Un poco antes de que la humanidad existiera, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos dijo:
—Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero ¿qué?
Después de mucho pensar, uno dijo:
—¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. El problema es dónde esconderla para que no puedan encontrarla.
Propuso el primero:
—Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.
—No, recuerda que tienen fuerza; alguno podría subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está —replicó otro. Se escuchó una nueva propuesta:
—Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.
Otro señaló:
—No, no olvides que son curiosos, alguno podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.
—Escondámosla en un planeta bien lejano de la Tierra —propuso otro.
—No —le dijeron. Recuerda que les dieron inteligencia, y un día alguno va a construir una nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.
El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas, dijo:
—Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:
—¿Dónde?
—La esconderemos dentro de ellos mismos; estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva.
Viendo ayer un capítulo de la serie «Black Mirror», que por cierto recomiendo para quienes les guste reflexionar sobre las futuras implicaciones que puede tener la tecnología en nuestras vidas en su versión más asfixiante, encontré una fabulosa metáfora para poder ahondar más en cómo nosotros hacemos funcionar nuestra mente.
La propuesta: cualquiera puede instalarse, con una pequeña incisión, un dispositivo tras la oreja, que cuenta con la capacidad suficiente para poder almacenar toda tu vida, con todas tus vivencias y recuerdos y, mediante un mando a distancia acceder a ver cualquiera en ese momento, reviviendo, cualquier episodio de tu vida.
Además, en esas vivencias, vas a recordar todo lo que has presenciado, oído y sentido y todo lo que hicieron o dijeron quienes estaban contigo en esa situación.
Contéstate con sinceridad y, si te haces más preguntas, añádelas al final por favor:
Imagínate que tuvieses la opción de implantártelo, ¿lo harías?
¿A qué tipo de recuerdos accederías? ¿útiles o inútiles?
Sabiendo que puedes acceder a ellos pero no cambiar nada, ¿borrarías alguno?, ¿lo harías sin antes verlos de nuevo?, ¿ qué te haría volver a verlos?
¿Para qué verías los que te hacen sufrir?, ¿aprender?, ¿castigarte?, ¿mejorar?, ¿usar la información?
Lejos de adelantarte qué ocurre en el capítulo sólo te dejaré el título «The entire story of you»
Cuando hablamos sobre estrategias de grupo, de trabajo en equipo, muchos solo piensan en el ámbito laboral pero si reflexionamos un poco sobre qué nos hace pensar que otros grupos que dirigimos o en los que participamos no requieren planificación y habilidades como la familia o los amigos, igualmente podemos descubrir grandes semejanzas.
Cuando pensamos en trabajar en equipo, algunos piensan que solos, pueden ir más rápido o que requiere menos esfuerzo, o quizá confían demasiado en sus capacidades y creen que la salvación individual es lo que necesitan pero tarde o temprano te dás cuenta que, en cuanto salgas de tu burbuja y de tus primeros años reducidos a objetivos de producto, los demás serán imprescindibles en tu vida si quieres ir lejos.
Para que puedas emprender ese viaje acompañado los demás tendrán que confiar en ti y para que esto ocurra tus objetivos tienen que estar explícitos en tu equipo y alineados con los de los demás. Hay veces que intuimos erróneamente que los demás tienen los mismos que nosotros y la mente en modo supervivencia empieza a hacer de las suyas, como si todo fuese escasez y como en “Los inmortales”solo puede quedar uno.
O quizá quiera enriquecerse o sacar beneficio en exclusiva, o quizá copiar una idea o ganar experiencia tú solo, esto al final se nota. Te conviertes en una fruta podrida que pudre todo lo que toca, enrarece el ambiente y destruye la confianza del grupo.
La pregunta es ¿ quieres pasar casi diez horas en un ambiente sofocante, de dudas y sospechas en el que te enfrentas a un infierno emocional o eres capaz de construir un equipo en el que la creatividad, la alegría y la motivación reinen?
