequia y aún así, nos atrevemos a decir, por miedo, que vemos el ave dorada que quienes nos intentan dirigir quieren que veamos.

Cada uno ya tenemos suficiente diálogo interior para lidiar con nuestros propios miedos, fruto de creencias sin explorar, como para que alguien externo,  nos insufle más y merme nuestra autoestima haciendo mella en la libertad que, a pesar de todo, tenemos para tomar decisiones.

No dejes que estos automatismos entren por la puerta de atrás , cuestiona todas y cada una de esas creencias que van a conseguir perturbar tu paz interior.

 Siempre y cuando hagas ese trabajo desde dentro, serás capaz de discernir entre lo que tú sabes y lo que por otros creías.

 No olvides sonreír ante esto. Lo normal es tener miedo, aunque lo esencial es que continúes haciendo en lo que crees a pesar de él, para que ni te paralice, ni te gobierne.

 

Empezar a plantarle cara en cualquier momento es el principio de una vida en paz.

Seamos libres, como escribía Viktor Frankl , «teniendo el poder de elegir»

foto:andreaweb.es

Todo pasa por algo…

piedras

 

 

Después de muchos años todavía me pregunto que lleva a muchas personas a utilizar su energía, no para descubrir su potencial y mejorar su entorno, sino en destruir, criticar, atacar a otros, sus ideas o sus propias personas.

Es cierto que quien invierte en esto su tiempo produce varios efectos, primero muestra su propia debilidad, puesto que atacando cree que va a producir el mismo efecto que produciría en ellos. Además muestra sus armas al arrojar contra otros sus propias cuitas, decía Carl Jung que lo que no nos gusta de otros, en el fondo es algo que tenemos que revisar en nosotros, puesto que es algo que, en nosotros, no funciona. Y entre otros más, estas emociones negativas te hacen estancarte, volverte víctima, reactivo y no te dejan avanzar, ilusionarte y proponer. Vas pasos por detrás desde el principio, habiendo echado el ancla casi siempre en el pasado.

Sólo das información y aireas las miserias que puede haber detrás de ti, como detrás de cada ser humano que todavía no ha conocido la compasión, la empatía y otra forma de comunicarse que sea más asertiva y colaborativa. Manifiestas tus malos modos cuando el viento no te es favorable, lo que a la vez dice mucho de tu madurez.

Además pienso que los obstáculos que vamos encontrando en la vida, lejos de ser acontecimientos sólo, también son personas que nos enseñan sobre distintas cuestiones vitales. Bien podemos, con las piedras que lanzan, construir nuestros propios muros para elevarnos sobre ellos y ver más allá. No dejo de insistir en que cada uno de nosotros, lejos de ser tóxicos  por naturaleza, hemos, por nuestras experiencias, desarrollado distintas estrategias, que a veces no son las adecuadas para nosotros y nuestros objetivos, pero en cierto modo el hábito y la costumbre nos parece que no nos dejan más opción que el sufrimiento y la ira.

Quiero pediros que quien pueda, sea consciente y entienda que la mayoría de nosotros vive en su interior mil batallas de las que nada sabemos, aunque recibamos daños colaterales,  sea capaz  de ser paciente y empático, tanto, como para ir más allá de sus emociones negativas automáticas y salvándolas con una reflexión, ayude a que esas personas no repliquen su comportamiento allá donde van  y haciéndoles ver que a quien únicamente lastiman con ese proceder es a quien vivirá en su cuerpo para siempre, ellos mismos. Los demás, todo lo que harán será evitarles con cualquier excusa, pero quienes queramos ser diferentes seguiremos buscando esa fantástica persona que hay en su interior queriendo salir.

De acuerdo que es una gran gesta pero la satisfacción de saber controlarse uno mismo, poder pensar para elegir la respuesta y ver florecer a los demás, no tiene precio.No te rindas, si quieres ser distinto, no puedes actuar como los demás, no huyas, aprende y ayuda a aprender.

¡Todo y todos pasan por nuestra vida, por algo! 😉

Desconectado

desconectado

 

 

 

Leyendo sobre la detención de los tuiteros  catalanófobos, y de las ácidas y anónimas críticas políticas en las precampañas electorales, me pregunto ¿hay siempre un “ellos” y un “nosotros”?, ¿todo vale para «diferenciarse»?

La religión, la política, la sexualidad, la raza, nacionalidad, la opinión o la circunstancia personal o social. ¿Todo lo que diferencia, discrimina?,¿todo lo que diferencia, condiciona?,¿tan necesario es crecer o nacer frente a algo con anticipación del «anti»?

No me parece tan original esperar a que alguien haga, diga o construya algo para entonces declararse en contra.

Cuando alguien está conectado a los demás, todo lo superficial y diferente parece desvanecerse, las energías se juntan sin recelos para compartir, para conformar, para construir juntos.

Esas etiquetas que nos parecen dar seguridad, esas identidades, pertenencias, son al fin y al cabo miedos e inseguridades que nos unen frente a un enemigo común que no es real, que inventamos irónicamente para supuestamente unirnos.

Alguien a quien no consideramos de nuestra familia, de nuestro grupo, de nuestra tribu y al que por este hecho denostamos y evitamos, haciendo que nos perdamos los grandes matices que aportan las distintas vivencias y experiencias que nos modelan a cada uno.

Identificarse con un grupo, con un territorio, con una lengua es hacer nuestro mundo pequeñito y a nosotros mismos, seres inadaptados, incapaces de partir de un mínimo común denominador y de sobrevivir en otro entorno.

En estas etiquetas siempre hay quien a sabiendas o sin querer, gana en la diferencia, haciendo que en el de enfrente sólo encontremos  más de las siete diferencias del juego.

Esto hace que haya quienes estén  interesados en que tengamos ese filtro, el de la diferencia, como defensa, en lugar de tenerlo como enriquecimiento  social.

Si ahondas en “nosotros”  y “ellos”, acabarás solo, dentro del “yo”, no sólo gastarás raudales de energía para diferenciarte, sino que fomentarás la crítica exacerbada y personal y esto hará que seas incapaz de llegar a acuerdos por encima de las diferencias.

Puedes llegar hasta el absurdo de que nosotros y ellos, exista dentro de la misma familia, del mismo grupo, de compañeros de trabajo, de tu entorno más cercano…

Ese ego que muchas veces no nos permite ser felices, nos hace definir quién está con uno y quién no lo está, con la excusa de que nos protege y asegura cuando produce todo lo contrario, reducir nuestro mundo, perder todo y mantener nuestros miedos y ganar en la divisiónAbandonar la necesidad de sentirnos aislados de los demás es un triunfo que indica el grado de desarrollo personal de  cada uno. Comenzar a verse como miembro de la familia humana, de una tribu común es una liberación que permite acercarse a los demás para sumar. Piensa en global

Haz un ejercicio:

  • Sé consciente de cuántas veces dices “yo” en una hora y trata de eliminar algunos.
  • Deja de hablar de ti mismo,  pregunta a los demás, interésate por ellos.

Busca la conexión  y  las similitudes, te resultará mucho más fácil que lo que has hecho hasta ahora y tendrás mejores resultados.

Hacer equipo, cuestión de actitud

equipo

 

Siempre hay opciones. Otra cuestión distinta es que no las veas, o no las busques o creas que las estrategias que has utilizado siempre son las que funcionan, independientemente de su contexto. Cuando te sumas a un equipo, que lleva tiempo en marcha, es el momento en el que decidirte por una u otra, te lanzará al éxito o al fracaso.

Un equipo de personas, es una selección, a veces natural, a veces elegida, de personas, cuyas fortalezas y debilidades son complementadas para conseguir acercarse lo más posible al objetivo, en menor tiempo, con menor esfuerzo y aunando el mayor número de perspectivas diferentes para poder aglutinar varios puntos de vista, sin enfocarse en una determinada óptica que pierde prismas.

