Errar o no errar

error
Cuando hacemos un juicio equivocado o llevamos a cabo una acción desacertada, estamos cometiendo un error. La realidad de este concepto, que lleva añadido miedo, ansiedad, culpa y vergüenza, no es nunca peor que en nuestra imaginación y en nuestro juicio.

Cometer un error es normal, sólo quienes hacen, yerran, por lo tanto quienes no hacen o esperan a que los demás hagan, son los únicos que ven el error como una mancha vergonzante en sus currículo vitales y se apresuran a señalarlos en otros, como prueba de su propia inseguridad.

Los que arriesgan, los que toman la iniciativa, los que creen que el ensayo prueba-error es una herramienta y no una trampa, de ellos será el mundo del éxito, del emprendimiento, de los descubrimientos. Todos los demás están tan atemorizados por sus propios juicios y los de los demás que jamás podrán hacer algo los primeros y serán incapaces de sobreponerse a los errores por sus sentimientos de culpa.

La cuestión esencial sobre los errores entonces, no es cometerlos, es el momento inmediatamente posterior. Cómo reaccionamos dice mucho de nosotros, de nuestra autoestima, de la seguridad y confianza en nosotros mismos, de nuestra valentía y de lo interesados que estamos en que los demás confíen en nosotros y sepan que somos auténticos.

La primera de las opciones que podemos barajar, cuando cometemos un error, es la de callarnos, esperando que nadie se dé cuenta. En esta situación imaginar las consecuencias como enormes monstruos, nos hace que nuestro miedo nos impida ver los resultados reales de no resolverlo en el momento.

Esconder el error, puede acarrear tener que mentir, culpar a otra persona, provocar consecuencias peores o como mínimo imprevisibles al no señalarlo y tener que vivir con la experiencia llamando a la puerta de la conciencia cada vez que el cerebro a partir de otras sensaciones desate esas emociones.

Si además de esconderlo, somos descubiertos, volvemos a tener, como mínimo otras dos opciones, seguir negándolo, multiplicando las anteriores posibles consecuencias o reconocerlo. En el caso de que nuestra valentía haga su aparición para tratar la cuestión. Se vuelven a bifurcar los caminos, podemos admitirlo y llenarnos de excusas y justificaciones, con la intención de salir del paso. Encontrar una razón exterior a la que culpar y encender la ira de nuestro interlocutor, conocedor de que quien se excusa no cambia o, admitir el error sin más. En esta situación dependiendo de quién sea la otra persona y su grado de desarrollo, podemos esperar que incremente la carga de la culpa y arremeta contra nosotros, el jefe- autoritario, o que comprenda nuestra situación y trate de ayudarnos a extraer algún aprendizaje para la próxima vez, el jefe- líder, de manera que no haya sido un error en balde.

La opción óptima es, por encima de todas las consecuencias que tu imaginación encuentre, admitir el error de entrada. Si además  lo haces rápida, y enérgicamente desarmarás a tu interlocutor. Si a esto le sumas una crítica a ti mismo, piensa en este sentimiento liberador y te dices todo lo que él está deseando decirte, incluso le quitarás la razón.

Algo está cambiando en el mundo para que Jean-Claude Biver Ex-CEO de Hublot Genève crea que perdonar y arbitrar fórmulas para que las personas arriesguen son condiciones indispensables para la creatividad y la innovación. Seguro pensó en  Einstein “quien no ha cometido un error es que no ha probado algo nuevo”.

Te propongo que durante esta semana seas proactivo en el reconocimiento de errores e incluso cuando no los hayas cometido, atribúyetelos, atrévete a desafiarte. Pide perdón, reconócelos, desempolva  tu valentía y tu sabiduría. Rectificar es de sabios, no? Te parece una locura, pues prueba y observa qué efecto produces en las personas, en casa, en el trabajo, con los amigos, critícate. Libérate de la necesidad de avergonzarte cuando yerras.

A lo mejor a partir de ahora cambias de táctica…

Recuerda : “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”
Goethe

•Pincha en la letra negrita y podrás acceder a un interesante video de Jean-Claude Biver
Foto: todoroms.com

Cerrar todas las ventanas

cerrar ventanas

Nuestro día a día nos deja poco tiempo para pensar y reflexionar. Vamos de un lado a otro sin reparar en muchos detalles que nos perdemos por intentar llegar antes a un futuro incierto o huir de un pasado cercano.

De repente nos damos cuenta que todo nuestro periplo diario está impregnado de un malestar general que no sabemos muy bien a qué achacar. La sensación, algo sin resolver, sobre qué, no lo tenemos muy claro, la urgencia de llegar a nuestra próxima tarea o nuestro próximo destino, nos impide acertar con la causa.

Llegamos a casa, paramos, qué nos ocurre, nos preguntamos, será el trabajo. Repasamos mentalmente lo que ha sucedido durante el día y lo descartamos, fue más de lo mismo. Será la alergia,el tiempo, que no he hecho ejercicio, he dormido poco, tengo estrés. Sólo sé que tengo un profundo malestar.
Continúo dándole vueltas a todo. Desde cuándo me ocurre, puede que desde hace tres o cuatro meses. Qué ocurrió entonces. Ahora recuerdo, aquello que dejé con aquella persona sin resolver, que no cerré, que me importaba, sobre lo que decidí no pensar, creyendo que el olvido haría de las suyas, librándome del pesar.

Hoy veo claramente que erré, mis sentimientos de angustia, de ansiedad, mi constante malestar, lo que acabo pagando con otros, todo se reduce a mi conversación pendiente con esa persona. Lo que le hubiese dicho, lo que ahora le querría decir, lo que me gustaría zanjar ese tema…
Quizás será mi miedo a saber la verdad. Qué verdad, a lo mejor la que yo interpretaba que iba a recibir. Apenas recuerdo lo que dijo y lo que dije pero la sensación la percibo como si hubiese sido hace un momento y no me deja descansar.

Cuando me impulso para hacerlo, hablar con ella, aparece el miedo y cuando me contengo e intento olvidar, ese maldito malestar otra vez. Dos opciones no son opciones, busco una tercera…

Con las herramientas que tengo, no encuentro otra solución distinta, necesito otros matices, otras perspectivas que me saquen de mi bloqueo, qué hago, será tarde para hablar, qué pensará si me dirijo a ella con un tema de hace meses. Qué va a pensar de mi, seguro que me contesta mal. No, todas estas son excusas para no hacerlo y que no ocurra. Querrá decir eso que tengo que vivir con mi malestar. Hasta cuándo podré manejarlo…
Estoy decidido, no puedo dejar que esa conversación pendiente haga bullir mi cerebro hasta derretirme en una maraña de dudas, tensiones y presión.

Si esto te ha ocurrido alguna vez con alguien de tu familia, amigos, personas del trabajo… no lo dejes, no pasará. No renuncies a un montón de posibilidades que pueden llevarte lejos por no tener esa conversación a tiempo. Por no decirles eso que tienes pendiente.

Te dejo unas reflexiones que te ayudarán:
Si te has parado a pensar y has encontrado la causa, serás consciente de tu responsabilidad, piensa en cómo te comportaste y qué puedes haber hecho para llegar a esa situación.

Deja de interpretar y suponer lo que hizo la otra persona. Apaga tu diálogo interior.Piensa qué pudo haberla hecho reaccionar así. Crees de verdad,que fue intencionado. Podía estar ella pensando, quizá, lo mismo que tú.
Si esa persona te importa y te aporta, no lo dejes pasar. Cuando sueles querer hacerlo ya es tarde y sólo queda arrepentirse. Lo que puedo ser y no fue.

Piensa en una nueva conversación. Escribe, hazte tu guión, que sea lo que tú le quieres decir y que todo esté suficientemente claro. Guárdalo y si lo vuelves a mirar días después, te interesa. Llama.

En cualquier caso, cerrar esa ventana que te está gastando tanta energía, te ralentiza y a veces te bloquea, será lo más “ecológico” para ti.

Elige el momento y el lugar adecuado y lánzate.

“No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son difíciles.»
Séneca

Mejor un acuerdo

discutir-t14533

Si tuviera que definir las emociones que experimentamos la mayoría  cuando participamos en una discusión, necesitaría horas para desgranarlas y concretarlas. Si me tuviese que ceñir a las básicas de Ekman, ira, repugnancia, miedo y tristeza serían por este orden las más habituales.

Al leerlas una y otra vez, llego a una conclusión, la única forma de ganar en una  discusión es evitándola. Esta cuestión también se ve más clara cuando se observa desde fuera, cuando asistimos a otra discusión y vemos cómo se suceden todas estas emociones.

En esos momentos no reparas en nada, ni siquiera en que la mayor parte de las veces es con quienes  más quieres con quienes más discutes. En realidad con quien discutimos es con nosotros mismos, con nuestra infelicidad, nuestros complejos, nuestra adicción a exteriorizar lo peor de nosotros. A compartir negatividad, penas, tristezas y malos humos. Sobre todo cuando  lo que queremos es  llevar razón a toda costa, imponer nuestros argumentos, aplastar los del otro, dejar claro que sabemos más, que no nos calla nadie.

Si discutimos y peleamos podemos lograr triunfar pero es un éxito amargo, qué hemos conseguido en la otra persona, sembrar un sentimiento negativo hacia nosotros,  que piense que somos implacables o  que como mínimo, nuestro encendido arrojo es fruto de nuestra falta de autocontrol .

Pasar de un desacuerdo a una discusión depende de nosotros, de nuestra valoración de la situación, de ser lo suficientemente maduros emocionalmente para no dejarnos llevar sin avistar las posibles consecuencias que puede tener.

De qué te sirve cantarle las cuarenta  a tu potencial cliente y dejarle clarito que eres es el que manda, si además de no haberle vendido nada, te forjas un enemigo para el resto de tu vida. Ten en cuenta que todo el mundo que te rodea en una sociedad interconectada puede ser una referencia buena o mala de ti, tú decides.

Recuerda cuando irritado por las gestiones de una compañía llamas a su servicio telefónico y lejos de comenzar con alguna cuestión positiva que impulse a la empleada a ayudarte, le vociferas como si ella misma hubiese sido la culpable de tu mala facturación o de no haber resuelto la incidencia. Qué te hace ponerte así, piensas que esa es la mejor opción. Acaso tú funcionas igual.

Recuerda  cuando estás  frente a la Administración y te piden documentos ilógicos, innecesarios, qué ganas con discutirlo, te van a aplicar la legalidad y si  la rebates  te aconsejarán los juzgados con sus tasas y sus  desvelos. Te merece la pena  destruir tu paz interior por ese proceder. No sería mejor partir de lo que le parece más  o menos lógico y pedir ayuda, sin excitarte.

Cuando termina una discusión, nueve de cada diez veces, las posiciones lejos de acercarse, se distancian y refuerzan más, hasta el límite, que una nueva pasada por el tema hace que la furia se vuelva  feroz.

Un consejo que me gustó y me empeño en practicar es  “Hay que evitar siempre el ángulo agudo”. Qué ganamos con sacar a relucir temas espinosos con personas que queremos, temas en lo que tenemos constancia de que no opinamos lo mismo. Alguien cree que desde fuera se puede cambiar algo.