Si intuyes que alguien quiere estar en otro sitio o lo sabes, si sólo critican al líder, o a sus compañeros, o la estrategia y quieren tener su propio grupo de seguidores, es importante detectar a estas personas para dosificar la inversión en energía y no llevarse desilusiones.
Conocer los proyectos de vida de tus colaboradores te hará poder tener una estrategia clara y saber qué delegar y en quién y sobre todo para qué. Tenlo en cuenta para formar tu equipo, da espacio a nuevas personas que sí tengan el compromiso y la pasión necesaria para llevar vuestro proyecto hasta el final.
Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
—Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?
Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:
—Estoy escuchando el ruido de una carreta.
—Eso es —dijo mi padre—. Es una carreta vacía.
—¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? —le pregunté.
Y él respondió:
—Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.
Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.
¿Y si esta semana nos retamos a escuchar más que a hablar?
¡No dejes de entrenar para convertirte en tu mejor versión!
Seguro que habéis asistido a una reunión de trabajo, familiar, de amigos en la que tú mismo o alguien de alrededor lanza una idea y de repente se establece un disputado turno de palabra para opinar sobre ella. Resaltando todo lo negativo que puede implicar.
Es cierto que la cultura occidental está preparada para ser reactiva y mientras nos callamos y disimulamos cuando se piden propuestas, estamos prestos a sacar nuestro bolígrafo rojo para poner peros en cuanto hay una encima de la mesa, cuando no es nuestra claro.
Con ese proceder, muchas de las personas que tienen o tendrían ideas en la mayoría de las situaciones, no están dispuestas a somerterse a esa tortura devastadora, prefieren no hablar u opinar ante tamaña sangría. Perdemos ideas, propuestas, talento…
Me encanta la denominación de “Sombrero negro” que hace Edward de Bono en su libro “Seis sombreros para pensar” cuando habla de la utilidad de hacer juicios negativos en el proceso del pensamiento, tratando de poner a prueba cuestionando la propuesta y que realmente considero necesarias, aunque también afirmo que en esta práctica, muchas veces caemos la complacencia negativa.
Destruir es más fácil que construir, así que cuando criticas viendo sólo lo negativo, no te creas tan listo. Sólo consigues esa ficticia satisfacción inmediata de encontrar un fallo, que a veces te hace sentirte incluso superior. Cayendo en la necesidad contínua de tener algo que «criticar» para sentirte útil.
Quiero que sepas que es mucho más fácil ver defectos que virtudes y por lo tanto si estás en ese equipo, tienes mucha competencia. Además una vez que tu química cerebral por repetición sólo ve esto, lo reduce a una cuestión de supervivencia:miedo y seguridad, es difícil cambiar y tendrás que practicar mucho más ver lo positivo.
Seguramente estarás acostumbrado a hacer descripciones certeras y detalladas de los problemas pero no estarás en el equipo de las soluciones y de la creatividad. Por lo tanto si estás dispuesto a cambiarte de equipo prueba a ver primero los aspectos positivos de lo que te propongan para poder avanzar y mejorarla. Y después ponlos a prueba.
Ser exclusivamente un «sombrero negro» déjalo para los hackers que colapsan servidores, rompen sistemas de seguridad de ordenadores y redes y utiliza tus habilidades y capacidades para construir. Sé diferente. Construye.
A mis abuelos les agradezco infinitas, muchísimas cosas, entre ellas que gracias a su labor tan vocacional de maestros, pueda disfrutar de un rincón muy especial en este genial pueblo que es Navamorcuende. Este verano en su Semana Cultural he tenido la suerte de poder contribuir a hacer de este lugar uno más especial para mí, gracias a la Asociación Cultural «Peña la Nava» y a su invitación a participar con una charla sobre un tema libre. Decidí invertir tiempo y esfuerzo en preparar una charla que mereciese la pena para que dedicáseis vuestro precioso tiempo a algo que, al menos, os hiciese reflexionar.