Entrar en ese equipo puedes creerte que es cuestión de formación, cuestión de experiencia, de demostrar que eres mejor que los demás, de poner de relevancia las debilidades, a tu juicio, de quienes te rodean, cuestión de imponerse, de amenazar, de avasallar, de un montón de tradicionales estrategias que están en desuso en equipos plurales.

La entrada en un equipo es definitiva para que tú puedas ejercer la influencia en él para que te escuchen, te sigan, te ayuden y te respeten como líder y nada de esto tiene que ver con las estrategias antes mencionadas.

La influencia es una cuestión mucho más sutil, que tiene más que ver con la actitud que con otras cuestiones que parecen mucho más objetivas. Tiene que ver con sumar, con implicar, con hacer a los demás sentirse importantes, con resaltar sus fortalezas y ayudarles a crecer, con darle oportunidades en los ámbitos en los que sabes, porque lo has observado, que van a brillar, con contagiar ánimo, alegría y entusiasmo por lo que haces. Con no desdeñar o ridiculizar las ideas o propuestas de otros sino alentarlas para que sean un producto magnífico,  exhibiendo su autoría y no intentado que las medallas cuelguen sólo de tu pechera.

Todo esto que al leerlo parece obvio, también lo es a la vista de todo el mundo que te observa cuando entras en un grupo, sin empatía alguna, tratando de ser el más listo de la clase. Sin darte cuenta de que tus primeras frases mostrando tus fortalezas no serán más que una flagrante muestra de tus debilidades.

Todos tenemos algo que aportar en todos los ámbitos, TODOS. Te pueden parecer demasiado  jóvenes, demasiado mayores, demasiado formados, poco. La mayoría de las apreciaciones que haces sin pensar son fruto del miedo de no poder encajar o de creer, con lo que ves a simple vista, que eres superior.

Un equipo lo que de verdad necesita es cuestión de actitud, de conjunto, de sumar, de conseguir un clima de confianza en el que todos se sientan libres para poder hablar con franqueza y exponer su punto de vista sin críticas, ni vergüenza, sabiendo que todos tenemos un potencial que desarrollar fruto de experiencias vitales distintas que hacen que la solución aportada entre todos sea la suma de la partes y no la imposición de la mayoría o de quienes más levanten la voz.

Una actitud positiva e inclusiva provoca una cascada de pensamientos, eventos y resultados extraordinarios que son los que conforman el éxito de un equipo en el que todos dan su 100%.  En ti está la decisión de unirte o seguir con tus viejas estrategias blandiendo como injusticia tu verdadera incapacidad para adaptarte.

Dijo William James que “el gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes”. Imagina qué efecto multiplicador tendrá cuando todos trabajemos en esta dirección.

Liderazgo simbólico

liderazgo

 

“Haz lo que digo y no lo que hago”. Esta frase resume mucha de la filosofía que practicamos hoy en día y que  pone una vez más de manifiesto que somos el producto automático de la ley del mínimo esfuerzo.

Con nuestros «consejitos» pretendemos arreglar ese mundo que luego no recibe una acción nuestra consistente en esa dirección. Todos llenamos nuestro alrededor de deberías, tendrías y todo clase de condicionamientos graciosos. Sin prestar atención a lo que de verdad mueve el mundo que es el ejemplo.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.Albert Einstein. Y esta genialidad es mi reflexión de hoy unida al liderazgo.

Lo que a mi modo de entender hace a un líder no es que lo sea de manera innata, o que tenga muchos seguidores, o que su carisma sea desbordante. Lo que hace que un líder sea consistente, no una moda, ni un furor de unos días es que lo que hace, lo que dice y lo que piensa está en consonancia  y lo demuestra en cada cuestión que lleva a cabo, en la ACCIÓN.

Cuando pensamos en a quiénes de verdad consideramos líderes, la mayoría de los que presiden organizaciones, instituciones y empresas no nos merecen esa consideración.  Muchos pueden ser jefes pero no líderes. A un líder le pedimos mucho más para poder ponerlos cerca de Mandela, de Luther  King , de la Madre Teresa de Calcuta. Les pedimos que sea su propia vida y sus acciones las que por sí mismas inspiren la nuestra y hagan nacer en nosotros la necesidad de crecer en esa dirección. En la de pertenecer a esta sociedad más allá de nuestros propios intereses y expectativas.

Si  pensamos en alguno de los contemporáneos que algún día  pueden ser considerados  líderes , de repente saltan a mi mente tres interesantes figuras que para mí aportan savia nueva: el Papa Francisco, Mújica, expresidente de Uruguay y Bill Gates. En los tres casos su discurso ha sido rompedor en su ámbito, abriéndose a nuevas posibilidades en sus dedicaciones y manteniendo un compromiso social activista, simbólico y transgresor.

No se puede pedir que nos amemos los unos a los otros, excluyendo por razón de sexo, religión, estado civil, orientación sexual… por lo tanto que cada frase que el Papa utiliza vaya en un sentido de inclusión, a pesar de producir en sus cimientos movimientos sísmicos, merece más que un reconocimiento. La definición de un liderazgo transformador.

No se puede hablar de austeridad, de recortes o de abrocharse el cinturón cuando no se vive llevando a cabo ninguna acción que muestre que se es coherente. Algo que sí ha hecho por ejemplo Mújica en sus años de gobierno, al margen de estar o no de acuerdo con sus políticas, ha dedicado sus esfuerzos a que la gente viva mejor, demostrando su liderazgo  con su ejemplo día a día y eso le ha hecho merecedor de ese reconocimiento dentro y fuera de su país. Destinando un 90% de su sueldo a proyectos de ayuda.

Bill Gates, presidente del gigante Microsoft, de revolucionar la industria informática  y  conseguir con ello una fortuna, ha pasado a destinarla a la ayuda a la cooperación al desarrollo ejerciendo el liderazgo desde los proyectos de su Fundación. Parece fácil decirlo…

Si, si  seguro que  a alguno ya se le ha ocurrido resaltar algún claroscuro sobre estas personas, seguro que es pos de proteger su conciencia de estos enormes empellones que el comportamiento admirable de otros nos proporciona para sacarnos de nuestro ensimismamiento y  para de verdad comprobar en qué consiste ser un líder y como se gestan los grandes.

Lo único cierto es que si lo quieres ser, tendrás que aprender a hablar menos, a escuchar más y poner el foco en que todo lo que haces y sólo lo que haces porque eso es lo que habla sobre ti.

Con las palabras conmueves, con el ejemplo arrastras.  No lo olvides cuestiona  si lo que tu líder dice, lo hace, si no, no te dejes arrastrar.

Pregúntame si me importa ser cuota

200px-Rosaparks

 

A veces las cosas que veo, leo y ocurren, coinciden como por arte de magia, aunque visto con la lejanía del tiempo, si no buscas y te cuestionas todo constantemente, rara vez encuentras esas relaciones.

Viendo una, a mi juicio, excelente serie danesa sobre política “Borgen” pude comprobar cómo, a pesar de creer que los Países Nórdicos nos sacan varios años de ventaja en mejorar la democracia, no dejan de tener también sus tics atávicos.

Uno de los últimos capítulos que he visto, tenía como trama central la aprobación por parte del gobierno de una ley para establecer cuotas obligatorias en los Consejos de Administración de las empresas y como la empresa con más relevancia en Dinamarca, con su inflexible jefe al frente, se oponía y amenazaba con deslocalizarse si la obligaban. No haré un spoiler del capítulo pero recomiendo esta serie a todos los escépticos que no crean que se puede hacer política sin renunciar a los principios.