Ahora piensa  en cómo te sientes después de una discusión, cómo te ves, qué te dices. Seguramente ninguna mereció la pena. El malestar, el arrepentimiento, todo lo que dijiste, heriste gratuitamente para nada, porque ni siquiera ni física, ni emocional ni a nivel relación volviste  al punto de partida, la situación ahora es, definitivamente, negativa.

La próxima vez intenta que el desacuerdo se quede en eso. Para ello piensa: es necesario, te imaginas  que todos fuésemos, quisiésemos y defendiésemos lo mismo. No confíes en tu reacción instintiva puede que lo que has entendido no sea lo que la otra persona quiso decir, compruébalo. Aplaca  tu carácter, intenta  visualizarte desde fuera en una disputa o imagínate en las mismas circunstancias que esa persona que te abochorna por su falta de control. Busca los puntos en común  e intenta comprender a la otra parte, para ello escucha y sobre todo, si te das cuenta antes que el otro de que la cuestión está a punto de estallar, pide perdón, le  desarmará.

“El odio nunca es vencido por el odio” Buda

Foto: intermedio tetuán

Talento supersenior

tio sam
Ahora que el envejecimiento es una tendencia demográfica indiscutible y que la sociedad occidental tiene que conciliarla en sus sistemas de bienestar, me pregunto por qué no se plantea en otros ámbitos sociales en los que es más necesario.
Hace años que llevamos escuchando que el ejercicio físico y la buena alimentación suponen un gran paso en el cuidado de las personas a lo largo de su vida. Cientos de veces hemos leído o escuchado cuáles son los alimentos más adecuados para cada función orgánica, las loas de los distintos deportes y actividades en la guerra contra el sedentarismo, pero qué porcentaje del total del proceso de envejecimiento bueno, corresponde a esto.
Hay quienes como F. Javier González en su libro “Envejecer es bueno: el secreto de la longevidad” relegan estas dos facetas, alimentación y ejercicio al 25% del total y añaden que el resto, el 75%, corresponde a las actitudes, pensamientos y creencias que tenemos, es decir, a nuestra forma de actuar, de pensar y de sentir.
Cuando escucho debates sobre edad de jubilación, pensiones y futuro, tengo dos pensamientos reincidentes uno de ellos, se refiere a que la gran mayoría de las personas, tengo la impresión de que, no trabajan en nada que les guste y menos que les apasione. O no disfrutan con su tarea, o con sus compañeros, o con sus horarios, ni  siquiera con su salario a fin de mes, el que les parece exiguo. Puesto que si esto no  fuese así, el drama sería la jubilación, no permanecer en activo. Y dos, que al final si ponemos un poco de lógica, en el inicio bismarckiano del sistema de bienestar, la jubilación refería, no poder por la edad desarrollar sus labores de manera adecuada, y sin embargo ahora se produce la paradoja de que quienes se jubilan y prejubilan son personas en perfectas condiciones físicas, económicas e intelectuales y sin embargo, otras personas de más edad  siguen desempeñando tareas físicas extenuantes, fruto de concatenar, en muchos casos, contratos que no les ofrecen otra posibilidad para mantener sus familias de otro modo.
Cómo puede una sociedad condenada al envejecimiento prescindir de todo ese capital humano experimentado, en plena forma. Cómo se puede pensar en leyes de emprendedores y ayuda a éstos sin contar con el trabajo “voluntario” de estas personas, con su experiencia, su saber hacer y su vitalidad. Sólo en las grandes corporaciones se utiliza la figura del mentor y en otros casos podemos apelar a muchos de estos veteranos que se asocian para hacerlo por su cuenta, pero cómo pueden permitir ese derroche las deficitarias administraciones públicas…y la sociedad…
Pensemos también en qué ocurre cuando alguien se jubila. Nos pasamos desde, como mínimo los 3 años hasta los 25 años , en el mejor de los casos, preparándonos concienzudamente para trabajar, ser útiles en nuestro entorno, conseguir sustento, desarrollarnos como personas, formar familias, construir proyectos, todo para ser felices durante 35 años y sin embargo, no nos preparamos en absoluto para los posibles 20 años restantes.
De repente frenamos en seco, de un día para otro nuestro despertador no suena, nuestro teléfono tampoco, el cargo de nuestra tarjeta de visita se evapora, la actividad que  ocupaba un tercio de nuestra vida se esfuma y nuestra red social se jibariza. Nos quedamos solos ante nosotros mismos. Pensando en nuestra utilidad, nuestra capacidad, denostadas ambas por una sociedad, que por considerarnos exhaustos y remunerarnos por ello, nos abandona a nuestra suerte.
La jubilación necesita un proceso para el que hay que prepararse, es una nueva experiencia, otro comienzo en nuestras vidas y parafraseando a Unamuno “jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar lo que le impide ser lo que es o lo que será”.
Prepararnos para ella sería una gran inversión, puedes contratar los servicios de un Coach, buscar un objetivo, pensar en cómo quieres que sean tus próximos 20 años, trazar un Plan de Acción y lanzarte.Si no, los acontecimientos diarios te enredarán y superarán. Acabarás lamentando no haberlo hecho antes y vivir tanto años sin rumbo, pendiente día a día del último achaque o de cuándo será el definitivo.
Estas creencias y actitudes negativas acabarán minando tu entusiasmo y tu ánimo. Todo lo verás negro, “realista “dirás, pero es que así lo ve todo aquel que no tiene un objetivo y navega sin rumbo.
Todos estos pensamientos no sólo perjudicarán tu mente sino tu cuerpo. Y tampoco quedará ahí, sino que proporcionarás pesar a todos aquellos que te quieren y rodean, ¿es inevitable?, ¿de verdad?
El optimismo, ver el vaso medio lleno, de aire o agua qué más da, no sólo te va a ayudar  a vivir más, sino que lo harás en mejores condiciones y a falta de una frase más entusiasta sobre el asunto piensa como Churchill que aconsejaba: “Sea optimista, no resulta de mucha utilidad ser de otra manera”.
Acaba con el “yanoismo” victimista, del “ya- no puedo hacer esto”, “ya- no puedo hacer lo otro”. Corta por lo sano, tienes una oportunidad de oro de ser quien tú quieras hasta que quieras, sientas o tengas fuerzas. El cerebro aprende hasta el último minuto en que estés vivo, a falta de patologías concretas. Aprovéchalo.
Si no tienes ideas también te recomiendo un vistazo al apartado “Vida” del periódico La Vanguardia , la sección “Cuando la edad es un plus” ,es una inyección de vitalidad increíble.
¡Si tienes talento y fuerzas, no lo desperdicies, el mundo te necesita!
¡¡¡¡¡Escribe tu Historia!!!!!

* Si pinchas en la letra en negrita accederás a la sección de La Vanguardia

¡Nervios a examen!

estudio 

Cuando uno pasa unos días con personas que estudian es imposible no escuchar palabras como nervios, suerte, profesor, etc. Coincidiendo con los exámenes de la Universidad y la Selectividad, me gustaría reflexionar sobre algunas cuestiones anejas.
Si concentramos nuestra atención en una asignatura, sobre la que debemos trabajar y estudiar para poder afrontar un examen, podemos acercarnos a ella como si su desarrollo fuese un proceso. En este proceso, desde el inicio hasta aprobarla, podemos advertir algunos factores que influyen de diferentes formas: el contenido de la asignatura, las horas de clase que tenemos de ella, la asistencia, el profesor/a, los compañeros, los libros y apuntes, horas de estudio, de búsqueda de información, dieta sana, ejercicio, dormir y por supuesto el tipo de examen.
Siempre me he preguntado cuáles podrían ser los diferentes motivos para que los nervios aflorasen en los estudiantes que han estudiado, qué puede hacer que no se presenten a un examen, que se salgan o que dejen una asignatura, incluso cuando han asistido a clase y estudiado durante meses.
Qué es lo que hace que en estos momentos, la suerte parezca un elemento decisivo que se desea y solicita, cuando apenas existe control sobre ella. La mayoría de las personas que sienten gran estrés durante esta época, ponen el acento en las cosas que escapan fuera de su control.
He descubierto que en numerosas ocasiones un gesto, un ejemplo o una apariencia el primer día de clase, hacen que del impersonal nombre de la asignatura escrito en la solicitud de matrícula, se pase a vincularla con una determinada persona, el o la profesora. Sí, puede ser cierto que de quien no te gusta, no se puede aprender,pero siempre existen opciones.
Juzgar a quien va a ser protagonista de vuestra asignatura por cuestiones académicamente triviales, sus gafas, su vestimenta o sus gestos, no parece muy buen comienzo y no habría problema si esta actividad fuera inocua, pero nos condiciona, puede que por esa elección de juicio que hacemos, la asignatura de primero nos acompañe hasta tercero, y que si por arte de programa informático, nos vuelve a tocar el mismo profesor, nos veamos sumidos en una “racha gafe” que nos lleve por peligrosos derroteros.
Me gusta poner el ejemplo del horóscopo, poca gente dice que lo cree, pero quien lo lee en muchas ocasiones queda condicionado por el mensaje, por si acaso y si coincide que algo conecta durante el día, por muy remoto que sea, hace que nuestra fe en estos pensamientos haga el resto.
Qué os parece para primeras impresiones utilizar lo que denomino como la “Táctica de la disculpa”. Piensa que aquello que tanto te disgusta de la persona o bien es circunstancial o viene derivado de una cuestión que tú mismo podrías llegar a justificar, en su caso. Piensa que si el primer día, la persona es grosera, desconsiderada o le falta sensibilidad, es que tiene motivos de peso para serlo. Discúlpale. En otro caso, la especial inquina comenzará a hacerse con tu mente y tus pensamientos hasta hacerte dejar la asignatura. Propóntelo como un reto.
Otro de los factores que influyen en el periodo de exámenes, son los compañeros con sus teorías y los rumores, nadie sabe exactamente dónde tiene su origen, con qué intención son dispersados y cuál es la razón para que todo el mundo los transmita sin haberlos comprobado, pero surten efecto. Es el mismo caso que el del horóscopo, carne de sugestión,»tal profesor es durísimo»,»tal examen va a ser imposible aprobarlo». Creéis de verdad que os van a examinar de algo que no os hayan explicado. Os habéis preguntado alguna vez si la génesis de todas estas cuestiones es desanimar a la competencia para que solitos os rindáis?
No te compares con nadie, para que este trabajo fuese bueno deberías hacerlo íntegramente, no sólo en lo que te ves débil. Qué necesidad tienes de boicotearte tú sólo. Si crees que no puedes, da igual lo que hayas estudiado o si has ido o no a clase, no podrás.
Estarás mandando a tu cerebro órdenes contrarias a tus propios intereses. Si has estudiado lo suficiente, o por lo menos gran parte del temario y lo entiendes, si has descansado, hecho ejercicio, comido y dormido bien, sólo tienes que creer en ti mismo para cerrar el círculo.
Con los elementos que indicamos a principio, examínate, haz una lista y siendo el total del control el 100%, anota al margen qué control tienes sobre ellos, el tipo de examen, el profesor, los compañeros… sobre lo que hagan, lo que digan o cómo lo hagan.
Piensa en lo que realmente controlas y merece tu esfuerzo, enfócate en ello y da lo mejor de ti.
Recuerda el proverbio chino: “Si un problema tiene solución no hace falta preocuparse. Si no tiene solución no sirve preocuparse para nada.”
La solución está en ti. Si tú mismo no crees en ti, quién lo hará?