Con lo que no contaba es con que el inagotable y genial Jesús Pastor, decidiese grabar esta charla. Contar con su presencia y su trabajo ha hecho posible que hoy pueda compartir con vosotros esos especiales momentos que yo viví encantada ese miércoles de agosto.
Espero que si decidís verlo o escucharlo, os sirva al menos para revisar algunas cuestiones que pasamos por alto en nuestro dia a día. Agradeciendo la oportunidad y el trabajo de todos. Espero vuestros comentarios para crecer y mejorar.
Todos conocemos, o nos reconocemos, en personas que a menudo utilizan la rabia, el enfado, la ira para resolver o afrontar muchas cuestiones de su vida diaria. Se esconden tras el eufemismo de » tener carácter», que suele simplemente ocultar su mal carácter.
La mayoría, observando esto, nos quedamos en la superficie, pensando en cómo nos afecta a nosotros esa forma de actuar, lo que nos hiere, lo que nos molesta, lo que vamos a hacer o no para evitar tratar con esa persona. En lo que pocas veces pensamos es en lo que a esa persona le está pasando para que su actitud sea esa.
Como refiere Yoda, el miedo es el lado oscuro de cada uno y lo demostramos de diferentes formas, hay a quienes les paraliza, a otros les lleva a la ira, al enfado y otros han conseguido que trabaje a su favor, siendo conscientes de cómo les afecta.
El miedo te empuja a la ira, ésta al odio y todo ello al sufrimiento. Además como nadie puede pensar que con esa actitud estás sufriendo, éste será en la más absoluta soledad e incomprensión.
Esta sensación puede llevarnos a odiar algo o a alguien cada vez más y a asociar cuestiones externas o personas con algo que sólo tiene que ver con nosotros y nuestra falta de capacidad para afrontarlo.
Seguramente, si pensamos que detrás de cada uno de nuestros “ogros” personales casi siempre hay miedo, seremos más comprensivos y compasivos con quienes lo están sufriendo. Miedo a ser vulnerable, a no saber qué hacer en determinados casos, a no saber cómo reaccionar, a perder algo… Hay tanta variabilidad como personas. Sin embargo la raíz de todo ello es la misma, el miedo.
Si tenemos esto en cuenta en nuestra vida podremos ayudar y comprender no sólo la actitud de los demás sino a nosotros mismos para que, la próxima vez que actuemos así seamos capaces de establecer otra estrategia que nos ayude a seguir adelante, evitando que nos quedemos anclados a cuestiones que nos bloquean, lejos de dejarnos crecer.
Seguro que tu primer entrenamiento te ha costado un poco. Cada vez que hacemos algo nuevo, requerimos tiempo para automatizarlo, para que nos resulte conocido y entonces sea cuando nos empecemos a sentir cómodos haciéndolo.
Esta semana habrás podido comprobar qué tipo de pensamientos tienes. Habrás podido comprobar cómo tu mente lleva años fabricándolos y cómo te han llegado a parecer consustanciales a ti, pero la buena noticia es que no es así. Igual que has entrenado tener ese tipo de pensamientos durante años, puedes trabajar para tener aquellos que te potencien e impulsen.
Entrenar algo nuevo, significa aprender, empezar de nuevo, de cero, tener esa sensación de que no lo tienes todo controlado, que te cuesta pero que no te vas a rendir porque merece la pena el objetivo final, pensar lo que quieres.
Aprender significa cambiar y para cambiar debemos trabajar la flexibilidad, salir constantemente de nuestra zona de confort, de lo conocido, para ello te propongo una semana llena de multiaventura pero en versión micro.
Procura hacer cualquier actividad diferente esta semana, por mínima que te parezca la diferencia, tu cerebro estará alerta porque tu comportamiento no será el de siempre. Lávate los dientes con la otra mano, come con una mano diferente, ve al trabajo por otra ruta, combínate la ropa de forma diferente, cambia el orden de tu rutina en el gimnasio. En todo lo que puedas. Sé consciente de la elección.
Aunque no te lo parezca darás micro-grandes pasos hacia el cambio.