Para empezar me llamó la atención algo que aquí veo constantemente y me entristece y es que allí ninguna mujer se oponía, ni cuestionaba la necesidad de esta ley. Sin embargo aquí cualquier  periódico o revista que se precie lleva, para celebrar el reciente 8 De Marzo, Día de la Mujer, un debate  entre dos mujeres para escenificar el “a favor vs contra” de esta medida.

Dedicándome a la política es un debate que lleva ya años, y que desde el principio, incomprensiblemente, se partidizó, siendo patrimonio de unos, la defensa del uso de las cuotas y criticada la medida por otros, que a pesar de no “ver”  la necesidad, han ido integrando mujeres en sus listas para no perder el tren de la igualdad y recoger el rechazo de la propia sociedad.

Dirigidos siempre los partidos por hombres en su mayoría, algunos muy poco sensibilizados con el tema y cediendo a título honorario ciertos puestos a las mujeres, han ido reivindicando  año tras año, algo que ya por repetido carece de sentido “ Ojalá algún día no se tenga que celebrar este día porque hayamos conseguido la igualdad” y a continuación siguen sin ponerle remedio a la desigualdad salarial, desigual conciliación, desigual acceso al mercado laboral, a los puestos directivos…

Pero lo que más me molesta es que todavía haya mujeres que no desarrollen la suficiente empatía y seguridad en sí mismas como para no verse mermadas en absoluto en sus capacidades y en sus habilidades por el hecho de que existan cuotas para mejorar el acceso adonde naturalmente tardaríamos décadas en llegar. Acoplándose, invirtiendo toneladas de energía personal, al modo de vida impuesto desde parte de ese género  insolidario, al que no le importan los horarios, ni la conciliación.

La cuota para mí significa que tienen que poner el foco de la selección en otro colectivo distinto de al que están acostumbrados, en el que hay mujeres de sobra preparadas pero que no forman parte de su “habitual caladero”.

Sólo pensando en mis amigas, sobrinas, vecinas, congéneres  prefiero que me etiqueten como cuota y me den la oportunidad de demostrar lo que valgo y entonces pueda ser para muchas de ellas un modelo a seguir y un espejo en el que reflejarse, que renegar de este título y adoptar la postura que me aleja de este cupo sólo para poder  sostener mi autoestima  y exhibir mis medallas  de manera individual. Haciendo un flaco favor a mis iguales y a la  defensa de la igualdad de oportunidades.

 Se  imaginan a Rosa Parks que, después de no ceder su asiento a aquel blanco en el autobús,  y ser un hito en la historia, hubiese  empezado a justificarse diciendo que eso era porque era valiente y  se lo había trabajado ella  y no por ser  negra. Renegando. Absurdo ¿verdad?

Yo no quiero “dar la vuelta a la tortilla” ni que empeore la situación de los hombres. Tengo padre, hermanos, amigos, vecinos, muchísimas personas del sexo masculino a las que adoro y quiero y  un fuerte sentimiento de solidaridad con los demás y sólo deseo lo mejor para ellos.

Pienso en quienes tienen poder en esas empresas, organizaciones e instituciones y quiero invitarles a que  piensen en qué quieren  para sus hijas, sobrinas,  madres, hermanas, mujeres… yo sólo quiero que todos tengamos las mimas oportunidades. Y si para eso,  hay que darles un empujón .¡ Bienvenido sea el empujón europeo!

Lo cambios en cuestión de  género  no siempre son a mejor, lo hemos visto en algunos países del mundo árabe. Nuestras sociedades y políticas hacen que mientras aquí nacen 1,8 hijos por mujer, en las sociedades más tradicionales el porcentaje sube al 2,8%.  Alguien dijo alguna vez que “el destino es la demografía”.

¿Te importa nuestro destino?

¡Practica la empatía con nosotras, el 50% de tu mundo¡

           Yo soy cuota, ¿y tú?

foto: Rosa Parks (wikipedia)

Y tú, ¿qué quieres cambiar?

 

gandhi

foto: www,pinfrase,com

Si observas a tu alrededor con detenimiento podrás ver, escuchar y sentir de dónde vienen tus limitaciones. De dónde proceden todas esas razones o excusas que te arrobas sin cuestionarte por el hecho de que, aunque no lo creas, te aportan una justificación confortable para tu comportamiento.

Quizá de las comparaciones con las personas que ves, quizá de las opiniones que escuchas sobre lo que los demás creen o no, quizá de cómo te hace sentir que no seas capaz de imaginarte haciendo algunascosas porque alguien te dijo alguna vez que tú no podrías y tú no dejas de repetírtelo hasta hacer de ello una profecía autocumplida.

 A lo mejor es porque no estás dispuesto a seguir los pasos para llegar a esa cima, porque no la ansías tanto como crees, o porque no sabes qué vas a hacer con ese éxito tras alcanzarlo o no te imaginas consiguiéndolo y por lo tanto esa imagen de tu meta no es tan sugerente, ni tan motivante.

 O te escondes tras eso que denominas “la realidad” que no son más que un montón de excusas que usas a modo de argumentos para sólo tú, ponerte obstáculos en tu camino. Diciéndote “no soy”, “no puedo”, “ es que”, condicionando a cada frase tu futuro.

 Qué ocurre con todas esas personas que en principio podrían tener otras miles más de excusas mucho más comprensibles que las tuyas y sin embargo las han apartado de su camino para poder seguir adelante y han conseguido su propósito, ¿ qué las diferencia de ti?

“Sé realista”, ese mandato que escuchas desde fuera y repites desde dentro. Esas dos palabras que con tanta fuerza te dices, que dan al traste con todo el trabajo que te ha costado armarte de valor para dar ese pequeño paso que te acerca a tu sueño.

Lo ideal está reñido con lo real y manifestar esto último como si fuese una sentencia inapelable, hace que pierdas toda esa energía de golpe, sin emplearla en mejorar tu entorno y tu mundo poco a poco.

Al fin y al cabo terminar con cuestiones que no nos gustan del mundo en el que vivimos no empieza muy lejos de nosotros. Comienza a nuestro alrededor siendo lo suficientemente responsables como para asumir que todas nuestras acciones tienen impacto en ese mundo que queremos cambiar y que cada pequeño acto que nosotros llevamos a cabo para mejorarlo es lo que hace que progresemos.

 Rendirnos a esa realidad que casi siempre dibujamos negativa, nos hace no sólo acomodaticios, sino cómplices de la situación. Podemos culpar a todos y a todo pero si nosotros no hacemos nada diferente o seguimos sin actuar, no somos más que coautores de esa obra.

 Si conseguimos dominar nuestro espíritu para salir de ese perezoso miedo y remangarnos para mejorar algo tan simple como nuestro entorno, ya habremos hecho algo más que de sobra para ser parte de ese cambio que queremos ver en el mundo.

 Si sin embargo vamos a seguir siendo víctimas de la ley del mínimo esfuerzo, aferrados a esa excusa que es la realidad que queremos ver como inamovible, sólo nos queda esperar que llegue la hora en que nos lamentemos de no haber hecho nada.

Confía en tu intuición y piensa en todas esas cosas que has hecho a lo largo de tu vida de las que te alegras y en principio te parecían imposibles.

Todos los acontecimientos suceden cuando nos centramos en los propósitos.

Y tú,  ¿qué quieres cambiar?

¿Quieres coronar tu cumbre?

DSC_0113

 

 

Tu éxito en la vida  es proporcional a tu desarrollo personal.