Creativa-mente

mente
No es la primera vez que encuentro comprensión en libros y descubrimientos científicos. Cuestiones que hasta ahora encontraba útiles y sin embargo, divergían bastante de lo que pensaban los demás, me han llevado a compartir con vosotros esta reflexión.
Desde hace bastante tiempo mi mente ha abordado la mayoría de los problemas y soluciones de una forma relacional, interconectada. Para mí los compartimentos estancos nunca han existido y a pesar de la divergencia entre las materias o temas a tratar, siempre he encontrado analogías y similitudes.
Esto que a mí me resultaba muy útil, durante años, a mis interlocutores les extrañaba y disgustaba, con la consiguiente reconvención a tratarlo todo por separado.
Ahora tengo claro que ahí es donde radican muchas de las cuestiones a resolver, ver la vida no como un todo, si no como pequeñas partes independientes.Por ejemplo en política, por si fuera poco perjudicial la concepción estanca, la complementan con la organización en pequeños Reinos de Taifas que adjudican a ministros y concejales.
Esta manera de pensar me ha ayudado mucho en cuanto a creatividad e innovación, en la propuesta de políticas públicas, campañas, programas y soluciones. Lo cierto es que no sé exactamente cómo he llegado hasta aquí, pero me parece tan útil que hace tiempo que mi pasión por las «mejoras» a través de la neurociencia me ha hecho investigar cómo se puede desarrollar.

Hace algún tiempo viendo mis inspiradores TED Talks descubrí a Estanislao Bachrach, un biólogo molecular argentino profesor de biotecnología e innovación , que ha sido académico en Harvard. A través esta charla sobre «cómo surgen las ideas»,comencé a interesarme sobre cómo podemos ser más creativos e innovadores.
Tenemos algunos ejemplos en la historia o citas célebres que algo nos adelantan sobre el asunto como que Albert Einstein decía “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”, o Leonardo da Vinci que aconsejaba buscar tres o cuatro perspectivas distintas del mismo problema para darle la solución más adecuada. Estas estrategias nos dejan un denominador común, al establecer que si no “añadimos” en los planteamientos o en los matices de nuestra historia, nunca llegaremos a un final distinto.
Nuestros conocimientos sobre los temas son compartimentos separados que utilizamos conforme a unas experiencias que hemos vivido, las sensaciones que volvamos a vivir, al plantearse otras situaciones, pueden despertar en nosotros estos recuerdos pero no añadirán nada nuevo.
Si por el contrario, mezclamos los problemas o los asuntos, conseguimos verter en la misma fuente una mezcla de conocimientos distintos y podremos ampliar la visión que tenemos de los mismos. Por eso es también importante que vayamos además interesándonos por otros temas que nos puedan aportar otras visiones. Por ejemplo, si hasta ahora no te ha gustado un género concreto de libros, novelas o de divulgación científica y no recuerdas haber leído más que uno, hazlo, tendrás más herramientas. Así como tocar un instrumento o empezar una actividad física o deporte diferente,también te ayudarán.
La teoría sobre el cerebro cuya síntesis es “úsalo o lo perderás“ (“use it or loose it”) defiende que el cerebro es un músculo, que hay que ejercitar y alimentar apropiadamente, que está preparado para funcionar con antiguas y nuevas conexiones sinápticas durante toda su vida pero si no las usamos, se pierden. Es decir, toda la rutina que establezcamos en nuestra vida será contraproducente, porque todas las demás conexiones se irán apagando y mermando la capacidad del cerebro.
Seguro que habréis oído hablar sobre el estudio que descubrió que así como los taxistas van aprendiendo más y más direcciones, experimentan un cambio en el hipotálamo, aumentado su materia gris, que mejora la capacidad espacial y memorial, comparados con los conductores promedio.

Si quieres empezar a ser creativo e introducir elementos distintos en tus planteamientos, mezcla los problemas, al menos dos. Piensa qué relación pueden tener, al principio supondrá un desafío porque estamos acostumbrados a trabajar por tareas pero este modo de proceder te dará otra poderosa visión de los temas, una multiplicidad de perspectivas.
Otra técnica que también te dejo de Bachrach es la “técnica del desafío “: si tú trabajo se basa, por ejemplo, en las relaciones humanas y el cambio organizacional, piensa en qué más cosas se cambian, se organizan, por ejemplo “armarios, viajes…”
Genera conexiones, relaciones, asocia términos, funciones, usos, finalidades…conocerás la importancia de introducir variaciones al azar.
También te dejo una infografía sobre cómo puedes mejorar tu creatividad.

Infografía_creatividad
Hazme un favor si te has puesto en marcha y no sabes por dónde empezar, cambia el título a algunos de los post de este blog. Tu cerebro y mi creatividad te lo agradeceremos.

 

Si pinchas en las letras en negrita podrás acceder a la charla Bachrach, espero que te guste.

¡Vamos Rafa!

Rafael Nadal
Autodisciplina, uff qué fácil es decirlo. Cuántas veces la hemos echado de menos. Sabemos de su utilidad aunque, dónde está cuando se la necesita.
Cuando pienso en ella siempre recuerdo el experimento de Walter Mishel de la Universidad de Standford, sí el de las golosinas con los niños de 4 años. Consiste en que se les da un dulce a cada niño y se les da la opción de comerlo inmediatamente o se les promete darles dos, si esperan quince minutos. El experimento desgrana la variedad de comportamientos que tiene los niños a partir de esta propuesta. A veces me pregunto qué habría hecho yo en ese caso. Parece definitivo, y se comprobó diez años después, que quienes esperan, les depara un futuro mucho más halagüeño que  a los que inmediatamente engullen su dulce, tanto en su desarrollo social como  intelectual.
El autocontrol se basa en la relación que cada uno establece entre ahora y el futuro. Hay quienes ante la certeza de que la acción tenga una repercusión positiva en el futuro, se comprometen con el objetivo: ejercicio, comida, trabajo y otros que se muestran más impulsivos y tiene una visión a más corto plazo.
Una  consecuencia de la falta de autodisciplina es la procrastinación o lo que es lo mismo, posponer nuestras obligaciones. Es una tendencia bastante extendida y contra la que luchamos poco, dejándola formar parte de nuestra vida, sin cuestionarla, con la excusa de que nos gusta trabajar con presión, contra reloj… para llegar a tiempo a los “deadline”, que por cierto, ya podían colaborar y ser más positivos, denominarse “lifeline” 🙂
Nuestra lucha interna entre nuestro Dr. Jekyll , que nos aconseja empezar lo antes posible y hacerlo concentrados y nuestro Mr. Hyde, que es el niño que llevamos dentro y nos mima, quitándole importancia a nuestra responsabilidad y nos induce a no llevarlo a cabo cuando debemos,casi siempre se decanta por este último, en pos de la ley del mínimo esfuerzo, creándonos unos sentimientos negativos que nos producen adicción , “nunca seré capaz”, “no lo conseguiré”. En nuestra zona negativa a pesar de sentirnos seguros, no nos es tan agradable, la sensación que tenemos es que necesitamos un cambio y lo requerimos ya.
Mientras nos debatimos entre “deberías ” y “tengos” sube la temperatura de nuestra olla a presión. Si a esto le sumamos la exigencia de la perfección , esto nos hará seguro dejarlo para otro momento, diciéndonos “si no lo haces correctamente, no lo harás en absoluto”.
Seguro que te ha ocurrido esto con algún propósito, a mí, al principio, con el blog que me he comprometido a escribir con toda la asiduidad de la que sea capaz. Hace tiempo que olvidé el perfeccionismo que me impedía empezar. Éste afecta a tu perseverancia y mina tu autodisciplina. En mi caso me dije,” escribe aunque no lo veas perfecto, si no, nunca empezarás, ni mejorarás, ni conseguirás tu objetivo”.
Mi reflexión de hoy quería que os sirviese para acercaros a un sistema más efectivo para vuestras metas, que además reduzca vuestros conflictos internos: Las recompensas.
Todos merecemos una recompensa, aunque sea por algo que tenemos que hacer de todos modos. Grábatelo. La mayoría recibimos dinero por trabajo y no nos parece tan mal, pues con todo lo demás igual,  establece tu propio sistema de recompensas. Son motivadoras y eficaces.
Hoy os dejo de práctica una recompensa:  los elogios personales.
Divide ese objetivo que tanto te cuesta en pequeñas minitareas alcanzables y accesibles. A cada paso, dirígete un elogio: “soy el mejor”, ”buen trabajo”. Recuerda a Nadal  y su “Vamos Rafa».

Cualquier momento y cualquier lugar son buenos.
Usa palabras que te hayan supuesto apoyo en tus logros en el pasado y que te trasladen a estados potenciadores. Si lo asocias a una persona, recuerda su tono de voz y sus palabras exactas.
Es un sistema de recompensas que no admite castigos, si cometes algún error, decirte algo negativo, hará que tires tu trabajo por la borda, es contraproducente. Eres humano un “me equivoqué y la próxima vez lo  haré mejor” te pondrá en marcha de nuevo. Sé comprensivo contigo mismo no somos infalibles y las mentalidades “todo o nada” son mentalidades perdedoras.

Es un recurso muy accesible para no utilizarlo muy a menudo, no?

Sin «peros»

yesbut

Habéis tenido alguna vez una conversación llena de “peros”. Qué sensación os ha transmitido vuestro interlocutor, recordáis?

La sensación que a mí me queda, que no  va a cambiar absolutamente nada de lo que se estaba cuestionando, la perspectiva que le he trasladado para su reflexión no ha servido para nada y además he perdido el tiempo.

La razón? Muy simple, todas las frases comenzaban por un propósito y una admisión de que quería hacer algo para tal o para cual cosa y a continuación su subordinada, incluía como prólogo un “pero”. Este “pero” anulaba todo lo que iba a hacer después.

Habíais reparado en este efecto, esta palabra, a veces califica lo que ha ocurrido en la frase anterior y a veces lo anula.

Cuando alguien te pide ayuda para hacer algo y le dices “si ,pero” la persona  que esperaba la respuesta, ya está cerrada a lo que escuche a continuación, sabiendo que o bien puede ser una  excusa para no hacerlo o una modificación principal de su proposición. En cualquier caso, el impacto de esta conjunción es letal en el lenguaje.

Cuando participamos en una  tormenta de ideas y la mayoría   lanza la suya, basta un “pero”  para que los intervinientes  pasen de un entusiasmo increíble a cerrarse en banda para proponer más asuntos, al sentirse cuestionados, manipulados, o puestos en evidencia.

Si es durante una discusión, decir “si pero” implica que incluso cuando era patente el reconocimiento del planteamiento y estaba cerca la disculpa, el “pero” tiene un efecto  nocivo que indispone al oyente.

Es una cuestión fundamental en el aprendizaje, sobre todo en cómo aceptamos las evaluaciones. Reconocer nuestros defectos o lo que debemos mejorar es difícil, un “pero” en la asunción de la crítica, seguro significará, no sólo que no vamos a cambiar y a mejorar, sino que no sabemos encajarla.

Solo tenéis que fijaros en el lenguaje corporal de la otra persona para ver el efecto de la palabra. Suele ser el inicio de algo que el interlocutor no quiere escuchar y que sabe que no jugará en su interés.