Para poder avanzar en tu desarrollo personal debes ser consciente del tipo de pensamientos que utilizas en tu vida diaria. No vamos a ponerlos ningún adjetivo pero sí vamos a observarlos.
Durante esta semana os propongo que cada vez que podáis, cuando os sorprendáis pensando algo, apuntéis o recordéis para qué os sirve ese pensamiento, si os impulsa, os bloquea, qué tipo de emoción os evoca, buscad el máximo detalle del pensamiento y seguid con vuestro día. Si te es más fácil, puedes programar una alarma cada cierto tiempo que te lo recuerde.
Al final de la semana, con la evaluación de todos estos momentos podremos tener una idea clara de desde dónde partimos para entrenar una mente que nos favorezca.
Cualquier excusa es buena si no quieres coger papel o lápiz, o apuntarlo en el móvil, o en el ordenador pero recuerda después que “NO ESTÁS HACIENDO NADA PARA SER FELIZ”.
Bienvenidos a esta nueva etapa de mi blog. He decidido hacer mis posts más útiles y ágiles para ti, incidiendo en una sola y específica cuestión en cada uno. Habrá más de una entrada por semana que te permita seguir tu entrenamiento más fácilmente.
Estoy decidida a que acostumbrarte a conseguir tus propios objetivos y adaptarte a los cambios que necesitas para conseguirlos, siga siendo un motivo genial para seguir tratando de ayudarnos a través de las palabras.
Prometo ser la primera en salir de mi zona de confort e innovar lo máximo posible en los formatos que utilice para llegar a ti.
Así que mañana será el inicio de nuestra nueva aventura vital común. Espero que tu último pensamiento esta noche sea impulsor. Es el principio de tu nueva versión.
Un hombre se acercó a un sabio anciano y le dijo: -Me han dicho que tú eres sabio…. Por favor, dime qué cosas puede hacer un sabio que no está al alcance de las demás de las personas.
El anciano le contestó: cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo. Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, le contestó el hombre, sorprendido.
Yo no lo creo así, le replicó el anciano. Pues cuando duermes recuerdas los problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme, antes de que yo termine de hablar.
El secreto es estar consciente de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del milagro de la vida.
Tres hermanos se internaban todas las mañanas en el bosque a cortar leña. Cada día se turnaban para que uno de ellos se quedara en la cabaña y preparara la comida.
Un día, mientras el hermano mayor estaba solo en la cabaña, apareció un enano y le preguntó si podía comerse los restos del desayuno. El muchacho dijo que sí y el enano empezó a comer. De pronto dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera. Cuando este se inclinó, el enano lo golpeó con un palo en la cabeza.
A la mañana siguiente, el segundo hermano se quedó solo en la cabaña, y el enano volvió a aparecer. Le preguntó si podía comer los restos del desayuno y dejó caer el pan. Pidió al muchacho que lo levantara y, cuando este se agachó, lo golpeó con un palo.
Al otro día se quedó en la cabaña el hermano menor. El enano le preguntó si podía comer los restos del desayuno, y el joven le contestó: «Sí, sobre la mesa hay pan. Sírvete». Cuando el enano dejó caer el pan y le pidió al joven que lo recogiera, este le respondió: «Si no puedes arreglártelas con tu propio pan, no sobrevivirás. Recógelo tú». El enano le dio las gracias y le preguntó si le gustaría saber dónde encontrar a la princesa y el tesoro.
Este periodo estival os dejaré un cuento cada semana para reflexionar sobre él. Este original de Jorge Bucay es mi primera propuesta…
LA TRISTEZA Y LA FURIA
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas. Había una vez… un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente
…
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua…
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza
El lenguaje que utilizamos dice mucho de nosotros, de cómo almacenamos nuestras experiencias, de qué nos preocupa y de cómo funciona nuestro cerebro. En la mayoría de las ocasiones, le hacemos poco o ningún caso y continuamos nuestra vida como si nada. Creyendo, que lo que ocurre en el exterior es objetivamente como nosotros lo vemos, sin ir más allá.