Seguro que no es la primera vez que escuchas hablar de la Pirámide Maslow en la que ordena jerárquicamente las necesidades humanas. Aunque data de 1943 y Barrett lo ha trasladado con mucho acierto a sus niveles de consciencia, inspira muy bien la reflexión que quiero hacer hoy sobre ¿dónde te encuentras ahora mismo? y ¿cómo puedes mejorar?

 maslow

Generalizar, implica  seguro errar aunque también simplificar de alguna forma y por lo tanto espero que sepas leer entre líneas sin querer aplicarte el modelo completo en toda su extensión.

 En esta pirámide existen cinco niveles:

  • Necesidades básicas o de supervivencia: respirar, beber, dormir,comer…
  • Necesidades de seguridad y protección: seguridad física, bienes y activos
  • Necesidades sociales, relación y aceptación social
  • Necesidades de estima alta (respeto a uno mismo) baja (respeto a las demás personas, reconocimiento, estatus, dignidad, fama, gloria)
  • Autorrealización, encontrar una justificación o sentido a la vida mediante desarrollo de una actividad.

La idea esencial es que sólo se pueden ascender de nivel cuando se han satisfecho las necesidades anteriores. Existiendo fuerzas de crecimiento, potenciadoras que dan lugar a ascensos y fuerzas regresivas que empujan hacia necesidades más básicas en la jerarquía.

Este modelo parece ser todavía una cuestión a tener muy en cuenta, a pesar de la ingente literatura que nos hace pensar en que, lo que a muchos nos parece vivir es, precisamente, invertir la pirámide. Es cuando todo fluye y no necesitas hacer esfuerzos sobrehumanos para conseguir tu propósito. Cuando tienes una misión que sobrepasa las necesidades que nos han movido siempre. ¿O acaso el exceso de dinero ha  llevado a alguien a la autorrealización? o ¿quizá ha sido al revés? Piensa en quienes hoy pueden ser tus modelos de vida, ¿desde dónde partieron?

Si estás inmerso en una lucha por conseguir más seguridad como dinero, empleo, vivienda, coche, más energía estarás dilapidando para llegar a cuestiones más importantes como la amistad y el afecto de las personas, porque quienes lo ven y lo sienten desde fuera, sí son conscientes de tus intenciones y de dónde pones el énfasis.

Lo interesante es que esta escala te puede dar una idea de dónde, por tus intereses, estás en este momento y hacia donde puedes dirigirte en tu viaje interior para desarrollarte como persona. ¿Qué te puede proporcionar esto? Pues una ayuda inestimable para de una vez por todas dejar esa situación en la que te encuentras encallada y renacer para poder ser ese cambio que quieres en rededor.

Hay veces que cambiamos de país, de casa, de pareja, de amigos, de trabajo y seguimos manifestando este hastío permanente de no dejar atrás lo que no queremos. Bastantes veces es, nuestro propio cambio personal, lo que demandamos a través de lo que a nosotros nos parece “cortar por lo sano” puesto que huir de nosotros mismos, no es tan sencillo. Quédate e invierte en crecer. No te arrepentirás.

Merece, por lo tanto, la pena que seas valiente,te armes de valor y de decisión para encontrar a esa persona que te va a ayudar a subir un escalón en tu desarrollo personal. Poder verte desde otra dimensión habiendo superado estadios que nunca imaginabas va a  ser lo más reconfortante que llegues a hacer en tu vida. Seas lo que seas, estés donde estés si no estás en la cúspide, tienes trabajo.

Piensa en la cantidad de tiempo y a veces de dinero que  empeñas en tapar esa brecha que existe entre lo que quieres ser y lo que eres y en lugar de trabajarlo y entrenarlo, parcheas con todo tipo de consumos estériles de apariencia.

¿Cuál es la visión que tienes para ti? Encontrarla puede ser la inversión más importante que tengas en tu vida. Nada te hará más atractivo que tu seguridad personal que se nutrirá de tus victorias sobre ti mismo.

¿Quieres coronar tu cumbre?

¿Imaginas a tu favor?

imaginas

 

 

Sólo pensando en para qué hemos utilizado la imaginación en las últimas veinticuatro horas, podemos llegar a la increíble conclusión de cuál es la utilidad que la damos.

Si algo debemos imaginar, casi siempre elegimos malos augurios, cuestiones negativas, finales aciagos, tenebrosas dudas. Teniendo la posibilidad de elegir finales felices; ¿qué nos hace decidirnos por las que menos nos ayudan? Acaso no nos  preocuparía que cualquier niño a nuestro alrededor acabase todos sus cuentos con un final traumático.

 Sobre lo quiero reflexionar hoy con vosotros es sobre, cómo podemos entrenar, en nuestro favor, este poder tan magnífico que puede transformar nuestros pensamientos y por ello nuestra vida.

En multitud de ocasiones nos sorprendemos con estos pensamientos negativos en marcha y a algunas personas les parece incluso imposible que éstos los hay podido producir su mente, eso sí, en modo automático.

Si somos conscientes, la mayor parte de las veces en que vemos todas esas imaginarias situaciones, las vemos desde nuestra posición, es decir, desde la que miramos habitualmente, siendo los protagonistas de estas historias .De dentro hacia fuera. Esto lo que nos produce es que, en lugar de observarnos como un actor más dentro de  ellas, que tiene más posibilidades de elección de las que ve, conseguimos que,  todo lo que hay  fuera de nosotros, lo que constituye nuestro entorno, sea lo que nos gobierne.

 Nos gobierna desde una mala cara en el ascensor, una frase en un tono raro, hasta un dato del telediario, pasando por un agujero más en el cinturón o uno menos. Alguna de estas cuestiones, que no te parecen importantes hasta que reparas en ellas, es la que tú considerarás más tarde que ha hecho que tu día sea bueno o malo. Dejando al arbitrio del azar, ¡casi veinticuatro horas! de una preciada vida, de la que nunca llegas a saber el crédito disponible.

Acaso te importas tan poco que cualquiera o cualquier cosa te puede gobernar.

Imagina ahora todas esas cuestiones tan “trascendentales” ocurriéndote a ti pero como si lo vieses en una película. » Te ves andando por la calle  tan sonriente y tras cruzarte con otra persona con el ceño fruncido que murmura, tu gesto cambia y se mimetiza con ese desagradable gesto. ¿ te parece, desde la distancia, lo mismo?

 Seguro que no estás acostumbrado a “salir” de ti mismo y verte desde fuera para poder tener otra perspectiva  diferente de lo que te ocurre. Pero si lo has pensado bien, ahora tan sólo has mirado en la dirección opuesta, es decir, de fuera hacia dentro, hacia ti, hacia quien tiene todo el control para que lo que ocurre en el exterior no afecte al interior más que para reforzarlo.

Hasta ahora has buscado todo fuera de ti, desde pequeño, ayuda, amor, comida, amistad… todo lo que has obtenido has creído que venía de fuera en lugar de buscarlo primero dentro. Haciendo depender tu vida y tu felicidad, en primer lugar, de tu entorno, eso querrá decir que estás a merced de los acontecimientos que sobrevengan, sin tener recursos propios para adaptarte o modificarlos a tu conveniencia.

Puestos a elegir para imaginar hazlo en situaciones en las que salgas victorioso, eso hará que tengas suficiente seguridad y confianza para con ellas convencer a tu entorno de tus habilidades y capacidades y así que ellos también te impulsen.

 Usa tu imaginación conscientemente y en tu favor. Sal de ti mismo y explora otra perspectiva para ampliar tu visión y tu mente. Cuanto más a menudo lo hagas mayor entrenamiento tendrás en visualizar lo que quieres. Nadie dice que venga sólo pero, cuando desarrolles una clara y potente visión, el entusiasmo suplirá al esfuerzo y  tendrás muchas más energía para llevarlo a cabo.

Para vivir distinto, piensa distinto.  