Analizad  estas frases: ”Sí creo que me debo disculpar pero que él también lo haga” y “ sí creo que me debo disculpar y que él también lo haga” o “ me ayudas? Sí, pero cuando acabe de comer” y “ me ayudas? Sí, cuando acabe de comer. Véis la diferencia? Cuál preferís?

Enfócate en las alternativas de tu  mensaje para no indisponer a tu interlocutor. Utiliza “y”, “aunque”, “por lo tanto”, “por eso”, “luego”, etc. Busca otras opciones, si te interesa ser  efectivo con tu lenguaje.

Lo que quieras que ocurra no va a ocurrir con la palabra “pero”.

Menos “peros” menos resistencias.

Te gustaría probar si eres capaz de vivir “sin peros”?

Tú, mis reglas

reglas

Cuanto más indago en el comportamiento humano y en cómo vivimos las experiencias, más creo que la mayoría de las veces la comunicación es inexistente y la convivencia, un milagro. Milagros que se producen cuando las personas que se unen por azar o porque se buscan, comparten modelo y reglas, o lo más lógico, lo acuerdan y explican. Tú y yo, nuestras reglas.
Casi todos nosotros tenemos claro lo que soportamos o no soportamos de los demás. A veces esto es, lo que nos recuerda a nosotros mismos y no nos gusta, como asegura Jung, y otras veces es que intentamos imponer nuestras reglas para todo, sin ni siquiera tratarlo o negociarlo. Pretendiendo que las otras personas posean poderes de adivinación e interpretación sobre las nuestras, que por supuesto son las obvias, las de todos, las de siempre, las normales. NO son las tuyas!!.
Quién no ha tenido una amistad que se ha deteriorado con el tiempo o directamente se ha roto, por esperar de la otra persona comportamientos que nosotros dábamos por hecho que debían ser de determinada forma y no fueron así. Muchos de nosotros tenemos cánones, reglas o modelos de lo que deben hacer los demás, anejos a determinados roles. Yo mis reglas, tú mis reglas.

El colmo en estos casos es cuando la persona exige las reglas del rol a los demás pero ella no los cumple en la misma situación. No se da por aludida. La versión yo sin reglas, tú mis reglas. Esta insostenible versión necesita una bondad y amor  infinitos  para mantenerse…

Las madres deben escuchar y ayudar, los amigos deben estar para todo, los hermanos son de esta o de la otra forma. Ser hermano, madre o amigo para cada uno significa una cosa, en la mayoría de los casos parecida, pero casi nunca igual. La vida está llena de matices diferenciadores. Por lo tanto es poco probable que las personas se adapten a nuestro modelo y a las expectativas añadidas, si nosotros no lo explicamos.
Si cada uno tenemos nuestro propio perfil genético y hemos sido socializados en diferentes ambientes, con diferentes creencias políticas, religiosas, culturales, sociales, económicas, cómo demonios vamos a tener concepciones iguales sobre todo, sería mágico, telepático.
Hay quien piensa que un amigo debe estar ahí en los momentos malos, para ser un hombro sobre el que llorar, pero hay otras personas que piensan que en esos momentos son menos necesarios que  cuando necesitan impulso y entusiasmo para compartir sueños, proyectos y alegrías. En estos casos tan distintos, si ambas personas son amigos, o expresan sus deseos, o quedan decepcionadas cada una por su lado, sin ni siquiera saber qué pasó, qué hicieron mal o qué ocurrió. La amistad languidece hasta quedar extinta y parecer completos extraños.

Lo mismo podemos observar en otros roles como jefes, compañeros, de los que esperamos unas determinadas habilidades y un trato específico y lejos de trasladárselo, vamos acumulando malestar hasta que el hastío nos hace verles y conectar la furia interior. En estos casos se suma que tampoco conseguimos ser lo suficientemente asertivos como para ir diciendo aquello que no nos gusta y agradecer y manifestar lo que sí. De modo que de la acumulación de emociones sale nuestro yo primitivo cada vez que oímos su nombre, vemos su cara, o hacemos algo que tenemos imprimado.
Cada vez que lo rememoramos y contamos, si nadie nos da otra perspectiva o nos contraviene, vamos reafirmando la historia e incluso manipulándola a nuestro antojo para asumir con creces el papel de víctima. En el que sufrimos con inmensas dosis de bondad los ataques de los demás, sin merecerlos.

Sepan ustedes que la otra persona al otro lado de la relación está pensando exactamente lo mismo que nosotros. Con lo que la relación no tendrá ningún futuro, puesto que el ego hará el resto, impidiendo ser los primeros que nos disculpemos, los primeros que preguntemos cómo hemos llegado hasta aquí y sin embargo dediquemos más tiempo a cuestiones como de quién fue la culpa, comparando situaciones a lo largo de toda la relación para establecer puntuaciones en el marcador y pensando que nuestra defensa está asegurada no dando nuestro brazo a torcer.

Pues malas noticias. Si es una amistad o relación que valoras o que al menos valorabas, no te será tan fácil dejarlo. Tendrás una conversación pendiente, que te asaltará a lo largo de los años.
Siempre podemos elegir. Haya pasado el tiempo que haya pasado. Seguro que nos sentiremos mejor si lo aclaramos, aunque sólo sea para que nuestra mente descanse. El perdón es la base de la felicidad, todo lo demás pertenece al miedo, la culpa y la vergüenza .
Como asegura Jampolsky “en el terreno de las decisiones, la mente ego quiere hacernos creer que a menos que todo sea exactamente como creemos que debe ser, no podemos ser felices”

Si ésta es tu mente y pretendes convivir y relacionarte con tus reglas, al menos explícalas.

Escúchame

escuchar

La mayor parte de nuestra  preocupación cuando nos planteamos una nueva reunión, una cita o una entrevista es, qué vamos a decir. Pensar y repensar en qué fascinante anécdota o qué respuesta tan inteligente daremos a las preguntas que nos hagan.

Nuestro diálogo interno no para, adelante y atrás, nueva pregunta, nuevo argumento, nueva presentación. Casi nunca, a no ser que nuestra naturaleza nos lo imponga, hemos pensado en ir a escuchar. Incluso cuando  esa  es  la actividad exigida,  tampoco desconectamos nuestra conversación interior.

Hoy me gustaría reflexionar sobre  escuchar.

Pocas veces nos lo proponemos, casi siempre estamos enfrascados  en nuestros pensamientos. Culturalmente además  hemos tenido miedos y  complejos,  hemos malentendido lo que implica cambiar de opinión, matizar tus argumentos o querer llevar razón siempre, confundiéndonos e integrando la aversión  a parecer inseguro, débil o no suficientemente convincente si no agotábamos a los demás con nuestro amplio argumentario.

En realidad, daba igual lo que dijese nuestro interlocutor, nosotros ya teníamos el fichero sobre el asunto descargado en nuestra mente y comenzábamos a leer sin importarnos lo más mínimo el receptor.

En el mejor de los casos era un diálogo de besugos cada uno con su tema y posición, pero se me ocurren un montón de ejemplos más en los que el significado de nuestra falta de atención empeora por momentos. Imagínense el caso de los que llegan a una reunión y hablan, hablan y hablan, sin reparar en que los demás están intentado decir algo. Contra esa velocidad, esa cantidad de datos y esa desenvoltura, la mayoría se retira y activa el “stand by” hasta que acaba. Pensando como mínimo, qué pesadez de persona. Si el tema es la persona en sí, la percepción pasa de pesado a maleducado , petulante, arrogante, y a un sentimiento de no querer volver a  departir con él jamás.

Por  la parte emisora, imagínense las excusas, los nervios, hablar para no escuchar a otros, presumir, dejar claro quién manda, entretenerles…

Escuchar implica observar, un buen oyente es quien está pendiente no sólo del contenido del mensaje del interlocutor sino de  todos los elementos del mensaje,  lenguaje corporal, el tono de voz, su intensidad y la velocidad. Para poder hacerse una idea  de la situación mucho más allá de lo que en principio, frívolamente observaríamos.

Escuchando se aprende muchísimo, más que hablando claro, puesto que los argumentos que nosotros esgrimimos son fruto de nuestro conocimiento y por lo tanto no supone adquirir perspectiva o «inputs» diferentes.

Escuchar además conlleva mostrar un completo dominio de nosotros mismos. Conseguir escuchar a una persona, olvidándote de lo que tú quieres decir para entender lo que quiere decir ella, sin suponer, sin interpretar, exige una dedicación total. Llegar a contener ese gatillo que activamos cuando un pensamiento que creemos oportuno, ingenioso o importante llega a nuestra mente, acaba siendo una tarea hercúlea.

Acaso practicamos la escucha activa en alguna de sus manifestaciones ? Alguna  vez habéis intentado recordar una conversación lo más exactamente posible, haciendo un resumen a posteriori, sabríais decir el color de los ojos de vuestro interlocutor, estáis atentos a sus gestos, le prejuzgáis por su apariencia,  respondéis al móvil cuando os están hablando, estáis  pensando en lo que vas a decir, le interrumpís.. .si las respuestas son las  tres primeras  negativas y las cuatro siguientes afirmativas, no escuchas.  Puedes practicar  y cambiar tus respuestas!

Son muchos los obstáculos de la escucha activa. Os contaré, para animaros, una historia que os puede ayudar y serviros como buena práctica.
Un mandatario de un país, al que le  visita  otro, la noche anterior se la pasa estudiando  la pesca y los botes, la pasión del visitante. Cuando la conversación se inicia al día siguiente, tras los saludos de rigor, comienza  hábilmente sobre pesca y botes, el visitante entre sorprendido y emocionado comienza su disertación, horas y horas hablando de su pasión. Tal fue la escucha activa, que de las 12 horas que duró la visita, el anfitrión habló la última hora para concretar los términos de su nuevo acuerdo. Sobre el cuál parecía más que reticente antes de la visita.

Las personas  que hacen que los demás se sientan importantes, pueden cambiarles la vida. Escuchar es la base de esta habilidad. No me digan  que no está al alcance de todos.

Si no tiene algo que les motive a hacer esto  recuerden a Emerson  “Todo hombre es superior a mí  en  algún sentido. En ese sentido aprendo de él.”

De quiénes aprendes tú? Cómo?