Intentar entender la experiencia subjetiva de un ser humano es difícil, si no se tienen las herramientas necesarias y se es consciente del reto, puesto que estamos todos demasiado ensimismados en nuestros pensamientos y con nuestras batallas para prestar a los demás tanta atención.
La parte inexplicable es que si somos más conscientes de cómo funciona nuestro cerebro, podemos ser mucho más felices sólo almacenando mejor nuestras experiencias y rescatando y practicando las emociones que nos son beneficiosas, en lugar de refocilarnos en todas esas que nos crean ansiedad y entristecen con sólo atisbarlas.
Ahora que llega el verano y que para la mayoría el estrés deja de ser la base de nuestro trabajo, quizá estemos más proclives a probar y experimentar con nuevas estrategias. Hoy lo que quiero compartir con vosotros es la importancia del brillo en nuestra vida.
Hablamos de la capacidad visual, de cómo recordamos con imágenes. Utiliza unos minutos para probar. Elige una experiencia pasada muy agradable.Vuelve al recuerdo. Cierra los ojos si te resulta más fácil.
Fíjate en la imagen y modifica el brillo, nota cómo cambian tus sentimientos hacia ella. Cuando arrojas luz sobre ella, se vuelve más intensa la emoción, menos, igual. Y si le quitas brillo, ¿qué ocurre? Dedica unos minutos a observar los cambios.
La mayoría solemos tener unas sensaciones más intensas al aumentar la intensidad y menos al oscurecerla. Pero puede ser diferente. ¿Has pensado en que puedes hacer esto intencionadamente para variar los sentimientos sobre tus recuerdos?
Y si bajases la intensidad a todos esos pensamientos que desagradables que aparecen en tu mente de repente.
El brillo es sólo una de las submodalidades que puedes utilizar. Observarte te permite descubrir tus propias excepciones. Igual tus recuerdos peores son enmedio de la oscuridad y les puedes arrojar luz para minorarlos o quizá oscurecerlos aún más para que desaparezcan. Igual, si el brillo lo incrementas, incluso esa imagen tan blanca también minora tus sentimientos.
Cualquiera que sea la relación merece la pena dedicar unos minutos a descubrirla puesto que puede cambiar tu experiencia. Recuerda que eres tú mismo, con tus pensamientos, quien puede hacerte feliz o infeliz, ¿qué eliges?
Es la misma fotografía con distinto brillo, ¿te sugiere lo mismo?
Ver la vida entre estas dos posibilidades es dejar fuera de tu mundo miles de matices que enriquecen, eliminar cientos de cuestiones sobre lo que implica cada opción, en definitiva, reducir tu mundo a que una montaña rusa recoja tus emociones y se lance a kilómetros por hora por serpenteados caminos.
Cuando reparas en qué significa ganar o qué perder es cuando por fin puedes darte cuenta de que no son distintas caras de la misma moneda, sino que son perspectivas diferentes de la misma cara y entonces puedes elegir cuál ver.
Es cuando puedes pensar que la vida está construída entorno a oportunidades de crecimiento que muchas veces, se esconden tras sucesos, en principio negativos y que el secreto está en, cómo los afrontas. Es cuando empiezas a entender, que vivir se puede convertir en una aventura que sólo implique ganar.
Qué poco reflexionamos sobre estas cuestiones sosegadamente, en frío. Qué poco damos vueltas a cuestiones que te enfrentan con un para qué. Cuando ya no te sirve hacer ese primitivo análisis que te lleva a querer simplemente superar a otros por el hecho de dejarles atrás. En la reflexión, este objetivo se ve vacío, sin recompensa, baldío, espurio, nada atractivo.
Sin embargo cuando tu misión va más allá de ganar, siempre encuentra un aprendizaje personal cargado de empatía, para entender al otro mucho mejor, sus anhelos, sus pensamientos, sus razones y sentirte cerca.Sea cual sea la batalla que está librando.