La corbata de Tsypras

corbata

Me hace pensar que la corbata de Tsypras parezca un tema simbólico que resuma la rebelión, la independencia y el triunfo de la libertad en un país, mientras otras cuestiones de vestimenta siguen siendo una forma de control, en otros, en pleno siglo XXI.

Este simbólico acto de no llevar corbata, que por cierto ya es norma en muchos despachos de Bruselas y de la City londinense, no veo cómo se podría traducir en una mujer.No acabo de encontrarle similitud, porque precisamente es a la mujer a la que más se le cuestiona todo lo que su vestimenta se refiere y dudo mucho que algo fuese a ser  tan simbólico cuando, a pesar de usar ya pantalones, tampoco nos sirven cualesquiera.

Si lo llevamos al extremo para observar el fenómeno, podemos referirnos a  países en los que se utiliza el burka, el nicab o el chador. Cualquiera de estas prendas en Occidente, apenas cuestionamos que atentan contra la dignidad y la libertad de las mujeres y lo condenamos. Sin embargo a renglón seguido y sin prohibirlo, escrutamos la apariencia de las mujeres que tenemos a nuestro alrededor para, a continuación etiquetarlas sin rubor hasta que conseguimos que vuelvan al redil, a lo que llaman “vestimenta formal”. Lo que no está tan claro es en qué consiste.

Mujeres que deben someterse a trajes de chaqueta uniformados que no les gustan, para tener un halo de credibilidad, porque un look más moderno o desenfadado no se lo daría. Como si los clientes no supiesen ver más allá de unas uñas negras o una camisa de animal print. “Lo asocian con la seriedad”, ya me contarán si también con la innovación o acaso ven salir de Google a alguien vestido de esa guisa.

Que distraen, dicen. Lo que distrae es tener un discurso anclado en el pasado que no permite ser creativo o configurar la vestimenta en función de la armonía y el gusto de quien lo presenta. Confundir seriedad con un trabajo profesional, frivolidad con el gusto personal y adocenamiento con la marca de la casa.

Hablarnos de nuestra marca personal para a continuación darnos un código de vestir es como declarar la libertad para hablar y luego multarnos por palabra.

La razón es que la excepción acaba siendo la regla, y quien  no cree que pueda decirle a alguien que su  gusto no es del jefe, impone uniformes para no complicarse la vida. Pero ¿por qué casi siempre a la mujeres?

Ahora parece una gran noticia que Mark Zuckerberg explique que se pone la misma camiseta gris para no tener que prestarle atención a su vestimenta y poder ocuparse de otros temas más importantes. Cuando la cuestión es que quienes se han dedicado a la informática han dejado de pasar por ese aro hace tiempo.

 Parece que quien se preocupa por la moda o  cambia algo más que sus chaquetas a lo Merkel tiene que pedir perdón o declararse menos serio o menos inteligente que quien tiene apariencia de sesudo por no prestarle atención o incluso manifestar desdén.

La industria de la moda, precisamente en nuestro país, tiene una clara e influyente representación en nuestra economía. Algo podíamos aprender para dejar de ponerle pegas a nuestras mujeres y hombres que quieren llevarla sin complejos. Dejando de cuestionar su intelecto por ello.

La moda es una forma de expresión, artística, creativa que también dice mucho de la armonía, de la creatividad y de la innovación. Y tras la corbata de Tsypras o lo low cost de otros, podíamos aprender que vestir lo que quieras no deja de ser una forma de reivindicar tu libertad. Si en otros países puede significar la diferencia entre seguir o no con vida, aquí se puede extrapolar a crecer o no en el trabajo o incluso a mantenerlo.

Si dudas sobre si debes seguir las pautas que se esperan de ti, o puedes disfrutar de tu forma de ver la vida, sin complejos, ni prejuicios a través de lo que vistes. Piénsalo.

Creo que en los últimos años nos han  engañado tantos los serios con corbata y trajes fantásticos, que prefiero el viernes casual.

Bien podíamos llevar a cabo una terapia provocadora, no pasando por el aro de lo que me debo poner, sino poniéndome lo que quiero. No seamos tan básicos y vayamos más allá de lo que suponemos que vemos. Este sentido a veces engaña.

A vista de águila

aguila

 

Si piensas en tu futuro, no eres capaz de encontrarlo, ni de imaginarlo. Las cuestiones prioritarias, urgentes y emergentes pueblan tu día a día impidiéndote ver el bosque. Si hace tiempo que te meces a merced de las olas, desorientado. Seguro que has dejado hace tiempo de soñar despierto, de imaginarte dónde quieres estar en unos años, quién quieres ser, cómo te quieres ver…

Te miras al espejo y no te reconoces, nunca pensaste en ser  esa persona que te observa desde el reflejo. Has cumplido expectativas de otros, estás viviendo lo que la sociedad te pide, lo que tus deudas requieren, lo que tu familia creyó que era lo mejor, saliste decidido de tu formación y a partir de ahí, todo han sido movimientos involuntarios, has seguido sólo la corriente.

Para qué esperar al final de tu vida para lamentos y pasados edulcorados. Cada minuto que pasa es un buen momento para empezar de nuevo. Nunca sabemos, tengamos la edad que tengamos, el tiempo que nos queda, pero sí sabemos que en cuanto pensamos en soñar nuestro gesto cambia, nuestra postura cambia  y nuestras oportunidades cambian.

Sólo nosotros con nuestra mente somos capaces de hacerlo, pero para eso lo primero es verlo.

Te imaginas qué podría cazar un águila en constante vuelo rasante, sin suficiente altura, sin  haber podido atisbar con su prodigiosa vista su sustento. ¿Cómo podría sobrevivir?

¿Sería entonces símbolo de majestad y victoria?, ¿le serviría acaso tener esa  increíble fuerza en su pico?

 Si en lugar de utilizar su captura en vuelo y en suelo, sólo utilizase esta última. Sin usar esa poderosa habilidad que es tener dos puntos focales de vista de  frente y de costado, ¿podría mostrar su poderío?

Si nuestro vuelo es constantemente bajo, nos encontraremos con multitud de obstáculos que con una visión diferente más amplia y distante, minimizaremos hasta producirnos risa y asombro, haberlos visto como insalvables.

Si nuestro vuelo sólo nos permite mirar hacia delante, a lo próximo y urgente, nos perderemos miles de matices y de oportunidades que están teniendo lugar más cerca de nosotros de lo que pensamos.

Si seguimos con este tipo de vuelo, llegará un momento en el que ya no sepamos o no creamos que podemos hacerlo mejor. Creeremos que la rutina y el dominio de unas cuantas habilidades que entrenamos durante años nos servirán para siempre,  mientras el mundo cambia y los demás crecen.

Visualizar nuestro sueños con el poder del águila, nos va a hacer claro dónde queremos llegar y cómo. Haciendo que todos los días consigamos hacer algo que nos acerque a ellos.

Empieza por hacer una lista de 25 cosas que quieres hacer en la vida antes de morir. No generalices, ni abras grandes bloques. Sé todo lo preciso y específico que serías si fuese un deseo que un gracioso genio te concediese.

No dejes esa lista muy lejos, intenta visualizarla y concretarla durante tiempo. La cotidianeidad de la vida pesa sobre nuestros hombros muy a menudo y nos impide elevarnos para tener presente nuestros sueños. Los olvidamos.

Si no haces el esfuerzo de ejercitar tu  vista de águila, acabarás por no ver más que lo tienes a pocos centímetros de ti.  

¿Vas a dejar de soñar? 😉

¿Cuánto te pesa tu pasado?

El Problema

“Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas del Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes más ancianos falleció. Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenas de profundo respeto y misticismo. Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Debía encontrarse el monje adecuado para llevárselas a cabo. El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián.