Tu profecía Maya

mayas
“A partir de sábado 22 de diciembre del año 2012 todas las relaciones estarán basadas en la tolerancia y la flexibilidad, pues el hombre sentirá a otros como otra parte de sí mismo.
El hombre vivirá la primavera galáctica, el florecimiento de una nueva realidad basada en la integración con el planeta y todos los seres humanos para en ese momento comprender que somos parte integral de un único organismo gigantesco y nos conectaremos con la tierra, los unos con los otros, con nuestro sol y con la galaxia entera; todos los hombres comprenderán que el reino mineral, vegetal, animal y toda materia esparcida por el universo a todas escalas desde el átomo hasta la galaxia, son seres vivos con una conciencia evolutiva” Séptima profecía Maya.
Desde que los mayas entraron en escena, a finales de 2012, en algunos casos interpretados como profetas apocalípticos del mundo, mucho se ha escrito sobre el asunto, hasta que visto el nulo efecto en forma de fenómeno físico de dimensiones mundiales, nadie ha vuelto a reparar en ello. Sin embargo yo puedo afirmar un cambio de rumbo en el mundo que percibo, alejado de medios de masas y cercano a la cotidianidad.
Hasta hace poco la mayoría estábamos atrapados en un fenómeno de la industrialización, trabajar para ganar dinero, para comprar y consumir y con ello alcanzar la felicidad. Nos pusimos el listón muy alto, pero no sólo a nosotros, sino al resto del mundo. De qué modo si no, podíamos seguir consumiendo de todo a esas velocidades y en esas cantidades, mientras al otro lado del mundo el crecimiento era mínimo o inexistente, a costa de los recursos naturales comunes.
Se había instalado entre nosotros, asumir que todos debíamos vivir a costa de otros y que esto era lo normal. Cuando desde la política se lanzaron mensajes como refundar el capitalismo o un cambio de sistema, nadie creyó en que los mismos que ayudaron a crear los problemas, los iban a resolver, por lo tanto estábamos condenados a recesiones y depresiones vinculadas a medio abecedario en V, en L, en W. En fin, a soportar nuestras privaciones como un castigo divino.
Cuando la crisis estaba en su punto álgido, ya las generaciones más jóvenes se preguntaban si vivir para trabajar y para acumular riquezas y dinero, cuyo tiempo para gastar no podían comprar, era lo ideal. Y partiendo de estos planteamientos comenzaron a pensar en trabajos con significado más allá de la remuneración económica, en tareas que implicasen una cooperación con el mundo en el que vivían pensando en que las fronteras y las barreras físicas y mentales, eran cada día más, un injusto invento del hombre con miedo a un mundo global, en el que cada uno debía soportar el azar de nacer en un sitio o en otro, sin más solución que la aceptación y la abnegación.
Que los trabajos tuviesen un significado y una utilidad, más allá de uno mismo, comenzó a ser una exigencia y tras el discurso de Steve Jobs en Standford, las jóvenes generaciones empezaron a buscar su pasión. A desarrollar su potencial humano, trabajando la inteligencia emocional y planteando una estrategia para alcanzar sus sueños.
Es difícil pasar de un mundo en el que lo importante es un trabajo fijo, con un horario y una remuneración concreta, a un trabajo que simula navegar en la incertidumbre y  sin estas condiciones, pero en realidad, dependerá cada día más de nuestras capacidades, habilidades y esfuerzo. Este cambio, como otros muchos producirá vértigo, desconcierto e inadaptados, pero quienes antes lo consideren, como su futuro cierto, mejor posicionados estarán.
Cuando los mayas hablaban de un cambio de energía, es ese cambio que ya se ve en la cooperación, las redes, la tecnología y la colaboración, una solución mejor y más enriquecida a las cuestiones que nos preocupa. Esta energía es la que desarrolla el crowdsourcing, el crowdfunding, los experimentos online, los cursos de las mejores universidades al alcance de tu red….
Todo esto sumado a la falta del estrés laboral que provocaban los trabajos tradicionales, hará que las personas vuelvan a trabajar en cuestiones que les motiven, les hagan creativos y les apasionen, en las que encuentren un significado y una fuente de inspiración importante.
Una energía que nos hará pensar en nuestras habilidades, sean las que sean, enfocarnos en ellas y trabajarlas para ponerlas al servicio de la sociedad, en profesiones nuevas, que inventaremos y que dentro de un cuarto de siglo serán las demandadas.
Cuando conceptos como “sociedad del conocimiento”, todavía chirrían, de eso saben mucho los informáticos, y la gente todavía se pregunta por qué ahora se paga por el conocimiento y no por un esfuerzo físico ya atávico, el mundo se ha movido hacia un panorama mucho más sugerente que el de un trabajo como maldición bíblica.
Si piensas en lo mejor que puedes hacer y te pones a ello, estarás en mejor posición que lamentándote y buscando un culpable.
Descúbrete, desarrollate, y construye.
Profecía o maldición, tú decides.

¡Tú decides!

decisiones
Seguro que si en este momento no estáis dándole vueltas a un tema recurrente, lo habréis  hecho hace poco o en breve caeréis en ese estado. Cuando nos empeñamos en pensar en un asunto cada equis tiempo y no lo resolvemos, se convierte en una rémora en nuestras vidas y nuestro avance personal.
Si bien es cierto que vivir en el pasado produce melancolía y en el futuro desarrolla ansiedad, el presente lo valoramos poco, a veces como si tuviésemos toda la vida por delante para concluir temas. Pues lamento deciros que no, el tiempo pasa tan deprisa que la mayor parte de las personas convierte su vida en un lamento, sólo pensando en la cantidad de oportunidades y trenes que ha visto pasar sin detenerse.
Sólo se necesitan veinte segundos de coraje para decir que sí, para proponer algo, para hacer esa llamada, mandar ese mensaje, mañana será otro día y tendrá otras decisiones que tomar, no esquives las de hoy.
Comienza por no utilizar el condicional como tiempo verbal, resérvalo para lo negativo que pueda pasar, todo lo demás en presente: me gusta, lo quiero  y lo voy a hacer, sin deberes, sin excusas. El camino del fracaso y de no vivir, está lleno de buenas intenciones y de  no tomar decisiones.
Si nunca te parece el momento adecuado de tomarlas, ahí van unos científicos consejos: tómalas  después de haber tomado azúcar, la glucosa hace que tu pensamiento se vincule más a tu bienestar futuro, hazlo después de un sueño reparador, las emociones del día anterior se han mitigado y se está más despejado, la falta de sueño hace que tomemos decisiones más arriesgadas y hazlo sin pensarlo demasiado, si no te asaltarán muchas dudas y no la tomarás nunca.
Si eres de los que han dejado que los demás tomen decisiones por ti, durante mucho tiempo, al principio, porque te daba igual y después por desidia  o por no molestarte, no es tarde. A tomar decisiones se aprende, como todo, tomándolas. Empieza por las pequeñas, decide en todo, qué comer, qué comprar, qué vas a decir a tal persona, cómo vas a intervenir en la próxima reunión. Cada decisión que tomes será un paso en el refuerzo de tu capacidad de acción. Sé proactivo, no esperes a que las cosas sucedan, haz que pasen. Esto engancha y cuando lo practiques  algunas veces y veas su resultado, será difícil que vuelvas a esconderte tras alguien nunca más.
Si has tomado la decisión, no utilices la palabra “pero”, invalidará toda tu acción anterior, te desmotivará y te lanzará una excusa, para dejarlo para otro día. Tú no quieres eso, verdad? No sigas pensando en lo que no quieres, en lo que te produce dolor, en lo que quieres evitar, dirígete a lo que te produce placer, lo que quieres, con decisión. Te mereces ser feliz y capaz de comandar tu vida sin necesidad de otros.
El poder de decisión es el poder de cambiar tu vida, en cuanto comiences, no podrás parar. Aprenderás de ellas, de tus errores, de tus fracasos, serán tuyos, no de nadie más, ni influidas por otros. Son las decisiones lo que dirigen tu destino y no las circunstancias, si no, piensa en la cantidad de gente que conoces que triunfaron a pesar de sus circunstancias. Aquí tienes un video de muchos celebérrimos.
Piensa en la  frase de Hellen Keller “La vida es una atrevida aventura o no es nada” es cierta.
Si quieres comenzar tu aventura, escribe dos decisiones que vas a tomar, una muy sencilla y otra más difícil,lleva a cabo  la primera. Te aseguro que cuando la tomes, no tardarás mucho en seguir tu hoja de ruta.
Buen viaje 🙂

foto: imaginedreamid.blogspot.com.es

Solución Arquímedes

arquimedes

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” esta frase es, con la que Arquímedes presentaba el poder de un fulcro, o punto de apoyo.No sólo tiene aplicación en la física, en nuestra vida, también podemos utilizar una analogía que parte de la psicología positiva que nos demostrará muchas posibilidades.
Si reflexionáis durante unos minutos, sobre cuál es vuestro punto de apoyo diario, muchos de vosotros os daréis cuenta que, o no lo tenéis muy claro, o bien no lo habíais pensado nunca, o quizá el punto de apoyo os lo marcan los acontecimientos, o los demás. En nuestra reflexión de hoy intentaremos encontrar en el trabajo algún punto de apoyo que os ayude a que podáis tener la suficiente potencia para levantar cualquier resistencia que éste os imponga.
Para llevar a cabo el entreno necesitamos una “mentalidad de crecimiento”, esto qué significa. La psicóloga de Standford, Carol Dweck concluyó en sus estudios que existen dos tipos de personas, unas con “mentalidad de crecimiento “ ,quienes creen que pueden cambiar y mejorar con esfuerzo cualquiera de sus habilidades y las de “mentalidad fija” que creen que las habilidades vienen determinadas de serie. Por un momento pensad en alguna habilidad que no teníais y hayáis adquirido con esfuerzo: deportes, programas informáticos, hablar en público, montar en bici…
Si creéis que podéis hacerlo, podréis, pero lo mismo ocurre al contrario, si creéis que no podéis…
En primer lugar, abordaremos el lenguaje con que nos referimos a nuestro trabajo, alguna alusión positiva diaria ? La construcción mental y lingüística que hagamos de nuestras rutinas diarias, definirán nuestra realidad así que, si pensamos que tenemos una bazofia de trabajo, así será y nuestro día será igual.
Qué te parece si en lugar de dejar que los demás nos definan el puesto de trabajo con un título en nuestra tarjeta, o en la Relación o Registro, empezamos a definirlo nosotros, y si le das otra perspectiva pensando en qué ocurriría si nuestro trabajo no existiera, cuál es nuestro propósito final, qué grado de satisfacción proporcionamos a nuestro consumidor o cliente final en lugar de entretenernos con lo negativo,madrugar, llegar, el cansancio….

Estudia qué necesitas para convertir tu trabajo en una vocación. Esto no depende de la tarea, depende de la actitud, del significado que le queramos dar. Puedes pensar en que ser un conserje es recoger la basura de los demás y ser el último de la compañía, o pensar que eres la imagen de la compañía, lo primero que ven y quien se encarga de que todo esté perfecto. Tú eliges.
Os contaré un experimento: el personal de limpieza de  un hotel, dos equipos, al primero un entrenador físico les explica cuántas calorías y cuántos músculos se ejercitan en su trabajo y qué pueden hacer para mejorar el ejercicio en él, al otro equipo, no se les explica nada. Semanas después los que pensaban en el ejercicio como factor motivador, no sólo habían perdido peso, sino que habían bajado incluso su colesterol. Todos habían hecho el mismo trabajo. La única diferencia era cómo habían concebido sus mentes el trabajo que estaban realizando.
Coge papel y boli y escribe todas tus rutinas diarias en una lista, a continuación de cada una escribe una actividad productiva a la que la puedas vincular. Cuando estés realizándola o a punto de empezar, piensa en la productividad, tu escenario, tu actividad y tu vida, cambiarán. Por ejemplo, en lugar de quejarte del recorrido a tu trabajo, estudia idiomas, ejercita tus músculos, escribe… haz algo que te guste o te sea productivo.
Cuando vayas a ir a una tediosa reunión en la que sabes que si no se acuerda algo en los cinco primeros minutos, será una más, introduce tu objetivo dentro de ese que no es tuyo, piensa en cómo harías tú la reunión, fíjate en el lenguaje corporal de tus compañeros, intenta adivinar sus estados de ánimo, observa qué le falta a la presentación, sé creativo con tus objetivos.
La meta final es que en ningún momento tengas la sensación de que estás perdiendo el tiempo y que tu trabajo no es importante. Considera todo desde un punto de vista útil y divertido, propóntelo como un juego.
Al fin y al cabo la empresas punteras en el mundo es lo que hacen , no?
Empieza por ti mismo. No necesitas trabajar en Google para ser más feliz en tu trabajo, todo es proponértelo.
Has cogido papel y boli ya?