Ya perder deja toda su fuerza, ya no se lanza contra alguien, se comparte, se reflexiona, se entiende. Se puede partir de lo común, sin ira que ciegue. Sabiéndose antes que todo personas y necesitando sobre todo escucha y comprensión.
No sé si es más difícil saber perder o saber ganar. Saber reponerse de los golpes, levantarse sin sentirse abatido, aprender y volver de nuevo o saberse ganador en posesión de una mínima cuota de protagonismo y poder, y usarla para que quienes no alcanzaron sus expectativas pueden intentarlo de nuevo sin temor a que su autoestima corra peligro, dispuesto a que le reconozcan que, al menos, no se rindió.
Si fuésemos más regulares en nuestras emociones y nuestros pensamientos fueran más potenciadores, éstos harían el trabajo para que de toda cuestión tratásemos de sacar la enseñanza que nos llevase al siguiente paso y no nos anclase en el camino.
Si conseguimos que esa euforia de ganar se traslade a ser mejores, a ayudar a los demás, a trabajar con ahínco y a progresar… Cuando las expectativas no se cumpliesen, no sería el fin del mundo, lo veríamos con mucha más normalidad, como las etapas de un viaje vital que nos ayudan a crecer. Lejos de ser algo de lo que avergonzarse, serían retos superados, medallas en nuestro haber.
Es tan difícil poder hacer esto sin ser consciente de lo que uno quiere y lo que uno hace, que, quizá cualquier día de estos podamos meditar sobre qué depende de ganar o perder y si las combinaciones de los elementos que lo hacen posible, no son suficientes posibilidades para reducir nuestro mundo a dos opciones.
Recuerda, la principal diferencia es, ¡ no rendirse!
«Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.
La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:
—En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?
El hombre respondió calmadamente:
—Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:
—¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!
El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.
Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.
Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:
—¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
Emocionado, el hombre le respondió:
-Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.»
La inspiración o la desesperación pueden ser dos de las motivaciones que te induzcan a salir de tu zona de confort. Tu zona de confort es ese espacio en el que te sientes cómodo, en el que has automatizado muchas cuestiones que ya no tienes que pensar. No querer salir de ella, hará que dejes de probar tus límites y te impedirá saber cuán lejos puedes llegar.
Ese trabajo que no te gusta pero en el que sigues porque paga tus facturas, porque te da reconocimiento ante los demás, porque no te atreves a buscar lo que te gusta.
Esa relación, que sabes que está agotada, con la que continúas por todas esas razones que no son más que excusas para no seguir buscando tu felicidad, diciéndote que será inútil o que no existe, sólo para no tener que usar ese coraje que te llevará seguro a, por lo menos, sumar una victoria sobre ti mismo.
¿Cuál es tu vaca, lo que no deja avanzar?
¿Cuánto tiempo más vas a alimentarla?
¿Cuántas excusas vas a inventar para no dar ese paso?
¿A quién más vas a culpar de tu situación para ocultar tus miedos?
¿Qué pequeños pasos puedes dar esta semana para superar tu límite?
Sé valiente. Toma riesgos. Nada puede sustituir a la experiencia. Paulo Coelho.
Si quieres ser un líder, éste es un viaje que, tarde o temprano tendrás que hacer. No podrás liderar un grupo, una organización, a personas, pensando sólo en ti. Hacerlo así, implicará que perderás la conexión con tu equipo, los demás no sentirán que cuentas con ellos, ni se sentirán implicados, ni respetados y dejarán de confiar y comprometerse con la causa. Tu interés no es compartido, no es inclusivo y no motiva. Estarás solo. Por lo tanto trata de liderarte primero tú mismo, con tu autocontrol y tu responsabilidad. Busca un coach.