El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

-―He aquí el problema. Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internas… ¿Qué representaría ese bello jarrón con flores? ¿Qué hacer con él? ¿Cuál podría ser el enigma encerrado de tan delicada belleza? ¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo? ¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor? Eran tantas preguntas…

En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y … zas!! Destruyó todo de un solo golpe.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: ―Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro Guardián del Monasterio.”

Esta Leyenda budista nos acerca a todas esas cuestiones que sabemos que requieren de una solución drástica, la cual conocemos hace tiempo y no nos decidimos a llevarla a cabo, de manera que cargamos nuestras mochilas con asuntos del pasado que enturbian nuestro presente y no dejan que nuestro corazón y nuestra mente se inunden con nuevas esperanzas, alegrías y proyectos.

Decidimos edulcorar aquellas aventuras o emociones hasta liberarlas de su lado negativo para así magnificar su efecto y conseguir que no sean dignas de ser dejadas atrás, ni olvidadas.

Son esos mismos recuerdos que construímos los que nos impiden salir de esa zona de confort “inconfortable” y nos hacen cerrarnos a iniciar cosas nuevas,  a aprovechar el  crecimiento que nos aporta haber vivido esas experiencias para aplicarlas el resto de nuestra aventura, haciéndonos victimas y reos de una ilusión mental que nos mantiene fuera de juego, abstraídos, absortos, lejos de poder  vivir cada minuto intensamente.

“Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té y entonces podrás servir y beber el vino.” Proverbio Chino

Deja de pedirle y exigirle a los demás lo que tú no eres capaz de hacer. Decide qué personas y cosas quieres en tu vida ahora y cuáles no. Limpia tu mente de todo ese polvo que enturbia tu día a día.

Por muchos buenos recuerdos que puedas haber almacenado sobre ello, no te están dejando seguir adelante y crecer.

¿Cuándo vas a tomar la decisión?

Prueba y error

ensayo

 

 

“No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.” Thomas Alva Edison

 ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta frase?

A mí el enorme número de soluciones que probó.

¿Esto qué me dice de esta persona?

Que es un fracasado, que debería estar avergonzado de no haber acertado antes, que tenía demasiado tiempo libre, que no estaba a la altura, que debería haberlo llevado en secreto…

Seguro que ninguna de las opciones anteriores ha pasado por tu cabeza al leerlo y sin embargo son muchas de éstas las que te aplicas a ti, cuando algo no sale bien. Pensar así, hace que seas menos innovador, creativo, que apenas salgas de tu zona de confort para arriesgar en alguna cuestión personal o de trabajo y que intentes por todos los medios esconderlo cuando ocurre, con lo que tu gasto energético se volverá  ingente para tapar tanto agujero negro.

En algunas personas ocultar esto y querer parecer un superhéroe al que todo le resulta natural que parece que nació dominando habilidades y no necesita “masterizar” nada, les encanta. Quizá les reporte beneficios personales y les merezca la pena el esfuerzo , querer mantener esa apariencia, pero si reflexionasen un poco y fuesen justos y sinceros consigo mismos, acabarían concluyendo que esas habilidades son fruto de emular a alguien de su entorno, de los aprendizajes  a los que cada uno ha tenido acceso y del entrenamiento al que se ha sometido. ¿Para qué quitarse mérito?

Las aptitudes pueden ser innatas o adquiridas pero de las personas depende el entrenamiento o  no de las mismas. Y es donde triunfa la actitud y los mensajes que enviemos.

En el caso de tener responsabilidad sobre otras personas, el no reconocer el proceso de aprendizaje, haciendo hincapié en los errores y fallos que se hayan podido cometer o en el factor suerte o azar que haya podido influir, produce un efecto desmotivador devastador en tu equipo. No admitir los errores, no compartirlos y no hacer alusión a ellos, traslada a tu organización que eso no es lo normal, no  debe ocurrir o, si ocurre, no debe bajo ningún concepto revelarse.

Os podéis imaginar un error no reconocido y ocultado hasta dónde puede llegar y el daño que puede acarrear en un proyecto cualquiera. Además su efecto pedagógico hace que los demás vayan al 50% en su rendimiento por miedo a poder cometer algún otro.

Dar permiso a otros para cometer errores, aprender de ellos, buscar opciones alternativas  y seguir adelante es una faceta del líder que jugará a su favor demostrando su optimismo, seguridad y fortaleza  para hacerlo y así incrementar las capacidades de tu equipo. Al mismo tiempo podrás experimentar qué tipo de personas componen tu organización o tu equipo con el uso que hagan de esta información. Esta práctica liberará de mucha presión tu entorno y mejorará las relaciones al poder fomentar la identificación y la cercanía contigo.

Hacerlo en “petit comité” acrecentará el problema puesto que se seguirá mostrando el fallo o error como algo vergonzante que tiene como límite la confianza en la otra persona para mantener el secreto. Si lo haces, hazlo claramente, en público, como parte de tu estrategia como manager. Incluso puedes dedicar un espacio semanal a esto, siendo una historia de aprendizaje la que puedas contar a tu grupo.

Así conseguirás introducir en la cultura de tu organización algo que es tan obvio que no debería tener discusión, simplemente un poco  de humor para aceptar que no somos superhéroes: “Los errores son parte del proceso”

«Evaluación continua»

juicio

 

 

“Aquel es un …”, “mi vecino es…”, “mi compañero es…”, “ mi pareja es…”, “ mi hijo es…”

Si has rellenado los puntos suspensivos con cuestiones positivas,  has modificado la oración o dudado sobre algún apelativo a adjudicar, ¡Enhorabuena!

En otro caso, sé que te interesará reflexionar sobre la evaluación  a la que sometemos a las personas sin ser incluso conscientes. Sólo tienes que estar atento a cuántas veces en una conversación adjudicamos juicios y vertimos opiniones en forma de adjetivos sobre personas, sin ni siquiera darnos cuenta.

Hasta ahora puedes no haber reparado en ello, pero vivir en el mundo de los juicios y las opiniones, asumiéndolos a modo de observación objetiva y de manera inconsciente, te puede estar causando más de un problema, precisamente porque como tú lo haces, juzgar, también te afecta que otros lo hagan sobre ti, no siendo inocuos sus comentarios para la montaña rusa en la que habrás subido a tu autoestima.

Piensa en tu trabajo, con tus empleados, tu jefe. En tu casa con tu familia, con tus amigos. Cuántas veces dices que “ellos son” algo. Esa insostenible y no continua evaluación de una simple acción, que no llega a los estándares que tú exiges para considerarla buena, de repente se pega a la persona etiquetándola para siempre, dándole pocas oportunidades para el cambio.

En primer lugar porque, como te afecta la opinión de alguien a quien le otorgas esa autoridad,  tú crees que eres eso y en segundo lugar para no decepcionar a tu público,¿ para qué cambiar?

Si tú crees que eres o no eres algo, difícilmente estarás abierto al cambio y al aprendizaje porque ser parece un marchamo de serie que te acompañará siempre.

Cuántas veces has oído hablar a personas de alguien que conoció o trató hace años, o que ha visto o tratado una o dos veces y le describe como si hubiese sido fruto de una evaluación continua hasta este momento, cuando en realidad habla de una foto congelada del pasado de la persona.

Como si el cambio no tuviese lugar en la vida de las personas, como si los acontecimientos vitales tanto positivos como negativos no tuviesen impacto en nuestro aprendizaje o en nuestro ser.

 Lo que no parece justo, a mi entender, es que juzguemos a nadie por minutos o acciones de su vida, sin darles la oportunidad de cambiar o mejorar. O que extrapolemos un comportamiento extemporáneo a todos los ámbitos de su vida.

Es cierto que quienes hacen estos juicios tan negativos de los demás también son duros con ellos mismos pero esa reciprocidad no les exime de no generalizar y agotar la libertad que tienen las personas para ejercer su libre albedrío.