Sintonizando

sintonizar

Agradecemos a Alfred  Korzybski la disciplina de la semántica general, en ella este polaco desarrolla una teoría sobre cómo influyen en el ser humano y en su percepción de las cosas, tanto la estructura del sistema nervioso, como la de las lenguas que utilizamos.

Su cita más famosa es la que se refiere a que “el mapa no es el territorio” con ella,  expresa como, a pesar de estar todos  asistiendo a la misma realidad, el hecho de tener diferentes filtros sensoriales, nos hace que percibamos diferente.

La realidad la percibimos a través de nuestros sentidos: oído, vista, sensación táctil , olfativa o sabor. Cuántos más sentidos intervengan en esa percepción más rica será la fotografía que tengamos de ella, pero esto no significa que otra persona, incluso aquella que está a nuestro lado no  pueda tener otra mezcla de estas herramientas y no percibir lo mismo,tener otra experiencia. Por lo tanto, tenemos entre otras muchas, dos opciones para sintonizar con los demás.

La primera es preguntar, no dar nada por hecho, no pensar que la otra persona está advirtiendo lo mismo y que va a responder de la misma forma que nosotros. Tenemos un ejemplo muy claro en los colores, sin tener en cuenta cuestiones de visión como el daltonismo, lo que para nosotros puede ser rojo, para otros puede ser naranja y para otros incluso marrón. Por lo tanto, si vamos a pintar algo para otros, mejor que delimitemos de antemano el color exacto que percibe el receptor del trabajo.

Esto que en este ejemplo parece tan simple, trasládelo al lenguaje, cuando nos expresamos con palabras, dando por hecho que tienen el mismo significado para todos. Llévelo al extremo, con  palabras como felicidad, éxito, amor. Experimente, pregunte sobre su significado a otras dos personas.

Seguramente,  se ha cuestionado pocas  veces  si significan lo mismo para usted que para su interlocutor.Esta es una de la cuestiones principales de la mala comunicación, dar por hecho que se piensa y se percibe lo mismo, imaginar, creer que se poseen  poderes de adivinación y que con pocos datos que le den y nada que pregunte, le tomarán por un cerebro genial. Cuál será  su sorpresa cuando compruebe, tras concluir la tarea asignada, el encargo o la acción, que nada tiene que ver con las expectativas de quien lo delegó. Pregunte, no tiene más implicación que aclarar, sobre todo, para evitar malentendidos, será mejor esto a que alguien piense a posteriori que usted, a pesar de poner esa cara de interesante y no preguntar, no se entera de nada.

Siempre es mejor cuestionar y revisar lo que creemos y hemos entendido, a tener que lamentarlo después.

Nuestros filtros sensoriales, que eliminan, distorsionan y generalizan, descargan al sistema nervioso de la ingente cantidad de información que recibe, haciendo que esta selección sea personal e intransferible. Por lo que, si queremos ponérselo fácil también a los demás, deberemos preguntarles  a su vez, qué han entendido de lo que les hemos contado y explicarnos mejor o con más detalle si confirmamos que difiere.

Otra cuestión a tener en cuenta para sintonizar, es el canal que predomina en  nuestro interlocutor, visual (vista-ver) auditivo (decir-oir) o kinestésico (sentir-hacer) técnicamente se denominan submodalidades, pero lo interesante , es que lo que decimos, los verbos, sustantivos  y expresiones que utilizamos, nos dan mucha información de cómo conectar mejor con la otra persona.

Por ejemplo si la frase reiterada fuese “ no veo nada claro mi futuro” sería visual, ¨todavía oigo su voz como si estuviese aquí”  sería auditivo y “ me siento desilusionada con su comportamiento” sería kinestésico.  Si estamos pendientes de en qué canal “trasmite” nuestro interlocutor y utilizamos el mismo, seguro que sintonizamos antes y mejor. Si no, también podemos utilizar un sistema que aglutine todos : Cómo lo ves, dime qué te parece, cómo te sientes cuando te lo cuento.

Hay un ejemplo muy curioso que seguro que os aclara todo esto, amplía vuestro conocimiento y lo hace más ameno. Se trata del amor y sus fases. En la fase inicial de enamoramiento todos ponemos todo de nuestra parte, hacemos regalos, preparamos cenas, ponemos música, decimos frases  románticas, hacemos  caricias, damos abrazos y besos. Todo, por llevar a cabo muestras de nuestros sentimientos inequívocos para conseguir nuestro objetivo, trasladar que esa persona es importante para nosotros y estamos dispuestos a hacer, decir, y mostrar todo lo que esté en nuestra mano. Con el paso del tiempo, ese sobresfuerzo del principio, lógicamente se desvanece y cada uno vuelve a su canal original. Mientras estábamos en la primera etapa no echábamos de menos nada porque fuese cual fuese nuestro canal estaba satisfecho ampliamente pero ahora, sin saber porqué tenemos la sensación de que ya no nos quieren o nos quieren cada vez menos. Esta percepción puede darse porque si alguien  fuese principalmente auditiva y su pareja kinestésico, ella estaría esperando palabras y frases reconfortantes, mientras él querría abrazos, caricias y besos. Cuando se acercase a ella en busca de estas, le rechazaría al no oír nada de lo que espera y entonces pensaría  que sólo quiere sexo. Él tampoco entendería nada porque estaría esperando estas acciones y llevaría recibiendo todo el rato, “te quieros” y frases románticas, que cuestionaría por su nulo contenido en sensaciones físicas.

Esto que ahora les habrá resultado sencillo entender, ocurre en todos los ámbitos, en el del aprendizaje, en el laboral, exposiciones en público, cada uno usa su canal. Así que busquen el  suyo, el de quien quieran sintonizar y dependiendo del interés y de la relación,  acuerden y recuerden transmitir por los mismos.

Os dejo este link a un test de Robert Dilts para que averigües tu submodalidad. Y un paper por si quieres ampliar información.

Espero que os sea de ayuda 😉

Enfócate en lo bueno

focus-on-the-good-sm

Salimos por la mañana de casa con la linterna encendida, adónde enfoca, hacia delante, casi siempre hacia abajo, pocas veces hacia arriba y rara vez a izquierda y derecha.
Qué significa?Quién nos dio la linterna? Para qué nos sirve? Siempre enfocamos lo mismo?
Si, si, la linterna es nuestra pero rara vez la utilizamos en el modo manual, casi siempre se encuentra en el automático, enfocamos donde siempre y encontramos lo de siempre.
Desde por la mañana son la radio, los periódicos, la red o la tv quienes nos dirigen la luz hacia donde quieren, principalmente hacia lo negativo. Esta mañana tornados, muertes, políticos corrupción, banqueros, déficit, sueldos más bajos que la UE.

A partir de ahí ya puede pasarnos algo maravilloso, como que hayamos partido de un lugar donde nos quieren, miman, alimentan y cobijan, que todo dará igual e irá a peor .

En este día ya no volveremos a acordarnos de adónde dirigimos nuestro enfoque, estaremos tan embebidos pensando en todo lo negativo que incluso trabajar será más que nunca un castigo divino. Este estrés, generado por estos pensamientos, nos pondrá en una situación en la que las emociones nos bullirán a tales grados por dentro, que arrojaremos bocanadas de ellas hirviendo sobre cualquiera que nos contradiga o moleste lo más mínimo.
Por qué no cambias el foco, qué te parecería ser el dueño de tu linterna. Levantarte por la mañana e iluminarte frente al espejo, decidiendo cómo va a ser tu día, proponiéndote que ese día, vas a enfocar lo que quieres, por ejemplo la bondad de las personas de tu alrededor. Que a pesar de sus gestos, gruñidos y contestaciones, vas a ir a más allá, vas a tratar de llegar a las luchas que esa persona esté librando, a conseguir que al menos, cuando esté junto a ti o cerca, se sienta tranquila.
Piensa en cómo sería si nada más salir de casa alguien te diese los buenos días con una sonrisa de oreja a oreja y te abriese la puerta para salir, te cediese el sitio en el metro o en el autobús, si el conductor te saludase cordialmente. Si en lugar de todas esas entradas negativas en tu sistema, sólo hubiese cosas positivas.
Imagina si en tu trabajo tu jefe o tus compañeros te dijesen, Hola ______ qué gusto volver a verte por aquí esta mañana, me alegra mucho que trabajes en esta empresa, somos lo que somos gracias a ti. Qué, no empezarías el día “enchufado” y con un subidón de autoestima que te haría ser más productivo, más creativo y mejor empleado, jefe, madre….
Quién cree en cada uno de nosotros hoy, si no hacemos más que pasarnos el día arrojando sobre los demás nuestros miedos, y quejas, «gracias a que me pagan porque mi jefe tal o cual», pero» tal y como está el mercado, como está el mundo»,…Cómo está?
El mundo nunca ha estado mejor que ahora.
Sólo con echar un vistazo a la Historia podemos tener una visión clara de todo lo que parecía imposible y  más tarde se ha llevado  a cabo, principalmente porque las leyes de lo posible las ponemos nosotros y son modificables permanentemente.
Me gustaría que echaseis un vistazo a este TED de Rita Pierson, para ver el poder de los demás.Si no se os humedecen los ojos y el corazón os palpita, preparado para conseguir vuestra hazaña, entonces no habréis experimentado el sentimiento de poder que tienen las palabras y las acciones. No las de los demás o las de quienes deben o son  modelos. No, no las nuestras, las de todos.
Piensa en ti mismo de qué te sirven las críticas por sistema de los demás o los «deberías», «tendrías», «cambia esto», «cambia lo otro». No sería genial que alguien te dijese en lo que eres bueno, increíble, único! !!!!!!!!Cientos de veces!!
Levántate mañana, sonriente, enfocando lo positivo, con una sonrisa y haz que alguien a tu alrededor vuelva a creer en él mismo, alienta sus virtudes, con sinceridad, agradeciéndole que puedas disfrutar de su compañía, de sus habilidades , de su corazón. Alucinarás con el efecto creado.
Imagina si todos tuviésemos, al menos, una persona así en nuestra vida, que nos empoderase, que subiese nuestra estima a diario, que no nos comparase, que nos dijese es posible, tú puedes, de qué seríamos capaces. ..
Qué te cuesta probarlo.Alguien tiene que empezar .Te animas?

Dar o recibir feedback

feedback

Feedback o realimentación es una palabra, que se comienza a utilizar en teoría de sistemas y cibernética, más tarde se introduce en cuestiones sociales, políticas y económicas.
Técnicamente se refiere a un mecanismo de control en el que una pequeña cantidad de información que procede de los resultados de un producto o proceso, se redirigen a la entrada para influir en el proceso de nuevo, estableciéndose un bucle de realimentación.