A veces, tenemos tanto miedo o tantas inseguridades que nuestro primer refugio es ese, nosotros mismos, tratar de que nadie vea esas supuestas debilidades, dedicarnos por entero a trabajar lo que creemos nuestras fortalezas, cuestiones que sólo nos reportan beneficios a nosotros. Nos empeñamos en aislarnos, en trabajar sólo con quien nos gusta, e intentar diferenciarnos del grupo, con cuestiones externas y jerárquicas, para no necesitar mostrar esas habilidades indispensables para el liderazgo.
Pasar del yo, yo, yo, mi , me, conmigo a pensar siempre en el equipo, en nosotros, y en cómo servir a los demás, es lo único que mantendrá su confianza y hará que todos mantengan el compromiso y trabajen en el objetivo. Un objetivo, acordado, específico y común.
Para poder hacer esto te tendrás que acostumbrar a liderar en la adversidad, hacerlo cuando todo va bien y tu equipo es “perfecto”, tiene poco mérito. A veces, hay que contar e incluir en el equipo a personas que tú mismo no has elegido o que no se asemejan a ti. Esto en muchas ocasiones, lejos de perjudicar al grupo lo enriquecen, pero siempre que el líder sepa enfrentar o afrontar los diferentes cuidados que requieren los componentes de los grupos. Un trabajo arduo que nunca acaba y que requerirá de tu aprendizaje continúo.
Si no estás dispuesto a hacer esto, a cambiar tu actitud, a reconocer que tú tienes la llave, la responsabilidad, que no sabes todo, que cualquiera puede aportar y que de todos puedes aprender, no liderarás personas. Hay muchas otras oportunidades en las que podrás trabajar sólo o en exclusiva para tí y no afectarán al grupo o a la organización. No pierdas el tiempo y la salud. Pide ayuda sin la necesitas.
Si por el contrario estás dispuesto a hacerlo, te dejo algunas reflexiones que te pueden ayudar:
Acostúmbrate a vivir en la incertidumbre, con la inseguridad, a escuchar la crítica de los demás con tranquilidad y afán de aprender.
Manten tu hoja de ruta: a pesar de que los demás intenten modificarla. Ten claro el objetivo compartido del grupo y camina hacia él.
Lidera con el ejemplo: no pidas nada que tú mismo, no hagas, estés dispuesto a hacer o hayas hecho.
Permite con honestidad los fallos: alivia el miedo de tu equipo a fallar o a ser rechazado.
Motiva a tu equipo: celebra los aciertos, las fortalezas, el sobreponerse de las experiencias negativas.
Se imparable: para hacer cualquier cosa sólo se necesitan 20 segundos de coraje. Muestra que, a pesar de tu miedo, eres capaz de hacerlo.
Estáte preparado para la adversidad: las cuestiones que más nos impactan y afectan, siempre llegan cuando estamos desprevenidos, cuando no somos conscientes del papel que como líderes desempeñamos.
La vida es muy corta para empeñarte en cuestiones que no te llevan a ninguna parte.
Me encantan los encendidos debates que provocan las cuestiones del corazón. Tanta emoción nos hace manifestarnos tajantes en muchos temas, sobre todo si los demás son los protagonistas y a nosotros nos salen gratis unas palabras o unas líneas.
Otra cuestión muy diferente parece cuando nos ocurre a nosotros y queremos que los demás sean comprensivos con nuestras decisiones, deseos y anhelos.
Hacemos de muchas de estas cuestiones, asuntos de honor que «mancillan nuestra honra» como si desde la Edad Media no hubiésemos evolucionado y la flexibilidad que nuestro mundo requiere, no tuviese que aplicarse a todas las facetas de nuestra vida.
Una actitud positiva y nada posesiva, nos puede hacer ver que, lo que ocurre a nuestro alrededor, pocas veces tiene que ver con nosotros, con hacernos daño o con perdernos el respeto y sí conque cada uno intenta resolver sus aflicciones de la mejor manera que sabe, aunque en muchas ocasiones, no elijan, a nuestro juicio, la mejor de las estrategias posibles.