 Si pensamos que podemos cambiar lo que somos, abrimos una puerta al aprendizaje y si además tenemos a alguien cerca que nos ayude a dejar de ser lo que nunca fuimos o a dejar de tener la imagen que congelaron de nosotros, más que mejor.

Ni siquiera hace falta que nos lo pidan, concedamos la oportunidad de desligarse de sus propios fantasmas a todos los que nos rodean y dejemos de unirles a situaciones, acciones y eventos pasados que no son potenciadores.

Os cuento mi propósito para 2015 a este respecto: Gracias a alguna conversación con buenos amigos y al sabio consejo del más pacificador, 😉 junto con algunas películas con humor sobre tópicos me han llevado a un firme objetivo: llamaré a todo el mundo por su nombre, no me referiré a nadie, ni por  apodos, cariñosos o no, ni epítetos, ni apellidos, sino por lo que según Carnegie es la palabra que a todo el mundo le suena a música celestial “su propio nombre”.

«Destruye el muro entre el éxito y tú «

muro

 

Una de las cuestiones por las que perdemos más oportunidades de tener éxito en nuestra aventura vital es el miedo al rechazo.

 Todas esas conversaciones que mantenemos con nosotros mismos en nuestro interior, en  las que nos preguntamos y respondemos con malos augurios e insolentes pláticas. Ésas, son las que nos hacen no tener los suficientes arrestos para conseguir aquello que queremos y construyen  un muro alrededor de nosotros.

 Cuestiones como pedir un ascenso, aumento de sueldo, más responsabilidad, conseguir feedback, vender nuestros productos, tener más clientes, más amigos, mejores relaciones,  incluso conseguir que la pareja soñada nos preste atención, se hacen imposibles porque, principalmente, la persecución de estos objetivos se circunscribe sólo y exclusivamente  a nuestra mente y es sólo ahí donde  tiene lugar.

 En nuestra mente es donde imaginamos, cual quijotes, que nuestras peticiones se convierten en grandes gigantes que nos miran amenazantes con la intención de amedrentarnos y en nuestro caso consiguen, que con la “certeza” de no poder lograrlo sigamos nuestra anodina existencia acomodándonos a lo que «nos viene dado», con el consiguiente castigo mental.

Si repasamos muchas de las historias de éxito y resiliencia  de grandes héroes cotidianos, uno de sus consejos principales es acostumbrarse a que no puedes gustar a todo el mundo,  a que las personas rechazan tu petición o tu producto por muchas otras cuestiones que no tienen que ver contigo y perseverar, hacerte fuerte y no rendirte, es el músculo que más te interesa fortalecer.

Si tú piensas por ejemplo en la última persona a la que le dijiste que no, seguramente comprobarás que apenas la conocías, que ni siquiera la escuchaste, seguro que para no tener que plantearte su propuesta o que una vez que te trasladó la oferta,  no te interesó por diferentes opciones tanto emocionales, no estabas de humor o dispuesto para esas cuestiones en ese momento, como prosaicas, no tenías dinero.

En primer lugar tendrás que trazar un plan para hacer que esas conversaciones pendientes tengan lugar fuera de ti, con la persona o personas que te interesen, dejando bien claro lo que quieres transmitir y asegurándote que la persona a quien te diriges, ha entendido lo que querías exponer.

A partir de ahí, habiendo puesto todo tu empeño, tu cuota de control sobre la respuesta disminuirá y entonces tendrás que estar preparado para cualquier respuesta, positiva o negativa o simplemente otra que no has contemplado. 

Si no eres capaz de ser resiliente y de transformar esas negativas en aprendizajes y deslindarlas de tu propia persona acabarás admitiendo que todas ellas son una colección que te recuerda tus propios fracasos y empezarás a minar tu autoestima cuestionándote a ti mismo.

 Puedo contar mi propia experiencia, cuando fruto de un aprendizaje sobre el trabajo de los voluntarios en las campañas electorales norteamericanas que iban a casa de los posibles votantes para pedirles el voto y explicarles sus propuestas, nosotros  decidimos hacerlo en nuestro municipio.

 Lo que empezó siendo una tortura mental por el miedo a que ni siquiera nos abriesen la puerta, se convirtió en un genial aprendizaje que me hizo perder el miedo al rechazo y empeñarme en lo que quiero. Siempre he pensado que el ejemplo era mi mejor aliado así que era mi responsabilidad comandar la expedición.

 Hubo quien no nos abrió la puerta, quien nos abrió y no nos atendió, quien sí lo hizo muy amablemente, que fue la gran mayoría, quien nos trasladó sus negativas opiniones sobre los políticos, quien nos culpó de todos los males de la Humanidad, pero aún así, conseguimos visitar casi 5000 hogares.

Si en el primer momento que me hubiesen dicho que no, lo hubiese dejado, me hubiese rendido, habría empezado a cuestionarme a mí misma. No hacerlo me ha permitido tener esa perspectiva ganadora que valora la perseverancia porque a lo mejor no era el momento, no estaban de humor, no tenían tiempo para eso, asumimos mensajes que no eran para nosotros, era una forma de mostrar su disconformidad con la política. Miles de cuestiones que no tenían nada que ver con lo que soy.

A partir de entonces para mí sólo cuenta no rendirme. soy consciente de que cualquier paso atrás es construir mi muro. Ahora sé que el fracaso sólo está en la mente de quien no hace nada y permanece en la mente del que tampoco aprende nada de él.

Tu galería de emociones

camara

 

 

Gracias a mi móvil he encontrado un entretenimiento que no sé en qué momento, se transformó en   necesidad y pasión, la fotografía.

Buscar un lugar, una persona, un encuadre, una luz, querer captar un momento, un gesto, es algo que me entusiasma, me motiva y me alegra.

Gracias a mis amigos ahora puedo hacerlo además con una estupenda cámara reflex, que además me  implica tener que aprender cosas nuevas, interesarme por otras cuestiones y poner mi cerebro a trabajar.

Todo esto no sería posible además, sin que, hace ya muchos meses, me hubiese propuesto entrenarme en  ser más observadora.

Trabajar esta habilidad me está ayudando a ser consciente de muchas cuestiones, como poder conocer mejor a las personas, conectar con ellas, leyendo sus gestos, observando sus ademanes y dándoles la importancia que tienen, muchas veces por encima de nuestras propias palabras o articulados y automáticos mensajes.

Ser un espectador de la vida, a veces, tiene un sentido más allá de permanecer inactivo y para mí ha supuesto darme cuenta del tiempo que perdemos en cuestiones negativas y que lejos de ayudarnos a seguir, nos estancan y atan a esas perjudiciales emociones.  Estoy aprendiendo a  darle más importancia a llenar el tiempo con lo que quiero, con quienes quiero,  a darle vida a cada minuto,  para no tener que lamentarme tarde de no haberlo hecho.

También me hace salir de mí misma de mis pensamientos y tribulaciones, aparcar ese ser tan importante con el que convivo,  para poder vivir las emociones de los demás y poder compartirlas con ellos. Minimizando así esas horribles premoniciones con las que nos traicionamos a veces, que sólo ocurren en mi cabeza y que  apenas se cumplen, haciéndome padecer sin razón y  que ahora consigo relativizar y cuestionar.

A través de lo que observo y busco conscientemente para fotografiar, imagino  qué emociones podrán producir, tanto en los demás, como en mí  y cuántas me transportarán a ese momento al poder volver sobre ellas, una y otra vez.

Igual que a mí las fotografías me son útiles, cada una para recordarme un momento que me provoca emociones positivas, os propongo que a partir de ahora, de vez en cuando, hagáis una foto  conscientemente para recordar ese momento y  la llenéis  con más sensaciones. Ponedle una música que os evoque esos mismos sentimientos y asociarla a algún olor, sabor o tacto que trabaje en el mismo sentido.