Supone un intercambio de datos en el proceso, tanto de aprendizaje, como de mejora y puede darse en su versión negativa o positiva. Se puede utilizar desde el punto de vista del desempeño o del progreso dependiendo de la intencionalidad del feedback. Algunos ya conoceréis la herramienta Feedback 360•.
El objetivo de esta herramienta es mejorar la autoconciencia y responsabilidad de la persona sobre lo que está realizando,cómo lo ven sus superiores, compañeros y colaboradores, también se denomina feedback, cuando se hace sobre el estudio de un producto para mejorar su venta o su desarrollo.
Cuando es administrado con efectividad es altamente beneficioso, y puede utilizarse para construir conocimiento, habilidades, incrementarlas y desarrollar hábitos efectivos que influyan en el rendimiento de la persona.
Todos tenemos alrededor personas de quienes recibimos feedback y a quienes se lo proporcionamos. Para que esto se lleve a cabo en las mejores condiciones, podemos establecer unas pautas:
Proporcionar información sobre lo que hace quien aprende, sin hacer una crítica, con información específica lo más descriptiva posible sobre qué es lo que lleva a cabo, cómo lo hace y qué ha hecho diferente que lo mejora.
Se debe tener cuidado sobre cómo se pone en marcha,el profesor  Deci, identifica algunas situaciones en las que dar feedback a una persona reduce la motivación, puesto que algunos pueden interpretar éste como un exceso de control sobre su desempeño, o creen que se les está observando muy de cerca por lo que desarrollan nerviosismo, también alude a una sensación de competición que no gusta.

La forma de evitar todas estas suspicacias es emplear el suficiente tiempo, explicar a la persona el proceso, la utllidad para ellos mismos, que sean quienes analicen y consigan los datos y que el proceso sea, lo más confidencial posible.
El feedback debe estar orientado a objetivos, relacionados con éstos. Partiendo de la situación en que se encuentra el estudiante, empleado o persona, dónde quiere llegar y cómo se va situando en el proceso, es decir, qué será lo siguiente. Si esto se lleva a cabo gráficamente se mejorará el proceso, al hacerlo más visual.
Si esto se realiza pronto, la persona será consciente del control que esta herramienta le proporciona sobre su desarrollo. También evita que se desvíe del objetivo o que trabaje en otra dirección. Así que lejos de sentir miedos e inseguridades o incluso no admitirlo por soberbia, debemos considerarlo una oportunidad. Que nuestros compañeros, familiares, empleados o jefes nos den su opinión basada y versada en como ellos viven nuestro desempeño es un beneficioso y gratuito espaldarazo a nuestra vida y carreras.Se puede convertir en una buena forma de avanzar. Dar y recibir feedback es una herramienta muy útil tanto en nuestro cambio, como en nuestra estabilidad.
Si trabajamos mejor, nos sentiremos mejor. La mayoría de nosotros está motivada para desarrollar sus tareas incrementando el rendimiento y desempeño.
Respecto de los tipos de feedback, positivo ( referente a fortalezas, reacciones correctas y consecución de objetivos) y negativo ( debilidades, reacciones incorrectas y falta de cumplimiento de los objetivos),podemos asemejarlos  a ver la botella medio llena o medio vacía.
Recientes investigaciones como la de Finkelstein y Fishback : “Tell me what I did wrong: experts seek and respond to negative feedback” han puesto de manifiesto que de cara a mejorar el rendimiento y desempeño de los noveles o juniors en las tareas o dedicaciones, que comprensiblemente,  van a desarrollar sus tareas con más errores, funciona mejor un feedback positivo. Basado en sus puntos fuertes.
Sin embargo los expertos o seniors valoran y responden mejor al feedback negativo, ya que la seguridad que poseen, les hace preocuparse más de cómo mejorar y no lo toman como un ataque a la autoestima, sobre todo cuando se refiere a su influencia en el progreso hacia los objetivos. Aunque en esta misma investigación, también se demuestra que en el caso de la falta de compromiso de la persona con los objetivos, mejora en ambos casos, juniors o seniors, un feedback positivo.
Esta es una potente herramienta en el ámbito de la empresa, pero no la deje en ese ámbito, utilícela en su vida con su familia, con sus amigos, si es autónomo con sus clientes, proveedores…

No pierda la oportunidad de una mejora continua por no preguntar. Pida feedback, sobre cómo le ven, cómo hace las cosas, cómo podría mejorar y sea cuidadoso si lo da. Elija un momento en que la intimidad y el no sentirse secuestrado por ninguna otra emoción le permitan hacer las apreciaciones necesarias, con la tranquilidad  y reflexión suficientes para que resulten útiles.
Cuando se inscribió en el templo de Apolo el aforismo “Conócete a ti mismo”, se pensaba en esto?

No networking?

networking
Tener un espíritu emprendedor y fomentarlo, te da alas, lo recomiendo. En cualquier momento del día o de la noche se te ocurre una idea para implementar en tu negocio, cualquier necesidad de los demás se convierte en un reto para ti y te entusiasma tanto que no tardas ni dos minutos en encontrar diligentes oyentes que reciban tu “bombardeo”.
Eureka! En los posts en los que he ido desgranando los cambios que creo se están produciendo en nuestra sociedad y como ir adaptándose, reseñé la importancia de tener tu marca personal y cómo comenzar. Tras trabajarlo después, en varias ocasiones con mis clientes, detecté otra necesidad y es la puesta en marcha de la marca.
La mayoría de nosotros sabemos en qué somos buenos y qué sabemos hacer, incluso hemos desarrollado un Plan de Negocio o un desarrollo personal y profesional, como mínimo para los próximos cincos años. Hasta ahí genial.
A partir de este momento es donde comienzan la mayoría de las inseguridades y titubeos. Ahora qué. Si no hacemos nada, es difícil que alguien llegue a saber en qué consiste nuestra dedicación, si nos quedamos en el siguiente paso, el perfil en las redes sociales, seguimos sin poner toda la carne en el asador. Si en un arrebato de compromiso y disciplina hemos puesto en marcha nuestro blog, podemos sentirnos orgullosos, pero eso no nos acercará a nuestros clientes y empleadores, ellos no están en su mayoría en la red pendientes de nuestras entradas.
Las redes y las webs nos proporcionan información sobre las ofertas para asistir a miles de encuentros de profesionales y hacer networking en muchos lugares. En este momento debemos pensar en cómo abordar la estrategia y para qué. En principio, nos planteamos asistir a cualquiera de estos encuentros plagados de tarjetas con magníficas presentaciones y en el mejor de los casos con un trabajo mini-discurso (elevator pitch) para que al primero que se nos acerque asaetearle con nuestra información.
Trasladar esta información es esencial pero si eres tímido, modesto, te cuesta romper el hielo o crees que hablar de ti y bien es fanfarronear y ser arrogante, estás perdido.
La eliminación de barreras tiempo de trabajo-tiempo de ocio y el crecimiento de los multiprofesionales autónomos harán que todos los lugares donde acudas sean los idóneos para encontrar clientes o contactos que supongan un empujón en tu carrera y en tu negocio definitivo.
Lo mismo ha ocurrido con los contactos, hace tiempo sólo los utilizabas para conocer gente y ligar y desde hace algunos años los estás utilizando para pasar el curriculum o para que intercedan por ti ante personas que conocen.
Has pensado en acordar con alguien intercambiar este papel de relaciones públicas? Piensa en si en lugar de acudir a esas reuniones con multitud de miedos a hablar de ti y de lo tuyo, fueses acompañado por otra persona en tu misma situación y cada uno “vendiese” la idea o la marca del otro. No sería ésta una genial cooperación, que procuraría un servicio de Relaciones Públicas increíble y acorde con tu presupuesto cero.
Comienza tu estrategia a través de Facebook, Linkedin o Twitter, o de las páginas que visitas porque se relacionan con tu sector, haz una lista con los eventos interesantes del mes y busca tu “acompañante”.
Si no tienes amigos-familiares disponibles o con ellos no te sientes seguro, o simplemente prefieres hacerlo “solo”, contrata a una persona externa, a alguien como Coach, además de procesos de coaching y entrenamiento de herramientas de inteligencia emocional y que mejoran tu empleabilidad, entre los servicios que presto, está el de acompañamiento en “networking” que incluye trabajar la motivación dentro y fuera de estos eventos.
Encontrar a alguien a quien le importes tú y tu éxito es muy importante, que además sea extrovertido, tenga facilidad con las relaciones sociales y que después del trabajo conjunto, te conozca y crea en ti, es fundamental.
Si lo piensas, romper el hielo no es una tarea nada fácil y si a eso le sumas que es para introducirte en determinados círculos, cuando no estás muy ducho en ello y encima para hablar de ti, puede ser un obstáculo que a priori te resulte insalvable. Pero en cuanto te pongas en marcha, pasará de ser una tarea que odias a algo que te va a proporcionar tantos beneficios que pensarás, cómo no lo he hecho antes”
Entre contratar una gran empresa de publicidad y quedarte en casa lamentándote, hay infinidad de opciones.Ve subiendo escalones poco a poco y si necesitas ayuda pídela.
Cuándo empiezas?

Pedir ayuda

help
Una cuestión no bien vista en Occidente, sinónimo de debilidad, de flaqueza, digna de esconder y avergonzar. Es o no es absurda la creencia?
Desde que somos pequeños necesitamos ayuda para muchas cosas, al principio incluso para sostenernos erguidos, alimentarnos y los cuidados más básicos y en nuestra vejez, los que llegan, acaban teniendo que lidiar con similares necesidades.
Si a temprana edad, son nuestros padres quienes nos proporcionan esta ayuda, alertados por nuestros llantos, poco a poco van desarrollando un sentido de la responsabilidad que les agudiza la previsión de muchos de nuestros gestos y sonidos, para prestos asistirnos con abnegación.
Literalmente acaban leyéndonos la mente, por lo que no aprendemos a pedir ayuda, cosas, está claro que sí, pero sólo eso, y menos a acompañarlo de un por favor o un gracias. De repente creemos que somos lo suficientemente autónomos para no necesitar a nadie, y por lo tanto desdeñamos cualquier tipo de ayuda que venga de frente o haya que agradecer, preferimos que sea tácita y que incluso a posteriori, podamos criticar sin problemas.
Esto nos hace tener una falsa imagen de fortaleza de nosotros mismos, que se desvanece en cuanto hay que salir del cascarón y enfrentarse al mundo real. Todos los que aseguramos que no necesitamos ayuda temblamos ante cualquier desafío e intentamos disimular este temor con cualquier argucia, sólo para no demostrar que no lo sabemos resolver. Si ésta es nuestra táctica, jamás estaremos en condiciones de aprender nada, ni de reflexionar sobre nosotros mismos, ni de cuestionarnos algo.
Pero qué bien se vive haciéndose el “fuerte” cacareando a los cuatro vientos “yo nunca pido ayuda”. Pero lo hacemos porque nos cuesta reconocer que no sabemos o por no tener que devolver el favor, por no agradecerlo, por no desconfigurar nuestra propia imagen de autónomo o simplemente porque todo ese ego concentrado en orgullo y amor propio nos parece tan insalvable que preferimos seguir con el papel.
Son las miles de veces que nuestros padres, y en concreto nuestras madres, nos han ayudado sin tener que pedirlo, quienes nos han hecho pensar eso, que nadie nos ayudaba. Son quienes nos han acostumbrado a que todo el mundo debe imaginar nuestras necesidades y ofrecerse sin más.
Todos los que nos confesamos culpables de intentar adivinar las necesidades de otros y ayudarles sin que lo pidan, les estamos haciendo un flaco favor. En primer lugar nuestra previsión interpreta lo que puede ocurrir, casi siempre negativo, y nos adelantamos para intentar evitárselo a toda costa, sin que lo pida. Cometemos dos errores uno, impedir que se acostumbren a algo tan vital como es soportar las frustraciones, los ataques o cómo se esfuman las expectativas y dos, a desarrollar las herramientas necesarias para enfrentarse a esto. Hundirse con cualquier incidente azaroso o no saber cómo resolver sus propias cuitas harán de las personas unas inadaptadas a las que cada vez les costará más salir adelante.
Además siempre encontrarán en nosotros unos culpables en quienes descargar su ira o su pena difícilmente remontable. Entre ver sufrir desde la barrera y deshacer entuertos por otros que ustedes creen que son más frágiles, atémonos a la silla, observemos como a pesar de la dureza de las circunstancias, la resiliencia va ganando batallas a los miedos y a las supuestas debilidades. Todo el mundo lleva una bellota dentro que se puede convertir en un roble, no hagamos de la bellota de los demás nuestro propio bonsái.
Nuestra ayuda se pide por favor, se argumenta con razones de peso y se reciben las gracias cuando termina. Si quieren colaborar en la construcción de personas fantásticas háganles llevar un diario de gratitud, trabajen y entrenen con ellos la necesidad que tenemos todos de pedir y agradecer ayuda, física, psicológica, emocional y lo importante que es, para mejorar y sentirse bien. No les evite nada. Enseñe a dar gracias por todo lo que tienen y por tener la oportunidad de desarrollar capacidades y habilidades que, de eliminarse, harían de su vida una tortuosa ruta.