Todos tenemos derecho a tomar malas decisiones, a equivocarnos, a pedir perdón, a que se nos perdone y a perdonar sin tener que dar explicaciones, ni sentir el juicio de los demás como prueba culpable. Cuando algo ocurre entre dos, sólo esos dos saben, en el mejor de los casos, la mayor parte de la historia, sus causas y consecuencias y sólo ellos tienen el derecho a tomar la mejor de las opciones para seguir adelante con su vida.
Muchas son las ocasiones en las que queremos que la otra persona, se comporte, sea, y reaccione como nosotros queremos, sin reparar en que es otra persona, con sus virtudes y sus defectos, como nosotros pero con otros, en algunos casos muy diferentes. Querer hacer a alguien como nosotros, eso sí que es no respetarle.
Cuando las cosas salen mal,cualquiera que sea la causa, no es nuestro estado de ánimo el que debe hablar por nosotros, sino tras una charla con alguien que no te quiera dirigir, sino que te quiera ayudar, seas tú mismo quien pueda tomar una decisión. Esa decisión es la que formará parte de tu vida, por lo tanto, sopesar todas las cuestiones y valores que te importan es lo fundamental.
Cuando la vida te golpea el corazón con algo inesperado:
Tómate algún tiempo para reflexionar, no tomes en caliente ninguna decisión.
No hables con personas cuyas creencias son tajantes y firmes en contra o a favor del tema
Manten tu mente firme en un sólo objetivo: ser feliz a pesar de todo y de todos
Enfócate en las soluciones, a veces nos gusta refocilarnos en la descripción del problema desde miles de perspectivas, que sólo nos hacen ahondar en la parte negativa y nos bloquea
Habla con alguien positivo, que te dé otra perspectiva, diferente a la que tú tienes, te abrirá la mente.
Háblate con cariño, recordándote lo bueno que tienes y lo que quieres.
Las circunstancias actuales no durarán eternamente y toda la presión que desde tu entorno sientes se esfumará y entonces tendrás sólo que asumir las consecuencias , así que piensa únicamente en ti y en tu felicidad. Sólo tenemos un corazón y una vida. No lo olvides. Tú eres el único que decides. 😉
¿Cuántas veces has interpretado lo que otros pensaban o sentían por su comportamiento, por su tono, lenguaje o gestos?
¿Cuántas veces has juzgado a otros, simplemente por lo que vés? Sin preguntar, ni confirmar, basándote sólo en tu propio análisis.
¿Cuántas veces has sufrido por lo que pudieran pensar los demás sólo por asumir que sus gestos eran de no aprobación?
“Le estoy aburriendo”, “le caigo fatal”, “no me soporta” muchas de estas percepciones se basan en asumir que los gestos o comportamientos de los demás son de desaprobación respecto de algo que decimos o hacemos sin confirmarlo. Y al contrario, opinamos sin más de lo que otros hacen o dicen, sin ir más allá de lo que percibimos, ni contrastar.
¿Cuántas veces nuestros prejuicios y valoraciones nos hacen percibir erróneamente a los demás y cometer graves injusiticias de juicio?
¿Has pensado en que la mayoría de las personas sólo pensamos en nosotras mismas y en nuestras cuestiones y que pocas veces salimos de nuestro ensimismamiento para advertir qué necesitan o qué piensan los demás? Si reparases en esto, podrías entender, que gran parte de este pensamiento es erróneo.
Este tipo de pensamiento, denominado “lectura de mente” es uno más de los errores de pensamiento que puede afectarte más negativamente. Dramatiza gran parte de lo que te ocurre y destruye relaciones que ni siquiera habían empezado.
Te dejo esta historia «Las galletitas» que seguro, te suena para que reflexiones sobre ella:
Cuando la señora llegó a la estación, le informaron que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.
Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.
Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.
El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que solo quedaba una galleta, y pensó: «No podrá ser tan caradura», mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco.
—¡Gracias! —dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.
—De nada —contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.
Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: «¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!». De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.
Si no quieres que te juzguen sin razón, no lo hagas tú también. Pregunta, contrasta y confirma.