Si conseguís tener una galería llena de fotos con «muchos sentidos», tendréis una almacén de emociones en vuestras propias manos, accesible para esos momentos en los que vuestro estado interior necesite un empujón extra para seros útil.

 

Opiniones navideñas

reunionesnavideñas

 

Se acercan las Navidades y las reuniones familiares. A veces no estamos acostumbrados  a compartir tanto tiempo con la familia y en otras ocasiones, son estas fechas las únicas que nos reunen, por lo tanto, de año en año vamos almacenando emociones de todo tipo asociadas a las personas que vemos tan poco, hasta hacerlas idénticas a las etiquetas que les hemos puesto desde  hace años, sin apenas cuestionarlas.

Una gran ayuda para combatir ese efecto es estar prevenido frente a estos mecanismos automáticos que hacen que, de una opinión inoportuna o desafortunada, pensemos que una persona es así o asá, sin darle una nueva  oportunidad.

Si por algo parece que reconocemos estas fechas es por el ambiente que promueven de generosidad y bondad, a pesar de que a más de uno les parezca caramelizar forzosamente unos días del año, ese espíritu puede ser el que nos ayude a mejorar nuestras relaciones familiares, algo que abundará en nuestra seguridad y confianza personal al poder extrapolarlo a nuestra vida cotidiana y laboral.

Recordar la diferencia que hay entre las observaciones y las opiniones, esto es lo que nos ayudará enormemente a no destruir nuestra felicidad, ni nuestra paz interior en estas fechas.

Las observaciones son hechos que se sostienen y comprueban por sí solos y se diferencian por esto de las opiniones que son juicios  que emitimos las personas, conforme a nuestra experiencia. A veces vertimos opiniones como si fuesen hechos irrefutables y esto produce un efecto decisivo en nuestro interlocutor, haciendo que empiece una discusión por cualquier frivolidad.

Seguro que con este simple ejemplo lo podemos entender, si yo digo “hace frío debemos subir la calefacción”, otro persona puede refutar esa opinión diciendo que “hay 23 grados, no puedes tener frío”. Esa simple introducción que parece inocua puede derivar en una conversación crucial que fastidie toda una noche al poder derivar en pensar que alguien quien imponer su criterio, en qué es lo que creemos que es cada uno, en qué gasta el dinero, en fin… en virtudes y  defectos que se convierten en una batalla campal, a cuenta de una simple opinión. Sin entender que el hecho es que “hace 23 grados” y a esa temperatura unos tienen frío y otros, calor, algo que depende  de múltiples variables, de si se está en movimiento, más o menos abrigado, alimentado…

Si conseguimos distinguir entre lo que es una opinión y lo que es observable podemos entender que lo primero es una cuestión exclusiva de la persona con su propia autoria, una interpretación personal que nada tiene que ver con nosotros o con querer ofendernos o molestarnos, es simplemente fruto de su análisis con los recursos que posea, que pueden ser más o  menos pero casi siempre distintos a los nuestros.

Muchas de estas opiniones que vertimos son automáticas y por lo tanto inconscientes, no nos damos ni cuenta de que entre nuestro público, hay personas a las que sin querer podamos aludir. Además lo escondemos con frases impersonales para no ser responsables de la opinión, no decimos “yo tengo frío” que sería lo correcto, sino «hace frío». Muchas de estas opiniones se convierten en juicios tóxicos. No añaden ni aportan nada, sólo molestan.

El no hacerlos, supone que pensamos antes de hablar. Reflexionar sobre si mostrar este tipo de opiniones merece la pena o quizá hacer este análisis previo, puede significar un aprendizaje definitivo en tu persona para saber opinar de forma productiva. Expresando «nuestra verdad», como una opción más, sin imposición y basándola en hechos que tampoco son definitivos para tener razón.

Además para que una opinión produzca un efecto en ti tienes que autorizar al emisor para que su evaluación te afecte. Ese es el momento  en el que va a hacer entrada tu espíritu navideño, encontrando mil razones por las que ese familiar tuyo ha hecho esa apreciación y por cuántas razones no te va a afectar, ni a tu humor,  ni a tu opinión sobre él. Si cambias tu actitud hacia él, cambiará la suya hacia ti.

Rompe el círculo tóxico. Diferénciate. Convierte tus Navidades en un gran aprendizaje.

¿ Qué cuelgas en tu árbol?

arbol

 

 

El alumbrado navideño que cada año inunda nuestras calles, recordándonos estas fechas, me hace reflexionar sobre numerosas cuestiones de toda índole, económica, política, medioambiental, pero sobre todo en lo que este tiempo significa y esto sí me aporta amor, calidez y buenos sentimientos.

Es cierto que la nostalgia hace su aparición de vez en cuando, al echar de menos la compañía de quienes  nos dejaron, pero recordar haber tenido la oportunidad de haberlos conocido y compartir momentos, experiencias y aprendizajes con ellos, hace que mi sentimientos de agradecimiento por haberles disfrutado,  sean infinitamente mayores que la tristeza por no poder tenerles a mi lado, y de paso, uso esa energía para que quienes no están tan acompañados en estas fechas, sientan la alegría del calor humano que les rodea  y entre todos generar una alegría contagiosa.

Mi mente cada vez está menos condicionada y por lo tanto no espera una fecha clave para agradecer y celebrar, no pide que las condiciones sean otras, o mejores, simplemente pienso en que cada día que pasa, todos, desde hoy hasta el próximo año, quiero que me acompañe este espíritu de concordia y hermandad, que se promueve en estos días.

Me encanta ir sonriendo por esas calles iluminadas, de manera que el asombro que produzco en los demás, les acabe invitando a saludarme, o a que me sonrían de vuelta, o incluso  que se queden pensando de qué me conocen. Me encanta. Habéis sentido lo que reconforta que con ese mismo espíritu te salude un extraño¿lo has probado?

Acostumbré a mi mente a guardar y almacenar emociones para compartir, de alegría, de agradecimiento, de generosidad. Acabé asociando la Navidad a emociones potenciadoras que van más allá de mis propias experiencias o circunstancias, trabajando mi interior y buscando la infinita cantidad de cosas por las que debo estar agradecida. Desenfocando de lo cotidiano, de lo que antes consideraba problemas y ahora ni siquiera considero retos, sino que es “lo que tiene vivir” que nunca se está preparado para todo pero sin embargo no tengo esperanzas de que no me ocurra nada en absoluto y como trabajo para lo bueno espero todo lo que conlleve, sin grandes aspavientos.

Mírate, si te ves reflejado en los cuentos de Dickens del lado de quien no le gustan estas fechas, quizás deberías tomarte la vida menos en serio. Seguramente sea más divertido poder disfrutar sin complejos de todo, es más, todavía puedes pensar en un jersey de renos o con un árbol de Navidad, cantar un villancico o cualquier cuestión que hasta ahora considerases una estupidez que no iba contigo. Verás qué liberación y lo que supone de cambio en tu persona. Sé flexible. Sólo porque con cualquier mínima acción  puedes ponerle alegría a la Navidad, animar a los que te rodean y no sólo con cosas materiales, sino mostrándoles y diciéndoles lo mucho que los quieres.

Si buscamos y pensamos  haciendo una lista, todos tenemos mucho que celebrar. Este año te invito a que en tu árbol, todo los tuyos, cuelguen escrito en algún adorno especial, cada día tres cosas que quieren agradecer  y que si no lo hacen podrían desaparecer de sus vidas.

Te sorprenderá en unos días comprobar por qué cantidad de cosas puedes estar alegre esta Navidad.