¿Te ofendes?

ofender

Ofender u ofenderse. Mi reflexión de hoy, tiene que ver con cuestiones tan discutibles como dignidad y amor propio, sin llegar a ser “concepto jurídico indeterminado”, se convierten en un cajón de sastre que nosotros llenamos con nuestras experiencias.

A mí, ofensa y todo lo que tiene que ver con sus acepciones y explicaciones me suena y parece más propio de la Edad Media que de la Era Digital, pero en fin…

Para ofender u ofenderse hacen falta dos partes claramente diferenciadas, la activa o la que ofende y la pasiva u ofendida. Además no es posible que exista la que ofende sin la colaboración activa de la ofendida, de ahí “no ofende quien quiere sino quien puede”.

Si pensamos en la cantidad de cosas dispares que pueden ofender a unos y a otros, encontramos un laberíntico contexto. Resolvamos comenzar por la parte activa, puede hacerlo, ofender, por varios motivos pero simplificando podríamos resumirlos en dos: ignorancia y maldad.

Si la ofensa proviene de la primera, la ignorancia,es claramente disculpable, aunque inolvidable en muchos casos. Si se tiene la suficiente asertividad para desentrañar el agravio, con buenos modos y sin perder las formas, se puede aclarar preguntando a la parte activa por la intención y en caso de que esta no fuera maldad, poder llegar a trasmitir la incomodidad de la ofensa y la necesaria disculpa. Fin del capítulo “no lo olvido”

Si por el contrario la ofensa proviene de la maldad, es decir, en varias ocasiones ya se le ha hecho la apreciación sobre la inoportunidad de la misma y aún así continúa, se deberá apreciar dolo en la intención de la parte activa e interpretar que procede de la maldad y existe una tercera opción y es presuponer la mala intención con la información que se posee, sin preguntar, y en estos dos casos, o bien planear una sigilosa venganza o buscar el enfrentamiento, no exento de falta de control por nuestra parte, lo que llevamos horas pensando se lo espetamos a la otra persona sin miramientos. Capítulo “ni olvido ni perdono”

Hasta aquí el proceder habitual, el establecido, lo típico, en cualquiera de los tres casos ya se ha ofendido uno. El comentario o el gesto, ya se ha convertido en ofensa, herido el amor propio o la dignidad y el mecanismo de defensa ya está en marcha, dependiendo de si la persona controla o no sus emociones, puede ser que empiece por un dolor de estómago, enrojecimiento de cara, aceleración de pulso, sudor y que “sólo” quede en eso: una sobredosis de cortisol corriendo por nuestro cuerpo, bajándonos las defensas y exponiéndonos a todo lo que haya en ese momento en el mercado de las enfermedades.

Si continúa, comienza con una serie de pensamientos negativos hacia el ofensor que activan el mismo protocolo pero que además, como nos encontramos en la preparación de la venganza, durará hasta que volvamos a encontrarnos al sujeto.

Existe otra opción y es que sea un comentario a través de tercero, en el que éste ha puesto ya de de su parte, al trasladarlo, aunque sólo sea lo necesario para magnificarlo, porque con qué otro motivo se traslada? Sea con buena o mala intención, al fin y al cabo vuelve a ser una interpretación del contexto y ya no propia, sino de otros, es decir,de esto «creer la mitad de la mitad” pero con un agravante, se ha hecho pública y eso requiere vendetta.

Si tanto te hiere, será que lleve algo de razón, te dirás, con lo que eso y minar tu autoestima y tu seguridad será todo uno, si bajas dos tonos, subirlos cuánto tiempo te llevará?
Si tanto te preocupa, es que tú lo haces? Con alguna insana intención?

Has pensado alguna vez que lo que piensas, atrae pensamientos del mismo signo. No te la juegues.

Hay quien dice que a quienes más cuesta querer, son los que más lo necesitan, a lo mejor tu ofensor, tiene disculpa: su círculo no ha sido tan sano como el tuyo y sólo sabe manifestarse así para llamar la atención, a lo mejor te ve tan alegre que piensa probar tus límites, a lo mejor está llevando a cabo una lucha interior para salir de ese bucle, quizás sea un forma un tanto extraña de reforzar su seguridad y si sólo quiere provocarte…

Quien se comporta así tiene los días contados en lugares donde florecen otros valores. La madre Teresa de Calcuta aconsejaba que procurases que quien estuviese contigo se fuese siempre, mejor de lo que había llegado.

Seguro que si practicas, consigues decir muchas más cosas agradables que negativas y que las personas quieran estar contigo, en lugar de o no estar o temerte por tus palabras.

Si algo está a punto de ofenderte cierra tus compuertas, pon tu mente a trabajar, qué puede ser más importante en este mundo que tu paz interior y tu felicidad. A quién estás dispuesto a dar el poder suficiente para turbarla con sus palabras. Qué parte de lo que los demás digan sobre ti controlas. Basas en ese inexistente porcentaje tu seguridad.

Charles Dickens y Abraham Lincoln cuentan que utilizaban una magnífica herramienta para estos casos, si no consigues mantener tu paz interior y te enojas u ofendes,escribe una carta al ofensor. No escatimes en “adjetivos”, descripciones, tacha, borra, rehazla y cuando hayas terminado, rómpela y tírala.

No le des más importancia de la que tiene o conseguirás justo el efecto contrario dentro y fuera de ti.

Un consejo sabio pero antiguo : “Una ofensa es mejor disimularla que vengarla” Séneca.
Y si en lugar de disimularla, no te dieses por aludido o disculpases la inoportunidad?
Pregúntate cuánto piensas poner de tu parte en ser feliz? Y en lo contrario?

¿Quién es tu modelo?

modelizar
Si usted piensa en una persona a la que admira, que ha conseguido muchas de sus metas en la vida o algunas de las que a usted le gustaría conseguir, seguramente habrá tenido la tentación de quitarle mérito y achacarle a la suerte gran parte de ese logro.
Sin embargo, si hiciese labores de investigación más profundas, podría llegar a la conclusión de que oportunidad y preparación colapsaron en el tiempo para lograrlo.
Si otros lo consiguieron, qué cree que le diferencia a usted de ellos y de ellas. Quizá la determinación, el deseo ferviente de conseguir algo, a lo mejor la fe en la posibilidad de conseguirlo o  la perseverancia necesaria para prepararse a fondo y  no retirarse o rendirse antes de tiempo. Entre estos requisitos por supuesto, se integra de manera definitiva, no tenerle miedo al fracaso, ni a aprender, ni a  preguntar cada día.
Conozco a varias personas que hasta hace poco, no utilizaban dispositivos tecnológicos por no preguntar cómo se encienden o pedir ayuda para iniciarse en ellos. Se perdían un mundo lleno de posibilidades por no admitir que no sabían!, yo tampoco y sigo ignorando muchas cosas que no me importa preguntar. Qué es lo peor que me puede pasar…seguir en la ignorancia cuando tengo la información a mi alcance sería una necedad.Saben ustedes qué inyección de autoestima es verse haciendo cosas que no habían pensado ni en sueños.

A muchas de estas personas-modelo  las vemos o escuchamos pequeños espacios de tiempo a través del día o de las semanas y esto nos dificulta tener una idea global de su dedicación y su esfuerzo, a veces no están en nuestro entorno, aunque gracias a las redes sociales, casi siempre a nuestro alcance.
Hace poco leí un artículo, en Inc.com, sobre las grandes posibilidades de éxito que tienen quienes se atreven a ponerse en contacto con las personas a las que admiran o a quienes desean parecerse. Son muy pocas las y los que tienen los veinte segundos de coraje que se necesitan para intentarlo, con una llamada, un correo, un tuit…
El modelado es una estrategia que en base a ajustarse a modelos existentes, las personas podemos desarrollar comportamientos de éxito de cara a nuestras metas y objetivos. Para que esta estrategia diera frutos deberíamos tener de la persona a modelar, las creencias, cómo almacenan sus pensamientos y cuál es su fisiología.
Algunos de estos datos los conocemos a través de las biografías, imprescindibles para esto. La de, por ejemplo, Steven Spielberg que explica como desde muy pequeño se recorría todos los estudios, persiguiendo a directores de cine para ver el trabajo que desarrollaban y cómo lo hacían con un tesón y un entusiasmo admirables. Lebron James, MVP de la NBA en dos ocasiones y alero de los Miami Heats, también lo hizo con Kareem Olajuwon, para mejorar su juego.
No sólo sirve ver su ejemplo, o partes de su biografía, hay que conocer qué piensan, qué creen, cómo lo almacenan, qué se dicen a sí mismos. En el mundo empresarial Peter Drucker hizo lo mismo en el mundo de los negocios, trasladando modelos de gestión de las corporaciones modernas. Hoy en día se le sigue considerando el gran filósofo del managment.
Modelar significa reproducir, así que debemos procurar que se asemeje lo máximo posible a nuestro ideal, esa es nuestra responsabilidad. Dentro de este proceso de cuánta más información tengamos, mejor será nuestra estrategia. En caso de que no poseamos demasiada información, la fisiología de esa persona también nos dará muchos datos.
Existe un proverbio que dice “Si quieres ser fuerte, hazte el fuerte”, por lo tanto si actúas como si ya poseyeras ese rasgo, puede que al principio no te sientas muy cómodo sea incluso artificial pero si continúas practicando y lo vas añadiendo a tu “repertorio” acabarás “siendo así”. Lo puedes comprobar efectiva y rápidamente con tu postura corporal, si dejas de encorvarte y te mantienes erguido, lo mismo ocurre con la respiración, el gesto y los movimientos. Prueba ahora mismo y utilízalo siempre que desees cambiar tu estado de ánimo.
Modela hasta que puedas modelizar, es decir, construir el tuyo propio.

Piensa que tú también puedes ser el modelo de alguien, así que recuerda que siempre el ejemplo valdrá más que las palabras y si no lo crees echa un vistazo a este video.

Te atreves?